Los niveles tecnológicos alcanzados en la actualidad en materia de Inteligencia Artificial y sistemas de reconocimiento y modelación facial hacen que año tras año aparezcan en escena increíbles y sofisticados desarrollos robóticos que nos hacen soñar un mundo no muy lejano en el que androides y humanos compartirán sus vidas. Muestra de ello son dos de las presentaciones realizadas en los últimos meses: Robonaut 2 y el androide Einstein.
Hace apenas dos semanas, la NASA y la empresa automovilística General Motors nos sorprendían con un proyecto conjunto bautizado con el nombre de Robonaut 2. Se trata de un robot de aspecto humanoide dotado de evolucionados elementos mecánicos que le confieren una gran fuerza y habilidad manual, a lo que hay que añadir sofisticados sistemas de visión artificial. Bajo estas líneas odéis ver un breve vídeo en el que muestran algunas de sus características.
Creado en el Centro Espacial Johnson de Houston, sin duda Robonaut 2 está destinado a convertirse en un fiel e incansable colaborador de los astronautas durante sus labores espaciales y, quién sabe, quizá tengamos oportunidad de verlo trabajando como operario en el futuro.
El segundo dispositivo robótico, el androide Einstein, fue presentado en junio de 2009 por un equipo formado por la Universidad de California San Diego, el Machine Perception Laboratory y el California Institute for Telecommunications and Information Technology, y liderado por el célebre diseñador de robots David Hanson. Este androide ha sido personalizado con el rostro del célebre científico, y supone un estupendo ejemplo del enorme avance que se ha alcanzado en la construcción de robots con aspecto humano, capaces de emular con gran precisión los gestos e incluso las emociones humanas. En el siguiente vídeo podéis ver una charla de TED pronunciada por Hanson, en la que profundiza en estas cuestiones.
Einstein posee avanzados sistemas de inteligencia artificial y de reconocimiento facial, y no sólo es capaz de identificar las emociones humanas a través de los gestos, sino de modelarlos y corresponderlos mediante la manipulación de sus más de treinta músculos, activados mediante un complejo sistema de servomotores miniaturizados que se encargan de sus movimientos. Todo ello bajo una piel sintética compuesta por un material siliconado y elástico denominado frubber.










