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100 años de Garbo, el espía

Posted on 16 febrero 2012 by Redacción

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Hace un par de días, el pasado 14 de febrero, se cumplían cien años del nacimiento en Barcelona de Joan Pujol García. Dicho así, puede que el nombre no os diga nada, pero si os decimos que estamos hablando de Garbo, el espía español que engañó a Hitler, es muy posible que la cosa ya os resulte más conocida, ¿verdad?

No hemos querido dejar de “celebrar” este centenario, así que os recordamos que en su día publicamos un interesante artículo de nuestro compañero Alberto de Frutos sobre este singular espía español, todo un auténtico héroe de la II Guerra Mundial que ayudó a los aliados a ganar la contienda. Lo tenéis aquí: Nombre clave: Garbo.

Como bonus, os dejamos un par de vídeos, trailers de sendos documentales sobre la figura de este audaz catalán. El primero corresponde a Hitler, Garbo… y Araceli, estrenado a finales de 2009, y en el que se narra la historia del matrimonio formado por Joan Pujol y la gallega Araceli González Carballo. El segundo trailer es el de Garbo, el espía, también estrenado ese mismo año. Dos buenas propuestas documentales para honrar la memoria de este importante –aunque a veces olvidado– personaje.

 

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La Orden Negra (Libros)

Posted on 24 noviembre 2011 by Redacción

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En los estantes de las librerías no faltan títulos sobre la pretendida relación del nazismo y las creencias ocultistas, pero son pocos los títulos que han abordado la cuestión con la seriedad y el rigor necesarios. Salvo excepciones como el magnífico El plan maestro: Arqueología fantástica al servicio del régimen nazi (Ed. Debate) de Heather Pringle, donde se abordan algunas de las sorprendentes campañas “arqueológicas” y “antropológicas” realizadas por científicos nazis, pocos títulos se salvan de la quema. Por esa razón resulta grato encontrarse con libros como La Orden Negra, en el que se relatan, con amenidad y acierto, los pormenores de la que fue la orden más siniestra con las que contaba el Tercer Reich y una de las organizaciones más tenebrosas de la historia. Publicado por el sello Edaf, la obra se antoja imprescindible para comprender uno de los periodos más oscuros del pasado siglo XX.

¿Cómo Adolf Hitler, un simple ex cabo del ejército, logró llegar a ser el líder de una nación que pondría en jaque a toda Europa? ¿De qué modo alcanzó un poder tan desmesurado? La razón se encuentra en una inusual mezcla de agudeza política y la convicción fanática en unas creencias delirantes. Y en medio de ese entramado que atenazó al mundo, se encontraba una fuerza oscura que contribuiría a expandir el implacable poder del “Reich de los Mil Años” y que se extendía por todo el imperio nazi. Su nombre, todavía hoy, suena estremecedor: la Orden Negra. Al frente de este cuerpo militar de ‘superhombres’ arios se hallaba Heinrich Himmler, el ‘mago negro’ del Partido Nazi.

Desde su bastión místico, el castillo de Wewelsburg, el reichsführer de las SS dirigiría su particular cruzada convencido, como Hitler, de que tenía una sagrada misión que cumplir. A través de su particular instituto de investigación, la Ahnenerbe, envió expediciones por todo el mundo en busca de los vestigios de la raza aria, exigió a sus guardias negros una inmaculada ascendencia nórdica, recuperó rituales paganos ancestrales, promovió atroces experimentos y, finalmente, llevó a cabo la denominada ‘solución final’ que acabaría con la muerte de millones de seres inocentes.

Este libro recoge el camino de terror seguido por los caballeros negros del Tercer Reich, en cuyo origen y creencias se encuentran las claves principales para comprender en profundidad la Alemania nazi. Al igual que el resto del Partido Nazi, las SS estuvieron fuertemente influenciadas por ciertas creencias, como poco, singulares. Así, bebieron de fuentes mesiánicas, como la creada por el alemán Guido Von List y posteriormente por la Sociedad Thule.

La estética de los actos del partido, la férrea doctrina de entrenamiento de la orden y sus conceptos que mezclaban –quizá a conveniencia– los últimos descubrimientos científicos con los más delirantes las doctrinas esotéricas, fueron el sustento de su poder durante el Tercer Reich. El libro La Orden Negra desgrana cada uno de los aspectos que hicieron de las SS la fuerza más temida de la Segunda Guerra Mundial.

Orden Negra. El ejército pagano del Tercer Reich
Óscar Herradón
Ed. Edaf. Madrid, 2011.

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Un espía nazi en Hollywood

Posted on 30 agosto 2011 by Redacción

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Tenía una “apariencia elegante y buena dentadura”. Esta es la peculiar descripción que recoge un archivo del MI5 –uno de los servicios secretos británicos– desclasificado el pasado viernes sobre Werner Plack, un ciudadano alemán que, durante la Segunda Guerra Mundial, ejerció de espía nazi en Hollywood, bajo la tapadera de “extra” de cine que trabajaba en algunas películas.

Pese a su modesta labor como actor –la base de datos de Imdb.com sólo lo reseña en una cinta, ‘casualmente’ una película de espías–, Plack resultó ser, en función de los datos contenidos en el informe hasta ahora secreto, “un agente de propaganda” al servicio de Alemania. Al parecer, Plack se movió como pez en el agua en los estudios de rodaje y los clubs nocturnos de Los Ángeles durante buena parte de la guerra, recopilando información para el cónsul alemán Georg Gyssling, al tiempo que hacía sus pinitos como actor y vendía vino alemán entre sus conocidos del mundo del celuloide.

Plack vivió en Estados Unidos hasta agosto de 1940, cuando embarcó desde San Francisco en un navío con rumbo a Japón. Según los servicios de inteligencia estadounidenses, el espía nazi llevaba consigo algunos secretos sobre el país norteamericano, “codificados en textos religiosos” y, aunque fue registrado durante una escala en Honolulu, no se encontró nada que pudiera incriminarle. Tras su para en Japón, Plack regresó a Alemania y comenzó a trabajar para el Ministerio de Exteriores captando a británicos y angloparlantes para que realizaran emisiones radiofónicas a favor de los nazis, como parte de una minuciosa propaganda. Fue así como entró en contacto con P. G. Wodehouse, un escritor cómico británico a quien llegó a convencer para que, en 1941, realizara algunas emisiones radiofónicas desde Berlín destinadas a oyentes americanos. Esta colaboración causó un notable escándalo en Gran Bretaña, y no fueron pocos quienes acusaron al escritor de ser un colaborador nazi.

P. G. Wodehouse | Crédito: Wikipedia.

Sin embargo, los documentos recién desclasificados por las autoridades británicas desvelan que Wodehouse calificó aquella relación con Plack de “terrible error”, asegurando que nunca tuvo intención de ayudar al enemigo. Una versión que parece confirmar el testimonio de un espía nazi detenido por los británicos, y quien confesó que Plack le había confiado que Wodehouse rechazó tajantemente volver a participar en emisiones semejantes.

Por lo que respecta a Plack, los datos incluidos en el informe desclasificado revelan que su paradero era un misterio al final de la guerra. Quién sabe si, aprovechando sus dotes de actor, logró escabullirse de los aliados interpretando el mejor papel de su vida.

Fuente: UK spies sought German movie extra and Nazi agent (Art Daily)

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El “misterio” de las fotos nazis, resuelto

Posted on 22 junio 2011 by Redacción

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Ayer, 21 de junio, el diario estadounidense The New York Times sorprendía a historiadores e interesados en la Segunda Guerra Mundial al anunciar el hallazgo de un álbum fotográfico con imágenes de Hitler, campos de concentración en Bielorrusia y soldados nazis que hasta ahora habían permanecido inéditas. Según el diario estadounidense, el álbum –con un total de 214 fotos– pertenece a un particular –un personaje de la industria de la moda que prefiere conservar el anonimato– que había querido conservarlo en exclusiva para sí, pero que debido a la crisis financiera en la que se encuentra, se puso en contacto con el New York Times en busca de un posible comprador.

Prisioneros de guerra y judíos en el campo de concentración de Minsk. Crédito: Colección privada, vía The New York Times.

En las instantáneas –fotografías en blanco y negro– pueden verse escenas de un campo de concentración en Minsk (Bielorrusia), el líder del Tercer Reich en una estación de tren, y a soldados en distintas situaciones. En el momento de publicación de la historia y de las imágenes, se desconocía quién podría haber sido el fotógrafo responsable de las mismas, aunque se sospechaba que podía ser algún miembro del personal de la Propagandakompanie –la división de propaganda nazi–. Con la intención de intentar identificar al autor de las imágenes, y aprovechando las posibilidades de Internet, The New York Times compartió la información y las fotografías con la publicación alemana Spiegel Online (versión digital de Der Spiegel) y en concreto con su sección EinesTages.

Un fotógrafo de la Reichsautozug entre las ruinas causadas por un bombardeo. Crédito: Colección privada, vía The New York Times.

Soldados en algún lugar de Bielorrusia. Crédito: Colección privada, vía The New York Times.

A las pocas horas, lectores de ambos lados del charco aseguraban haber descubierto la identidad del misterioso fotógrafo. Según estas informaciones, se trataría de Franz Krieger, un fotógrafo austríaco fallecido en 1993, que trabajó como fotoperiodista en Salzburgo. Tal y como explicaba una lectora alemana al diario Spiegel, “en el verano de 1941, Krieger viajó a Minsk como miembro del Reichsautozug (RAZ) –la unidad de propaganda nazi–. En Minsk, tomó imágenes de prisioneros de guerra soviéticos y también visitó el ghetto judío, fotografíando a sus pobres habitantes. De vuelta a Berlín, tomó las fotografías del encuentro de Hitler con el húngaro Miklos”.

Franz Krieger, hasta hace unas horas anónimo autor de las imágenes. Crédito: Archivo Municipal de Salzburgo.

Os dejamos aquí una pequeña muestra con algunas de las imágenes del álbum, pero podéis ver muchas más, y a mayor resolución, en el blog LENS, el espacio dedicado al fotoperiodismo dentro del diario The New York Times. Podéis acceder a la galería haciendo click aquí.

Fuentes:

-Mysteries of a nazi photo album (The New York Times)

-World War II mystery solved in a few hours (The New York Times)

-Hallado en Nueva York un álbum con fotografías inéditas de Hitler (Público)

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‘Supersoldados nazis’

Posted on 29 abril 2011 by Redacción

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Una reciente investigación realizada por la Asociación Médica Alemana ha sacado a la luz detalles sobre la utilización de drogas entre las fuerzas del ejército nazi con la finalidad de aumentar la fuerza y la resistencia de los soldados alemanes durante el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial. Según documentos de la Wehrmacht –el ejército alemán– hasta ahora desconocidos, entre 1939 y 1945, las autoridades militares nazis distribuyeron entre sus soldados hasta un total de 200 millones de pildoras de un compuesto llamado Pervitin, cuya fórmula farmacológica se correspondía con la metanfetamina.

Según este estudio, los soldados recibieron esta sustancia con la finalidad de que desarrollaran una mayor fuerza, resistencia y ferocidad durante los combates, algo que contrasta notablemente con los preceptos nazis que preconizaban un estilo de vida saludable entre sus fuerzas, rechazando el consumo de alcohol y tabaco con el fin de mantener una raza aria pura y fuerte. Los investigadores de la Asociación Médica Alemana han explicado también que los científicos nazis experimentaron además con un derivado de la cocaína, un estimulante que estaría destinado a los soldados de la primera línea del frente, y cuyos efectos fueron probados en los prisioneros de campos de concentración.

Según el criminalista Wolf Kemper, autor del libro Nazis on Speed, esta sustancia –bautizada como D-IX– fue administrada a prisioneros el campo de Sachsenhausen, a quienes se les obligó a recorrer más de 110 kilómetros sin descansar, mientras cargaban con un peso superior a los veinte kilogramos. El plan era distribuir esta nueva “droga de la muerte” entre los soldados, pero la sorpresa que supuso el desembarco de Normandía frustró los planes de los científicos nazis.

Fuente: The Daily Mail

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La última foto de Himmler

Posted on 25 febrero 2011 by Redacción

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Si el otro día os hablábamos de una subasta en la que será posible adquirir –para quien tenga ahorros suficientes– algunos objetos de la carrera espacial, la que traemos hoy a colación no es menos sorprendente. Como habréis adivinidado por el título del post, se trata de la última fotografía realizada al jerarca nazi Heinrich Himmler, pocos minutos después de que se suicidase tomando una cápsula de cianuro en mayo de 1945.

En aquellas fechas, Himmler se encontraba detenido por los aliados en una casa segura de Luneburg (Alemania), con la intención de ser interrogado por oficiales de inteligencia británica sobre su participación en crímenes de guerra durante la contienda. Sin embargo, antes de que los espías británicos pudieran interrogarle, el jerarca nazi tomó una cápsula de cianuro que acabó con su vida. La imagen que podéis ver sobre estas líneas fue tomada sólo unos minutos después de su muerte. De hecho, el autor de la instantánea, un soldado de inteligencia británico llamado Guy Adderley, aseguró que el cadáver del líder de las SS todavía estaba caliente.

Además de tomar la fotografía, el soldado de primera clase Adderley había formado parte del equipo que ayudó a capturar a Himmler y a dos de sus guardias de las SS en Bremervoerde (Alemania), en mayo de ese año. Cuando Himmler fue consciente de que Alemania no ganaría la guerra, intentó negociar en secreto una rendición con Eisenhower, y así librarse de los cargos por crímenes de guerra. Por desgracia para él, el presiente estadounidense rechazó la oferta, Hitler se enteró de la maniobra y lo declaró traidor a la causa, por lo que Himmler tuvo que huír. Fue así como terminó siendo apresado por los aliados.

Ahora, 66 años después de su muerte, la familia de Adderley –el fotógrafo–, ha contactado con Dreweatt, una casa de subastas especializada en ventas de antigüedades militares, para sacar a la venta la curiosa fotografía del temible Himmler. Según los responsables de Dreweatt, el precio de salida de la imagen está en unos 2.400-3.500 euros, aunque están convencidos de que durante la puja alcanzará cifras mucho más altas. Al parecer, son muchos los coleccionistas especializados en piezas de la Segunda Guerra Mundial que ya han mostrado su interés en la fotografía, que lógicamente está envuelta por un halo morboso que se une a la habitual fascinación que rodea al nazismo. Además, se da la circunstancia de que la muerte de Himmler –y especialmente su enterramiento– está envuelta de cierto misterio. Tras su suicidio, los aliados decidieron enterrar el cadáver del líder de las SS en un lugar oculto, y el Ministerio de Defensa británico clasificó el asunto con alto secreto. La información sobre el paradero del cadáver de Himmler seguirá llevando esa “etiqueta” hasta el año 2045, cuando se cumplan cien años de los sucesos, por lo que la ubicación de su tumba será un enigma hasta entonces.

Fuente:

-Chilling picture emerges of Nazi leader Himmler taken just moments after he swallowed cyanide pill (Mail on Line)

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Colossus, la máquina ‘rompecódigos’

Posted on 06 febrero 2010 by Redacción

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Durante la Segunda Guerra Mundial, los expertos británicos en criptografía lograron descifrar el llamado Código Lorenz, uno de los sistemas de cifrado utilizados por Hitler para comunicarse con sus generales de más alto rango. Esta hazaña del espionaje fue posible gracias a un dispositivo conocido como Colossus, precedente de las computadoras digitales, y que ha sido reconstruido por Tony Sale. Nos lo cuenta en este vídeo realizado y compartido por la BBC (en castellano).

Fuente: Colossus: la máquina que descifró el código de Hitler (BBC Mundo)

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Héroes españoles contra el Holocausto

Posted on 01 noviembre 2009 by Javier García Blanco

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Judíos detenidos en Budapest. Crédito: Wikipedia.

En los difíciles años de la Segunda Guerra Mundial, un grupo de diplomáticos españoles destinados en legaciones de toda Europa arriesgaron sus vidas y sus carreras por defender un ideal: salvar del exterminio a miles de judíos que huían del horror nazi.

Junio de 1940, Burdeos (Francia). Entre la nutrida comunidad judía existente en el país –muchos de ellos huidos de Alemania y otros territorios bajo el control nazi–, comienza a extenderse un rumor imparable y esperanzador: en el consulado español de Burdeos, un diplomático está facilitando los visados necesarios para pasar a España y, desde allí, alcanzar Portugal, lugar de partida de numerosos barcos con destino a EE.UU. y otros países del continente americano, lejos de la peligrosa Europa.

Aquel español que durante una semana del verano de 1940 –con la reciente ocupación nazi de Francia– atendió incansable las peticiones angustiosas de miles de judíos, se llamaba Eduardo Propper de Callejón, en esa época primer secretario de la Embajada española en París.

Al igual que él, un notable número de diplomáticos españoles destinados en las legaciones de Francia, Hungría, Rumanía, Bulgaria, Grecia o Alemania arriesgaron su vida para salvar la de miles de judíos, amenazados por la terrorífica persecución nazi que se desató en la Europa ocupada durante la II Guerra Mundial. Sus nombres y sus hazañas han permanecido injustamente en el anonimato durante décadas, hasta que en fechas recientes sus actos humanitarios comenzaron a ser reconocidos como merecían. Esta es la historia de aquellos hombres que intentaron enfrentarse al Holocausto con todos los medios a su alcance.

HÉROES EN LA FRANCIA OCUPADA
El inicio de la carrera diplomática del madrileño Eduardo Propper de Callejón fue casi una premonición de los terribles episodios que le tocarían vivir. En 1918 y con sólo 23 años, el joven diplomático fue destinado a la legación española en Bruselas. Con una Europa enfrascada en los horrores de la Primera Guerra Mundial, Propper tuvo que dar un considerable rodeo por Suiza antes de llegar a su destino, donde quedó a las órdenes del marqués de Villalobar. En los años siguientes fue escalando puestos en su carrera hasta que, con la abdicación del rey Alfonso XIII en 1931, decidió aparcar temporalmente su trabajo diplomático. Su vuelta a la actividad llegó en 1939, ya terminada la Guerra Civil, cuando fue nombrado primer secretario de la Embajada española en París.

El diplomático español Propper de Callejón.Cuando unos meses después, en septiembre de ese año, estalló la Segunda Guerra Mundial, Propper llevó a cabo una de sus primeras acciones en defensa de los judíos. Unos años antes, el diplomático se había casado con Hélène Fould-Springer, hija del barón y banquero judío Eugène Fould y Mary Springer, perteneciente a una rica familia judía de origen austriaco. Conocedor de los terribles sucesos contra los judíos ocurridos en Alemania, y previendo que algo similar podía ocurrir en suelo francés a causa del imparable avance nazi, Propper decidió declarar el Castillo de Royaumont –propiedad de su familia política– como su residencia privada. Allí almacenó buena parte de los bienes de sus suegros y de su cuñada –miembro del clan Rothschild–, entre ellos numerosas obras de arte. Unas valiosas piezas que, sin la protección diplomática española, habrían caído irremediablemente en manos nazis.

Aquel gesto, fruto de sus vínculos familiares fue, sin embargo, el menos meritorio que llevaría a cabo. En junio de 1940, las tropas alemanas entraron finalmente en París. La ocupación alemana provocó la huida del gobierno francés y de las distintas legaciones extranjeras, que abandonaron temporalmente la capital. Propper fue enviado a Burdeos para hacerse cargo de la plaza diplomática. Cuando llegó allí, acompañado por su mujer y sus hijos pequeños, la situación no podía ser más dramática. Miles de refugiados, en su mayoría judíos, se agolpaban a las puertas del consulado español con la esperanza de obtener la documentación que les permitiría huir del terror nazi.

Movido por su conciencia, Propper decidió actuar y pidió permiso al embajador, José Félix de Lequerica, quien dejó la decisión en sus manos. La situación era muy complicada. En condiciones normales, la expedición de visados incluía numerosos trámites y requería el visto bueno del Ministerio de Asuntos Exteriores en Madrid. En total, una semana o más de espera, un tiempo que muchos de los judíos que se agolpaban ante el consultado no podían permitirse.

Ante lo dramático de la situación, Propper tomó la determinación de actuar por su cuenta, de espaldas al gobierno franquista y, aprovechándose de un “agujero” burocrático, comenzó a expedir “visados especiales” que no requerían la confirmación de Madrid. Durante una semana agotadora, Propper firmó y selló miles de visados de tránsito, día y noche, casi sin descanso, y en colaboración con el cónsul portugués, Arístides de Sousa Mendes, a cuyo país se dirigían la mayor parte de los judíos que solicitaban ayuda en el consulado español. Desde suelo luso tomarían después algún barco que les llevaría, a la mayor parte, lejos de Europa (ver anexo).

Uno de los visados expedidos para ayudar a la huída de los judíos.

Uno de los visados expedidos para ayudar a la huída de los judíos.

Su labor humanitaria no terminó ahí. Con el traslado de la embajada española a Vichy, Propper de Callejón continuó ayudando, dentro de sus posibilidades, a cientos de refugiados y judíos. Para su desgracia, aquel loable gesto iba a tener consecuencias para su carrera. En febrero de 1941, Ramón Serrano Súñer, cuñado de Franco, ministro de Asuntos Exteriores y conocido pronazi y antisemita, castigó su ayuda a los judíos con un traslado inmediato a la legación en Larache, en el protectorado español en Marruecos. Cuando Propper –ya en suelo marroquí– fue galardonado por el gobierno francés con la Legión de honor en reconocimiento a sus méritos, Súñer, visiblemente enojado, escribió en una carta que se la habían concedido por su “ayuda a la judería francesa”.

En la actualidad, y aunque la cifra exacta se desconoce a causa de la misteriosa desaparición del libro de registro, los historiadores estiman que la noble labor del diplomático español salvó la vida a 1.500 personas, entre ellos cientos de judíos.

Eduardo Propper de Callejón falleció en Londres en 1972, tras pasar por distintos cargos en delegaciones diplomáticas de EE.UU., Canadá o Noruega. Sin embargo, nunca alcanzó el cargo de embajador, un castigo por su ayuda humanitaria. En compensación, en octubre de 2008 su labor fue finalmente reconocida por el director del Yad Vashem –la institución israelí constituida en memoria de las víctimas del Holocausto–, con la concesión del título de “Justo entre las naciones”. En el acto estaban presentes sus hijos, Felipe y Helena, ésta última madre de la conocida actriz Helena Bonham-Carter.

Bernardo Rolland de Miota.

Bernardo Rolland de Miota.

De forma paralela a las actividades de Propper, otro diplomático español destinado en Francia, Bernardo Rolland de Miota –cónsul general en París–, destacó también por su ayuda a cientos de judíos.

En octubre de 1940, meses después de la actividad semiclandestina de Propper, el gobierno colaboracionista de Vichy estableció una serie de decretos contra los judíos –los llamados Statut des Juifs–, que recortaron paulatinamente sus libertades. Preocupado por las consecuencias que dichas leyes podían tener para los más de dos mil judíos sefardíes de París, Rolland de Miota informó a Serrano Súñer. Éste, que no deseaba generar problemas con sus aliados nazis y franceses, le ordenó que actuara con “pasividad y tolerancia” hacia las leyes antijudías. Rolland, apremiado por su conciencia, hizo oídos sordos y, a pesar del peligro, movió todas las fichas posibles para excluir a los judíos españoles del Statut des Juifs, redactando cartas de protección para cientos de ellos y enfrascándose en una agotadora disputa con las autoridades españolas, francesas y alemanas, en un intento por evitar la expropiación de sus bienes. Para ello, se amparó en el hecho de que en España no existían leyes antijudías, y los judíos sefardíes eran ciudadanos españoles, en virtud de un decreto de 1924 que les reconocía la nacionalidad.

Prisioneros judíos en el campo de Drancy, 1941. Crédito: Wikipedia.

Prisioneros judíos en el campo de Drancy, 1941. Crédito: Wikipedia.

En 1941, la situación empeoró con el endurecimiento de las leyes antisemitas. En agosto de ese año, las autoridades realizaron una redada en París durante la cual se detuvo a unos 3.000 judíos –algunos historiadores aumentan la cifra hasta 7.000–, entre ellos catorce españoles. Todos ellos fueron enviados al campo de Drancy, que se convirtió en un lugar de tránsito hacia Auschwitz un año más tarde. Rolland de Miota trabajó incansablemente para conseguir la liberación de los catorce judíos sefardíes recluidos en Drancy. Igualmente, el cónsul español también logró poner en libertad a un matrimonio judío español que había sido detenido por las SS en agosto de 1942. En ese tiempo, Rolland logró visados para un pequeño grupo de judíos –algunos de origen español–, que lograron pasar a España gracias a sus gestiones con el Ministerio de Asuntos Exteriores. Poco después lo intentó de nuevo con un grupo mayor, de 2.000 judíos, al que intentó enviar al protectorado de Marruecos. Por desgracia, en este caso las autoridades alemanas no dieron su consentimiento.

Cuando en 1943 terminó su trabajo en París, Rolland de Miota había ayudado a cientos de judíos, protegiendo sus bienes y salvando a una veintena de su segura deportación a Auschwitz. Antes de abandonar su puesto, aún tuvo tiempo de preparar la salida del país de cien personas, labor que concluyó su sucesor Alfonso Fiscowich, quien también destacó por su ayuda a los judíos a pesar de la indeferencia y trabas de Madrid.

EL ÁNGEL DE BUDAPEST
El zaragozano Ángel Sanz Briz llegó a la legación española de Budapest en 1943, para sustituir a su antecesor, Miguel Ángel de Muguiro, destituido por sus molestas críticas y quejas sobre la persecución antisemita en el país, y por su ayuda a quinientos niños judíos, a los que consiguió un visado español para escapar del terror. A pesar de estos antecedentes, San Briz, convertido en nuevo encargado de negocios de la embajada, no dudó en continuar la labor de su predecesor, ante lo que él consideraba una persecución inhumana.

El diplomático aragonés Ángel Sanz Briz.

El diplomático aragonés Ángel Sanz Briz.

En un primer momento, con Horthy todavía en el gobierno húngaro, la situación resultó más o menos soportable. Sin embargo, con la invasión de las tropas alemanas en marzo de 1944 la persecución contra los judíos se endureció de forma notable.

Sanz Briz comenzó alojando en la embajada a los judíos que acudían en busca de ayuda. Tras duras conversaciones con el nuevo presidente Ferec Saláis, jefe del partido pronazi de la Cruz Flechada, y el Ministerio de Asuntos Exteriores español, el diplomático obtuvo el permiso para emitir doscientos visados a judíos de origen sefardí. Hábilmente, y como él mismo explicó al periodista Federico Yzart, “estiró” aquellos  documentos hasta el límite: “Las doscientas unidades que me concedieron las convertí en doscientas familias, y luego se multiplicaron indefinidamente con el simple procedimiento de no expedir documento o pasaporte a favor de los judíos que llevara un número superior al doscientos”.

Aquella estrategia, de ser descubierta, suponía un serio riesgo para el propio Sanz Briz. Sin embargo, el zaragozano no dudó en seguir adelante, al tiempo que redactaba “cartas de protección” para casi dos mil judíos no españoles, a lo que adjudicó un origen sefardí en los documentos, explicando que estaban bajo protección de la embajada.

En noviembre de 1944 todo empeoró aún más. El número de judíos en peligro había aumentado de forma considerable y, ante la imposibilidad de alojarlos a todos en la embajada, Sanz Briz tomó una determinación: alquiló ocho casas y, tras colocar en ellas placas anunciando el carácter diplomático de las mismas, comenzó a alojar en ellas a cientos de judíos. Una maniobra inteligente y audaz, pero que no estuvo exenta de riesgos. En más de una ocasión el propio Briz tuvo que acudir de urgencia para evitar detenciones, y un chofer que solía llevar alimentos y medicinas murió a causa de un bombardeo mientras se dirigía a las viviendas.

Mujeres judías detenidas en Budapest. Crédito: Wikipedia.

Mujeres judías detenidas en Budapest. Crédito: Wikipedia.

Por suerte, el diplomático español no estuvo completamente sólo en aquella arriesgada aventura. En connivencia con otros diplomáticos europeos, como el cónsul suizo Carl Lutz, el sueco Raoul Wallenberg o el nuncio apostólico Angelo Rotta, crearon un entramado clandestino que permitió la salvación de miles de judíos, de otro modo condenados a una muerte segura en el campo de concentración de Auschwitz.

A pesar de todos sus esfuerzos, la llegada de las tropas soviéticas en enero de 1945 obligó a Sanz Briz a dejar Budapest, quedando la legación española en manos de su amigo Giorgio Perlasca (ver anexo). Antes de partir, el diplomático maño consiguió liberar a 71 judíos recluidos en un campo de concentración.

En total, las actividades de Sanz Briz, que nunca recibió el apoyo del régimen franquista, salvaron la vida a unos 5.200 judíos. Sólo 200 de ellos eran realmente de origen sefardí.

Tras la Segunda Guerra Mundial, y a diferencia de su colega Propper de Callejón, Ángel Sanz Briz alcanzó el cargo de embajador, puesto que desempeñó en distintos países, hasta su muerte en 1980. Todavía en vida, recibió varios reconocimientos a su labor humana, y en 1991 recibió el título de “Justo entre las naciones”. En octubre de 2008 la embajada española en Budapest honró su memoria con un sentido homenaje.

EL “AMIGO DE LOS JUDÍOS”
Cuando Julio Palencia llegó a Sofía en 1940, con el cargo de Ministro Plenipotenciario, las leyes antisemitas, al igual que ocurría en otras partes de la Europa ocupada, sometían a la población judía –en este caso unas 50.000 personas– a graves humillaciones y a una terrible privación de derechos. Un escenario sobrecogedor que empeoró aún más cuando, en 1943, Adolf Eichmann –el temible jefe de deportaciones– decidió aplicar a los judíos búlgaros la misma “Solución final” que a los alemanes. Palencia, que manifestó en todo momento su desagrado por los nazis, intentó por todos los medios ayudar a un buen número de judíos. Aunque informó de la situación al Ministerio de Asuntos Exteriores, recibió la misma respuesta que otros de sus colegas: pasividad y tolerancia ante las medidas antijudías.

En marzo de 1943, el diplomático español contempló impotente cómo los judíos sefardíes, al igual que el resto, eran obligados a realizar trabajos forzados y a identificarse con la estrella de David. A pesar de todo, las maniobras constantes de Palencia evitaron la deportación a campos de concentración de los ciento cincuenta judíos de origen español.

Angustiado por una situación que se agravaba por momentos, Palencia insistió una y otra vez ante las autoridades búlgaras y alemanas con la intención de defender a los judíos. Aquella obstinación terminó por acabar con la paciencia de las autoridades, hasta el punto de que la policía búlgara comenzó a vigilar todos los movimientos que se producían en la embajada española, interrogando a cualquier visitante. La presión llegó a tal punto que la policía detuvo al secretario de Palencia, que era judío, bajo la grave acusación de espionaje. Como es lógico, las incómodas actividades del español tampoco le granjearon la simpatía de las autoridades alemanas, que se referían a él como “el amigo de los judíos”.

El punto culminante del desafío de Palencia a las leyes antisemitas llegó con las quejas del diplomático ante la ejecución del judío sefardí León Arié. Palencia no pudo salvarle la vida, pero su valor le llevó adoptar a sus dos hijos y cobijar a la esposa de Arié en la embajada española. Todos  estos “excesos” provocaron su consideración como “persona non grata”, iniciándose una persecución contra él por parte de la temible Gestapo, y se vio obligado a huir del país. No sin problemas, finalmente consiguió llegar a Madrid. Con él iban los hijos y la mujer de Arié. Hoy, las familias de 600 judíos a quienes ayudó a escapar viven gracias a su valor y determinación.

“AQUÍ VIVE UN ESPAÑOL”
José de Rojas y Moreno. Crédito: Archivo La Vanguardia.José de Rojas y Moreno fue el único de los diplomáticos españoles aquí citados que ocupó el cargo de embajador durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, su compromiso hacia los judíos perseguidos –especialmente por los de origen sefardí– fue igual de destacado que el de sus colegas. En 1941, recién llegado a su plaza diplomática en Bucarest, Rojas se encontró con un panorama desalentador: al igual que otros rincones de Europa, las leyes antisemitas arrinconaban sin piedad a los miembros de la comunidad hebrea. Su rechazo a los postulados raciales nazis no se hizo esperar: pronto comenzó a denunciar las continuas violaciones de derechos humanos, e hizo todo lo posible por mejorar las lamentables condiciones de vida de los judíos rumanos. En septiembre de 1941, escribió a Madrid con la intención de obtener un permiso que le permitiera extender visados sin esperar la confirmación del Ministerio, argumentando que los judíos de origen sefardí del país habían apoyado, de forma colectiva y sin fisuras, el movimiento nacional. Un mes más tarde las autoridades españolas confirmaron el derecho a los judíos españoles de Rumanía a entrar en España, aunque subrayaron que cada caso debía ser examinado de forma individual, en contra de los deseos de Rojas y Moreno.

A pesar del contratiempo, el embajador español peleó de forma incansable, al igual que lo había hecho Rolland de Miota en Francia, para evitar la expropiación de los bienes de judíos sefardíes. En este caso sus esfuerzos tuvieron éxito, y en agosto de 1942 se ordenó la protección a dichas propiedades. Además, los judíos españoles quedaban exentos de pagar el impuesto especial judío.

Entre las distintas iniciativas orquestadas por el embajador para proteger a quienes consideraba súbditos de la patria, destaca especialmente la creación de una serie de carteles, que repartió entre la comunidad sefardí. Dichos carteles, pegados en las fachadas de las viviendas, anunciaban con una tipografía de gran tamaño: “Aquí vive un español”. La medida, aunque aparentemente extravagante, permitió salvar las vidas de muchos judíos.

En abril de 1943, el diplomático sufrió uno de los momentos más amargos de su misión en Rumanía. Aquel año, un judío español llamado Dario Algranti, junto a su esposa y dos hijas, fueron deportados a un campo de concentración polaco. El embajador hizo todo lo posible por salvar sus vidas, pero fue en vano. Aquel fue el único caso en el que judíos rumanos de origen español sufrieron el horror de la deportación.

En mayo de 1944, y con la intención de evitar nuevos casos como el de Algranti, Rojas quiso acelerar la salida de 65 judíos con dirección a España, e inició los trámites necesarios con las autoridades alemanas. Desgraciadamente, sus esfuerzos se toparon con un problema inesperado: la negación rotunda de Eberhard von Thadden, en aquel entonces ayudante especial de Adolf Eichmann. Pese a la negativa inicial, el embajador español no se rindió y, tras repetidas quejas al Ministerio de Asuntos Exteriores en Madrid, consiguió al fin que los alemanes diesen el visto bueno a la salida de los 65 sefardíes. Animado por el éxito de aquella empresa, Rojas intentó una nueva evacuación de otro grupo judío, pero en este caso, y para su desolación, le fue imposible cumplir su cometido.

TRENES HACIA LA LIBERTAD
Los esfuerzos de Sebastián de Romero Radigales, cónsul general de España en Atenas, por ayudar a cientos de judíos sefardíes que residían en la capital y en Salónica supusieron un auténtico incordio para las autoridades alemanas en el país. Como prueba, se conservan varias comunicaciones emitidas por el embajador alemán, Günther Altenburg, en las se lamenta de las incomodas y repetidas peticiones del español, que comenzaron sólo unos días después de su llegada a Atenas, en abril de 1943.

Tropas nazis en Salónica (Grecia). Crédito: Archivo La Vanguardia.

Tropas nazis en Salónica (Grecia). Crédito: Archivo La Vanguardia.

Está claro que Romero Radigales actuó bajo el convencimiento de que no había tiempo que perder. Entre los meses de marzo y junio de 1943, más de 45.000 judíos de la ciudad de Salónica habían sido deportados al matadero humano en que se había convertido Auschwitz. Entre las comunidades judías de Atenas y Salónica había en aquellas fechas unos 800 sefardíes, y el cónsul español no dudó en hacer todo lo posible para evitar su muerte.

Desgraciadamente, las tropas nazis detuvieron a más de 500 sefardíes, y ordenaron su traslado a Auschwitz. Sin pérdida de tiempo, Romero Radigales puso en marcha todos los recursos disponibles para liberarlos. En un primer momento, logró que los alemanes dejasen en libertad a 150 de ellos, que ya se encontraban subidos en el tren que les conducía al campo de la muerte, y consiguió su evacuación a Palestina. Para su desesperación, los 367 sefardíes restantes terminaron en Auschwitz, pero el cónsul español no se rindió fácilmente. Utilizando toda su “artillería” diplomática, y en constante contacto con el embajador alemán en Atenas y el Ministerio de Asuntos Exteriores germano, consiguió primero su traslado a otro campo, el de Bergen-Belsen y finalmente, en febrero de 1944, los alemanes consintieron en liberar a los judíos españoles. Los nazis metieron a los sefardíes en dos trenes distintos, que salieron con varios días de diferencia, y pusieron rumbo a la estación de Cerbère en la frontera franco-española. Los judíos que viajaban en el primer convoy llegó a España el 10 de febrero y el segundo lo hizo el día 13. En realidad la llegada de este último estaba prevista para el día 11 pero, como relata el periodista Eduardo Martín de Pozuelo en un trabajo sobre el episodio, inexplicablemente las autoridades españolas “olvidaron” el segundo tren –con 183 personas a bordo– durante dos días. Una imperdonable torpeza de los responsables franquistas que estuvo a punto de provocar el regreso de los sefardíes al campo de concentración, pues los alemanes habían comenzado a impacientarse por la espera en Cerbère.

Coincidiendo con aquel suceso, el régimen de Franco estaba sufriendo unas duras críticas a nivel internacional por su presunto trato negativo hacia los judíos. Así que Gómez Jordana, en aquel entonces Ministro de Asuntos Exteriores, decidió aprovechar la loable labor de Romero Radigales y sus “trenes de la libertad” para “demostrar” a la comunidad internacional su ayuda a los judíos. Efectivamente, los judíos salvados por Radigales fueron recibidos en Barcelona, pero poco después se les trasladó a África, sin oportunidad de establecerse en la península. Una mancha que ensució el arriesgado y noble trabajo del cónsul general en Atenas.

Si la situación, como hemos visto, era sumamente complicada en países como Francia, Grecia, o Hungría, en Alemania el panorama para los judíos –y quienes les ayudaban– era mucho más sombrío. Las graves consecuencias que podían acarrear a un extranjero el auxilio a judíos no amedrentaron, sin embargo, a José Ruiz Santaella, agregado a la embajada española en Berlín. Movido por sus fuertes convicciones cristianas, él y su esposa, Carmen Schrader, decidieron ayudar a una judía llamada Gertrud Neumann. Para ponerla a salvo, en 1944 tomaron la determinación de contratarla como empleada de hogar en su propia casa. Neumann, convencida de la bondad del matrimonio español, les confesó la existencia de muchos otros judíos que trataban de ocultarse de los nazis. Fue así como el diplomático español y su mujer entraron en contacto con la familia Arndt. Al igual que habían hecho con Gertrud, contrataron a Ruth Arndt y su madre Lina, como niñera y cocinera respectivamente, mientras facilitaban alimentos y medicinas al cabeza de familia, el doctor Arndt, que se encontraba oculto.

Durante varios meses, todos ellos convivieron en la misma casa, intentando que las tres judías pasaran desapercibidas. Cuando a finales de 1944 las tropas aliadas se aproximaron a Berlín, Ruiz Santaella y su familia tuvieron que abandonar la ciudad y regresaron a España. Sin embargo, continuaron enviando toda la ayuda posible desde la península. Gracias a su gesto, aquellas personas lograron sobrevivir al horror nazi, y terminaron estableciéndose en Estados Unidos, manteniendo durante años una relación de amistad. En gratitud a su valerosa ayuda, en 1988 el Yad Vashem declaró a los dos españoles “Justos entre las naciones”.

Esa misma denominación, de la que ya gozan los citados Ángel Sanz Briz o Eduardo Propper de Callejón, ha sido propuesta recientemente para Sebastián Romero Radigales, Julio Palencia y Bernardo Rolland de Miota. En la mayor parte de los casos, estos hombres no llegaron a ver reconocida su labor mientras vivían y sus nombres, a diferencia de lo ocurrido con el célebre Oskar Schindler, apenas son conocidos. Sin embargo, su valor y dedicación gozan del mayor agradecimiento posible: el de miles de personas, descendientes de aquellos judíos a los que salvaron, y que hoy viven gracias a su decidida lucha contra el horror.

** NOTA: En febrero de 2009, el programa Crónicas (RTVE) emitió el documental El número de los justos, en el que se recogen las historias de algunos de los personajes aquí citados. Podéis ver el vídeo completo aquí.

ANEXO
“JORGE” PERLASCA, EL FALSO EMBAJADOR ESPAÑOL
Cuando Sanz Briz se vio obligado a abandonar Budapest ante la proximidad de las tropas soviéticas –que no reconocían la legitimidad del régimen de Franco–, lo judíos húngaros no quedaron desamparados. Un italiano llamado Giorgio Perlasca, acogido en la embajada española en agradecimiento por su participación como voluntario en la Guerra Civil a favor del bando nacional, continuó la importante labor de Sanz Briz.

Giorgio "Jorge" Perlasca.

Giorgio “Jorge” Perlasca, el falso embajador español.

Perlasca había abandonado el fascismo con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, y cuando presenció los excesos y abusos nazis contra los judíos decidió colaborar junto a Sanz Briz. Cuando el español tuvo que dejar la ciudad, el italiano cambió su nombre de pila por el de Jorge, y se hizo pasar por nuevo cónsul español, llegando a falsificar un documento en el que, aparentemente, Madrid confirmaba el nombramiento. Las autoridades alemanas tragaron el anzuelo y durante algunas semanas, Perlasca tuvo la oportunidad de seguir refugiando a judíos en las casas alquiladas por Sanz Briz, y continuó expidiendo cartas de protección. Cuando finalmente las tropas comunistas alcanzaron la ciudad en enero de 1945, “Jorge” Perlasca había salvado él solo a más de mil judíos.

ANEXO
UN DECRETO “CADUCADO”
Durante su trabajo en las distintas legaciones españolas en Europa, algunos de los diplomáticos aquí recordados se valieron de un antiguo decreto que permitía otorgar la nacionalidad española a aquellos judíos de origen sefardí, es decir, descendientes de los expulsados de España en 1492 por los Reyes Católicos. Este decreto, fechado en 1924, fue promulgado por Primo de Rivera pero, curiosamente, dejó de estar vigente en 1930. A pesar de ese “pequeño” detalle, hombres como Propper de Callejón o Sanz Briz, entre otros, se valieron de aquel texto legal para facilitar visados –tanto de tránsito como de entrada– a miles de judíos. Algunos eran realmente sefardíes, pero muchos otros no tenían realmente un origen español, pese a lo cual los diplomáticos no dudaron en alterar nombres y otros datos para permitir su huida a España.

ANEXO
ESPAÑA Y LOS REFUGIADOS JUDÍOS
Las condiciones exigidas por las autoridades españolas a los miles de refugiados -judíos o no- que intentaron entrar en nuestro país durante el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial fueron variando a lo largo de la contienda. Desde el fin de la Guerra Civil española, y hasta comienzos de 1940, las leyes establecían que cualquier ciudadano español estaba capacitado para entrar en el país siempre y cuando no hubiera dudas sobre “su adhesión al Movimiento”. En cuanto a los extranjeros, se prohibía tajantemente la entrada a cualquier persona que hubiera tenido negocios con la República, a los masones y a los judíos -exceptuando aquellos que hubieran mostrado su apoyo al bando nacional-, y a los enemigos del Régimen.

Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, surgieron nuevos decretos que modificaron estas condiciones previas. Desde el 1 de mayo de 1940, los consulados españoles debían tramitar las solicitudes de visados de entrada a través de la Dirección General de Seguridad, en Madrid. La única excepción se daba en situaciones que el cónsul considerara extremadamente urgentes, y aún así debía informarse lo antes posible a las autoridades de la capital española. En lo que respecta a los visados de tránsito -que facilitaban el paso por España durante unos tres o cuatro días- podían expedirlos directamente los consulados, siempre y cuando el interesado estuviera también en posesión de un visado portugués. Este era el caso de la mayor parte de los refugiados que solicitaban un visado, pues su intención era huir por barco desde algún puerto luso. En todos los casos, el gobierno español no tenía en cuenta si el solicitante era judío o no.

A partir de septiembre de 1940, y hasta finales de año, nuevos decretos -hasta un total de cuatro- vinieron a sustituir las anteriores disposiciones. Entre las nuevas normas, se restauraba la condición de que los visados de tránsito fueran autorizados desde el Ministerio de Asuntos Exteriores; a quienes solicitaban entrar en España para tomar un barco en el país se les exigía la presentación del billete de viaje. Por otra parte, la concesión de visados de tránsito quedaba condicionada a que los solicitantes no fueran ciudadanos de países en guerra. Afortunadamente para ellos, muchos de los judíos huidos de Alemania o Austria eran considerados apátridas, por lo que no se les aplicaba la medida. El último decreto del año, fechado el 30 de diciembre, amplió una de las medidas anteriores: aquellos refugiados que desearan pasar por España para embarcar en Portugal debían presentar también el billete para el viaje. También se volvía a permitir la concesión de visados en tránsito sin previo permiso de Madrid. A todos estos requisitos había que sumar alguno más. Si se solicitaba el visado de tránsito, era necesario demostrar que se poseía dinero suficiente para realizar el viaje a través de España. La cantidad, entre 60 y 80 dólares, no era nada excesiva, pero el problema residía en que, a partir de 1942, resultaba prácticamente imposible cambiar dólares por pesetas, y era imprescindible que el dinero fuera en moneda nacional.

En cuanto a los refugiados que intentaron entrar en España de forma ilegal, este supuesto incluía a quienes falsificaban documentos, no estaban en posesión de ellos, o simplemente carecían de un visado para Portugal. A partir de 1942, las presiones de la Embajada de EE.UU. consiguieron que no se deportara a ningún refugiado ilegal. El destino de los indocumentados que eran detenidos era, generalmente, la prisión. Desde allí eran conducidos a un campo existente en Miranda de Ebro (Burgos). Tal y como señala el historiador Bernd Rother, en su trabajo Franco y el Holocausto, los recluidos en el campo de Miranda de Ebro sufrieron duras condiciones de vida, “aunque no se dieron maltratos arbitrarios, y los judíos no recibieron un trato distinto al del resto de presos”. Con el tiempo, la mayoría de ellos eran evacuados o asistidos por organizaciones humanitarias de países aliados.

Durante el tiempo que duró la contienda, se calcula que unos 35.000 judíos lograron atravesar España para ponerse a salvo.

BIBLIOGRAFÍA:

-CARCEDO, Diego. Un español frente al Holocausto. Ed. Temas de Hoy, 2005.

-PAYNE, Stanley G. Franco y Hitler: España, Alemania, la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto. Ed. La Esfera de los Libros, 2008.

-ROTHER, Bernd. Franco y el Holocausto. Ed. Marcial Pons, 2005.

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Nombre clave: Garbo

Posted on 31 julio 2009 by Alberto de Frutos

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Crédito: http://www.1944online.com/

Juan Pujol nació el 14 de febrero de 1912 en Barcelona. Tras la muerte de su padre en 1933, probó fortuna en varios negocios, pero la Guerra Civil truncó sus ambiciones. Llamado a filas por el ejército republicano, se escondió en casa de unos amigos durante más de un año. No simpatizaba con ninguno de los bandos o, mejor, repudiaba todo extremismo y nunca disparó un tiro. Descubierto en su escondite, se alistó como voluntario republicano con el propósito de pasar al bando nacional, cosa que hizo en septiembre de 1938. Sin embargo, la victoria de Franco no le inspiró muchas celebraciones: no tardó en comprender que una España fascista era tan indeseable como una España comunista.

Juan Pujol, alias Garbo.Ese es el retrato que, a grandes rasgos, perfila sobre la juventud de Pujol su superior y funcionario del servicio secreto británico –el MI5–, Tomas Harris, en Garbo. Doble agente (Ed. Martínez Roca), que contiene el sumario desclasificado sobre este espía que condujo a la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial.

Fue Pujol, con el alias de la famosa actriz sueca (decían que era tan buen actor como ella) quien engañó a los jerarcas nazis acerca de las dimensiones reales y el objetivo del desembarco en las playas de Normandía. Tres días después de que este se produjera, es decir, el 9 de junio de 1944, Garbo envió un mensaje a su enlace de la Abwehr (servicio de inteligencia alemán) en Madrid en el que le aseguraba que no había visto nada todavía; ya que el temible asalto final se produciría por el paso de Calais: “Por los informes mencionados, está perfectamente claro que el actual ataque es una operación a gran escala pero con carácter de divergencia…”, le engañaría.

“Consiguió más que nadie en la Historia del espionaje del siglo XX –nos relata Nigel West, el investigador y “caza-espías” que, en 1984, lo localizó en su paradero de Venezuela–. ¿Quién puede preciarse de haber desempeñado un papel tan importante en el mayor desembarco anfibio de todos los tiempos? Garbo convenció al enemigo de que esa acción era una pura maniobra de distracción para disimular el ataque real, previsto para varias semanas después, e hizo que los alemanes no contraatacaran cuando los aliados se mostraban más vulnerables”.

“EXPEDIENTE GARBO”
Las primeras noticias que Harris recabó sobre Garbo datan del 22 de febrero de 1942, cuando el espía aún no había sido reclutado por el MI5; y no por su falta de interés o de tentativas: desde el final de la Guerra Civil, Juan había ideado un plan para ponerse al servicio de Alemania o Italia como agente doble con el objetivo de minar desde dentro a las potencias del Eje.

Así, en febrero de 1941 contactó por primera vez con los alemanes, que, tres meses después, lo reclutaron para una misión. Según Garbo, en Lisboa operaba un súbdito inglés que estaba intentando negociar el cambio de cinco millones de pesetas en libras esterlinas y que se había visto obligado a regresar a Inglaterra sin alcanzar su propósito.

En esa ciudad, el agente hizo alarde de todos sus recursos. Mientras trataba de contactar con los ingleses, fue tejiendo una compleja red de agentes imaginarios bajo cuyas identidades remitió numerosas cartas a los alemanes, como si se las escribiera desde Inglaterra, y en las que les informaba de unos no menos fantasiosos planes bélicos británicos. ¿Sus armas? Un mapa de la isla, una Guía Azul de Inglaterra, una publicación portuguesa, un diccionario de términos militares inglés-francés, periódicos, y la paciencia y el amor de su mujer, que, al tanto de sus actividades, le prestó todo su apoyo.

Garbo, lo mismo dibujaba planos que plantaba sobre el mapa campamentos llenos de soldados o se recreaba en la minuciosa descripción del tonelaje de un buque mercante. Así era él, todo un Julio Verne del espionaje. El propio Harris reconocía en el sumario que, a la luz de esas cartas, nadie en el MI5 podía creer que nunca hubiera pisado suelo inglés.

LA LLEGADA A INGLATERRA
Lo hizo, al fin, un 24 de abril de 1942, tras aprobar los exámenes a que le sometió el servicio secreto, y al abrigo del Comité XX, la Doble Cruz. Tres días más tarde, envió desde allí su primer informe al enemigo, revisado ya por el MI5. A primeros de mayo, sus superiores decidieron que su mujer y su hijo lo acompañaran en su nuevo destino.

Crédito: Shutterstock

Quienes tratan de minimizar la hazaña de Garbo y dejarla en un segundo plano para realzar el perfecto entramado que había levantado el MI5 durante la guerra, se olvidan sobre todo de los primeros “balbuceos” de nuestro espía, es decir, de cuando actuaba prácticamente en solitario.

Javier Juárez, autor de una exhaustiva biografía sobre el personaje (Juan Pujol, el espía que derrotó a Hitler, Temas de Hoy), nos comenta que “el éxito fue en gran medida un triunfo del MI5, pero Pujol contaba de partida con una cualidad sin la cual los británicos habrían fracasado: la confianza previa depositada en él por sus enlaces alemanes. Y este es un mérito atribuible exclusivamente a Pujol, quien, una vez en Londres, se convirtió en una formidable herramienta de intoxicación. Todo, gracias a la habilidad del MI5, a la astucia de Harris y a la colaboración plena de Pujol, que nunca actuó como un agente conflictivo o de dudosa lealtad”.

La naturaleza de su trabajo cambió radicalmente en Inglaterra. Al servicio de una organización con múltiples tentáculos, cumplió las órdenes de sus superiores, que supieron aprovechar su potencial. De las 423 cartas que emitió la oficina de Harris, Garbo “firmó” hasta 315, con una extensión media de quinientas palabras cada una, y fue el responsable único de sus traducciones al español. Y si las cifras globales asustan, estremece pensar en la creciente calidad y en la eficiencia de sus intercambios epistolares.

Participó en la Operación Antorcha –la invasión del norte de África–; pero su importancia en la Historia, no ya del espionaje, sino de la Humanidad, pasa por su intervención en la llamada Operación Overlord, cuando alejó las miradas nazis de Normandía e insistió en que el desembarco aliado tendría lugar en el paso de Calais. Mientras los alemanes se pertrechaban para el falso desembarco, decenas de miles de soldados, fundamentalmente americanos, canadienses y británicos, aviones, buques de guerra, vehículos blindados, y veinte millones de toneladas de material bélico asaltaban las playas del norte de Francia. Era el 6 de junio de 1944. El Día D.

OPERACIÓN FORTALEZA
Esta compleja operación dispuso, cómo no, de una cobertura previa que recibió el nombre de Operación Fortaleza, y que se dividía, a su vez, en dos fases: Fortaleza Norte, una amenaza de ataque a Noruega que debía efectuar el imaginario Cuarto Ejército británico, y Fortaleza Sur, referida, precisamente, al desembarco en Calais, y que habría de llevar a cabo el primer grupo del Ejército de Estados Unidos, llamado Fusag. “Garbo hizo creer al Estado Mayor alemán en la existencia de un ejército ficticio en el sureste de Inglaterra al mando de Patton”, resume Juárez.

El desembarco de Normandía fue un éxito gracias a las labores de Garbo como espía.

El desembarco de Normandía fue un éxito gracias a las labores de Garbo como espía.

Las distintas fases de la Operación Fortaleza representan otros tantos hitos en la Historia del espionaje británico, que brilló por su destreza organizativa y su impecable coordinación. Esta fusionaba los informes de los agentes dobles –los llamados “medios especiales”–, los comunicados de radio engañosos y el apoyo material, en el que no faltó la disposición de unidades e instalaciones simuladas por todo el país. En los informes de Garbo, había siempre una parte de verdad, lo que acabó por convencer a los nazis, que, entre enero de 1944 y el Día D, descifraron hasta quinientos mensajes por radio de la red de Garbo.

No sería justo concluir que los alemanes pecaron de ingenuidad. Así, cuando Harris se pregunta por qué siguieron confiando en Garbo, la respuesta es esta: “Si el Estado Mayor alemán hubiese podido revisar hoy los datos de que disponía a la luz de lo sucedido, es indudable que habría tomado las mismas decisiones que tomó entonces”. Y es que toda la farsa giraba en torno a la existencia del primer grupo del Ejército de Estados Unidos, de cuya disolución informó pertinentemente la red cuando convino a sus intereses. Una vez que los nazis aceptaron la existencia de ese grupo fantasma, todo fue rodado. O casi.

GARBO DESPUÉS DE GARBO
Finalizada la contienda, Garbo hubo de huir de sus enemigos, que habían llegado a condecorarlo con la Cruz de Hierro de segunda clase por sus extraordinarios logros, “posibles gracias a su constante, absoluta y expresa confianza en el Führer y en nuestra causa”.

Fingió su muerte y se instaló en Venezuela, donde falleció el 10 de octubre de 1988, a la edad de 76 años, no sin antes haber recibido la medalla del Imperio Británico, su más preciado honor. Como nos recuerda Juárez, se desvinculó por completo de las actividades del espionaje y, aunque mantuvo contactos esporádicos con Harris y con la embajada británica en aquel país, llevó una vida convencional como empresario (sin demasiado éxito) y padre de familia (se volvió a casar con una mujer llamada Carmen Cilia, con la que tuvo varios hijos). La espada de Damocles pendió siempre sobre su cabeza, y toda su vida temió que los nazis supervivientes descubrieran su paradero. No fue así.

Quien sí lo hizo fue Nigel West, quien nos resume sus impresiones: “Lo conocí por intermediación de Estados Unidos, donde su hijo estudiaba en una escuela de Medicina. Seguí su pista hasta Caracas tras unas pesquisas de muchos años, pero no estuve seguro de que ese era el hombre hasta que nos encontramos en Nueva Orleans”.

“¿Cómo era Garbo después de Garbo?”, le preguntamos. “Generoso, simpático, encantador –evoca–. Tenía dos familias, aunque eso no lo supe hasta más tarde. La primera, la de Araceli, vivía en Madrid y la componían su hija María y sus dos hermanos, Jorge y Juan. La de su segunda mujer residía en Caracas, y ninguna supo de la existencia de la otra hasta que, en 1984, Araceli, casada con el diplomático americano Ed Chrysler, se enteró de que su marido aún vivía”.

Y es que, como sentencia su biógrafo español, “Pujol fue siempre fiel a la discreción, a su papel de Garbo. Porque un espía, en cierto modo, nunca deja de serlo”.

ANEXO
EL CÓDIGO SECRETO DE GARBO
Tomás Harris explica, en el sumario sobre Garbo, algunas de las claves que debía utilizar el espía en su correspondencia con los nazis. Veamos a continuación el cuadro que el 25 de diciembre de 1942 recibió Pujol de sus superiores con el objeto de facilitarle la tarea.

codigo

Analicemos ahora, siguiendo a Harris, un modelo de mensaje para cifrar: “El dos de noviembre salió convoy compuesto de…”.

Instrucciones

1ª: El mensaje ha de dividirse en grupos de cinco letras seguidas.

ELDOS DENOV IEMBR ESALI OCONV OYCOM PUEST ODE

2ª: Cada letra del número se corresponde con uno de los números (1, 2, 3, 4 y 5) que figuran en el Cuadro, en el cual se indican alfabéticamente las letras que hay que buscar en el espacio que se ajusta al número de cada letra. Entonces, las letras deben sustituirse por las que componen el grupo. Así, en el primero, ELDOS, encontramos las siguientes: KCBDT. Debe hacerse lo mismo con los restantes grupos, lo que nos dará el siguiente mensaje cifrado:

KCBDT JIGDU OITRQ KSSAB UGHEU UXYDL VZXJS.

Para ampliar esta información, os sugerimos que visitéis la página del MI5 que describe el código secreto de Garbo: Garbo’s Secret Code

Documental de la BBC Los espías que engañaron a Hitler (1ª parte), en inglés.

ACTUALIZACIÓN (6 de diciembre de 2009).- El pasado viernes 4 de diciembre se estrenó en las pantallas españolas el documental Garbo el espía, del director español Edmon Roch, que recoge las peripecias de Juan Pujol. Añadimos al artículo un enlace al reportaje elaborado por el programa Días de cine (La2) sobre dicho documental: Días de cine: Garbo el espía.

Más información:

-HARRIS, Tomas. Garbo, Doble Agente. Ed. Martínez Roca.

-JUAREZ, Francisco Javier. Juan Pujol, el espía que derrotó a Hitler. Ed. Temas de Hoy.

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Externsteine: el santuario de las SS

Posted on 31 julio 2009 by Javier García Blanco

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El "santuario" de Externsteine. Crédito: Daniel Schwen / Wikipedia.

Noroeste de Alemania, 1935. Un grupo de investigadores trabaja afanosamente en busca de restos arqueológicos en Externsteine, un hermoso y singular paraje en el que destaca una extraña formación rocosa de aspecto insólito. Los arqueólogos trabajan bajo la atenta mirada de hombres armados, en cuyos trajes militares destacan los emblemas de las temidas SS. No en vano, el organismo que supervisa los trabajos cuenta entre sus cargos directivos con el antiguo pastor evangélico y prehistoriador amateur Wilhelm Teudt –afín al partido nazi– y el poderoso líder de las SS, Heinrich Himmler.

En la actualidad, más de setenta años después de aquella curiosa excavación arqueológica, el enclave de Externsteine atrae anualmente a cientos de miles de visitantes. La mayor parte de ellos son turistas llegados desde todos los puntos del país y parte del extranjero, pero no es extraño encontrar también grupos de personas interesadas en los enclaves sagrados del planeta, así como a neopaganos y grupos neonazis. Además, es habitual que estos dos últimos grupos acudan al lugar en fechas concretas, especialmente durante los solsticios, para realizar ceremonias sagradas vinculadas con los antiguos germanos, y que muchas veces tienen tintes políticos de carácter radical.

Pero, ¿qué tiene de especial este hermoso rincón de Alemania para atraer la atención de miles de visitantes en la actualidad, y a algunos de los jerarcas nazis en los años anteriores a la Segunda Guerra Mundial?

HISTORIA DE UN ENCLAVE “SAGRADO”
El singular paraje de Externsteine está compuesto por una curiosa formación natural de rocas areniscas que se elevan de forma espectacular en la región de los bosques de Teutoburgo, a escasa distancia de la localidad de Detmold, en el noroeste de Alemania. A causa de su particular aspecto, las rocas han recibido entre los estudiosos el calificativo de “columnas”. Así, la “columna 1” –la situada más al oeste–, cuenta con una cueva que, en época medieval, fue utilizada por eremitas cristianos. Además, en una de las paredes exteriores de esta primera formación rocosa destaca uno de los elementos más llamativos y polémicos del lugar: un relieve en el que se representa una escena del descendimiento de Jesús de la cruz.

El famoso relieve del descendimiento de Cristo. Crédito: Gunnar Ries / Wikipedia.

El famoso relieve del descendimiento de Cristo. Crédito: Gunnar Ries / Wikipedia.

La “columna 2” se conoce también como Turmfelsen o “roca torre”, y cuenta con un espacio no menos singular: una especie de capillita, con una pequeña columna y una ventana circular en su lado Este. Por su parte, la “columna 3” está unida a la 2 mediante una rudimentaria pasarela con más de un siglo y medio de antigüedad, y aparte de este detalle no cuenta con nada digno de mención. La “columna 4” está separada de las tres anteriores, y en el espacio existente destaca un camino que permite el paso al otro lado de la formación. En lo alto de esta última columna sobresale una gran piedra en equilibrio, que parece amenazar a los visitantes con caer de un momento a otro.

Desde fechas bastante tempranas, ya en el siglo XVI, existía la creencia de que Externsteine había sido un importante santuario sagrado de los antiguos germanos –anterior a la llegada del cristianismo–, o incluso durante los tiempos prehistóricos. Una idea que, como veremos, se ha mantenido casi hasta nuestros días.

Pero no sería hasta finales del siglo XIX cuando se realizaron los primeros estudios más o menos serios en el lugar. La primera excavación arqueológica tuvo lugar en 1881 y fue dirigida por Gustav Schierenberg, antiguo alcalde de la cercana localidad de Horn. La intención de Schierenberg era encontrar allí vestigios de la célebre batalla conocida como Clades Variana (El desastre de Varo), que en el año 9 a.C. enfrentó a los romanos con las tropas del germano Arminius, con un desenlace fatal para las fuerzas invasoras. La excavación no logró su objetivo, pero a cambio se localizaron algunos restos de cerámica y parte de una antigua cabaña datada en el siglo XVII.

En 1888 se llevó a cabo una segunda excavación, dirigida por el señor Mertens, que en esta ocasión tenía objetivos bien distintos: demostrar que Externsteine había sido el centro de un importante santuario de peregrinación cristiana.

UN CENTRO DE CULTO SOLAR
A pesar de estos primeros intentos de estudio, las excavaciones más trascendentes para el enclave alemán tuvieron lugar en las primeras décadas del siglo XX. En aquellas fechas, un antiguo pastor evangélico llamado Wilhelm Teudt había alcanzado cierta notoriedad al sugerir que el antiguo pueblo teutón había desarrollado un complejo culto solar en el que las construcciones religiosas en clave astronómica habían jugado un papel importante. Según Teudt, investigador amateur de la prehistoria alemana, los antiguos germanos habían alcanzado un alto grado de desarrollo en el campo de la astronomía, construyendo numerosos santuarios y templos con llamativas alineaciones astronómicas.

En 1926, Teudt y varios de sus colegas de la Sociedad de Amigos de la Prehistoria Alemana aseguraron que Externsteine ocupaba un lugar destacado en esta “red astronómica” germánica, llegando a calificar al pretendido santuario de “Stonehenge alemán”. Según el religioso, esta hipótesis se veía respaldada por la presencia de la ventana circular en la “columna 2”, desde la que era posible contemplar la salida del sol en el solsticio de verano. En realidad, la idea de que Externsteine podía poseer una alineación astronómica no era nueva, pues había sido publicada previamente por el lingüista y arqueólogo Gustaf Kossina en la revista Mannus.

La ventana circular de la "columna 2", supuestamente orientada al solsticio de verano. Crédito: R. Engelhardt / Wikipedia.

La ventana circular de la “columna 2″, supuestamente orientada al solsticio de verano. Crédito: R. Engelhardt / Wikipedia.

Ante el avance de las hipótesis pseudocientíficas de Teudt, que fueron bien recibidas entre los seguidores del movimiento Völkisch, el gobierno regional de Lippe decidió organizar una excavación en 1932, aunque con escasos resultados. Al mismo tiempo, varios académicos, como Carl Schuchhardt o Karl-Hermann Jacob-Friesen no dudaron en realizar duras críticas sobre las tesis de Teudt, aunque sin demasiado éxito.

Teudt (derecha), junto al oficial de las SS Manfred von Knobelsdorff.

Teudt (derecha), junto al oficial de las SS Manfred von Knobelsdorff.

Para aquel entonces, Teudt había conseguido establecer unas inmejorables relaciones con figuras destacadas del NSDAP (el Partido Nacionalsocialista alemán), con la intención de obtener el apoyo necesario para realizar su propia excavación. En su particular visión del paraje, Teudt estaba convencido de que además de su simbolismo astronómico-religioso, Externsteine había sido también el lugar en el que se encontraba el Irminsul, el árbol sagrado de los antiguos germanos, y que fue destruido por Carlomagno en el año 772 durante su incursión en aquellas tierras para acabar con el paganismo. Teudt había llegado a esta conclusión tras examinar el relieve existente en la “columna 1”, pues en su opinión, la figura semidestruida de Nicodemo –uno de los personajes que ayudan a bajar el cuerpo de Cristo– se apoyaba en una representación del Irminsul, que aparecería tumbado. Según esta interpretación, los artistas cristianos que ejecutaron el relieve tras la destrucción del lugar por Carlomagno, habían plasmado así la victoria del cristianismo sobre al antiguo culto pagano. Una idea que parecía verse respaldada por la circunstancia de que parte del relieve mostraba desperfectos supuestamente causados por simpatizantes del antiguo culto, que ejecutaron así una venganza simbólica.

Con el ascenso al poder del NSDAP en 1933, Teudt vio cumplidos sus deseos. Sus contactos políticos dieron sus frutos, y ese mismo año el antiguo religioso obtuvo permiso para cercar el lugar, comenzar los estudios y más tarde convertir Externsteine en un “bosque sagrado” que rememorase su antigua condición de santuario germánico. Poco después se estableció la Externsteine-Stiftung (Fundación Externsteine), en cuyo comité principal se encontraban Teudt y el mismísimo Heinrich Himmler. Las SS y el germen de la futura sociedad Ahnenerbe –que no surgiría oficialmente hasta 1935– habían entrado en escena.

ESVÁSTICAS EN EXTERNSTEINE
Con el apoyo del partido, Teudt tenía vía libre para confirmar sus hipótesis que, por otra parte, resultaban del agrado de Himmler, pues ofrecía un lugar sagrado de los antiguos germanos en el que cimentar buena parte de sus ideas sobre la supremacía aria.

Así, en la primavera de 1934 Teudt reclutó al geólogo Julius Andree, miembro del partido nazi, para dirigir la primera excavación. Aquellos trabajos lograron atraer la atención del público, pues tras la excavación más de 35.000 personas se acercaron hasta el lugar. Como es lógico, las repercusiones no se hicieron esperar en el ámbito académico. Un profesor de Historia de la cercana localidad de Detmold, Emil Altfeld, manifestó su preocupación a varios expertos en Prehistoria, pues había comprobado que Andree no dudaba en ignorar las evidencias que echaban por tierra las hipótesis de Teudt. Por desgracia, poco pudieron hacer para recuperar la metodología científica en las excavaciones.

Tras una reunión celebrada en 1935 y en la que participaron Teudt, arqueólogos de la Amt Rosenberg y miembros de las SS, se decidió realizar una nueva excavación, que comenzó ese mismo año. En esta ocasión, miembros de las SS supervisaron con atención la marcha de los trabajos.

Al año siguiente, y pese a la prohibición expresa de Himmler, Andree publicó sus conclusiones en la revista Germanenerbe (Patrimonio germánico) y en un libro monográfico: Externsteine, un lugar de culto germánico. En aquellas páginas Andree relataba el hallazgo de piezas cerámicas que databan de un periodo anterior a la llegada de Carlomagno, así como de dos grandes piedras cerca del relieve de Cristo, que no dudó en calificar como un “altar germánico de piedra”. En general, sus conclusiones ratificaban punto por punto las hipótesis de Teudt, otorgando así al régimen nazi un enclave sagrado que enlazaba con un glorioso pasado ario.

Una imagen de la excavación de 1935, en el momento de desenterrar el supuesto altar germánico.

Una imagen de la excavación de 1935, en el momento de desenterrar el supuesto altar germánico.

Con tales conclusiones –y aunque los datos científicos de las excavaciones nunca fueron publicados ni contrastados por otros colegas– no es de extrañar que el lugar adquiriera un papel destacado para Himmler y la Ahnenerbe. En 1935, el propio Himmler prohibió a los judíos visitar el lugar, pues según sus propias palabras carecían “de la sensibilidad adecuada para un auténtico santuario germánico”. Ese mismo invierno, el partido nazi llevó a cabo en Externsteine una celebración político-religiosa con motivo del solsticio, en la que se encendió una gran hoguera en medio de un ambiente solemne.

Para esas fechas, las hipótesis de Teudt habían logrado tal respaldo –en 1936 fue premiado con el mando de la segunda división de la Ahnenerbe, la Germanenkunde– que ni siquiera los académicos afines al régimen se atrevieron a manifestar sus puntos de vista. Ese fue el caso, por ejemplo, de Fritz Wiegers, arqueólogo y miembro del partido. Según él mismo explicó a su colega Karl Jacob-Friesen, temió dar a conocer sus críticas a las excavaciones por miedo a represalias. “Si hubiera dado mi honesta opinión habría perdido mi trabajo en ese mismo momento, o habría ocurrido algo peor. Por lo que a mí respecta, ¡desde ahora Externsteine será germánico!”, manifestó Wiegers. Como es lógico, el silencio entre los estudiosos sin afinidad con el nazismo fue aún mayor. De este modo, las ideas de Teudt –quien paradójicamente terminaría siendo expulsado de la Ahnenerbe en 1938–, apoyadas por Himmler, se perpetuaron tras la Segunda Guerra Mundial, llegando hasta nuestros días.

DESMONTANDO EL MITO
Inexplicablemente, tras el final de la guerra arqueólogos e historiadores alemanes ignoraron las excavaciones realizadas en los años 30. Por este motivo, y gracias al éxito de ciertos libros y programas de televisión en la década de los 80 –ver anexo–, Externsteine siguió considerándose un centro sagrado de los antiguos germanos, con una importante clave astronómica y se le identificó con la posible localización del sagrado Irminsul destruido por Carlomagno.

Una espectacular vista nocturna de Externsteine. Crédito: Busch63 / Flickr.

Una espectacular vista nocturna de Externsteine. Crédito: Busch63 / Flickr.

Hubo que esperar a los años 90 para que la reputada arqueóloga alemana Uta Halle emprendiera la primera investigación plenamente científica sobre el yacimiento. Tras localizar y entrevistar –no sin grandes problemas– a los descendientes de Teudt y de otros implicados en el asunto, y después de analizar concienzudamente los restos encontrados en las distintas excavaciones, Halle descubrió que únicamente se habían hallado materiales de finales del paleolítico, cerámicas de los siglos X al XIV y piezas metálicas datadas entre los siglos XII y XIX. Ninguno de estos hallazgos indicaba un uso religioso, y tampoco habían aparecido evidencias sobre una presencia de la cultura germánica en Externsteine.

Por otra parte, las supuestas alineaciones astronómicas del conjunto, y en especial de la ventana circular existente en la columna 2, desde la que puede verse la salida del sol en el solsticio de verano, carecen por el momento de una confirmación exhaustiva siguiendo métodos científicos, y podrían deberse únicamente a la casualidad. Algo similar ocurre con el relieve del descendimiento de Cristo, que los últimos estudios han datado a comienzos del siglo IX. Según Teudt, la figura de Nicodemo se apoya en el Irminsul, doblegado por el peso del seguidor de Jesús. En realidad, el supuesto Irminsul podría ser una simple banqueta sobre la que Nicodemo se apoya para bajar el cuerpo de Cristo. De hecho, basta con echar un vistazo a las numerosas representaciones artísticas de descendimientos de todas las épocas, para encontrar que a menudo alguno de los personajes se ayuda de una escalera o un apoyo para descender el cadáver. Sin embargo, el mal estado de conservación de esta parte en concreto dificulta su correcta identificación, dejando la puerta abierta a otras posibilidades. En cualquier caso, y aunque efectivamente el relieve representara al Irminsul, esto no indicaría necesariamente que esa hubiera sido su auténtica ubicación, sino que podría representar una simple celebración de la victoria sobre el paganismo.

En cuanto al supuesto “altar” o “mesa germánica” desenterrada por Andree, gracias a un grabado de Externsteine realizado en 1662 parece bastante probable que dicha piedra cayera desde la parte superior de la columna, pues el dibujo del siglo XVII muestra una roca muy similar en dicho lugar, en un precario equilibrio muy parecido al que hoy muestra la piedra “balanceante” que se encuentra sobre la columna 4. Sería, por tanto, una “pieza” muy posterior a la pretendida presencia germánica, y no un altar.

En definitiva, y mientras no se realizan nuevas investigaciones arqueológicas que puedan arrojar datos hasta ahora desconocidos, todo lo que la ciencia ha podido determinar parece demostrar que Julius Andree falseó y manipuló los datos de sus excavaciones con el fin de respaldar las hipótesis de Teudt, adoptadas también por las SS de Himmler. A pesar de estos hallazgos, bastante concluyentes, grupos neonazis, neopaganos y buscadores de lugares cargados de “energías telúricas” continúan acudiendo regularmente a Externsteine (ver anexo), un lugar que para ellos constituye, a pesar de las evidencias, el centro sagrado más importante de la antigua Germania.

ANEXO
UNOS “PEREGRINOS” MUY PECULIARES
En 1988, la escritora alemana Gisela Graichen publicó un libro titulado Das Kultplatzbuch (Libro de los lugares de culto), un ensayo en el que repasaba los enclaves sagrados más importantes de Alemania. El trabajo incluía un capítulo sobre Externsteine, y pronto se convirtió en todo un éxito de ventas, por lo que poco después acabó transformándose en un documental para televisión. Aquel éxito atrajo aún más la atención popular sobre el enclave, y muy especialmente la de varios grupos que, aún hoy, se reúnen en el lugar por diversos motivos.

Celebración de la noche de Walpurgis en Externsteine. Crédito: BenMastermen / Flickr.

Celebración de la noche de Walpurgis en Externsteine. Crédito: BenMastermen / Flickr.

Entre estas asociaciones destacan especialmente ciertos grupos de extrema derecha, como el neonazi Armanen-Orden, que suele reunirse allí cada 1 de noviembre, siguiendo una ancestral costumbre germana. Otro grupo neonazi que acude regularmente es Gylfiliten, para cuyos miembros Hitler fue la encarnación de un dios germánico. Todos ellos, en definitiva, se consideran herederos del espíritu que llevó a Himmler y sus SS hasta el lugar.

Ambiente festivo durante la celebración del solsticio de verano en Externsteine.

También es habitual la presencia de neopaganos –entre los que a menudo se cuentan algunos miembros de los grupos antes mencionados–, especialmente durante la celebración de fechas concretas como los solsticios. Externsteine es también un foco de interés para ciertas asociaciones e investigadores de corte esotérico, para quienes el lugar se encuentra en una importante concentración de energías sagradas, constituyendo un enclave sagrado de primer orden. Por otra parte, algunos grupos de mujeres practicantes de brujería Wicca acuden al lugar para realizar “rituales” relacionados con la fertilidad, y no faltan miles de curiosos que acuden únicamente para participar en el ambiente festivo que se vive en las fechas de los solsticios o en la noche de Halloween.

Galería con fotografías de celebraciones en Externsteine (Flickr!)

Bibliografía:

-VV. AA. Archaeology and folklore. Capítulo 11. On the folklore of the Externsteine, or a centre for germanomaniacs. Ed. Routledge, Londres, 1999.

-Halle, Uta. “Archaeology in the Third Reich. Academic scholarship and the rise of the ‘lunatic fringe’”. Archaeological Dialogues, 2005. Cambridge University Press.

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