Tag Archive | "Mujeres intrépidas"

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Mujeres singulares (Libro)

Posted on 23 Abril 2010 by Redacción

Como ya sabéis, hoy, 23 de abril –festividad de San Jorge–, se celebra el Día del Libro, así que hemos pensado que la mejor forma de celebrarlo era recomendando algún título que haya pasado por nuestras manos en las últimas semanas. La obra elegida es Mujeres singulares, de Carlos César Álvarez, escritor, ingeniero y veterano blogger –os recomendamos su genial Días del futuro pasado–, además de buen amigo. Según explica el propio autor, el libro surgió como una recopilación de varios artículos publicados en su blog que compartían una característica: “relataban las andanzas de mujeres que, por una u otra razón, se salieron de los patrones establecidos para ellas”.

Un rápido vistazo a sus páginas augura un entretenimiento asegurado, con amenos relatos sobre las vidas de mujeres como Isabelle Eberhardt, Alexandra David-Neel, Isabella Bird o la sangrienta Elizabeth Báthory, entre otras. Ya sabéis que en Planeta Sapiens también sentimos debilidad por las historias de estas mujeres extraordinarias –hemos dedicado varios posts a algunas de ellas–, y después de leer el libro de César Álvarez no podemos hacer otra cosa que recomendarlo encarecidamente. ¿Todavía no estáis convencidos? El libro está a la venta en Bubok, por sólo 13,95 € pero, ¡sorpresa! si antes prefieres curiosear en sus páginas, puedes descargarlo gratuitamente en formato pdf, pues la obra cuenta con licencia Copyleft.

Podéis conseguirlo a través de esta dirección. Y ya sabéis: si os gusta, podéis agradecérselo a su creador comprando un ejemplar en papel para poder leerlo lejos de la pantalla del ordenador o disfrutar pasando sus páginas. Sin duda, el libro y el autor lo merecen.

Entradas relacionadas:

-Nellie Bly y la vuelta al mundo en 72 días

-Hedy Lamarr, la dama del 3G

-Mujeres aventureras (recuadro) en Tierra de Aventureros

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Nellie Bly y la vuelta al mundo en 72 días

Posted on 25 Enero 2010 by Redacción

Hace exactamente 120 años, la ciudad de Nueva York asistió a una escena que parecía sacada de una novela de aventuras. El 25 de enero de 1890, una multitud entusiasmada recibió con vitores y aplausos a una jovencita de sólo 26 años. Su nombre era Nellie Bly, y su hazaña: dar la vuelta al mundo en un tiempo récord para la época: 72 días, 6 horas, 11 minutos y 14 segundos. Aquella marca mejoraba con creces la establecida por un personaje de ficción: el caballero británico Phileas Fogg, surgido de la inquieta mente del genial novelista Julio Verne. Había sido precisamente la novela escrita por éste, Vuelta al mundo en 80 días, la que había dado a Bly la idea de realizar su audaz aventura por buena parte del globo.

Tras convencer a su jefe, el editor Joseph Pullitzer (director del diario sensacionalista The New York World, aunque más célebre por el premio que lleva su nombre), la joven Bly –en realidad su nombre era Elisabeth Jane Cochran– había partido de Hoboken (estado de Nueva Jersey) el 14 de noviembre de 1889, y durante las siguientes semanas recorrió lugares como Londres, Calais, Suez, Colombo, Singapur, Hong Kong y otros muchos parajes. Siempre luchando contra el reloj, y con la determinación de demostrar a todo el mundo de lo que era capaz aquella perspicaz, atractiva e inteligente muchacha. En su personal odisea, tuvo tiempo incluso de entrevistarse con Julio Verne, quien la animó a lograr su objetivo.

Bly, preparada para la aventura. Crédito: Congress Library.

Así reflejaba un diario español la aventura de la reportera estadounidense.

Visto así, la cosa podría parecer poco más que la aventura de una alocada y valiente jovencita. Sin embargo, lo cierto es que Nellie Bly era mucho más que eso, como bien sabían su jefe y sus compañeros de trabajo. Bly había llegado al mundo del periodismo casi por casualidad, después de escribir una carta al director del Pittsburgh Dispatch, quejándose por la publicación de un artículo de tono machista. Su estilo agradó al responsable del diario, y éste le ofreció un puesto como reportera.

Con el tiempo, nuestra protagonista dejó la ciudad y se trasladó a Nueva York, donde consiguió empleo en el diario de Pullitzer. Fue allí donde, en 1887, la joven periodista demostró su valía como reportera. Consiguió acceder a una institución psiquiátrica para mujeres, ubicada en la isla de Blackwell, para conocer desde dentro el trato que recibían las internas. Haciéndose pasar por una paciente más, Bly vivió en sus propias carnes las terribles condiciones que sufrían a diario el resto de enfermas. Pasó allí diez días y diez noches, hasta que un compañero del diario consiguió rescatarla del infierno. A su salida, la joven periodista escribió lo que ocurría tras aquellas paredes, y sus denuncias sirvieron para que el estado de Nueva York aumentara en un millón de dolares anuales el presupuesto para este tipo de instituciones mentales. Hoy, aquel trabajo –precursor del periodismo de investigación– se estudia en no pocas facultades de periodismo estadounidenses como ejemplo de infiltración.

Aunque Bly abandonó el periodismo temporalmente tras casarse en 1895 con un adinerado empresario mucho mayor que ella, volvió a ejercer la que era su pasión tras la muerte de éste. Entre otras cosas, cubrió la convención de 1903 a favor del sufragio femenino, y se convirtió en la primera mujer periodista en cubrir un conflicto armado: nada menos que la Primera Guerra Mundial. Una vida llena de emociones y aventuras, que finalizó en 1922, cuando falleció a consecuencia de una neumonía. Nacía así la leyenda de una mujer que consiguió sobresalir, por encima de todas las adversidades, en una sociedad que sólo dejaba espacio a los hombres. Sirvan estas líneas como modesto homenaje a su figura.

** Recientemente, Ediciones Buck ha sacado a la venta Diez días en un manicomio y Alrededor del mundo en 72 días, los textos escritos por Bly sobre las dos experiencias aquí relatadas. Si no tienes problemas con el inglés, puedes leer gratuitamente ambos trabajos en estas direcciones:

-Ten days in a Mad-House

-Around the world in seventy-two days

Fuentes:

-Nellie, la reportera original (El País Semanal)

-Nellie Bly (Wikipedia) – * Recomendable la versión inglesa, mucho más detallada.

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Hedy Lamarr, la dama del 3G

Posted on 19 Enero 2010 by Redacción

Su gran belleza le valió el calificativo de “la mujer más hermosa de las películas”. Sin embargo, Hedy Lamarr (1914-2000) era algo más que una cara bonita. Desarrolló una breve carrera artística, participando en un puñado de películas –la más célebre de todas ellas Sansón y Dalila (1949), donde encarnó el papel de la fémina bíblica–, pero por encima de todo destacó como científica.

Hoy se cumplen diez años de la muerte de esta ingeniera en telecomunicaciones, nacida en Austria en el seno de una familia de origen judío, y cuya vida bien podría dar lugar a un singular y fascinante guión de Hollywood. Casada en contra de su voluntad con un magnate pronazi (Friedrich Mandl, dedicado a la venta de armas) que había quedado prendado de ella al verla en una película en la que aparecía desnuda, pasó gran parte de su matrimonio encerrada a causa de los celos de su marido. Finalmente logró escapar a París, pasando más tarde a Londres y finalmente a EE.UU., donde continuaría con su carrera como actriz y desarrollaría su faceta como ingenieria.

A pesar de esta rocambolesca y agitada vida, y de su carrera cinematográfica, Lamarr –cuyo auténtico nombre era Hedwig Eva Maria Kiesler– apenas es conocida hoy por el gran público. Sin embargo, algunos de sus estudios han tenido una gran repercusión en tecnologías que hoy empleamos todos los días, como es el caso de la telefonía 3G o el sistema Wifi. En 1941, mientras hacía sus pinitos en el cine, Lamarr profundizó en sus estudios de ingeniería creando, por ejemplo, un sistema de comunicaciones por radio que no podía ser interceptado por el enemigo, al cambiar continuamente de frecuencia. Como es lógico, este hallazgo interesó de forma notable al ejército de los Estados Unidos. Dicho sistema, diseñado junto al compositor George Anthell, constituía una versión primitiva del llamado espectro ensanchado, hoy utilizado en varios sistemas de telecomunicaciones.

Encontraréis un artículo con más detalles sobre Lamarr y sus trabajos sobre esta tecnología en este artículo del blog Teleobjetivo.

Crédito imagen: Luis Demano - SINC

Fuente: Se cumplen diez años de la muerte de Hedy Lamarr, actriz e inventora (SINC)

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Tierra de aventureros

Posted on 01 Octubre 2009 by Alberto de Frutos

Tierra de Aventureros. Crédito: Istockphoto.

Ni la tierra ni el mar fueron obstáculo para que los españoles se lanzaran a ver mundo. El descubrimiento de América fue el gran hito de los viajes exploratorios que partieron de la Península, pero, en realidad, no hubo confín en el que nuestros aventureros no dejaran su huella.

Ya en el siglo IV se registra la existencia de Egeria, una religiosa de Galicia, probablemente emparentada con el emperador Teodosio I, que nos legó el primer libro de viajes de la Historia: Peregrinación a Tierra Santa, una recopilación de las cartas que escribió a las hermanas de su convento. Constantinopla, Jerusalén, Mesopotamia y Siria fueron algunas de las tierras que visitó esta monja, que, imbuida por su fe, leía in situ los pasajes de la Biblia referentes a los lugares sagrados que recorría. Gracias a ella, conocemos los ritos de la Iglesia cristiana en Jerusalén y la red de vías que empleaba el ejército romano en sus desplazamientos. Fue, pues, la primera viajera hispana, y también nuestra primera escritora. Y es que, de un modo u otro, los viajes están siempre ligados a la literatura: los primeros no existirían sin la memoria viva de la segunda.

VIAJEROS MEDIEVALES
La Edad Media fue también rica en grandes epopeyas y, así, no es de extrañar que el Libro del conocimiento, un manual geográfico y heráldico de fines del siglo XIV, fuera redactado por un personaje anónimo “nacido en el reinado de Castilla”. ¿Quién si no un castellano podría haber elaborado una síntesis del mundo conocido, adelantándose en más de un siglo al viaje colombino? Es cierto que las inexactitudes de este manual burlaron a más de un navegante confiado, pero el empeño de este anónimo viajero, que manejó la cartografía existente en la época, merece todavía nuestra atención.

Libro del conosçimiento de todos los regnos…

Portada del anónimo Libro del conosçimiento de todos los regnos… Crédito: Wikipedia.

Remontémonos ahora unos siglos atrás, a la Alta Edad Media, para estudiar uno de los fenómenos más fértiles para los viajes exploratorios: las relaciones internacionales. La diplomacia estuvo detrás de un viaje tan insólito como el de Al-Ghazal, que, nacido en Jaén en torno al año 770, fue al país de los vikingos. Poeta, científico, cabalista y embajador al servicio de Abderramán II, fue el primer hispanoárabe que viajó a Escandinavia, como nos recuerda la crónica del valenciano Ibn-Dihya (s. XII), en un siglo marcado por las atrevidas incursiones de saqueo vikingas en nuestras costas, como la que tuvo lugar en agosto de 844 frente a la costa de Gijón.

Al-Ghazal no fue, ni mucho menos, el único viajero medieval que recorrió mundo obedeciendo “órdenes de arriba”. Ibrahim B. Yaqub, nacido en Tortosa en el siglo X, visitó Alemania, Italia, Francia y los países eslavos, esta vez como diplomático de Abderramán III. En su periplo, llegó a entrevistarse en Roma con el papa Juan XII, quien le reclamó, por cierto, un olivo de una iglesia de Lorca cuyo fruto maduraba inmediatamente, y varias reliquias. Otro judío, Benjamín de Tudela, salió de España en el año 1160, llegó a Constantinopla e “inflamado de su amor a la Ley de Moisés, resolvió ir a visitar a sus hermanos del Oriente”. A lo largo de trece años, el navarro conoció la riqueza de Oriente y fue uno de los primeros que se hizo eco de la leyenda del Preste Juan, el legendario rey y sacerdote cristiano que amenazaba el imperio de Saladino. Visitó cerca de 200 ciudades de Europa y el Oriente medieval. Por su parte, Abu Hamid, “el Granadino”, geógrafo árabe nacido en la ciudad de la Alhambra en 1080, residió en Alejandría, El Cairo, Damasco, Bagdad, Mosul, La Meca y Abhar (Persia), un itinerario del que dejó constancia en Relación de viajes, obra en la que ofrece una vívida descripción de la actual Astrakan, ciudad al sur de Rusia en la que vivió veinte años y echó raíces.

Grabado de Dumouza (siglo XIX), representando a Benjamín de Tudela. Crédito: Wikipedia.

Grabado de Dumouza (siglo XIX), representando a Benjamín de Tudela. Crédito: Wikipedia.

Oriente era, por aquel entonces, la meta; y si hay un viajero que ejemplifique el anhelo de su encuentro es Ruy González de Clavijo, llamado el Marco Polo español. Su gesta se desarrolló a comienzos del siglo XV, cuando los embajadores de Enrique III de Castilla emprendieron un viaje a Samarcanda, la capital del conquistador turco-mogol Tamerlán. Literato, poeta y camarero real, este madrileño mantuvo, como jefe de la misión, un particular cuaderno de viaje en el que describió la basílica de Santa Sofía y las iglesias de Estambul, que a la sazón atesoraban reliquias como el brazo de San Juan Bautista, las barbas de Jesucristo y la punta de la lanza con que este fue herido por el soldado Longinos. El historiador J. García resume el impacto que causó a Clavijo la visión de especies tan insólitas… como la jirafa o el elefante: “Percibimos el estupor que hubo de ocasionar a los castellanos toparse con extraños animales como la jirafa, denominada jornusa, y retratada por Clavijo con pezuñas de buey, cuerpo equino, el pescueço muy luengo y testa de ciervo, o el elefante, animal grande de cuerpo, que podían ser cuatro o cinco toros grandes”. Durante dos meses y medio, los embajadores de Enrique III permanecieron en Samarcanda, y fueron agasajados por Tamerlán.

Dos años antes de la muerte de Clavijo, vino al mundo Pero Tafur (1410-1487), quien, al servicio de Juan II, recorrió las costas de Marruecos y, desde Italia, se dirigió a Tierra Santa, Egipto, Chipre, Rodas y Constantinopla. Andanças e viajes de Pero Tafur por diversas partes del mundo avidos resume la peripecia de este caballero cordobés a lo largo y ancho de tres continentes. De Jerusalén escribe, por ejemplo: “El monte de Sión es un monasterio al un canto de la cibdad en la mayor altura, e allí están muchos lugares donde Nuestro Señor fizo muchas maravillas (…) Otro día fuemos a missa al Santo Sepulcro, el cual no se abre sino de año en año, e allí nos recibieron por cuenta por el escrito que nos dieron en Jafa”. ¡Qué no verían los asombrados ojos de este viajero que pretendió así “conseguir provechos cercanos a lo que proeza requiere!”

DESTINO: ARABIA
La Meca fue otro de los destinos más codiciados por nuestros viajeros. El explorador, etnógrafo, cartógrafo, astrónomo, dramaturgo y, por encima de todo, espía, Alí Bey realizó entre 1803 y 1808 un viaje que lo llevó a conocer todo el norte de África y parte del Oriente musulmán. Su verdadero nombre era Domingo Badía, nació en Barcelona, y fue el primer cristiano europeo que dejó constancia escrita de su estancia en La Meca. Según la profesora Y. Aixelá, “su secreta doble personalidad de cristiano-musulmán le persiguió y angustió hasta su muerte”. Al servicio de Godoy y más tarde de José Bonaparte, este gran ilustrado se sometió a una circuncisión, y convenció a los jefes políticos árabes de su origen islámico.

Retrato de Domingo Badía, disfrazado como Alí Bey. Crédito: Wikipedia.

Retrato de Domingo Badía, disfrazado como Alí Bey. Crédito: Wikipedia.

La peregrinación a la capital religiosa del mundo musulmán ha inspirado una exquisita literatura de viajes. Ibn Yubayr constituye un ejemplo señero. Nació en Valencia en 1145 y falleció en Alejandría en 1217. Secretario del valí de Granada, llegó a Tarifa a través de Ceuta, y pasó por El Cairo, Qus, Aydab y Yedda, sorteando a los cruzados que interceptaban la ruta a La Meca por tierra. Sus Memorias de viaje o Rihla –término arábigo que alude precisamente al relato de viaje– fueron traducidas a numerosas lenguas, y gracias a ellas sabemos, por ejemplo, que en el Próximo Oriente “el viento del Este sopla durante las estaciones de primavera y otoño. Por tanto sólo se puede viajar en esas épocas y los comerciantes llegan a Acre con sus mercancías en uno de los dos períodos”.

EN EL CORAZÓN DE ÁFRICA
Muy pocos conocen la estrecha relación que, desde tiempos remotos, y no solo por motivos geográficos, ha mantenido España con África. Tras la conquista de Granada, muchos musulmanes partieron al exilio. Uno de ellos fue Hasan al-Wazzan, llamado León el Africano, y que hoy es más conocido por la novela homónima de Amin Maalouf. Tras la partida de su familia, el pequeño Hasan se instaló en Fez, recibió una esmerada educación y, capturado por piratas cristianos o sicilianos, llegó a Roma, donde fue bautizado por el papa León X, y escribió una Descripción de África, que resulta indispensable para profundizar en la realidad de ese continente. Antes de morir (en Túnez, en el año 1552), abjuró del cristianismo, y abrazó de nuevo la fe islámica.

Posible retrato de León el Africano, retratado por el pintor Sebastian del Piombo. Crédito: Wikipedia.

Posible retrato de León el Africano, retratado por el pintor Sebastiano del Piombo. Crédito: Wikipedia.

Por aquella época también surgió la inmensa figura de otro granadino, Luis Mármol y Carvajal, quizá el más brillante historiador de la sublevación morisca de las Alpujarras. Fue hecho prisionero por los turcos cuando participaba en la campaña de Carlos V contra Argel, y durante su cautiverio, que se prolongó durante más de siete años, recorrió el Sáhara, el norte de África y el África subsahariana hasta Etiopía. El conocimiento de aquellas tierras y de sus lenguas le llevó a escribir una Descripción General de África, sus guerras y vicisitudes, desde la fundación del mahometismo hasta el año 1571, otro clásico, como el de León el Africano, sobre el continente negro.

Hubo otros personajes atraídos por África, como Manuel Iradier (explorador del golfo de Guinea), el jesuita Pedro Páez, Emilio Bonelli (conquistador del Sáhara español), Juan Víctor Abargüés, que se adentró en Etiopía; o Joaquín Gatell y José María de Murga, que, disfrazados, recorrieron Marruecos en la década de 1860. Este último fue conocido como “el moro vizcaíno”, y se hizo un nombre como curandero en los zocos del país magrebí.

Pero, para muchos, África fue, y sigue siendo, la tierra de la riqueza oculta. Tombuctú, al norte de la actual república de Malí, representó durante mucho tiempo el sueño de todos los aventureros. En 1591, una expedición al servicio del sultán de Marruecos, Al Mansur, cruzó el Sáhara en busca del oro de Sudán y conquistó Tombuctú. Yuder Pachá, un morisco nacido en Cueva de Vera (Almería) y caíd de Marraquech, pudo conocer el supuesto esplendor de esa ciudad que, en el primer cuarto del siglo XIV, se había dotado de inimaginables mezquitas y palacios, cuando su rey, Kankan Mussa, la convirtió en privilegiada ciudad de paso para los peregrinos de La Meca.

Otra expedición, entre 1879 y 1880, comandada por el geólogo alemán Oscar Lenz, contó entre sus filas con el español Cristóbal Benítez, que dominaba el árabe y la lengua bereber chelja. Su ingenio y habilidad para salir de las situaciones más comprometidas aparecen recogida en el libro Mi viaje por el interior de África, el que relata su odisea por el imperio de Marruecos, el desierto del Sáhara, así como por Sudán y Senegal: “¡Recorrer el desierto de Sáhara! Esta idea me atraía como el imán atrae al acero, y hubiera renunciado a cuantas ventajas me ofreció dicho doctor –se refiere a Lenz– por el solo placer de ir en su compaña y ser el primer español que iba a cruzar comarcas desconocidas de los europeos”.

LA RUSIA DESCONOCIDA
Abud Hamid, “el Granadino”, fue solo el primero de una larga serie de españoles a los que acogió el país más grande del mundo. Un libro, Viajeros españoles en Rusia, recoge hasta 150 casos de compatriotas que se instalaron allí o fueron al menos de paso.

Entre ellos, se encuentra el almirante Josep de Ribas, nacido en Nápoles en el seno de una noble familia catalana. Contaba veinte años de edad cuando se alistó en la marina rusa que surcaba las aguas del Mediterráneo, y participó en numerosas batallas contra los turcos, como las que condujeron a su victoria en el mar del Norte en los años 1787 y 1791. Según los rumores, la zarina Catalina II fue su amante, pero, para la posteridad, Ribas fue el fundador de la ciudad de Odessa –una calle lleva allí su nombre– y es probable que participara en el complot para acabar con la vida del sucesor de Catalina, Pedro I.

Retrato de Josep de Ribas. Crédito: Wikipedia.

Retrato de Josep de Ribas. Crédito: Wikipedia.

Otros grandes aventureros que triunfaron en Rusia fueron Juan Van Halen, marino y militar nacido en Isla de León (Cádiz) en 1788, y que fue mayor de un regimiento de Dragones en el Cáucaso, bajo el mando del general Yermilov; o José Antonio Saravia, un estudiante extremeño que en 1843 fue nombrado nada menos que General de los ejércitos del zar, tras varias campañas contra los turcos en las que mostró su arrojo.

ODISEA EN EL PACÍFICO
“La huella histórica de España en el Pacífico no es tenue y su pasado debemos rescatarlo para el patrimonio común”, sostiene el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, en el prólogo a un catálogo sobre las expediciones españolas en el Pacífico Sur entre los siglos XVI y XVIII.

Vasco Núñez de Balboa “descubrió” el Mar del Sur, más tarde llamado océano Pacífico, un 25 de septiembre de 1513. Tras la primera vuelta al mundo de Magallanes y Elcano, una nueva flota, al mando de García Jofre de Loaysa y el mismo Elcano, partió de La Coruña el 24 de julio de 1525. Estaba compuesta por siete barcos y 450 hombres iban a bordo. Resultó un completo desastre, pues en el transcurso del viaje murieron el capitán y su segundo. No obstante, una de las carabelas que formaba parte de la expedición, la San Lesmes, se extravió en el Pacífico y pudo llegar a Nueva Zelanda y la costa sur de Australia, donde es posible que naufragara en las costas de Warnambool, en el Estado de Victoria.

Fuera como fuera, se atribuye a Álvaro de Mendaña, descubridor de las islas Salomón y las Marquesas, el primer viaje en busca de la Terra Australis, ese gran continente que, según los mapas del siglo XVI, estaba separado de América por un estrecho y abarcaba desde Nueva Guinea a la Tierra del Fuego. Mendaña partió al mando de una flota de dos naves y 170 hombres y descubrió las Salomón, pero tuvo que regresar sin alcanzar todos sus objetivos. Desde el puerto de Callao (México), lanzó una segunda expedición, compuesta por cuatro naves y 378 personas, en la que murió la mayor parte de la tripulación, incluido el propio Mendaña.

Álvaro de Mendaña buscó la mítica Terra Australis, representada en este mapamundi de Ortelius. Crédito: Wikipedia.

Álvaro de Mendaña buscó la mítica Terra Australis, representada en este mapamundi de Ortelius. Crédito: Wikipedia.

Uno de los supervivientes fue el piloto portugués Pedro Fernández de Quirós, quien, al servicio de la Corona española, armó otra flota que partió, una vez más, desde el puerto del Callao con 300 hombres. Quirós bautizó la nueva tierra descubierta como Australia del Espíritu Santo, y a su llegada a España fue recibido como un nuevo Colón. El profesor australiano Richard White recuerda que “si se hubiera atenido a la ruta planeada, Quirós habría descubierto Nueva Zelanda. Pero lo que descubrió fueron los grupos de islas de Duff y Banks, para luego llegar a Vanuatu, tierra que encontró deliciosa, saludable y fértil. En su entusiasmo la llamó Australia del Espíritu Santo, y propuso fundar una colonia con el nombre de Nova Jerusalén en un río al que llamó Jordán”.

Además, España mantuvo contactos y relaciones más o menos intensas con China, Japón, Annam, Camboya, Siam, Indonesia y Malasia. Entre los episodios más sorprendentes de nuestra presencia en Asia, aparece con letras de oro una expedición a la Cochinchina (1858-1863) liderada por el coronel Palanca, y fruto de la alianza de los gobiernos de la época, los de O’Donnell y su predecesor Javier Isturiz, con Napoleón III.

UN MARINO ILUSTRADO
Finalmente, debemos recordar que muchas de las grandes aventuras corrieron parejas a la revolución científica de la Ilustración. Entre ellas sobresale la que llevó a cabo Alejandro Malaspina, un marino de origen italiano que, durante cinco años y dos meses, entre 1789 y 1794, recorrió todo el mundo, y catalogó hasta catorce mil especies botánicas, estudió quinientas de naturaleza zoológica, trazó unas setenta cartas náuticas y realizó novecientas ilustraciones… Como suele suceder con los grandes avanzados a su tiempo, su tarea no fue comprendida por sus coetáneos, y en abril de 1796 fue condenado a diez años de prisión y encarcelado en el castillo de San Antón (La Coruña), por intrigas políticas que arrojaron un manto de olvido sobre su obra.

ANEXO 1
¡TIERRA A LA VISTA!
Muchos años después de que la monja Egeria siguiera el rastro de Jesús por Tierra Santa, otra religiosa, Catalina de Erauso, partió rumbo a América, y no precisamente para evangelizar a los indios. Tras una pelea con otra hermana, se fugó de su reclusión, se escondió en un bosque, arrojó el hábito “por no saber qué hacer con él”, se cortó el pelo y se vistió de hombre. De esta guisa, embarcó a América el Lunes Santo de 1603, y en sus aventuras no faltaron los duelos, las trifulcas por deudas de juego, los líos de faldas ni las hazañas bélicas. La monja alférez, que así es como la conoció la posteridad, redactó unas suculentas memorias en las que los hechos de armas dejan a veces paso a la fantasía y la exageración.

Sin duda, la conquista de América saturó de nombres propios el pasado aventurero español. Baste aquí una somera lista: Juan Ponce de León exploró la Florida y buscó en ella la fuente de la eterna juventud; Pedro Valdivia exploró Chile; Juan de la Cosa recorrió el litoral de Venezuela, y Juan Díaz de Solís, el Río de la Plata; Hernán Cortés, México; Pizarro, Perú; Diego de Ordaz descubrió el Orinoco; Francisco de Orellana, el Amazonas; Marcos de Niza y Vázquez de Coronado buscaron las Siete Ciudades de Cíbola; Hernando de Soto avistó y cruzó el Mississippi; Francisco de Ulloa descubrió la costa occidental de México; y la huella de Bernardo de Gálvez puede rastrearse en cualquier rincón de la Luisiana, de la que fue gobernador…

¿Hay quien dé más?

ANEXO 2
MUJERES AVENTURERAS (por Javier García Blanco)
Víctimas de una Historia escrita mayoritariamente en género masculino, sus nombres no suelen aparecer en los libros de texto y en raras ocasiones suele hablarse de ellas en las aulas universitarias. Sin embargo, multitud de españolas intrépidas, como las ya citadas Egeria o la monja alferez, destacaron por su audacia en un mundo que estaba reservado a los hombres. Algunas se “limitaron” a acompañar a sus maridos hasta los lugares más exóticos y peligrosos, pero otras participaron activamente en la conquista, luchando codo con codo junto a los hombres, empuñando espadas y enfrentándose al enemigo. En la peligrosa “aventura” que supuso el descubrimiento y posterior conquista de los territorios americanos, sobresalen los nombres de varias mujeres de fuerte carácter y gran valentía.

La aventurera española Inés de Suarez.

La aventurera española Inés de Suarez.

Uno de ellos es el de la extremeña Inés de Suárez (1507-1580). Poco después de contraer matrimonio, su marido decidió embarcarse con rumbo a Venezuela, en busca de fortuna. Algún tiempo después, cansada de estar sola y de esperar inútilmente un retorno que nunca se producía, Inés tomó la determinación de seguir los pasos de su esposo. Tras una dura travesía alcanzó Venezuela, aunque el país le recibió con una decepción: su esposo se había trasladado a Perú. Inés se puso de nuevo en marcha y, al llegar a Cuzco descubrió que su marido había fallecido. En lugar de regresar a España, Inés decidió permanecer en suelo americano, uniéndose a la expedición de Pedro de Valdivia que pretendía conquistar Chile. En ese momento su vida se convirtió en una sucesión de aventuras, con largos viajes, luchas contra los mapuches (al parecer mató ella misma a siete caciques indios para salvar a 50 hombres), y un sinfín de riesgos y obstáculos que superó sin desfallecer, hasta convertirse en gobernadora de Chile tras casarse con el capitán Rodrigo de Quiroga.

No menos apasionantes resultan los pormenores de la vida de Isabel de Barreto, una pontevedresa de buena familia que se casó con el ya citado Álvaro de Mendaña. Isabel viajó a Perú para acompañar a su esposo y, una vez allí, en 1595 quiso participar en la segunda de sus expediciones, en dirección a las islas Salomón. A pesar de la presencia de su marido (más ocupado en cálculos cartográficos), y de su enfrentamiento con el capitán Pedro Fernández de Quirós, Isabel se impuso pronto como líder del navío. Un liderazgo que se hizo aún más efectivo tras la muerte de su esposo, quien antes de morir le había dejado al mando, siendo recordada hoy como “primera almiranta”. Con Barreto al frente, el navío puso rumbo a Manila. A pesar de la dureza del viaje, que causó la muerte a numerosos tripulantes y que no estuvo exento de intentos de motín, finalmente alcanzaron su destino –no sin antes descubrir diversas islas–, donde Isabel fue recibida como una heroína. Aún tuvo ocasión de aumentar su leyenda, pues volvió a casarse, esta vez con un marino gallego, y se embarcó otra vez en busca de nuevas aventuras.

Igualmente memorable fue la vida de Beatriz Bermúdez de Velasco (esposa del conquistador Francisco de Olmos), quien sacó a los colores a numerosos soldados españoles que, en 1521, pretendían huir tras un ataque de los mexicanos. Avergonzada por el comportamiento de sus compatriotas, Beatriz no dudó en recriminarles: “¡Vergüenza, vergüenza, españoles, empacho, empacho! ¿Qué es esto que vengáis huyendo de una gente tan vil, á quien tantas veces habéis vencido? Volved, volved á ayudar y socorrer á vuestros compañeros que quedan peleando, haciendo lo que deben; y si no, por Dios os prometo de no dexar pasar á hombre de vosotros que no le mate; que los que de tan ruin gente vienen huyendo, merescen que mueran a manos de una flaca mujer como yo.” Aquellas palabras surtieron efecto, y aquellos que unos segundos antes corrían por su vida, dieron media vuelta y lograron reducir a los atacantes.

Retrato de Juana Ponce de León y Smith, a los 17 años de edad. Autor desconocido. Crédito: Wikipedia.

Retrato de Juana María de los Dolores de León y Smith, a los 17 años de edad. Autor desconocido. Crédito: Wikipedia.

Ya en época decimonónica, otras españolas volvieron a sobresalir por su audacia y valor. Es el caso de Juana María de los Dolores de León, una joven extremeña de buena familia que, durante la Guerra de la Independencia y siendo solo una niña, se enamoró de un oficial británico, Harry Smith. Con sólo 16 años, Juana María se casó con Smith, y no dudó en acompañarle a través de distintos campos de batalla. En medio de un horror de sangre y muerte, Juana María atravesó toda España, y en Francia estuvo junto a su esposo en la batalla de Waterloo. En los años siguientes vivió en Londres, París, Bruselas y otras localidades europeas, hasta que Harry fue trasladado a Jamaica. Allí soportaron condiciones terribles, pero finalmente su esposo logró un destino mejor, y en 1828 llegaban a Ciudad del Cabo, en la actual Sudáfrica.

Allí Harry debía combatir contra las tribus nativas, pero a pesar del clima, las enfermedades y los peligros, Juana María vivió los mejores momentos de su vida. En 1840 un “paréntesis” los alejó durante 7 años de su amada África, para viajar a la no menos exótica India. En 1847 regresaron a El Cabo, esta vez con Harry convertido en gobernador de la colonia. En todo este tiempo de permanencia en África, Juana María –descendiente del conquistador Juan Ponce de León– demostró ser una excelente amazona, que no dudó en atravesar en ocasiones más de 1.000 kilómetros de zonas áridas y peligrosas para unirse a su marido. Hoy todavía perdura en aquellas tierras el recuerdo de aquella mujer excepcional, pues una ciudad lleva su nombre (Ladysmith) y un museo mantiene viva su memoria.

BIBLIOGRAFÍA:

-GONZÁLEZ CAMPO, Mariano. Al-Ghazal y la embajada hispano-musulmana a los vikingos en el siglo IX. Miraguano Ediciones, Madrid, 2002.

-GONZÁLEZ DE CLAVIJO, R. Embajada a Tamorlán. Castalia, 2004.

-MAURA, Juan Francisco. Españolas de ultramar en la historia y en la literatura. Ed. Universitat de Valencia, 2005.

-MORATÓ, Cristina. Viajeras intrépidas y aventureras. Ed. Plaza & Janés. Barcelona, 2001.

-SANZ GUITIÁN, P. Viajeros españoles en Rusia. Compañía Literaria, Madrid, 1995.

-VEGA, Carlos B. Conquistadoras: mujeres heroicas de la conquista de América. Ed. Jefferson / McFarland, 2003.

-Andanças e viajes de Pero Tafur por diversas partes del mundo avidos. Edición digital de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

-Expediciones españolas en el Pacífico Sur del siglo XVI al XVIII. Catálogo publicado por SEACEX, Blanco Mellén, F. (coord.), Madrid, 2006.

-Web Sociedad Geográfica Española.

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