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Extraen ADN intacto de la ‘Reina Roja’ de Palenque

Posted on 21 enero 2013 by Redacción

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La enigmática ‘Reina Roja’ de Palenque | Crédito: Michel Zabe – INAH

En el año 1994, la arqueóloga mexicana Fanny López protagonizó uno de los descubrimientos más importantes de su carrera. Aquel año, mientras estudiaba junto a sus colegas el interior del Templo XIII de la antigua ciudad maya de Palenque, se topó con un imponente sarcófago de 2,40 por 1,20 metros. En su interior esperaba una espectacular y valiosa sorpresa: el esqueleto –tintado de un vivo color rojo– de una mujer que murió hace aproximadamente 1.300 años.

El hecho de que los restos óseos estuvieran en el interior de un sarcófago y cubiertos por cinabrio –la presencia de este mineral explica el llamativo color rojo del esqueleto, origen del apodo de ‘Reina Roja’–, así como el hallazgo de un valioso ajuar y de otros dos esqueletos en la tumba, hizo pensar a los arqueólogos que aquella mujer debió ser una dama importante en su tiempo. Por desgracia, la ausencia de inscripciones en el sarcófago ha mantenido durante años el misterio sobre la identidad de la mujer.

Durante mucho tiempo se barajaron diversas posibilidades para tratar de identificar a la ‘Reina Roja’, todas ellas vinculadas con altos dignatarios de la antigua ciudad maya. En los últimos años, sin embargo, ha ido cobrando cada vez más fuerza la hipótesis de que podría tratarse de Tz’akbu Ajaw, la esposa del poderoso Pakal el Grande y abuela del último mandatario maya. Aunque hasta la fecha se han realizado numerosos estudios científicos sobre los restos óseos, hace apenas unos días se dio a conocer la realización de un nuevo análisis que podría ayudar a confirmar la identidad de la ‘Reina Roja’.

Un equipo conjunto del Instituto Politécnico Nacional y la Universidad Autónoma Metropolitana de México han puesto en marcha una nueva iniciativa durante la que se examinarán muestras de ADN intactas extraídas de fibras de colágeno de una de las vértebras del famoso esqueleto. Tanto Lourdes Muñoz, del Instituto Politécnico como Javiera Cervini, experta en geoquímica de la universidad mexicana, destacaron el magnífico estado de conservación de las fibras de colágeno, lo que ha permitido la extracción de una muestra clara de ADN.

El análisis permitirá datar los restos óseos de una forma mucho más precisa y ofrecerá a los arqueólogos e historiadores otros datos de interés. Y, quién sabe, quizá en un futuro próximo sirvan para confirmar definitivamente que la ‘Reina Roja’ fue, en efecto, la esposa del gran Pakal.

Fuente: In new study, Mexican researchers extract intact DNA from Palenque’s Red Queen (Art Daily)

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Últimos hallazgos sobre la cultura maya

Posted on 01 agosto 2012 by Redacción

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En los últimos años han ido aumentando los descubrimientos y estudios en relación con la fascinante civilización maya, hasta el punto de igualar –e incluso superar – a las noticias relacionadas con otra de las grandes culturas de la Antigüedad, el Egipto de los faraones.

En esta ocasión las novedades llegan desde Guatemala y México, y proceden de tres hallazgos diferentes. El primero de ellos constituye un fabuloso ejemplo de las habilidades en ingeniería que tenían los antiguos mayas, pues un equipo de arqueólogos han localizado los restos de una gran presa –de unos 10 metros de altura y 80 de largo– que servía para canalizar el agua que abastecía a la gran ciudad de Tikal, que llegó a tener unos 80.000 habitantes.

Según Vernon Scarborough, antropólogo de la Universidad de Cincinnati (EE. UU.), este descubrimiento demuestra que las culturas precolombinas eran más sofisticadas de lo que se creía hasta la fecha. Según los arqueólogos, los ingenieros mayas aprovecharon las características del terreno para llevar a cabo esta impresionante obra de ingeniería, e incluso emplearon filtros de arena que purificaban el agua.

El dios Sol representado como hombre-tiburón, en el templo de El Zotz | Crédito: Brown University.

El segundo hallazgo ha tenido lugar en el antiguo reino maya de El Zotz, y consiste en un imponente templo dedicado al Sol de la Noche, muy cerca de una pirámide, la del Diablo, descubierta en el año 2010. En los últimos meses los trabajos arqueológicos han sacado a la luz la sorprendente belleza de la decoración del templo, compuesta a base de impresionantes máscaras que representan al dios Sol como un hombre-tiburón o un jaguar.

En cuanto al tercer descubrimiento, éste se ha producido en la antigua ciudad maya de Uxul (actual México, muy cerca de Guatemala). Allí un equipo de arqueólogos alemanes del Instituto de Antropología Americana de la Universidad de Bonn han descubierto una importante tumba de un joven que podría ser un príncipe maya, y que murió cuando tenía entre 20 y 25 años. Según Kai Delvendahl, director del proyecto de excavación, la tumba fue descubierta a un metro y medio de profundidad bajo uno de los edificios del complejo real de Uxul.

Una de las vasijas descubiertas en la tumba de Uxul | Crédito: Proyecto Arqueológico de Uxul.

Los arqueólogos y antropólogos consiguieron introducir una cámara de pequeñas dimensiones en la tumba, y pudieron obtener imágenes de su interior, en las que se apreciaban diversas cerámicas. Tras acceder al interior del enterramiento, los investigadores recuperaron un total de nueve piezas de cerámica, entre ellas una que estaba cubriendo el cráneo del presunto príncipe maya, y que estaba profusamente decorada con pinturas.

Fuentes:

Hallan la mayor presa construida por los mayas (esmateria.com)

Dramatic new maya temple found (National Geographic News)

Tomb of Mayan prince discovered in jungle ruins (LiveScience)

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Gonzalo Guerrero, el Renegado

Posted on 31 julio 2012 by Javier García Blanco

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Nuestro compañero Javier García Blanco ha publicado recientemente su último libro, Héroes y villanos. Españoles olvidados por la historia (Ed. Cydonia), del que os ofrecemos un extracto: un repaso a la vida de Gonzalo Guerrero, el conquistador español que acabó convertido en un guerrero maya y se enfrentó a sus antiguos hermanos. 

Habiendo nacido en Palos de la Frontera en las últimas décadas del siglo XV, parecía evidente que el destino de Gonzalo Guerrero sólo podía estar en el Nuevo Mundo. Y así fue como ocurrió, aunque no del modo en que cabría imaginarse…

Son pocos los datos que se conocen sobre esta singular figura de la época de los Descubrimientos, y estos proceden en su mayor parte de los relatos de cronistas como Antonio de Solís, fray Diego de Landa y, muy especialmente, Bernal Díaz del Castillo. Éste último es el que de forma más detallada se detiene en su historia, siempre contándola a través de lo que desveló su compañero de desventuras, el ecijano Jerónimo de Aguilar.

Pintura representando el Puerto de Palos en la época de los Descubrimientos | Crédito: Wikipedia.

De su vida antes de llegar al Nuevo Mundo nada se sabe con certeza, pero debió ser duro hombre de mar y curtido en las artes de la guerra, si nos guiamos por lo que de él se narrará después. En cualquier caso, todo parece indicar que Guerrero partió de la Península Ibérica antes del año 1510, formando parte de la flota del explorador Diego de Nicuesa, recién nombrado gobernador de Veragua (actuales Nicaragua y Costa Rica) y quien no tardaría en verse enfrentado al conquistador Vasco Núñez de Balboa en las llamadas “guerras del Darién”.

Fue este último quien dio orden al capitán Juan de Valdivia para que, a los mandos de la carabela Santa María de la Barca, pusiera rumbo a la isla de La Española. Allí debía informar de su situación al entonces gobernador Diego de Colón y, de paso, hacerle entrega de más de 20.000 ducados del rey y recoger provisiones. A bordo de la carabela, que partió en agosto del año 1511 del puerto de Santa María la Antigua del Darién (actual Panamá), se encontraba nuestro protagonista.

Por desgracia, la nave nunca llegó a su destino. Una fuerte tempestad estrelló al navío contra unas rocas cerca de Jamaica, en los llamados bajos de las Víboras o de los Alacranes. Unos pocos supervivientes, lograron alcanzar un batel sin velas y burlar, al menos temporalmente, a la muerte.

Sin embargo, y a juzgar por lo relatado en la Crónica de la Nueva España de Francisco Cervantes de Salazar, la situación a bordo de la endeble embarcación debió ser terrible, pues los supervivientes carecían de sustento, sufriendo “tan gran necesidad que bebían lo que orinaban”. Aún así, y pese a todo pronóstico, tras trece días a la deriva los náufragos alcanzaron las costas del Yucatán.

CONVERTIDOS EN ESCLAVOS
Una vez pisaron tierra firme –convertidos involuntariamente en los primeros europeos en llegar al Yucatán–, los supervivientes de la Santa María de la Barca no tardaron en ser descubiertos por indios cocomes, que no se mostraron muy amistosos. Valdivia se vio obligado a desenvainar su espada, hiriendo a uno de los indígenas. Aquella chispa desencadenó la tragedia, pues los cocomes sacrificaron al capitán y a la mitad de los hombres, mientras que el resto fueron apresados y convertidos en esclavos por orden del Halach Uinik (gobernante) de aquel estado maya.

Pero las desventuras de los españoles estaban lejos de terminar ahí. Según las crónicas, los cuatro supervivientes lograron escapar, huyendo a otro territorio. Fue así como llegaron a la ciudad de Maní, perteneciente a la tribu de los Tutul Xiúes, enemigos de los cocomes. Allí volvieron a ser convertidos en esclavos, y el jefe Taxmar los entregó para que sirvieran al sacerdote local, a quien llevaban la leña, el pescado y le trabajaban los campos de maíz.

Los trabajos debían ser tan penosos y su alimento tan escaso que poco tiempo después dos de los cuatro españoles habían muerto de agotamiento. Sólo quedaron, a partir de ese momento, el diácono Jerónimo de Aguilar –siempre pegado a su Libro de Horas– y el marinero Gonzalo Guerrero.

Pasó poco tiempo antes de que fueran reclamados también para luchar contra tribus enemigas. Los conquistados españoles habían llegado en un momento en el que la cultura maya se hallaba en franco declive. A finales del siglo XV, la en otros tiempos poderosa civilización maya se había fragmentado en pequeños estados enfrentados, y lo habitual era que guerrearan continuamente entre sí.

Habría sido en este ambiente de continuas batallas en el que tanto Aguilar como Guerrero –y especialmente este último– tuvieron ocasión de destacar. Tanto es así que, contento con las dotes militares del onubense, que había ayudado a derrotar a los cocomes, el cacique Taxmar decidió entregarlo como regalo al jefe amigo Na Chan Can, líder de una tribu cercana. Éste, a su vez, se lo cedió a Balam, en aquel entonces nacom (guerrero jefe) de aquel poblado maya.

Así, mientras Guerrero compartía sus conocimientos en el arte de la guerra con Balam, Aguilar continuaba sirviendo como esclavo junto a los xiúes de Taxmar. No fue el único cambio que se obró en el ánimo de los españoles. Mientras Gonzalo Guerrero iba asimilando de buena gana algunas de las costumbres de aquellas gentes, tatuándose y perforándose la piel al modo de los mayas, Aguilar se mantenía continuamente unido a su Libro de Horas y procuraba llevar, dentro de lo posible, una vida “cristiana”.

Cuatro años después de su accidentada llegada al Yucatán a bordo del endeble batel, Gonzalo Guerrero, cristiano español nacido en Palos de la Frontera se había convertido en todo un nacom maya, había desposado a Zahil Há, la hija del jefe Na Chan Can, y tenía tres hijos con ella.

LA LLEGADA DE CORTÉS
Ocho años después del naufragio de la Santa María de la Barca, en 1519, el extremeño Hernán Cortés se encontraba ya en tierras americanas, camino de su conquista de México. Durante su recorrido por aquellas tierras llegó a la isla de Cozumel y, recordando algunas historias curiosas que había escuchado, quiso comprobar qué había de cierto en ellas.

Un grabado antiguo representando a Hernán Cortés.

Cortés hizo llamar a un vizcaíno llamado Martín Ramos y al propio Bernal Díaz del Castillo. Ambos le confirmaron que, en efecto, algunos indios de Campeche, al encontrarse con españoles años antes, durante la expedición de Francisco Hernández de Córdoba, se habían dirigido a ellos diciendo “¡Castilán, Castilán!” mientras señalaban al oriente.

Sospechando que aquello podía ser un indicio de la presencia de españoles perdidos en aquellas tierras, decidió preguntar a los jefes mayas de Cozumel sobre la cuestión: “Se lo preguntó a todos los principales, y todos a una dijeron que habían conocido ciertos españoles, y daban señas de ellos, y que en la tierra adentro, andadura de dos soles, estaban y los tenían por esclavos unos caciques, y que allí en Cozumel había indios mercaderes que les hablaron pocos días había”.

Fue así como Cortés tuvo conocimiento de que varios caciques cercanos tenían como esclavos a varios “hombres barbados”, de modo que envió varios emisarios indios con cartas y rescate para aquellos cristianos, tal y como se refiere en su Primera Carta de Relación, remitida al monarca Carlos I: “Supo nuevas de ellos y la tierra donde estaban, le pareció que haría mucho servicio a Dios a vuestra majestad en trabajar que saliesen de la prisión y cautiverio donde estaban…”.

Según todas las crónicas, los indios enviados por Cortés llegaron hasta donde se encontraba la tribu del cacique Taxmar, que tenía preso a Jerónimo de Aguilar. Le entregaron la carta del conquistador español y pagaron por su rescate al jefe maya, quien lo dejó en libertad. A partir de este punto, los relatos difieren en lo que se refiere al destino de Gonzalo Guerrero.

Tanto Bernal Díaz del Castillo como Antonio de Solís y otros cronistas refieren que Guerrero rechazó regresar junto a sus camaradas, argumentando que ya tenía mujer e hijos entre aquellas gentes, y que además había alterado su aspecto hasta parecerse a uno más de ellos, cosa que, a buen seguro, no iba a gustar a sus compatriotas:

“Hermano Aguilar: yo soy casado y tengo tres hijos, y tiénenme por cacique y capitán cuando hay guerras: idos con Dios, que yo tengo labrada la cara y horadadas las orejas. ¡Qué dirán de mí desde que me vean esos españoles ir de esta manera! Y ya veis estos mis hijos cuán bonicos son. Por vida nuestra que me deis de esas cuentas verdes que traéis para ellos, y diré que mis hermanos me las envían de mi tierra!” (Bernal Díaz del Castillo, capítulo XXVII, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España).

Busto de Bernal Díaz del Castillo | Crédito: Wikipedia.

Sin embargo, si acudimos al relato del texto de fray Diego de Landa, Guerrero nunca tuvo conocimiento de la carta enviada por Cortés, pues estaba demasiado lejos como para que Aguilar fuera a llevársela: “De este Aguilar fuimos informados que los otros españoles que con él se perdieron en aquella carabela que dio al través, estaban muy derramados por la tierra, la cual nos dijo que era imposible recogerlos sin estar y gastar mucho tiempo”.

En uno u otro caso, quien sí llegó a la isla de Cozumel para reencontrarse con sus compatriotas fue el ecijano Aguilar. El primero en recibirle, según la crónica de Bernal Díaz del Castillo, fue el marinero Andrés de Tapia, aunque en principio lo confundió con un indio más, debido a su aspecto: “Y después que hubieron saltado en tierra, el español, mal mascado y peor pronunciado, dijo: ‘Dios y Santamaría y Sevilla’. Y luego le fue a abrazar Tapia; y otro soldado, de los que habían ido con Tapia a ver qué cosa era, fue a mucha prisa a demandar albricias a Cortés cómo era español el que venía en la canoa…”.

Una vez en presencia de Hernán Cortés, el desdichado náufrago y cautivo le relató todas sus peripecias, desde el desastre de la Santa María de la Barca, pasando por su captura a manos de los indígenas, sus esforzados y penosos trabajos, y su feliz liberación.

Cuando Cortés acabó preguntándole por su compañero Guerrero, Aguilar le explicó que “estaba casado y tenía tres hijos, y que tenía labrada la cara y horadada las orejas y el bezo de abajo, y que era hombre de la mar, de Palos, y que los indios le tiene por esforzado; y que había poco más de un año que cuando vinieron a la punta de Cotoche un capitán con tres navíos que él fue inventor que nos diesen la guerra que nos dieron, y que vino el allí juntamente con un cacique de un gran pueblo, según he ya dicho en lo de Francisco Hernández de Córdoba”.

En esta declaración –prácticamente una acusación a su compañero de desventuras– Aguilar (a través del relato recogido por Bernal Díaz del Castillo) da a entender que fue Gonzalo Guerrero quien, a la llegada de Hernández de Córdoba a tierras mayas en 1517, había dirigido a los indígenas contra los españoles, provocando no pocas bajas y heridos entre ellos. Esta participación del español en aquellas escaramuzas, y en especial en la batalla de bahía de la Mala Pelea –llamada así, precisamente por la derrota que sufrieron los conquistadores–, ha sido puesta en duda por algunos historiadores, pero parece ir en línea de lo que los cronistas de la época esperaban de un personaje como Guerrero, que para entonces encarnaba ya todo lo negativo, pues había renegado de su condición de español, había tenido vástagos con una india y parecía haber adoptado sus falsos dioses.

Monumento a los Montejo (padre e hijo) en Yucatán | Crédito: Wikipedia.

En cualquier caso, esta faceta del español como nacom maya (jefe guerrero) es la que más se ha destacado siempre en las crónicas de la época y en los estudios posteriores sobre su figura. De hecho, ocho años después del intento de rescate de Cortés –siempre según dejaron por escrito los cronistas, en este caso Gonzalo Fernández de Oviedo en su Historia general y Natural de las Indias y Tierra Firme del Mar Océano)–, el Adelantado Francisco Montejo, en plena campaña para conquistar el Yucatán, llegó con sus tropas hasta Chetumal, donde se encontraba Guerrero, para intentar convencerle de que se uniera a ellos y les ayudara en sus campañas. Para disgusto del salmantino, el indio blanco no sólo rechazó su ofrecimiento, sino que más tarde acabaría haciéndole la guerra y provocándole no pocas bajas.

De las distintas referencias que se poseen se desprende que desde aquel momento en que rechaza la oferta de Francisco de Montejo hasta su muerte una década después, Guerrero se dedicó a instruir en las artes de la guerra a sus nuevos hermanos, enseñándoles a no temer a los caballos –animales que nunca habían visto– ni a las armas de fuego, así como a luchar utilizando estrategias propias de las guerras europeas.

La siguiente noticia directa que tenemos sobre Guerrero es ya la de su muerte, en la década de 1530. En el Archivo General de Indias se conserva un legajo firmado por Andrés de Cereceda –gobernador de Honduras– el 14 de agosto de 1536 y que estaba dirigido al rey de España. En la misiva, el gobernador relata los pormenores de la muerte, dos años antes, de Gonzalo Guerrero, a causa de un disparo de arcabuz. El renegado español había acudido a Honduras para ayudar a un tal cacique Cicimba en su lucha contra el capitán Lorenzo de Godoy, y para ello había acudido con más de cincuenta canoas:

“Dijo el cacique Cicimba cómo, antes que se diesen, con un tiro de arcabuz se había muerto un cristiano español que se llamaba Gonzalo Aroza, que es el que andaba entre los indios en la provincia del Yucatán veinte años ha y más, que es éste el que dicen que destruyó al adelantado Montejo. Y como lo de allá se despobló de cristianos, vino a ayudar a los de acá con una flota de cincuenta canoas para matar a los que aquí estábamos antes de la venida del Adelantado […] Y andaba este español, que fue muerto defunto, labrado el cuerpo y en hábito de indio”.

Monumento a Guerrero y al mestizaje | Crédito: Itaipqroo.org.mx

Cereceda no menciona exactamente a Guerrero, sino a un español “que se llamaba Gonzalo Aroza” –una de las variantes que sobre su nombre se encuentran en distintos textos–, pero la mayor parte de los estudiosos suelen coincidir en identificarlo sin duda con el náufrago que llegó a Yucatán en 1511.

ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD
Si repasamos con calma las distintas fuentes que citan al Renegado vemos que, en realidad, no son muchos ni del todo fiables los datos que tenemos sobre su figura.

La práctica totalidad de las descripciones proceden de los textos de hombres como Bernal Díaz del Castillo, fray Diego de Landa o Antonio de Solís, que en no pocas ocasiones son contradictorias. Todos ellos suelen remitirse a lo que Jerónimo de Aguilar fue relatando tras su rescate, pero tampoco hay forma de saber hasta qué punto fueron exactas sus declaraciones.

No hay que olvidar que, en los relatos de los cronistas, Aguilar siempre es presentado como un hombre que, a pesar de sus penalidades, mantiene su castidad y se comporta siempre como un buen cristiano. Justo lo contrario a Guerrero, que parece representar el papel de villano pues, no en vano, se convierte en un traidor que reniega de su patria y su religión.

El hecho de que buena parte de las historias sobre este singular personaje de la época de los Descubrimientos parezcan ajustarse a los esquemas de ciertos relatos clásicos no es el único elemento que nos debe hacer dudar, al menos en parte, de su veracidad. El propio Cortés, en sus textos, no menciona a Guerrero, sino a un tal “Morales, que no quiso volver”. Y no es el único, pues ya vimos que Cereceda habla de un “Aroza”, y otros citan simplemente a un Gonzalo, el marinero.

Real en su totalidad o imaginaria en partes, de lo que no hay duda es que la figura de Gonzalo Guerrero, el español que renunció a su cultura, su religión y su país, sirvió en su época y siglos posteriores para encarnar al mal, al traidor y mal cristiano. Todo lo contrario a lo que sucedió en la época de la Independencia mexicana, cuando fue convertido en estandarte de la lucha contra el colonialismo y la opresión imperialista. Y así, sin importar si fue real o imaginario, Gonzalo Guerrero pasó de ser traidor a convertirse en héroe.

[Crédito imagen apertura: Toltecayotl.org]

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2012: No hay “apocalipsis” maya (¿queda claro?)

Posted on 30 junio 2012 by Redacción

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Arqueólogos, historiadores, astrónomos y una larga lista de expertos llevan los últimos años intentando aclarar que los mayas nunca realizaron una profecía anunciando el fin del mundo para el próximo mes de diciembre de este año 2012. Unos esfuerzos que no siempre han obtenido el fruto deseado, pues no falta gente que sigue convencida de la inminencia de una catástrofe de dimensiones planetarias que habría sido vaticinada por los antiguos mayas.

Ahora, un equipo de arqueólogos guatemaltecos y estadounidenses que lleva tiempo excavando en el yacimiento de La Corona, vuelve a insistir en que no hay nada de preocuparse –al menos, no por un hipotético apocalipsis para el próximo mes de diciembre–. Estos investigadores han realizado en fechas recientes nuevos descubrimientos que demuestran una vez más que para los mayas el 21 de diciembre próximo es únicamente el fin del décimo tercer batkum (periodos de 394 años) de la era maya.

Os dejamos un reciente vídeo producido por la cadena británica BBC en la que estos expertos explican los últimos hallazgos realizados en La Corona y porqué no debemos preocuparnos sobre los anuncios agoreros acerca de un fin del mundo.

Fuente: Profecía maya: en 2012 no será el Apocalipsis, sólo “un final” (BBC Mundo)

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Ofrenda funeraria en un cenote de Chichén Itzá

Posted on 02 junio 2011 by Redacción

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Un equipo de arqueólogos subacuáticos de la Universidad Autónoma de Yucatán (México) ha descubierto recientemente los restos de varias ofrendas funerarias sumergidas en las oscuras aguas de un cenote próximo a la ciudad maya de Chichén Itzá. Según los investigadores, pertenecientes al proyecto Culto a los Cenotes y dirigidos por el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México (INAH), el hallazgo consiste en varios huesos humanos, vasijas de cerámica, piezas de jade, conchas decorativas y otros utensilios, así como restos óseos de animales.

Los arqueólogos creen que las ofrendas fueron realizadas en dos periodos distintos, datados en el siglo IX y el siglo X d.C. respectivamente, que coincidirían con sendas intensas sequías. Según esta hipótesis, los antiguos mayas de Chichén Itzá habrían realizado estas ofrendas funerarias –incluyendo los cuerpos de personas sacrificadas ritualmente– con la esperanza de acabar con la escasez de agua. Esta teoría estaría respaldada por el hallazgo de varias piezas asociadas al dios Chaac (divinidad de la lluvia), y el hecho de que los restos humanos han sido encontrados en una posición que evidencia que fueron colocados allí de forma cuidadosa, después de haber sido sacrificados. Los restos fueron descubiertos por los arqueólogos subacuáticos de la Universidad Autónoma de Yucatán a 26 metros de la superficie, en una plataforma natural de la cueva inundada, a la que se llega tras bucear horizontalmente durante 25 metros. Los investigadores destacaron que el hallazgo es comparable al realizado en el llamado Cenote Sagrado de Chichén Itzá, el más importante de la región.

Según el arqueólogo Guillermo de Anda, uno de los especialistas del equipo de investigación, este tipo de ofrendas representan una práctica ritual que ha sido registrada hasta el momento en cinco cenotes distintos de Yucatán, cuyas muestras todavía se encuentran bajo investigación. Los cenotes, cuevas naturales inundadas, tenían una gran importancia en el antiguo mundo religioso de los antiguos mayas, quienes consideraban estos enclaves naturales como puertas a Xibalbá, el inframundo.

La investigación realizada por el proyecto Culto a los cenotes no es la única de este tipo, pues en el año 2009 un grupo de la Northwest University de Illionois (EE.UU.) llevó a cabo una exploración similar, aunque en este caso en cenotes existentes en Belice.

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Arqueólogos en el inframundo maya

Posted on 01 julio 2010 by Redacción

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Hace algunos meses, con la publicación del artículo Xibalbá: el inframundo maya, ya explicamos brevemente la importancia que tuvieron los cenotes en el complejo universo mitológico de esta fascinante civilización precolombina.

Estos cenotes –cuevas inundadas de agua, muy habituales en la península del Yucatán y otras zonas del mayab–, tuvieron un significado sagrado muy especial para los antiguos mayas. No en vano, aquellas acumulaciones de agua eran consideradas como puertas a Xibalbá, el inframundo del mundo maya, y como tales eran lugares en los que se depositaban ofrendas a los dioses. Pese a su importancia, muchas de ellas siguen sin explorar, pues en muchos casos sus aguas están infestadas de cocodrilos, un peligro al que hay que sumar el alto contenido en azufre del agua y las grandes profundidades.

Sin embargo, algunos arqueólogos e investigadores creen que es un riesgo que merece la pena asumir. Al menos, así lo cree un equipo de arqueólogos estadounidenses de la Northwest University (Illinois), que está intentando sacar a la luz todos los secretos de varios cenotes existentes en Clara Blanca, Belice. En concreto, los arqueólogos están explorando varias de las cuevas anegadas que existen entre sendos asentamientos mayas, los de Yalbac y M195, en busca de antiguas ofrendas y otras piezas similares.

En los años anteriores, Andrew Kinkella, uno de los arqueólogos, ya había estudiado a fondo la selva circundante, descubriendo una curiosas estructuras cerca de los cenotes. “Creemos que eran saunas de purificación –explicó Kinkella–. “Lugares donde los mayas se purificaban antes de realizar sus ofrendas en los cenotes”. Durante varias semanas, los arqueólogos americanos –ayudados por expertos submarinistas– han estado explorando a fondo 25 de estas “piscinas”, descubriendo que al menos ocho de ellas están interconectadas. Además, según han desvelado esta misma semana medios como National Geographic –sociedad que financia parte de la expedición–, los investigadores han hallado varios restos fósiles a unos 20-30 metros de profundidad. Compartimos con vosotros un impactante vídeo –difundido por NG–, en el que se observa como uno de los submarinistas “desaparece” literalmente en un pequeño foso oculto por la arena en el lecho de uno de los cenotes. Viendo imágenes como éstas, no es de extrañar que los antiguos mayas consideraran estos lugares entradas al inframundo.

Hasta la fecha, tal y como explica Lisa Lucero, arqueóloga y líder del proyecto, no han encontrado restos arqueológicos importantes, aunque con un poco de suerte, quizá descubran en las oscuras entrañas de estos cenotes tesoros semejantes a los que, en 1904, descubrió el arqueólogo Edward Thompson tras dragar el cenote sagrado de Chichén Itzá, en México: huesos humanos, imágenes del dios Chaac y máscaras de jade.

Fuente: Diver ‘vanishes’ in maya underworld (National Geographic News)

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Xibalbá, el inframundo maya

Posted on 04 enero 2010 by Javier García Blanco

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Durante siglos, los pueblos que habitaron el mayab desarrollaron una fascinante mitología para explicar el mundo que les rodeaba. En esta particular concepción del cosmos, la sangre, los sacrificios, las prácticas mágicas y la creencia en el reino de los muertos –el Inframundo– conformaron un sistema de creencias que hoy nos resulta macabro y fascinante a partes iguales.

Los antiguos mayas desarrollaron una complejísima mitología, plagada de seres divinos y sobrenaturales, cuyas acciones influían de forma irremediable en la naturaleza y los seres humanos. Estas divinidades mayas eran seres muy poderosos, aunque no omnipotentes, pues estaban marcadas, al igual que los hombres, por ciertas limitaciones físicas como la sed o el hambre, que sólo podían ser satisfechas mediante la acción humana (generalmente mediante sacrificios de sangre). Pero además, el panteón maya estaba compuesto por deidades sometidas a pasiones semejantes a las de los simples mortales, dando rienda suelta por ejemplo, a la ira o la rabia.

Entre el amplio abanico de dioses, en el que destacan el dios celeste Itzam Na o Itzamná, el astro rey Kinich Ahaw, la diosa Luna Ixchel o el señor de la lluvia Chac, sobresalen también otro grupo de dioses terrestres, vinculados a las entrañas de la tierra y al Inframundo, “el lugar del Temor”. Y es, precisamente este aspecto de la religiosidad maya, uno de los más apasionantes de dicha civilización: su llamativo interés y fascinación por el “Otro Mundo”, en torno al cual tejieron multitud de ritos, creencias y costumbres.

LOS DOMINIOS DEL INFRAMUNDO
Para los antiguos mayas, la muerte no era el fin definitivo de la existencia, sino que creían que el alma del difunto se trasladaba al Inframundo (llamado Xibalbá por los quichés y Metnal por los yucatecos). Aquel otro mundo se ubicaba en las entrañas de la tierra, bajo la selva y más allá de las masas de agua, constituyendo una especie de reflejo siniestro del mundo de los vivos. Sin embargo, a pesar de este carácter “oscuro”, no sería un equivalente del infierno judeocristiano, pues el alma no recala allí a modo de castigo, sino que es su destino lógico. Este “otro mundo” es, en definitiva, la región de los muertos, la esfera de los dioses y los antepasados, que al morir se convertían ellos mismos en divinidades.

Representación del dios Itzam na. Crédito: Wikipedia.

En su inquietante periplo por el Inframundo, descrito en el Popol Vuh (el Libro del Consejo de los mayas quichés), los gemelos Hunahpú e Ixbalanqué (como veremos más adelante) recorren un escenario siniestro y lleno de peligros. No es de extrañar, pues Xibalbá está dominado por terribles moradores. Según el Popol Vuh, los soberanos del Inframundo son Hun Camé y Vucub Camé (Uno Muerte y Siete Muerte). Junto a ellos, descubrimos siete parejas de divinidades, encargadas de acabar con la vida humana en la tierra. Ahalpuh y Ahalcaná (Productor de pus y Productor de bilis), tenían la función de “hinchar a los hombres y hacerles brotar pus”. Xquiripat y Cuchumaquic (Lazo corredizo y Jefe de la sangre), provocaban “derrames de sangre en los hombres”. Por su parte, Quicxic (Halcón de sangre) y Patan (el Cazador), sorprendían a los “hombres en los caminos, haciéndoles llegar la sangre a la boca hasta que morían vomitando sangre”. Y así, hasta completar la lista de siete parejas de dioses dotados de nombres sorprendentes y macabros.

Otros textos mayas, como el Chilam Balam de Chumayel (El Libro de las cosas ocultas), mencionan a otras divinidades de la región de los muertos. La denominación más habitual es la de Kisín, “el flatulento”, apelativo que hacía alusión a la fetidez que emanaba, propia de la muerte. A pesar de ser la morada de los difuntos, el Inframundo no era una región “estanca”. De hecho, los mayas creían que, en ocasiones, los fallecidos podían regresar al mundo de los vivos, interviniendo en los asuntos de éstos. Estas “visitas” aparecen reflejadas en algunas representaciones artísticas como, por ejemplo, en el llamado dintel 15 de Yaxchilán, donde se muestra a una mujer que presencia la aparición de un muerto, acompañado de una serpiente de gran tamaño que alude a su procedencia.

Dintel 15 de Yaxchilán. © British Museum.

Del mismo modo, los vivos también pueden realizar el viaje inverso, adentrándose temporalmente en el territorio de las tinieblas, especialmente durante los sueños o mediante del uso de drogas alucinógenas (ver anexo).

Esta comunicación es posible, entre otras cosas, por la existencia de vías de entrada y salida al Inframundo. Algunas de ellas son ciertos templos, como los denominados teratomorfos que abundan en la península del Yucatán. Estas construcciones se asemejaban a grutas artificiales –las cuevas se consideraban entradas a Xibalbá, al igual que lagos o cenotes– y penetrando en ellos se podía entrar en contacto con dioses y antepasados.

Otros edificios, de estructura laberíntica, habrían jugado un papel simbólico similar. En este caso podrían haber actuado como escenarios para el descenso ritual de los gobernantes mayas a Xibalbá, como explica el experto español Manuel Rivera Dorado. Estas ceremonias tendrían por objeto rememorar el descenso de los gemelos Hunahpú e Ixbalanqué lo que les permitiría obtener una forma de legitimar su poder.

RITOS FUNERARIOS
Los arqueólogos encargados de estudiar los vestigios de las costumbres mortuorias de los antiguos mayas se han tenido que enfrentar a la dificultad que constituye la enorme variedad de tipologías de enterramientos. Los mayas practicaban tanto la inhumación como la cremación, y las variedades de las tumbas van desde simples agujeros en la tierra hasta ricas cámaras mortuorias. Algo similar ocurre con las posturas que presentan los cadáveres, colocados de mil formas diferentes.

De todos modos, y a pesar de esta gran diversidad, los estudiosos han podido determinar ciertas características. Generalmente, los difuntos eran enterrados en su propia vivienda o en los lugares donde habían ejercido su trabajo. En otros casos, han detectado varias fases en los enterramientos, que incluso podrían estar separadas por años. Primero se realizaría un entierro inicial para, años después, llevar a cabo el definitivo, que podría acompañarse de una limpieza de la osamenta, eliminando restos de carne y otras adherencias.

Paralelamente, en algunos enterramientos es frecuente encontrar diversos objetos que formarían parte del ajuar mortuorio, lógicamente con algún significado simbólico relacionado con la otra vida. Una de las piezas encontradas de forma recurrente consiste en una máscara (de jade, estuco o madera) que se colocaba sobre el rostro del difunto. Según los estudiosos, estas máscaras podrían haber servido para aludir al cambio de condición de su portador (de la vida terrena a la “subterránea”), constituyendo una especie de ceremonia de regeneración.

Templo de las Inscripciones, en Palenque, bajo el que se encontró la tumba del rey Pacal. Crédito: Wikipedia.

Otro de los objetos encontrados habitualmente junto a los difuntos, en ocasiones en gran número, es el espejo. En la compleja religiosidad maya, estos “mágicos” utensilios, capaces de reflejar las imágenes, constituían un inmejorable medio de contacto con Xibalbá, al que al mismo tiempo simbolizaban.

Todo parece indicar que este tipo de ritos funerarios estarían enfocados a favorecer el viaje del difunto al más allá, una circunstancia que algunos investigadores han comparado con las prácticas funerarias egipcias, donde también resultaban indispensable seguir correctamente una serie de pasos que garantizaban un exitoso viaje del difunto al más allá.

En muchas ocasiones, se han descubierto de forma paralela restos de otros difuntos junto al “principal”. Al parecer, estos cadáveres “secundarios” pertenecían a personas sacrificadas con la finalidad de que el difunto gozara de un acompañante en su viaje al Otro Mundo, como sucede en la tumba del rey Pacal de Palenque.

En otros casos, los fallecidos no se hacían acompañar en su viaje al más allá por víctimas de sacrificios, sino que contaban con el auxilio de habitantes del Inframundo, conocidos como wayob (literalmente, “espíritus compañeros”).

Estos seres residentes en Xibalbá no son dioses, ni tampoco espíritus comunes, pero su carácter sagrado les permite auxiliar al alma del difunto durante las distintas pruebas a las que se ve sometido en su viaje. En opinión de los especialistas en mitología y religiosidad maya, los wayob son espíritus protectores que actúan como psicopompos (guías de almas), dirigiendo a los fallecidos y haciéndoles comprender dónde se encuentran y cuál es su nuevo estado.

EL JUEGO DE PELOTA
Podría dar la impresión de que un juego practicado en una especie de cancha, en el que los participantes golpean una pelota de caucho para hacerla pasar por un aro de piedra, era un simple divertimento para los antiguos mayas, similar a nuestros deportes actuales. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. El llamado “juego de pelota” fue el rito religioso más importantes de los antiguos mayas, pues constituía una representación simbólica de uno de los relatos sagrados clave de esta civilización, íntimamente relacionado, de nuevo, con el Inframundo.

Según el Popol Vuh, dos hermanos divinos llamados Hun Hunaihpú (Uno cerbatana) y Vucub Hunaihpú (Siete cerbatana) estaban obsesionados con el juego de pelota, y pasaban horas y horas practicándolo. Un día causaron tanto alboroto con su juego que molestaron a los señores del Inframundo, quienes les retaron a descender para jugar con ellos. Tras una serie de pruebas a las que fueron sometidos, los dos hermanos murieron asesinados.

Recreación actual del juego de pelota. Crédito: Wikimedia Commons.

La cabeza de Hun Hunaihpú fue colgada de un árbol y los señores del reino de la muerte prohibieron tajantemente tocar sus frutos.

Sin embargo, la joven Ixchiq, hija de un señor de la muerte, se acercó un día al árbol y la cabeza de Hun Hunaihpú le escupió en una mano, dejándola embarazada. Temiendo la ira de su padre, Ixchiq escapó a la superficie, donde dio a luz a dos hijos: Hunahpú e Ixbalanqué. Éstos heredaron la pasión de su padre y su tío por el juego de pelota, y la historia volvió a repetirse. Un día, mientras jugaban, los señores del Inframundo les retaron a competir con ellos, y en su descenso fueron igualmente sometidos a distintas pruebas. A diferencia de lo que ocurrió con su padre, los gemelos lograron superar las trampas gracias a su ingenio y, tras realizar varios milagros, derrotaron y mataron a Uno Muerte y Siete Muerte, asesinos de su progenitor. Tras la victoria fueron ascendidos al cielo, convirtiéndose en el Sol y la Luna.

El relato de este particular descenso a los infiernos –como otros similares existentes en diversas culturas– constituye un auténtico viaje iniciático, durante el cual los aspirantes adquieren un conocimiento oculto, obtenido tras superar una serie de pruebas.

De este modo, cuando los antiguos mayas celebraban el juego de pelota, estaban rememorando el episodio mítico relatado en el Popol Vuh. No se sabe con certeza cuántos jugadores participaban en él, ni tampoco los detalles y reglas exactas de la competición, pero las representaciones artísticas conservadas y otros textos han permitido conocer algunas de sus características.

Así, se sabe que en ocasiones se arrojaban prisioneros desde lo alto de la cancha, a modo de sacrificio, o que a veces los propios reyes participaban en la macabra competición, simbolizando a los héroes gemelos, descendiendo al Inframundo y saliendo victoriosos del reino de la muerte. De este modo, vencían a la muerte misma.

La relación del juego con lo macabro no terminaba aquí, pues a menudo tras el partido se decapitaba a algunos de los jugadores. Un sangriento sacrificio que cumplía una función fertilizante y regeneradora.

ANEXO
SACRIFICIOS DE SANGRE
En la compleja mitología maya, los dioses poseían un poder limitado. Para subsanar esta carencia decidieron crear al hombre, que con sus ofrendas, oraciones y sacrificios les garantizaban el alimento y el sustento necesario para regenerar y sostener el cosmos.

Escena del film Apocalypto. © Touchstone Pictures.

Bajo esta concepción, los antiguos mayas no dudaban en derramar sangre –la de prisioneros o la suya propia– con la intención de satisfacer a los dioses y garantizar la continuidad del mundo. Los autosacrificios eran moneda común entre los mayas, quienes no dudaban en mortificarse atravesando partes de su cuerpo como las extremidades, la lengua o, más especialmente, los órganos sexuales, donde se creía que residía la sangre más fértil. Normalmente esta sangre se derramaba sobre papeles que se quemaban, de modo que el humo de la combustión elevara la ofrenda hasta los dioses.

En otros casos, los campesinos derramaban sangre sobre sus cosechas, con la esperanza de lograr la fertilidad en sus sembrados. Si lo que se deseaba era atraer a las lluvias, solía arrojarse a las víctimas a lagos o cenotes.

A menudo, los dioses requerían grandes cantidades de sangre para que el cosmos siguiera su curso normal, por lo que se realizaban sacrificios humanos múltiples, generalmente degollando a las víctimas. Si éstas eran prisioneros de guerra, solía procederse a extraerles el corazón previa sedación.

En el caso de los prisioneros sacrificados, su sangre poseía más valor si tenían un rango o status elevado, y algo sucedía con los autosacrificios de los monarcas: su sangre se consideraba mucho más poderosa que la del común de los mortales.

ANEXO
DROGAS PARA CONTACTAR CON LOS MUERTOS
Al igual que otras muchas culturas, los mayas se sirvieron del uso de drogas y bebidas alcohólicas para la celebración de ritos religiosos en los que se propiciaban estados alterados de conciencia. Por norma general, estos rituales tenían un carácter orgiástico, cuya finalidad era abandonar el mundo terrenal para adentrarse en las tinieblas del territorio de los muertos y los dioses, y recabar así su ayuda.

Entre las sustancias ingeridas se contaba el alcohol –en forma de balché, compuesto de agua, miel y la corteza de un árbol–, ciertos hongos alucinógenos y otras sustancias psicoactivas similares al LSD. Durante estas bacanales, a menudo celebradas en cuevas –como ya vimos, entradas al Inframundo– los participantes sentían que el alma abandonaba sus cuerpos y entraban en contacto con los antepasados y los dioses, a quienes acudían en busca de consejo.

BIBLIOGRAFÍA:

-RIVERA DORADO, Miguel. El pensamiento religioso de los antiguos mayas. Ed. Trotta. Madrid, 2006.
-RIVERA DORADO, Miguel. Popol Vuh: relato maya sobre el origen del mundo. Ed. Trotta. Madrid, 2008.

Entradas relacionadas:

-Descenso a los infiernos

-Viaje virtual al mundo maya

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’2012′, cine de catástrofes en estado puro

Posted on 12 noviembre 2009 by Redacción

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Imagen promocional de 2012, último film de Roland Emmerich. Crédito: Sony Pictures.

Hoy llega a las pantallas españolas 2012, el último film de tintes apocalípticos del director Roland Emmerich (Independence day, El día de mañana), quien sigue empeñado en acabar con nuestro planeta. En esta ocasión ha querido aprovechar las cada vez más insistentes “hipótesis” sobre un pretendido fin del mundo anunciado por los antiguos mayas para el 21 de diciembre de dicho 2012. En cuanto a lo meramente cinematográfico, el film ofrece lo que promete: imágenes espectaculares creadas por ordenador, destrucción masiva y grandes dosis de diversión ‘palomitera’.

El ‘problema’ es la psicosis que en algunos lugares se ha ido generando –no achacable directamente a la cinta, aunque sí la ha potenciado– acerca de ese supuesto fin del mundo anunciado por los mayas. La “hipótesis” de la profecía maya carece de fundamento, como se han encargado de repetir numerosas voces en los últimos meses (incluso los propios mayas están hasta el gorro de la afirmación), pero eso no ha evitado que el miedo se haya apoderado de no pocas personas y que incluso algunas de ellas se hayan planteado el suicidio, tal y como refieren en un reciente artículo publicado por National Geographic News. La situación ha llegado a tal punto que incluso la NASA ha incluido en su FAQ una serie de aclaraciones sobre la cuestión, explicando que “el 21 de diciembre de 2012 no se producirá el fin del mundo tal y como lo conocemos”.

Así que, si os incluíais entre los temorosos del 2012, ya podéis ir tranquilos a ver la película y disfrutar de ella como lo que realmente es: ciencia-ficción y cine de catástrofes al mejor estilo hollywoodiense. Y el 21 de diciembre de 2012, a disfrutar del solsticio de invierno ;-) (Os dejamos con el trailer de la película en HD)

Web oficial del film

Varios artículos desmintiendo el anuncio del fin del mundo según las profecías del calendario maya:

-The truth about the 2012 doomsday hype (Livescience)

-2012: Six end-of-the-World myths debunked (National Geographic)

-2012 prophecies sparking real fears, suicide warnings

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Samabaj: una isla maya engullida por las aguas

Posted on 04 noviembre 2009 by Redacción

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Vasija descubierta en las profundidades del lago Atitlán. Crédito: Roberto Samayoa.

En 1994, Roberto Samayoa –empresario y submarinista aficionado– se encontraba practicando su afición favorita bajo las aguas del bellísimo lago Atitlán, en el departamento de Sololá (Guatemala) cuando algo llamó su atención: se trataba de una gran vasija de aspecto antiguo que parecía haber descansado allí por muchos siglos. Intrigado y picado por la curiosidad, Samayoa continuó examinando la zona en sucesivas inmersiones, hasta que finalmente en 1996 descubrió lo que parecían ser restos de edificios y piedras ceremoniales.

Samayoa no tardó en hacer partícipe de sus hallazgos a las autoridades aunque, como el mismo explica, al principio nadie le creyó. “Sólo dijeron que estaba loco”. Afortunadamente para la arqueología, finalmente Samayoa consiguió captar la atención de los estudiosos, y en 1999 se procedió a realizar el primer estudio topográfico de los restos, que parecían pertenecer a una antigua isla que acabó bajo las aguas en torno al 200 o 250 d.C., en pleno periodo maya preclásico.

Fotografía vía satélite del lago Atitlán. Marcada con círculo rojo, la posible ubicación de Samabaj.

Fotografía vía satélite del lago Atitlán. Marcada con círculo rojo, la ubicación aproximada de Samabaj.

Ahora, un grupo de arqueólogos entre los que se encuentran la investigadora Sonia Medrano, financiada por la Fundación Reinhart, está realizando un examen más profundo de los restos que ocultan las aguas del lago Atitlán. Concretamente, la zona con restos arqueológicos se encuentra en un área próxima a la localidad de Santiago Atitlán, en una zona del lago rodeada por tres volcanes: el Tolimán, el Atitlán y el Santiago. Sin embargo, los especialistas han mantenido oculto el lugar exacto, por temor a que los saqueadores puedan acudir al enclave y hacerse con preciosas piezas que allí se conservan.

Lo que antiguamente habría sido una isla está hoy a una profundidad de entre 15 y 17 metros, y hasta el momento los arqueólogos han descubierto varias estructuras: “Hemos hallado seis monumentos ceremoniales y cuatro altares, y sin duda hay más, lo que indica que fue un lugar muy importante desde un punto de vista espiritual”, explicó Medrano. De hecho, la arqueóloga guatemalteca cree que Samabaj pudo haber sido un centro de peregrinación de gran importancia para las poblaciones mayas de la región en aquella época. Una hipótesis que parece quedar respaldada por la abundancia de motivos religiosos en el yacimiento. Según los investigadores, todo parece indicar que la isla sagrada quedó sumergida tras una erupción volcánica o un corrimiento de tierras. En uno u otro caso, lo que sí se sabe es que las aguas subieron hasta treinta metros de altura, anegando todo lo que se encontraba en la isla. Además de los restos de edificios ceremoniales, los arqueólogos han encontrado pequeñas viviendas que albergaron a unas 150 personas, y el hallazgo de piezas intactas les ha llevado a creer que la catástrofe que engulló la isla fue un evento “súbito, pero no violento”.

Nota: El pasado 29 de septiembre, la arqueóloga Sonia Medrano impartió una interesante conferencia en el Museo Popol Vuh detallando los últimos descubrimientos sobre Samabaj. La charla dura unos 55 minutos, y es posible ver el vídeo de la misma en la siguiente dirección: http://newmedia.ufm.edu/medranosamabaj

Fotografía superior: Roberto Samayoa

Fuentes:

-Divers probe mayan ruins submerged in Guatemala lake (Yahoo News)

-Samabaj: un sitio sumergido en el lago de Atitlán

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Viaje virtual al mundo maya

Posted on 05 agosto 2009 by Redacción

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Vista de Palenque

Las iniciativas digitales para acercar el patrimonio histórico a través de la red crecen a un ritmo imparable. La última de ellas nos llega desde México, donde el Instituto Nacional de Antropología e Historia acaba de poner en marcha una página web gracias a la cual podremos disfrutar de algunas de las maravillas arquitectónicas y arqueológicas que se conservan en las zonas arqueológicas de Palenque y Yaxchilán, y entre las que destacan la célebre tumba del rey K’inich Janaab Pakal.

Página web de la iniciativa del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México.

Página web de la iniciativa del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México.

El recién inaugurado espacio web nos da la oportunidad de contemplar vistas de 360º de edificios mayas existentes en Palenque, como el Templo de la Calavera, el edificio conocido como El Palacio y, muy especialmente, el Templo de las inscripciones, en cuyo interior se encuentra la tumba de Pakal. Esta última posibilidad es la más atractiva de todas, pues aunque visitemos el lugar en persona, el acceso a la tumba está restringido desde el año 2004, debido a los problemas de conservación que comenzaba a sufrir el recinto con el continuo trasiego de turistas en las últimas décadas. La cámara en la que se haya la tumba del gobernante fue descubierta en junio de 1952 por el equipo del arqueólogo Alberto Ruz Lhullier y es sin duda uno los lugares más significativos de Palenque.

Exterior del Templo de la Calavera, Palenque.

Exterior del Templo de la Calavera, Palenque.

El magnífico Templo de las Inscripciones, Palenque.

El magnífico Templo de las Inscripciones, Palenque.

La web nos permite observar al detalle la tumba del Gran Pakal.

La web nos permite observar al detalle la tumba del Gran Pakal.

En la antigua ciudad maya –habitada entre el 100 a.C. y el 900 d.C.– se encontró también la tumba de la Reina Roja, posible madre de Pakal; este hallazgo se realizó en fechas relativamente recientes, pues la tumba la descubrió en 1994 el arqueólogo Arnoldo González.

En cuanto a la visita virtual por el no menos espectacular enclave de Yaxchilán, la web nos permite descubrir las entrañas del Edificio 19 o Laberinto (construido en el siglo VIII d.C.), la llamada Gran Plaza o la zona de los edificios 39, 40 y 41, entre otros.

Vista exterior del Edificio 19 o Laberinto, en Yaxchilán.

Vista exterior del Edificio 19 o Laberinto, en Yaxchilán.

Interior de El Laberinto, Yaxchilán.

Interior de El Laberinto, Yaxchilán.

La aplicación permite hacer zoom en determinadas zonas, aunque las imágenes no cuentan siempre con una resolución  muy alta (quizá sea esta la única pega que puede ponerse a la iniciativa). En cualquier caso, se trata de una página muy completa, que ofrece información sobre los distintos edificios que se pueden visitar. Esperamos que con el tiempo vayan ampliando nuevas ubicaciones. Mientras tanto, ya puedes darte un paseo, desde la comodidad de tu casa, por algunos de los enclaves más sugerentes de la antigua civilización maya.

Fuente: Instituto Nacional de Antropología e Historia de México

Entradas relacionadas:

-El Gran Telescopio de Canarias, al detalle

-El hombre de los hielos, en alta resolución

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