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¿Más cerca de la primera base en la Luna?

Posted on 28 octubre 2009 by Redacción

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Un posible tubo de lava en la superficie lunar. Crédito: ISAS, JAXA, Junichi Haruyama.

La imagen que véis sobre estas líneas fue tomada el 20 de mayo de 2008 por la sonda japonesa Kaguya (o Selene), y en ella se aprecia una porción de la región lunar de Marius Hills. Lo más importante de todo, sin embargo, es apenas un “lunar” negro en el centro de la imagen, delimitado por una línea de puntos. En opinión de los científicos, dicho círculo negro podría ser la entrada a una caverna subterránea, una abertura en el subsuelo lunar que quizá podría servir de base permanente para una futura misión a nuestro satélite.

En opinión de Junichi Haruyama, miembro del Instituto de Ciencia Espacial y Astronáutica de Japón, esta abertura podría corresponderse con un tubo de lava, un lugar inmejorable para establecer una hipotética base: “Los tubos de lava proporcionan una protección frente al árido ambiente lunar: bombardeo de meteoritos, radiación espacial y los grandes cambios de temperatura que se producen a lo largo del día lunar”, explicó.

Los investigadores pensaban hasta ahora que los volcanes lunares estuvieron activos hasta hace tres mil millones de años, aunque algunos datos recientes obtenidos por la sonda japonesa parecen indicar que pudo haber existido actividad hasta fechas tan recientes como 2,5 millones de años. Como consecuencia de esta actividad volcánica, los científicos habían valorado la posibilidad de encontrar este tipo de tubos de lava, pero faltaba una prueba definitiva de su existencia. Una evidencia que ha llegado finalmente gracias a la fotografía tomada por la sonda Kaguya, y que abre la posibilidad a un futuro establecimiento humano permanente en la Luna.

Crédito imagen: ISAS, JAXA, Junichi Haruyama

Fuente: First Moon ‘skylight’ found – could house lunar base? (National Geographic)

Entradas relacionadas:

-Las últimas imágenes de la sonda Kaguya

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La temperatura de la Luna (Radio)

Posted on 26 septiembre 2009 by Redacción

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Fotografía de la Luna. Crédito: Wikipedia.

Un nuevo podcast de Ciencia al Cubo, el espacio de divulgación científica de Radio 5 (RNE):

Los polos de la Luna son los lugares más fríos del sistema solar, en concreto el fondo de los cráteres del polo sur, allí no llega nunca la luz del sol, reina una absoluta oscuridad y el termómetro no sube de los -240º. Estos datos han sido recogidos por la sonda LRO.

Otros podcast de Ciencia al Cubo:

-Cometa aminoácido

-Robots colibrí y las neuronas del picor

-Llega el purificador de sangre

-Gatitos manipuladores

-Predicciones médicas del pasado

-Llega el robot-medusa

-El final de la sonda Ulises

-Ponle nombre a la próxima misión espacial

-Salmonela en el espacio

-Expedición en busca de Amundsen

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Proyecto Constelación

Posted on 31 julio 2009 by Ramón Salvador Hernández

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Recreación artística del módulo lunar del Proyecto Constelación. Crédito: NASA.

Con la “resaca” por el aniversario de la llegada del hombre a la Luna todavía reciente, la NASA se afana ya en preparar su próximo hito en la aventura del espacio. La iniciativa, que fue anunciada en el año 2004 por el entonces presidente de los EE.UU., George W. Bush, fue bautizada como Proyecto Constelación y tiene como finalidad llevar de nuevo al ser humano a la Luna en el plazo aproximado de unos doce años. Sin embargo, en esta ocasión el proyecto es mucho más ambicioso, pues pretende establecer bases permanentes en nuestro satélite que permitirán dar un paso más en la exploración espacial tripulada y en la investigación astronómica y científica en general.

A diferencia del Programa Apolo, nacido del empeño norteamericano por demostrar al mundo su supremacía tecnológica en la conquista del espacio frente a su oponente soviético, los objetivos del Proyecto Constelación serán mucho más ambiciosos:

1) Supervivencia y colonización
La historia de la Tierra nos ha demostrado que vivimos en un Universo lleno de amenazas que de forma imprevisible han obligado a las especies a evolucionar y a migrar en masa de unas zonas a otras para garantizar su supervivencia. Con el futuro establecimiento de bases sobre la superficie lunar será posible comenzar a plantearnos viajes tripulados a mundos próximos como Marte o la construcción de enormes estaciones que alojarán grandes colonias fuera de la Tierra. Sin duda, las corrientes migratorias del futuro serán hacia otros planetas.

2) Interés científico
La posibilidad de instalar equipos de medida y de observación astronómica fuera de la atmósfera terrestre y lejos del alcance de la enorme contaminación de radiofrecuencias, nos permitirán dar un salto enorme en el estudio y el conocimiento del Universo.

3) Interés energético
El desproporcionado desarrollo tecnológico y sus necesidades energéticas acarrearán en pocas décadas graves e irreversibles problemas medioambientales. La necesidad de desarrollar sistemas limpios y de gran capacidad de producción energética, está llevando a los científicos a pensar que la solución estará en el desarrollo de reactores de fusión nuclear. Los primeros diseños ya han sido planteados y se espera que sean operativos en tres décadas, momento para el cual será necesario el que por el momento se piensa que es el combustible más adecuado, el Helio 3, un isótopo muy escaso en la Tierra, pero que podría hallarse en gran abundancia en la superficie lunar. Este podría ser el principal motivo de las principales potencias astronáuticas por regresar a la Luna y establecer en ella bases permanentes.

Desde su inicio en los años 70 del siglo pasado, el programa de transbordadores de la NASA ha tenido detractores que trataron de demostrar la falta de seguridad y el alto riesgo que implicaba el vuelo de los mismos, los accidentes del Columbia y del Challenger fueron el detonante que hizo pensar a la NASA en la necesidad de desarrollar un nuevo vehículo espacial de geometría más simple y que ofreciese mayor seguridad a sus tripulantes. Esta circunstancia, junto con la idea de un futuro viaje tripulado a Marte, llevo a la creación del Proyecto Constelación.

Comparación entre el antiguo Saturno V, los actuales transbordadores y los futuros cohetes Ares.

Comparación entre el antiguo Saturno V, los actuales transbordadores y los futuros cohetes Ares.

Dicho programa comprende el desarrollo de una serie de cohetes lanzadores denominados Ares (Ares I, Ares IV y Ares V) así como una cápsula tripulada llamada Orion y un vehículo para acceso a la superficie lunar. Las nuevas naves serán las encargadas de sustituir a partir de 2010 a los viejos transbordadores en sus misiones de transporte y reabastecimiento de la Estación Internacional, así como de la puesta en el espacio de sondas y satélites.

El módulo Orion, así como los cohetes Ares, son una reminiscencia en cuanto a su diseño del viejo Saturno V y de las naves Apolo con las que 40 años atrás se logró el gran sueño de la llegar a la Luna. Al parecer, los primitivos diseños planteados a comienzos de los 60 parecen ser el futuro de la astronáutica medio siglo después.

Una recreación artística del módulo Orion sobrevolando la Luna. Crédito: NASA.

Una recreación artística del módulo Orion sobrevolando la Luna. Crédito: NASA.

La “reconquista” de la Luna no sólo requerirá las nuevas naves desarrolladas por el Proyecto Constelación, sino que también precisará de una serie de misiones no tripuladas que mediante el empleo de orbitadores y pequeños robots facilitarán el conocimiento de los datos científicos necesarios para la implantación de las futuras bases permanentes con total seguridad. Estas misiones tendrán lugar entre 2009 y 2016.

Además, se está barajando la posibilidad de desarrollar y enviar maquinaria de construcción que controlada de forma remota desde la Tierra iría preparando de forma básica las infraestructuras necesarias para el establecimiento de dichas bases lunares.

Las primeras misiones lunares, LRO y LCROSS
El pasado 18 de junio se lanzaban con éxito desde Cabo Cañaveral las dos primeras misiones que ayudarán a recopilar los datos necesarios para el futuro regreso a la Luna. La sonda LRO (Lunar Reconnaissance Orbiter) con sus 1.000 kilogramos de peso, orbitará la Luna durante un año a 50 kilómetros de altitud sobre su superficie, trazando meticulosamente el mejor plano de la Luna jamás realizado.

Una de las fotografías tomadas por la sonda LRO tras su reciente lanzamiento. Crédito: NASA.

Una de las fotografías tomadas por la sonda LRO tras su reciente lanzamiento. Crédito: NASA.

La LRO será la responsable de buscar e identificar los posibles emplazamientos para las futuras zonas de alunizaje, así como de estudiar el impacto que sobre la piel humana tendrá la exposición continuada de la radiación en la Luna. Para su misión contará con siete sofisticados equipos con las siguientes tareas:

-Realizar un mapeado tridimensional de la superficie lunar con una resolución de 0,5 metros / píxel mediante el empleo de cámaras ópticas, un altímetro láser y un pequeño radar.

-Detectar y medir las partículas energéticas y de niveles de radiación peligrosas para el ser humano.

-Tomar medidas precisas de la temperatura de la superficie lunar.

-Detectar mediante la medición de la emisión de neutrones y la observación mediante espectrómetro de ultravioletas de la presencia de masa de hielo de agua en los polos.

Por su parte, el satélite LCROSS (Lunar Crater Observation and Sensing Satellite), de 890 kilos de peso, está formado por la sonda propiamente dicha –provista de los equipos de medición– y un pequeño cohete llamado Centauro.

Vídeo del lanzamiento de la sonda LRO y el módulo LCROSS.

Tras realizar un vuelo sobre la superficie lunar, la dos partes del LCROSS ejecutarán una orbita alargada tomando rumbo de colisión hacia el polo sur de la luna. Unos instantes antes del choque ambas partes se desprenderán, precipitándose en primer lugar el cohete Centauro. Esta colisión provocará la formación de una nube de polvo, hielo y materiales diversos que será objeto de estudio y análisis por los espectrómetros y cámaras con los que va equipada la sonda, que transmitirá sus datos a la Tierra antes de impactar como su compañero de viaje. La fecha del impacto está prevista para el 9 de octubre de 2009.

La nueva aventura de la reconquista de la Luna ha comenzado y, si los planes de la NASA se cumplen, a finales de la próxima década quizás seamos protagonistas de un nuevo momento histórico para la Humanidad: un primer salto hacia otros mundos.

Más información:

-Proyecto Constelación (NASA, en inglés)

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El viaje a la Luna, en Informe Semanal

Posted on 19 julio 2009 by Redacción

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El veterano programa de TVE, Informe Semanal, emitió ayer un interesante reportaje sobre el 40 aniversario de la llegada del hombre a la Luna. En él se incluye una entrevista a William Gerstenmaier, vicepresidente de NASA para viajes espaciales, quien afirma que la agencia espacial estadounidense espera volver a la luna en 2020, ya no solo para pisar su superficie, sino para instalar una base permanente y averiguar cómo se vive en el espacio. Si no tuviste la oportunidad de verlo en directo, puedes hacerlo ahora desde aquí. Disfrutadlo.

Entradas relacionadas:

-Recordando al Apolo 11

-Apolo 11: Objetivo la Luna

-Las fotos olvidadas de la misión Apolo 11

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Recordando al Apolo 11

Posted on 16 julio 2009 by Redacción

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La "salida" de la Tierra vista desde la Luna. Crédito: NASA

Se acerca el día del aniversario, y los especiales sobre la llegada del hombre a la Luna siguen apareciendo a un ritmo imparable en multitud de espacios. Ahora le ha tocado el turno a The Big Picture, la web de fotonoticias de Boston.com (de la que ya hemos hablado aquí en alguna ocasión). Bajo el título Remembering Apollo 11 (Recordando al Apolo 11), la web nos regala una generosa y abrumadora colección de fotografías de la NASA (hasta 40) relacionadas con la misión Apolo, en una línea muy similar a como lo hizo Photo of the Day, con sus Fotos olvidadas de la misión Apolo 11.

Os dejamos con una selección de algunas de ellas pero, por favor, no dejéis de visitar el fotoreportaje original, pues podréis verlas a mayor resolución, y merece la pena de verdad.

El astronauta Neil Armstrong durante la misión Gemini VIII, en marzo de 1966. Crédito: NASA

El astronauta Neil Armstrong durante la misión Gemini VIII, en marzo de 1966. Aún faltaban tres años para el gran día. Crédito: NASA

Michael Collins durante un ensayo en una réplica del módulo de mando. Crédito: NASA.

Michael Collins durante un ensayo en una réplica del módulo de mando. Crédito: NASA.

Armstrong en las instalaciones de la agencia espacial en Langley, Virginia. Crédito: NASA.

Armstrong en las instalaciones de la agencia espacial en Langley, Virginia. Crédito: NASA.

Buzz Aldrin en un posado oficial. Crédito: NASA.

Buzz Aldrin en un posado oficial. Crédito: NASA.

Una fotografía de la Tierra tomada poco después del lanzamiento. Crédito: NASA.

Una fotografía de la Tierra tomada poco después del lanzamiento. Crédito: NASA.

El astronauta Buzz Aldrin dejando su huella en la superficie lunar. Crédito: NASA.

El astronauta Buzz Aldrin dejando su huella en la superficie lunar. Crédito: NASA.

Aldrin descendiendo desde el módulo lunar. Crédito: NASA.

Aldrin descendiendo desde el módulo lunar. Crédito: NASA.

Aprovechamos para comentar que Radio Televisión Española también ha habilitado un espacio destacado en su web para rememorar aquella increíble hazaña, bajo el título Regreso a la Luna. Allí, entre otras cosas, podemos escuchar la retransmisión original del 20 de julio de 1969 o visionar varios reportajes emitidos por TVE.

ACTUALIZACIÓN: Los chicos de lainformacion.com nos avisan de que han preparado también un especial sobre el aniversario titulado 40 años en la Luna, y la verdad es que tiene muy buena pinta. Además de un trabajado y magnífico vídeo que rememora el largo camino a la Luna (podéis verlo también en Youtube), nos ofrecen la posibilidad de revisar tres gráficos en los que es posible recorrer un mapa de la superficie de nuestro satélite (incluyendo la cara oculta), ver las fotografías tomadas por Armstrong y Aldrin durante el paseo lunar o recorrer una interesante línea de tiempo con los momentos más destacados de la apasionante carrera espacial. Sin duda, muy recomendable.

Especial Lainformacion.com sobre el viaje a la Luna.

Especial de Lainformacion.com sobre el viaje a la Luna.

Fuente:

-Remembering Apollo 11 (The Big Picture)

Entradas relacionadas:

-Apolo 11: Objetivo la Luna

-Las fotos olvidadas de la misión Apolo 11

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Apolo 11: Objetivo la Luna

Posted on 30 junio 2009 by Ramón Salvador Hernández

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Puede que muchos se sorprendan, pero el calendario no engaña. Por asombroso que parezca, este mes de julio de 2009 se cumplen 40 años de la que es, sin duda, una de las mayores hazañas de la historia de la Humanidad: la llegada del hombre a la Luna. Para celebrar un aniversario tan destacado, en Planeta Sapiens hemos preparado un especial que rememora el largo camino científico que culminó con el alunizaje de la misión Apolo 11 en suelo lunar.

Julio de 1945. Con la inminente derrota del ejército nazi por parte de los aliados, y dando por finalizada la Segunda Guerra Mundial, americanos y rusos emprendieron una silenciosa y rápida lucha por apoderarse de los científicos e ingenieros alemanes artífices del desarrollo de tecnologías muy superiores a las que disponían entonces los aliados. A través de una misión secreta denominada Operación Paperclip, la inteligencia norteamericana autorizó a sus militares y espías a capturar a los científicos nazis que habían desarrollado la avanzada cohetería alemana. Los norteamericanos fueron los primeros en llegar a las instalaciones de Mittelwerk, unas siniestras e improvisadas galerías subterráneas donde el ejército nazi disponía de la mayor planta de ensamblado del famoso y letal misil supersónico V2. Un arma temible que, con algo más de tiempo, quizás habría podido dar un giro distinto a la guerra, favoreciendo al ejército de Hitler.

Los científicos de la Operación Paperclip

Los científicos de la Operación Paperclip.

Wernher Von Braun –quien fuera padre del V2 y principal artífice del desarrollo de la cohetería alemana– se entregó libremente junto a 500 de sus colaboradores, pactando la amnistía por los crímenes en los que participaron a cambio de pasar a formar parte de las filas del personal técnico del ejército de los EE.UU. Fue un acuerdo a espaldas del  pueblo estadounidense, que años después se escandalizaría al descubrir quiénes eran esos “colaboradores”. Pero pese a su oscuro pasado –llegó a formar parte de las temibles SS–, Braun, ingeniero mecánico doctorado en física, se convertiría en el verdadero artífice de los logros de la carrera espacial norteamericana.

Algunos años después, en la década de los 60, los duros tiempos de la guerra fría, EE.UU. y la URSS se batían sin piedad en un campo de batalla diferente al de la guerra: la conquista por el espacio. Las primeras batallas fueron sin duda ganadas por la Unión Soviética, tras la puesta en órbita, el 4 de octubre de 1957, del primer satélite espacial, el Sputnik y con el primer vuelo orbital tripulado por Yuri Gagarin, el 12 de abril de 1961. Ante la momentánea victoria soviética por la meta espacial, el honor americano estaba tocado, pero todo sufrió un giro con las palabras que el presidente John F. Kennedy pronunciaría en un apasionado discurso ante el pueblo americano un 25 de mayo de 1961: “Creo que esta nación debe de enfrentarse al reto, antes del final de esta década, de hacer que un hombre aterrice en la luna y de traerlo a salvo de vuelta”.

Vídeo del vuelo de Yuri Gagarin, a bordo de la nave Vostok 1.

Dicho y hecho. El reto estaba lanzado y era aparentemente irrealizable, pues debía desarrollarse la tecnología necesaria para colocar, en menos de 9 años, a un hombre sobre la superficie lunar. Pero la carrera norteamericana para la conquista de la Luna ya había comenzado tres años atrás con el programa Mercury.

LOS SIETE DEL MERCURY
El 7 de octubre de 1958, la recién creada National Aeronautics and Space Administration (NASA) anunció su programa Mercury, un ambicioso programa espacial al que le seguirían el programa Gemini y, finalmente, el programa Apolo, que culminó con el viaje tripulado a la Luna. Los objetivos del programa Mercury eran tres:

-Colocar una nave espacial tripulada en vuelo orbital alrededor de la Tierra.
-Estudiar el rendimiento humano en dichas condiciones.
-La recuperación de la nave espacial y de su tripulación en condiciones de seguridad.

La NASA constituyó un variado comité de selección formado por ingenieros, pilotos de pruebas, médicos, psicólogos y psiquiatras. Este comité entrevistó a 508 pilotos de pruebas, que fueron sometidos a un filtro de durísimas pruebas físicas, médicas y psicológicas. Tan sólo siete de ellos fueron los elegidos, a quienes la prensa del momento denominaría, de forma bastante comercial como “Los 7 magníficos del Mercury” (Alan Shephard, Gus Grissom, Gordon Cooper, Walter Schirra, Deke Slayton, John Glenn y Scott Carpenter). Aquellos hombres se convertirían en los primeros héroes del programa espacial estadounidense.

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“Los Siete del Mercury” (Crédito: NASA)

Los “siete del Mercury” tuvieron que pasar durísimos entrenamientos que pretendían desvelar ciertas incógnitas sobre el comportamiento humano en determinadas situaciones límite: la agobiante claustrofobia en el interior de la diminuta cápsula espacial, los efectos de la soledad en el sistema nervioso y en el comportamiento, así como diversos ensayos sobre el indispensable traje presurizado, las reacciones del astronauta a la atmósfera artificial de oxígeno puro a baja presión y otros muchos datos, indispensables para abrir el camino a las posteriores misiones Gemini y Apolo.

Tras un par de vuelos de preparación y ensayos tripulados por un chimpancé llamado Ham y por un maniquí que respiraba, el 5 de mayo de 1961 el comandante Alan B. Shepard se convertiría en el primer astronauta norteamericano en ganarse su título, habiendo alcanzado su cápsula una altura de 186 Km (el título se atribuye  a quien haya logrado alcanzar la cota de 80 Km). Con su Mercury 3, que posteriormente sería rebautizada como Freedom 7 y colocada sobre un misil Redstone, Shepard permanecería en vuelo durante 15 minutos y 22 segundos antes de amerizar en el Atlántico habiendo realizado un vuelo suborbital. Un tiempo relativamente corto, pero suficiente para demostrar la capacidad de tripular manualmente una astronave en ausencia de gravedad.

No sería hasta nueve meses más tarde, el 20 de febrero de 1962 cuando su compañero John Glenn, con su Mercury 6, se convirtiese en el primer estadounidense en orbitar la Tierra, repitiéndose así la hazaña de su homólogo soviético Yuri Gagarin. Al vuelo de Shepard le seguirían cinco más, tripulados por cinco de sus compañeros, al ser retirado del programa Deke Slayton, debido a una afección cardiaca. La carrera entre soviéticos y americanos por la conquista de la Luna acababa de empezar…

PROGRAMA GEMINI, “LOS GEMELOS”
El Programa Gemini, llamado así en honor a la constelación del zodiaco, fue anunciado oficialmente el 3 de enero de 1961. Para entonces el Programa Mercury se encontraba en su ecuador, pero los ingenieros de la NASA comenzaban ya a idear lo que sería la continuación y evolución de la tecnología necesaria para alcanzar nuestro satélite natural. Con una cápsula espacial más amplia, basada en el diseño del Mercury, con capacidad para dos tripulantes y una mayor maniobrabilidad, tres serían los grandes logros que proporcionarían sus doce misiones: tener capacidad vital para vuelos de hasta dos semanas, la realización de los primeros paseos extravehiculares (EVA) y la capacidad de maniobrar la nave en el espacio, con el objetivo de poder variar la órbita y de poder acoplarse con otros vehículos, lo que se denominaría como el rendez-vous espacial.

Tras las dos primeras misiones Gemini, no tripuladas, la Gemini 3 se convertiría en la primera expedición al espacio con dos tripulantes. A bordo estaban Virgil Grissom (astronauta de la Mercury 4) y John Young. Ambos demostrarían con su vuelo que gracias a los cohetes de la nueva nave el hombre nunca más tendría que estar encadenado a una órbita. A la Gemini 3 le siguió la 4, y con el mismo éxito que su predecesora marcaría otro hecho histórico. Edgard White se convertiría en el primer ser humano en pasearse por el espacio con un traje provisto de un equipo de soporte vital.
El rendez-vous, clave esencial para las posteriores misiones Apolo y absolutamente necesario para realizar el alunizaje y regreso de la Luna, se logró con la Gemini 6, tripulada por Walter Schirra y Thomas Stafford. Ambos alcanzarían en órbita a sus compañeros James Lowell y Frank Borman, de la Gemini 7, y volarían en formación durante cinco horas. A partir de entonces, ya era posible reabastecer y socorrer a una misión espacial.

La culminación final del rendez-vous, con el primer acoplamiento de dos vehiculos espaciales –maniobra conocida como docking– se produciría el 16 de marzo de 1966 gracias a Neil Armstrong y su colega David Scott, quienes atracarían su Gemini 8 al cohete Agena, lanzado previamente. La Luna estaba cada vez más cerca…

Con el programa Apolo como culminación de los anteriores Mercury y Gemini, Estados Unidos alcanzó la tecnología necesaria para poner a un hombre en orbita lunar, hacerlo descender sobre la superficie lunar y traerlo sano y salvo a la Tierra. Las misiones Apolo 7 y 9 tan sólo orbitarían la tierra y pondrían a prueba los sistemas de mando, el cohete Saturno y los módulos lunares con los que se alcanzaría la superficie del satélite. Borman, Lovell y Anders, con su Apolo 8, alcanzarían la órbita lunar y se convertirían en los primeros seres humanos que alcanzaban un nuevo mundo.

El 18 de mayo de 1969, con el Apolo 10, se consiguió el primer rendez-vous sobre órbita lunar, tras haber descendido su módulo a tan sólo 15 km de la superficie de la Luna y haber recuperado nuevamente la órbita, consiguiendo atracar exitosamente con el módulo de mando. La misión del Apolo 10 iba a ser crucial, pues debía tomar las fotos de los posibles emplazamientos para realizar el alunizaje del Apolo 11., además de probar de forma real el comportamiento del módulo lunar fuera de la gravedad terrestre. A partir de este momento, tan sólo seis misiones y doce hombres (los que formarían el club más exclusivo del mundo) lograrían alcanzar y pisar la Luna.

UN PEQUEÑO PASO PARA EL HOMBRE…
16 de julio de 1969. Sobre la plataforma de lanzamiento de Cabo Cañaveral se erguía la impresionante estampa del Saturno V, el mayor vehículo jamás construido. Von Braun, el antiguo científico nazi, se había convertido en el máximo responsable del programa espacial estadounidense y, junto a su equipo, estaban a punto de proporcionar a su país de adopción el triunfo en la carrera espacial frente a los soviéticos.

Ese mismo año, Boeing, uno de los fabricantes que participó en el diseño y construcción del Saturno V, había presentado al público su Jumbo 747, el avión comercial más famoso y más grande del mundo. El Saturno V, con sus más de 110 metros de altura, casi 11 de diámetro y 3.000 toneladas de peso (diez veces el peso de un 747), sería el encargado de sacar a la tripulación del Apolo 11 fuera de la atracción terrestre y llevarla a la Luna.

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Armstrong, Collins y Aldrin. (Crédito: NASA)

El comandante Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins se convertirían en los protagonistas del esfuerzo realizado por más de 400.000 personas y una inversión de 15.000 millones de dólares de la época, destinados a hacer realidad la aventura más inalcanzable y soñada por la Humanidad. Con una tecnología electrónica incipiente y los medios tecnológicos de hace cuatro décadas tres héroes estaban a punto de mostrar al mundo de lo que el ser humano era capaz…

A las 10:32 a.m., y con el temor de los técnicos y la ignorancia por parte de la tripulación de un posible accidente debido a un escape de hidrógeno, el Saturno V abandonó sin problemas su rampa de lanzamiento en Cabo Kennedy. El encendido y posterior eyección de las dos primeras etapas del cohete tras devorar las más de 2.000 toneladas (aproximadamente el contenido de una piscina olímpica) de combustible, propulsaron durante 10 minutos y 30 segundos  la nave, separándola de la atracción terrestre y ubicándola finalmente en una órbita de espera a 185 kilómetros de altitud y con una velocidad de 27.000 Kms/h., donde la tripulación procedería al calibrado y preparación de equipos.

Con los equipos listos y tras el correspondiente check list, los astronautas procedieron al encendido de la tercera y última etapa, proporcionando un impulso a la nave en una maniobra que se conoce con el nombre de “inyección translunar”, y que de forma progresiva la aceleraría hasta alcanzar los 45.000 Kms/h con rumbo a la Luna. Acababa de comenzar un viaje de 400.000 kilómetros  y cuatro días. Tras agotarse el combustible de la tercera de las etapas desprenderse, se procedió a una maniobra de transposición. La nave constaba de 3 módulos:

-El módulo de mando Columbia (CM Command Module), era la cápsula con forma cónica en la que los astronautas eran transportados y servía de puesto de control.
-El módulo de servicio, ensamblado al módulo de mando, albergaba los equipos eléctricos, tanques de oxígeno y sistemas de propulsión secundaria y de maniobra.
-Por último, el módulo lunar, LEM Eagle (Águila), era una nave con patas de araña, incapaces de soportar el peso en gravedad terrestre y sin ningún perfil aerodinámico, pues estaba diseñada para maniobrar en estado de ingravidez. Este sería el vehículo con el que se realizaría el alunizaje y posterior despegue desde la Luna con dos de los tres tripulantes a bordo.

El módulo lunar, LEM, se hallaba entre la tercera etapa del cohete y el módulo de servicio, protegido bajo unas planchas que conformaban un carenado cónico, las cuales serían desprendidas mediante pequeñas detonaciones. La maniobra de transposición consistía en colocar el LEM delante del módulo de mando para de esta forma quedar alineado con él y por último el módulo de servicio, que disponía del único cohete principal que posicionaría finalmente a la nave en la órbita lunar correcta y se encargaría de retornar la tripulación a la Tierra. Una vez concluida la maniobra de transposición, se procedió a desprender la tercera etapa del Saturno V. La nave “estaba suelta” y preparada para un viaje en solitario que duraría tres dias más hasta alcanzar la Luna.

Durante los siguientes tres dias, la tripulación se dedicó a la revisión de los instrumentos y a la realización de correcciones en el rumbo. Pero entre los rutinarios trabajos de comprobaciones, sucedió algo inusual: extraños sonidos y constantes interferencias se introducían en el canal VHF de comunicación con Control sin razón aparente. Además, los astronautas tuvieron la extraña visión de algo que describirían como “una imagen con forma de maleta abierta y que al tiempo cambiaría su forma para parecerse a dos anillos unidos que finalizarían en forma de cilindro”. Nunca se supo de qué se trataba, pero se especuló con la posibilidad de que fuesen los restos de la tercera etapa del Saturno V, que dos días antes habían quedado abandonados en la inmensidad del espacio.

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El Eagle alejándose del Columbia. (Crédito: NASA)

El viaje prosiguió y los dos primeros días la nave fue perdiendo velocidad de forma natural debido a la disminución de la fuerza de atracción de la Tierra. El Apolo se alejaba de casa, pero pronto se aceleraría de nuevo con la ayuda de la gravedad lunar, cuya proximidad era cada vez mayor. El Apolo se encaminaba a 9.000 kms/h hacia la Luna en una trayectoria que se conoce por el nombre de “Trayectoria de regreso libre”, y que conllevaba el paso de la nave por detrás de la Luna y el regreso a la Tierra como si de una honda se tratase, sin la más mínima utilización de motores, si nada lo impedía.

Una vez la nave hubo alcanzado la Luna, en su paso por la cara oculta y habiendo perdido toda comunicación con el control de la misión por el efecto pantalla del satélite, los tripulantes del Apolo 11 se dispusieron a frenar la nave con el encendido del motor del módulo de servicio, logrando así posicionarse sobre una órbita lunar que les serviría como plataforma de descenso y permitiría el alunizaje.

Cuando el Apolo trazó la decimotercera órbita lunar había llegado el momento adecuado. Neil Armstrong, de 38 años de edad y comandante de la misión y Buzz Aldrin, 39 años y piloto del módulo lunar, tomaron sus puestos en el LEM. En ese momento Michael Collins, piloto del módulo de mando Columbia, procedió a “desenganchar” a sus compañeros, accionó los cohetes de posición del Columbia con el fin de alejarse y dar vía libre a sus compañeros para proceder con el delicado descenso. El gran momento había llegado…

Neil inició unas repetitivas ráfagas con el motor del Eagle y el módulo comenzó a descender suavemente, alcanzando una altura de 15 kilómetros. Desde el control de la misión se concedió el visto bueno para continuar, comenzando un nuevo encendido: el Eagle desciende, Neil pasa a modo automático, y un primitivo y muy rudimentario ordenador guía a los dos hombres hacia la zona de alunizaje, prevista a seis kilómetros de altitud y veinte de distancia. Todo parece ir sobre ruedas pero, de pronto, el oficial de guiado alerta a Gene Kranz, director de vuelo: van demasiado deprisa. Neil, pasa el ordenador a modo semiautomático y se hace con el control de la nave. La zona de aterrizaje prevista había sido sobrepasada y el ordenador los había guiado hasta un gran cráter rodeado de rocas. Con el control bajo las manos de Armstrong y su compañero Buzz indicándole las lecturas de altura del radar de superficie, ambos consiguen posar suavemente la nave sin sufrir ningún desperfecto. Por fin, sanos y salvos, y al sur del Mar de la Tranquilidad, sobre la Luna. En la sala de control se hizo el silencio durante unos segundos. De pronto, un sonido atronó por los altavoces:

-Houston… Aquí Base Tranquilidad, el ‘Águila’ ha alunizado.

Todos respiraron tranquilos, pero, entre felicitaciones y abrazos, un peligro se cernía sobre ellos. Debido al fallo de la computadora, el Eagle había consumido demasiado combustible, lo que aumentaba más la incógnita de si el motor del LEM volvería a encenderse. Con la premura “de ser los primeros”, el motor no se había perfeccionado lo suficiente, así que Armstrong y Andrin sólo contarían con un 50% de posibilidades y con el combustible tan escaso no podrían hacer muchas pruebas. Si no lograban, nadie podría ir en su rescate.

Mientras, en la Tierra, millones de personas se reunían frente a los televisores. Ningún otro suceso histórico había logrado emocionar a tanta gente en el mundo. En ese momento, razas y religiones no importaban. El hombre había llegado a La Luna, y la Humanidad se sentía unida. En el Eagle, la tripulación recibió la llamada telefónica de mayor distancia jamás realizada. Al otro lado del teléfono se encontraba el presidente Richard Nixon, quien les felicitó en nombre de la Humanidad con un mensaje de paz y unidad entre todos los pueblos por la hazaña que habían realizado y que tan sólo nueve años antes John F. Kennedy había prometido convertir en realidad.

Tras cinco horas de revisiones de la nave y los preparativos necesarios para el histórico paseo lunar, los dos astronautas se dispusieron a descender. Pero un último e inesperado problema parecía a punto de truncar sus planes: la escotilla no se abría. No habían tenido en cuenta la diferencia de presión entre el interior y el exterior de la nave y la falta de presión en el interior creaba un vacío que mantenía la escotilla bloqueada. Tras quince ninutos de continuos forcejeos, Aldrin logró abrir la escotilla y dio paso a su compañero Neil Armstrong, quien haría realidad el sueño que Julio Verne plasmó cien años antes en su famosa novela De la Tierra a la Luna.

Aldrin en la superficie lunar / Crédito: NASA

Aldrin sobre la superficie lunar. (Crédito: NASA)

A las 2:56 del 21 de julio de 1969 (Hora UTC) y al sur del Mare Tranquilitatis, Neil Armstrong descendió por la escalerilla de la primera nave espacial en alunizar, convirtiéndose en el primer hombre que pisaba la Luna. Un momento histórico acompañado por unas palabras, las que pronunció al dejar su primera huella, que serían recordadas por las generaciones venideras: “Un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la Humanidad”. El segundo humano en pisar la polvorienta superficie de nuestro satélite fue Buzz Aldrin, quien con sus palabras: “Bonito… bonito… Una magnífica desolación”, trató de transmitir lo que se siente al estar allí arriba, solo. El paseo lunar se prolongó durante catorce horas, tiempo suficiente para que los dos astronautas plantaran la bandera estadounidense, recogieran 22 Kgs de rocas lunares, realizaran varios experimentos científicos y ubicaran diversos instrumentos de medición geológica sobre la Luna. Unos instrumentos que, entre otras cosas, sirven hoy para demostrar a los apoloescépticos que todo fue realidad, que el hombre sí llegó a la Luna.

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Una vez finalizados los trabajos, se dirigieron de nuevo a la nave. Michael Collins les esperaba a bordo del módulo Columbia en órbita lunar a 100 kms de altitud. Pero ocurrió un nuevo contratiempo. Al salir de la angosta nave, Armstrong se había enganchado sin saberlo a uno de los interruptores necesarios para el encendido del cohete del módulo lunar, rompiéndolo. Afortunadamente para ambos Aldrin conseguiría reparar el interruptor con un trozo de un simple bolígrafo que siempre conservaría.

Tras 13 horas en el LEM, algunas horas de sueño y una concienzuda comprobación de todos los sistemas, comunicaron a Control que estaban preparados para “encender”. A pesar de las dudas, el motor principal entró en ignición y la etapa de ascenso comenzó a elevarse, abandonando sobre la superficie lunar la etapa inferior. Siete minutos tras el despegue y alcanzada la órbita del Columbia, tendrían que esperar tres horas y media hasta realizar la aproximación. Volando en formación y con la ayuda de los cohetes estabilizadores del módulo Eagle, el comandante Armstrong logró el atraque del Eagle con el Columbia.

Tras pasar ambos tripulantes al módulo de mando junto a las muestras recogidas, el LEM fue abandonado a su suerte hasta precipitarse contra la superficie lunar. Los tres tripulantes se prepararon y el Columbia inició su maniobra de Inyección Transtierra, consistente en el encendido durante dos minutos y medio del cohete del módulo de servicio. Impulso que sería suficiente para lanzar a la nave y sus tripulantes en una trayectoria de caída a la Tierra.

Sesenta horas más tarde, el módulo de servicio se separaba del Columbia, quedando el módulo de mando a merced de la gravedad terrestre. Éste entró en nuestra atmósfera con una velocidad de 40.000 Kms/hora, frenando hasta varios cientos de kilometros/hora gracias al rozamiento y al escudo térmico que los salvaría de morir abrasados a 3.000 Cº. Las comunicaciones con control se interrumpieron durante los minutos de la reentrada, debido al apantallamiento de la cápsula por la ionización del aire que se producía por el alto rozamiento. Mientras, los equipos de rescate aguardaban impacientes una señal en el cielo. De pronto, la figura de tres grandes paracaídas sobre el cielo azul precipitaron con suavidad la cápsula espacial sobre el Pacífico.

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En aquellos instantes históricos, el mundo entero observó atónito la proeza que acababa de tener lugar: el ser humano había llegado a la Luna, regresando después sano y salvo a su hogar. Pese al éxito, en la memoria de quienes participaron en la aventura lunar quedaba el grave accidente sufrido por los tres astronautas del Apolo 1, que fallecieron a causa de un incendio. Y no mucho más tarde, otra misión, la del Apolo 13, tendría que ser abortada por culpa de la explosión de uno los depósitos de oxígeno, obligando a la tripulación a regresar a la Tierra en la que sería una de las mayores odiseas jamás televisadas y seguidas por gentes de todo el planeta. El Programa Apolo y sus viajes tripulados a la Luna acabó el 7 de diciembre de 1972, con la misión Apolo 17. Desde entonces la Luna no ha vuelto a ser visitada.

** En memoria de aquellos doce valientes que tuvieron la suerte de poder pisar la Luna y de todos aquellos que, sin haber llegado a pisarla, permitieron con su esfuerzo y sacrificio que un gran sueño de la Humanidad se hiciera realidad.

Crédito imágenes: NASA.

Entradas relacionadas: Las fotos olvidadas de la misión Apolo 11.

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Las fotos olvidadas de la misión Apolo 11

Posted on 24 junio 2009 by Redacción

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Falta menos de un mes para que, el 16 de julio próximo, se cumpla el 40 aniversario del lanzamiento de la misión Apolo 11 de la NASA, que culminó con el célebre aterrizaje sobre la superficie lunar. En numerosos medios de comunicación (tanto impresos como digitales) comienzan a aparecer especiales que rememoran uno de las mayores logros científicos de la Humanidad, y es de esperar que hasta la fecha del aniversario estos homenajes vayan en aumento. En Photo of the Day, un magnífico espacio digital dedicado a recoger fotonoticias, se hacen eco de una serie de 20 instantáneas sobre la misión. Lo especial de estas imágenes es que son tomas poco conocidas de aquellos míticos días, y que muestran momentos quizá no tan trascendentes como la salida del módulo lunar, pero que son igualmente interesantes.

En ellas pueden verse momentos tan dispares como una vista de la sala de control el día 16 de julio –minutos antes del lanzamiento–, imágenes de la multitud reunida junto al Kennedy Space Center para presenciar el histórico suceso, la reentrada de los astrounatas –que cayeron en aguas del Pacífico–, u otras instantáneas tomadas durante la cuarentena a la que fueron sometidos Armstrong, Aldrin y Collins.

A continuación os dejamos algunas de estas fotografías, recuerdo de aquella hazaña, aunque al final del post encontraréis un enlace por si queréis verlas todas en mayor resolución. Constituyen un testimonio realmente interesante.

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El Centro de Control poco antes del lanzamiento del Apolo 11

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Miles de personas se acercaron aquel día hasta el Kennedy Space Center para contemplar el lanzamiento.

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El vicepresidente Spiro Agnew y el ex-presidente Lyndon B. Johnson, observando el lanzamiento.

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Escenas de júbilo en el Centro de Control tras el éxito en el despegue.

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Tras el éxito de la misión, los astronautas del Apolo 11 cayeron en aguas del Pacífico.

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Aldrin, Armstrong y Collins llegan al portaaviones USS Hornet ataviados con trajes de aislamiento biológico.

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“Caravana” en la que fueron trasladados los astronautas –sometidos a cuarentena–, desde Pearl Harbor hasta las instalaciones de la NASA en Houston.

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Los astronautas, dentro del habitáculo de cuarentena, rezando. En el exterior, el presidente Nixon y el comandante del USS Hornet, John Pirrto.

Fuente: 20 forgotten photos from the Apollo 11 mission (Photo of the Day)

Crédito fotografías: NASA

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Las últimas imágenes de la sonda Kaguya

Posted on 21 junio 2009 by Redacción

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kaguya

El pasado 10 de junio, la sonda Kaguya (o Selene), lanzada por la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA, por sus siglas en inglés) en septiembre de 2007, impactó finalmente en la superficie lunar. El objetivo de la misión, una de las más ambiciosas en cuanto a la investigación de la Luna desde las misiones Apolo, consistía en estudiar a fondo nuestro satélite, tanto su formación y evolución, como todo lo relativo a su composición, o su campo gravitatorio. Hasta prácticamente el último segundo, la sonda continuó tomando fotografías de la Luna, unas imágenes espectaculares que acaban de ser publicadas por la JAXA, y que ofrecen una perspectiva lunar pocas veces vista.

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Como podéis ver, se trata de una secuencia realmente llamativa, en la que la Kaguya va aproximándose cada vez más a la superficie lunar, hasta que finalmente entra en un cráter, y todo se vuelve oscuro. El lugar de impacto está próximo a los 65.5° de latitud sur y 80.4º de longitud Este lunar.

Actualización: El suceso también fue captado en vídeo por una de las cámaras de Alta Definición de la Kaguya. Está disponible en youtube. Si las fotografías son increíbles, el vídeo es realmente sorprendente:

Durante los casi 20 meses que el ingenio japonés ha estado trabajando ha obtenido un suculento “botín” de datos científicos que servirán, además de para ampliar nuestros conocimientos sobre el satélite, para preparar en mejores condiciones un futuro regreso a la Luna. Algunas de las imágenes captadas por la sonda, como este vídeo que os dejamos a continuación (puede verse en Alta Definición) mostrando la Tierra vista desde la Luna, son realmente hermosas.

Las fotografías pueden verse en alta resolución aquí.

Fuente: Livescience

Más información:

Japanese probe set to crash into the Moon (New Scientist)

Fin de viaje para la sonda Kabuya (Microsiervos)

Créditos fotografías y vídeo: JAXA

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