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La disección humana más antigua de Europa

Posted on 06 marzo 2013 by Redacción

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Hasta ahora se creía que tras los estudios realizados en el siglo II de nuestra era por el médico griego Galeno –quien aprovechó su condición como cirujano de gladiadores para estudiar el funcionamiento interno del cuerpo humano– tuvieron que pasar más de mil años (concretamente hasta finales del Renacimiento) antes de que aparecieran textos sobre anatomía más evolucionados. Por esa razón, los investigadores que examinaron un fragmento de momia al que se habían aplicado técnicas de disección muy avanzadas, se llevaron una gran sorpresa cuando las pruebas determinaron que aquellos restos humanos databan del siglo XIII, un momento en el que supuestamente nadie poseía esos conocimientos.

El fragmento de momia en cuestión se corresponde con la parte de la cabeza, cuello y hombros de una persona a cuyo cadáver se seccionó hábilmente el cráneo para extraer parte del cerebro. Ademas, según Phillippe Charlier, científico forense de la Hospital Universitario Raymond Poincaré de Francia y uno de los expertos que participó en el análisis de los restos, la persona que realizó el procedimiento de disección y embalsamamiento también rellenó las venas y las arterias con una sustancia compuesta de cal, cera y cinabrio, que habría ayudado a preservar el cuerpo y a proporcionar algo color al sistema circulatorio.

Vista posterior de la momia | Crédito: Archives of Medical Science.

Según Charlier, cuando él y sus colegas vieron por primera vez aquel fragmento de momia pensaron que había sido embalsamado en algún momento de los siglos XV o XVI, pues mostraba técnicas muy avanzadas. Sin embargo, cuando se sometió a los restos a las pruebas de carbono 14 éstas no dejaron lugar a la duda: el macabro “ejemplar” tiene una antigüedad de unos 800 años, con un margen de error que lo situaría entre los años 1200 y 1280. Serían, por lo tanto, los restos humanos diseccionados más antiguos que se conocen en Europa.

“Era lo más avanzado del momento. Supongo que el autor no había hecho aquello sólo una vez, sino varias, para llegar a ser tan bueno en esto”, ha añadido Charlier, autor junto a varios colegas de un estudio en el que se dan a conocer los resultados de su investigación, y que da a conocer el número de este mes de la publicación Archives of Medical Science. La singular momia, que pertenece a un coleccionista privado, formará parte de una próxima exposición que tendrá lugar en el Museo de Historia de la Medicina de París.

Crédito imágenes: Archives of Medical Science

Visto en: Grotesque Mummy Head reveals advanced medieval science (Livescience)

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Macchu Picchu en 16 gigapixels

Posted on 20 noviembre 2012 by Redacción

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Ya os hemos hablado aquí en otras ocasiones de los gigapan o gigapixels, esas impresionantes fotografías con resoluciones muy superiores a las que consiguen las cámaras de fotos convencionales utilizando los métodos tradicionales, y que permiten a los usuarios disfrutar de paisajes, escenas u obras de arte con un nivel de detalle inimaginable hasta hace apenas unos años. En este caso, el escenario escogido para ser fotografiado con esta singular técnica es el espectacular paisaje de la antigua ciudadela inca de Machu Picchu, en Perú.

El autor de la gigantesca imagen –la toma alcanza un total de 16 gigapixels, más o menos 2.500 veces la resolución de una cámara convencional– es el fotógrafo estadounidense Jeff Cremer, quien viajó hasta el fascinante rincón peruano acompañado por Destin, de Smarter Every Day. Este último documentó buena parte del proceso en un vídeo que podéis ver bajo estas líneas (cuenta con subtítulos en español), y gracias a él podemos entender un poco más el trabajo que supuso realizar una imagen de estas características.

¿Ya habéis visto el vídeo? Pues ahora es el momento de que paséis por la web del proyecto y echéis un vistazo a las fabulosas vistas que ofrece este hermoso paraje de la cordillera central andina, con las imponentes ruinas que los incas dejaron a su paso. Una magnífica –y barata– oportunidad para conocer uno de los lugares más sugerentes de toda Sudamérica. Aunque claro, nunca será como estar allí en vivo y en directo ;-)

Fuente: Shooting the highest-resolution photo ever made of Machu Picchu (Petapixel.com)

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Ladrones de cráneos

Posted on 16 noviembre 2012 by Javier García Blanco

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Durante las primeras décadas del siglo XIX, cementerios de toda Europa sufrieron el asalto de unos peculiares ladrones: profanadores de tumbas que no buscaban tesoros u objetos de valor enterrados con sus dueños, sino únicamente los cráneos de estos, y en especial si pertenecían a genios de la música, la literatura o la filosofía…

El reloj marcaba las dos de la tarde cuando, el 30 de octubre del año 1820, los enterradores del cementerio de la iglesia de Hundsthurmer, en Viena, terminaron de exhumar los restos mortales del célebre compositor Franz Joseph Haydn, fallecido once años atrás durante la invasión de la ciudad por las tropas napoleónicas. La razón para perturbar el eterno descanso del maestro era noble, pues se quería trasladar sus restos a otro camposanto en la cercana ciudad de Eisenstadt –hogar de sus mecenas más notables, los Esterházy–, en una tumba más suntuosa, acorde con la grandeza del genio que había sido en vida.

Cuando los trabajadores abrieron el ataúd y echaron un vistazo en su interior no pudieron evitar contener el aliento. Y no sólo por el desagradable olor a podredumbre que emanaba del féretro, sino por una sorpresa mucho más inesperada: aunque el esqueleto estaba en su sitio, el lugar que debía ocupar el cráneo del compositor aparecía vacío, y en su lugar únicamente se encontraba la peluca con la que el maestro había sido enterrado. Alguien había robado la calavera de Haydn…

Tumba original de Haydn en Viena | Crédito: Wikipedia.

El robo del cráneo del genial compositor austríaco no fue, aunque hoy pueda parecernos insólito, un hecho aislado. Como en la más siniestra de las novelas góticas que tanto éxito cosecharían en aquellos años, decenas de cráneos –por lo general pertenecientes a personajes célebres– fueron sustraídos de sus tumbas aprovechando el silencio y la oscuridad de la noche, para después pasar a formar parte de las macabras colecciones de numerosos individuos a lo largo y ancho de toda Europa. Esta singular “fiebre” por los cráneos, que invadió Europa desde finales del siglo XVIII hasta mediados de la centuria siguiente no fue, sin embargo, el resultado de ningún oscuro culto o de alguna extraña sociedad secreta, sino la manifestación más tétrica de una práctica precientífica que buscaba resolver los enigmas de la mente y el comportamiento humano.

EL NACIMIENTO DE LA FRENOLOGÍA
Para entender el surgimiento y la difusión por todo el continente de este insólito hobby hay que remontarse a la Viena de 1781. En aquel año, la agitada y cosmopolita capital austríaca había recibido la llegada de un desconocido e irrelevante personaje: un joven llamado Franz Joseph Gall. Con veinticuatro años, Gall había llegado desde el pequeño pueblecito alemán de Tiefenbrum con la intención de hacer realidad su sueño: convertirse en un destacado médico. Tenía a su favor una insaciable curiosidad científica aunque, por desgracia, escasas aptitudes para el estudio.

Franz Joseph Gall, “creador” de la frenología | Crédito: Wikipedia.

El joven Gall no tardó en darse cuenta de que, pese a sus esfuerzos, la carrera de medicina se le hacía realmente difícil. Por el contrario, y para su desesperación, comprobó que algunos de sus compañeros contaban con una asombrosa facilidad para memorizar los conceptos y datos necesarios para avanzar en sus estudios. Llevado por la frustración y por su innata curiosidad, Gall pensó que debía haber alguna razón que explicara aquella cualidad. Pronto se percató de que todos estos estudiantes destacados tenían algo en común: sus ojos eran especialmente grandes. Gall pensó que aquel detalle no podía ser casual, así que se esmeró en encontrar otras semejanzas físicas en sus aventajados compañeros. Y así lo hizo, de modo que poco tiempo después el aspirante a médico había desarrollado una singular hipótesis llamada organología, según la cuál existía una clara y directa correlación entre la apariencia física –sobre todo en los rasgos de la cabeza– y las cualidades y facultades intelectuales.

Gall no tardó en elaborar una lista de planteamientos principales para su curiosa teoría. Entre ellos, destacaban especialmente los siguientes: las facultades morales e intelectuales son innatas y determinadas desde el nacimiento; el cerebro es el único habitáculo de la mente humana y, por último, la idea de que cada “habilidad” de la mente está directamente relacionada con una parte diferente del cerebro. Por otra parte, Gall había llegado a la conclusión de que el hecho de contar con un cerebro más grande suponía poseer una mayor inteligencia y, finalmente, sugirió que puesto que los huesos del cráneo eran “maleables” durante los primeros años de vida, éste manifestaba en su exterior rasgos distintivos causados por los pliegues y características del cerebro.

Llevado por esta última idea, Gall acabó convencido de que era posible determinar la personalidad y las habilidades mentales de todo individuo simplemente mediante el examen de la forma y dimensiones de su cráneo. En su opinión, existían patrones físicos que se repetían en los cráneos humanos, tanto en los de los delincuentes capaces de los crímenes más atroces como en los de los genios responsables de la música, el arte o las ideas más maravillosas creadas por el ser humano.

Detalle de un diagrama frenológico, atribuido al Dr. Joseph Spurzheim | Crédito: Wikipedia.

Como es lógico, esta premisa le llevó a obsesionarse por coleccionar el mayor número posible de cráneos humanos. Necesitaba cientos, miles de ellos… todo era poco para progresar en el desarrollo de su estudio y sus teorías. En sus escritos, Gall reconocía haber invertido toda una fortuna para reunir su impresionante colección: más de 7.000 guldens (monedas de oro) para pagar cráneos de criminales ejecutados, y otras 15.000 para costear los procedimientos destinados a limpiar las calaveras o realizar moldes de aquellos cráneos que no podía adquirir (por ejemplo los de muchos personajes ilustres) o de personas todavía vivas.

Aunque mucha gente de la época vio con disgusto y rechazo las ideas de Gall –el mismísimo Napoleón Bonaparte entre ellos, quien calificó de absurdas sus hipótesis–, lo cierto es que sus propuestas tuvieron un enorme éxito, especialmente en Viena. Tanto es así que en 1796 comenzó a impartir conferencias por todo el país, llenando las salas con un público deseoso de escuchar sus explicaciones.

Durante varios años sus charlas siguieron gozando de gran éxito, pero la propagación de sus ideas resultaba molesta para un sector en especial: la Iglesia católica. En una región eminentemente católica como Austria, algunas de las propuestas de Gall eran por completo inaceptables. Por un lado molestaba la sugerencia de que el cerebro era sólo el receptáculo de la mente –ignorando por completo al alma, pues carecía de interés para sus inquietudes–, y por otro a la jerarquía le repugnaba e indignaba el hecho de que aquel excéntrico personaje se dedicara a coleccionar cráneos humanos. Esta última razón no era una mera cuestión de escrúpulos, sino que tenía una explicación en las creencias católicas. En aquella época, muchos creyentes consideraban que los cadáveres debían conservarse intactos –no debían desmembrarse ni someterse a los estragos de la investigación médica– para que la descomposición se produjera poco a poco y de forma natural. De lo contrario la resurrección de la carne nunca tendría lugar, y el alma se condenaría por toda la eternidad.

El Dr. Spurzheim, discípulo aventajado de Franz Joseph Gall | Crédito: Wikipedia.

Estas dos cuestiones fueron las que causaron más malestar en la Iglesia Católica, que logró presionar al gobierno austríaco para que obligara a Gall a dejar de celebrar sus conferencias y difundir sus ideas, cosa que sucedió finalmente el 9 de enero de 1802. Fue aquella prohibición la que obligó a Joseph Franz Gall a abandonar Viena y establecerse en París, acompañado por su discípulo más aventajado, Johann Spurzheim. La Iglesia Católica de Viena creyó así haberse librado de aquel incómodo personaje, pero lo cierto es que consiguió todo lo contrario. Gall no sólo obtuvo un gran éxito en la capital francesa, sino que la frenología –término que popularizó su discípulo Spurzheim–, se popularizó por toda Europa, y la misma capital austríaca asistió a la aparición de numerosos practicantes y estudiosos de la nueva “ciencia”, lo que desató una auténtica oleada de robos de calaveras, como ocurrió con la de Haydn.

ALGUNOS ROBOS SONADOS
Cuando Nikolaus II, príncipe de Esterházy, tuvo noticias del robo del cráneo de Haydn, no tardó en ordenar a la policía que iniciara una profunda investigación para dar con su paradero. El jefe de policía, el conde Joseph von Sedlintzky, no tardó en poner a trabajar a su amplia red de informadores, y apenas unos días después apareció una pista. Uno de los soplones de la policía señalaba a un vecino de la ciudad, Johann Nepomuk Peter, como actual propietario del cráneo de Haydn.

Cuando las autoridades le interrogaron, Peter confirmó que durante años había tenido en su poder una calavera que supuestamente había sido del compositor, y que ésta había llegado a sus manos a través de su médico personal, ya fallecido, que conocía su interés por la frenología. Sin embargo, más tarde había abandonado tal afición, por lo que se la había regalado a su amigo Joseph Carl Rosenbaum, también interesado en las investigaciones craneoscópicas. Curiosamente, este último personaje había sido amigo cercano de Haydn, y antiguo secretario del príncipe Nikolaus II.

Ceremonia de restitución definitiva del cráneo de Haydn | Crédito: Time.

Rosenbaum entregó un cráneo a las autoridades después de que el príncipe le ofreciera dinero a cambio, pues el noble estaba ansioso por dar sepultura a los restos del compositor y acallar así las burlas de buena parte de la sociedad vienesa. El príncipe ordenó que el cráneo entregado por Rosenbaum se enterrara en la nueva y pomposa tumba de Haydn, acompañando al cuerpo del músico, y así se hizo el 4 de diciembre de 1820, apenas un mes y medio después de que se descubriera el robo de la calavera. Sin embargo, ni el príncipe ni el resto de los vieneses podían imaginar que el cráneo que se enterró aquel día no era el del genial compositor. Tanto Rosenbaum como Peter habían mentido a las autoridades, pues once años atrás habían sido ellos mismos quienes robaron la cabeza del músico para satisfacer su singular fetichismo “científico”, y ahora habían engañado al príncipe y a la policía para seguir conservando su “tesoro” frenológico. Pasarían más de cien años antes de que alguien descubriera el entuerto, y restituyera el verdadero cráneo de Haydn a su definitivo lugar de descanso.

La rocambolesca historia de Haydn no es el único caso de robo relacionado con un genio de la música. Casi cincuenta años más tarde de los sucesos protagonizados por Rosenbaum y su colega Peter, otro destacado personaje vienés, el doctor Josef Hyrtl, recibió un regalo macabro y sorprendente a partes iguales: el cráneo del virtuoso Wolfgang Amadeus Mozart. Este singular tesoro había llegado a sus manos en 1868, y sin duda debió hacer las delicias del galeno, pues Hyrtl era un destacado científico del momento, fascinado por la anatomía comparada, disciplina de la que había sido profesor en la Universidad de Praga. ¿Pero cómo había terminado aquella pieza concreta de la anatomía de Mozart en su colección?

El Dr. Joseph Hyrtl | Crédito: Wikipedia.

Al parecer, Hyrtl había recibido el cráneo como parte de la herencia que le correspondía tras la muerte de su hermano Jakob, un grabador y músico aficionado de Viena. A su vez, Jakob había conseguido la calavera de manos de Joseph Radschopf, sacristán en la iglesia de Saint Marx, en Viena. Curiosamente, había sido en este camposanto en el que Mozart había sido enterrado tras su muerte en 1791. Sin embargo, no había sido Radschopf quien había robado el cráneo, sino su antecesor en el cargo, Joseph Rothmayer.

Tras la muerte del compositor el 4 diciembre de 1791, el sacristán había sido uno de los presentes en el humilde entierro y, llevado por la intuición, decidió rodear el cuello de Mozart con un alambre antes de que los enterradores lo sepultaran en la modesta tumba común de tercera categoría. Cuando dos años después las ideas de Gall circulaban de boca en boca entre buena parte de la población vienesa, Rothmayer recordó su en apariencia irrelevante gesto y decidió excavar la sepultura en busca del músico. Gracias al alambre que había colocado en su día pudo identificar los restos fácilmente, y fue así como se llevó el cráneo como trofeo. Cuando la muerte llamó a su puerta, su secreto pasó a manos de su sucesor.

EL ENIGMA GOYA
Si los músicos austríacos fueron uno de los objetivos favoritos de los frenólogos, algo muy similar podría haber ocurrido con uno de nuestros pintores más universales, el aragonés Francisco de Goya. El célebre artista maño falleció en abril de 1828 en la localidad francesa de Burdeos, y allí fue enterrado, en un mausoleo perteneciente a su consuegro, Martín Miguel de Goicoechea, quien había fallecido tres años antes.

El lugar de descanso de Goya había caído en el olvido hasta que, en 1880, el entonces cónsul de España en Burdeos, Don Joaquín Pereyra, descubrió la tumba mientras visitaba el camposanto, en el que también estaba enterrada su esposa. Pereyra hizo partícipe de su hallazgo a las autoridades españolas, a quienes sugirió que se financiara el traslado de los restos del genio aragonés a España, de modo que recibiera una sepultura que honrara su memoria. El gobierno accedió a la sugerencia y en 1888, tras no pocos problemas, Pereyra consiguió realizar la exhumación de los restos. Sin embargo, cuando finalmente se abrió la tumba, el cónsul se llevó una sorpresa. En el interior del panteón había dos féretros, uno de zinc y otro de madera. En el primero había un esqueleto completo, pero al segundo le faltaba la cabeza.

Retrato de Francisco de Goya | Crédito: Wikipedia.

Aunque no había una certeza absoluta, todo parecía indicar que los restos sin cráneo se correspondían con los de Goya, pues aquel ataúd había sido introducido más tarde –estaba más cerca de la entrada–, lo que concordaba con la fecha de la muerte del pintor. Ante las dudas, se decidió el traslado de los dos esqueletos que, tras años de retraso, viajaron finalmente a España en 1899, siendo depositados temporalmente en una tumba construida en la antigua catedral de San Isidro, hasta que veinte años después terminaron en su actual ubicación, la ermita de San Antonio de la Florida.

Hoy los especialistas no dudan de que el esqueleto sin cráneo perteneció a Francisco de Goya, pero lo que sigue siendo un misterio es lo que ocurrió con su cabeza. Una de las teorías barajadas por los historiadores, a raíz de una hipótesis planteada por el psiquiatra francés Bernard Antoniel, es que el cráneo del aragonés acabara en manos de un aficionado a la frenología. Según Antoniel, habría sido el propio Goya quien dio permiso a su amigo Jules Laffargue –médico– para que, después de su muerte le cortara la cabeza y pudiera estudiarla según los principios de la frenología. La macabra operación habría tenido lugar en el asilo de San Juan de Burdeos, desde donde se habría enviado la cabeza a la Facultad de Medicina de París.

Aunque hasta la fecha no ha podido demostrarse esta teoría, no es una propuesta descabellada, pues en la época en la que murió Goya la frenología estaba en auge en Francia. Por otra parte, aunque Laffargue no hubiese sido el responsable, la posibilidad de un profanador de tumbas que decapitase el cadáver ya enterrado con fines frenológicos tampoco sería extraño, pues en el momento de su muerte Goya era ya un artista célebre y consagrado. Y, por tanto, su cráneo un auténtico tesoro para un ávido coleccionista de cabezas de individuos virtuosos.

ANEXO
LADRONES DE CADÁVERES
En el siglo XVIII se popularizó entre médicos y estudiantes de medicina la observación directa del funcionamiento del cuerpo humano, después de siglos en los que todavía había estado vigente la creencia en la existencia de cuatro humores que influían en la salud. Este cambio de paradigma tuvo, entre otras muchas consecuencias, la aparición de una urgente necesidad: la existencia de un abundante y constante suministro de cadáveres humanos para su estudio y disección en las facultades de medicina.

Ilustración de época mostrando a un ‘resurreccionista’ en plena faena.

Los especialistas en anatomía habían tenido hasta entonces “materia prima” suficiente con los criminales que eran sentenciados a pena de muerte y que nadie reclamaba, pero cuando se extendió la costumbre de estudiar los cuerpos en las facultades, esta fuente de suministro resultó pronto muy escasa. Fue así como médicos y universidades no dudaron en reclamar los servicios de auténticos ladrones de tumbas, a quienes pagaban para que profanaran las sepulturas amparándose en la oscuridad de la noche. Estos profesionales de la muerte terminaron siendo conocidos como resurreccionistas, como consecuencia de su peculiar actividad.

Esta desagradable práctica, ilegal en la práctica totalidad de los países occidentales, era considerada como un mal menor por los médicos, que no veían otra forma de avanzar en sus conocimientos científicos, y llegó a hacerse tan popular que fueron numerosas las obras literarias que retrataron tales actividades, como ocurre con El ladrón de cadáveres, de Robert Louis Stevenson. Aunque pueda parecer increíble, el robo de cadáveres para su uso en universidades fue común hasta fechas tan tardías como finales del siglo XIX.

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El reino de los muertos

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El reino de los muertos

Posted on 01 septiembre 2011 by Redacción

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Insólita, fascinante –y macabra a más no poder– la singular galería fotográfica que han reunido los responsables del sitio de noticias Avaxnews, en la que hacen un repaso a algunos de los lugares más curiosos del planeta relacionados con el mundo de los muertos. Hay imágenes de las catacumbas de París –que muchas veces pasan desapercibidas para los turistas–, de los cadáveres momificados de forma espontánea y natural en el panteón ubicado en la cima del monte Cerro del Trozado (México), de los insólitos restos humanos “petrificados” de la capilla Sansevero (Nápoles) y algunas curiosidades más. Además todas las fotos están en blanco y negro, lo que le añade un toque aún más macabro, si cabe. Imprescindible echarle un vistazo, excepto miedosos, claro :-) Os dejamos aquí una pequeña muestra, podéis encontrar la galería completa en este enlace.

Cuerpo ‘petrificado’ en la Capilla Sansevero (Nápoles) | Crédito: Evans – Three Lions Gate.

El actor Alec Guiness, durante un rodaje en las catacumbas de París | Crédito: Vagn Hansen.

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Efectos de un tornado vistos desde el espacio

Posted on 10 junio 2011 by Redacción

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El pasado 1 de junio, un devastadora supercélula –una gran tormenta en rotación– se desarrolló en la región Oeste del Estado de Massachusetts (EE.UU.). Como consecuencia de dicha tormenta se generó un fuerte tornado de clase EF3 que causó una gran destrucción a su paso. Un satélite de la NASA ha captado una imagen de la zona después de la tormenta, y en ella se aprecia el alargado rastro –más de 60 kilómetros– que dejó a su paso el temible tornado. Podéis ver la foto en alta resolución haciendo click sobre la imagen.

Fuente: Photo captured from space shows destructiveness of tornado (Peta Pixel)

Más información sobre este tornado: Tornado track near Sturbridge, Massachusetts. (NASA – Earth Observatory)

Crédito foto: NASA.

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La tienda más pequeña de Londres

Posted on 01 marzo 2011 by Redacción

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Mientras revisábamos un libro de fotografías antiguas nos hemos topado con esta curiosa imagen tomada en Londres a comienzos de siglo XX. A primera vista parece la simple fachada de un negocio de ultramarinos, pero tras unos instantes algo capta nuestra atención: un personaje se asoma y mira al espectador desde un ventanuco, junto a una hilera de zapatos.

El caballero en cuestión es, efectivamente, un zapatero, y ejercía en aquellos años su profesión en este diminuto local de la calle Bateman, en el Soho londinense. Al parecer, el pequeño negocio tenía las siguientes dimensiones: 2 metros de anchura, 1,6 metros de alto y 60 centímetros de profundidad. Si os parecen unas condiciones de trabajo poco cómodas, imaginad lo que supuso para este esforzado trabajador de principios de siglo XX, pues desarrolló su labor durante nada más y nada menos que veinte años. Sin duda, la tienda más pequeña –e incómoda– de todo Londres…

Crédito imagen: Hulton Archive.

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El poder del Sol

Posted on 28 febrero 2011 by Redacción

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Seguramente, hace unos días tuvísteis la ocasión de ver unas imágenes difundidas por la NASA sobre una potente erupción solar registrada el pasado 14 de febrero, y las posteriores fotografías de auroras boreales registradas por numerosos fotógrafos desde la Tierra. Ahora, la agencia espacial estadounidense, y más concretamente el Observatorio de Dinámicas Solares, ha dado a conocer un espectacular –la palabra se queda corta– vídeo de otra gigantesca llamarada solar registrada, en esta ocasión, el 24 de febrero.

Tal y como explican en New Scientist TV, donde hemos visto las imágenes, el vídeo apenas dura unos segundos, pero lo que se muestra en él corresponde a una versión “acelerada”, pues se prolongó realmente durante noventa minutos. En New Scientist también explican que, a pesar de lo espectacular de la grabación, esta no es la llamarada más grande que se ha podido filmar, y afortunadamente tampoco causó problemas en las comunicaciones terrestres de radio o satélite. A continuación os dejamos con el vídeo.

Vídeo: NASA

Fuente:

-Monster solar eruption captured on camera (New Scientist TV)

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Un gigantesco iceberg se separa tras el terremoto de Nueva Zelanda

Posted on 24 febrero 2011 by Redacción

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El reciente y devastador terremoto sufrido en Nueva Zelanda –se han confirmado hasta el momento 98 muertos y hay cientos de desaparecidos– ha tenido también otras consecuencias inesperadas. Poco después de que la tierra temblara el pasado día 22, un gigantesco iceberg –se calcula que podría pesar entre 33 y 39 millones de toneladas– se separó del Glaciar Tasman, en el Parque Nacional del Monte Cook, creando olas de más de tres metros de altura durante treinta minutos, llegando a alcanzar a dos barcos turísticos que estaban en el lago del Parque Nacional en ese momento.

Según Richard McNamara, director de la región natural, explicó a la prensa que el iceberg tenía una longitud de un kilómetro, aunque en estos momentos se ha fragmentado en bloques de hielo más pequeños, de unos 200 metros de longitud, alcanzando algunos de ellos hasta 50 metros de altura. Aunque no es la primera vez que grandes icebergs se desprenden del glaciar y acaban en las aguas del lago, cuando el pasado mes de septiembre se registró otro terremoto de magnitud 7 no ocurrió nada similar.

Fuente:

-Massive Iceberg splits following New Zealand Quake (Discovery News)

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Una subasta para fans de la carrera espacial

Posted on 22 febrero 2011 by Redacción

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¿Cómo andas de ahorrillos? ¿Bien? Si la respuesta a estas preguntas es positiva y eres un fanático de la carrera espacial, entonces estás de enhorabuena. El próximo 5 de mayo, la casa de subastas Bonhams celebrará en Nueva York un acto para conmemorar el 50 aniversario de la histórica misión del astronauta Alan Shepard –la Freedom 7–, la cuál le convirtió en el primer estadounidense en el espacio. La subasta ha sido bautizada con el nombre de Space History Sale (Venta Historia del Espacio), y durante la misma los más afortunados –y acaudalados– podrán llevarse a casa algunas piezas históricas de la aventura espacial.

Entre los objetos a subasta se encuentran varios trajes espaciales, un Sokol K que perteneció al cosmonauta Alexei Leonov –comandante de la Soyuz 19– en 1975 o un Sokol KV-2 (en la foto de apertura), con el que llevó a cabo sus tareas el también ruso Gennadi Strekalov en una misión a la Estación Espacial MIR. El primero de los trajes tiene un precio de salida de entre 100.000 y 150.000 dólares (73.000-110.00 euros), mientras el segundo arranca en unos 60.000-80.000 dólares (44.000-59.000 euros). Una ganga :-)

Otra de las piezas estrella es una cámara Maurer 16mm utilizada en la misión Apollo 14 para filmar desde la ventana del módulo lunar, y que forma parte de la colección particular del astronauta Edgar Mitchell. El precio de salida es también de unos 60.000-80.000 dólares. Para los menos pudientes, existe la posibilidad de pujar por un dispensador de pañuelos que fue empleado también durante la misión Apollo 14. La puja comenzará en unos 6.000-8.000 dólares (4.400-5.900 euros).

Fuente:

-Bonhams blasts off with historic Apollo 14 artifacts and russian spacesuits sale

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Una casa convertida en ‘cápsula del tiempo’

Posted on 20 enero 2011 by Redacción

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Todos hemos visto alguna vez, especialmente en alguna película, lo que se conoce popularmente como “cápsulas del tiempo”, recipientes de variado tamaño en el que gentes de una época introducen distintos objetos que fueron importantes para ellos y que, de algún modo, reflejan cómo vivían y cómo era el tiempo en les tocó en suerte vivir.

Hace apenas unos días, una localidad del centro de Francia, Moulins, ha acaparado la atención de la prensa internacional porque, después de más de cien años, una de estas “cápsulas” ha sido abierta para disfrute de todos. Lo singular en este caso es que la cápsula en cuestión es un poco fuera de lo común, pues se trata ni más ni menos que de una mansión entera, que permanecía cerrada desde 1905. La insólita iniciativa partió de monsieur Louis Mantin, un adinerado y culto vecino de la ciudad que gustaba de coleccionar piezas arqueológicas, objetos y parafernalia de carácter masónico, multitud de aves y los más variados objetos que podamos imaginar, y que formaban parte de la vida de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Nacido en 1851, Mantin ejerció durante su vida como funcionario, pero gracias a una herencia bastante notable decidió construir una notable mansión dedicada a las ciencias y las artes en el centro de Moulins.

Monsieur Louis Mantin, propietario de la casa-cápsula del tiempo. © BBC News.

El solar donde construyó la vivienda en cuestión, que más tarde se convertiría en “cápsula del tiempo”, había pertenecido en su día a los Duques de Borbón, herederos de las casas reales de España y Francia. Para decorarla según su intención de convertirla en “museo” del conocimiento humano, Mantin encargó grabados y esculturas en madera, y comenzó a coleccionar piezas arqueológicas egipcias, de época neolítica u objetos de la Edad Media. Con la intención de conservar aquel particular patrimonio, y sabiendo que no le quedaban muchos años de vida, Mantin decidió dejar en propiedad la casa a las autoridades de Moulins, con la condición de que fuese abierta como museo, y así pudiese servir de ejemplo de “cómo era la vida de un culto caballero de su época”.

Piezas egipcias conservadas en la casa de Louis Mantin. © BBC News.

Esculturas asiáticas y piezas de la época, conservadas en la mansión. © BBC News.

Aunque aquella era la única condición estipulada en su testamento, entre los habitantes de la localidad se extendió el rumor de que Mantin había estipulado claramente que la mansión debía permanecer cerrada durante cien años, y sólo después de este tiempo podría ser abierta de nuevo. Ahora, pasado ese siglo, una descendiente de Mantin, Isabell de Chavagnac, instó a las autoridades a que invirtieran el dinero necesario (en este caso han sido tres millones y medio de euros) para que la última voluntad de su antepasado se hiciera realidad. Y así ha sido. Desde finales del año 2010, la vivienda y su curiosa colección de objetos decimonónicos pueden ser contemplados y disfrutados por todos. En compensación, Louis Mantin consiguió su objetivo: alcanzar la inmortalidad que tanto anhelaba.

En esta dirección podéis ver un vídeo (en inglés) en el que se muestran partes de la casa y algunos de los objetos allí conservados.

Fuente:

-The french house untouched for 100 years (BBC News)

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