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Novena Hispana, la Legión “perdida”

Posted on 24 marzo 2011 by Javier García Blanco

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En 1954, la novelista británica Rosemary Sutcliff publicó el libro El águila de la Novena, una novela histórica ambientada en las islas británicas durante la ocupación romana. El libro se convirtió rápidamente en un best-seller (iniciando una saga de títulos) y populizarió la historia de un joven oficial romano, Marcus Aquila, quien había viajado hasta Britania para averiguar el paradero de su padre, un veterano desaparecido con la Legio IX Hispana. El relato de Sutcliff era pura ficción, pero se apoyaba en un hecho que había intrigado a los especialistas en la historia del Imperio Romano durante décadas: la aparente y extraña desaparición de la Novena Legión Hispana a comienzos del siglo II de nuestra era.

Efectivamente, la última referencia fiable a esta legión data de los años 108-109 d.C., fecha de una inscripción en la que se menciona a la Novena como parte de los efectivos que están construyendo una fortaleza en la ciudad de Eboracum (actual York). Después, el silencio más absoluto. De hecho, una inscripción de época del emperador Marco Aurelio (161-180 d.C.), en la que se hace un listado de las distintas legiones en activo, no menciona en absoluto a la valerosa Novena. Esta falta de noticias sobre una de las legiones más importantes de Roma (fue fundada en Hispania por Pompeyo a mediados del siglo I a.C., y participó en la Guerra de las Galias y en la invasión de Britania) alimentó pronto diversas hipótesis. Para algunos autores, lo más probable es que las tropas de la Novena fueran masacradas en alguna batalla contra los peligrosos pictos del norte, quienes habían desarrollado una peligrosa lucha de guerrillas que traía de cabeza a las fuerzas romanas invasoras.

Mapa del Imperio Romano en tiempos del emperador Adriano. Crédito: Wikipedia.

Esta posibilidad parecía verse reforzada por los textos del escritor romano Frontón, quien reflejó por escrito las dificultades que sufrieron las tropas romanas ante las tribus autóctonas. De hecho, Frontón señala que en época del emperador Adriano (117-138), un gran número de soldados perdió la vida frente a las tribus britonas. Esta habría sido la razón de que el propio emperador visitara personalmente las islas en el año 122, y que llevara consigo a una legión, la VI Victrix. El hecho de que las tropas de esta última se alojaran en la fortaleza de Eboracum –la misma que había sido construida por los hombres de la Novena–, demostraría para algunos autores que la “legión perdida” había sido aniquilada en algún momento. Esta humillante derrota habría motivado, por otra parte, la construcción del célebre muro de Adriano, que retrasaba las líneas de ocupación romanas hacia el Sur.

Con estas “evidencias”, la hipótesis de la Legión Novena Hispana borrada del mapa por tribus indígenas, posiblemente por los pictos, aumentó en popularidad, y más aún con el éxito de la novela de Sutcliff. En la década de los años 70 del siglo pasado, sin embargo, nuevos hallazgos y estudios parecían desterrar aquella idea, convirtiéndola en una mera leyenda. Los arqueólogos descubrieron en Noviomagus (actual Holanda), varias inscripciones en las que se mencionaba a distintos altos mandos de la Novena que no habían estado activos antes del año 122 d.C. Aquel detalle planteó la posibilidad de que la legión no hubiera sucumbido en un enfrentamiento desatado en Britania, sino que sus fuerzas fueron transferidas, primero a centroeuropa, y más tarde a Oriente Próximo. En este último destino habría sido aniquilada, esta vez sí, en algún enfrentamiento, quizán durante la revuelta de Simón Bar Kojba en Judea (132-136 d.C.), o en Capadocia, hacia el 161 d.C. En cualquier caso, tampoco tenemos evidencias históricas que permitan apuntar en una u otra dirección.

Fotograma de la película La legión del Águila. Crédito: Matt Nettheim.

En nuestros días, la desaparición de la Novena en Britania parecía haber alcanzado el status de leyenda entre los historiadores, aunque no por ello ha dejado de cautivar al público general. De hecho, en los últimos años han sido varias las obras de ficción, tanto en la literatura como en el cine, que han continuado la visión planteada por Sutcliff, aunque variando el argumento y cosechando un éxito desigual. En 1999, otra novelista, Susanna Kearsley, publicó The shadowy horses, donde presentaba a un arqueólogo que descubre los restos de un fuerte donde pudieron haberse refugiado los hombres de la legión. Más conocida es la obra de Valerio Massimo Manfredi, La última legión, vagamente inspirada en la historia que nos interesa, y donde se entremezcla un relato sobre la legendaria tropa romana con el origen del mito del rey Arturo. En el año 2010 otra novela histórica, El final de la Novena, de Stephen Lorne Bennett, presentaba a los legionarios de la Hispana sucumbiendo ante las fuerzas partas del general Cosroes, en el año 161 d.C. Ese mismo año, el director de cine británico Neil Marshall (The Descent, Dog Soldiers) estrenaba la cinta Centurión, plasmando de nuevo la historia de la “legión perdida” siendo derrotada ante los pictos, en este caso durante una emboscada.

La última adaptación cinematográfica se estrena precisamente mañana en el Reino Unido –el 8 de abril en España–, bajo el título The Eagle (La legión del águila), un film dirigido por Kevin Macdonald que se basa directamente en la exitosa novela de Sutcliff que tanto hizo por popularizar la leyenda sobre la Novena. Ahora, coincidiendo con el estreno de esta película, un historiador británico, el arqueólogo Miles Russell, de la Universidad de Bournemouth (Reino Unido), ha publicado un artículo en la BBC en el que plantea que, después de todo, la historia de la Novena siendo vencida en tierras británicas podría ser algo más que una leyenda.

Para Russell, las inscripciones descubiertas en Holanda que mencionan a oficiales de la Novena habrían sido mal datadas, procediendo en realidad de una fecha cercana al 80 d.C. Por tanto, habrían sido realizadas en un momento en el que parte de la legión había sido transferida para luchar contra las tribus germánicas en el Rhin, y no a comienzos del siglo II. Además, el arqueólogo británico vuelve a destacar el hecho de que una legión, la VI Victrix, acompañara a Adriano en su viaje a Britania, lo que indicaría que acudían a sustituir a las tropas masacradas de la Novena Hispana.

Pese a las recientes declaraciones de Russell, parece que la opinión general entre los historiadores sigue apoyando la idea de que la “legión perdida” sobrevivio a los ataques de los antiguos británicos, sucumbiendo más tarde, quizá en Oriente Próximo. Por el momento, y mientras no aparezcan nuevas evidencias arqueológicas, parece que la cuestión seguirá siendo objeto de polémica.

Más información, vídeos y fotos sobre la película La legión del águila, en su página oficial (inglés).

* Actualización: Ya están disponibles las ediciones en DVD y Bluray de la película:

Entradas relacionadas:

-Gladiadores, sangre y muerte en la arena

-Los Idus de marzo

-El audaz escuadrón de Salduie

-La caída del Imperio Romano

-Asesinato en la antigua Britania

-Hallan un altar mistérico en un fuerte romano

-¿Localizado el ejército de Cambises?

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Los idus de marzo (Libros)

Posted on 19 octubre 2010 by Alberto de Frutos

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Valerio Massimo Manfredi (1943) es un hábil autor especializado en novela histórica. Sus mayores éxitos hasta la fecha han sido la saga Alexandros y El ejército perdido. El año pasado volvió a la carga con una entretenida reconstrucción que aborda la muerte de Julio César en los idus de marzo de 44 a.C. La novela se inicia precisamente el 7 de marzo de ese año y concluye con el asesinato del estadista y pontífice máximo, el 15 del mismo mes.

A lo largo de 300 páginas, Manfredi exhibe su dominio de la época –es licenciado en letras clásicas y especialista en topografía del mundo antiguo–; aunque a veces sobren algunos pormenores documentales que por un lado aportan verosimilitud, pero por otro ralentizan innecesariamente la acción.

No obstante, la lectura es bastante amena. La conjura que acabó con la vida de César sigue presentando muchos puntos de sombra, que Manfredi explota adecuadamente mediante una astuta trama de intriga. De hecho, Los idus de marzo comparte algunos rasgos con la novela policíaca de toda la vida, tal como se aprecia en los finales de los capítulos, que obligan a seguir leyendo para resolver el misterio planteado.

No cabe esperar aquí una profunda introspección psicológica en los personajes, pero el retrato que el autor hace de César, de su médico Antistio, de Cicerón, Cleopatra, Servilia o Silio (este inventado) es siempre eficaz; pues, a pesar de estar sometidos a los vaivenes de la acción, no dejamos de reconocer las motivaciones que los impulsan.

Manfredi ha apostado en su última novela por un tema de sobra conocido, y tratado ya por genios de la talla de Shakespeare, Voltaire o, más recientemente, por Thornton Wilder. El lector agradece la humildad del italiano cuando, en la nota final, confiesa que “abordar un momento histórico semejante con una obra de narrativa puede parecer simplista y ciertamente en parte lo es”.

Estos idus de marzo no tratan, pues, de enmendar la plana a otras obras que, con mayor fortuna, se han aproximado al asesinato de César. Manfredi ha incidido aquí en la visión del pacificador que, en su empeño por restaurar la paz en Roma, incomodó a unos enemigos muy poderosos que vieron en sus reformas el deseo de recortar las libertades civiles.

Ingenioso y bien construido, con capítulos cortos y casi cinematográficos, este libro de Manfredi interesará a los amantes de la novela histórica en general y de Roma en particular.

Disponible en versión impresa y digital:

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Curiosidades del mundo antiguo (Libro)

Posted on 05 julio 2010 by Alberto de Frutos

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El mundo de la Antigüedad ha representado y representa un foco de interés para sabios y curiosos, doctos y legos, ya sea por la influencia del péplum y series de televisión como Yo, Claudio o Roma, o por la fascinación por los orígenes de nuestro mundo moderno. Éste último es el leitmotiv de esta obra, presentada el pasado mes de mayo en el sello Medea Ediciones.

El trabajo, Curiosidades del Mundo Antiguo, es una obra de divulgación histórica centrada en las civilizaciones clásicas: Grecia y Roma, y escrita con rigor pero sin perder la amenidad. La intención es llegar a la mayor cantidad de público posible para que conozca diferentes aspectos de estas civilizaciones que han dado forma a Europa. Cada una cuenta con su parte propia, comenzando por Grecia o el Mundo Griego –como su propio autor, Ignacio Monzón, explica–, que, a través de doce capítulos tales como el tema de la mujer, el ejército, el significado del arte o el origen de la democracia, nos queda más cercana en muchas de sus facetas. Lo mismo sucede con la segunda parte relativa a Roma, con trece apartados que van desde lo específico y particular como las crisis económicas de la Urbs a temas más generales como el carácter del sacerdocio romano.

Existe un mal en el mercado español que lo aqueja de una falta de variedad en cuanto a trabajos de esta índole. La intención del autor, colaborador de Historia de Iberia Vieja, de La Rosa de los Vientos –en la sección que da nombre al libro– y del diario digital El Reservado, es ofrecer al gran público la posibilidad de acercarse al mundo de la Historia de forma amena, con un lenguaje claro pero sin perder rigor científico. Cada capítulo incluye fragmentos de textos clásicos y múltiples referencias de autores antiguos para ilustrar las exposiciones.

Curiosidades del Mundo Antiguo
Ignacio Monzón Acosta
Medea Ediciones. Salamanca (2010).
224 páginas. 19,95 euros.
http://www.medeaediciones.com/

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El audaz Escuadrón de Salduie

Posted on 30 junio 2010 by Redacción

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Los nutridos fondos de los Museos Capitolinos, en Roma, cuentan en su haber con una pequeña pieza de bronce, cubierta con una larga inscripción en caracteres latinos. La pieza en cuestión, descubierta en la ciudad en 1908 y conocida como Bronce de Ascoli, es pequeña en tamaño pero con un contenido de una gran importancia para la historia de Hispania, y más en concreto de la pequeña población que, con los siglos, terminaría convirtiéndose en Zaragoza.

En sus apretadas líneas quedó registrada la concesión, por orden del cónsul romano Gneo Pompeyo Estrabón, de la ciudadanía romana a treinta guerreros iberos, pertenecientes a la Turma Salluitana (Escuadrón de Salduie), por su valor durante la batalla de Asculum (actual Áscoli), el 17 de noviembre del año 89 a.C., uno de los episodios de la llamada Bellum Sociale (Guerra Social o de los Aliados): “Gneo Pompeyo, hijo de Sexto, imperator, según del Consejo y en virtud de la ley Julia, proclamó ciudadanos romanos a los jinetes hispanos a causa de su valor…”.

De los treinta guerreros condecorados, al menos cuatro eran originarios de la ciudad-estado ibera de Salduie (el asentamiento que algunas décadas después terminaría convirtiéndose en la Caesaraugusta romana). Sus nombres: Sanibelser, hijo de Adingibas; Ilurtibas, hijo de Bilustibas; Estopeles, hijo de Ordenes; Torsino, hijo de Austinco. Los restantes veintiséis estaban formados por un bagarense, cuatro […]icenses (nombre ilegible de la ciudad), un begense, nueve segienses, tres ennegenses, dos libenses, dos suconsenses y un iluersense.

Junto a la importantísima concesión de la ciudadanía romana, el bronce menciona también otras recompensas concedidas a los guerreros hispanos. A saber: cornículos (ornamento oficial que se colocaba en los casc0s), patelas (bandejas con el nombre de los soldados), torques (collares), armillas (brazaletes), faleras (placas metálicas para adornar los caballos) y doble ración de grano.

Además de dejar constancia del valor de aquellos jóvenes salluitanos (con seguridad miembros de familias de importancia), el Bronce de Áscoli constituye, junto a diversas piezas numismáticas, una de las primeras evidencias que mencionan el nombre más antiguo que se conoce de Zaragoza.

BIBLIOGRAFÍA:

-FATÁS CABEZA, Guillermo y BELTRÁN LLORIS, Miguel. Salduie, ciudad ibérica. Ed. Ayuntamiento de Zaragoza / CAI. Zaragoza, 1997.

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Un misterio arqueológico con forma de ataúd

Posted on 30 marzo 2010 by Redacción

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Un equipo de arqueólogos de la Universidad de Michigan que trabaja actualmente en el yacimiento de la antigua ciudad romana de Gabii, a unos 18 kilómetros al Este de Roma, acaba de dar a conocer el hallazgo de un misterioso ataúd de plomo con más de 1.500 años de antigüedad. Al parecer, el peculiar descubrimiento tuvo lugar en el año 2009 –cuando comenzaron los trabajos de excavación–, pero ha sido ahora cuando se han sacado a la luz los detalles del hallazgo.

La pieza de plomo, que pesa unos 360 kilogramos, supone un irritante acertijo para los arqueólogos por diversos motivos. En primer lugar, no era muy habitual que los antiguos romanos empleasen ataúdes para sus enterramientos y, cuando lo hacían, éstos solían ser de madera. De hecho, según ha explicado Nicola Terrenato, uno de los miembros del equipo, sólo se conocen unos pocos ejemplos de este tipo, y siempre en otras regiones. Por otra parte, este tipo de ataúdes suelen tener una forma rectangular, mientras éste consiste en una gruesa lámina de plomo plegada hacia adentro. El material empleado supone, precisamente, uno de los mayores inconvenientes para los investigadores, pues imposibilita el uso de rayos X y cierto tipo de escáner para averiguar qué contiene en su interior, sin que el ataúd resulte dañado.

“Es excitante y al mismo tiempo frustrante, porque no se conocen otros ejemplos similares”, explicó Jeffrey Becker, director del proyecto de la Universidad de Michigan, financiado por la Sociedad National Geographic. Para solventar este problema, los arqueólogos esperan utilizar endoscopias (cámaras de pequeño tamaño) y técnicas de termografía. Si estos intentos fracasaran, intentarían someter al ataúd a una resonancia magnética.

Lo que parece claro, a juzgar por el material empleado y su cantidad (el plomo era un metal muy valioso en la época) es que el ataúd podría contener los restos de una persona muy importante. En este sentido, los otros enterramientos de plomo encontrados en otros lugares podrían ofrecer pistas muy jugosas sobre el “dueño” del ataúd: en dichos casos, los cadáveres se correspondían con miembros de la jerarquía eclesiástica, destacados militares romanos e incluso alguna mujer gladiadora. Esta última posibilidad, sin embargo, parece poco probable en opinión de Bruce Hitchner, profesor de arqueología clásica en la Universidad de Oxford, pues por el sarcófago data de los siglos IV o V d.C., cuando las luchas de gladiadores ya no estaban en auge. En un caso u otro, habrá que esperar a nuevos estudios para resolver este intrigante misterio.

© Fotografía: Jeffrey Becker / University of Michigan

Fuentes:

-An archaeological mystery in a half-ton lead coffin (Eurekalert!)

-Lead ‘burrito’ sarcophagus found near Rome (National Geographic News)

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Gladiadores: sangre y muerte en la arena

Posted on 01 marzo 2010 by Javier Ramos

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Unos amagan las estacadas reglamentarias, otros lanzan sus redes y los menos clavan los tridentes en el aire durante el calentamiento. Son conscientes de que se van a jugar la vida de un momento a otro sobre la arena del anfiteatro. La lucha fratricida que en breve va a enfrentar a dos o más gladiadores romanos va a desembocar en un cruel derramamiento de sangre que abocará al público al borde del éxtasis.

Antes de sonar las trompetas que darán inicio al combate, los contendientes desfilan en formación militar ante el emperador y claman al unísono: ¡Ave Caesar, moritori te salutant! La gloria sólo reservará espacio a unos pocos elegidos que tratarán de borrar un pasado indigno como esclavos, prisioneros de guerra, condenados a muerte o simples malhechores. También hubo hombres libres que se dedicaron voluntariamente a un oficio considerado indecoroso. El carisma y la popularidad de los gladiadores fueron tales que emperadores de la talla de Calígula, Nerón o Cómodo intentaron imitar sus destrezas con la espada. Julio César, por su parte, los utilizó como esclavos. “El hombre se alimentaba de la sangre del hombre” lamentó Séneca, el único intelectual que detestaba este tipo de espectáculo.

Los gladiadores se enfrentaban casi siempre por parejas, aunque en ocasiones combatían en grupos. Según el tipo de armamento que llevaban se imponía una técnica de lucha distinta. Existían los samnitas, que portaban yelmo cerrado, escudo, manga acolchada y espada corta, los retiari (armados con red y tridente), oplomachi (casco con visera, escudo y coraza), tracios, con pequeño escudo circular y sable curvo, mirmillones (casco en forma de pez, escudo rectangular y espada), provocator (escudo redondo y lanza), los équites que luchaban a caballo, essedari que combatían sobre un carro de guerra o los andabates, que lo hacían a ciegas y con una cota de malla. El emparejamiento de un tipo de gladiador contra otro no era caprichoso, sino que obedecía a un estudiado cálculo sobre las ventajas e inconvenientes de cada adversario para convertir la lucha en un espectáculo equilibrado y duradero.

Mosaico romano con escena de gladiadores. Crédito: Wikipedia.

EL SADISMO DEL PÚBLICO
La suerte suprema, la de morir dignamente, debía ser memorablemente ejecutada por el gladiador vencido. Los espectadores que pensaban que, pese a caer derrotado, había luchado bien sacaban señuelos y, con el pulgar hacia abajo (al contrario de lo que se cree), pedían al emperador su indulto. Pero si estaban descontentos exigían la muerte del gladiador llevándose el pulgar al cuello. Si la decisión era la muerte, el público esperaba que el luchador la afrontase con dignidad y valor. Para muchos espectadores, éste era el momento más importante del combate.

El sadismo, en lugar de ser algo fortuito, se convirtió en algo habitual. El emperador Claudio solía ordenar que se les retirasen el casco a los gladiadores heridos para poder apreciar la expresión de sus rostros cuando les cortaban el cuello. Un gladiador desconocido podía ser perdonado si pedía clemencia después de un buen combate. Pero la multitud no ayudaba a un favorito que fuera derribado por la espada de un desconocido, sobre todo si había apostado por su victoria. Enseguida, unos diligentes servidores disfrazados de Caronte o Hermes se aproximaban al gladiador que yacía en la arena y se aseguraban de que estaba muerto propinándole unos mazazos en la cabeza. En ocasiones, los gladiadores también luchaban contra fieras en las denominadas venationes. Pompeyo los enfrentó con elefantes y Claudio contra leopardos. Nerón los forzó a combatir contra 400 osos y 300 leones. Entre dos hombres, las posibilidades de perecer en la arena se nivelaban en un 50%; contra estas bestias se incrementaban notablemente. También se vieron obligados a participar en el agua de las fastuosas naumaquias (batallas navales) que se llevaron a cabo en el Coliseo.

Una escena del film Gladiator, de Ridley Scott.

ORIGEN RITUAL
El origen de las luchas de gladiadores nace en Etruria. Sus moradores solían sacrificar prisioneros sobre la tumba de los caudillos para liberar sus espíritus y los acompañaran en la otra vida. Una evolución de este rito trajo los ludi gladiatorii, que se secularizaron hasta convertirse en un espectáculo. El primero de este tipo en Roma tuvo lugar en el 264 antes de Cristo con ocasión del funeral de Junio Bruto Perea, en el que combatieron tres parejas de esclavos. En Hispania el inaugural fue organizado por Escipión el Africano en el 206 a.C. Gracias a estos combates, el emperador, los magistrados y cónsules conseguían entretener las sedientas gargantas del pueblo romano, les distraía de los problemas sociales y la actividad política. De esta forma se ganaban el fervor popular y lograban votos.

Los césares no querían que la peble romana bostezara de hambre ni de aburrimiento. En el siglo I, Juvenal recogió el sentido del espectáculo en su famosa expresión panem et circenses (pan y circo). El calendario les era propicio para celebrar estos espectáculos, pues los días festivos en la Roma imperial ocupaban más de la mitad del año entre días sagrados y los ludi. Los combates solían celebrarse a primera hora de la tarde en unos juegos que se alargaban todo el día.

El gladiador vivía al borde del filo de la navaja. Era previsible que su carrera fuese corta. Aunque algunos vivían lo suficiente para hacerse un nombre y convertirse en personajes idolatrados por el público, en especial por el femenino. Las damas de la alta sociedad sentían una enorme pasión por ellos. Fastuosos mosaicos y grafiti así lo atestiguan. Incluso podían recobrar la libertad y retirarse del oficio con una aceptable fortuna. Al final de una carrera gloriosa se le entregaba la espada de madera (rudis), que señalaba su retiro definitivo y el logro de su deseo más preciado.

EL GRAN ESCENARIO, EL COLISEO
Las luchas de gladiadores tenían por escenario el anfiteatro, aunque empezaron celebrándose en los foros. Los originales fueron de madera, como el construido por Pompeyo el Grande en el siglo I a.C. El primero de piedra lo mandó edificar Octavio Augusto el 29 a.C. en el Campo de Marte. Pero sin duda, el principal recinto de lucha sin tregua fue el Coliseo, inaugurado por Tito en el año 80 d.C. Tenía cuatro pisos y sus graderíos podían albergar hasta 50.000 espectadores. Se calcula que en su arena murieron entre 500.000 y un millón de personas. Los juegos más fastuosos que se recuerdan los organizó el emperador hispano Trajano en el siglo II. Duraron tres meses e intervinieron 4.912 parejas de gladiadores.

Vista exterior del Coliseo (Roma). Crédito: Wikipedia.

La pieza esencial para la organización de las luchas era el lanista, que se ocupaba de contratar gladiadores y adquirir las fieras. Solía ser un hombre de pasado oscuro pero enriquecido por el oficio. Los gladiadores profesionales solían recibir en sus escuelas un código ético muy estricto. Según afirmaba Cicerón, “preferían recibir un golpe a esquivarlo en contra de las reglas. Están dispuestos a dejarse degollar para satisfacer a su amo”. Las escuelas de mayor fama se ubicaron en Capua, aunque también las hubo en Hispania, Egipto y las Galias.

El emperador Cómodo (161-192) fue un caso insólito. Una vez en el trono dejó de lado los asuntos de gobierno para centrarse en sus aficiones. Se dedicó a entrenarse y participó en numerosos combates, en los que, por supuesto, siempre ganaba. Se hizo llamar “vencedor de los mil gladiadores”. El pueblo le reprochó que rebajara su dignidad imperial con un oficio de esclavos. De entre los gladiadores más famosos sobresale la figura de Espartaco, pero por sus acciones fuera de la arena. Desertor del ejército romano y reducido a la esclavitud, se formó en la escuela de Capua. En el 72 antes de Cristo organizó una rebelión con 78 gladiadores, a los que se unieron cientos de esclavos descontentos. Tras vencer a cuatro generales romanos, el Senado aglutinó ocho legiones (unos 40.000 soldados) para aplastar la insurrección. Espartaco murió acribillado de heridas en la batalla de Silaro, en 71 a.C. Más de 6.000 prisioneros fueron crucificados luego en la Vía Apia.

La popularidad de los gladiadores también alcanzó a los intelectuales, quienes nunca condenaron de forma tajante los juegos. Sólo el hispano Séneca los despreció. Admiraban el ejemplo de nobleza de la ducha y el desprecio a la muerte. Sólo la propagación del cristianismo, que condenó estos combates, y las dificultades económicas del final del imperio llevaron progresivamente a su prohibición, decretada por el emperador Honorio en el 404 después de Cristo. El pueblo romano fue culpable de haber gozado públicamente con aquellas ejecuciones capitales y de haber hecho del Coliseo un demencial escenario de suplicios y un sangriento matadero.

Trailer de Spartacus, la nueva serie sobre el célebre gladiador.

Documental Gladiadores (Canal Historia). Parte 1 de 4.

BIBLIOGRAFÍA:

-ESLAVA GALÁN, Juan. Roma de los Césares. Booket, 1998.
-Roma imperial, el poder y la gloria. National Geographic, 2009.
-MANNIX, Daniel P. Breve historia de los gladiadores. Nowtilus, 2004.
-CARCOPINO, Jêrome. La vida cotidiana en Roma en el apogeo del imperio. Ed. Temas de hoy, 1989.

© Fotografías apertura y portada: Starz.com

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La caída del Imperio Romano (Libro)

Posted on 31 diciembre 2009 by Redacción

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A estas alturas, podría parecer que ya se ha dicho todo –o casi todo– sobre la compleja y prolongada historia del Imperio Romano. Sin embargo, cada año aparecen numerosas novedades editoriales que pretenden aclarar o ampliar ciertos aspectos sobre la Roma imperial. Es en este abundante escenario bibliográfico en el que aparece La caída del Imperio Romano (Esfera de los Libros, 2009) de Adrian Goldsworthy, doctor en Historia por el St. John’s College de Oxford, y autor de otros títulos como El ejército romano (Akal, 2005), La caída de Cartago: las guerras púnicas (Ariel, 2008), Grandes generales del ejército romano. Campañas, estrategias y tácticas (Ariel, 2005) o César, también editado por La Esfera de los Libros en el año 2007.

Como ya advierte el título, el ensayo que nos ocupa profundiza en una de las cuestiones más polémicas y estudiadas de la Historia: la decadencia y caída del Imperio Romano. Una cuestión que ha interesado y preocupado desde tiempos de San Agustín, y que tuvo una de las primeras aproximaciones más profundas en los seis tomos de Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano, de Edward Gibbon, allá por el siglo XVIII. Desde que el autor británico plasmara sus ideas sobre el particular ha llovido mucho, y muchos otros autores han ido sumando nuevos trabajos sobre la cuestión. Sin embargo, el trabajo de Goldsworthy cuenta con un interés especial: ha visto la luz en un momento histórico que, para muchos autores, guarda enormes similitudes con el periodo estudiado en el libro. Una cuestión esta que el autor británico no deja pasar, pues son evidentes en ocasiones sus intenciones de trazar paralelismos con los Estados Unidos.

El trabajo de Goldsworthy arranca en las postrimerías del siglo II d.C., y desde allí examina al detalle todas las cuestiones que dirigieron a la caída del Imperio, haciendo hincapié tanto en los problemas internos como a los externos, analizando el cisma que supuso la división entre Oriente y Occidente (el autor se centrará de forma particular en éste último) y abordando cuestiones como el papel de los cristianos o los bárbaros.

En cuanto al público al que va dirigido, La caída del Imperio Romano está realizado en tono divulgativo, aunque no nos parece especialmente apropiado para un lector no interesado especialmente en la cuestión y sin conocimientos previos sobre la misma, pues en el fondo se acerca más a un formato académico. Por el contrario, los amantes de este periodo histórico disfrutarán con su lectura, pese a que el algunos momentos se produzcan altibajos en su planteamiento e interés. En lo que respecta a la edición, ésta es muy cuidada –como suele ocurrir con la mayoría de los títulos de La Esfera–, con tapa dura, sobrecubierta y dos pliegos interiores: uno a color, que quizá resulte prescindible, y el segundo que reproduce mapas muy completos, lo que en este caso sí se agradece, pues facilita la comprensión de ciertas cuestiones.

En definitiva, un libro imprescindible en tu biblioteca si eres un apasionado de todo lo relativo al Imperio Romano, pero que quizá no resulte del todo recomendable si esta es tu primera aproximación al tema.

La caída del Imperio Romano
Adrian Goldsworthy
Ed. Esfera de los Libros (2009)
ISBN: 9788497348645
624 páginas. 33,00 euros

Entradas relacionadas:

-Menudas historias de la Historia

-El caballo amarillo

-El arqueólogo enamorado

-Viaje a la luz

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Desvelan los secretos del antiguo puerto de Roma

Posted on 05 octubre 2009 by Redacción

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Reconstrucción informática de Portus. Crédito: Portus Project / Universidad de Southampton.

Durante siglos, Portus, el antiguo puerto de la ciudad de Roma en época imperial, ha mantenido ocultos sus secretos a ojos de los historiadores. Sin embargo, una reciente excavación arqueológica, dirigida por investigadores de la Universidad de Southampton (Reino Unido) ha sacado a la luz impresionantes restos que datan de los primeros siglos de nuestra era, entre ellos un notable anfiteatro y varias piezas artísticas de gran interés.

El hallazgo, además, pone fin a un irritante enigma surgido hace más de 140 años. En 1860, el arqueólogo italiano Rodolfo Lanciani visitó el lugar y señaló en uno de sus mapas la existencia de un teatro. Pero, a pesar de dicha señalización, los arqueólogos que trabajaron en el yacimiento con posterioridad no consiguieron descubrir la construcción. Finalmente, el equipo de excavación –que ha trabajado en colaboración con la Escuela Británica de Roma, la Universidad de Cambridge y la Superintendencia Arqueológica Italiana–, ha descubierto los restos del edificio en la orilla de un lago artificial con forma hexagonal. Aunque, eso sí, en realidad se trataba de un anfiteatro, y no de un teatro, como había señalado Lanciani en el siglo XIX.

Portus en la época de Trajano. Crédito: Portus Project / Universidad de Southampton.

Portus en la época de Trajano. © Portus Project / Universidad de Southampton.

Además de este importante descubrimiento –el anfiteatro tenía unas dimensiones similares a las del Panteón–, los arqueólogos han hallado también restos de un almacén y un edificio idéntificado como un palacio imperial. Por el momento, los investigadores desconocen cuál pudo ser la función exacta del anfiteatro, aunque suponen que pudo haber acogido luchas de gladiadores, combates con fieras o incluso representaciones de batallas navales, como ocurría en el célebre Coliseo. En cualquier caso, destacan, se trata de un enclave sumamente inusual para un edificio de tales características, por su cercanía al puerto.

Reconstrucción del aspecto del anfiteatro. Crédito: Portus Project / Universidad de Southampton.

Recreación informática del aspecto del anfiteatro. © Portus Project / Universidad de Southampton.

El actual proyecto de investigación, conocido como Portus Project, está trabajando también en la creación de modelos computerizados en tres dimensiones para reconstruir el posible aspecto del lugar, proporcionando así una valiosa herramienta a los historiadores para conocer el yacimiento.

Los expertos que trabajan en Portus no han dudado en destacar el importante papel del enclave, y señalan que aún hay muchas más sorpresas por descubrir. “Este es uno de los enclaves arqueológicos más importantes del mundo”, explicó el profesor Simon Keay, director del proyecto y experto en arqueología romana. “Ciertamente debería estar reconocido junto a maravillas como Stonehenge o Angkor Wat, en Camboya. Se ha preservado mucho de este puerto imperial, y hay mucho que aprender sobre su papel como suministrador comercial de Roma y como motor del desarrollo económico en el Mediterráneo romano”, añadió Keay.

Os animamos a que visitéis la web del proyecto, donde encontraréis multitud de imágenes (hay un enlace a una galería de Flickr! donde pueden verse fotografías de las excavaciones), recreaciones en tres dimensiones e información ampliada, aunque eso sí, en inglés. Os dejamos algunos de los vídeos que reconstruyen en el posible aspecto de Portus. Realmente interesantes.

Fuente: Archaeologists discover amphitheatre in excavation of Portus, ancient port of Rome (Science Daily)

© Fotografías y vídeos: Portus Project / Universidad de Southampton

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¿Asesinato en la antigua Britania?

Posted on 20 septiembre 2009 by Redacción

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Esqueleto hallado en la excavación de Venta Icenorum.

La pequeña población de Caistor St Edmund, a las afueras de Norfolk (Reino Unido), es un enclave con un importante patrimonio histórico. No en vano, en sus límites se halla el yacimiento arqueológico de Venta Icenorum, uno de los pueblos romanos mejor conservados de la antigua provincia de Britania, además de otros hallazgos que se remontan a la Edad de Hierro y tiempos prehistóricos. Sin embargo, pese a su excelente estado de conservación, Venta Icenorum constituye todavía una continua fuente de sorpresas para los historiadores. La última de ellas, curiosamente, ha llegado en forma de un posible crimen cometido en el siglo IV d.C.

Recreación artística del posible aspecto de Venta Icenorum. Crédito: University of Nottingham - Sue White.

Recreación artística del posible aspecto de Venta Icenorum. © University of Nottingham – Sue White.

El inesperado descubrimiento –la aparición de un esqueleto humano en una “posición inusual”, en una fosa de un metro de profundidad– se produjo durante una reciente campaña de excavación de tres semanas de duración, y el estrato en el que se ha producido parece datar del siglo IV. “Al principio pensamos que estábamos en el cementario del pueblo, pero después quedó claro que no se trataba de un enterramiento normal”, ha declarado el doctor Will Bowden, profesor asociado de Arqueología en la Universidad de Nottingham, y director de la excavación. “El cuerpo, que probablemente pertenece a un varón, fue colocado de costado en una fosa poco profunda, de forma contraria a como debería haber sido dispuesto apropiadamente. Este no es el cuidado que los romanos prestaban normalmente a su muertos”, añadió Bowden. “Es posible que esta persona fuera asesinada o ejecutada, aunque todavía es sólo una especulación”. Por el momento, y mientras se intenta desentrañar el misterio, el esqueleto ha sido extraído de su ubicación para realizar una investigación más completa, que determine cuál fue la causa exacta de la muerte.

La actual localidad de Caistor, que acoge el yacimiento de Venta Icenorum, se hallaba en el antiguo territorio de los icenos, la tribu de la célebre reina Boudica, que se enfrentó a las tropas romanas en los años 60-61 d.C. Algunas excavaciones y estudios paralelos han sacado a la luz la existencia de construcciones circulares que, al parecer, anteceden al asentamiento de época romana. Éstos y otros detalles han llevado a pensar a los expertos que Caistor fue antiguamente un gran asentamiento que precedió a la construcción del enclave romano. Una sugerente posibilidad que los arqueólogos esperan confirmar con las recientes excavaciones, y que añaden aún más interés a la rica historia de Caistor que, desde hace unas semanas, cuenta con un posible crimen por resolver…

Fuente: Caistor skeleton mystifies archaeologists (Eurekalert!)

Crédito fotografía: University of Nottingham / Crédito ilustración: University of Nottingham – Sue White.

Entradas relacionadas:

-Hallan los cadáveres de 51 vikingos decapitados

-Excavación en el ‘Lugar de los muertos’

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Hallan un altar mistérico en un fuerte romano

Posted on 24 julio 2009 by Redacción

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Altar a Júpiter Dolichenus hallado en Vindolanda, Reino Unido. Crédito: Adam Sanford.

Los arqueólogos británicos que trabajan en la excavación del fuerte romano de Vindolanda –que formó parte del muro de Adriano– al norte de Inglaterra, acaban de sacar a la luz una pieza inesperada y sorprendente (arriba, click para ampliar). Se trata de un altar dedicado a una divinidad sincrética llamada Jupiter Dolichenus, que en tiempos del Imperio Romano se convirtió en centro de uno de los numerosos cultos mistéricos que proliferaron en aquella época. La pieza, de una tonelada y media de peso, fue descubierta durante los trabajos de excavación del fuerte, construido por orden del emperador romano Adriano entre los años 122 y 132 d.C.

“Lo que debería haber sido parte de la muralla cercana a la puerta norte del fuerte a resultado ser un sorprendente santuario religioso”, ha explicado el arqueólogo Andrew Birley. La inesperada pieza mide 120 centímetros de altura, y está decorada en varias de sus caras. En una de ellas muestra la representación de una jarra y un plato, mientras en otra se observa un grabado del dios montado sobre un toro, sosteniendo un hacha en una de sus manos y un rayo en la otra. Este extraño dios tiene sus orígenes en Oriente Medio, donde se le conocía como Hadad o Teshab –una divinidad relacionada con el clima– pero en siglos posteriores adquirió cierta fama entre las tropas romanas, y terminó sincretizándose con el dios romano Júpiter. A partir del siglo II d.C. su culto vivió un momento de apogeo en las distintas provincias del Imperio, aunque ya bajo la forma de un culto mistérico, al que sólo podía accederse mediante una iniciación y que estaba sometido al secreto (como sucedía en cultos similares como el de Mitra). Este hecho motivó que no se conserven referencias literarias sobre las prácticas religiosas que lo rodeaban, y los únicos datos que poseen historiadores y arqueólogos proceden de relieves como el descubierto en el Reino Unido, que permiten estudiar los restos epigráficos (inscripciones) y realizar análisis iconográficos. En total, se han descubierto unas 300 inscripciones y esculturas en antiguos enclaves ocupados por los romanos.

Relieve del dios Júpiter Dolichenus conservado en el Museo Nacional de Hungría, en Budapest.

Relieve del dios Júpiter Dolichenus conservado en el Museo Nacional de Hungría, en Budapest.

El hecho de que el altar haya sido encontrado en un fuerte concuerda con la circunstancia de que el culto a Jupiter Dolichenus, al igual que otros, tuvo especial éxito entre las tropas romanas. Precisamente, el altar encontrado en la fortaleza de Vindolanda cuenta con una inscripción dedicada al dios, en la que se lee el nombre del oferente: “Sulpicius Pudens, prefecto de la Cohors Qvartae Gallorum). En opinión de Birley, Sulpicius Pudens era el oficial al mando del regimiento romano establecido en Vindolanda en el siglo III d.C., y habría encargado la creación del altar como agradecimiento al dios por una petición concedida. Además del altar, los arqueólogos han descubierto una pequeña estancia destinada a celebraciones, así como restos de sacrificios de animales.

Fuente: Altar to mysterious deity found at roman fort (Discovery News)

Crédito imagen: Adam Sanford Aerial-Cam.

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