La localización del sepulcro del célebre príncipe mongol –uno de los grandes enigmas de la arqueología– podría estar a punto de ser desvelada, si los esfuerzos de un equipo multidisciplinar de la Universidad de San Diego (EE.UU.) dan los frutos esperados.
Según los relatos de la época, que se mueven entre el terreno de la leyenda y la historia y se remontan al siglo XIII, el lugar exacto de la tumba fue ocultado con el mayor de los secretos, hasta el punto de que todo aquel que se cruzaba con la comitiva fúnebre era ejecutado en el mismo lugar para evitar que pudiera desvelar el secreto. Además, las crónicas refieren que los sepultureros llegaron a desviar el curso de un río para borrar cualquier evidencia de la localización de la tumba.
Ahora, casi ochocientos años después, un grupo de científicos e historiadores ha asumido el reto de intentar localizar el lugar exacto donde reposan los restos del «Gran Khan».
Hasta la fecha sólo se sabe que el enterramiento podría estar en una región al nordeste de Mongolia rodeada por el río Onon, muy cerca del lugar de nacimiento del príncipe mongol, en Khentii Aimag. A pesar de las numerosas dificultades que entraña una búsqueda como esta, los científicos confían en poder hallar la tumba con ayuda de la tecnología más avanzada.
Los arqueólogos emplearán fotografías vía satélite de alta resolución, así como una larga serie de dispositivos no invasivos para rastrear el subsuelo, como radares, aparatos de inducción electromagnética y magnetometría. Todo ello destinado a causar el menor daño posible a los restos en el caso de que, finalmente, logren dar con el lugar de enterramiento de uno de los personajes más fascinantes e influyentes de la historia.
Imagen: Picturehouse / Karma Films








