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50 años de búsqueda extraterrestre

Posted on 05 abril 2010 by Javier García Blanco

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Este año se cumple el 50 aniversario del inicio de los proyectos SETI, una ambiciosa iniciativa cuya finalidad es averiguar si existen otros seres inteligentes en el Universo. En Planeta Sapiens hemos querido celebrarlo con un repaso a la historia de esta apasionante búsqueda…

Ragbir Bhathal, astrofísico australiano de la Universidad Western Sydney, ha pasado los últimos veinte años de su vida dedicado en cuerpo y alma a una labor que muchos calificarían de insólita y quijotesca: escudriñar el firmamento con potentes telescopios en busca de alguna señal que demuestre que no somos los únicos seres inteligentes del Universo.

Hasta la fecha, todos estos años de duro trabajo no habían obtenido resultados positivos. Al menos, no en la forma en que Bhathal y muchos de sus colegas habrían deseado. Por este motivo, no resulta difícil imaginar la emoción que debió embargar a Bhathal cuando, a comienzos de diciembre de 2008, saltaron todas las alarmas en su observatorio del campus de la Universidad Western Sydney, en Campbelltown. Según los registros ofrecidos por los modernos dispositivos, se había detectado una “misteriosa señal” –un pulso regular– aparentemente llegada del espacio exterior. Bhathal tenía ante sus ojos la que podría ser la evidencia científica del suceso más importante en la Historia de la Humanidad. Sin embargo, la noticia permaneció en secreto. Durante los meses siguientes, Bhathal y su equipo investigaron concienzudamente los datos recibidos, rastreando hasta la extenuación las mismas coordenadas de donde parecía proceder la señal e intentando determinar si el misterioso “pulso regular” podía ser en realidad una falsa alarma generada por sus propios instrumentos, un fenómeno astrofísico desconocido o ruido aleatorio. Finalmente, la noticia terminó filtrándose a la prensa, y en mayo de 2009 el diario The Australian publicaba un breve artículo sobre el “incidente”. Pese a lo que cabría esperar, la noticia apenas generó interés en los medios internacionales, siendo escasamente reproducida en la prensa. Únicamente en Internet –como no– se generó cierta expectación.

El Dr. Ragbir Bhathal trabajando en su telescopio.

Ante la falta de repercusión en medios científicos especializados, y temiendo que la noticia no fuese más que un bulo de los muchos que inundan a diario la red de redes, intenté localizar al Dr. Bhathal. Poco después, el astrofísico me respondía amablemente, confirmándome lo sucedido y remitiéndome a un escrito publicado el día anterior en su blog personal. En su correo, además, me avanzaba los motivos del silencio mediático: las investigaciones para aclarar el origen de la señal seguían en marcha, y por el momento preferían omitir las coordenadas exactas de donde ésta podría proceder. En su escrito, con el clarificador título de Is this ET? (¿Es éste ET?), Bhathal insistía en la necesidad de confirmar, siguiendo las reglas del método científico, el auténtico origen de la señal. “Todavía no es momento –aclaraba– de descorchar la botella de champán que guardo en la mesa de mi despacho”. La sinceridad del Dr. Bhathal evidencia que todavía estamos lejos de poder celebrar el encuentro con nuestros “hermanos” cósmicos. De hecho, y aunque no es algo popularmente conocido, no es la primera vez que se disparan todas las alarmas…

EN BUSCA DE UN SUEÑO
Las primeras conjeturas sobre la posibilidad de que no estemos solos en el Universo se remontan a la Antigüedad clásica pero, a excepción de unas tímidas y excéntricas sugerencias en el siglo XIX, la búsqueda de nuestros hipotéticos “iguales” en el Cosmos con métodos científicos no se inició hasta la segunda mitad del pasado siglo.

Fue Frank Drake, entonces un joven astrónomo estadounidense, quien en 1960 realizó el primer experimento científico en este sentido. Destinado en el Observatorio Nacional de Radioastronomía en Greenbank (EE.UU.), Drake apuntó con el radiotelescopio Tatel en dirección a dos estrellas relativamente cercadas: Epsidon Eridani y Tau Ceti. “Escuchando” con atención en el llamado “agujero de agua” –un rango de frecuencias en el espectro de radio que va desde los 1.420 MHz a los 1.720 MHz, extremos en los que se encuentran las frecuencias que emiten los átomos de hidrógeno y las moléculas de hidroxilo y que serían las preferidas por otras civilizaciones–, Drake esperaba encontrar señales con patrones uniformes o números primos, que evidenciarían un origen extraterrestre inteligente. Su búsqueda, por desgracia, no obtuvo resultados positivos, pero supuso el pistoletazo de salida para la búsqueda científica de posibles señales de radio de procedencia extraterrestre. Nacían así los proyectos SETI (Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre, en sus siglas en inglés) que, a pesar de lo que suele pensarse comúnmente, no son un único proyecto, sino varios.

El astrónomo estadounidense Frank Drake.

La iniciativa de Drake –bautizada como Proyecto Ozma– fue, como decíamos, el primero de muchos otros intentos con un mismo objetivo. En esa misma década de los 60, los soviéticos, en plena “guerra espacial” con los EE.UU., realizaron sus propias iniciativas destinadas a detectar señales de radio anómalas. Unos años más tarde, en los 70, la NASA elaboró un informe con el título de Proyecto Cyclops, en el que se analizaban los conocimientos existentes sobre la cuestión, y se planteaban estrategias a seguir. El Cyclops nunca se puso en marcha, pero muchas de sus conclusiones fueron aplicadas más tarde en iniciativas futuras. En años siguientes, el JPL y el Ames Research Centre de la NASA realizaron algunos experimentos y, a pesar de la ausencia de resultados positivos, el interés por los distintos proyectos SETI fue creciendo entre los astrónomos.

En 1992 la NASA volvió a intentarlo de nuevo, en esta ocasión a través del Proyecto HRMS (High Resolution Microwave Survey), insistiendo otra vez en el rango de frecuencias del water hole (agujero de agua). La iniciativa sólo duró un año, y marcó el fin de los proyectos SETI con financiación estatal. Desde entonces, la mayor parte de los estudios de este tipo sobreviven gracias a las aportaciones privadas. Una de estas iniciativas privadas es el Proyecto Phoenix, que desde 1995 ha rastreado el cielo en busca de posibles señales extraterrestres en unas 800 estrellas de características similares a nuestro sol, utilizando distintos radiotelescopios para este propósito. Uno de ellos, el ubicado en Arecibo (Puerto Rico), alcanzó fama mundial gracias a su aparición en la película Contact, basada en una novela de Carl Sagan.

Fotograma de la película Contact, protagonizada por Jodie Foster.

Fuera de la ficción, sus instalaciones también han sido utilizadas desde comienzos de los años 90 por el llamado Proyecto Serendip (Búsqueda de emisiones de radio procedentes de poblaciones inteligentes cercanas). Aprovechando las colosales dimensiones del radiotelescopio –305 metros de diámetro– y empleando unos sofisticados detectores, es capaz de rastrear hasta 160 millones de frecuencias distintas. Toda esa potencia, que genera una cantidad ingente de datos que hay que filtrar y analizar en busca de posibles patrones de origen alienígena es, paradójicamente, el mayor escollo del proyecto. Para solventar el problema, los responsables del experimento idearon una ingeniosa solución: desarrollaron un pequeño software que, instalado en equipos domésticos de voluntarios de todo el planeta, analiza los datos recibidos en Arecibo mientras el usuario no está usando su equipo. La iniciativa fue bautizada como Seti@home, y en la actualidad unos cuatro millones de personas lo tienen instalado en su equipo, bajo el aspecto de un vistoso salvapantallas.

Aunque la búsqueda de señales de radio ha sido la predominante desde que surgieran los proyectos SETI, en los últimos años algunos astrónomos, ante la falta de resultados, optaron por buscar en “otro lado”, surgiendo así los programas OSETI o “SETI ópticos”. A diferencia de los existentes hasta entonces, que buscaban patrones regulares en las ondas de radio, estos proyectos escudriñan los cielos, pero en el espectro óptico. En opinión de este grupo de científicos –entre los que se encuentra Ragbir Bhathal– si las hipotéticas civilizaciones extraterrestres son más avanzadas que nosotros, entonces lo más lógico es que usen pulsos de luz láser para comunicarse. Además, según Bhathal –quien está convencido de que en unas décadas nosotros mismos utilizaremos este sistema como medio de comunicarnos– los pulsos láser permitirían enviar una cantidad de información hasta un millón de veces mayor que una señal de radio, lo que supone una clara ventaja.

En la actualidad, varios observatorios estadounidenses, pertenecientes a las universidades de Harvard, Princeton y California, buscan este tipo de señales desde el hemisferio norte y sólo uno, el dirigido por el Dr. Bhathal, lo hace desde el hemisferio sur.

LA SEÑAL ¡WOW!
A pesar de todos los años de trabajo y de atenta “escucha”, los distintos proyectos realizados hasta la fecha no han obtenido resultados positivos. Excepto, quizás, en una ocasión… El 15 de agosto de 1977, los dispositivos empleados en el proyecto SETI realizado desde el radiotelescopio Big Ear, de la Universidad de Ohio, imprimieron, como era habitual, los resultados obtenidos. Cuando el Dr. Jerry R. Ehman, uno de los trabajadores del proyecto, repasó con detenimiento aquella sucesión de cifras y letras, su corazón estuvo a punto de salirse del pecho. Entre numerosos dígitos sin interés aparecía un código que destacaba sobre los demás: 6EQUJ5. Aquella suma de letras y números indicaba que una potentísima señal de radio –mucho mayor que cualquier otra– había sido detectada por el radiotelescopio durante 72 segundos, a las 23:16 horas. La emoción que Ehman sintió fue tal que señaló el código y escribió a su lado la expresión “¡Wow!” (¡Guau!) en señal de asombro.

La célebre señal Wow, captada por el Dr. Ehman. Crédito: Wikipedia.

Teniendo en cuenta que el Big Ear estaba fijo –se movía con la rotación de la Tierra– y la anchura de su “campo de visión”,  el radiotelescopio observaba cada punto durante sólo 72 segundos –tiempo que duró la señal Wow–. En el caso de detectar una posible señal alienígena, su duración sería precisamente esa y, además, mostraría un gráfico idéntico al registrado en el Big Ear, con una elevación marcada durante los primeros 32 segundos, y un descenso igualmente progresivo en los siguientes.

Esperanzado, Ehman intentó durante todo un mes volver a captar la señal, aunque no tuvo éxito. Años después, otros científicos han vuelto a intentarlo, orientando sus equipos a las mismas coordenadas, en la constelación de Sagitario. Como respuesta han obtenido el más desesperanzador de los silencios. En la actualidad, y puesto que no se ha vuelto a detectar la señal, los científicos han planteado la posibilidad de que ésta hubiera sido causada por una “interferencia” de origen terrestre, quizá rebotada en chatarra espacial o emitida por un satélite artificial que pasaba en ese preciso instante o incluso que estuviera provocada por un fenómeno astronómico de gran potencia. El propio Ehman, con los años, manifestó su escepticismo sobre un posible origen extraterrestre. Pese a todo, la señal Wow no ha podido descartarse por completo, y hoy en día sigue dejando una puerta abierta a la esperanza.

EL INCONVENIENTE FERMI
Si ignoramos la intrigante señal Wow y el pulso regular detectado recientemente por el Dr. Bhathal –los dos son, por el momento, poco más que meras anécdotas–, los distintos proyectos SETI parecen mostrar un panorama desalentador. Si bien es cierto que el tiempo que dichas iniciativas llevan funcionando es relativamente pequeño, puede resultar extraño que no hayamos tenido aún ningún resultado, haciendo surgir la siguiente pregunta: ¿Dónde están? Esa misma cuestión se planteó, ya en 1950, el físico Enrico Fermi, dando lugar a la paradoja que lleva su nombre. Según Fermi, los cálculos parecen indicar que sería lógica la existencia de numerosas civilizaciones, y que muchas de ellas habrían alcanzado el desarrollo suficiente para colonizar otros puntos del Universo. Sin embargo, no hemos encontrado evidencias de ellos, por lo que nuestras suposiciones podrían ser erróneas o incompletas.

Para tratar de explicar esta paradoja, los científicos han propuesto distintas hipótesis. La más pesimista propone que el desarrollo de vida inteligente es algo único y exclusivo del planeta Tierra, al menos en la Vía Láctea. Otra hipótesis, tampoco muy alentadora, sugiere que todas las posibles civilizaciones desaparecen (a causa de guerras, catástrofes, etc…) antes de alcanzar el desarrollo necesario para colonizar la galaxia; para otros, los supuestos alienígenas sí lograrían desarrollarse lo suficiente, pero no les interesaría iniciar la colonización o el contacto. En la misma línea, para otros autores sí existirían otras inteligencias, pero la Tierra no sería de interés para ellas; o, en otro supuesto, la colonización sí se habría producido, pero los extraterrestres se mantendrían ocultos, observando el desarrollo humano, como si nuestro planeta fuera un gigantesco “zoológico”. En este sentido, destaca la propuesta planteada por la física española Beatriz Gato-Rivera, investigadora del CSIC. En 2003, Gato publicó un llamativo trabajo titulado Universos Brana, el principio subantrópico y la conjetura de indetectabilidad, en el que sugería que la Tierra podría estar inmersa, sin saberlo, en una civilización de dimensiones colosales, en la que las inteligencias extraterrestres –mucho más avanzadas–, se ocultarían intencionadamente de nosotros, haciendo imposible su detección, del mismo modo que algunas comunidades de grandes simios viven en la Tierra ajenas por completo a la civilización humana que se desarrolla a su alrededor.

De ser correcta esta hipótesis y otras similares, lo cierto es que los distintos proyectos SETI serían esfuerzos vanos, pues estaríamos intentando recibir mensajes de civilizaciones que están intencionadamente en “silencio”.

A pesar de estas posibilidades poco tranquilizadoras, los científicos involucrados en los distintos proyectos de búsqueda de señales extraterrestres se muestran optimistas. Frank Drake, el pionero que inició la “fiebre” por la búsqueda hace casi 50 años, está convencido de que el ansiado contacto se producirá antes de un siglo. Según él mismo explicó en 2008 durante una conferencia en Barcelona, la tecnología utilizada hoy en día es “cien mil millones de veces más potente” que la que él usó en su Proyecto Ozma. Un desarrollo tecnológico que quizá esté a punto de dar sus frutos. Quién sabe si, en poco tiempo, Ragbir Bhathal y su equipo podrán descorchar al fin la botella de champán que, desde hace años, espera a ser abierta para celebrar que el ansiado contacto ya se ha producido.

ANEXO
MENSAJES ENVIADOS AL ESPACIO
Frente a la actitud “pasiva” que suponen los intentos de detección de señales, los científicos también han llevado a cabo iniciativas en sentido contrario. En 1974, Frank Drake utilizó el radiotelescopio de Arecibo para enviar el primer mensaje humano dirigido a un posible receptor extraterrestre. El mensaje de radio estaba compuesto por una sucesión aparentemente aleatoria de unos y ceros, hasta un total de 1.679, y fue dirigido hacia el cúmulo estelar M13. El contenido había sido elaborado por el propio Drake, Carl Sagan y otros científicos, y ordenado en 23 columnas y 73 filas (dos números primos) ofrece un mensaje en el que se incluían, entre otros datos, los diez primeros números, los componentes del ADN del homo sapiens, la figura de un ser humano o una imagen del Sistema Solar. Algunos años antes, en 1972, Sagan y Drake ya habían diseñado una placa de metal con contenidos similares que fue colocada a borde de la sonda Pioneer 10, una escena que se repitió de nuevo con el lanzamiento de las sondas Voyager. En esa ocasión se incluyó un disco grabado y recubierto de oro, que incluía música y mensajes sonoros, además de imágenes de nuestro planeta.

La place enviada con la sonda Pionner. Crédito: Wikipedia.

Estos últimos ejemplos son poco más que un acto simbólico, pues las sondas de la NASA son demasiado pequeñas –y por lo tanto difíciles de detectar–, y además se desplazan muy lentamente por el espacio. Sin embargo, en los últimos años se han planteado otras propuestas para enviar nuevos mensajes al espacio. Drake asegura que, de tener nuevamente la oportunidad, reuniría a un comité de científicos, artistas y religiosos para que elaborasen un mensaje que sería enviado en forma de película holográfica que describiera la vida en la Tierra y su historia. Otros abogan por lanzar a la galaxia un mensaje de contenido puramente matemático, quizás una sucesión de números primos o simplemente el valor de Pi. Otros, como Seth Shostak –miembro del Instituto SETI de California– son mucho más ambiciosos, y proponen transmitir al espacio todo el saber catalogado por Google en sus servidores.

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Androides del presente

Posted on 18 febrero 2010 by Redacción

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Los niveles tecnológicos alcanzados en la actualidad en materia de Inteligencia Artificial y sistemas de reconocimiento y modelación facial hacen que año tras año aparezcan en escena increíbles y sofisticados desarrollos robóticos que nos hacen soñar un mundo no muy lejano en el que androides y humanos compartirán sus vidas. Muestra de ello son dos de las presentaciones realizadas en los últimos meses: Robonaut 2 y el androide Einstein.

Hace apenas dos semanas, la NASA y la empresa automovilística General Motors nos sorprendían con un proyecto conjunto bautizado con el nombre de Robonaut 2. Se trata de un robot de aspecto humanoide dotado de evolucionados elementos mecánicos que le confieren una gran fuerza y habilidad manual, a lo que hay que añadir sofisticados sistemas de visión artificial. Bajo estas líneas odéis ver un breve vídeo en el que muestran algunas de sus características.

Creado en el Centro Espacial Johnson de Houston, sin duda Robonaut 2 está destinado a convertirse en un fiel e incansable colaborador de los astronautas durante sus labores espaciales y, quién sabe, quizá tengamos oportunidad de verlo trabajando como operario en el futuro.

El segundo dispositivo robótico, el androide Einstein, fue presentado en junio de 2009 por un equipo formado por la Universidad de California San Diego, el Machine Perception Laboratory y el California Institute for Telecommunications and Information Technology, y liderado por el célebre diseñador de robots David Hanson. Este androide ha sido personalizado con el rostro del célebre científico, y supone un estupendo ejemplo del enorme avance que se ha alcanzado en la construcción de robots con aspecto humano, capaces de emular con gran precisión los gestos e incluso las emociones humanas. En el siguiente vídeo podéis ver una charla de TED pronunciada por Hanson, en la que profundiza en estas cuestiones.

Einstein posee avanzados sistemas de inteligencia artificial y de reconocimiento facial, y no sólo es capaz de identificar las emociones humanas a través de los gestos, sino de modelarlos y corresponderlos mediante la manipulación de sus más de treinta músculos, activados mediante un complejo sistema de servomotores miniaturizados que se encargan de sus movimientos. Todo ello bajo una piel sintética compuesta por un material siliconado y elástico denominado frubber.

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Telescopio solar SDO (Radio)

Posted on 17 febrero 2010 by Redacción

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Os traemos una nueva entrega del siempre interesante espacio de divulgación científica Ciencia al Cubo, presentado por la periodista América Valenzuela, de RNE. En esta ocasión nos hablan acerca del SDO, el Observatorio solar lanzado por la NASA hace apenas unos días. Como siempre, podéis escucharlo haciendo click bajo estas líneas.

Otros podcast de Ciencia al Cubo:

-Un dinosaurio venenoso

-El último reptil marino gigante

-Efecto placebo

-Supervolcán en Italia

-La temperatura de la Luna

-Cometa aminoácido

-Robots colibrí y las neuronas del picor

-Llega el purificador de sangre

-Gatitos manipuladores

-Predicciones médicas del pasado

-Llega el robot-medusa

-El final de la sonda Ulises

-Ponle nombre a la próxima misión espacial

-Salmonela en el espacio

-Expedición en busca de Amundsen

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A la caza de agujeros negros

Posted on 11 febrero 2010 by Redacción

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Volvemos a compartir con vosotros uno de los magníficos vídeos de TED Talks. En este caso, la conferencia corre a cargo de Andrea Ghez, astrónoma en la Universidad de California Los Ángeles, quien nos explica los últimos avances en óptica que ayudan a los astrónomos a comprender mejor los misteriosos agujeros negros. Como siempre, una instructiva y amena charla, de apenas quince minutos, que permite entender cosas fascinantes de nuestro Universo de una forma realmente entretenida y sencilla. ¡Disfrutadlo! (En inglés, subtitulado en castellano)

Otras charlas de TED Talks comentadas en Planeta Sapiens:

-Cuatro maneras en que nos afecta el sonido

-¿Qué es la materia oscura?

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La Estación Espacial, en HD

Posted on 01 febrero 2010 by Ramón Salvador Hernández

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Sin duda alguna, la construcción de la Estación Espacial Internacional, constituye uno de los mayores retos tecnológicos jamás emprendidos por el ser humano. Se encuentra situada a una altitud de 400 kilómetros de la superficie de la Tierra (más o menos la distancia que separa Madrid y Valencia) y su construcción se inició en 1998 con la participación de distintos países europeos, EE.UU., Japón, Rusia y Canadá. Aunque los trabajos han sufrido multitud de retrasos causados principalmente por cuestiones de seguridad –entre otras, el trágico accidentes del transbordador espacial Columbia– se espera que pueda estar finalizado en un plazo próximo, en el año 2011, convirtiéndose así en la plataforma en órbita más grande jamás construida.

Sus seis avanzados laboratorios, ubicados en órbita en condiciones de ingravidez, servirán para llevar a cabo cientos de experimentos sobre medicina, biología y ciencias de los materiales que en las condiciones terrestres no podrían realizarse y que, sin duda, proporcionarán increíbles avances tecnológicos y científicos a la Humanidad. Un beneficio que justificaría el enorme gasto ocasionado para su construcción.

La ISS al detalle:
Nombre: International Space Station (ISS)
Laboratorios: 6
Ocupantes: 7
Altitud: 335 – 460 Km.
Velocidad: 26000 Km/h.
Órbita terrestre: una cada 90 minutos
Longitud: 108 metros
Anchura: 74 metros
Inclinación órbita: 51,6º
Espacio habitable: 1.300 metros cúbicos
Masa total: 415 toneladas
Vida útil: mínimo 10 años
Inversión: más de 20 mil millones de euros

El pasado mes de noviembre, los seis componentes de la misión STS-129 del transbordador espacial Atlantis, realizaron una serie de trabajos en el exterior de la Estación Espacial, durante los cuales abastecieron a la Estación con 15.000 kilogramos de nuevos equipos, repuestos y provisiones necesarias para la continuación del proyecto. Pero además, captaron una serie de impresionantes fotografías tomadas en HD (Alta Defínición). Hemos hecho una selección de ellas (hay muchas más), sólo tenéis que hacer click sobre cada una para verlas a mayor tamaño.

El astronauta Robert L. Satcher Jr. utiliza una cámara digital para tomar una foto de la visera de su casco.

El astronauta Randy Bresnik realizando trabajos de mantenimiento e instalación de sistemas en la ISS.

El Sol, ‘saludando’ a la Estación Espacial Internacional.

Otra hermosa imagen captada desde la ISS, con el Sol “acariciando” la silueta del planeta azul.

Una singular vista de la península del Sinaí, desde el laboratorio Kibo de la ISS.

El transbordador Atlantis, aproximándose a la ISS.

Una vista parcial de la bahía de carga del Atlantis, con la Tierra como fondo.

El astronauta Robert L. Satcher, en un momento de su ‘paseo’ espacial de seis horas y 37 minutos.

El astronauta Leland Melvin jugando con una burbuja de agua en el interior del Atlantis.

© Fotografías: NASA

Entradas relacionadas:

-Maravillas nocturnas

-La Vía Láctea, en alta definición

-Otras noticias fotográficas en Planeta Sapiens

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Primeros resultados del observatorio Herschel

Posted on 28 diciembre 2009 by Redacción

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Herschel, el mayor telescopio jamás puesto en órbita, ayudará a desvelar los misterios del Universo más lejano.

El Observatorio Espacial Herschel de la ESA (Agencia Espacial Europea), ha comenzado a enviar las primeras imágenes, siete meses después de que fuese puesto en orbita el pasado 14 de mayo. Con este avanzadísimo ingenio se comenzará el cartografiado extragaláctico HerMES (Herschel Multi-tier Extragalactic Survey), una iniciativa internacional diseñada para estudiar la formación y evolución de galaxias en el Universo distante.

El gigantesco telescopio, un Cassegrain de 3,5 metros de diámetro de espejo, posee dos sofisticados instrumentos, el PACS (Photodetector Array Camera and Spectrometer) y  el SPIRE (Spectral and Photometric Imaging Receiver), dos equipos en cuya construcción ha participado el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), están proporcionando datos científicos de alta calidad en un rango espectral, el del infrarrojo lejano y las ondas submilimétricas, prácticamente inexplorado hasta la fecha.

Herschel supone la continuación de una serie de avanzados Telescopios de Infrarrojos, como fueron el IRAS, COBE, ISO o el PITZER, que comenzaron a ser desarrollados y puestos en órbita desde la década de los 80 hasta nuestros días.

La aplicación de la tecnología de Detección de Infrarrojos ha permitido un avance espectacular en la investigación astronómica, permitiendo ir más allá de la limitada observación en el espectro visible mediante telescopios ópticos, los cuales se ven sumamente limitados por nuestra atmósfera en la Tierra y por la dispersión y enmascaramiento de imagen debido al exceso de luz emitida por algunos objetos sobre otros.

El descubrimiento de la radiación infrarroja tuvo lugar en 1800 por parte del astrónomo alemán William Herschel, descubridor también del planeta Urano. El astrónomo, con cuyo apellido se bautizó al nuevo observatorio astronómico, detectó la radiación infrarroja al encontrarse midiendo la temperatura que ofrecía cada uno de los colores del espectro en que se descomponía la luz solar al atravesar un prisma y observar que más allá del rojo se daba un aumento de la temperatura, de lo que dedujo que el espectro electromagnético que emite todo objeto debía ir más allá del campo visible.

Recreación artística del observatorio espacial Herschel.

Recreación artística del observatorio espacial Herschel.

Todo objeto a una temperatura mayor que el cero absoluto emite “luz infrarroja”, lo que implica que con esta tecnología seremos capaces de observar objetos estelares que hasta ahora por su lejanía, baja temperatura o escasa luminosidad no éramos capaces de observar con telescopios ópticos. Todo un universo lejano y desconocido a causa de nuestras todavía grandes limitaciones tecnológicas, pero que a partir de ahora estará un poco más cerca. Gigantescas nubes de polvo estelar, enanas marrones, planetas y galaxias jamás antes vistas y que se crearon en el principio de los tiempos aparecerán ahora ante nuestros ojos gracias a Herschel, el mayor de los telescopios jamás puesto en órbita.

Vídeo (en inglés) detallando algunas cuestiones sobre el Herschel y la exploración del universo infrarrojo.

Crédito imagen apertura: © ESA and the SPIRE & PACS consortia.

Fuente: Primeros resultados científicos del Observatorio Espacial Herschel (IAC)

Enlaces de interés:

Astronomía infrarroja, ¿por qué es importante?

Observatorio espacial Herschel (ESA)

Telescopio espacial Spitzer (en español)

Entradas relacionadas:

-El telescopio Vista ya está en marcha

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‘Moon’ (Cine)

Posted on 09 octubre 2009 by Redacción

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Moon (2009). Copyright: Sony Pictures

Hoy es viernes, y además comenzamos un puente festivo, así que vamos a aprovechar para hacer otra recomendación cinematográfica. Aunque ha pasado bastante desapercibida a causa de la atención acaparada por Agora, hoy llega a las pantallas españolas Moon, un film de ciencia-ficción que promete recuperar el espíritu de clásicos del género como 2001: Odisea del espacio o Solaris.

La cinta relata la historia de Sam Bell (Sam Rockwell), un astronauta enviado durante tres años a la base Selene en la Luna, con la misión de extraer recursos para intentar paliar la crisis que está sufriendo la Tierra con sus suministros energéticos. Su única compañía será la AI (Inteligencia Artificial), el ordenador que controla la base. El film se centra en las dos semanas antes de que abandonde la base para volver a casa, momento en el que Sam comienza a ver, oír y a sentir cosas extrañas. Además, durante un accidente en una rutinaria extracción de gas descubre que Lunar, la compañía que le ha contratado, tiene sus propios planes para reemplazarlo y que el nuevo sustituto es inquietantemente familiar…

Moon (2009). Copyright: Sony Pictures.

Fotograma de Moon (2009). © Sony Pictures.

Podéis ver el trailer a continuación:

Título original: Moon
Nacionalidad: USA
Género: Ciencia Ficción
Año: 2009
Fecha de estreno: 09 de octubre de 2009
Director: Duncan Jones
Reparto: Sam Rockwell, Matt Berry y Robin Chalk

Fotografías © Sony Pictures

Web oficial en castellano: Moon

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-Agora, el film sobre Hipatia de Alejandría

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El espectáculo del ‘nuevo’ Hubble

Posted on 10 septiembre 2009 by Redacción

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Aunque estamos seguros de que ya habéis oído hablar de ello, por la gran difusión que han hecho los medios generalistas de la noticia (El País, El Mundo) no hemos podido resistirnos a reproducir aquí las hermosas imágenes captadas por el telescopio espacial Hubble después de su última “renovación” (click para verlas en alta resolución). Una maravilla de la técnica que esperamos siga ofreciendo fotografías tan espectaculares de nuestro fascinante Universo. Podéis encontrar más información en la web de la NASA, pinchando aquí.

Nebulosa planetaria 6302. Crédito: NASA

Nebulosa planetaria 6302. Crédito: NASA.

Nebulosa de Carina. Crédito: NASA.

Nebulosa de Carina. Crédito: NASA.

Cumulo globular Omega Centari. Credito: NASA.

Cumulo globular Omega Centari. Credito: NASA.

Quinteto de Stephan. Crédito: NASA.

Quinteto de Stephan. Crédito: NASA.

Agrupación de galaxias Abell 370. Crédito: NASA.

Agrupación de galaxias Abell 370. Crédito: NASA.

Galaxia espiral Ngc 6217. Crédito: NASA.

Galaxia espiral Ngc 6217. Crédito: NASA.

Fuente: Images from refurbished Hubble (NASA)

© Todas las fotografías: NASA.

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Marte en alta resolución

Posted on 08 septiembre 2009 by Redacción

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Cráter Hale, Marte. Crédito: NASA JPL.

La sonda espacial Mars Reconnaisance Orbiter (MRO) de la NASA ha capturado entre abril y agosto de este año miles de nuevas imágenes de Marte a partir de más de 1.500 observaciones. Las fotografías muestran pequeños detalles de hasta un metro de longitud, incluyendo dunas y cráteres, además de otras estructuras de la superficie del Planeta Rojo, como los barrancos próximos al cráter Hale que muestra la imagen que abre esta noticia (click para ampliar).

Las imágenes se han tomado con la cámara HiRISE de alta resolución que incorpora la nave, y cada una de ellas abarca una franja de 6 kilómetros de anchura y de un largo entre dos y cuatro veces superior. La sonda MRO lleva estudiando Marte desde 2006 y ha enviado más datos del Planeta Rojo que todas las misiones anteriores juntas. Os dejamos algunas de las fotografías (click para ampliar):

CraterSouthernHighlands

Cráter Southern Highlands. Crédito: NASA – JPL / University of Arizona

Detalle del terreno al nordeste del cráter Zilair. Crédito: NASA - JPL / University of Arizona.

Detalle del terreno al nordeste del cráter Zilair. Crédito: NASA – JPL / University of Arizona.

Hermosas dunas de arena en la región de Aonia Terra. Crédito: NASA - JPL / University of Arizona

Hermosas dunas de arena en la región de Aonia Terra. Crédito: NASA – JPL / University of Arizona

Fuente: SINC / NASA

Crédito fotografías: NASA – JPL / University of Arizona

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Proyecto Constelación

Posted on 31 julio 2009 by Ramón Salvador Hernández

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Recreación artística del módulo lunar del Proyecto Constelación. Crédito: NASA.

Con la “resaca” por el aniversario de la llegada del hombre a la Luna todavía reciente, la NASA se afana ya en preparar su próximo hito en la aventura del espacio. La iniciativa, que fue anunciada en el año 2004 por el entonces presidente de los EE.UU., George W. Bush, fue bautizada como Proyecto Constelación y tiene como finalidad llevar de nuevo al ser humano a la Luna en el plazo aproximado de unos doce años. Sin embargo, en esta ocasión el proyecto es mucho más ambicioso, pues pretende establecer bases permanentes en nuestro satélite que permitirán dar un paso más en la exploración espacial tripulada y en la investigación astronómica y científica en general.

A diferencia del Programa Apolo, nacido del empeño norteamericano por demostrar al mundo su supremacía tecnológica en la conquista del espacio frente a su oponente soviético, los objetivos del Proyecto Constelación serán mucho más ambiciosos:

1) Supervivencia y colonización
La historia de la Tierra nos ha demostrado que vivimos en un Universo lleno de amenazas que de forma imprevisible han obligado a las especies a evolucionar y a migrar en masa de unas zonas a otras para garantizar su supervivencia. Con el futuro establecimiento de bases sobre la superficie lunar será posible comenzar a plantearnos viajes tripulados a mundos próximos como Marte o la construcción de enormes estaciones que alojarán grandes colonias fuera de la Tierra. Sin duda, las corrientes migratorias del futuro serán hacia otros planetas.

2) Interés científico
La posibilidad de instalar equipos de medida y de observación astronómica fuera de la atmósfera terrestre y lejos del alcance de la enorme contaminación de radiofrecuencias, nos permitirán dar un salto enorme en el estudio y el conocimiento del Universo.

3) Interés energético
El desproporcionado desarrollo tecnológico y sus necesidades energéticas acarrearán en pocas décadas graves e irreversibles problemas medioambientales. La necesidad de desarrollar sistemas limpios y de gran capacidad de producción energética, está llevando a los científicos a pensar que la solución estará en el desarrollo de reactores de fusión nuclear. Los primeros diseños ya han sido planteados y se espera que sean operativos en tres décadas, momento para el cual será necesario el que por el momento se piensa que es el combustible más adecuado, el Helio 3, un isótopo muy escaso en la Tierra, pero que podría hallarse en gran abundancia en la superficie lunar. Este podría ser el principal motivo de las principales potencias astronáuticas por regresar a la Luna y establecer en ella bases permanentes.

Desde su inicio en los años 70 del siglo pasado, el programa de transbordadores de la NASA ha tenido detractores que trataron de demostrar la falta de seguridad y el alto riesgo que implicaba el vuelo de los mismos, los accidentes del Columbia y del Challenger fueron el detonante que hizo pensar a la NASA en la necesidad de desarrollar un nuevo vehículo espacial de geometría más simple y que ofreciese mayor seguridad a sus tripulantes. Esta circunstancia, junto con la idea de un futuro viaje tripulado a Marte, llevo a la creación del Proyecto Constelación.

Comparación entre el antiguo Saturno V, los actuales transbordadores y los futuros cohetes Ares.

Comparación entre el antiguo Saturno V, los actuales transbordadores y los futuros cohetes Ares.

Dicho programa comprende el desarrollo de una serie de cohetes lanzadores denominados Ares (Ares I, Ares IV y Ares V) así como una cápsula tripulada llamada Orion y un vehículo para acceso a la superficie lunar. Las nuevas naves serán las encargadas de sustituir a partir de 2010 a los viejos transbordadores en sus misiones de transporte y reabastecimiento de la Estación Internacional, así como de la puesta en el espacio de sondas y satélites.

El módulo Orion, así como los cohetes Ares, son una reminiscencia en cuanto a su diseño del viejo Saturno V y de las naves Apolo con las que 40 años atrás se logró el gran sueño de la llegar a la Luna. Al parecer, los primitivos diseños planteados a comienzos de los 60 parecen ser el futuro de la astronáutica medio siglo después.

Una recreación artística del módulo Orion sobrevolando la Luna. Crédito: NASA.

Una recreación artística del módulo Orion sobrevolando la Luna. Crédito: NASA.

La “reconquista” de la Luna no sólo requerirá las nuevas naves desarrolladas por el Proyecto Constelación, sino que también precisará de una serie de misiones no tripuladas que mediante el empleo de orbitadores y pequeños robots facilitarán el conocimiento de los datos científicos necesarios para la implantación de las futuras bases permanentes con total seguridad. Estas misiones tendrán lugar entre 2009 y 2016.

Además, se está barajando la posibilidad de desarrollar y enviar maquinaria de construcción que controlada de forma remota desde la Tierra iría preparando de forma básica las infraestructuras necesarias para el establecimiento de dichas bases lunares.

Las primeras misiones lunares, LRO y LCROSS
El pasado 18 de junio se lanzaban con éxito desde Cabo Cañaveral las dos primeras misiones que ayudarán a recopilar los datos necesarios para el futuro regreso a la Luna. La sonda LRO (Lunar Reconnaissance Orbiter) con sus 1.000 kilogramos de peso, orbitará la Luna durante un año a 50 kilómetros de altitud sobre su superficie, trazando meticulosamente el mejor plano de la Luna jamás realizado.

Una de las fotografías tomadas por la sonda LRO tras su reciente lanzamiento. Crédito: NASA.

Una de las fotografías tomadas por la sonda LRO tras su reciente lanzamiento. Crédito: NASA.

La LRO será la responsable de buscar e identificar los posibles emplazamientos para las futuras zonas de alunizaje, así como de estudiar el impacto que sobre la piel humana tendrá la exposición continuada de la radiación en la Luna. Para su misión contará con siete sofisticados equipos con las siguientes tareas:

-Realizar un mapeado tridimensional de la superficie lunar con una resolución de 0,5 metros / píxel mediante el empleo de cámaras ópticas, un altímetro láser y un pequeño radar.

-Detectar y medir las partículas energéticas y de niveles de radiación peligrosas para el ser humano.

-Tomar medidas precisas de la temperatura de la superficie lunar.

-Detectar mediante la medición de la emisión de neutrones y la observación mediante espectrómetro de ultravioletas de la presencia de masa de hielo de agua en los polos.

Por su parte, el satélite LCROSS (Lunar Crater Observation and Sensing Satellite), de 890 kilos de peso, está formado por la sonda propiamente dicha –provista de los equipos de medición– y un pequeño cohete llamado Centauro.

Vídeo del lanzamiento de la sonda LRO y el módulo LCROSS.

Tras realizar un vuelo sobre la superficie lunar, la dos partes del LCROSS ejecutarán una orbita alargada tomando rumbo de colisión hacia el polo sur de la luna. Unos instantes antes del choque ambas partes se desprenderán, precipitándose en primer lugar el cohete Centauro. Esta colisión provocará la formación de una nube de polvo, hielo y materiales diversos que será objeto de estudio y análisis por los espectrómetros y cámaras con los que va equipada la sonda, que transmitirá sus datos a la Tierra antes de impactar como su compañero de viaje. La fecha del impacto está prevista para el 9 de octubre de 2009.

La nueva aventura de la reconquista de la Luna ha comenzado y, si los planes de la NASA se cumplen, a finales de la próxima década quizás seamos protagonistas de un nuevo momento histórico para la Humanidad: un primer salto hacia otros mundos.

Más información:

-Proyecto Constelación (NASA, en inglés)

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