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La legión perdida de Craso

Posted on 11 enero 2012 by David Melero

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Mientras desfilaban en medio de vítores por las calles de la ciudad eterna camino de Brindisi, donde embarcarían rumbo a Siria, aquellos soldados romanos no podían imaginar que estaban iniciando el camino de una tortuosa aventura de la que la mayor parte de ellos no regresaría jamás. La derrota de aquella legión comandada por el triunviro Marco Licinio Craso se convertiría en uno de los mayores fracasos de Roma, hasta el punto de que, con el tiempo, cuando un romano hacía referencia a una grave equivocación, empleaba la expresión “Craso error” –que ha perdurado hasta nuestros días–, en referencia a este pasaje de su historia.

Craso había sido nombrado procónsul de la provincia Siria y, codiciando la fama y la gloria de la que gozaban sus homólogos triunviros –Pompeyo y Julio César–, había decidido armar, de su propio bolsillo, un ejército de siete legiones –más los auxiliares– a las que se unirían posteriormente mil jinetes eduos regalados por César para su periplo por Oriente. Craso era el hombre más acaudalado de Roma en aquel momento y, de hecho, los escritores clásicos sólo han sabido destacar su avaricia ya que, como veremos, no sobresalía ni en las artes militares ni en carisma personal. A pesar de haber superado los 60 años, le gustaba verse a sí mismo como el nuevo Alejandro Magno, llegando hasta el Indo y el mar Océano.

Sin embargo, su expedición estaba abocada al fracaso. Ya antes de salir de Roma, Ateyo Capitón –un tribuno de la plebe que se oponía a aquella aventura–, se interpuso en el camino de Craso con los brazos extendidos y lo maldijo haciendo mención a dioses e improperios que harían escandalizar a un romano decente. Ateyo fue retirado de la calzada y el triunviro hizo caso omiso a tales alusiones.

Esta pequeña anécdota, sin embargo, fue sólo el comienzo de un sinfín de hechos que irían minando poco a poco la moral de la tropa: aunque un legionario romano era capaz de enfrentarse a cualquier peligro o enemigo, si algo podía hacer mella en su ánimo eran las supersticiones y la mala suerte.

Busto de Marco Licinio Craso | Crédito: Wikimedia Commons.

Fuera casualidad o fruto de las maldiciones de Ateyo, lo cierto es que ya en el puerto de Brindisi el clima se mostró poco favorable y la prudencia sugería que no era conveniente embarcar. Pero Craso se empeñó en partir cuanto antes, rumbo a su nuevo destino, y una tormenta feroz en el Adriático hizo naufragar a gran número de naves.

Una vez en Oriente, Craso necesitaba una campaña militar que le proporcionase la gloria y la fama que César y Pompeyo habían obtenido en la Galia e Hispania respectivamente. Esta fue la razón que le decidió a someter Partia, un reino tan preocupado en sus propios asuntos sucesorios que no representaba una amenaza real para Roma. O eso parecía…

Partia había estado gobernada hasta entonces por el rey Phraates III, cuyos dos hijos –Mitrídates y Orodes– intrigaron contra él y lo asesinaron. Tras el parricidio subió al trono el mayor de los dos hermanos, quien gobernaría como Mitrídates III. Una vez rey, éste declaró la guerra a Artabaces de Armenia, aliado de Roma, así que la agresión del nuevo rey parto era la excusa perfecta que Craso necesitaba para intervenir allí.

Mientras, en Partia continuaban las luchas internas por el poder y la guerra con Armenia pasó a un segundo plano. El rey y su hermano Orodes estaban ahora enfrentados, y este último, apoyado por el enérgico Surena, consiguió destronarle, obligando a Mitrídates a huir. Aquella Partia dividida por una guerra civil era un manjar demasiado apetecible como para ser ignorado por el gobernador romano de Siria.

EL DESASTRE DE CARRHAE
Craso cometió el error de, una vez haber cruzado el Éufrates y sometido a las ciudades fronterizas partas, volver a Siria para pasar el invierno. El triunviro perdió así el factor sorpresa y además permitió a los partos rearmarse, dejando tan sólo unas insuficientes guarniciones en las ciudades conquistadas.

Plutarco, en sus célebres Vidas paralelas, se hizo eco de lo que ocurrió a continuación: «Cuando ya estaba para mover las tropas de los cuarteles de invierno le llegaron embajadores del rey Arsaces [Orodes], trayéndole un mensaje muy breve, porque le dijeron que si aquel ejército era enviado por los romanos la guerra sería perpetua e irreconciliable; pero que si Craso había llevado contra ellos las armas y ocupado sus ciudades sin el permiso de la patria y arrastrado sólo por la codicia, que era lo que les había informado, Arsaces estaba dispuesto a usar de moderación, compadeciéndose de la ancianidad de Craso, y a restituirle los soldados, que más bien se hallaban en custodia que en guarnición. Díjoles Craso con altanería que en Seleucia les daría la respuesta, y el más anciano de los embajadores, llamado Vagises, echándose a reír y mostrando la palma de la mano: ‘Aquí, ¡oh Craso! –le dijo– nacerá pelo antes que tú veas a Seleucia’».

Territorios del antiguo reino parto, donde tuvo lugar la desastrosa batalla de Carrhae | Crédito: Wikimedia Commons.

Este fue sólo el primero de una serie de malos presagios que fueron minando la moral de la tropa lo que, unido a la incompetencia militar de Craso y a la eficacia del ejercito parto, terminaría por hacer de la expedición un verdadero fiasco. Cuando las tropas llegaron a la ciudad de Zeugma, en la orilla occidental de Éufrates, se desató una terrible tormenta sobre el lugar en el que iba a levantarse el campamento romano. El caballo asustado de un oficial se desbocó y derribó a su jinete, lanzándolo a las aguas revueltas del gran río, donde desapareció ante la atenta mirada de la tropa.

Temiendo que el Éufrates se desbordase, Craso movilizó a las legiones para cruzar a la otra orilla por el puente que se había construido. A partir de ese momento se desató el caos, agravado por una densa niebla. El aquilífero no podía mover el águila de vanguardia clavada en la tierra y, cuando sus compañeros se prestaron a echarle una mano, ésta se giró en dirección contraria, como si quisiera que el ejercito no cruzase el río.
 La prisa de Craso, la niebla que impedía ver más allá de una lanzada, el río embravecido, los rayos que descargaban con furia… Todo convirtió la maniobra en un desastre, perdiéndose hombres, animales y mercancías arrastradas por el agua.

Dos hechos terminaron por convencer a los soldados de que la campaña estaba maldita. En lugar de arengar a la tropa y contratar los servicios de un adivino que propiciara buenos augurios, Craso mandó destruir el puente para que nadie tuviera la tentación de huir, alegando que volverían por Armenia una vez conquistada Partia. Además, quiso el azar que aquella noche tocase cenar lentejas y sal, una comida que los romanos asociaban con el luto y los funerales.
 Desde ese momento el descalabro fue absoluto: el abandono de los aliados armenios, los engaños de los guías locales que trabajaban para Surena, el clima sofocante, la tropa desmoralizada… Todo desembocó en la batalla de Carrhae (53 a.C.), uno de los mayores desastres militares de Roma.

De las siete legiones, cuatro mil auxiliares, cuatro mil caballeros romanos y los mil jinetes eduos de César, tan sólo quinientos caballeros al mando de Cayo Casio Longino regresaron para reorganizar la defensa de la provincia Siria.
 En los meses posteriores a la batalla, pequeños grupos de supervivientes fueron llegando a territorio romano, pero el desastre era de una magnitud colosal: diez mil prisioneros, y el general Marco Licinio Craso –junto a su hijo y todos los altos mandos romanos– masacrados.

Estatua representando al general parto Surena | Crédito: Wikimedia Commons.

A pesar de ser sólo cuestor, Casio Longino era el oficial de más alto rango que sobrevivió al desastre y por lo tanto el encargado de reorganizar las tropas y las defensas del territorio. Carente de efectivos, fortificó las ciudades costeras y resistió en Antioquía el asedio parto. Y aunque pasaría a la historia como uno de los asesinos de César, hay que reconocerle la heroicidad y arrojo en la defensa y conservación del territorio sirio para Roma. Un logro que le hizo regresar a la capital como un héroe de la República.

EL COMIENZO DE UNA LEYENDA
Es aquí donde comienza la leyenda de los diez mil romanos apresados por los partos. Su destino más probable era la esclavitud, pero el rey Orodes no quiso desperdiciar la oportunidad de contar con legionarios romanos y utilizó a muchos de ellos para crear unidades destinadas a defender otras fronteras. Nos cuenta Plinio el Viejo en su Historia Natural que los prisioneros fueron llevados a la región de Margiana. Era ésta una zona rodeada de montes en un entorno de mil quinientos estadios y de difícil acceso por causa de unos desiertos arenosos que se prolongaban a lo largo de ciento veinte mil pasos.

Muchos de estos prisioneros fueron enviados a las minas para realizar trabajos forzados, pero las unidades de élite romanas se emplearían en Bactria, para proteger las fronteras de los nómadas que asolaban el territorio, antecesores de los hunos. Aquí desaparece la pista de la legión perdida. Años más tarde (20 a.C.), cuando Roma venció a los partos, exigió la devolución de los soldados que habían sido hechos prisioneros, pero a pesar de los esfuerzos del Imperio por recuperarlos, nada se supo de esos hombres.

En el año 36, con la dinastía Han gobernando China, el general Gan Yanshou emprendió una campaña militar en la actual provincia de Xingiang contra los nómadas de la zona. Las crónicas de la campaña fueron registradas por el historiador chino Ban Gu. El cronista narra cómo cerca de la actual capital de Tadjikistán –en la ciudad de Zhizhi–, el contingente chino se enfrentó a un misterioso ejército compuesto por soldados veteranos, muy disciplinados y que se resguardaban en una fortaleza de madera en forma circular. Añadía, además, que su infantería estaba perfectamente formada, con una línea de “escamas de pescado” que protegía cuerpo y extremidades. Éste ejército misterioso provocó la admiración de los chinos, que perdonaron la vida a los últimos 1.500 soldados, los cuáles, según Ban Gu, fueron destinados a la provincia de Gansu, donde fundaron la ciudad de Liquian para proteger la muralla de los invasores.

Legionarios romanos | Crédito: Wikimedia Commons.

Las pruebas genéticas realizadas en los últimos años a los habitantes de esta región de China ha puesto de manifiesto que casi dos terceras partes de su ADN es de origen caucásico –muchos tienen ojos azules o verdes, pelo rubio y una nariz típicamente caucásica–, dando cierto apoyo a la hipótesis, defendida en los últimos años por algunos estudiosos, de que podrían ser descendientes de los romanos de la “legión perdida”.

La teoría fue presentada por primera vez en la década de 1950 por Homer Dubs, profesor de Historia de China en la Universidad de Oxford.
 Sin embargo, otros estudiosos dudan de la hipótesis y creen que estos “romanos” serían en realidad descendientes de los ejércitos de los hunos que merodeaban por el centro de Asia, y que contaban con soldados de origen caucásico.

Maurizio Bettini, un clasicista y antropólogo de la Universidad de Siena, desestimó la teoría calificándola de ‘cuento de hadas’. “Para que sea indiscutible, habría que encontrar elementos como monedas o armas que fueron típicas de los legionarios romanos”, explicó en unas declaraciones al diario italiano La República. “Sin pruebas de este tipo, la historia de las legiones es sólo una leyenda”.

La actual ciudad de Tashkent estaba situada en la zona más oriental de Sogdiana, mientras que Antioquía, como ya dijimos, estaba en la zona central de Margiana, junto al rio Margo. En opinión del escritor Carlos Javier Pacheco, que un grupo de romanos escapara hasta la ciudad de Tashkent desde Antioquía sin ser capturado resulta poco factible debido a la distancia y lo complicado del terreno. Margiana estaba rodeada de desiertos y, aunque los fugados contaran con caballos, no estaban a la altura de los partos como jinetes. De haber querido huir, posiblemente lo habrían hecho en dirección oeste –hacia Roma–, en lugar de adentrarse en tierras que no conocían.

Recreación histórica, con legionarios formando en testudo | Crédito: Wikimedia Commons.

Entrando en el terreno de la hipótesis, tal vez Orodes no destinó a todos los prisioneros romanos a una misma ciudad, sino que los repartió entre varias a lo largo de las fronteras de sus dominios. No sería una idea descabellada, porque al separarlos era más complicado que se rebelaran. Evidentemente, Orodes no ignoraba lo peligrosa que podía ser la infantería romana y con diez mil soldados romanos se podían formar casi dos legiones. Dado el profundo temor que tenían los reyes Arsácidas por las rebeliones internas, es posible que actuara de esa manera para evitar que pudieran ser utilizados en su contra.

No obstante, sólo se trata de una hipótesis. Desde una ciudad situada en Bactriana o Sogdiana hasta Tashkent sigue habiendo una distancia considerable, pero no tan grande como desde Antioquía, por lo que una posible fuga de parte de los romanos si sería más creíble.

Según el investigador australiano David Harris (que trabajó como profesor de inglés en la Universidad de Lanzhou con el propósito de investigar el tema), lo que ocurrió es que los romanos consiguieron escapar y huyeron hacia los territorios del rey huno Jzh-Jzh, a quién ofrecieron sus servicios como mercenarios. En ese caso, es probable que hubieran utilizado el griego como medio de comunicación, ya que este era el idioma que los partos usaban para la diplomacia y para el comercio. Los hunos eran enemigos de los partos, pero es posible que a través de comerciantes asentados en Sogdiana (por donde pasaba la ruta de la seda) pudieran entenderse con los romanos. Jzh-Jzh era un rey muy belicoso y codiciaba la rica zona del sur de China. Sin embargo los chinos decidieron acabar con esa amenaza y lanzaron una ofensiva militar contra sus dominios. Y es aquí donde enlazarían con las crónicas chinas.

Sin embargo, y como ya hemos comentado, nos movemos en el terreno delicado de las hipótesis, donde uno puede caer en el error de enlazar hechos movido por el deseo de hacer realidad una idea romántica más que por las evidencias históricas. A la espera de nuevos hallazgos arqueológicos que nos muestren cuál fue el auténtico destino de los diez mil soldados romanos, seguiremos llenando folios en blanco con el enigmático final de éstos valerosos hombres.

BIBLIOGRAFÍA

-G. DOVAL. Breve Historia de la China Milenaria. Ed. Nowtilus. Madrid.
-R. POCH. La actualidad China, ed. Crítica. Madrid.
-BELTRÁN, F. y MARCO, F. Atlas de Historia Antigua. Ed. Pórtico, Zaragoza, 1996.
-WULFF, Fernando. Grecia en la India. Ed. Akal. Madrid, 2008.

-MUTSCHLER, M y MITTAG, A. China and Rome, Oxford, 2008.
-SCHEIDEL, W. Rome and China. Oxford, 2009.
-Plutarco. Vidas paralelas. Ed. Gredos S.A., 2010 Madrid.
-Plinio el viejo. Historia Natural. Biblioteca Clásica Gredos, 2010, Madrid.

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Caballos y carros en una tumba china de 3.000 años

Posted on 02 septiembre 2011 by Redacción

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Los obreros que participaban en la construcción de un hospital en la ciudad china de Luoyang se llevaron una sorpresa mayúscula al descubrir los restos de una antiquísima tumba oculta desde comienzos de la dinastía Zhou occidental (1050-256 a.C., aproximadamente). Sin embargo, cuando los trabajadores de la construcción fueron sustituidos por un equipo de arqueólogos, la sorpresa fue aún mayor.

En el interior de la tumba, una fosa o pozo vertical de tierra, fueron apareciendo los restos de doce caballos, tumbados sobre el costado, junto a al menos cinco carros, así como numerosos objetos de bronce y cerámica. A juzgar por los restos descubiertos hasta la fecha, los arqueólogos chinos han llegado a la conclusión de que los animales fueron sacrificados poco antes del enterramiento, descartando que hubieran sido enterrados vivos. Por otra parte, los expertos creen que la tumba debió pertenecer a algún oficial o personaje importante, debido a la características de las armas de metal, las vasijas y las inscripciones encontradas.

Según los historiadores, el hallazgo de esta tumba supone una oportunidad única de conocer en profundidad las costumbres mortuorias que se realizaban en la época de la dinastía Zhou occidental, en un momento en el que destacaron grandes filósofos, como el célebre Confucio.

Fuente: Remains of horses and chariots found in 3,000-year-old tomb in China

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22 años de Tiananmen

Posted on 03 junio 2011 by Redacción

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Los tanques tras tomar la plaza, el fatídico 4 de junio de 1989. © Koichi Imaeda / Magnum Photos.

Mañana, 4 de junio, se cumplen 22 años de la terrible masacre de Tiananmen (China). El 15 de abril de 1989, y tras la muerte de Hu Yaobang, a quienes los estudiantes chinos consideraban un defensor de los intelectuales, miles de personas, especialmente estudiantes de la Universidad de Pekín, intelectuales y trabajadores, salieron a la calle coreando consignas democráticas, pidiendo reformas políticas de distinta índole y criticando sin tapujos al líder del Partido Comunista.

Soldados en el centro de la plaza, a las 4:30 horas de la madrugada. © Koichi Imaeda / Magnum Photos.

Los manifestantes, cada vez en mayor número, llenaron las calles de Pekín, pero en especial la plaza de Tiananmen, causando una creciente molestia y preocupación en el régimen. El 20 de mayo, y ante el cariz y las dimensiones de la protesta, el gobierno chino decidió decretar la ley marcial. Apenas unos días después, en la noche del 3 de junio, los efectivos del Ejército Popular de Liberación recibieron la orden de tomar la plaza a la fuerza, empleando incluso tanques para lograr su objetivo. Horas más tarde se desató la tragedia: una durísima represión que terminó con la vida de cientos de personas (las cifras de muertos varían entre las 400 y 800 víctimas citadas por algunas fuentes y las más de 2.000 contabilizadas por la Cruz Roja) y dejó varios miles de heridos.

Decenas de manifestantes el 18 de mayo, días antes de que se produjera la tragedia. © Patrick Zachmann / Magnum Photos.

Dos estudiantes durante las protestas en la plaza, 26 de mayo. © Stuart Franklin / Magnum Photos.

Con motivo de este triste aniversario, la web Slate.com ha recopilado, en colaboración con la agencia fotográfica Magnum, una galería fotográfica con instantáneas tomadas por distintos reporteros en la célebre plaza. Esta selección –con un total de 24 fotos– constituye una buena muestra de lo que se vivió en Pekín en aquellos días, imágenes que sorprendieron y sobrecogieron a todo el planeta. Una de las imágenes más impactantes de aquella represión fue tomada por varios fotógrafos en los últimos momentos de la revuelta, con los tanques ya en la calle aquel 4 de junio. En la imagen se observa a uno de los manifestantes parado frente a una hilera de tanques, desafiando su avance pacíficamente. Uno de los fotorreporteros que captó el momento fue el fotógrafo Charlie Cole, de la revista Newsweek, quien gracias a ella obtuvo el prestigioso premio World Press Photo aquel año. Podéis leer un relato más detallado sobre cómo se captó esta icónica imagen en el siguiente enlace de la Wikipedia: El hombre del tanque de Tiananmen.

Fuentes:
-Today’s Pictures: Tiannamen Square (Slate.com)
-El hombre del tanque de Tiananmen (Wikipedia)

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El águila y el dragón

Posted on 19 mayo 2011 by David Melero

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Durante mi época de estudiante de Historia en la Universidad de Zaragoza, y en especial en las clases de Historia Antigua, hubo un detalle histórico que siempre llamó mi atención, la aparente existencia de dos barreras infranqueables que griegos y romanos nunca llegaron a cruzar: las columnas de Hércules (el Estrecho de Gibraltar) en el Mediterráneo y el río Indo en Asia. ¿Cómo era posible que dos de los Imperios más grandes jamás conocidos (el Imperio Romano y la China de los Han), hubiesen coexistido sin llegar a conocerse? Sin embargo, cuando uno comienza a investigar en los supuestos contactos entre el mundo grecolatino y las culturas asiáticas, llega a la conclusión de que éstos son un hecho algo más que anecdótico.

La estratégica posición del subcontinente indio lo sitúa en una ubicación muy específica como lugar de conexión de espacios. Por mar, sus amplias costas miran hacia el sudeste asiático, pero también hacia África, Arabia y el Golfo Pérsico; éste último escenario suponía un triple ámbito de contacto: con Arabia, las mesetas iranias y Mesopotamia. La navegación de cabotaje era relativamente fácil y está bien constatada en ambas direcciones. Por tierra y en ésta misma dirección, había dos vías de conexión sin excesivas dificultades: la que lleva a través de las mesetas iranias hacia Mesopotamia pasando por Persia y la que conecta, atravesando el Indo y los actuales Pakistán y Afganistán, con las llanuras eurasiáticas y las rutas hacia China.

Éstos contactos a los que hago referencia fueron iniciados ya por el Imperio Persa, hecho que queda atestiguado en las tropas descritas por Heródoto, que servían a las ordenes del Rey de reyes, en las Guerras Médicas contras los griegos. La llegada y conquista de Alejandro Magno a éstas geografías supone el inicio de una serie de expediciones para explorar las rutas hacia el Mar Rojo y Egipto bordeando Arabia. Queda constatada la presencia de una falange griega del ejercito de Alejandro Magno, que permaneció durante meses en el Hindu Kush (actual Pakistán). Su huella cultural ha llegado hasta nuestros días en los descendientes de la tribu kalash, de ojos claros y cabello rubio, y cuyo panteón de deidades guarda fuertes paralelismos con el panteón olímpico griego.

Alejandro Magno a lomos de su caballo Bucéfalo. Mosaico romano del siglo I a.C. descubierto en Pompeya. Crédito: Wikipedia.

A la muerte de Alejandro, serán los reinos helenísticos quienes tomen el relevo en las relaciones con el mundo asiático, sobre todo Seleúcidas y Ptolomeos. Así nos lo trasmite un griego de gran importancia, Megástenes, quien trabajaba para el rey helenístico Seleúco I Nicátor y que, como embajador, visitó Palibothra (la actual Patra), unos años después de la muerte de Alejandro. El libro que dejó escrito, Indika, se convirtió en una de las fuentes más importantes que poseemos sobre la India de la época helenística. En dicho trabajo describe una vía real desde la frontera seleúcida hasta la capital india, con columnas periódicas que señalaban la distancia. Nos ofrece también una descripción detallada de la ruta y los ríos que recorre en su periplo. Un punto importante de contacto era Bactria, región del Asia Central ubicada en los territorios que hoy comprenden Afganistán, el sur de Uzbekistán y Tayikistán, donde se mantuvieron durante siglos rasgos esenciales de la cultura griega, desde la ciudad misma, las monedas, la epigrafía o algunas producciones literarias. Esta región mantuvo contactos comerciales en todas las direcciones a partir de las viejas rutas marítimas o de otras nuevas abiertas a tal efecto. Las monedas nos hablan de un comercio nada desdeñable con la India y como vehículo de difusión cultural, que se manifiesta en la presencia de divinidades indias junto a las griegas. Se tienen constatados otro tipo de contactos, como la embajada diplomática de Heliodoro por orden del rey heleno Antialcidas, entorno al año 100 a.C. En aquel viaje hizo erigir una columna con inscripciones en sánscrito, donde exhibía su condición de debito del dios hindú Vishnú, cerca de la moderna ciudad de Vidisha, en el Este de la India. Este hecho certifica la interacción de ambas culturas, que no se limitaba exclusivamente al ámbito político-económico.

Hay una importante cantidad de datos, incluyendo restos epigráficos, que nos permiten afirmar esa interacción cultural con el subcontinente indio, donde ciudades e individuos se definían como griegos -yavana- y que llega hasta época imperial romana. Dión de Prusa indica cómo entre los presentes en uno de sus discursos en Alejandría se encuentran oyentes “persas, bactrianos, y hasta indios”. Todavía en el siglo II d.C. se mantenía el uso del griego en las monedas, donde encontramos divinidades griegas junto a otras indias o iranias.

Máxima extensión del imperio de Alejandro, la ruta que siguió a lo largo de sus conquista y algunas de las ciudades que fundó. Crédito: Wikipedia. (Click para ampliar).

Otro ámbito de contacto con el continente asiático fue el reino Parto –que se mantuvo hasta el siglo III d.C.–, donde se mantuvieron como tales las ciudades griegas fundadas por Alejandro Magno y los seleúcidas. Se desarrollaron formas culturales propiamente griegas, de las que se tiene constancia a través de la epigrafía, la arqueología o las fuentes literarias (cómo Estrabón). Esto se constata durante mucho tiempo con la presencia –exclusiva–, de griegos en cargos públicos de la administración y de la guardia real, así como de la convivencia del griego y el siríaco como idiomas oficiales, o la sustitución de la escritura cuneiforme por la grafía griega. Los partos ejercieron de mediadores en las rutas terrestres que permitían la entrada y salida de mercancías. En época romana se cuidaron de evitar el contacto directo entre el Imperio Romano y la China de los Han, para no perder así su monopolio como intermediarios en dichas transacciones comerciales.

En cuanto a los Ptolomeos de Egipto, pudieron aprovecharse de su situación estratégica para llenar sus arcas, potenciando las rutas que llevaban especias, maderas, piedras preciosas o seda de china por el Mar Rojo. Egipto buscaba desarrollar y controlar la ruta, primero bordeando la Península arábiga y llegando por la zona Oriental del Golfo Pérsico a los reinos indios de la desembocadura del Indo. En éste juego el comercio con las rutas africanas y Etiopía generaran nuevas posibilidades económicas. Sabemos de tareas de ingeniería, acciones y organizaciones militares y hasta de altos funcionarios encargados del control de la ruta. El rey Ptolomeo II costeó la organización de un carísimo desfile que representaba la vuelta del dios Dionisos de su conquista india, con elefantes, mujeres indias y hasta pavos reales… Sin embargo, lo más transcendente fueron los avances en el campo de la navegación. Frente a la navegación de cabotaje, a finales del siglo II a.C. se descubrió cómo aprovechar los monzones, lo que aseguraba viajes anuales de ida y vuelta, llegando cada vez a zonas más meridionales de la India y hasta Ceilán, pudiendo alcanzar en época romana la desembocadura del Ganges y, conectando con rutas que les llevarían al sudeste asiático y China. La presencia romana está atestiguada en las comandancias de Jiaozhi y Rinan (en el norte de Vietnam), punto de entrada a China.

Ptolomeo II, en una pintura de Jean-Baptiste de Champaigne. Crédito: Wikipedia.

EL RELEVO DEL IMPERIO ROMANO
La conquista romana del espacio Mediterráneo culminó con la absorción de Egipto en el año 30 a.C., lo que convirtió al Imperio en el sucesor de los Seleúcidas en su intento por disputar a los Partos (y luego a los Sasánidas) los espacios que albergaban las rutas comerciales por tierra con China y la India. De los Ptolomeos heredaron las rutas marítimas que conectaban Alejandría con India, Ceilán y el sudeste asiático. No faltaron en este período relaciones diplomáticas e, incluso como veremos en el caso de Augusto, búsqueda de aliados en los reinos indios para combatir a los Partos. Lucio Anneo Floro en sus Epitomae, habla de embajadas de “Seres (así denominaban los romanos a los chinos) e indios que viven bajo el sol” llegadas para honrar al emperador Augusto.

Cabe recordar que el dominio del Imperio supuso la apertura y unificación de todos los mercados mediterráneos, e incluso en algunos casos su creación, con la consiguiente implicación en el desarrollo de modas, gustos y hábitos comunes, así como gastronómicos. Pimienta y otras especias, seda, algodón y maderas tropicales recorrían las rutas comerciales de todo el Imperio. La India se convirtió en el destino preciado y en una fuente de ingresos para el fisco imperial. Si no se puede hablar de una flota de Indias, si podemos hacerlo de una “flota de India”. Hablamos de unos ciento veinte barcos, en época de Estrabón (s. I a.C.-s. I d.C.), que van y vienen anualmente. El comercio durante los dos primeros siglos tras el cambio de era resultó de una magnitud sin precedentes. Basta con ver las cifras de millones de sestercios que manejaba el escandalizado Plinio, el mismo que citaba el comercio con China y la Península Arábiga: “Para el cálculo más bajo, India, Seres (China) y la Península Arábiga toman de nuestro Imperio cien millones de sestercios cada año: es decir, eso es cuanto nos cuestan nuestros lujos y mujeres” Plinio el Viejo, Naturalis Historiae XII, 84.

Estatua de Buda, siglo V d.C. Crédito: British Museum.

Una obra trascendental del siglo I es El Periplo del Mar Rojo, una guía para la navegación y el comercio que nos muestra todos los puertos y mercados hasta el Ganges, y que entre otras cosas menciona a los reyes de los que dependen dichos puertos, así como qué productos se venden y se compran en cada lugar. Un Importante papel comercial demostrado con los hallazgos numismáticos del delta del Mekong, realizados por Louis Malleret (1940) en Óc Eo, conocido por Claudio Ptolomeo y los romanos como Kattigara, al que se llegaba a través de la India y Sri Lanka desde los puertos romanos del Mar Rojo. A partir del siglo II se extendieron los viajes y las rutas más allá de Malaca y China; en éste caso en particular destacó la figura de Maes Titianus, un armador griego que llegó hasta la denominada en la Antigüedad “Torre de Piedra” o Tashkurgán, en el Sudoeste chino, en la cordillera de Pamir.

EL PAPEL DE LA SEDA
Hay que considerar el papel que desempeñó en las dos rutas, la marítima y la terrestre, el mercado de la seda, elemento fundamental del comercio y una mercancía que se convertirá en elemento de lujo en todo el Imperio. La importancia de la Ruta de la Seda para las dinastías chinas se manifiestó a largo plazo en un interés estratégico en la zona, lo que conllevó incursiones militares en Bactria y el continuado intento de comunicación con el mundo mediterráneo a través de diversas embajadas. “Los Seres son famosos por la sustancia de lana obtenida de sus bosques; después de ponerla en remojo y peinar lo blanco de sus hojas… Así de diversa es la labor empleada y tan distante la región del globo por aprovechar, para permitir a las doncellas romanas hacer alarde de sus vestimentas transparentes en público…” Plinio el Viejo, Naturalis Historiae VI, 54.

Séneca, en el volumen I de sus Diálogos, nos habla de cómo el Senado de Roma emitió varios edictos para prohibir el uso de la seda, pues suponía una enorme salida de oro para las arcas del Imperio, y además las vestimentas eran consideradas decadentes e inmorales. Sin embargo, dichos edictos no tuvieron el efecto deseado, ya que la seda continuó siendo un elemento imprescindible en la sociedad romana. Mientras la seda salía de China, a los palacios imperiales de la dinastía Han llegaban vidrio de Alejandría, alfombras bordadas persas, telas coloreadas de oro, amianto o biso. En el año 97, el general chino Ban Chao, ávido de conocimiento por ese gran imperio al que denominaban Da Qin (Roma), envió una embajada a cargo del explorador Gan Ying, con setenta mil hombres, que llegó hasta Mesopotamia y el Mediterráneo, en un viaje que duró casi dos años. Cuando preguntó cuál era la distancia que le separaba de la capital imperial, la respuesta le desanimó: la misma que ya había recorrido, y decidió volverse sin alcanzar la capital del imperio. Sin embargo escribió una obra, el Huo Hanshu, en la que describió lo vivido: “Su territorio cubre varios miles de lis (un li es una medida que equivale aproximadamente a medio kilómetro), y tiene más de 400 ciudades amuralladas. Los muros externos de las ciudades están hechos de rocas. Han establecido estaciones de correos… Hay pinos y cipreses. En cuanto al rey, no es una figura permanente sino que es es elegido como el hombre más valioso (digno)… La gente en este país es alta y con rasgos uniformes. Se parecen a los chinos, y es por eso que este país es llamado Da Qin (El Gran Qin)… El suelo produce grandes cantidades de oro, plata y piedras preciosas, incluyendo la joya que brilla por la noche… cosen tejidos de finos bordados con hilos de oro para crear tapicería de variados colores y ropa con tinte dorado así como “ropa bañada en fuego” (asbesto). Es de este país del que vienen todos los variados, maravillosos y raros objetos de otros estados.”

Moneda con la efigie de Alejandro Severo. Crédito: Wikipedia.

En el año 161 se produce la primera expedición oficial, aunque ya durante el reinado del emperador He (89-105 d.C.) ya se atestiguan envíos de tributos y ofrendas desde Da Qin. Una misión de embajadores registrada, enviada por Antonino Pío al emperador Huan de la dinastía Han, que finalizó en el 166 reinando ya Marco Aurelio. y en el s.III Alejandro Severo envió una comitiva a Caio Rui, del reino Wei. Posteriormente, el emperador Caro (282-283 d.C.) o los sucesivos contactos con el imperio Bizantino (“Fu-Lin”)(643, 667, 701 y 719 d.C.) nos dan fe de una interacción entre ambos espacios culturales. Por este motivo no sorprende encontrar un auténtico punto colonial romano en Arakamedu, cerca de Pondicherry (costa de Coromadel) o que una tábula romana apareciese en Múziris (Costa Malabar), hallada en un templo dedicado al culto imperial, lo que nos permite pensar en una población permanente de ascendencia mediterránea en la zona. O que en la literatura tamil se mencionen poblaciones costeras de Yavana, (termino utilizado para la población griega, y posteriormente a las gentes llegadas del Mediterráneo, romanos incluidos), se describen sus barcos, el intercambio de oro por pimienta, el vino traído por ellos, además de los servicios prestados como mercenarios a las ordenes de reyes autóctonos, o la fabricación de maquinas de asedio de ciudades.

BIBLIOGRAFÍA
BELTRÁN LLORIS, Francisco y MARCO SIMÓN, Francisco, Atlas de Historia Antigua, ed. Pórtico, Zaragoza,1996.
WULFF, Fernando, Grecia en la India, ed. Akal, Madrid, 2008.
MUTSCHLER, F. M. y MITTAG, A., China and Rome, Oxford, 2008.
SCHEIDEL, W., Rome and China, Oxford, 2009.

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Un fotógrafo británico en la China del siglo XIX

Posted on 10 julio 2010 by Redacción

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La vida en el Reino Unido de mediados del siglo XIX debía parecerle monótona y gris al joven William Saunders (1832-1892), así que cuando todavía no había cumplido los treinta años, decidió dar un cambio radical a su vida y trasladarse, ni más ni menos, que al continente asiático. Fue así como, a finales de la década de los años 50, Saunders ponía sus pies en territorio chino, en pleno desarrollo de la Segunda Guerra del Opio (1856-60).

Aficionado al recién nacido arte de la fotografía, Saunders dedicaría sus años en el país asiático a documentar buena parte de la vida y costumbres de la población de la época, tomando imágenes que en ocasiones enviaba a publicaciones occidentales como el Illustrated London News o la revista The Far East. En enero de 1862 se convirtió en el primer fotógrafo en abrir un estudio en Shanghai, y aunque centró su trabajo en la realización de retratos, nunca abandonó su interés por las escenas “costumbristas”. En ese mismo año viajó también a Japón, donde también realizó fotografías de algunos lugares, como Yokohama, donde residió durante tres meses.

Una de sus fotografías más célebres es precisamente la que abre este post (click para ampliar), y que data de la Segunda Guerra del Opio. Saunders tuvo la oportunidad de presenciar en primera persona una ejecución pública durante el conflicto armado, y logró captar una imagen que, pese a las limitaciones técnicas de la época, genera un fuerte impacto visual en el espectador. De hecho, la fotografía fue difundida más tarde por numerosos diarios occidentales, y se convirtió casi en un icono de la citada contienda. Si os fijáis detenidamente, llama la atención que buena parte de las personas que aparecen en la instantánea –si exceptuamos a los verdugos, la víctima y alguna figura más–, parecen mucho más interesados en el fotógrafo y su curioso artilugio que en la ejecución en sí.

Algunos años después, en 1871, Saunders vería publicada una recopilación de 50 de sus fotografías en Portfolio of Sketches of Chinese Life and Character. Rastreando un poco por la red pueden encontrarse algunas imágenes suyas, como las que podéis ver bajo estas líneas, y que de nuevo se centran en escenas de la vida cotidiana de la China del momento, en ocasiones con temas igualmente crudos y poco edificantes, como las de los prisioneros encadenados, y otros más curiosos, como la de los fumadores de opio o la escena de barberos.

Prisioneros encadenados. Atribuida a William Saunders. Crédito: Robert O. Dougan Collection.

Fumadores de opio. Crédito: Northern Light Gallery.

Escena de barberos.

Sacerdotes budistas. Crédito: Northern Light Gallery.

Fuentes:

-William Saunders (Wikipedia)

-An execution in China (Iconic Photos)

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Adivinación en la antigua China

Posted on 13 mayo 2010 by Redacción

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Al igual que sucedió en otras poderosas civilizaciones de la Antigüedad, la cultura china otorgó una importancia capital a la adivinación del porvenir. De hecho, la práctica de la adivinación en sus distintas vertientes gozaba de gran prestigio y consideración –en especial entre las clases poderosas–, incluso en las primeras épocas de esta cultura.

Además de los augurios realizados por los astrólogos, que estudiaban e interpretaban los designios mostrados por los astros y diversos fenómenos naturales, existía una auténtica élite de adivinos especializados en la lectura de los signos del futuro.

En las etapas más primitivas de la civilización china se producía del siguiente modo: se quemaban petos o caparazones de tortuga, y a continuación se “traducían” las grietas que el fuego causaba en los mismos, y que se tenían por mensajes que revelaban el futuro.

Fosa con huesos oraculares en el yacimiento arqueológico de Yinxu, Anyang. Crédito: Wikipedia.

Más tarde, en la época de la dinastía Shang (1500-1000 a.C.) se realizaba un procedimiento similar, aunque en este caso se usaban normalmente huesos de buey. Cuando se quería averiguar algo sobre el porvenir –generalmente era el rey quien realizaba la consulta–, el adivino grababa en el hueso la pregunta a contestar por los espíritus, y se atravesaba el hueso con un metal ardiente. Después, el chamán o adivino procedía a interpretar las grietas que se formaban, y a menudo se tallaba la respuesta en el mismo hueso. El tipo de preguntas que se realizaba era muy variado, abarcando desde cuestiones de estado hasta simples preguntas sobre cuál iba a ser el día más propicio para una buena caza. Curiosamente, esta práctica ha sido de gran ayuda para los arqueólogos, pues estos huesos oraculares” o jiaguwen/jiǎgǔpiàn –de los que se han encontrado más de cien mil– constituyen los primeros ejemplos de escritura china que se conocen.

Hueso oracular de la dinastía Shang en el Museo de Shanghái. Crédito: Wikipedia.

Ya a partir del primer milenio a.C., los adivinos comenzaron a utilizar los tallos de la planta aquilea (también conocida como milenrama). Mediante su observación –los tallos podían aparecer enteros o cortados por la mitad–, se formaban figuras de tres rayas (los llamados trigramas). Combinando los ocho tipos diferentes de trigramas (cada uno con un significado distinto)  podían generarse a su vez sesenta y cuatro hexagramas. De este modo, los adivinos interpretaban dichos hexagramas para emitir su vaticinio, siguiendo las explicaciones contenidas en el Libro de las mutaciones, más conocido como I Ching.

Más información sobre los Huesos oraculares en la Wikipedia

Entradas relacionadas:

-Magia negra en la Antigüedad

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Hallan un nuevo dinosaurio en China

Posted on 01 febrero 2010 by Redacción

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Un equipo de paleontólogos de la Universidad George Washigton ha descubierto en el desierto de Gobi (China), restos fósiles de un nuevo dinosaurio, que ha sido bautizado como Haplocheirus sollers. Hace aproximadamente 85 millones de años, durante la era del Cretácico, poblaban la Tierra unos dinosaurios de la familia Alvarezsaurus, una extraña especie de pequeños saurios bípedos con aspecto gallináceo que al parecer fueron el primer peldaño de la escalera evolutiva de las aves. Descubiertos por primera vez en tierras argentinas por el historiador que les da su nombre, el argentino Gregorio Álvarez, parece ser que sus orígenes se trasladan a Asia, según recientes investigaciones.

El equipo de paleontólogos de la Universidad George Washington, liderado por el doctor Jonah Choiniere, acaba de publicar en la revista Science un descubrimiento realizado durante el año 2004 en la región china de Xinjiang, en pleno desierto del Gobi –uno de los más nutridos viveros de restos de dinosaurios–, que amplía el registro fósil de la familia Alvarezsaurus. Durante su expedición, los investigadores norteamericanos descubrieron un pequeño dinosaurio perteneciente a la especie de los Alvarezsaurus, pero cuya antigüedad se remonta al Jurásico Superior, unos 60-80 millones de años anterior a los restos hallados en tierras americanas.

“El Haplocheirus sollers es un fósil de transición, porque muestra un paso evolutivo temprano en el modo en que las extrañas manos de los futuros Alvarezsaurios evolucionaron a partir de dinosaurios predadores anteriores”, asegura Choiniere, autor principal del estudio publicado por Science. Con aspecto gallináceo y una longitud de entre 190 y 230 cms, el Haplocheirus poseía una alargada cabeza, pequeños dientes y estaba dotado de dos estilizadas extremidades posteriores  sobre las que se mantenía erguido, además de dos fuertes y cortas extremidades anteriores que terminaban en garras formadas por tres dedos y que les permitían cazar pequeños mamíferos y lagartos de los que se alimentaba.

Aunque con el auténtico aspecto de un dinosaurio carnívoro, el Haplocheirus Sollers presentaba ciertos rasgos similares a las aves, como por ejemplo patas con cuatro dedos y la capacidad de mover lateralmente sus “manos”. A lo largo de sesenta millones de años de evolución, los Haplocheirus fueron reduciendo su tamaño y adquiriendo el aspecto final de los ya conocidos Alvarezsaurus, el eslabón evolutivo que desencadenaría en las actuales aves.

Ilustración: Portia Sloan / SINC.

Fuente: Descubren un nuevo dinosaurio con forma de ave (SINC)

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El ‘otro’ ejército de terracota

Posted on 08 septiembre 2009 by Redacción

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Vista de uno de los fosos de la tumba de Zhou Yafu. Crédito: Cultural-china.com

Cada año, decenas de miles de turistas acuden hasta Xi’an, en China, para contemplar con sus propios ojos el impresionante ejército de terracota enterrado para custodiar al emperador Qin Shi Huangdi en el más allá. El yacimiento constituye sin ninguna duda uno de los ejemplos de patrimonio arqueológicos más importantes del país, y una de las muestras más llamativas de las antiguas costumbres funerarias chinas. Sin embargo, no es la única.

No muy lejos de allí, en Yangjiawan, y muy cerca del mausoleo de Liu Bang, se descubrió en 1965 la tumba de Zhou-Yafu (o Zhu-Yafu), un destacado general del emperador Jing, durante la dinastía Han. El enterramiento fue creado como última morada del mencionado Zhou-Yafu y su padre, el también general Zhou Bo. La tumba está compuesta por once fosos, en los que se hallaron hasta un total de más de 2.500 figuras de terracota. En este caso, sus dimensiones son más reducidas que las halladas en Xian –las más altas miden 68 centímetros–, y sus rostros no están diferenciados, como sí ocurre con las esculturas que defienden al primer emperador. Sin embargo, el yacimiento destaca por méritos propios. Cuatro de los fosos con figuras corresponden a soldados de infantería, otros seis están repletos de fuerzas de caballería, y el restante contiene carros de guerra. En total, los arqueólogos han logrado desenterrar 583 figuras a caballo, 1.965 soldados de infantería y una figura que parece ser el comandante del ejército. Todas estas características la convierten en la tumba de mayor interés académico y artístico de las datadas en la dinastía Han.

Parte de la caballería encontrada en la tumba. Crédito: Cultural-China.com

Parte de la caballería encontrada en la tumba. © Cultural-China.com

Dos oficiales a caballo, dispuestos a defender a su general en el más allá. Crédito: Cultural-china.com

Dos oficiales a caballo, dispuestos a proteger a su general en el más allá. © Cultural-China.com

Como en el caso de los guerreros de Xian, la finalidad de estas figuras parece haber sido la de servir de protección para los fallecidos en el otro mundo. Curiosamente, la muerte del general Zhou-Yafu parece haber estado relacionada con la preparación de su tumba. Aunque había sido una destacada figura militar durante su carrera, especialmente por haber sometido la llamada Rebelión de los Siete Reinos, Zhou terminó teniendo graves desavenencias con el emperador, quien le retiró su confianza. Tiempo más tarde, el hijo de Zhou, preparando la tumba de su progenitor, decidió comprar varias armas del arsenal del emperador para decorar el enterramiento, pero se negó a pagar a los emisarios que se las entregaron. Cuando el general fue interrogado por este incidente, declaró que las armas estaban destinadas a su enterramiento, por lo que se le acusó de traición, ya que se interpretó que las armas iban destinadas a enfrentarse con el emperador en el más allá. Zhou fue arrestado y llevado a prisión, donde se dejó morir de inanición.

El misterioso comandante que lidera las tropas del general Zhou-Yafu. Crédito: Cultural-china.com

El misterioso comandante que lidera las tropas del general Zhou-Yafu. © Cultural-china.com

Pese a este terrible fin, la figura de Zhou-Yafu ha sido admirada en China durante siglos, no sólo por sus triunfos militares, sino también por su honestidad e integridad.

Más información:

-FALCO HOWARD, Angela et al. Chinese sculpture. Yale University Press.

-The Yangjiawan terracotta army

Crédito fotografías: cultural-china.com

Entradas relacionadas:

-Los increíbles ataúdes colgantes de China

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Los increíbles ataúdes colgantes de China

Posted on 16 julio 2009 by Redacción

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Las costumbres funerarias de la Antigua China resultan, habitualmente, sumamente llamativas y extrañas para nuestros ojos actuales (y especialmente aquí en Occidente). Sin embargo, hay una de ellas que destaca sin duda entre todas las demás: la de los llamados Xuanguan o «ataúdes colgantes». Aunque presente en un buen número de regiones del país, esta insólita práctica fue más habitual en el sur de China y especialmente entre los miembros de la etnia Bo.

Ataúdes colgantes de la etnia Bo en China. Crédito: Weibinwestgate / Flickr!

Ataúdes colgantes de la etnia Bo en China. Crédito: Weibinwestgate / Flickr!

Ataúdes en la montaña Longhu, China. Crédito: JiangXi-China Corp.

Ataúdes en la montaña Longhu, China. Crédito: JiangXi-China Corp.

Hay constancia arqueológica de ataúdes colgantes ya en el siglo VII a.C. y su uso continuó hasta fechas recientes (comienzos del siglo XX). Los arqueólogos no saben con certeza por qué los antiguos chinos «enterraban» a sus muertos en cuevas elevadas, con féretros de madera sostenidos por cuerdas o estacas. Sin embargo, entre las distintas hipótesis predomina la idea de que de este modo los difuntos estaban más cerca del cielo, y su ascenso al paraíso era por lo tanto más sencillo. Otros investigadores creen, por el contrario, que las razones de estos insólitos “cementerios aéreos” eran de índole más práctica, con la intención de salvaguardar los ataúdes de las habituales riadas e inundaciones. Uno de los santuarios más importantes se encuentra en la provincia de Guizhou, donde los historiadores han hallado más de 1.000 ataúdes sostenidos por estacas. Otros países del continente asiático, como Filipinas o Indonesia, cuentan también con prácticas similares.

A continuación un vídeo (en inglés) en el que podréis ampliar un poco más la información sobre esta llamativa costumbre funeraria:

Más información:

-Hanging coffins (Wikipedia, en inglés)

-Los ataúdes colgantes, otro enigma de la arqueología china (El Mundo)

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