Si alguna vez has tenido un adorable “amigo perruno”, seguro que te has hecho esta pregunta: ¿en qué piensan los perros? Ahora, un equipo de científicos de la Universidad Emory de Atlanta, en Georgia (Estados Unidos), se ha propuesto desvelar ese interrogante, y para ello han entrenado a dos canes para que aprendan a llevar auriculares y a estarse muy quietos durante una prueba de tomografía. Lo explican con más detalle en el siguiente vídeo producido por BBC Mundo. ¿Descubrirán alguna sorpresa?
“Nuestro cerebro es la máquina más compleja que existe, pero las condiciones de vida actuales están poniendo al límite su duración y resistencia. Cada vez vivimos más años, con lo que aumentan los trastornos motores y enfermedades neurodegenerativas. ¿Lograremos extender su vida útil? ¿Atajaremos sus principales enfermedades gracias a la tecnología? La búsqueda de estas respuestas nos conduce hacia el cerebro del siglo XXI.”
Así presentan sus creadores El mal del cerebro, un documental dirigido por el periodista Antonio Martínez Ron (Lainformacion.com, Fogonazos, Amazings…), en el que se muestran las principales investigaciones actuales que buscan tratamientos para las enfermedades del cerebro y mejorar el rendimiento mental. En su día ya os hablamos de este trabajo a través de nuestras cuentas en Facebook y Twitter, pero queremos aprovechar para compartir el documental (podéis ver las dos partes bajo estas líneas) con todos aquellos que no hayáis tenido oportunidad de verlo todavía.
En cualquier caso, os recomendamos que echéis un vistazo no sólo al especial que publicaron en Lainformacion.com con motivo del estreno del documental, sino también a su sección de ciencia, siempre cargada de novedades interesantes.
Lo reconocemos. Es cierto. En la redacción de Planeta Sapiens somos “adictos” –en el buen sentido– a los refrescos bien cargados de cafeína y glucosa. Un vicio confesable para el que ahora tenemos una excelente excusa, gracias a las conclusiones de un reciente estudio científico.
El pasado mes de marzo, durante la celebración del Congreso de Salud y Medicina de la Mujer (SANEM), el profesor Josep María Serra-Grabulosa presentó su artículo Valoración de los efectos beneficiosos del consumo de bebidas que combinan cafeína y glucosa, en el que exponía los resultados de su investigación sobre este tipo de bebidas. Según las conclusiones de este estudio, la combinación de dichas sustancias en una bebida ayuda a mejorar la atención y la memoria, al aumentar la eficiencia de las regiones cerebrales que controlan estas dos funciones.
Con anterioridad, Serra-Grabulosa –profesor del Departamento de Psiquiatría y Psicobiología de la Universidad de Barcelona– y sus colegas ya habían publicado un trabajo al respecto en la revista Human Psychopharmacology, titulado Efectos de la cafeína y la glucosa, solos y combinados, en la función cognitiva. Los experimentos de los científicos españoles evidenciaron que los efectos no eran los mismos al ingerir bebidas con sólo una de las dos sustancias, sino que los resultados eran mucho mayores siempre que se combinaban cafeína y glucosa. Entre las mejoras visibles obtenidas trad su ingesta: aumento de la atención, la habilidad manual, las funciones visuales, espaciales y frontales, o la memoria (inmediata, a largo plazo).
Así que ya sabes: un buen trago refrescante con cafeína y glucosa puede servir para “acelerar” tus neuronas :-)
Un reciente estudio realizado por la Universidad de Vanderbilt (EE.UU.) parece haber descubierto nuevas claves sobre el mecanismo que rige parte de los actos cometidos por los psicópatas. Según la investigación, cuyos resultados han sido publicados en el número de marzo de la revista Nature Neuroscience, los cerebros de los psicópatas parecen estar “conectados” para seguir buscando una recompensa a cualquier coste, lo que abre nuevas vías para comprender los mecanismos que dirigen el comportamiento de estos individuos.
“Los psicópatas son vistos a menudo como criminales de sangre fría que hacen lo que desean sin pensar en las consecuencias”, explica Joshua Buckholtz, estudiante del Departamento de Psicología de la universidad y autor principal de la investigación. “Hemos descubierto que un sistema de recompensa de dopamina hiperreactivo podría ser la causa de algunos de los comportamientos más problemáticos asociados con la psicopatía, como los crímenes violentos y el abuso de drogas”.
Hasta ahora, las investigaciones realizadas sobre estas personas habían hecho mayor hincapié en la ausencia de temor al castiglo o la falta de miedo o empatía, pero el nuevo estudio se centra en lo contrario, en aquello que estos individuos tienen en abundancia: impulsividad, comportamientos arriesgados y una gran atracción por la recompensa. Los resultados obtenidos durante los experimentos, en los que se han empleado tomografías de emisión de positrones y otras técnicas de control de los procesos cerebrales para examinar la liberación de dopamina, han revelado que estos individuos tienen una fuerte necesidad de recompensa, lo que supera cualquier sentido del riesgo o temor al castigo.
“Nuestra hipótesis es que los comportamientos psicopáticos están vinculados con una disfunción en el ‘circuito’ de recompensa de la dopamina”, explica Buckholtz. “En este sentido, hemos descubierto que la gente con altos niveles de comportamientos psicopáticos libera cuatro veces más de dopamina como respuesta a la administración de anfetaminas. Podría ser que debido a esta respuesta exagerada de dopamina, una vez que se centran en la posibilidad de obtener una recompensa, los psicópatas son incapaces de alterar su atención en nada más hasta que la consiguen”, añadió el investigador.
En realidad, las posibilidades de este singular dispositivo más mucho más allá de navegar por Internet, pues también permiten controlar por completo el resto de características del ordenador. Para ello, el ingenio registra las señales electroencefalográficas (EEG) emitidas por el cerebro del usuario gracias a unos electrodos situados en su cabeza. La interfaz detecta entonces las intenciones de la persona, pues las señales EEG “reflejan una respuesta automática del cerebro a un estímulo visual externo”.
Os dejamos un vídeo en el que puede verse el funcionamiento básico del dispositivo. Si navegáis desde Mac y tenéis problemas para visualizarlo, lo encontraréis en este enlace:
Si al igual que nosotros, has pasado muchas horas y buenos ratos jugando al Tetris –ese adictivo juego en el que hay que encajar unas coloridas piezas con otras al son de una música pegadiza–, ya tienes una excusa para seguir “viciándote” sin temor a recibir las críticas de los enemigos de los videojuegos. Y todo gracias a un reciente estudio realizado por investigadores estadounidenses. Los científicos del Mind Research Network (Red de investigación de la mente) han realizado un curioso experimento con la ayuda de un grupo de adolescentes voluntarios.
A 26 de ellos les pidieron que jugaran al Tetris durante 30 minutos al día, a lo largo de un periodo de tres meses, mientras el resto no debían jugar al videojuego. Tras ese periodo, los científicos sometieron a todos los jóvenes a un escáner cerebral (MRI), y descubrieron que los jóvenes “jugones” presentaban un incremento del grosor de su córtex cerebral –la región cerebral que juega un papel destacado en la memoria, el pensamiento, el lenguaje o la atención–, aunque sólo algo menor a medio milimetro. Por el contrario, los jóvenes que no habían jugado al Tetris no mostraron ningún cambio en dicha región del cerebro. Según el Dr. Richard Haier, director del proyecto de investigación, el experimento demuestra que se produjo un cambio en el cerebro después de jugar al Tetris de forma continuada, y que el uso (no el abuso) de videojuegos puede llevar en algunos casos a mejorar la eficiencia del cerebro en algunas tareas.
Curiosamente, no es la primera vez que un estudio científico destaca las “bondades” de este videojuego, pues hace tan sólo unos meses, otro equipo de investigadores –en este caso de la Universidad de Oxford– publicó un estudio en el que destacaba los beneficios del Tetris a la hora de reducir algunos síntomas en pacientes con estrés post-traumático.
ACTUALIZACIÓN: En el espacio El Buscador, de Radio 5 (RNE), se han hecho eco de la noticia. Os dejamos aquí el corte de audio correspondiente. Que lo disfrutéis:
Esa es una de las conclusiones de un reciente estudio realizado por neurocientíficos de la Universidad de Toronto (Canadá). Según el equipo de científicos canadienses, las personas que manifiestan una profunda devoción religiosa muestran una actividad mucho menor en una región cerebral vinculada con la ansiedad que aquellos individuos ateos o sin fuertes convicciones religiosas. Según Michael Insito, director del estudio, “la religión ofrece un marco interpretativo para comprender el mundo. Permite saber, a los creyentes, cuándo actuar, cómo actuar y qué hacer ante una situación específica”. Esto, según el neurocientífico, permite reducir el estrés ante ciertas situaciones que pueden desencadenar la ansiedad.
Durante un experimento en el que participaron cincuenta estudiantes cristianos, musulmanes, budistas y ateos, los científicos sometieron a los voluntarios a una encefalografía, en la que se medía la actividad desarrollada en el córtex cingular anterior (CCA). Durante una batería de tests elaborados a tal efecto, los científicos detectaron que la actividad era mucho mayor en los ateos y agnósticos que en aquellas personas creyentes.
Según los expertos, estos resultados también podrían indicar que los individuos con cierto tipo de cerebro estarían más predispuestos a ser más religiosos que los demás. Sin embargo, todo parece indicar que es al contrario, y que serían las creencias religiosas las que alterarían la actividad cerebral. Según Insito, estos resultados no sólo se restringen a los creyentes religiosos, sino también a otras formas de creencia, como la política. Así, después de realizar un estudio similar al actual, se descubrió que la actividad cerebral en el CCA era también menor entre aquellas personas que manifestaban ideales políticos conservadores.
La pesadilla de Rosemary Álvarez, una vecina de Phoenix (Arizona), comenzó cuando un día, al levantarse, sintió que uno de sus brazos se dormía y que tenía la vista borrosa. Tras acudir a los servicios de urgencia, una resonancia magnética reveló uno de los peores diagnósticos posibles: un tumor crecía peligrosamente en su cerebro.
Tras el terrible hallazgo, el Dr. Peter Nakaji y su equipo se dispudieron a preparar la operación para intentar extraer el bulto que causaba los síntomas a Rosemary y que ponía en serio riesgo su vida. Sin embargo, cuando Nakaji y sus ayudantes iniciaron la intervención quirúrgica descubrieron con sorpresa que no se trataba de un tumor, sino de un gusano que estaba creciendo en el interior del cráneo de la paciente. Tras extraer al inesperado «visitante», Rosemary se fue recuperando lentamente y en la actualidad hace una vida normal.
Los médicos no saben exactamente cómo llegó el gusano hasta allí, aunque explicaron que pudo deberse a la ingesta de carne de cerdo poco cocinada o por contagio a través de alguna persona que no se lavó las manos después de ir al baño.