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Virgin Galactic calienta motores

Posted on 08 enero 2010 by Redacción

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El pasado mes de diciembre, la empresa Virgin Galactic –propiedad del multimillonario Richard Branson–, celebraba el rollout (puesta en marcha) de su última creación: el Space Ship Two. Si todo transcurre según lo previsto, a finales de 2010 o principios de 2011 comenzarán a realizarse con esta aeronave los primeros vuelos espaciales comerciales de carácter privado.

El inicio de esta aventura tuvo su pistoletazo en el año 2004, cuando la aeronave Space Ship One, construida por Scaled Composites y financiada por la empresa Mojave Aerospace Ventures –de la que es socio Paul Allen, cofunfador de Microsoft–, ganaba el premio Ansari X Price, dotado con 10 millones de dólares, tras realizar dos exitosos vuelos de prueba.

Para ganar el concurso, Scaled Composites construyó un prototipo con cierta semejanza al proyecto de los ‘Aviones X’ (Bell X1 y X15), una aeronave con capacidad para un tripulante y que era capaz de ascender a una velocidad de hasta 3.000 kilómetros por hora gracias a su motor-cohete, alcanzando los 110 kilómetros de altitud, límite de la atmósfera. Al igual que en el programa del avión Bell X1, el Space Ship One era elevado en una primera fase hasta una altitud de 15 kms, siendo transportado bajo las alas de un enorme “planeador nodriza” de nombre White Night One y construido enteramente con materiales compuestos.

El Space Ship One, elevado por el White Knight (arriba). Crédito: Wikipedia.

Tras alcanzar esa altitud, el Space Ship One era liberado y encendía su único motor-cohete, siendo propulsado hasta una altura suborbital establecida como segura por no rebasar los límites de altitud que resultarían un verdadero problema por el calentamiento generado en la posterior reentrada.

Espectacular vídeo con uno de los vuelos de prueba del Space Ship One.

Para la comercialización de vuelos con pasajeros, Scaled Composites y Virgin Galactic han desarrollado un nuevo vehículo, basado en el diseño ganador del X Price, pero de mayores dimensiones: el Space Ship Two, rebautizado con el nombre de Virgin Space Ship Enterprise en homenaje a la legendaria nave de la saga Star Trek. La nueva aeronave llevará a bordo dos pilotos y seis turistas espaciales, y despegará del primer aeropuerto espacial del mundo, el Spaceport America, ubicado en Nuevo Mexico (EE.UU.). Si no hay contratiempos, el Space Ship Two se convertirá así en la primera aeronave privada que ofrezca la posibilidad de viajar al espacio.

Diseño conceptual del futuro Spaceport America. Crédito: Vyonyx Ltd. (Click para ampliar)

El VSS Enterprise, propulsado por una versión mejorada y ampliada del White Knight, realizará un vuelo inicial de 45 minutos hasta alcanzar la altura de “desprendimiento”. Desde ese momento, y a una velocidad de unos 4.000 kilómetros por hora, alcanzará los 110 kilómetros de altitud en tan sólo minuto y medio. Será entonces cuando, por espacio de cinco minutos, los afortunados turistas  podrán experimentar la sensación de ingravidez y disfrutar de la increíble visión de nuestro planeta a esa altitud. El precio, como podéis imaginar, no está al alcance de todos los bolsillos: 134.000 € por billete.

Animación sobre el Space Ship Two.

Más información:

-Virgin Galactic

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Ascensor espacial: ¿un proyecto factible?

Posted on 30 julio 2009 by Redacción

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Ascensor Espacial.

El próximo mes de agosto tendrá lugar en el estado de Washington (EE.UU.) una conferencia sobre el proyecto de realización del llamado “Ascensor Espacial”. Organizado por el Instituto de Ingeniería y Ciencias del Espacio, el foro internacional reunirá a ingenieros, científicos, políticos y aficionados de diversos países, y en él se expondrán los avances técnicos y científicos alcanzados hasta el momento, así como los intereses que justificarían la ejecución del proyecto en un futuro.

Los constantes descubrimientos realizados en ciencias de los materiales y más concretamente con el desarrollo de la nanotecnología, han hecho que cada vez sea más factible la idea con la que soñó hace un siglo el científico ruso Konstantin Tsiolkovsky –pionero de la astronáutica–, y que más tarde formuló con mayor detalle su compatriota Yuri Artsutanov: la creación de una estación geoestacionaria unida con un cable hasta la superficie de la tierra.

La idea del SE “Space Elevator”, plantea la ubicación de una masa a modo de contrapeso en una órbita geosincrónica que mantendría estirado gracias a la propia fuerza centrífuga terrestre un cable de aproximadamente un metro de diámetro y 36.000 kilómetros de longitud que serviría como guía para el elevador y que se encontraría amarrado en su otro extremo a una estructura situada sobre el ecuador de la superficie terrestre.

The Space Elevator (Youtube)

El elevador ascendería a través del cable de nanotubos propulsado por un motor eléctrico que sacaría la energía necesaria bien de la propia luz solar o como también se ha planteado, a partir de la energía de un haz de luz que le sería “disparado”. Desde el descubrimiento en 1991 de los nanotubos por el científico japonés Sumio Iijima se ha abierto un amplio campo de posibilidades con la fabricación de materiales cientos de veces más resistentes que el acero. Materiales con los que, en un futuro no muy lejano, será posible construir el mencionado cable y otras sorprendentes aplicaciones.

Aunque la construcción del prodigioso ascensor no parece muy cercana –todavía faltan años o incluso décadas de desarrollo tecnológico–, la sencillez y el abaratamiento que supondría este sistema para ubicar en órbita equipos técnicos y humanos, lo hacen sumamente atractivo. Con seguridad, gobiernos e instituciones privadas seguirán apostando por este ambiciosa iniciativa, hasta que finalmente sea una realidad.

Más información: 2009 Space Elevator Conference

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El viaje a la Luna, en Informe Semanal

Posted on 19 julio 2009 by Redacción

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El veterano programa de TVE, Informe Semanal, emitió ayer un interesante reportaje sobre el 40 aniversario de la llegada del hombre a la Luna. En él se incluye una entrevista a William Gerstenmaier, vicepresidente de NASA para viajes espaciales, quien afirma que la agencia espacial estadounidense espera volver a la luna en 2020, ya no solo para pisar su superficie, sino para instalar una base permanente y averiguar cómo se vive en el espacio. Si no tuviste la oportunidad de verlo en directo, puedes hacerlo ahora desde aquí. Disfrutadlo.

Entradas relacionadas:

-Recordando al Apolo 11

-Apolo 11: Objetivo la Luna

-Las fotos olvidadas de la misión Apolo 11

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Cuenta atrás para el X-37B

Posted on 13 julio 2009 by Redacción

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Recreación artística del X-37. Crédito: NASA.

Enero de 2010. Esa es la fecha prevista para el primer vuelo orbital del moderno vehículo espacial X-37B. En un principio, el proyecto estaba a cargo de la NASA, pero finalmente la falta de presupuesto de la agencia espacial estadounidense ha motivado que sea la USAF (la Fuerza Aérea) quien, junto a Boeing y DARPA (Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados de Defensa), se haga cargo del proyecto.

El X37-B, OTV-1 (vehículo orbital de ensayo 1), es un vehículo espacial no tripulado con aspecto semejante al de los veteranos transbordadores espaciales, pero con un tamaño bastante inferior,  (posee una longitud de 8’38 metros, 4’57 metros de envergadura y 5.450 kgs de peso). Sus misiones se desarrollarán en vuelos orbitales, sirviendo como plataforma de ensayo para la investigación y desarrollo de nuevos materiales y proyectos que permitan diseños estructurales más robustos, así como escudos térmicos más seguros para los futuros vehículos espaciales reutilizables. Además, también se ensayarán nuevos sistemas de aviónica, guiado y navegación autónomos con los que se equiparán a las naves del futuro.

El Proyecto X-37, comenzó en 1999 como evolución del Boeing X40, un pequeño “cohete” que en su exitoso vuelo inaugural el 11 de agosto de 1998 –lanzado desde un bombardero B-52–, dejó patente la efectividad del sistema de guiado y la suficiencia aerodinámica del futuro vehículo, cuya reentrada debería realizarse en planeo con una escasa superficie alar.

Inicialmente se pensó en que el vehículo sería lanzado desde uno de los transbordadores espaciales, llegándose incluso a realizar un vuelo de prueba utilizando de ‘nodriza’ al planeador de White NightAmerican Mojave Aeroespacial Venture.

Tras el accidente del Challenger comenzó a pensarse en abandonar el programa de transbordadores en pro del Proyecto Constelación. Por esta razón, junto al desmesurado coste que supondría la utilización de los transbordadores, llevó a la realización de un rediseño del vehículo y al consiguiente retraso del proyecto. Finalmente el lanzamiento del X-37 será realizado mediante un cohete Atlas V. Éste servirá de primera etapa de propulsión al nuevo vehículo, que posteriormente se desprenderá, encendiendo su motor cohete y alcanzando Mach 2,5 hasta alcanzar su órbita fuera de la atracción terrestre.

Vídeo de concepto sobre el X-37.

Más información:

- Proyecto X-37B

-Noticias sobre el X-37 (NASA, en inglés)

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El final de la sonda Ulises (Radio)

Posted on 02 julio 2009 by Redacción

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Ulysses

Tras 18 largos y provechosos años estudiando el Sol, la sonda Ulises –un proyecto científico realizado conjuntamente por la NASA y la Agencia Espacial Europea– ha terminado su particular odisea en el espacio. Entre otros logros, Ulises ha sido la primera misión que ha estudiado el espacio cercano a los polos del Sol. Nos lo cuentan, con más detalle, en Ciencia al Cubo, el programa digital de Radio Nacional Española. Podéis escucharlo pinchando bajo estas líneas.

Más información: Ulises descansa tras 18 años de odisea espacial (RTVE.ES)

Crédito imagen: NASA /JPL

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Apolo 11: Objetivo la Luna

Posted on 30 junio 2009 by Ramón Salvador Hernández

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Puede que muchos se sorprendan, pero el calendario no engaña. Por asombroso que parezca, este mes de julio de 2009 se cumplen 40 años de la que es, sin duda, una de las mayores hazañas de la historia de la Humanidad: la llegada del hombre a la Luna. Para celebrar un aniversario tan destacado, en Planeta Sapiens hemos preparado un especial que rememora el largo camino científico que culminó con el alunizaje de la misión Apolo 11 en suelo lunar.

Julio de 1945. Con la inminente derrota del ejército nazi por parte de los aliados, y dando por finalizada la Segunda Guerra Mundial, americanos y rusos emprendieron una silenciosa y rápida lucha por apoderarse de los científicos e ingenieros alemanes artífices del desarrollo de tecnologías muy superiores a las que disponían entonces los aliados. A través de una misión secreta denominada Operación Paperclip, la inteligencia norteamericana autorizó a sus militares y espías a capturar a los científicos nazis que habían desarrollado la avanzada cohetería alemana. Los norteamericanos fueron los primeros en llegar a las instalaciones de Mittelwerk, unas siniestras e improvisadas galerías subterráneas donde el ejército nazi disponía de la mayor planta de ensamblado del famoso y letal misil supersónico V2. Un arma temible que, con algo más de tiempo, quizás habría podido dar un giro distinto a la guerra, favoreciendo al ejército de Hitler.

Los científicos de la Operación Paperclip

Los científicos de la Operación Paperclip.

Wernher Von Braun –quien fuera padre del V2 y principal artífice del desarrollo de la cohetería alemana– se entregó libremente junto a 500 de sus colaboradores, pactando la amnistía por los crímenes en los que participaron a cambio de pasar a formar parte de las filas del personal técnico del ejército de los EE.UU. Fue un acuerdo a espaldas del  pueblo estadounidense, que años después se escandalizaría al descubrir quiénes eran esos “colaboradores”. Pero pese a su oscuro pasado –llegó a formar parte de las temibles SS–, Braun, ingeniero mecánico doctorado en física, se convertiría en el verdadero artífice de los logros de la carrera espacial norteamericana.

Algunos años después, en la década de los 60, los duros tiempos de la guerra fría, EE.UU. y la URSS se batían sin piedad en un campo de batalla diferente al de la guerra: la conquista por el espacio. Las primeras batallas fueron sin duda ganadas por la Unión Soviética, tras la puesta en órbita, el 4 de octubre de 1957, del primer satélite espacial, el Sputnik y con el primer vuelo orbital tripulado por Yuri Gagarin, el 12 de abril de 1961. Ante la momentánea victoria soviética por la meta espacial, el honor americano estaba tocado, pero todo sufrió un giro con las palabras que el presidente John F. Kennedy pronunciaría en un apasionado discurso ante el pueblo americano un 25 de mayo de 1961: “Creo que esta nación debe de enfrentarse al reto, antes del final de esta década, de hacer que un hombre aterrice en la luna y de traerlo a salvo de vuelta”.

Vídeo del vuelo de Yuri Gagarin, a bordo de la nave Vostok 1.

Dicho y hecho. El reto estaba lanzado y era aparentemente irrealizable, pues debía desarrollarse la tecnología necesaria para colocar, en menos de 9 años, a un hombre sobre la superficie lunar. Pero la carrera norteamericana para la conquista de la Luna ya había comenzado tres años atrás con el programa Mercury.

LOS SIETE DEL MERCURY
El 7 de octubre de 1958, la recién creada National Aeronautics and Space Administration (NASA) anunció su programa Mercury, un ambicioso programa espacial al que le seguirían el programa Gemini y, finalmente, el programa Apolo, que culminó con el viaje tripulado a la Luna. Los objetivos del programa Mercury eran tres:

-Colocar una nave espacial tripulada en vuelo orbital alrededor de la Tierra.
-Estudiar el rendimiento humano en dichas condiciones.
-La recuperación de la nave espacial y de su tripulación en condiciones de seguridad.

La NASA constituyó un variado comité de selección formado por ingenieros, pilotos de pruebas, médicos, psicólogos y psiquiatras. Este comité entrevistó a 508 pilotos de pruebas, que fueron sometidos a un filtro de durísimas pruebas físicas, médicas y psicológicas. Tan sólo siete de ellos fueron los elegidos, a quienes la prensa del momento denominaría, de forma bastante comercial como “Los 7 magníficos del Mercury” (Alan Shephard, Gus Grissom, Gordon Cooper, Walter Schirra, Deke Slayton, John Glenn y Scott Carpenter). Aquellos hombres se convertirían en los primeros héroes del programa espacial estadounidense.

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“Los Siete del Mercury” (Crédito: NASA)

Los “siete del Mercury” tuvieron que pasar durísimos entrenamientos que pretendían desvelar ciertas incógnitas sobre el comportamiento humano en determinadas situaciones límite: la agobiante claustrofobia en el interior de la diminuta cápsula espacial, los efectos de la soledad en el sistema nervioso y en el comportamiento, así como diversos ensayos sobre el indispensable traje presurizado, las reacciones del astronauta a la atmósfera artificial de oxígeno puro a baja presión y otros muchos datos, indispensables para abrir el camino a las posteriores misiones Gemini y Apolo.

Tras un par de vuelos de preparación y ensayos tripulados por un chimpancé llamado Ham y por un maniquí que respiraba, el 5 de mayo de 1961 el comandante Alan B. Shepard se convertiría en el primer astronauta norteamericano en ganarse su título, habiendo alcanzado su cápsula una altura de 186 Km (el título se atribuye  a quien haya logrado alcanzar la cota de 80 Km). Con su Mercury 3, que posteriormente sería rebautizada como Freedom 7 y colocada sobre un misil Redstone, Shepard permanecería en vuelo durante 15 minutos y 22 segundos antes de amerizar en el Atlántico habiendo realizado un vuelo suborbital. Un tiempo relativamente corto, pero suficiente para demostrar la capacidad de tripular manualmente una astronave en ausencia de gravedad.

No sería hasta nueve meses más tarde, el 20 de febrero de 1962 cuando su compañero John Glenn, con su Mercury 6, se convirtiese en el primer estadounidense en orbitar la Tierra, repitiéndose así la hazaña de su homólogo soviético Yuri Gagarin. Al vuelo de Shepard le seguirían cinco más, tripulados por cinco de sus compañeros, al ser retirado del programa Deke Slayton, debido a una afección cardiaca. La carrera entre soviéticos y americanos por la conquista de la Luna acababa de empezar…

PROGRAMA GEMINI, “LOS GEMELOS”
El Programa Gemini, llamado así en honor a la constelación del zodiaco, fue anunciado oficialmente el 3 de enero de 1961. Para entonces el Programa Mercury se encontraba en su ecuador, pero los ingenieros de la NASA comenzaban ya a idear lo que sería la continuación y evolución de la tecnología necesaria para alcanzar nuestro satélite natural. Con una cápsula espacial más amplia, basada en el diseño del Mercury, con capacidad para dos tripulantes y una mayor maniobrabilidad, tres serían los grandes logros que proporcionarían sus doce misiones: tener capacidad vital para vuelos de hasta dos semanas, la realización de los primeros paseos extravehiculares (EVA) y la capacidad de maniobrar la nave en el espacio, con el objetivo de poder variar la órbita y de poder acoplarse con otros vehículos, lo que se denominaría como el rendez-vous espacial.

Tras las dos primeras misiones Gemini, no tripuladas, la Gemini 3 se convertiría en la primera expedición al espacio con dos tripulantes. A bordo estaban Virgil Grissom (astronauta de la Mercury 4) y John Young. Ambos demostrarían con su vuelo que gracias a los cohetes de la nueva nave el hombre nunca más tendría que estar encadenado a una órbita. A la Gemini 3 le siguió la 4, y con el mismo éxito que su predecesora marcaría otro hecho histórico. Edgard White se convertiría en el primer ser humano en pasearse por el espacio con un traje provisto de un equipo de soporte vital.
El rendez-vous, clave esencial para las posteriores misiones Apolo y absolutamente necesario para realizar el alunizaje y regreso de la Luna, se logró con la Gemini 6, tripulada por Walter Schirra y Thomas Stafford. Ambos alcanzarían en órbita a sus compañeros James Lowell y Frank Borman, de la Gemini 7, y volarían en formación durante cinco horas. A partir de entonces, ya era posible reabastecer y socorrer a una misión espacial.

La culminación final del rendez-vous, con el primer acoplamiento de dos vehiculos espaciales –maniobra conocida como docking– se produciría el 16 de marzo de 1966 gracias a Neil Armstrong y su colega David Scott, quienes atracarían su Gemini 8 al cohete Agena, lanzado previamente. La Luna estaba cada vez más cerca…

Con el programa Apolo como culminación de los anteriores Mercury y Gemini, Estados Unidos alcanzó la tecnología necesaria para poner a un hombre en orbita lunar, hacerlo descender sobre la superficie lunar y traerlo sano y salvo a la Tierra. Las misiones Apolo 7 y 9 tan sólo orbitarían la tierra y pondrían a prueba los sistemas de mando, el cohete Saturno y los módulos lunares con los que se alcanzaría la superficie del satélite. Borman, Lovell y Anders, con su Apolo 8, alcanzarían la órbita lunar y se convertirían en los primeros seres humanos que alcanzaban un nuevo mundo.

El 18 de mayo de 1969, con el Apolo 10, se consiguió el primer rendez-vous sobre órbita lunar, tras haber descendido su módulo a tan sólo 15 km de la superficie de la Luna y haber recuperado nuevamente la órbita, consiguiendo atracar exitosamente con el módulo de mando. La misión del Apolo 10 iba a ser crucial, pues debía tomar las fotos de los posibles emplazamientos para realizar el alunizaje del Apolo 11., además de probar de forma real el comportamiento del módulo lunar fuera de la gravedad terrestre. A partir de este momento, tan sólo seis misiones y doce hombres (los que formarían el club más exclusivo del mundo) lograrían alcanzar y pisar la Luna.

UN PEQUEÑO PASO PARA EL HOMBRE…
16 de julio de 1969. Sobre la plataforma de lanzamiento de Cabo Cañaveral se erguía la impresionante estampa del Saturno V, el mayor vehículo jamás construido. Von Braun, el antiguo científico nazi, se había convertido en el máximo responsable del programa espacial estadounidense y, junto a su equipo, estaban a punto de proporcionar a su país de adopción el triunfo en la carrera espacial frente a los soviéticos.

Ese mismo año, Boeing, uno de los fabricantes que participó en el diseño y construcción del Saturno V, había presentado al público su Jumbo 747, el avión comercial más famoso y más grande del mundo. El Saturno V, con sus más de 110 metros de altura, casi 11 de diámetro y 3.000 toneladas de peso (diez veces el peso de un 747), sería el encargado de sacar a la tripulación del Apolo 11 fuera de la atracción terrestre y llevarla a la Luna.

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Armstrong, Collins y Aldrin. (Crédito: NASA)

El comandante Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins se convertirían en los protagonistas del esfuerzo realizado por más de 400.000 personas y una inversión de 15.000 millones de dólares de la época, destinados a hacer realidad la aventura más inalcanzable y soñada por la Humanidad. Con una tecnología electrónica incipiente y los medios tecnológicos de hace cuatro décadas tres héroes estaban a punto de mostrar al mundo de lo que el ser humano era capaz…

A las 10:32 a.m., y con el temor de los técnicos y la ignorancia por parte de la tripulación de un posible accidente debido a un escape de hidrógeno, el Saturno V abandonó sin problemas su rampa de lanzamiento en Cabo Kennedy. El encendido y posterior eyección de las dos primeras etapas del cohete tras devorar las más de 2.000 toneladas (aproximadamente el contenido de una piscina olímpica) de combustible, propulsaron durante 10 minutos y 30 segundos  la nave, separándola de la atracción terrestre y ubicándola finalmente en una órbita de espera a 185 kilómetros de altitud y con una velocidad de 27.000 Kms/h., donde la tripulación procedería al calibrado y preparación de equipos.

Con los equipos listos y tras el correspondiente check list, los astronautas procedieron al encendido de la tercera y última etapa, proporcionando un impulso a la nave en una maniobra que se conoce con el nombre de “inyección translunar”, y que de forma progresiva la aceleraría hasta alcanzar los 45.000 Kms/h con rumbo a la Luna. Acababa de comenzar un viaje de 400.000 kilómetros  y cuatro días. Tras agotarse el combustible de la tercera de las etapas desprenderse, se procedió a una maniobra de transposición. La nave constaba de 3 módulos:

-El módulo de mando Columbia (CM Command Module), era la cápsula con forma cónica en la que los astronautas eran transportados y servía de puesto de control.
-El módulo de servicio, ensamblado al módulo de mando, albergaba los equipos eléctricos, tanques de oxígeno y sistemas de propulsión secundaria y de maniobra.
-Por último, el módulo lunar, LEM Eagle (Águila), era una nave con patas de araña, incapaces de soportar el peso en gravedad terrestre y sin ningún perfil aerodinámico, pues estaba diseñada para maniobrar en estado de ingravidez. Este sería el vehículo con el que se realizaría el alunizaje y posterior despegue desde la Luna con dos de los tres tripulantes a bordo.

El módulo lunar, LEM, se hallaba entre la tercera etapa del cohete y el módulo de servicio, protegido bajo unas planchas que conformaban un carenado cónico, las cuales serían desprendidas mediante pequeñas detonaciones. La maniobra de transposición consistía en colocar el LEM delante del módulo de mando para de esta forma quedar alineado con él y por último el módulo de servicio, que disponía del único cohete principal que posicionaría finalmente a la nave en la órbita lunar correcta y se encargaría de retornar la tripulación a la Tierra. Una vez concluida la maniobra de transposición, se procedió a desprender la tercera etapa del Saturno V. La nave “estaba suelta” y preparada para un viaje en solitario que duraría tres dias más hasta alcanzar la Luna.

Durante los siguientes tres dias, la tripulación se dedicó a la revisión de los instrumentos y a la realización de correcciones en el rumbo. Pero entre los rutinarios trabajos de comprobaciones, sucedió algo inusual: extraños sonidos y constantes interferencias se introducían en el canal VHF de comunicación con Control sin razón aparente. Además, los astronautas tuvieron la extraña visión de algo que describirían como “una imagen con forma de maleta abierta y que al tiempo cambiaría su forma para parecerse a dos anillos unidos que finalizarían en forma de cilindro”. Nunca se supo de qué se trataba, pero se especuló con la posibilidad de que fuesen los restos de la tercera etapa del Saturno V, que dos días antes habían quedado abandonados en la inmensidad del espacio.

eagle

El Eagle alejándose del Columbia. (Crédito: NASA)

El viaje prosiguió y los dos primeros días la nave fue perdiendo velocidad de forma natural debido a la disminución de la fuerza de atracción de la Tierra. El Apolo se alejaba de casa, pero pronto se aceleraría de nuevo con la ayuda de la gravedad lunar, cuya proximidad era cada vez mayor. El Apolo se encaminaba a 9.000 kms/h hacia la Luna en una trayectoria que se conoce por el nombre de “Trayectoria de regreso libre”, y que conllevaba el paso de la nave por detrás de la Luna y el regreso a la Tierra como si de una honda se tratase, sin la más mínima utilización de motores, si nada lo impedía.

Una vez la nave hubo alcanzado la Luna, en su paso por la cara oculta y habiendo perdido toda comunicación con el control de la misión por el efecto pantalla del satélite, los tripulantes del Apolo 11 se dispusieron a frenar la nave con el encendido del motor del módulo de servicio, logrando así posicionarse sobre una órbita lunar que les serviría como plataforma de descenso y permitiría el alunizaje.

Cuando el Apolo trazó la decimotercera órbita lunar había llegado el momento adecuado. Neil Armstrong, de 38 años de edad y comandante de la misión y Buzz Aldrin, 39 años y piloto del módulo lunar, tomaron sus puestos en el LEM. En ese momento Michael Collins, piloto del módulo de mando Columbia, procedió a “desenganchar” a sus compañeros, accionó los cohetes de posición del Columbia con el fin de alejarse y dar vía libre a sus compañeros para proceder con el delicado descenso. El gran momento había llegado…

Neil inició unas repetitivas ráfagas con el motor del Eagle y el módulo comenzó a descender suavemente, alcanzando una altura de 15 kilómetros. Desde el control de la misión se concedió el visto bueno para continuar, comenzando un nuevo encendido: el Eagle desciende, Neil pasa a modo automático, y un primitivo y muy rudimentario ordenador guía a los dos hombres hacia la zona de alunizaje, prevista a seis kilómetros de altitud y veinte de distancia. Todo parece ir sobre ruedas pero, de pronto, el oficial de guiado alerta a Gene Kranz, director de vuelo: van demasiado deprisa. Neil, pasa el ordenador a modo semiautomático y se hace con el control de la nave. La zona de aterrizaje prevista había sido sobrepasada y el ordenador los había guiado hasta un gran cráter rodeado de rocas. Con el control bajo las manos de Armstrong y su compañero Buzz indicándole las lecturas de altura del radar de superficie, ambos consiguen posar suavemente la nave sin sufrir ningún desperfecto. Por fin, sanos y salvos, y al sur del Mar de la Tranquilidad, sobre la Luna. En la sala de control se hizo el silencio durante unos segundos. De pronto, un sonido atronó por los altavoces:

-Houston… Aquí Base Tranquilidad, el ‘Águila’ ha alunizado.

Todos respiraron tranquilos, pero, entre felicitaciones y abrazos, un peligro se cernía sobre ellos. Debido al fallo de la computadora, el Eagle había consumido demasiado combustible, lo que aumentaba más la incógnita de si el motor del LEM volvería a encenderse. Con la premura “de ser los primeros”, el motor no se había perfeccionado lo suficiente, así que Armstrong y Andrin sólo contarían con un 50% de posibilidades y con el combustible tan escaso no podrían hacer muchas pruebas. Si no lograban, nadie podría ir en su rescate.

Mientras, en la Tierra, millones de personas se reunían frente a los televisores. Ningún otro suceso histórico había logrado emocionar a tanta gente en el mundo. En ese momento, razas y religiones no importaban. El hombre había llegado a La Luna, y la Humanidad se sentía unida. En el Eagle, la tripulación recibió la llamada telefónica de mayor distancia jamás realizada. Al otro lado del teléfono se encontraba el presidente Richard Nixon, quien les felicitó en nombre de la Humanidad con un mensaje de paz y unidad entre todos los pueblos por la hazaña que habían realizado y que tan sólo nueve años antes John F. Kennedy había prometido convertir en realidad.

Tras cinco horas de revisiones de la nave y los preparativos necesarios para el histórico paseo lunar, los dos astronautas se dispusieron a descender. Pero un último e inesperado problema parecía a punto de truncar sus planes: la escotilla no se abría. No habían tenido en cuenta la diferencia de presión entre el interior y el exterior de la nave y la falta de presión en el interior creaba un vacío que mantenía la escotilla bloqueada. Tras quince ninutos de continuos forcejeos, Aldrin logró abrir la escotilla y dio paso a su compañero Neil Armstrong, quien haría realidad el sueño que Julio Verne plasmó cien años antes en su famosa novela De la Tierra a la Luna.

Aldrin en la superficie lunar / Crédito: NASA

Aldrin sobre la superficie lunar. (Crédito: NASA)

A las 2:56 del 21 de julio de 1969 (Hora UTC) y al sur del Mare Tranquilitatis, Neil Armstrong descendió por la escalerilla de la primera nave espacial en alunizar, convirtiéndose en el primer hombre que pisaba la Luna. Un momento histórico acompañado por unas palabras, las que pronunció al dejar su primera huella, que serían recordadas por las generaciones venideras: “Un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la Humanidad”. El segundo humano en pisar la polvorienta superficie de nuestro satélite fue Buzz Aldrin, quien con sus palabras: “Bonito… bonito… Una magnífica desolación”, trató de transmitir lo que se siente al estar allí arriba, solo. El paseo lunar se prolongó durante catorce horas, tiempo suficiente para que los dos astronautas plantaran la bandera estadounidense, recogieran 22 Kgs de rocas lunares, realizaran varios experimentos científicos y ubicaran diversos instrumentos de medición geológica sobre la Luna. Unos instrumentos que, entre otras cosas, sirven hoy para demostrar a los apoloescépticos que todo fue realidad, que el hombre sí llegó a la Luna.

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Una vez finalizados los trabajos, se dirigieron de nuevo a la nave. Michael Collins les esperaba a bordo del módulo Columbia en órbita lunar a 100 kms de altitud. Pero ocurrió un nuevo contratiempo. Al salir de la angosta nave, Armstrong se había enganchado sin saberlo a uno de los interruptores necesarios para el encendido del cohete del módulo lunar, rompiéndolo. Afortunadamente para ambos Aldrin conseguiría reparar el interruptor con un trozo de un simple bolígrafo que siempre conservaría.

Tras 13 horas en el LEM, algunas horas de sueño y una concienzuda comprobación de todos los sistemas, comunicaron a Control que estaban preparados para “encender”. A pesar de las dudas, el motor principal entró en ignición y la etapa de ascenso comenzó a elevarse, abandonando sobre la superficie lunar la etapa inferior. Siete minutos tras el despegue y alcanzada la órbita del Columbia, tendrían que esperar tres horas y media hasta realizar la aproximación. Volando en formación y con la ayuda de los cohetes estabilizadores del módulo Eagle, el comandante Armstrong logró el atraque del Eagle con el Columbia.

Tras pasar ambos tripulantes al módulo de mando junto a las muestras recogidas, el LEM fue abandonado a su suerte hasta precipitarse contra la superficie lunar. Los tres tripulantes se prepararon y el Columbia inició su maniobra de Inyección Transtierra, consistente en el encendido durante dos minutos y medio del cohete del módulo de servicio. Impulso que sería suficiente para lanzar a la nave y sus tripulantes en una trayectoria de caída a la Tierra.

Sesenta horas más tarde, el módulo de servicio se separaba del Columbia, quedando el módulo de mando a merced de la gravedad terrestre. Éste entró en nuestra atmósfera con una velocidad de 40.000 Kms/hora, frenando hasta varios cientos de kilometros/hora gracias al rozamiento y al escudo térmico que los salvaría de morir abrasados a 3.000 Cº. Las comunicaciones con control se interrumpieron durante los minutos de la reentrada, debido al apantallamiento de la cápsula por la ionización del aire que se producía por el alto rozamiento. Mientras, los equipos de rescate aguardaban impacientes una señal en el cielo. De pronto, la figura de tres grandes paracaídas sobre el cielo azul precipitaron con suavidad la cápsula espacial sobre el Pacífico.

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En aquellos instantes históricos, el mundo entero observó atónito la proeza que acababa de tener lugar: el ser humano había llegado a la Luna, regresando después sano y salvo a su hogar. Pese al éxito, en la memoria de quienes participaron en la aventura lunar quedaba el grave accidente sufrido por los tres astronautas del Apolo 1, que fallecieron a causa de un incendio. Y no mucho más tarde, otra misión, la del Apolo 13, tendría que ser abortada por culpa de la explosión de uno los depósitos de oxígeno, obligando a la tripulación a regresar a la Tierra en la que sería una de las mayores odiseas jamás televisadas y seguidas por gentes de todo el planeta. El Programa Apolo y sus viajes tripulados a la Luna acabó el 7 de diciembre de 1972, con la misión Apolo 17. Desde entonces la Luna no ha vuelto a ser visitada.

** En memoria de aquellos doce valientes que tuvieron la suerte de poder pisar la Luna y de todos aquellos que, sin haber llegado a pisarla, permitieron con su esfuerzo y sacrificio que un gran sueño de la Humanidad se hiciera realidad.

Crédito imágenes: NASA.

Entradas relacionadas: Las fotos olvidadas de la misión Apolo 11.

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Las fotos olvidadas de la misión Apolo 11

Posted on 24 junio 2009 by Redacción

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Falta menos de un mes para que, el 16 de julio próximo, se cumpla el 40 aniversario del lanzamiento de la misión Apolo 11 de la NASA, que culminó con el célebre aterrizaje sobre la superficie lunar. En numerosos medios de comunicación (tanto impresos como digitales) comienzan a aparecer especiales que rememoran uno de las mayores logros científicos de la Humanidad, y es de esperar que hasta la fecha del aniversario estos homenajes vayan en aumento. En Photo of the Day, un magnífico espacio digital dedicado a recoger fotonoticias, se hacen eco de una serie de 20 instantáneas sobre la misión. Lo especial de estas imágenes es que son tomas poco conocidas de aquellos míticos días, y que muestran momentos quizá no tan trascendentes como la salida del módulo lunar, pero que son igualmente interesantes.

En ellas pueden verse momentos tan dispares como una vista de la sala de control el día 16 de julio –minutos antes del lanzamiento–, imágenes de la multitud reunida junto al Kennedy Space Center para presenciar el histórico suceso, la reentrada de los astrounatas –que cayeron en aguas del Pacífico–, u otras instantáneas tomadas durante la cuarentena a la que fueron sometidos Armstrong, Aldrin y Collins.

A continuación os dejamos algunas de estas fotografías, recuerdo de aquella hazaña, aunque al final del post encontraréis un enlace por si queréis verlas todas en mayor resolución. Constituyen un testimonio realmente interesante.

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El Centro de Control poco antes del lanzamiento del Apolo 11

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Miles de personas se acercaron aquel día hasta el Kennedy Space Center para contemplar el lanzamiento.

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El vicepresidente Spiro Agnew y el ex-presidente Lyndon B. Johnson, observando el lanzamiento.

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Escenas de júbilo en el Centro de Control tras el éxito en el despegue.

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Tras el éxito de la misión, los astronautas del Apolo 11 cayeron en aguas del Pacífico.

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Aldrin, Armstrong y Collins llegan al portaaviones USS Hornet ataviados con trajes de aislamiento biológico.

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“Caravana” en la que fueron trasladados los astronautas –sometidos a cuarentena–, desde Pearl Harbor hasta las instalaciones de la NASA en Houston.

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Los astronautas, dentro del habitáculo de cuarentena, rezando. En el exterior, el presidente Nixon y el comandante del USS Hornet, John Pirrto.

Fuente: 20 forgotten photos from the Apollo 11 mission (Photo of the Day)

Crédito fotografías: NASA

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Las últimas imágenes de la sonda Kaguya

Posted on 21 junio 2009 by Redacción

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kaguya

El pasado 10 de junio, la sonda Kaguya (o Selene), lanzada por la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA, por sus siglas en inglés) en septiembre de 2007, impactó finalmente en la superficie lunar. El objetivo de la misión, una de las más ambiciosas en cuanto a la investigación de la Luna desde las misiones Apolo, consistía en estudiar a fondo nuestro satélite, tanto su formación y evolución, como todo lo relativo a su composición, o su campo gravitatorio. Hasta prácticamente el último segundo, la sonda continuó tomando fotografías de la Luna, unas imágenes espectaculares que acaban de ser publicadas por la JAXA, y que ofrecen una perspectiva lunar pocas veces vista.

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Como podéis ver, se trata de una secuencia realmente llamativa, en la que la Kaguya va aproximándose cada vez más a la superficie lunar, hasta que finalmente entra en un cráter, y todo se vuelve oscuro. El lugar de impacto está próximo a los 65.5° de latitud sur y 80.4º de longitud Este lunar.

Actualización: El suceso también fue captado en vídeo por una de las cámaras de Alta Definición de la Kaguya. Está disponible en youtube. Si las fotografías son increíbles, el vídeo es realmente sorprendente:

Durante los casi 20 meses que el ingenio japonés ha estado trabajando ha obtenido un suculento “botín” de datos científicos que servirán, además de para ampliar nuestros conocimientos sobre el satélite, para preparar en mejores condiciones un futuro regreso a la Luna. Algunas de las imágenes captadas por la sonda, como este vídeo que os dejamos a continuación (puede verse en Alta Definición) mostrando la Tierra vista desde la Luna, son realmente hermosas.

Las fotografías pueden verse en alta resolución aquí.

Fuente: Livescience

Más información:

Japanese probe set to crash into the Moon (New Scientist)

Fin de viaje para la sonda Kabuya (Microsiervos)

Créditos fotografías y vídeo: JAXA

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Basura espacial “insólita”

Posted on 18 junio 2009 by Redacción

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El novedoso diario digital La información.com publica hoy una interesante nota gráfica sobre Los 10 objetos más extraños en órbita, un repaso a los artefactos más extravagantes que giran en torno a nuestro planeta desde que en 1957 los soviéticos lanzaran al espacio el satélite Sputnik. La lista incluye objetos tan singulares como una pelota de golf (lanzada por el astronauta Allan Sephard), un guante, millones de alfileres de cobre o las cenizas del creador de Star Trek, Gene Roddenberrye.

basuraesp

Infografía: Carlos Gámez, Chiqui Esteban / La Información

Además de una breve descripción de cada uno de los “objetos voladores”, la nota incluye también una magnífica e interesante infografía interactiva que explica a la perfección la localización de cada uno de ellos.

El autor de la curiosa nota, Antonio Martínez Ron, es también el creador del blog Fogonazos, uno de los rincones de la blogosfera española sobre temas científicos más interesantes, no dejéis de visitarlo.

Fuente: La información.com

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El Cosmonauta

Posted on 16 junio 2009 by Redacción

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elcosmonauta

¿Te gusta el cine, la astronáutica y la ciencia-ficción? Si la respuesta es afirmativa, quizá estés interesado en El Cosmonauta, un proyecto cinematográfico español en el que tú puedes jugar un papel importante. 

El Cosmonauta es un proyecto de largometraje de Riot Cinema Collective distinto a cualquiera realizado hasta ahora tanto en el ámbito comercial como independiente del cine español. El proyecto utiliza Internet de manera colaborativa y bajo licencias libres Creative Commons con el propósito de desarrollar plataformas alternativas de financiación, creación y distribución cinematográfica. Para lograrlo se acerca al público y fomentando una relación más estrecha y transparente le invita a participar en el proceso de producción de una película en la que puede disponer del material creado.

¿Qué quiere decir esto? Pues sencillamente que, desde sólo 2 euros, tú puedes convertirte en productor de la película. A cambio, tu nombre aparecerá en los títulos de crédito y recibirás un número para participar en el sorteo de un auténtico traje de cosmonauta ruso, utilizado durante el rojaje. Además, se te enviaré un welcome pack formado por una chapa del Programma Kolibri, dos pegatinas de diseño y un certificado de productor firmado y sellado. Si estás dispuesto a partipar con una cantidad mayor, puedes optar por adquirir otros productos, como camisetas, chapas o insignias soviéticas.

Por el momento, son ya 306 los productores que han apoyado la iniciativa, haciendo que este original proyecto español esté cada vez más cerca de hacerse realidad. Por cierto, os dejamos con una sinópsis de la película. Un argumento que tiene muy buena pinta y que en Planeta Sapiens nos ha dejado con muchas ganas de ver finalmente realizado en la gran pantalla:

En 1973, el primer cosmonauta ruso en la Luna no consigue regresar, y se le da por perdido en el espacio. Él, sin embargo, a través de fantasmales mensajes de radio, clama haber vuelto a la Tierra y haberla encontrado vacía, sin un alma. Su irreal presencia y su voz irán destruyendo poco a poco el mundo de sus seres queridos.

Os dejamos también un vídeo explicativo de todo el proyecto. Sin duda, una idea original que, desde aquí, esperamos que tenga mucho éxito.

El Cosmonauta en 5 pasos from Riot Cinema on Vimeo.

Más información en la web del proyecto: El Cosmonauta

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