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¿Estuvo Alejandría alineada con la salida del Sol?

Posted on 30 octubre 2012 by Redacción

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Hoy en día es bien sabido que buena parte de los pueblos de la Antigüedad orientaron algunos de sus templos y otros recintos sagrados en relación con el Sol y otros astros del firmamento, y cada año aparecen nuevos estudios sobre esta cuestión que vienen a enriquecer nuestro conocimiento sobre esta fascinante parcela de la Historia. El último ejemplo nos llega de la mano del arqueastrónomo Giulio Magli, matemático del Politécnico de Milán que hace apenas unas semanas daba a conocer los detalles de su último estudio sobre el particular, publicado en el Oxford Journal of Archaeology.

En este caso, el investigador italiano ha centrado su interés en la antigua ciudad de Alejandría que, según sus cálculos, habría estado alineada con la salida del Sol en una fecha de gran contenido simbólico para la ciudad: el cumpleaños de su fundador, el célebre Alejandro Magno. Según Magli, el trazado de la antigua Alejandría –fundada por el conquistador macedonio en el año 331 antes de nuestra era– se planificó en torno a una importante vía principal con una orientación Este-Oeste, y que se conocía como “camino canopo”.

Este eje principal de la urbe, según cálculos de Magli, no fue trazado siguiendo criterios topográficos pues, entre otras cosas, no discurría de forma paralela a la costa. Sin embargo, Magli asegura que gracias a los cálculos realizados con un software especializado, él y su colega Luisa Ferro han logrado determinar que en el siglo IV a.C. el camino canopo quedaba orientado “casi a la perfección”  (la diferencia es menor a medio grado) con la salida del Sol el día 20 de julio, fecha del natalicio de Alejandro Magno.

La alineación astronómica no terminaría ahí, según Magli. El arqueoastrónomo italiano cree que que la estrella Regulus –la más brillante de la constelación de Leo y que en latín significa “pequeño rey”– también se “elevaba” en aquellas remotas fechas en una alineación casi perfecta con el camino canopo.

Fuente: Ancient Egypt City Aligned With Sun on King’s Birthday (Livescience)

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Descubren un santuario lunar celta en Alemania

Posted on 18 octubre 2011 by Redacción

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El hallazgo de antiguos yacimientos o construcciones con una orientación astronómica no es algo demasiado habitual, pero tampoco extraordinario. Sin embargo, la mayor parte de este tipo de edificaciones, ya sean de época neolítica, egipcias o precolombinas, suelen estar orientadas en relación a la salida o la puesta de Sol en fechas destacadas del calendario, como solsticios o equinoccios.

Por esta razón, el reciente hallazgo de un santuario celta orientado con la Luna, descubierto en la Selva Negra alemana, ha generado un gran interés entre los investigadores. El descubrimiento ha sido realizado por investigadores del Römisch-Germanischen Zentralmuseum de Mainz (Alemania), en un enclave cercano a Villingen-Schwenningen, mientras examinaban unos antiguos planos de excavación de la zona.

Según los expertos, capitaneados por el Dr. Allard Mees, el singular calendario lunar se encuentra en un enclave ya conocido: la tumba real de Magdalenenberg, un túmulo funerario que cuenta con una serie de enterramientos secundarios cuya posición coincidiría exactamente con las constelaciones visibles desde el hemisferio Norte en un momento concreto de la Historia. Además, el yacimiento está provisto de una hilera de largos postes de madera orientados a la “Parada mayor de la Luna”, un evento que se produce aproximadamente cada 19 años.

Según Mees, los enterramientos secundarios forman un patrón que coincide con una constelación que podía ser vista entre el solsticio de invierno y el solsticio de verano. Gracias a esta circunstancia, y valiéndose de la ayuda de distintos programas informáticos de simulación astronómica, los investigadores del Römisch-Germanischen Zentralmuseum consiguieron determinar el momento aproximado en el que fue construido el santuario: una fecha cercana al solsticio de verano del año 618 a.C. Esta circunstancia lo convierte en el ejemplo más antiguo y más completo de un calendario celta basado en la Luna.

Gracias a distintas referencias antiguas, entre ellas algunas descripciones del mismísimo Julio César, sabemos que el calendario lunar jugó un importantísimo papel en la cultura celta, y precisamente las paradas mayores de la Luna tenían para este pueblo una significación especial.

Este no es el único yacimiento celta con orientaciones astronómicas relacionadas con la Luna, pues los arqueólogos ya han descubierto otros en distintos puntos de Inglaterra, Alemania e incluso España. En nuestro país, y hace tan sólo unos años, los arqueólogos descubrieron un importante santuario celtíbero en la antigua localidad de Segeda –cerca de Calatayud (Zaragoza)–, cuyos muros están también orientados astronómicamente, en este caso no sólo en relación a la Luna, sino también en ciertos momentos destacados del calendario solar, como los solsticios.

Fuente:

-Early Celtic ‘Stonhenge’ discovered in Germany’s Black Forest (Science Daily)

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Templos hititas orientados al Sol

Posted on 04 marzo 2011 by Redacción

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El astrofísico Juan Antonio Belmonte –de quien ya hemos hablado aquí en más ocasiones– y su compañero en el Instituto Astrofísico de Canarias César González han avanzado recientemente parte de los resultados de su última investigación en el campo de la arqueoastronomía. Según los investigadores españoles, los hititas, al igual que otros pueblos de la Antigüedad, orientaron sus templos en función de los movimientos solares, tal y como explican en un estudio que será publicado por la revista Journal for the History of Astronomy el próximo mes de noviembre.

Los hititas, que extendieron sus dominios por buena parte de la península de Anatolia y el norte de Oriente Próximo entre los siglos XVIII y XII a.C., construyeron sus edificios sagrados teniendo en cuenta la salida y la puesta del astro rey. Al menos, esa es la conclusión a la que han llegado los dos investigadores del Instituto Astrofísico de Canarias después de estudiar a fondo la disposición de unos 70 monumentos construidos por esta cultura. Según Belmonte y González, es muy posible que los hititas orientaran sus templos al Sol en honor a la diosa Arinna, una divinidad de carácter solar que creían les servía de protección en las batallas.

El estudio realizado por estos dos científicos españoles parece demostrar también que los hititas siguieron los movimientos y fases de la Luna para organizar su calendario. En el caso de la orientación de los templos, buena parte de los edificios estudiados tienen una alineación Este-Oeste, en relación con la salida y la puesta de Sol con los equinoccios, fechas que, al igual que en otras culturas, coincidían con importantes festividades.

Fuente: Agencia EFE

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El ‘rascacielos’ más antiguo del mundo

Posted on 18 febrero 2011 by Redacción

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Su existencia se conoce desde 1952, cuando los arqueólogos descubrieron sus restos en la ciudad bíblica de Jericó. Pero es ahora, en las páginas de la revista arqueológica Antiquity, cuando un grupo de investigadores de la Universidad de Tel Aviv (Israel) parece haber desentrañado buena parte de los secretos de esta antiquísima torre –tiene una antigüedad de unos 11.000 años–, como quién la construyó y con qué intención.

Los responsables del nuevo estudio son el estudiante de doctorado Roy Liran y el Dr. Ran Barkai, ambos pertenecientes al Departamento de Arqueología y Estudios de las Culturas del Antiguo Próximo Oriente. Según los arqueólogos, esta torre, de 28 pies de altura (unos 9 metros), es el primer ejemplo conocido de una estructura de tales características, construida antes de la transición a la agricultura en la región. Según Liran y Barkai, la estructura, que tardó unos diez años en ser construida en piedra, supone una indicación del poder a comienzos del periodo neolítico, y de cómo una persona concreta o un grupo “explotó los miedos de los habitantes de Jericó para convencerles de que construyeran la torre”.

“En el nuevo artículo, presentamos un nuevo y excitante descubrimiento”, explican Liran y Barkai. “Está conectado con la posición exacta de la torre en los límites de Jericó, y la sombra que cubre el lugar cuando el sol se pone el día más largo del año”, añaden. Utilizando equipos informáticos, los arqueólogos han determinado que “la sombra de la colina cuando se pone el sol en el día más largo del año cae exactamente sobre la torre de Jericó, envuelve la torre y después cubre por completo el pueblo al completo. Por esta razón, sugerimos que la torre sirivió como un elemento terrestre que conectaba a los habitantes del lugar con las colinas que les rodeaban y con el elemento celestial del sol poniente”. Así, los investigadores argumentan que la construcción estaba relacionada con los temores y creencias cosmológicas de los habitantes de Jericó.

Además, el reciente trabajo ha servido para desechar antiguas teorías sobre la torre, erigida en lo alto de la muralla de cuatro metros que posiblemente protegía a la población. Para algunos investigadores, la torre y el muro formaban parte de un sistema de fortificación y defensa ante las inundaciones. Otros habían propuesto que la torre era un marcador geográfico que definía el territorio, así como un símbolo de riqueza y poder. Ya en 2008, Liran y Barkai publicaron un primer trabajo en el que descartaban estas hipótesis y señalaban su papel cosmológico en relación al monte Qarantal, una idea que se refuerza en el artículo más reciente.

© Fotografía: American Friends of Tel Aviv University.

Fuente:

-World’s first skyscraper was a monument to intimidation (Eurekalert)

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Diez santuarios unidos al Cosmos

Posted on 03 noviembre 2010 by Javier García Blanco

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Las distintas civilizaciones que han poblado nuestro planeta manifestaron durante su desarrollo un notable interés por los astros visibles en el firmamento. Esta atracción se convirtió en toda una “fiebre” cósmica, generalmente vinculada a cultos religiosos o labores agrícolas, y en muchos casos permitió a estas culturas alcanzar un alto grado de desarrollo económico y protocientífico. Estos son diez de los santuarios más singulares que se conocen…

En la actualidad, nuestros astrónomos intentan desentrañar los secretos del Universo con la ayuda de potentísimos telescopios y avanzados satélites espaciales. Sin embargo, a efectos prácticos, nuestra civilización vive ajena a lo que ocurre en el firmamento. La llegada de la electricidad favoreció el “despegue” de una revolución tecnológica pero, a cambio, el desarrollo de las grandes urbes y la contaminación lumínica nos alejaron aún más del hermoso espectáculo que ofrece el cielo nocturno.

Un escenario radicalmente distinto al que vivieron la totalidad de las civilizaciones que se desarrollaron en la Antigüedad. Los pueblos neolíticos, los antiguos egipcios, mayas, incas, chinos, hindúes… todas aquellas culturas mostraron un inusitado interés por el Cosmos. No en vano, sus creencias religiosas y el desarrollo de su cultura estuvieron, en muchos casos, irremediablemente unidos a los fenómenos astronómicos. Por este motivo no resulta extraño que los sacerdotes de aquellas civilizaciones fueran al mismo tiempo avezados astrónomos, y que sus templos y centros sagrados más importantes fueran erigidos teniendo en cuenta lo que ocurría en el firmamento. Gracias a aquellos complejos conocimientos astronómicos hoy podemos disfrutar de algunas de las construcciones más fascinantes de la Historia, en cuyos cimientos, orientación y dimensiones comenzamos a descubrir un sorprendente simbolismo cósmico.

1.- ANGKOR WAT (CAMBOYA).
En la actualidad, más de un millón de turistas visitan cada año los restos de la enigmática ciudad de Angkor, en las densas y exuberantes selvas del norte de Camboya. Sin embargo, desde su nacimiento en el siglo IX hasta su “redescubrimiento” más de mil años después por el explorador francés Henri Mouhot, sus increíbles construcciones habían permanecido ocultas a los ojos occidentales.

Vista de Angkor al amanecer. Crédito: Wikimedia Commons.

La gigantesca ciudad –es la mayor urbe preindustrial del mundo, y llegó a tener una superficie de 3.000 kilómetros cuadrados– está salpicada por más de mil templos, lo que la convierte en uno de los enclaves sagrados de Asia. Sus orígenes están ligados a la cultura del Imperio Jemer, y vivió una época esplendorosa hasta el siglo XV, cuando la capital se trasladó a Ponme Penh. Pese a la fascinante acumulación de edificios religiosos, entre el patrimonio de la urbe camboyana destaca especialmente el llamado templo de Angkor Wat. Esta construcción data del siglo XII, y fue erigida por orden del rey Suryavarman II (1113-1150) en honor al dios hindú Vishnú. El llamativo templo posee una planta rectangular, y está separado del terreno circundante por un foso inundado. Para acceder a su interior hay que pasar un puente en su lado oeste, que conduce a una calzada recta que lleva al visitante hasta la puerta principal. Básicamente, Angkor Wat está compuesto por tres terrazas, cada una más pequeña que la anterior y situada a mayor altura. En la parte central, la más elevada, destacan cinco torres, una central más alta y otras cuatro que la rodean.

Sin duda, la visión de este templo, enclavado en el paisaje camboyano, resulta espectacular. Sin embargo, sus secretos más fascinantes, relacionados con la astronomía, no son visibles a simple vista. En primer lugar, Angkor Wat es una evocación en la tierra del monte Meru, centro del universo y residencia de las divinidades según la mitología hindú. Un simbolismo cósmico que adquiere forma con las cinco torres del santuario, que evocan los cinco picos de la montaña sagrada.

A otro nivel, las sorpresas son aún mayores. En 1976, varios científicos estadounidenses daban a conocer, a través de las páginas de la publicación científica Science¹, unas conclusiones sorprendentes. Los sacerdotes-astrónomos camboyanos emplearon en la construcción del recinto una medida conocida como “codo camboyano”, cuya longitud equivale a 0,43545 metros. Tras examinar concienzudamente las dimensiones del templo, los investigadores descubrieron que los arqueólogos del templo habían codificado en ellas mensajes de naturaleza calendárica. Así, si observamos los muros exteriores del recinto descubrimos que tienen una longitud de doce veces 365,24 codos. Es decir, la duración exacta del año solar. Igualmente, los ejes norte-sur y este-oeste del recinto interior donde se eleva la torre central arroja una cifra casi idéntica: 365,37 codos, un número que vuelve a aludir al ciclo solar anual.

Plano esquemático de Angkor Wat (Camboya). Crédito: Wikimedia Commons.

Pero aún hay más. Si medimos la distancia existente entre distintos puntos que aparecen en el recorrido del eje este-oeste del edificio, encontramos varias cifras expresadas en codos: 1.728, 1.296, 864 y 432. Multiplicando por mil cada una de estas cifras, obtenemos exactamente la duración en años de los distintos periodos de tiempo de la mitología hindú: Krita Yuga, Treta Yuga, Dvapara Yuga y Kali Yuga.

El estudio publicado por Science desvelaba también la existencia de varias orientaciones astronómicas con ciertas partes del templo. Los investigadores registraron hasta un total de veintidós alineaciones, aunque destacan especialmente tres. En el equinoccio de primavera, un observador situado al comienzo del puente que conduce a Angkor Wat, observará con asombro que el Sol surge de madrugada justo sobre la torre central del conjunto. Tres días después, el fenómeno se repite si variamos unos metros nuestra posición. Curiosamente, la cultura temer celebraba el año nuevo en el equinoccio de primavera, y por espacio de tres días.

En este misma entrada oeste encontramos otros alineamientos destacados. El día del solsticio de verano, el Sol se eleva para el observador justo sobre la colina sagrada de Phnom Bok, a unos 17 kilómetros de Angkor Wat. Por el contrario, en el solsticio de invierno, el fenómeno se produce en dirección sudeste, y en este caso el Sol nace justo en el cercano templo de Prasat Kuk Bangro.

2.- ABU SIMBEL (EGIPTO).
El templo mayor de Abu Simbel, magistralmente excavado en la roca y con sus esculturas colosales custodiando el acceso al edificio, es hoy uno de los enclaves más visitados por los turistas ávidos de conocer el país de los faraones. Y es precisamente aquí, en este lugar sagrado erigido en la época de Ramsés II, donde encontramos uno de los ejemplos más llamativos y hermosos de edificios orientados astronómicamente.

Fachada del templo de Ramsés II en Abu Simbel (Egipto). Crédito: Wikimedia Commons.

Su particular ubicación ha permitido que, durante siglos, el sol obrara un curioso “milagro”. El 22 de octubre y el 22 de febrero –según algunos autores, dos días después de la fecha de aniversario de su llegada al poder y de su cumpleaños, respectivamente– los rayos del sol naciente atraviesan el umbral del templo, alcanzando e iluminando tres esculturas, correspondientes a Ra Harajti, Amon-Ra y el propio monarca divinizado. Una cuarta estatua, que representa al dios Ptah, permanece siempre a oscuras, seguramente porque en el panteón egipcio, este dios está vinculado con el inframundo. La importancia de este “milagro solar” obtenido mediante orientación astronómica es tal que, cuando en 1964 el edificio tuvo que trasladarse por las obras de la presa de Asuán, los ingenieros de la UNESCO que dirigían los trabajos escogieron una ubicación concreta en la que se repitiera el efecto lumínico. Esta es la razón de que actualmente el fenómeno se retrase dos días, pues en la época de su construcción tenía lugar el 20 de octubre y el 20 de febrero.

El rayo de sol ilumina las esculturas de Amon-Ra, Ramsés II y Ra-Harajti, dejando en penumbra al dios Ptah.

No es la única sorpresa que posee el templo mayor de Abu Simbel. A la derecha de las colosales estatuas sedentes que representan al faraón hay una capilla de reducidas dimensiones, dedicada a Ra Harajti. Este pequeño santuario también está orientado astronómicamente, en este caso a la salida del astro rey en el solsticio de invierno.

3.- PIRÁMIDE DE KUKULKÁN, CHICHÉN ITZÁ (MÉXICO).
La ciudad maya de Chichén Itzá, en plena península del Yucatán, fue fundada en las primeras décadas del siglo VI d.C. Galardonada por la UNESCO con el título de Patrimonio de la Humanidad, sus cerca de quince kilómetros cuadrados están poblados con sorprendentes construcciones como la de El Caracol o el Templo de los guerreros. Precisamente, la primera de ellas ha sido señalada por muchos investigadores como un posible edificio destinado a las observaciones y cálculos astronómicos, a los que los mayas eran tan aficionados. Pese a que El Caracol cuenta con una fisionomía que recuerda a nuestros modernos observatorios, no hay evidencias concluyentes de que cumpliera dicha función. Muy distinto es el caso de la pirámide de Kukulkán, bautizada por los conquistadores españoles como “El Castillo”. Este templo, construido por los mayas en el siglo XII, está compuesto por una estructura piramidal de nueve alturas y cuenta con sendas escalinatas en sus cuatro caras. En sus orígenes, la pirámide fue dedicada al dios Kukulkán, término maya que significa “serpiente emplumada”, una advocación que resulta evidente al observar las numerosas decoraciones que representan a este animal mítico.

Templo de Kukulkán, Chichén Itzá. Crédito: Wikimedia Commons.

Al igual que en el caso de Angkor Wat, el templo maya esconde en su forma y dimensiones varias claves astronómicas. Los mayas desarrollaron un calendario solar de carácter agrícola, compuesto por dieciocho meses de veinte días cada uno. Esto daba un total de trescientos sesenta días, a los que se sumaban otros cinco, llamados uayeb, considerados nefastos.

Un vistazo detenido a la pirámide nos desvela datos llamativos en este sentido. Las cuatro escalinatas que ascienden hasta el templo superior están formadas por 91 escalones. Multiplicando esta cifra por las cuatro escalinatas, obtenemos 364 y si le sumamos la plataforma superior, el resultado es de 365, igual al número de días del calendario Haab.

De forma paralela, los mayas contaban con un segundo calendario de carácter sagrado, llamado Tzolkin, formado por trece meses de veinte días, que daban un total de 260 días. Este calendario sagrado se unía al Haab en una rueda calendárica. Esto daba lugar a unas combinaciones de ambos calendarios que se repetían cada 18.980 días (o 52 años).

En cada una de las fachadas de la pirámide, si sumamos los escalones que existen a ambos lados de la escalinata central, obtenemos el número dieciocho, una cifra que coincide con el número de meses del calendario Haab. Además, en el basamento de cada fachada hay veintiséis paneles con decoración en relieve. Una cifra que, sumada a los veintiséis paneles del lado contrario, arroja 52, el número de ciclos del calendario Haab en la rueda calendárica.

Aunque estas llamativas correspondencias numéricas resultan curiosas, hay otro elemento astronómico en la pirámide mucho más espectacular. En la actualidad, Chichén Itzá sufre una auténtica invasión de visitantes coincidiendo con los equinoccios de primavera y otoño. En esos días, al atardecer, se produce un sorprendente fenómeno que revela importancia astronómica y simbólica del templo mexicano. Cuando esos días el Sol inicia su descenso, parte de las escalinatas del templo comienzan a proyectar un juego de sombras en el lado norte-nordeste. Dichas sombras adoptan la forma de una especie de serpiente geométrica, que con el paso de las horas va descendiendo por la escalinata, como si el propio dios hubiera hecho acto de presencia, hasta llegar a una cabeza de serpiente emplumada que existe en el arranque de la escalinata. El fenómeno tarda en completarse unas cinco horas, y permanece visible durante unos cuarenta y cinco minutos.

Esta simbología cósmico-religiosa se completa con otros fenómenos similares, que se producen en los solsticios. En el de verano, al amanecer, el Sol ilumina durante quince minutos los lados norte-nordeste y sur-sudeste, quedando los dos restantes sumidos en la oscuridad. En el solsticio de invierno, el fenómeno se repite, aunque en este caso al atardecer, y con las fachadas oeste-nordeste y sur-sudeste iluminadas y las contrarias en oscuridad.

4.- SEGEDA (ZARAGOZA), UN SANTUARIO ÚNICO.
En el año 2003, un grupo de arqueólogos que trabajaba en el yacimiento celtibérico de Segeda, en la comarca de Calatayud (Zaragoza), descubrió por casualidad una plataforma formada por dos muros de grandes dimensiones (10 y 16,6 metros de longitud) construidos por sillares de hasta 500 kilogramos de peso. En un primer momento los expertos creyeron que se trataba de una construcción defensiva, pues se hallaba a las afueras de la ciudad, pero estudios posteriores parecían indicar que se trataba de otra cosa. ¿Pero qué?

Fue el profesor Martín Almagro Gorbea quien, recordando otros yacimientos europeos, decidió probar suerte con la arqueoastronomía. Tras contactar con Manuel Pérez Gutiérrez, profesor de astronomía y geodesia de la Universidad de Salamanca, tomaron datos exhaustivos en el enclave y, al traspasarlos a programas informáticos de simulación astronómica, descubrieron que el ángulo formado por los muros descubiertos señalaba claramente al cercano cerro de la Atalaya, pero también a la puesta de sol en el solsticio de verano hacia el año 200 a.C., probable fecha de la construcción. Para confirmar los datos arrojados por los ordenadores, el equipo se desplazó el 21 de junio de 2009 hasta el lugar, presenciando in situ el fenómeno. “Fue algo impresionante, un momento mágico”, explicó Francisco Burillo, catedrático de Prehistoria de la Universidad de Zaragoza y director de las excavaciones.

Recreación de las alineaciones astronómicas de Segeda. Crédito: Universidad de Zaragoza.

Con aquellos datos, los científicos determinaron que el enclave podía considerarse “el primer santuario celtíbero identificado y vinculado con una ciudad”, lo que le dotaba de mayor importancia si cabe. Con el paso de los meses y la continuación de los estudios, esta consideración no sólo se vio confirmada, sino ampliada. Durante el Congreso Internacional de Astronomía Cultural celebrado en Alejandría en octubre de 2009, Burillo y su equipo presentaron los hallazgos realizados hasta la fecha, destacando que el santuario de Segeda “es único en su género”.

El sol poniéndose sobre el cerro de la Atalaya en el solsticio de verano. Crédito: Universidad de Zaragoza.

“Queríamos confirmar lo que intuíamos, y es que habíamos encontrado algo de lo que no existe paralelo en la Antigüedad en el Mediterráneo”, explicó Burillo. “Y sí, aunque en la Antigüedad hubo construcciones dedicadas al solsticio y al equinoccio, no hay nada como lo que hemos encontrado”, añadió. Además de la alineación de la plataforma con el solsticio de verano, fecha en la que el sol se pone exactamente sobre el cercano cerro de La Atalaya, los arqueólogos han determinado también otras llamativas alineaciones astronómicas. Así, la piedra angular de la construcción está orientada de forma perfecta con la puesta de sol en los equinoccios, lo que se produce sobre otro cerro, el de Valdehornos –algo que pudieron comprobar también in situ en septiembre de 2009–, y el resto de los muros de la estructura señalan perfectamente al norte geográfico y a la llamada “Parada Mayor” o Ciclo Metónico de la Luna (que se produce cada 19 años), respectivamente.

Por todos estos motivos, los arqueólogos consideran que la estructura hallada a las afueras de Segeda constituye un “ejemplo único” de calendario lunisolar, utilizado además con fines religiosos. “Allí se construyó un calendario monumental, un espacio abierto de ritualización astronómica, especialmente con el Sol, lo que ratifica la importancia que éste tuvo en la cultura celtibérica. Va a contribuir a conocer mejor la sacralidad en el Mediterráneo durante la Antigüedad”, explicó Burillo.

Puesto que aún hay parte del yacimiento sin excavar, los expertos no descartan nuevos hallazgos que demuestren, por ejemplo, alguna alineación más, en este caso relacionada con las estrellas.

5.- CHANKILLO (PERÚ).
Las ruinas de Chankillo, en el desierto de la costa peruana, y a unos 400 kilómetros de Lima, poseen el honor de ser el observatorio solar más antiguo de América, pues sus orígenes se remontan al siglo IV a.C.

Ruinas de Chankillo, Perú.

Básicamente, Chankillo consiste en una especie de fortificación elevada sobre una colina, cerrada mediante tres gruesos muros concéntricos de forma ovalada. En el interior del último muro destacan dos construcciones redondas y una rectangular. Lo más interesante de este yacimiento, sin embargo, se encuentra a un kilómetro de la fortaleza, en dirección Este. Allí, en lo alto de una loma de trescientos metros de longitud con una orientación norte-sur, destaca una hilera de trece “torres”, separadas entre sí por una distancia de unos cinco metros.

Esquema con las alineaciones astronómicas de Chankillo.

Hasta hace unos años, la atención de los arqueólogos e investigadores se había dirigido casi por completo a la fortaleza, sobre la que aún hay dudas respecto a su auténtica función. Pero en el año 2007, un equipo internacional de arqueólogos de las universidades de Yale (EE UU) y Leicester (Reino Unido), descubrió que las “torres” de Chankillo tenían una importancia mucho mayor de lo que aparentaba a simple vista.

Desde el siglo XIX, distintos autores habían sugerido un posible significado astronómico para aquellas estructuras, pero nadie elaboró una hipótesis de trabajo, ni se desarrollaron estudios más completos. Fue Ivan Ghezzi, un estudiante de la Universidad de Yale quien, en 2001, decidió profundizar en la cuestión mientras realizaba una tesis sobre construcciones bélicas de la región. Seis años más tarde, en 2007, su trabajo dio sus frutos con la publicación en la revista Science² de sus conclusiones y las de sus colegas de investigación. Tras realizar distintas mediciones, los arqueólogos descubrieron que las torres están orientadas en función de la salida y puesta de Sol en los solsticios y equinoccios. Tales alineamientos son visibles desde sendas estructuras ubicadas a ambos lados de la hilera de torres, y en las que se han encontrado restos de utensilios empleados en sacrificios.

Uno de los espectaculares alineamientos del sol en el yacimiento peruano.

Desde el punto de observación situado al oeste de las torres –el mejor conservado– era posible contemplar la salida del Sol en los solsticios, que coincidía con la primera torre en el caso del solsticio de verano, y con la última en el caso del solsticio de invierno. Desde el punto de observación ubicado al Este, por el contrario, era posible contemplar la puesta de Sol. Pero además, las trece torres tenían también otro cometido: registrar el movimiento solar a lo largo del año, de forma que cada diez días, el Sol surgía por un hueco distinto de los existentes entre las trece torres.

6.- NEWGRANGE (IRLANDA).
El túmulo de Newgrange es una de las tumbas de tipo corredor más célebres y singulares que se conservan. Sus piedras han visto pasar, desde su construcción por los pobladores neolíticos de Irlanda, la friolera de 5.300 años. En realidad, no se trata más que de un dolmen –de gigantescas dimensiones, eso sí–, cubierto por un túmulo circular de tierra, rodeado en su parte inferior por piedras de cuarzo blanco que realzan su estampa.

Túmulo funerario de Newgrange (Irlanda). Crédito: Wikimedia Commons.

El túmulo alcanza los cincuenta metros de diámetro, mientras que el corredor o pasillo que conduce desde la puerta hasta la zona de enterramiento –en forma de trébol–, se alarga por espacio de diecinueve metros. Su función era, por tanto, funeraria, aunque con unas características poco habituales.

En la fecha de su construcción, hace más de cinco milenios, y sólo durante el solsticio de invierno, tenía lugar un auténtico “milagro solar”. En el amanecer de esos días, los primeros rayos del Sol se abrían paso a través de un ventanuco existente en la puerta, atravesando limpiamente los diecinueve metros de corredor para terminar iluminando un muro de cierre, en el que está grabada una hermosa espiral triple. Un instante mágico y único, pues no volvía a repetirse hasta el año siguiente, siempre y cuando el clima lo permitiera.

Han pasado más de cinco mil años desde que sus constructores erigieran Newgrange, y en ese tiempo el cambio de posición del eje terrestre ha provocado que el fenómeno ya no sea visible en la fecha de los solsticios. A cambio, en la actualidad los responsables que custodian el monumento megalítico han instalado un sistema eléctrico que reproduce artificialmente el “milagro del Sol”.

Entrada al túmulo mortuorio de Newgrange. Crédito: Wikimedia Commons.

Se han barajado muchas hipótesis para explicar la curiosa orientación astronómica del túmulo. Algunas sugieren que Newgrange fue utilizado como observatorio para determinar la fecha del solsticio de invierno, y de este modo elaborar el calendario. Sin embargo, este punto parece poco probable. Si tenemos en cuenta la función de la construcción (enterramiento), y puesto que el solsticio de invierno marca el momento del año en el que el Sol “renace” y se inicia un nuevo año, es muy probable que el fenómeno solar tuviera una función simbólica, relacionada con un mensaje de resurrección o de la vida en el más allá. Una posibilidad nada descabellada si tenemos en cuenta que el único “capaz” de presenciar el milagro solar en primera persona era el difunto allí enterrado.

7.- TORRE DE LOS VIENTOS (ATENAS).
Uno de los edificios de planta octogonal más antiguos que se conservan es la llamada Torre de los Vientos, una singular y bella edificación situada en el ágora romana de Atenas, justo a los pies de la Acrópolis. Esta curiosa torre data de mediados del siglo I a.C., y fue construida por el arquitecto macedonio Andronikos de Khyrros. La torre, de unos 12 metros de altura y ocho de diámetro, está realizada en mármol pentélico, y en cada uno de los lados de su octógono —que están orientados a los puntos cardinales y los intermedios— aparecen representados, una a una, las divinidades griegas de los vientos: Bóreas, Apeliotes, Euro, Noto, Cecias, Lipso, Escirón y Céfiro.

Vista general de la Torre de los Vientos (izquierda), con la Acrópolis al fondo. Crédito: Javier García Blanco.

Esta peculiar «rosa de los vientos» pétrea estaba coronada por una cúpula de madera, rematada con una pequeña escultura de bronce que cumplía las funciones de veleta y que señalaba en todo momento qué viento era el que estaba soplando. Casi todas las fuentes de la época lo citan como un horologion, un sofisticado artefacto destinado a medir el tiempo de distintos modos. Aún hoy pueden contemplarse en algunos de sus lados, y justo debajo de las representaciones de cada dios del viento, varillas metálicas y surcos grabados en el mármol que servían para calcular la hora y, también, la posición de los planetas. En el interior de la torre existía un complejo reloj de agua mediante el que era posible realizar los cálculos durante la noche y en los días nublados.

Detalle de las varillas y las marcas usadas para calcular la hora. Crédito: Javier García Blanco

8.- ISLA DE PASCUA (CHILE).
Las célebres y enigmáticas estatuas pétreas de la isla de Pascua podrían estar erigidas siguiendo una llamativa alineación astronómica. Esa es la conclusión a la que han llegado, tras un estudio preliminar, el antropólogo chileno Edmundo Edwards y el astrónomo español Juan Antonio Belmonte, uno de los mayores expertos mundiales en arqueoastronomía.

Los dos investigadores estudiaron la disposición de treinta ahus –plataformas sobre las que se colocaban los moais– y llegaron a la conclusión de que, pese a lo que se creía hasta ahora, las estatuas no están orientadas a la salida o la puesta de sol durante solsticios o equinoccios (salvo excepciones), sino que más bien podrían estar “mirando” a estrellas de las Pléyades o a la constelación de Orión, conjuntos estelares que tuvieron gran importancia para los antiguos pobladores de Rapa Nui.

Moais en Rapa Nui. Crédito: Wikimedia Commons.

Precisamente, la investigación surgió a raíz de que Edwards escuchara a los más ancianos de la isla curiosas historias sobre el cinturón de Orión (llamado tautoru, “los tres bellos”) y las Pléyades (matoriki o “pequeños ojos”). Según las antiguas creencias de la isla, el principio del año estaba marcado por la “salida” de las Pléyades antes del amanecer durante el solsticio de invierno, mientras que su visión en el atardecer durante la estación de Hora Nui coincidía con la temporada de pesca, una época en la que también se celebraban importantes rituales a los antepasados (representados por los moais).

Además, los investigadores destacaron la existencia de dos curiosas piedras en un rincón de la isla. Una de ellas es conocida como “piedra para observar las estrellas”, mientras que la otra parece representar un mapa estelar, que aludiría a las Pléyades en relación con la temporada de pesca. Pese a todo, el astrónomo español señaló que puesto que hay más de un centenar de ahus en la isla, sería necesario un completo estudio de todos ellos para confirmar sus hallazgos preliminares.

9.- PETRA (JORDANIA).
Ubicada al sur de los actuales territorios de Palestina y Siria, la cultura nabatea –que vivió su mayor desarrollo entre los siglos III a.C. y II d.C.–, no goza hoy de la popularidad de otras civilizaciones mediterráneas de la Antigüedad. Y, sin embargo, este pueblo nos legó una de las más hermosas construcciones realizadas jamás por la mano del hombre: la ciudad de Petra, capital del reino nabateo.

Fachada del templo conocido como “El Tesoro”, Petra. Crédito: Wikimedia Commons.

Sus templos y monumentos excavados en la roca, en muchos casos semiocultos por los desfiladeros, alcanzaron una gran popularidad tras su aparición en una de las aventuras de Indiana Jones, y hoy son un atractivo destino turístico para millones de turistas llegados de todos los rincones del globo. Sin embargo, pocos visitantes conocen las complejas claves astronómicas que se esconden en este recóndito enclave del desierto jordano.

Al igual que en la Antigüedad, el primer edificio de importancia que recibe hoy al visitante es “El Tesoro” o Al Jazna. Se trata de un monumento excavado en la roca rosácea sobre el que todavía se discute si fue la tumba del rey Aretas IV (9 a.C.-40 d.C.), un templo dedicado a Isis-Al Uzza (una divinidad nabatea identificada con el planeta Venus), o ambas cosas a un mismo tiempo. Los estudios realizados por el investigador español José Antonio Belmonte –ya citado anteriormente–, revelan que el edificio está orientado en dirección al desfiladero de As Siq, y desde su fachada era posible observar una porción celeste donde se producía la salida más septentrional de la Luna o el planeta Venus.

Continuando el paso en dirección hacia el centro de la ciudad, el visitante se encuentra con las tumbas reales talladas en la cara oeste de la montaña Yebal al Jubza. Lo más curioso en términos astronómicos es que dichas tumbas están orientadas de tal forma que desde su ubicación es posible contemplar directamente la puesta de Sol en los equinoccios. Estas fechas tenían una gran importancia para los nabateos, pues el tiempo que coincidía con la primera Luna posterior a los equinoccios estaba relacionado con el culto a los muertos, algo que parece encajar con la orientación de las tumbas reales.

Otro de los elementos arqueoastronómicos de la ciudad se encuentra cerca de las tumbas reales. Se trata de dos obeliscos de unos seis metros de altura, dedicados a las divinidades Dushara y Al Uzza, que tienen la peculiaridad de estar orientados en función de los equinoccios. Por esta circunstancia, al amanecer y al atardecer de estas fechas del año, la sombra proyectada por uno de ellos se superpone sobre el otro. El significado de este espectáculo de luz y sombra, tal y como explica Belmonte, es todavía desconocido.

Tumbas reales de Petra. Crédito: Wikimedia Commos.

Las claves astronómicas de Petra se completan con el llamado “Templo de los Leones”, dedicado a la diosa Al Uzza. Fue construido en el siglo I d.C., y su orientación parece estar relacionada con la puesta de la estrella Canopo, un astro que gozó de gran importancia entre los pueblos árabes preislámicos. Finalmente, el “Castillo de la Princesa” o Ksar Al Bint, estaría orientado, a falta de estudios más detallados, a una de las estrellas de la constelación de la Osa Mayor.

10.- KORICANCHA, CUZCO (PERÚ).
La ciudad de Cuzco, capital del antiguo Imperio Inca, fue desde su fundación una urbe sagrada. Según algunas tradiciones, el propio término de “Cusco” significaría “centro” en lengua quechua, y en ella confluirían los tres niveles cósmicos: el mundo inferior, el mundo visible o terrenal y el mundo superior.

El Koricancha o Templo del Sol, Cuzco (Perú). Crédito: Wikimedia Commons.

Gracias a los trabajos realizados en los últimos años por investigadores como Brian Bauer o el matemático y arqueoastrónomo Giulio Magli, se ha podido saber que los antiguos incas diseñaron la ciudad en función de ciertas “líneas sagradas” llamadas ceques. Estas líneas, hasta un total de cuarenta y dos, confluían en un punto central donde, curiosamente, los incas construyeron el Koricancha o Templo del Sol, en la actualidad convertido en templo cristiano bajo el nombre de convento de Santo Domingo. Además de confluir en dicho templo, los ceques conectaban también con otros puntos de la geografía local, que eran considerados sagrados por los antiguos habitantes de Cuzco. Curiosamente, muchos de estos ceques contarían además con otra peculiaridad, pues estarían orientados a la salida del Sol en los solsticios de verano o invierno. Esta peculiar mezcla de elaboración de un paisaje sagrado y orientación astronómica se completaría, según el ya citado Magli, con la recreación en la disposición urbanística de la ciudad de una “constelación” con forma de puma, visible en una parte de la Vía Láctea, porción del firmamento que tenía una gran importancia para los antiguos incas.

NOTAS:

¹ GIFFORD, Fred, MORÓN, Eleanor y STENCEL, Robert. “Astronomy and cosmology at Angkor Wat”. Science, Vol. 193, nº 4250, pp. 281-287, 23 de julio de 1976.

² GHEZZI, Ivan y RUGGLES, Clive. “Chankillo: a 2300-year-old solar observatory in coastal Pery”. Science, Vol. 315, nº 5816, pp. 1239-1243, 2 de marzo de 2007.

BIBLIOGRAFÍA:

-BELMONTE, Juan Antonio. Las leyes del cielo. Ed. Temas de hoy. Madrid, 1999.

-KAK, Subhash. “The solar numbers in Angkor Wat”. Indian Journal of History of Science, 34, 1999.

-MAGLI, Giulio. Mysteries and discoveries of archaeoastronomy. Copernicus books. New York, 2005.

-RUGGLES, Clive. Ancient astronomy: an encyclopedia of cosmologies and myth. ABC-CLIO, Inc. Santa Barbara, 2005.

-YOUNG, Kelly. “Ancient solar observatory discovered in Peru”. New Scientist, marzo 2007.

-VV.AA. Heritage sites of astronomy and archaeoastronomy in the context of the UNESCO World Heritage Convention. A thematic study. ICOMOS. París, 2010.

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Nuevas claves sobre El Tajín

Posted on 26 abril 2010 by Redacción

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Un equipo de investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha propuesto recientemente una nueva hipótesis para explicar las claves urbanísticas de la antigua población totonaca de El Tajín, en Veracruz (México).

Según la arqueóloga Patricia Castillo Peña, directora del yacimiento de El Tajín, el enclave habría sido erigido en sucesivas etapas teniendo en cuenta un cerro cercano, situado al Este de la urbe, y que había sido interpretado en clave simbólica con el llamado ‘cerro de los mantenimientos’. “Hasta ahora –señaló Castillo Peña–, se había abordado la importancia de esta ciudad a partir de su arquitectura o de su tamaño, pero nuestra propuesta es que su proyección como urbe hacia el 600 d.C. estuvo determinada por aspectos simbólicos propios de la tradición mesoamericana”, explicó.

La nueva hipótesis fue presentada por los especialistas mexicanos durante la celebración del 75º Congreso de la Sociedad Americana de Arqueología, que tuvo lugar en la ciudad de San Luís de Missouri del 14 al 18 de abril. Allí, Castillo Peña explicó que esta nueva propuesta se basa en estudios de arqueología del paisaje y en trabajos anteriores de especialistas como el antropólogo Alfredo López Austin.

Eje del cerro con respecto a las estructuras más emblemáticas. Crédito: INAH.

Gracias a varias exploraciones de superficie, los arqueólogos que trabajan en el yacimiento de El Tajín han podido determinar la existencia –tanto en la cima como en la parte media del cerro cercano– de una serie de altares, lo que reforzaría la idea de su identificación simbólica con el ‘cerro de los mantenimientos’. Los arqueólogos también han confirmado que este cerro cuenta con un eje principal vinculado con las cuatro construcciones más emblemáticas de la ciudad: la cancha del Juego de Pelota Sur, el Edificio de las Columnas, el Edificio de los Nichos y la Gran Xicalcoliuhqui, edificadas en el periodo Epiclásico (800-1200 d.C.).

En el caso del Juego de Pelota, el recinto posee una orientación Este-Oeste, alineándose con la salida del Sol tras el cerro y en la misma trayectoria que el Palacio de las Columnas. Los investigadores del INAH también confirmaron que se está procediendo a realizar diversas investigaciones de carácter arqueoastronómico –dirigidas por el Dr. Stanislaw Iwaniszewski– con la intención de descubrir si existen alineaciones de este tipo entre algunas construcciones del yacimiento y eventos astronómicos como solsticios y equinoccios, al igual que sucede en otras edificaciones sagradas precolombinas del área mesoamericana.

Fuente: Plantean nueva hipótesis sobre traza del Tajín (INAH)

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¿Templos griegos orientados al Sol?

Posted on 20 noviembre 2009 by Redacción

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Templo de la Concordia, Sicilia. Crédito: Steolmi / Flickr! (Creative Commons)

La publicación de un reciente estudio en la revista Public Library of Science One ha “resucitado” una vieja polémica sobre la posibilidad de que los templos de la Antigua Grecia fueran construidos de forma intencionada orientados hacia la salida del Sol. El estudio, elaborado por el Dr. Alun Salt, de la Universidad de Leicester (Reino Unido) ha basado sus conclusiones en el estudio de un grupo de templos en la colonia griega de Sicilia (parte de la llamada Magna Grecia) y su comparación con otros santuarios construidos en territorio propiamente griego.

Según estos datos, 40 de los 41 templos estudiados por Salta están orientados en dirección a la salida del astro rey. En opinión del investigador, su estudio indica que la alineación este-oeste es casi imposible de explicar como una mera casualidad, y considera que probablemente tenía algún sentido religiosos relacionado con la astronomía.

Aunque hace muchos años que se conoce la orientación al Este de ciertos templos de la Antigua Grecia, la cuestión de que dicha alineación se debiera a un plan establecido con sentido religioso ha enfrentado durante mucho tiempo a distintas facciones de arqueólogos y especialistas en cultura clásica. Los críticos, por ejemplo, han descartado durante años estas hipótesis argumentando que algunso templos están orientados al norte, al sur o al oeste, lo que indicaría que la cuestión no era relevante para los antiguos griegos.

Un punto de vista, sin embargo, no compartido por el Dr. Salt. “Hay algunos templos en Grecia que no se orientan a la salida del Sol, así que unos cuantos arqueólogos han publicado que no hay nada significativo en el número de santuarios que se orientan al Este. El problema es que nadie ha dicho nunca cuál sería un número significativo”, ha explicado el investigador.

Pese a su convencimiento sobre la existencia de una orientación intencionada, Salt explica que todavía no ha podido determinar las razones exactas de esta preferencia. Sin embargo, sospecha que ciertos factores astronómicos podrían haber jugado un papel importante. “Podría haber tenido algo que ver con el sacerdote observando los cielos en busca de vaticinios o profecías”, propone. “También hay evidencias de que la astronomía era importante para el calendario religioso, y probablemente tuvo también un propósito práctico”, añade Salt.

Sin embargo, las conclusiones del Dr. Salt no parecen convencer a los defensores de la hipótesis contraria. La profesora Efrosyni Boutsikas, de la Universidad de Kent, refuta los datos de Salt con los obtenidos en sus propios análisis. En su investigación, Boutsikas estudió 107 templos griegos, de los cuales sólo el 58 % estaban orientados a la salida del Sol. “La religión griega es demasiado localizada y dependiente de factores locales como para que nosotros hagamos argumentos culturalmente significativos sobre patrones generales de orientación. No hay un patró general de orientación que sigan todos los templos griegos”, sentencia Boutsikas. “Decir que los templos griegos están orientados al Sol no es suficiente. Necesitamos decir por qué pudo haber sido esto importante para los griegos y cuál habría sido esa importancia”, añade.

Pese a los rotundos argumentos de la investigadora, destaca la aparente solidez de los resultados obtenidos por Salt en Sicilia, por lo que, una vez más, la polémica parece más viva que nunca.

Fuente: Ancient greek worshippers showed inclination towards the Sun (Times Online)

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Un santuario astronómico único

Posted on 12 noviembre 2009 by Redacción

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Vista del santuario celtibérico de Segeda. Crédito: Universidad de Zaragoza / SINC / Heraldo de Aragón.

En el año 2003, un grupo de arqueólogos que trabajaba en el yacimiento celtibérico de Segeda, en la comarca de Calatayud (Zaragoza), descubrió por casualidad una plataforma formada por dos muros de grandes dimensiones (10 y 16,6 metros de longitud) construidos por sillares de hasta 500 kilogramos de peso. En un primer momento los expertos creyeron que se trataba de una construcción defensiva, pues se hallaba a las afueras de la ciudad, pero estudios posteriores parecían indicar que se trataba de otra cosa. ¿Pero qué?

Fue el profesor Martín Almagro Gorbea quien, recordando otros yacimientos europeos, decidió probar suerte con la arqueoastronomía. Tras contactar con Manuel Pérez Gutiérrez, profesor de astronomía y geodesia de la Universidad de Salamanca, tomaron datos exhaustivos en el enclave y, al traspasarlos a programas informáticos de simulación astronómica, descubrieron que el ángulo formado por los muros descubiertos señalaba claramente al cercano cerro de la Atalaya, pero también a la puesta de sol en el solsticio de verano hacia el año 200 a.C., probable fecha de la construcción. Para confirmar los datos arrojados por los ordenadores, el equipo se desplazó el 21 de junio de 2009 hasta el lugar, presenciando in situ el fenómeno. “Fue algo impresionante, un momento mágico”, explicó Francisco Burillo, catedrático de Prehistoria de la Universidad de Zaragoza y director de las excavaciones.

Con aquellos datos, los científicos determinaron que el enclave podía considerarse “el primer santuario celtíbero identificado y vinculado con una ciudad”, lo que le dotaba de mayor importancia si cabe. Con el paso de los meses y la continuación de los estudios, esta consideración no sólo se ha visto confirmada, sino ampliada. Durante el reciente Congreso Internacional de Astronomía Cultural, celebrado en Alejandría entre el 25 y el 31 de octubre pasados, Burillo y su equipo presentaron los hallazgos realizados hasta la fecha, destacando que el santuario de Segeda “es único en su género”.

Puesta de sol sobre el cerro de La Atalaya, el 21 de junio (solsticio de verano). Crédito: SINC / Universidad de Zaragoza.

Puesta de sol sobre el cerro de La Atalaya, el 21 de junio (solsticio de verano). Crédito: SINC / Universidad de Zaragoza.

“Queríamos confirmar lo que intuíamos, y es que habíamos encontrado algo de lo que no existe paralelo en la Antigüedad en el Mediterráneo”, explicó Burillo. “Y sí, aunque en la Antigüedad hubo construcciones dedicadas al solsticio y al equinoccio, no hay nada como lo que hemos encontrado”, añadió. Además de la alineación de la plataforma con el solsticio de verano, fecha en la que el sol se pone exactamente sobre el cercano cerro de La Atalaya, los arqueólogos han determinado también otras llamativas alineaciones astronómicas. Así, la piedra angular de la construcción está orientada de forma perfecta con la puesta de sol en los equinoccios, lo que se produce sobre otro cerro, el de Valdehornos –algo que pudieron comprobar también in situ el pasado 21 de septiembre–, y el resto de los muros de la estructura señalan perfectamente al norte geográfico y a la llamada “Parada Mayor” o Ciclo Metónico de la Luna (que se produce cada 19 años), respectivamente.

Por todos estos motivos, los arqueólogos consideran que la estructura hallada a las afueras de Segeda constituye un “ejemplo único” de calendario lunisolar, utilizado además con fines religiosos. “Allí se construyó un calendario monumental, un espacio abierto de ritualización astronómica, especialmente con el Sol, lo que ratifica la importancia que éste tuvo en la cultura celtibérica. Va a contribuir a conocer mejor la sacralidad en el Mediterráneo durante la Antigüedad”, explicó Burillo.

Puesto que aún hay parte del yacimiento sin excavar, los expertos no descartan nuevos hallazgos que demuestren, por ejemplo, alguna alineación más, en este caso relacionada con las estrellas. La destacada investigación realizada por el equipo de la Universidad de Zaragoza ha conseguido llamar la atención de otros expertos, como el astofísico y experto arqueoastrónomo Juan Antonio Belmonte, investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), quien ha escrito a las autoridades aragonesas para que protejan este enclave único.

A continuación podéis ver un vídeo con imágenes de la puesta de sol durante el solsticio de verano, y otro en el que se observa el yacimiento celtibérico de Segeda.

Fuente:

-El santuario astronómico de Segeda, una “construcción única en su género”, Heraldo de Aragón (edición impresa, 11 de noviembre de 2009)

-Confirman la exactitud del único calendario lunisolar conservado de la Antigüedad (SINC)

-Web del yacimiento de Segeda

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Egipto, reflejo del Cosmos

Posted on 30 junio 2009 by Javier García Blanco

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Desde hace más de un siglo, arqueólogos de todo el mundo se afanan en excavar las áridas tierras de Egipto con la intención de sacar a la luz tesoros arqueológicos que permitan desentrañar los enigmas de la fascinante cultura faraónica. Tumbas, templos, pirámides… miles de horas de trabajo invertidas, con la mirada siempre dirigida a restos hasta entonces sepultados bajo la arena. Sin embargo, un reducido grupo de investigadores ha conducido sus pesquisas en otra dirección. Dejando en un segundo plano las herramientas propias del arqueólogo –aunque con esta disciplina siempre presente–, especialistas de distintos campos, han levantado sus ojos al firmamento, con la esperanza de encontrar en el Cosmos nuevas respuestas a algunos de los enigmas del país del Nilo.

Arqueólogos y egiptólogos coinciden en destacar el papel capital que jugó el Nilo en el desarrollo de la civilización faraónica. Su importancia fue tal que se ha llegado a afirmar que, de no haber existido el Nilo, hoy no disfrutaríamos de la impresionante visión de las pirámides, ni de los numerosos templos que salpican la geografía del país. El Nilo, con sus crecidas, generaba a su paso una fertilidad que permitió el desarrollo agrícola y económico de la civilización. Por este motivo, no resulta extraño que cuando los antiguos egipcios se percataron de una curiosa circunstancia celeste, pusieran toda su atención en el cielo.

El Nilo, a su paso por Agilkia

El Nilo, a su paso por Agilkia. (Crédito: Heinz Albers / Wikipedia)

Los egipcios descubrieron que cuando la estrella Sepedet (nuestra actual Sirio) surgía por el horizonte, anticipándose a la salida del sol al amanecer –en fechas próximas al solsticio de verano–, comenzaban las esperadas crecidas del río que generaban la consiguiente riqueza derivada de las cosechas. Esta casual y feliz circunstancia motivó la creación de un complejo calendario que permitía a los antiguos egipcios “predecir” el inicio de la época de la inundación, y por lo tanto anticiparse y “controlar” este fenómeno natural. De este modo, los egipcios organizaron el año en tres estaciones (Ajet o “inundación”, Peret o “crecimiento” y Semnu o “ausencia de agua”) compuestas a su vez por cuatro meses. Junto a este calendario religioso, crearon otro que podríamos denominar “civil”, compuesto por doce meses de treinta días cada uno,  sumando un total de 360 días. A estos se sumaron otros cinco, llamados Epagómenos, y que fueron dedicados a los hijos del dios-sol: Isis, Seth, Neftis, Osiris y Harendotes. De este modo, el calendario estaba formado por 365 días, siendo el origen del que utilizamos hoy en día.

Además del contenido religioso que los antiguos egipcios otorgaban a estos calendarios, encontramos otros ejemplos muchos más evidentes del binomio astronomía-religión en la civilización faraónica.Junto a las correspondencias de estrellas/constelaciones y dioses (ver anexo) los llamados Textos de las pirámides (un conjunto de textos relacionados con el más allá grabados en las pirámides de algunos reyes de la V Dinastía) aluden en numerosas ocasiones a este vínculo sagrado. En estos documentos jeroglíficos señalan, por ejemplo, que se creía que el faraón, tras su muerte, se convertía en estrella y se trasladaba al cielo acompañado por las divinidades. Curiosamente, para los antiguos egipcios, el firmamento estrellado y el más allá se entremezclaban y confundían, llegando a identificarse como una misma cosa.

Dada su importancia, no resulta extraño que los sacerdotes egipcios fueran avezados astrónomos, y que custodiaran ese conocimiento –tan vinculado al poder– bajo el mayor de los secretos. En este sentido, por ejemplo, tenemos constancia de que los sacerdotes de la sagrada ciudad de Heliópolis –dedicada al dios sol– fueran destacados astrónomos, y que el más importante de todos ellos, el sumo sacerdote, fuera denominado “Jefe de observadores”.

Teniendo en cuenta estos antecedentes, que demuestran de forma rotunda la importancia de la observación de estrellas para la antigua civilización egipcia, resulta extraña la escasa atención que habitualmente han prestado a la cuestión la mayor parte de los egiptólogos.

EL TEMPLO DEL SOL
El templo mayor de Abu Simbel, magistralmente excavado en la roca y con sus esculturas colosales custodiando el acceso al edificio, es hoy uno de los enclaves más visitados por los turistas ávidos de conocer el país de los faraones. Y es precisamente aquí, en este lugar sagrado erigido en la época de Ramsés II, donde encontramos uno de los ejemplos más llamativos y hermosos de edificios orientados astronómicamente.

Fachada del templo de Ramsés II en Abu Simbel

Fachada del templo de Ramsés II en Abu Simbel (Crédito: Przemyslaw Idzkiewicz / Wikipedia)

Su particular ubicación ha permitido que, durante siglos, el sol obrara un curioso “milagro”. El 22 de octubre y el 22 de febrero –según algunos autores, dos días después de la fecha de aniversario de la llegada al poder del faraón y de su cumpleaños, respectivamente– los rayos del sol naciente atraviesan el umbral del templo, alcanzando e iluminando tres esculturas, correspondientes a Ra Horajti, Amon-Ra y el propio monarca divinizado. Una cuarta estatua, que representa al dios Ptah, permanece siempre a oscuras, seguramente porque en el panteón egipcio, este dios está vinculado con el inframundo. La importancia de este “milagro solar” obtenido mediante orientación astronómica es tal que, cuando en 1964 el edificio tuvo que trasladarse por las obras de la presa de Asuán, los ingenieros de la UNESCO que dirigían los trabajos escogieron una ubicación concreta en la que se repitiera el efecto lumínico. Esta es la razón de que actualmente el fenómeno se retrase dos días, pues en la época de su construcción tenía lugar el 20 de octubre y el 20 de febrero.

La hierofanía solar de Abu Simbel

La hierofanía solar de Abu Simbel (Crédito: Wikipedia)

No es la única sorpresa que posee el templo mayor de Abu Simbel. A la derecha de las colosales estatuas sedentes que representan al faraón hay una capilla de reducidas dimensiones, dedicada a Ra Horajti. Este pequeño santuario también está orientado astronómicamente, en este caso a la salida del astro rey en el solsticio de invierno. Esta misma orientación solsticial es la que parece haber sido utilizada por los constructores egipcios que alinearon el fascinante templo de Amón en Karnak.

Precisamente, este templo fue objeto del primer estudio que podríamos denominar “arqueoastronómico” sobre el Antiguo Egipto. En 1894, el astrónomo sir Norman Lockyer planteó la hipótesis de que el edificio había sido orientado en relación a la puesta de sol en el solsticio de verano. Pero cometió un error. Lockyer desarrolló su propuesta utilizando planos de Karnak sin visitar el lugar personalmente, por lo que no se dio cuenta de que el Sol poniente quedaba fuera de la visión por culpa de unas colinas. Es muy probable que, tal y como señala el experto español Juan Antonio Belmonte, el error de Lockyer fuera una de las causas del rechazo y desinterés de la egiptología por las teorías arqueoastronómicas.

Sin embargo, si Lockyer hubiera propuesto la dirección opuesta, habría dado en el clavo, pues el templo está orientado perfectamente hacia la salida del sol en el solsticio de invierno. Dicha orientación se repite también, al igual que en Abu Simbel, en una pequeña capilla dedicada a Ra Horajti, ubicada en la parte posterior del templo.

Belmonte, especialista que desarrolla su labor en el Instituto de Astrofísica de Canarias, añade otra circunstancia importante: el templo de Karnak está junto al Nilo, en “el único lugar de todo el Valle del Nilo en el que la dirección del solsticio de invierno es perpendicular al río”. En opinión del astrofísico y arqueoastrónomo español, se trata de una evidencia de que tanto la orientación como la ubicación del templo fueron premeditadas.

A diferencia de lo que sucedió en el templo de Karnak, que mantuvo la orientación de su eje a pesar de las sucesivas ampliaciones que sufrió, el santuario de Luxor cuenta con un eje principal que fue “torciéndose” hacia el nordeste tras sufrir varias ampliaciones. Fue Lockyer, de nuevo, quien propuso por primera vez que el templo de Luxor fue orientado tomando una estrella como referencia. A causa de la precesión de los equinoccios, las ampliaciones habrían cambiado la posición del eje, como forma de mantener la orientación hacia la estrella. Esta propuesta, que implicaba que los antiguos egipcios conocían ya el fenómeno de la precesión, ha recibido el apoyo de numerosos estudiosos aunque otros, como Belmonte, se muestran cautos y recuerdan que falta la “prueba definitiva” que permita demostrarlo.

Planta del templo de Luxor, con su característico eje desviado

Planta del templo de Luxor, con su característico eje desviado

Las aportaciones de Belmonte a la arqueoastronomía se cuentan entre las más destacadas de esta disciplina. En colaboración con los expertos Mosalam Shaltout, del Observatorio de Helwan, y Magdi Fekri, de la Universidad de Minufiya, el investigador del IAC realizó un completo trabajo en el que se estudiaron las posibles orientaciones astronómicas de más de 90 templos y monumentos del Antiguo Egipto. Entre otras conclusiones, los investigadores determinaron que los enclaves sagrados egipcios se orientaban en función del paisaje circundante, teniendo principalmente en cuenta al Nilo. Y, si este no estaba presente, entonces se daba mayor importancia al paisaje celeste.

Así, descubrieron que destacaban seis orientaciones astronómicas. Durante la época de las pirámides predominaban las orientaciones equinocciales, mientras que en el Imperio Nuevo lo hacían las solsticiales. Pero además, cuatro estrellas (Sirio, Vega, Canopus y Alfa Centauri) –de las que tres se correspondían con importantes divinidades– constituían también orientaciones importantes en algunos casos, tal y como explica el propio Belmonte en su libro Las leyes del cielo (Temas de Hoy, 1999).

EL SECRETO ESTELAR DE LAS PIRÁMIDES
De entre todas las construcciones del Antiguo Egipto, sin duda alguna las pirámides de la meseta de Giza –y en especial la de Keops– son las que más fascinación e interrogantes han despertado entre turistas, egiptólogos e historiadores. Y, precisamente, en lo que respecta a la arqueoastronomía, estas moles pétreas han sido también fuente de los mayores debates entre diversos especialistas.

Pirámides de Giza

Pirámides de Giza (Crédito: Ricardo Liberato / Wikipedia)

Una de las “claves” astronómicas que poseen las pirámides de Giza consiste en que están orientadas perfectamente a los cuatro puntos cardinales, con una precisión tan ajustada –aunque no carente de cierto error– que ha sorprendido a los investigadores desde hace más de un siglo. La pregunta de cómo pudieron los antiguos egipcios, hace más de 4.000 años, lograr una orientación tan correcta se sumaba así a la ya larga lista de enigmas planteados por estas gigantescas construcciones.

La cuestión despertó escaso interés entre los egiptólogos durante el siglo XX hasta que a finales del año 2000 la doctora Kate Spence publicaba un interesante artículo en la revista Nature, en el que se atrevía a apuntar una nueva hipótesis sobre la cuestión. Spence, profesora en la prestigiosa universidad británica de Cambridge, examinó cuidadosamente todos los datos a su alcance y, con ayuda de sofisticados programas informáticos, llegó a la conclusión de que los antiguos egipcios realizaron el alineamiento tras observar detenidamente los movimientos de dos estrellas de la región norte del firmamento, Kochab (en la Osa Menor) y Mizar (en la Osa Mayor).

Según Spence, los constructores de las pirámides descubrieron que cuando una de estas estrellas estaba “sobre la otra”, la línea imaginaria que las unía señalaba directamente al norte. Además de la importante información aportada por la doctora Spence, su artículo jugó otro destacado papel, pues logró reavivar el interés por la arqueoastronomía, en un momento en el que escaseaban los trabajos al respecto.

Sin embargo, su hipótesis no ha quedado ahí, pues otros investigadores han matizado o ampliado las conclusiones de su hipótesis. Uno de ellos es, precisamente, el citado Juan Antonio Belmonte. Tras analizar los datos ofrecidos por Spence, y apoyándose en referencias egipcias a la ceremonia conocida como “tensado de la cuerda” y en la observación de la ubicación actual de la Estrella Polar en relación a varias estrellas de la Osa Mayor, Belmonte propuso una variante a la hipótesis de la experta británica. En su opinión, la orientación tan precisa de las pirámides “podría haberse conseguido mediante la observación del tránsito meridiano” de Phekda y Megrez, dos estrellas del “Carro”, que al ser unidas por una línea imaginaria, apuntaban directamente a la estrella que “actuaba” como Polar a mediados del tercer milenio a.C., época de construcción de las pirámides.

La citada ceremonia del “tensado de la cuerda” aparece representada en numerosas tumbas y piezas egipcias, y en dicha escena aparecía el faraón acompañado por Seshat (diosa de la escritura) mientras estiraban una cuerda sujeta a dos varas. Esta ceremonia, cuya celebración está documentada ya en la época de la I Dinastía, tenía como objeto obtener el eje de orientación de un templo a construir. Durante su realización se tomaba como referencia una región del firmamento llamada Mesjetiu, “Pata de Buey”, que se correspondería con las siete estrellas más brillantes de nuestra Osa Mayor. Por desgracia, no sabemos con exactitud qué estrella concreta se utilizaba para realizar la orientación, pues las referencias no son lo suficientemente explícitas, a pesar de que en algunos casos, como en la representación existente en el templo de Hathor en Dendera, se cita a Aj Mesjetiu, “la brillante de la Pata de Buey”.

mesjetiu

Mesjetiu, representada como una pata de buey y cabeza de toro, atada al polo norte celeste (representado por el hipopótamo), y desafiado por Horus. (Crédito: Heinrich Brugsch)

Otra curiosa característica de las pirámides, conocida desde el siglo XIX, consiste en que si unimos las esquinas sudeste de las pirámides de Keops, Kefrén y Micerinos, la línea resultante señala directamente a la ubicación de la antigua ciudad de Heliópolis, una de las urbes sagradas más importantes del Antiguo Egipto, cuyo culto estaba dedicado al dios-sol. Desde el descubrimiento de este hecho, mencionado por primera vez en 1852, se ha señalado la probabilidad de que dicho alineamiento tuviera un significado simbólico, aunque todavía no se ha determinado con exactitud.

EL HORIZONTE DE KEOPS
Interesado por la orientación de las pirámides y por la “diagonal de Giza”, el matemático y arqueoastrónomo italiano Giulio Magli, profesor en la Universidad Politécnica de Milán, decidió profundizar en las curiosas características astronómicas del complejo de Giza. Para ello, analizó varios alineamientos conocidos de las pirámides –cuyas características son realmente fascinantes– y descubrió otros nuevos. Durante una campaña de investigación en Giza, el egiptólogo estadounidense Mark Lehner se percató de que, en el solsticio de verano, el sol poniente queda “enmarcado” por las pirámides de Keops y Kefrén.

Esta circunstancia podía quedar en una alineación más, de no ser porque, para un observador que contemplara el fenómeno en la época de las pirámides, la imagen visible ante sus ojos tenía un significado muy concreto: la figura formada por el sol entre el horizonte, enmarcado por las dos pirámides, era idéntica al jeroglífico Akhet, que significa “horizonte”. Si tenemos en cuenta que algunas inscripciones posteriores a la pirámide de Keops la mencionan como Akhet Khufu (“El horizonte de Keops”), no hay ninguna duda de la intencionalidad del mensaje simbólico. Se trata de una espectacular hierofanía (una manifestación de lo sagrado), cuya intención era, precisamente, remarcar que el horizonte “pertenecía” a Keops.

Akhet Khufu

El Sol poniéndose entre las pirámides de Giza. (Crédito: Adrian Lazar / Flickr)

Teniendo en cuenta este hecho, además de otras orientaciones descubiertas por él y la circunstancia de que la pirámide de Kefrén resultara “invisible” desde Heliópolis debido a la “diagonal de Giza”, Magli propuso una desconcertante hipótesis: Kefrén podría no haber sido el constructor de la pirámide que se le atribuye. Además, proponía también una cronología inversa; es decir, la pirámide de Kefrén podía haber sido anterior en algunos años a la de Keops.

Tras comentar con Belmonte dicha propuesta, el investigador español y sus colegas egipcios propusieron una nueva hipótesis, que parecía más acertada para explicar la llamativa hierofanía del jeroglífico Akhet “en tres dimensiones”: ambas pirámides, la de Keops y la de Kefrén, así como la Esfinge y los templos cercanos, pudieron haber sido en realidad parte de un proyecto único, ideado por Keops para crear ese potente mensaje simbólico, del mismo modo que su padre, Snefru, había erigido dos pirámides en Dahshur. Habría sido años después cuando Kefrén se habría atribuido para sí la propiedad de la pirámide que lleva hoy su nombre…

ORIÓN EN EGIPTO
Junto a estas hipótesis planteadas en los últimos años por distintos arqueoastrónomos, otros investigadores más alejados de la ortodoxia académica han propuesto también otras teorías –bastante polémicas y discutidas– de orientación astronómica para las pirámides de Giza.

El más célebre de todos ellos es, sin duda, el ingeniero y escritor egipcio Robert Bauval. En su best-seller El misterio de Orión (Edaf, 2007), Bauval planteaba la sugerente hipótesis de que la disposición de las pirámides de las tres pirámides de Giza constituía una representación en la Tierra de las tres estrellas centrales de la constelación de Orión. Estas tres estrellas eran identificadas por los antiguos egipcios con Sah (ver recuadro), una de las manifestaciones astrales del dios Osiris. La “imitación”, según Bauval, no se limitaba a estas tres pirámides, sino que otras construcciones piramidales erigidas por otros faraones también tenían su correspondencia celeste en la misma constelación.

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Plano con la disposición de las pirámides de Giza. (Crédito: Wikipedia)

Las conexiones estelares no terminaban ahí. Según el investigador, los llamados “canales de ventilación” de la cámara de la reina y de la cámara del rey existentes en la Gran Pirámide también están orientados intencionadamente. En un caso a Sirio y Kochab, y en el otro a Thuban (la Estrella Polar de la antigüedad) y, de nuevo, a la citada constelación de Orión. Para Bauval, la finalidad que los antiguos egipcios dieron a estas orientaciones es clara: creían que de este modo facilitaban el viaje del alma del faraón al reino celeste, donde se uniría con Osiris. Aunque sin duda llamativa, la hipótesis de la “correlación de Orión” fue duramente criticada en ámbitos académicos, aunque también contó con el respeto de varios investigadores.

Entre los errores señalados por otros investigadores, por ejemplo Belmonte, está la circunstancia de que Bauval deja sin “emparejar” las dos estrellas más brillantes de Orión –Rigel y Betelgeuse– mientras que, al mismo tiempo, identifica dos pirámides construidas por Snefru (“La Brillante” y “La Brillante del Sur”) con Aldebarán y otra estrella que no destaca precisamente por su brillo.
Si las hipótesis defendidas por Bauval en El misterio de Orión y su siguiente trabajo al respecto, Guardián del Génesis (realizado junto a Graham Hancock) han sido polémicas, en su último libro, Código Egipto: el mensaje secreto de las estrellas (Martínez Roca, 2007), Bauval ha ido mucho más allá.

Tras más de trescientas páginas, Bauval llega a la conclusión de que prácticamente todas las construcciones del Antiguo Egipto fueron ideadas dentro de un complejo “plan maestro”, concebido para crear en la Tierra un mensaje simbólico impactante. “Se trata de un inmenso proyecto pangeneracional –explica Bauval– que comprendía la construcción de grupos de pirámides ‘estelares’ en lugares predeterminados para representar a Orión y a las Pléyades, así como también enormes templos ‘solares’ a ambas márgenes del Nilo, para definir la parte de la eclíptica a lo largo de la cual viajaba el dios del sol a través de la Duat, desde el equinoccio vernal hasta el solsticio de verano”. Un proyecto, en definitiva, que habría dado forma a un “Egipto cósmico”, creado piedra a piedra mediante templos, pirámides y construcciones orientadas astronómicamente, y cuyos secretos fueron custodiados durante tres mil años por sacerdotes astrónomos.

No se puede negar que la nueva propuesta de Bauval supone un planteamiento mucho más audaz de lo que habitualmente nos proponen los arqueoastrónomos. Pero, precisamente por eso, es previsible que su hipótesis recibirá de nuevo una lluvia de críticas, como ocurrió en su día con su teoría de la correlación de Orión.

En cualquier caso, e incluso deteniendo nuestra mirada sólo en los trabajos más ortodoxos, es evidente que la relativamente joven disciplina de la arqueoastronomía comienza a recibir la atención que le había sido negada durante años. Una circunstancia que, en el caso de las construcciones egipcias, es todavía más destacada. Suele decirse que gran parte de los tesoros arqueológicos egipcios esperan a ser desenterrados por los arqueólogos. Haciendo un símil, podríamos decir que los mayores secretos arqueoastronómicos de la fascinante civilización faraónica siguen aguardando, pacientes e imperturbables, a que elevemos nuestra mirada a las profundidades del Cosmos. Sólo hay que hacerlo en la dirección correcta.

ANEXOS

DIOSES, ESTRELLAS Y CONSTELACIONES
La relación de la religión egipcia con los astros del firmamento va mucho más allá de las orientaciones astronómicas de los templos o de los calendarios. Desde los albores de su civilización, los antiguos egipcios asociaron a algunos de sus dioses con cuerpos celestes concretos, con la peculiaridad de que en muchos casos una sola divinidad podía ser al mismo tiempo identificada con varios astros. Como es evidente por las referencias artísticas y documentales dejadas a su paso, el Sol ocupó el primer lugar entre el panteón egipcio. Ya desde las primeras dinastías estuvo asociado al dios halcón Horus, recibiendo el nombre de Ra. Su importancia fue tal que muchos monarcas lo añadieron a sus nombres, como es el caso de Jafra (Kefrén, en griego), Dyedefra (Didufri) o Menkaura (Micerinos), algo similar a lo que ocurrió con otros dioses, que también añadieron el mismo sufijo: Amon-Ra (El Oculto) o Sobek-Ra (el dios cocodrilo).

La diosa Nut.

La diosa Nut. (Crédito: Wikipedia)

En cuanto al resto de dioses más célebres, Osiris fue identificado con Sah, que se correspondía con las tres estrellas del cinturón de Orión. Además, también se le reconocía en el planeta Venus. Por su parte, la diosa Isis era citada en los Textos de las Pirámides como la estrella Sepedet, nuestra actual Sirio. Por otra parte, Taueret –la diosa hipopótamo benefactora de las embarazadas–, era conocida como la “misteriosa del horizonte”, y se correspondía con la constelación del hipopótamo. Horus, además de su papel como astro rey, durante la noche podía relacionarse también con Marte, y con la constelación de Anu. Finalmente, el malvado Seth se identificaba con Mercurio cuando está en poniente, y también con Mesjetiu, la “Pata de Buey”. No menos importante era la diosa Nut, representada en numerosas ocasiones en las techumbres de tumbas y templos, y que ha sido tradicionalmente interpretada como una plasmación de toda la bóveda celeste, aunque algunos autores señalan que podría tratarse de una personificación de la Vía Láctea.

ZODIACOS Y TECHOS ASTRONÓMICOS
En ocasiones, las sorpresas astronómicas se encuentran en el interior de templos o tumbas y, más concretamente, en el techo de estos recintos. El lugar de enterramiento del faraón Seti I constituye uno de los ejemplos más hermosos, pues la bóveda de su tumba está decorada con varias constelaciones egipcias. Allí es posible reconocer a Mesjetiu, “la Pata de Buey” asociada a Seth, y también a sus enemigos Horus e Isis, representados por sus formas astrales. También aparece la Vía Láctea y tras ella, las representaciones de Sah (Osiris) y Sepedet/Sirio (Isis).

Fragmento del techo de la tumba de Seti I.

Fragmento del techo de la tumba de Seti I.

Otro ejemplo, muy conocido por encontrarse hoy en el parisino Museo del Louvre, es el llamado Zodiaco de Dendera. Esta llamativa pieza en relieve fue trasladada a Francia en el siglo XIX desde el templo de Hathor en Dendera y representa el cielo nocturno como un disco sostenido por cuatro mujeres y varios seres con cabeza de halcón. En este caso, la representación está influida por la fecha de la realización de la obra (siglo I a.C.), en una época de influencia grecorromana. Así, encontramos plasmados a los signos del zodiaco, pero también la “Pata de Buey”, Sah (Osiris), la “Vaca celeste” (Isis), además de otras figuras animales, correspondientes a sendas constelaciones. Para algunos autores, este zodiaco representaría un momento concreto del firmamento, datado en el año 51 a.C., coincidiendo con un eclipse de sol, que fue visible desde Egipto.

El Zodiaco de Dendera.

El Zodiaco de Dendera. (Crédito: R.M.N./H. Lewandowski / Museo del Louvre)

Otro ejemplo de zodiaco en un techo astronómico es el de la tumba de Senenmut, arquitecto de la reina Hatshepsut, aunque en este caso su interpretación supone un desafío mayor para los egiptólogos y arqueoastrónomos, pues posee una complejidad muy elevada.

ASTROLOGÍA EN EL ANTIGUO EGIPTO
Los egipcios tampoco fueron ajenos a las creencias astrológicas, y así ha quedado evidenciado en ciertas ocasiones. Una de ellas, citada por el egiptólogo Rolf Krauss, del Museo de Prehistoria de Berlín, procede de varias inscripciones en la roca, realizadas en torno al 1200 a.C. En aquella época gobernaba el faraón Merneptah, quien tuvo que enfrentarse en una contienda contra Libia, saliendo victorioso. Un desenlace que ya había sido anticipado por “los que observan las estrellas”, quienes anunciaron la victoria, tal y como se recoge en las citadas inscripciones. Krauss menciona también la existencia de un zodiaco del siglo XIII a.C., en el que se hace un vaticinio para cada día del año, y donde se pueden leer frases como esta: “El día 164 no dejes tu casa por la mañana, porque es cuando Seth (Mercurio) aparece en la proa de la barca del dios Sol, y lucha con el demonio Apophis”.

Más información:

-BELMONTE, Juan Antonio. Las leyes del cielo. Ed. Temas de hoy. 1999.

-BELMONTE, Juan Antonio y HOSKIN, Michael. Reflejos del Cosmos. Equipo Sirius S. A. 2002.

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Astrónomos daneses de la Edad de Piedra

Posted on 19 diciembre 2008 by Redacción

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La existencia de construcciones megalíticas orientadas en función de distintos eventos astronómicos, como solsticios o equinoccios, es algo conocido desde hace décadas. sin embargo, los nuevos hallazgos no siguen causando sorpresa en los círculos académicos.

El ejemplo más reciente nos llega desde Dinamarca. Allí, dos astrónomos del Instituto Niels Bohr de la Universidad de Copenhage acaban de publicar un estudio sobre la orientación astronómica de ciertas tumbas de la Edad de Piedra. Claus Clausen, uno de los autores de la investigación, analizó cuidadosamente la orientación de unas cien tumbas on la ayuda de GPS, brújulas e instrumentos de topografía. Después, procesó la información obtenida en un software adaptado especialmente para la tarea, y descubrió una concentración significativa de las orientaciones en dirección sur-sudeste.

Tumba de corredor 'Nordenhoj", en Kaerby, Dinamarca.

En opinión de Clausen y su colega Kjaergaard, estos datos podrían indicar una orientación hacia el solsticio de invierno. Sin embargo, los astrónomos daneses sospechaban que la disposición de las tumbas podía guardar también relación con la salida de la Luna, de modo que decidieron cotejar los datos. Los resultados fueron sorprendentes.

Según explican en la revista Acta Archaeologica, descubrieron que algunas de estas tumbas estaban orientadas en función de la salida de la Luna llena en relación con otros fenómenos astronómicas, como el equinoccio de primavera. Pero además, en otros casos descubrieron que los constructores de estas tumbas las habían orientado hacia la salida de la Luna llena inmediatamente anterior a un eclipse lunar.

Clausen y Kjaergaard reconocen que no saben cómo lograron calcular los hombres de la Edad de Piedra estos sucesos astronómicos, pero creen que estas orientaciones estaban relacionadas con prácticas rituales en las que la Luna jugaba un papel destacado.

Imagen: Museo Nacional de Dinamarca.

Fuente: Passage graves from an astronomical perspective (EurekAlert!)

Más información sobre las “tumbas de corredor” (en inglés): http://en.wikipedia.org/wiki/Passage_grave

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