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Maestros del caos: artistas y chamanes

Posted on 04 marzo 2013 by Redacción

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El pasado 6 de febrero CaixaForum Madrid inauguró una nueva exposición que, bajo el sugerente título de ‘Maestros del caos: artistas y chamanes’ realiza una aproximación a la creatividad y religiosidad humana desde un punto de vista antropológico y etnográfico. Desde la más remota antigüedad, la lucha entre los opuestos, entre caos y orden, ha sido una obsesión para la mayor parte de las culturas que han poblado los cinco continentes.

Ahora, gracias a la muestra itinerante concebida por el prestigioso museo parisino Quai Branly –cuya única etapa en nuestro país es esta que presenta ahora el centro madrileño de la Obra Social La Caixa–, podemos realizar un viaje fascinante que nos conduce desde lo sagrado hasta lo profano, del caos al orden, a través de los mitos de distintas culturas.

Las diferentes secciones de la exposición nos presentan los mitos que explican el caos y los ritos practicados en torno a esa creencia. Paralelamente a los ritos de dimensión religiosa y sagrada, las fiestas son otro medio, más profano, que permite el desenfreno de las pulsiones transgresivas a través del fenómeno de la catarsis: bacanales, carnavales y aquejares constituyen momentos de inversión social donde lo burlesco y la risa son las respuestas profanas al orden establecida.

La muestra, que podrá visitarse hasta el próximo 19 de mayo, cuenta con una notable colección de piezas y objetos de carácter etnográfico (más de 220 obras en total), que se entremezclan con las creaciones de artistas contemporáneos como Annette Messager o Jean-Michel Basquiat, entre otros. Así, la exposición se convierte en un viaje fantástico a través del mundo de los chamanes, los objetos de poder y las fuerzas del Cosmos.

Como complemento, los responsables del CaixaForum han elaborado un interesante ciclo de conferencias sobre la cuestión y su relación con las culturas y las artes, sobre las que os informaremos en las próximas semanas.


DATOS PRÁCTICOS:

Maestros del Caos: artistas y chamanes (Del 6 de febrero al 19 de mayo). CaixaForum Madrid – Paseo del Prado nº 36, Madrid. Horario: De lunes a domingo, de 10 a 20 horas. Entrada gratuita.

Visitas comentadas para el público general:

Lunes y miércoles a las 19 horas / Martes y jueves, a las 13 horas / Viernes, a las 18 horas.

Sábados, domingos y festivos, a las 12 y a las 19 horas.

Precio por persona: 3 euros. 50% descuento para clientes de La Caixa.

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Un estudio sobre el destino de los cadáveres de criminales

Posted on 01 noviembre 2012 by Redacción

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En el siglo XVIII se creía que el ‘toque’ de la mano de un cadáver podía sanar algunas enfermedades.

Durante exactamente ochenta años (entre 1752 y 1832) en Inglaterra se prohibió por ley que los cadáveres de criminales ejecutados pudiesen ser enterrados en suelo sagrado. Al negárseles un entierro cristiano, a los reos ejecutados sólo les quedaba dos destinos posibles: ser enviados a facultades de medicina para su disección en clases de anatomía o colgar en la horca para escarmiento y advertencia a otros criminales.

Ahora, un equipo multidisciplinar formado por expertos de la Escuela de Arqueología e Historia Antigua de la Universidad de Leicester, junto con especialistas de la Universidad de Hertfordshire y otros estudiosos acaban de iniciar un estudio (‘Aprovechando el poder del cadáver de un criminal’) que, durante cinco años, pretende ampliar el conocimiento que tenemos sobre esta singular costumbre, arrojando luz y nuevos datos que nos permitan comprender mejor el pensamiento de la Inglaterra de aquella época sobre la muerte, los cadáveres y los delincuentes que terminaban ejecutados por sus crímenes.

En declaraciones a la prensa, la profesora Sarah Tarlow, arqueóloga de la Universidad de Leicester y directora del equipo de investigación, hizo hincapié en la gran oportunidad que supone un estudio de estas características, pues el periodo a analizar se corresponde a un momento de vital importancia para el desarrollo del conocimiento médico moderno, en el que comenzaban a realizarse los primeros estudios anatómicos con criterios científicos.

Pero además de un mayor conocimiento sobre esta etapa temprana de la investigación médica con bases científicas el estudio servirá también para profundizar en otras cuestiones más próximas a la antropología y el folklore, pues en aquellos años existían un sinfín de supersticiones que rodeaban a los cadáveres de los criminales ejecutados. Así, por ejemplo, estaba muy extendida la creencia de que tocar la mano de un hombre ahorcado podía curar el cáncer de cuello, y se pensaba que los suicidas debían ser enterrados con una estaca atravesando sus cuerpos.

“El gran poder emocional que ejercía la visión de los cadáveres de los criminales fue hábilmente utilizado por el Estado para garantizar el cumplimiento de la ley, pero también fueron empleados como fuentes de conocimiento científico y médico; a nivel popular se creía que sus fantasmas acosaban a los vivos, y que sus cuerpos podían amenazar nuestras vidas confortables con su maldad”, explicó Tarlow.

Otro de los investigadores que participan en el curioso proyecto, el profesor Owen Davies, de la Escuela de Humanidades de la Universidad de Hertfordshire, hizo hincapié en que el estudio intentará profundizar también en el uso médico y mágico que se dio a estos cadáveres en distintas culturas de toda Europa: “Una de las cuestiones más fascinantes que estamos investigando es por qué se creía que los cadáveres que, en cierto sentido, emanaban maldad, eran considerados al mismo tiempo como fuente de propiedades curativas para los vivos; en resumen: el cadáver de un criminal era fuente de vida”, explicó Davies.

Además de dar lugar a varios trabajos académicos que se darán a conocer en distintas publicaciones, el equipo planea crear también una página web para compartir una exposición digital con sus descubrimientos, así como mantener un blog en el que ir dando cuenta de sus hallazgos y sus ideas mientras avanza el estudio.

Fuente: Fate of the criminal corpse investigated (Science Daily)

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Visita al museo de los horrores

Posted on 03 diciembre 2009 by Redacción

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Museo de Antropología médico-forense, paleopatología y criminalística de Madrid. Crédito: Indagando TV.

En junio de este año ya os informamos de la puesta en marcha de Indagando TV, el primer canal español especializado en información científica. Hoy queremos compartir con vosotros un vídeo (está disponible en alta resolución) en el que realizan una visita a uno de los museos más singulares de la capital española: el de Antropología médico forense, paleopatología y criminalística de la Universidad Complutense de Madrid.

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El retorno del Vampiro

Posted on 30 noviembre 2009 by Javier García Blanco

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True Blood. Crédito: HBO.

Durante más de dos siglos han protagonizado algunas de las historias más terroríficas de la literatura y el cine, poblando nuestras peores pesadillas. El mito del vampiro tiene un origen casi tan remoto como el culto a los muertos y, sin embargo, siglos después de su aparición, los chupasangre siguen entre nosotros, y parecen dispuestos a continuar alimentándose de nuestros peores miedos.

Los vampiros existen. Hasta ahora habían permanecido ocultos, amparándose en las sombras de la noche, y alimentándose de víctimas humanas. Pero todo ha cambiado. Un grupo de científicos japoneses ha logrado sintetizar una sangre artificial que les permite sobrevivir sin atacar a las personas. Los no-muertos se han mostrado abiertamente al mundo y pretenden integrarse en la sociedad. Al menos una parte de ellos…

En este sorprendente escenario, Sookie Stackhouse, una joven camarera de un estado sureño en los EEUU, conoce a Bill, un vampiro que lleva más de un siglo “viviendo” durante la noche, y que pretende acabar con su anterior papel de depredador.

True Blood. Crédito: HBO.

Una escena de la serie True Blood (Sangre Fresca). © HBO.

Las líneas anteriores son un resumen del argumento de True Blood (Sangre Fresca en España), serie producida por la cadena de televisión estadounidense HBO y dirigida por Alan Ball, responsable de otras aclamadas obras de ficción como A dos metros bajo tierra, y ganador de un Óscar por el guión de American Beauty. En España, Canal + estrenará a finales de diciembre la segunda temporada de la serie, que ya se ha convertido en todo un éxito de público. De forma paralela, los cines de todo el mundo están proyectando en sus pantallas Luna Nueva, segunda parte de Crepúsculo –inspirada en la exitosa serie de novelas de Stephenie Meyer–, que también relata una historia de vampiros, en este caso con un claro aire adolescente, en la que un joven chupasangre se enamora de una chica humana que no comparte su adicción por la hemoglobina.

No son las únicas creaciones que evidencian la existencia de una nueva fiebre por los chupasangre. Recientemente, una editorial británica ha editado la continuación “oficial” del Drácula de Bram Stoker (Drácula, el no muerto, firmada por el sobrino-biznieto del escritor), sin duda alguna la obra de ficción que más ha contribuido a alimentar el icono popular de los no-muertos.

Pero, ¿cuál es la causa de esta fascinación por un mito que se empeña en seguir vivo a pesar de estar inmersos en el siglo XXI? Es posible que para responder a esta pregunta tengamos que hacer un repaso a la creencia que nos acompaña desde tiempos remotos.

Crepúsculo (Twilight). Vampiros en clave de romance adolescente. Crédito: Summit Entertainment / Aurum

Crepúsculo (Twilight). Vampiros en clave de romance adolescente. © Summit Entertainment / Aurum

EL MITO DEL NO-MUERTO
Pese a lo que suele pensarse, el mito del vampiro no está presente sólo en las páginas surgidas de la imaginación de atormentados escritores románticos de los siglos XVIII y XIX. Por el contrario, se trata de una figura del mundo sobrenatural que ha estado presente en el folclore de distintas culturas desde la más remota antigüedad. Sin embargo, la tarea de determinar el origen primigenio de esta creencia es harto difícil –sino imposible–, pues se trata de un mito que fue evolucionando y transformándose desde unas características iniciales que en poco se parecen a las que acabaría teniendo siglos después.

En aquellos tiempos pretéritos no existía el término vampiro (acuñado en el siglo XVIII) y generalmente se trata de seres (bien demonios, bien espíritus) que devoran la carne y beben la sangre de los humanos.

Algunos estudiosos dedicados al folclore vampírico han querido encontrar los antepasados más remotos de los modernos chupasangres en los complejos vericuetos de la mitología mesopotámica. En aquellas fechas de los albores de la civilización existía la creencia en muertos que abandonaban sus enterramientos y eran capaces de volar, con la finalidad de atormentar a los vivos.

La tradición hebrea tampoco fue ajena a creencias similares. En este caso fue Lilith –la primera mujer de Adán según algunos escritos rabínicos–, quien fue condenada por Yahvé a convertirse en un demonio volador que se alimentaba de sangre. Curiosamente, esta creencia parece tener su origen en la antigua Babilonia, donde existían historias sobre Lilitu, un demonio femenino que robaba los bebés a sus madres y bebía su sangre para alimentarse.

Lilith, en una pintura de John Collier. Crédito: Wikipedia.

Lilith, en una pintura de John Collier. Crédito: Wikipedia.

Ya en el mundo griego, encontramos otra criatura femenina que bien podría haber derivado de la anterior: la Empusa. Este ser era célebre por su capacidad de cambiar de forma (podía convertirse en distintos animales o en una sensual mujer) y asaltaba a los hombres mientras dormían, aprovechando esta circunstancia para chuparles la sangre y darles muerte. También en la mitología clásica aparece la figura de Lamia. Según los relatos, Lamia logró seducir a Zeus y tener varios hijos con él. Por desgracia para ella, su unión con el dios provocó los celos de Hera, quien mató a sus hijos, quedando Lamia desterrada y condenada a vagar por las noches, alimentándose con la sangre de los más pequeños, al igual que en el caso de Lilith. Un relato de esta época en el que se menciona a una empusa o lamia aparece descrito por Filóstrato en la Vida de Apolonio de Tiana. En el texto, el filósofo griego atribuye al pitagórico Apolonio el desenmascaramiento de uno de estos demonios femeninos, que había seducido con sus poderes a un joven llamado Menipo. Cuando Apolonio logra que la falsa esposa reconozca su auténtica naturaleza, ésta confiesa que tenía la intención de devorar y beber la sangre del joven.

Pero no sólo el mundo mesopotámico y el grecolatino poseyeron creencias relativas a estos primitivos vampiros. Así, algunos autores han destacado la existencia en la India de la creencia en unos seres llamados vetalas, criaturas sobrenaturales capaces de animar cuerpos de los difuntos, y que tenían características similares a las de los vampiros. La propia diosa Kali, célebre por su personalidad sangrienta, sería también un posible antecedente de los posteriores seres de afilados colmillos.

CHUPASANGRES EN LA EDAD MEDIA
Ya en siglos posteriores, descubrimos un pariente del vampiro en el folklore islámico. Entre los jinns o jinnas –una especie de genios con cualidades y poderes sobrenaturales– encontramos al Gul, un genio femenino maligno que frecuenta los camposantos, y que al igual que las lamias y las empusas, es capaz de cambiar de forma a voluntad, usando siempre sus artimañas para alimentarse bebiendo la sangre de los niños y humanos incautos, a quienes embelesa con su sensualidad y sus encantos. Una de las referencias más famosas sobre los Gul aparece en Las mil y una noches, en el cuento de la quinta noche.

Como el lector habrá advertido ya, buena parte de estos seres vampíricos más arcaicos destacan por repetir la figura de una criatura femenina que en muchas ocasiones aprovecha sus encantos sensuales para lograr su cometido. Es muy posible que en ellas encontramos también un precedente a ese halo de erotismo y sensualidad que ha acompañado siempre a la figura del vampiro moderno.

Cráneo de una 'mujer vampiro' descubierto en Venecia. La piedra que ocupa su boca fue colocada para evitar la extensión de la epidemia. Crédito: Matteo Borrini).

Cráneo de un a’vampiresa’ descubierto en Venecia. Se colocó una piedra en su boca para evitar la extensión de la epidemia. Crédito: Matteo Borrini.

En lo que respecta al mundo cristiano medieval, las referencias a seres de características vampíricas son igualmente notables, destacando los relatos recogidos en el siglo XII por el cronista Walter Map, quien hizo alusión en su de Nugis Curialium a la presencia de revenants (revinientes) en Inglaterra, Hungría y otros puntos del continente europeo. Precisamente, serán estos seres los que, ya en el siglo XVIII, extenderán el terror en ciertos territorios del Este de Europa, sembrando la simiente definitiva del vampiro moderno.

EPIDEMIA
Desde finales del siglo XVII, pero de forma más acusada en la centuria siguiente, las tierras de Polonia, Prusia, Hungría, Moravia, Rumanía o Grecia se vieron asoladas por un terror indescriptible. Los rumores hablaban entonces de difuntos que retornan al mundo de los vivos para aterrorizar y atacar a sus familiares y vecinos. Les atacan y chupan la sangre, contagiándoles un mal que les convertirá también a ellos en nuevos revenants.

La histeria que se desata es de tal magnitud que los vampiros (ahora ya sí, aparece por primera vez tal denominación) abandonan los más soportables caminos de la mitología para hacerse un hueco en la historia. Los relatos ya no son simples leyendas contadas para atemorizar a los niños. Aparecen informes rubricados por las autoridades, se investiga oficialmente, y los legajos están repletos de nombres y apellidos: los de las víctimas y los de los supuestos vampiros.

El Vampiro, grabado de R. de Moraine (1864).

El Vampiro, grabado de R. de Moraine (1864).

Es durante estas décadas terribles cuando se establecen algunos de los elementos que más tarde pervivirán en la literatura y el cine. Las tumbas de los sospechosos de vampirismo se abren, y según los testimonios se confirma que los cadáveres tienen un aspecto inexplicablemente bueno, incluso cuando la muerte les había alcanzado meses atrás. Hay color en sus mejillas; las uñas y el pelo parecen haber seguido creciendo, e incluso se hallan restos de sangre en la boca de algunos de estos supuestos no-muertos. “Confirmada” la infestación vampírica, el procedimiento a seguir no podía demorarse: se atravesaba al revenant con una estaca de lado a lado del pecho o se le decapitaba. Si estas acciones fallaban, la última solución consistía en incinerar el cuerpo.

El hecho de que las “epidemias vampíricas” coincidieran en el tiempo y el espacio con plagas mortales de distintas enfermedades señala con claridad cual era el auténtico causante de aquellos sucesos. Sin embargo, la superstición y la histeria fueron tan fuertes que, imparables, los rumores sobre aquellos ataques sobrenaturales –se interpretaban siempre como actos del Maligno– llegaron hasta las tertulias de París y otros países más occidentales.

En 1748, el padre Agustín Calmet escribió su Tratado de las apariciones de los espíritus y de los vampiros o revinientes de Hungría. En el texto recogía relatos pormenorizados de todos aquellos hechos, aunque su intención era denunciar aquella “epidemia” vampírica como una histeria supersticiosa. En España, el también religioso Benito Jerónimo Feijoo se hizo eco de los sucesos –y de la obra de Calmet–, en uno de los capítulos de sus Cartas eruditas y curiosas (1774), titulado De vampiros y brucolacos. Al igual que su colega galo, Feijoo calificó aquellas creencias de contrarias a la fe y a la razón. Ninguno de ellos tuvo mucho éxito, pues el mito se había hecho adulto y había llegado para quedarse.

En aquellos años y en el siglo siguiente verían la luz los primeros relatos literarios sobre los terribles chupasangre con características modernas, surgidos de la febril imaginación de Polidori, Baudelaire, Le Fanu y, finalmente, Stoker.

VAMPIROS ENTRE NOSOTROS
Hoy, arrancado el siglo XXI, los vampiros siguen entre nosotros. Pocos creen ya en su existencia real, y su imagen ha experimentado una notable transformación frente a los revenant que aterrorizaron a media Europa en el siglo XVIII. El vampiro actual ha sufrido notables aditamentos como consecuencia de su paso por la literatura y el cine, e incluso parece haberse “ablandado” un poco en los últimos años, como sucede en Crepúsculo o True Blood, donde ya aparecen incluso vampiros un tanto escrupulosos con la práctica que más les caracteriza, pues esconden sus colmillos y rechazan probar el líquido rojo –al menos el humano–, a cambio de recibir los encantos amorosos de muchachas por cuyas venas aún circula la sangre.

Sin embargo, el mito parece haber dado un paso más en su evolución, pues por insólito que parezca, una nueva “moda vampírica” se está extendiendo tan rápidamente como la epidemia denunciada por Calmet. Miles de personas en todo el mundo, especialmente en ciertas partes de la Vieja Europa y de EE.UU., declaran orgullosos su condición de auténticos vampiros.

Carátula del videojuego Vampiro: La Mascarada, basado en el juego de rol.

Carátula del videojuego Vampiro: La Mascarada, basado en el juego de rol.

Todo comenzó a principios de la década de los noventa del siglo pasado. En aquellas fechas, un irlandés llamado Mark Rein-Hagen idea un juego de rol en vivo llamado Vampiro: La Mascarada, publicado por la empresa White-Wolf e inspirado en las Crónicas vampíricas de la escritora Ann Rice. Rápidamente, el juego se convierte en un éxito masivo, propagándose por todo el mundo. Durante el juego, los participantes –al igual que en otros juegos de rol en vivo–, se visten y adaptan su apariencia para encarnar a los personajes que interpretan. El nivel de detalle llega a tal punto que incluso surgen especialistas en fabricar fundas dentales con forma de colmillo, los llamados fangsmiths. En pleno auge del juego, a mediados de los noventa, Vampiro: La Mascarada (o V: LM, como lo llaman sus seguidores) se convirtió en una actividad de culto para buena parte de los miembros del “movimiento” gótico de EE.UU. Hasta tal punto que muchos de ellos deciden dar el paso de ficción a realidad, creando auténticos clanes y sectas a semejanza de los mostrados en V: LM. Así surgió lo que algunos de sus miembros llaman strigoi vii o Vía del vampirismo viviente. Entre sus miembros –casi todos ellos pertenecientes a la subcultura gótica– encontramos un amplio espectro: algunos únicamente adoptan la estética vampírica –vistiendo ropas negras de aire gótico, usando prótesis dentales que simulan colmillos, tatuándose símbolos, etc…–, mientras otros se declaran auténticos vampiros, aseguran poseer poderes especiales y no dudan en dormir en ataúdes, evitar la luz solar e, incluso, beber sangre humana.

Podría parecer que estamos ante una rareza más surgida en el país de las barras y estrellas, pero lo cierto es que la Vía del vampirismo viviente pronto atravesó fronteras, instalándose en ciudades europeas como Ámsterdam, Londres o París o viajando hasta América del Sur o Asia. Actualmente, prácticamente en todo el mundo existen ramas de sectas y clanes vampíricos derivados de la “casa matriz” surgida en Nueva York a mediados de los 90. Su difusión ha sido tan grande que incluso una serie de televisión con el éxito de CSI reflejó en uno de sus episodios (Incautos), los rasgos más características de este peculiar movimiento.

Vampiros. Cuando la realidad supera a la ficción. LaurentEn Vampiros. Cuando la realidad supera a la ficción (Ed. Océano, 2008), el periodista francés Laurent Courau –colaborador habitual del canal de televisión Arte y otros medios de tinte cultural– desvela su experiencia de varios años conviviendo entre clanes vampíricos de todo el mundo. En sus páginas, nos desvela un submundo insólito, en el que en ocasiones se entremezclan las bandas callejeras de barrios estadounidenses, la música black metal, las creencias esotéricas más variopintas con prácticas sexuales como el sadomasoquismo y las performance artísticas. El libro desvela un mundo fascinante en torno al mito del vampiro, en el que recorre ciudades de todo el mundo buscando las claves de un fenómeno social difícilmente comparable y realmente heterogéneo.

Entre los vampiros que caminan hoy entre nosotros, en cualquier ciudad, Courau descubrió todas las variaciones posibles: algunos de estos vampiros se declaraban satanistas, otros practicantes de brujería Wicca o seguidores de las tesis del ‘mago negro’ Aleister Crowley, pero también encontró quienes se consideraban ateos o simplemente agnósticos. En cuanto a sus costumbres, una de las más llamativas y polémicas es la relativa a la sangre. Aunque muchos de los clanes existentes en todo el mundo rechazan la práctica de beber sangre humana, algunos confiesan abiertamente llevar a cabo este “rito”. Eso sí, siempre con el consentimiento del “oferente”. Durante una entrevista a Lord Xanatos –miembro destacado del clan neoyorquino Hidden Shadows– realizada por Courau y reflejada en su libro, el vampiro explica lo siguiente: “Para mí la sangre es el mejor obsequio que puede hacerse. Es la fuerza de la vida, la energía vital, en su forma más pura. Cuando una persona comparte su sangre, comparte al mismo tiempo sus fuerzas y debilidades (…) Después de intercambiar sangre con otra persona, ya no estás solo, los dos entráis a formar parte de un mismo linaje. Hay diferentes formas de alimentarse. Hay quien comparte y hay quien toma. Según los casos, los vampiros se alimentan de una, dos o tres personas”.

Como si de una sociedad secreta se tratase, estos vampiros actuales estructuran sus clanes y sectas de una forma jerarquizada, donde existen distintos grados y funciones como los ramkht (sacerdotes o eruditos), mradu (guardianes o guerreros) o khitras (cuidadores). Muchos de estos clanes incluso cuentan “libros sagrados” o con un código de conducta interno, que en algunas comunidades se conoce como Black Veil, y que consta de siete reglas, entre las que destacan aquellas destinadas a preservar el bien de la comunidad (evitar comportamientos indeseados) o a establecer que sólo pueden “alimentarse” de adultos y siempre de mutuo acuerdo.

En definitiva, se trata de un movimiento, subcultura o forma de vida en el que sus “practicantes”, por lo general, asumen el rol de vampiros como algo real, una identificación que para ellos suele constituir una auténtica liberación de su verdadera personalidad, hasta el punto de que muchos de ellos aseguran que su condición de vampiros les ha otorgado una importante revelación, como recordaba Father Sebastián, otro de los vampiros entrevistados por Courau en su libro: “Somos nuestros propios dioses”.

ANEXO
CRÍMENES VAMPÍRICOS
Rod Ferrell, condenado a pena capital tras cometer un 'crimen vampírico'. Crédito: Wikipedia.Pese a lo que pueda parecer por su estética siniestra y amenazante, las personas que pertenecen a la subcultura vampírica, como las retratadas por Laurent Courau en su libro, no son violentas, ni realizan crímenes ni rituales sangrientos. Sin embargo, algunas personas han llevado –de forma aislada– sus delirios hasta extremos terribles. El 25 noviembre de 1996, la localidad de Murray, en Kentucky (EE UU) se despertó con la horrible noticia de que varios jóvenes de la población, todos ellos menores de edad, habían participado en el sangriento asesinato de los padres de uno de ellos. Los adolescentes, liderados por Rod Ferrell, habían creado una especie de culto vampírico tras obsesionarse hasta límites insospechados con el juego Vampiro: La Mascarada.

Antes de cometer el terrible crimen, los jóvenes habían ideado una serie de pruebas de iniciación que incluían prácticas sexuales, la mutilación de varios animales y compartir su sangre con el resto de miembros. Por desgracia, su mente desequilibrada ideó una última prueba para adquirir la auténtica naturaleza vampírica: el asesinato de dos víctimas inocentes. Los elegidos fueron Richard y Naoma Wendorf, los padres de Heather, una de las integrantes del siniestro culto. Tras recorrer más de 1.000 kilómetros, cinco jóvenes aspirantes a “vampiros” llegaron hasta el hogar de los Wendorf y los asesinaron brutalmente, empleando un objeto punzante. Poco después del crimen Rod Ferrell y sus cómplices fueron detenidos. Ferrell fue juzgado en Florida y declarado culpable –a pesar del testimonio de los psiquiatras, que dictaminaron que sufría graves desórdenes–, siendo condenado a muerte en la silla eléctrica. Actualmente espera la ejecución de su sentencia en el corredor de la muerte.

ANEXO
VAMPIROS EN ASIA, AMÉRICA Y ÁFRICA
Además de las creencias relacionadas con el mito del vampiro existentes en Europa y Oriente Próximo, el temor a los chupasangres estuvo extendido en prácticamente todos los continentes del planeta. En China, por ejemplo, existía ya en el siglo VII a.C. la creencia en que el cadáver de un fallecido podía transformarse en un demonio aterrador si su alma se negaba a salir del cuerpo. Además, existían unos seres conocidos como ch’iang shih, capaces de dar vida a los difuntos, evitando su descomposición. Según las descripciones, tienen ojos rojos, garras afiladas y el cuerpo cubierto de pelo pálido. En África, existe la creencia entre la etnia Ashanti en un ser llamado asanbosam, y los Ewe temen la aparición de los adze, una criatura capaz de cambiar de aspecto y alimentarse de los niños.

En algunas islas caribeñas y ciertos estados de EE UU como Louisiana se creía hace tiempo en el Loogaroo, una especie de demonio femenino. En Colombia encontramos la Patasola, y en el sur de Chile el Peuchen. En lo que respecta a México, entre algunas comunidades indígenas todavía se conserva la creencia a las brujas bebedoras de sangre, culpables, entre otros males, de los problemas de crecimiento de los niños.

BIBLIOGRAFÍA:

-CALMET, Augustin. Tratado sobre los vampiros. Reino de Goneril, 2009.

-COURAU, Laurent. Vampiros. Cuando la realidad supera a la ficción. Ed. Océano, 2008.

-VV. AA. El vampiro. (Prólogo). Ed. Siruela, 2006.

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Reductores de cabezas, en acción

Posted on 14 noviembre 2009 by Redacción

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Crédito: National Geographic.

National Geographic News acaba de dar a conocer una sorprendente filmación que podría suponer la primera grabación real de una ceremonia de reducción de una cabeza humana por parte de los shuar (jíbaros). Una apreciación que confirma en un nuevo documental de la cadena el escritor y explorador Piers Gibbon. A continuación compartimos el video con vosotros. Aunque esta en ingles, podéis encontrar una transcripción al castellano un poco más abajo.

TRANSCRIPCIÓN

“El canal National Geographic ha obtenido lo que podría ser la única grabación de una ceremonia real de reducción de una cabeza humana en Sudamérica.

En las profundidades de las selvas más grandes del mundo viven unas gentes que en un tiempo practicaron el infame ritual… de reducir cabezas.

En este especial, el escritor y explorador Piers Gibbon intenta desentrañar si la película es genuina. La filmación fue tomada en 1961 por el explorador polaco Edmundo Bielawski quien, con un equipo de siete personas decidió explorar y documentar la jungla mas grande del mundo: el Amazonas.

La reducción de cabezas solo era practicada por una porción de la población de la jungla amazónica, los Shuar (jíbaros). Esta practica era una forma de justicia sumaria practicada con los enemigos. El proceso de reducción se consideraba necesario para impedir que el espíritu malvado de la víctima buscara venganza.

Gibbon describe el proceso con una recreación:

En primer lugar debía abrirse la parte posterior de la cabeza. La piel era separada del cráneo, con cuidado de no dañar las características faciales. Después se elimina el cráneo y la carne restante. A continuación se introduce la piel en agua hirviendo durante media hora. Con más tiempo, el pelo se desprendería. Después de ser secada al sol, se le da la vuelta a la piel desde el interior.

El proceso es repetido y puede durar seis días, hasta que la cabeza se ha reducido a una sexta parte de su tamaño original.

A continuación lo primero es sellar los ojos, para evitar que el espíritu de la víctima pueda ver. Se colocan agujas atravesando los labios y se atan con una cuerda. Esto evita que el alma pida que su muerte sea vengada.

Gibbon habla con un misionero católico que vivió allí desde la década de los sesenta.

-¿Cómo explicaba a los shuar que debían dejar de tomarse la venganza por su mano?

Él sacerdote confirma que la reducción de cabezas todavía se practicaba en esa época, haciendo posible que Bielawski filmara una ceremonia auéentica. Y conoce al supuesto último guerrero superviviente de este periodo. Le muestra la grabacion, y el anciano confirma que su propio hermano aparece en ella.

[GIBBON] Él y su hermano fueron separados por la guerra, pero sabe que este hermano estaba relacionado con ceremonias Tsanta. Tras hablar con Tsanimp parece que Bielawski filmó en esta zona, pero no puede estar seguro de que tomara la escena de la ceremonia en Tukupi. Pero habiendo confirmado la participación de Kampurims, realmente es posible que Bielawski filmara la única grabación existente de reducciones de cabeza.

El especial Search for the Amazon Headshrinkers (En busca de los reductores de cabezas del Amazonas) se estrena el domingo 15 de noviembre.”

Crédito fotografía y vídeo: National Geographic.

Fuente: Rare headshrinking footage confirmed? (National Geographic News)

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Descenso a los infiernos

Posted on 01 noviembre 2009 by Javier García Blanco

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El Juicio Final, Hans Memling.

Culturas y tradiciones religiosas de todo el planeta cuentan entre sus relatos más sagrados con la descripción de hombres, héroes y dioses que desafían el peligro y deciden adentrarse en los horribles dominios de la muerte. A la luz de la antropología, su aventura constituye un auténtico viaje iniciático de cuyo éxito depende la obtención de dones y poderes especiales o, incluso, una ansiada resurrección.

Hades, Kur, Duat, Gehenna, Infierno… El temible lugar al que viajan las almas de los difuntos tras la muerte ha ido cambiando de nombre a lo largo de la Historia, pero en todas las culturas y épocas su simple mención ha despertado un temor indescriptible. Pero a pesar del miedo atávico que infundían los dominios de la muerte –o precisamente por eso mismo–, los relatos mitológicos, religiosos y literarios de todo el planeta coinciden en presentarnos una larga lista de personajes (héroes, dioses o “simples” mortales) que osaron descender a las profundidades infernales, se enfrentaron a innumerables y terribles peligros y regresaron victoriosos (en su mayoría) al plano terrenal. Este descenso a los infiernos se conoce como catábasis (y el posterior ascenso anábasis), y suele estar relacionado con un mensaje religioso y mítico de resurrección.

En nuestra cultura occidental, el relato más conocido de estas características es seguramente el de La Divina Comedia de Dante, por la profunda huella que ha dejado en la literatura y el arte con el paso de los siglos. Sin embargo, como decíamos, se trata de un esquema muy antiguo que curiosamente se repite en culturas muy distintas y distantes, tanto en el plano geográfico como en el temporal. La explicación a estas llamativas semejanzas entre culturas que en ocasiones ni siquiera tuvieron contacto entre sí hay que buscarla, casi con seguridad, en el surgimiento primitivo del culto a los muertos. La creencia en un lugar distinto al terrenal, al que irían a parar las almas de los fallecidos, debió surgir de forma paralela a los primeros enterramientos en los que se rendía culto a los congéneres fallecidos. Es fácil entender que estos reinos de la muerte se concibieran o imaginaran en las profundidades subterráneas, pues no en vano los difuntos eran enterrados bajo tierra.

'Dante y Virgilio en los infiernos' (1822), de Delacroix.

‘Dante y Virgilio en los infiernos’ (1822), de Delacroix.

MUERTE Y RESURRECCIÓN
El primer relato de estas características que se conserva es el de la diosa sumeria Inanna, reina del cielo, quien ambicionaba gobernar también los dominios de su hermana Ereshkigal, señora del Kur (los Abismos). Antes de iniciar su periplo por el inframundo, Inanna se vistió con sus mejores ropajes y joyas, con la intención de deslumbrar a los seres del mundo oscuro. El guardián de las puertas del Kur le permitió el paso, aunque avisó a Ereshkigal de su llegada. Ésta ordenó a sus demonios que despojaran a Inanna de sus vestiduras cuando atravesara cada una de las puertas del Kur y así, cuando pasó la última de ellas, la reina de los cielos se halló desnuda y desprotegida ante los siete dioses infernales, quienes la fulminaron con su letal mirada.

Por fortuna, Inanna había tomado la precaución de avisar de su aventura al mundo inferior a su mensajero Ninshubur y fue este, con ayuda del dios Enki, quien logró resucitarla y permitió su vuelta y ascenso al mundo superior.

En una versión posterior del mito, Inanna desciende a los infiernos para rescatar a su amado Tammuz, que había fallecido. En la mitología sumeria, el pastor-dios moría en otoño y resucitaba en primavera. En cualquier caso, ambas versiones ofrecen un mensaje de resurrección, que en el relato de Tammuz parece derivarse de la observación de los ciclos de la naturaleza.

Otro relato de la época, la célebre Epopeya de Gilgamesh, refiere una nueva aventura de descenso a los infiernos. En este caso es Endiku, amigo del héroe, quien baja al inframundo para recuperar dos objetos mágicos perdidos por Gilgamesh. Por desgracia, Endiku no había cumplido unos ritos necesarios para el descenso, por lo que quedó atrapado en el Kur. Tras obtener la ayuda de Enki (Señor de las aguas), Gilgamesh consiguió rescatar el espíritu de su amigo a través de una hendidura en el mundo subterráneo.

Relieve representando un pasaje de la Epopeya de Gilgamesh.

Relieve representando un pasaje de la Epopeya de Gilgamesh.

Ya en época clásica, encontramos nuevas versiones del mito en el contexto de los llamados cultos mistéricos, entre los que destacan los llamados Misterios de Eleusis. Dichos Misterios consistían en unos rituales de iniciación vinculados a las diosas Deméter y Perséfone, que se realizaban en la ciudad de Eleusis, a unos 20 kilómetros de Atenas. Mientras jugaba con otras jóvenes, Perséfone fue secuestrada por su tío Hades, dios del inframundo, quien la obligó a convertirse en su esposa. Cuando Deméter descubre que su hija ha desaparecido, comienza a buscarla desesperadamente. Al descubrir lo sucedido, Deméter, decide dejar el Olimpo y se traslada a Eleusis, haciéndose pasar por una anciana.

Allí comienza a trabajar como nodriza en casa de Céleo, cuidando a su hijo Demofonte. La diosa decide convertir al niño en dios, y para ello le alimenta con néctar y ambrosía, y lo pasa por encima del carbón encendido para eliminar su parte mortal. Pero su madre le espía y al ver que mete al niño en el fuego, grita, angustiada. Deméter deja al niño y renuncia a convertirlo en dios. Muestra su auténtica naturaleza divina y pide a los humanos que le erijan un templo. Una vez construido, Deméter se refugia en él, irritada, y la vegetación deja de crecer, rompiéndose así el orden de las cosas. Los hombres mueren de hambre y los dioses no reciben ofrendas.

Zeus, cansado de la situación, pide a Hades que devuelva a Perséfone. El dios del inframundo acepta, pero antes engaña a la joven dándole a comer granos de granada, alimento de las profundidades, por lo que se verá obligada a pasar parte del año con su madre, y el resto con su marido, Hades. Por este motivo, año tras año, cuando Perséfone regresa, Deméter vuelve a cubrir la tierra de flores y frutos, al igual que sucedía en el mito de Inanna y Tammuz. Resuelta la disputa, Deméter instaura los Misterios –convirtiendo a Triptolemo, hermano de Demofonte, en uno de los primeros iniciados– y regresa al Olimpo.

En la actualidad, es poco lo que saben con certeza los historiadores sobre lo que ocurría durante los ritos internos de Eleusis. Los iniciados se debían a un solemne juramento de secreto, por lo que la información que se posee está relacionada en su mayoría con la parte externa de los Misterios.

Deméter y Perséfono junto a Triptolemo (centro). Crédito: Wikipedia.

Deméter y Perséfone junto a Triptolemo (centro). Crédito: Wikipedia.

Éstos se celebraban en dos ocasiones anuales: los Misterios Menores y Misterios Mayores. Los primeros tenían lugar en torno al mes de marzo (anthesterion) y los mayores en el mes de septiembre (boedromion), prolongándose durante nueve días. En ambos casos el culto se iniciaba con una peregrinación que partía desde el kerameikos (el cementerio de Atenas) hasta el santuario de Eleusis. Durante el viaje los participantes pasaban por enclaves significativos para la celebración, que estaban provistos de un profundo significado.

El caso de Deméter y Perséfone no es el único citado en la mitología grecolatina, pues además de las aventuras de diversos héroes que bajaron al Hades (y que veremos más adelante), otros dioses se aventuraron en aquellos terrenos peligrosos (ver anexo).

CRISTO EN EL LIMBO
Ya en época cristiana, y más concretamente en torno al siglo II de nuestra era, se redactó el llamado Evangelio de Nicodemo, un texto apócrifo que, pese a su exclusión de los textos canónicos, gozó de gran popularidad y fue bien visto por los primeros Padres de la Iglesia.

Este texto relata los pormenores de la bajada de Cristo al infierno, ocurrida tras su muerte en la cruz y antes de su resurrección al tercer día. Los Evangelios no mencionan la catábasis de Jesucristo, pero el texto de Nicodemo se hace eco del episodio, supuestamente conocido gracias al testimonio de los hermanos Karino y Leucio –hijos del anciano Simeón, amigo de Jesús–, quienes habían muerto y gozaron de la resurrección tras la bajada de Cristo al infierno. Según el relato de los dos hermanos, recogido en el Evangelio de Nicodemo, el limbo se vio inundado repentinamente de una luz potentísima y “dorada como el sol”, por lo que Adán, los profetas y los patriarcas adivinaron quién descendía a buscarles. Satanás, por el contrario, se atemorizó ante la llegada del Mesías. El demonio ordenó a sus huestes que reforzaran las puertas del infierno, pero fue en vano. Jesucristo reventó los goznes de las puertas y aplastó con ellas al Maligno. A continuación liberó a Adán y a todos los justos que habían muerto antes de la redención de la humanidad a través de la muerte en la cruz, y que por este motivo se hallaban en el limbo.

Cristo en el limbo (1460 aprox.), de Friedrich Pacher.

Cristo en el limbo (1460 aprox.), de Friedrich Pacher.

De este modo, Cristo no sólo repite el esquema del dios que resucita tras un descenso a los infiernos, sino que al mismo tiempo lleva a cabo la ascensión a los cielos de otros personajes. Más curiosa resulta la historia de la resurrección de los hermanos Karino y Leucio. Según el texto atribuido a Nicodemo –que adquiriría gran notoriedad en los siglos siguientes, en especial tras su inclusión en La Leyenda Dorada de Jacobo de la Vorágine–, los hermanos gozaron también de la gracia de la resurrección, pero en lugar de ir directamente al Paraíso regresaron antes a la Tierra, aunque más parecían sombras del Hades griego que humanos vivos, pues permanecían todo el día en silencio, excepto para lanzar de vez en cuando unos terribles lamentos. Tras testificar ante los sacerdotes del Templo y entregar su relato por escrito a Nicodemo, desaparecieron misteriosamente en medio de una gran luminosidad.

UN LUGAR DE SABIDURÍA
Hasta ahora hemos visto las incursiones de distintos dioses cuyo descenso a los territorios tenebrosos tenía como finalidad el rescate y posterior resurrección de otros personajes, o que bien experimentaban ellos mismos una resucitación tras completar el ciclo descenso-ascenso.

Sin embargo, entre la nutrida lista de historias similares destacan también las aventuras de otros personajes, generalmente héroes, cuya visita a los infiernos está motivada por la necesidad de obtener alguna información de los muertos que resulta imprescindible para la resolución exitosa de sus respectivas aventuras. Tal y como explicaba el erudito Mircea Eliade en su obra Nacimiento y Renacimiento, el más allá “es también un lugar de conocimiento y sabiduría. El señor de los infiernos es omnisciente; la muerte conoce el futuro. En algunos mitos y sagas, el héroe desciende al infierno para obtener sabiduría o aprender alguna enseñanza secreta”.

Ese es el caso, por ejemplo, del mortal Odiseo (Ulises). En su periplo para regresar a casa, el héroe recala en la isla de Ea. Allí, la bruja Circe le recomienda descender al Hades, donde podrá preguntar al adivino Tiresias sobre el modo de encontrar el camino de vuelta a su añorada Ítaca. Tras llegar a las puertas del infierno, Odiseo realiza un sacrificio de sangre, lo que atrae a las siniestras almas de los difuntos, y logra obtener la información que necesita.

Otro héroe clásico que baja a las profundidades es el semidios Heracles (Hércules). En su caso, el descenso tiene como finalidad la captura del can Cerbero, el temible monstruo de tres cabezas que custodia los accesos al Hades. La difícil misión es una de las célebres doce pruebas, que en este caso le había sido encomendada por el rey Euristeo. Heracles sale victorioso de esta misión con la ayuda y la protección de Atenea y Hermes (una de cuyas funciones era guiar las almas al Hades). Curiosamente, durante su aventura en el inframundo, Heracles tiene la ocasión de encontrarse con otro héroe, el no menos célebre Teseo, quien había descendido también a las tinieblas del Hades durante una de sus aventuras, quedando atrapado allí, y que pudo liberarse gracias a la ayuda del primero.

Heracles (Hércules) enfrentándose al can Cerbero.

Heracles (Hércules) enfrentándose al can Cerbero.

También el príncipe troyano Eneas, protagonista de la Eneida de Virgilio, se ve obligado a descender al Hades, en este caso acompañado por Sibila, con la misión de hallar allí a su padre, Anquises, y conseguir las instrucciones precisas que le guiarán hasta fundar una “nueva Troya”, la floreciente Roma.

En un escenario parcialmente ajeno al de la mitología y la literatura, el de los chamanes de culturas como la siberiana, los esquimales o algunas tribus de indios americanos, aparece de nuevo el viaje a los infiernos como búsqueda de algún tipo de información que sirve de ayuda para la resolución de una misión o problema. En este caso, es el alma de los chamanes la que, durante un trance extático generalmente inducido por la ingesta de sustancias psicotrópicas, se abre paso por el mundo de los muertos y las tinieblas. Generalmente, esta catábasis tiene como finalidad obtener una información que permita al chamán sanar a un miembro enfermo de la comunidad –pues los espíritus le dirán como curar al paciente–, o bien ayudar al alma de un difunto a encontrar el camino hacia el más allá. Durante su aventura, como explica Joseph Campbell en su clásico El héroe de las mil caras, el chamán se enfrenta a multitud de peligros, tras los cuales consigue encontrarse frente al señor del inframundo y obtener la información que busca.

INICIACIÓN
Dioses y héroes atravesaron las puertas del mundo subterráneo, como hemos visto, bien para obtener una información imprescindible en la resolución de sus aventuras, bien para rescatar a un ser querido de las garras de la muerte y obtener la resurrección. Sin embargo, todos estos relatos pueden interpretarse también desde otro punto de vista, en el que la catábasis constituye una prueba iniciática que el “aprendiz” ha de superar con éxito.

Dentro del fenómeno del chamanismo, que acabamos de ver, los aspirantes a brujos o curanderos debían someterse a un duro proceso de iniciación que, curiosamente, consistía en sufrir un proceso de muerte y posterior resurrección. Esta prueba, en la que jugaban de nuevo un papel primordial la ingesta de diversas drogas, repetía siempre una misma visión: se veían así mismos siendo aniquilados y descuartizados, sufriendo la eliminación de su “yo”, tras el cual regresaban renacidos y asumiendo su nueva condición. Esta terrible experiencia, inevitable para todo aspirante a chamán, constituía todo un descenso al reino de los muertos, donde los demonios les infligían los ataques que llevaban a su desmembramiento.

Curiosamente, algunos experimentos realizados en las últimas décadas del siglo XX para estudiar los efectos de drogas como el LSD arrojaron como resultado descripciones muy similares a estas, en las que los participantes se enfrentaron a experiencias de muerte y renacimiento.

La relación entre los relatos de descenso a los infiernos y los rituales iniciáticos de distintas prácticas religiosas y esotéricas queda patente en los mitos relacionados con los cultos mistéricos, como los de Dionisio o Eleusis, que hemos visto antes. De hecho, la mayor parte de los estudiosos coinciden en señalar el hecho de que, durante los rituales de los misterios, el iniciando recibía algún tipo de revelación relativa a la vida ultraterrena. Es más, lo que ofrecían muchos de estos cultos mistéricos era, precisamente, la salvación del alma tras la muerte o una mejor existencia en el Más Allá, en compañía de sus dioses. En su obra antes mencionada, Mircea Eliade subraya esta interpretación: “Desde un cierto punto de vista, podríamos decir que todos esos mitos y sagas cuentan con una estructura iniciática. Descender vivo al infierno, enfrentarse a sus monstruos y demonios, es pasar por una ordalía iniciática”.

Precisamente, este función iniciática todavía puede rastrearse hoy, aunque de forma “descafeinada”, en los rituales de iniciación practicados por algunas sociedades secretas o “discretas” actuales, como ocurre en el caso de la masonería. Los aspirantes a incorporarse a una logia masónica deben pasar por la llamada “cámara de reflexión”, un habitáculo generalmente a oscuras –evocando el mundo subterráneo– y a veces decorado con calaveras, cuya simbología evoca claramente la estructura del mito del Descenso. Igualmente, durante la iniciación al grado de maestro, el aspirante se somete a una “muerte simulada”, en recuerdo al relato del asesinato del mítico arquitecto Hiram.

En definitiva, el mito del Descenso a los infiernos, que como hemos visto remonta sus orígenes a la aparición del culto a los muertos y de la creencia en un más allá, no es sin la plasmación religiosa, mitológica y sagrada del miedo ancestral y atávico a la muerte. Un temor al que nadie escapa, y que tiene su paralelo en la propia vida, pues la propia experiencia vital está plagada de peligros y desafíos de cuya resolución exitosa depende la victoria sobre nuestros “demonios interiores”. En nuestra mano está la posibilidad de encarnar al dios o al héroe y salir victoriosos.

ANEXO
DESCENSO A XIBALBÁ
Al igual que en muchas otras culturas, los antiguos mayas creían que la muerte no era el fin definitivo de la existencia. Para ellos, el alma del difunto se trasladaba al Inframundo (llamado Xibalbá por los quichés y Metnal por los yucatecos). Aquel otro mundo se ubicaba en las entrañas de la tierra, bajo la selva y más allá de las masas de agua, constituyendo una especie de reflejo siniestro del mundo de los vivos. No era, sin embargo, un equivalente del infierno judeocristiano, pues el alma no recala allí a modo de castigo, sino que es su destino lógico. En su inquietante periplo por el Inframundo, descrito en el Popol Vuh (el Libro del Consejo de los mayas quichés), los gemelos Hunahpú e Ixbalanqué recorren –como sus paralelos mesopotámicos o grecolatinos– un escenario siniestro y lleno de peligros.

Un cenote, considerado por los mayas como entrada al inframundo. Crédito: Babblingdweeb / Flirckr (Creative Commons).

Un cenote, entrada al inframundo maya. Crédito: Babblingdweeb / Flickr (Creative Commons).

El llamado “juego de pelota” fue el rito religioso más importante de los antiguos mayas, pues constituía una representación simbólica de uno de los relatos sagrados clave de esta civilización, íntimamente relacionado con el Inframundo. Según el Popol Vuh, dos hermanos divinos, Hun Hunaihpú (Uno cerbatana) y Vucub Hunaihpú (Siete cerbatana) estaban obsesionados con el juego de pelota, y pasaban horas practicándolo. Un día causaron tanto alboroto que molestaron a los señores del Inframundo, quienes les retaron a descender para jugar con ellos. Tras una serie de pruebas a las que fueron sometidos, los dos hermanos murieron asesinados.

La cabeza de Hun Hunaihpú fue colgada de un árbol y los señores del reino de la muerte prohibieron tajantemente tocar sus frutos. Sin embargo, la joven Ixchiq, hija de un señor de la muerte, se acercó un día al árbol y la cabeza de Hun Hunaihpú le escupió en una mano, dejándola embarazada. Temiendo la ira de su padre, Ixchiq escapó a la superficie, donde dio a luz a dos hijos: Hunahpú e Ixbalanqué. Éstos heredaron la pasión de su padre y su tío por el juego de pelota, y la historia volvió a repetirse. Un día, mientras jugaban, los señores del Inframundo les retaron a competir con ellos, y en su descenso fueron igualmente sometidos a distintas pruebas. A diferencia de lo que ocurrió con su padre, los gemelos lograron superar las trampas gracias a su ingenio y, tras realizar varios milagros, derrotaron y mataron a Uno Muerte y Siete Muerte, asesinos de su progenitor. Tras la victoria fueron ascendidos al cielo, convirtiéndose en el Sol y la Luna.

El relato de este particular descenso a los infiernos constituye un auténtico viaje iniciático, durante el cual los aspirantes adquieren un conocimiento oculto, obtenido tras superar una serie de pruebas.

ANEXO
LOS DEMONIOS DE UN JOVEN MAGO
No sólo los relatos mitológicos antiguos o textos literarios medievales repiten este esquema. También la literatura y el cine actuales aprovechan esta estructura para dar mayor fuerza a los relatos. Ese es el caso, por ejemplo, de la célebre saga de Harry Potter, el niño mago popularizado por la escritora J. K. Rowling. Así, en el clímax de todas sus aventuras Harry se enfrenta al mal tras recorrer un peligroso periplo a través de lugares subterráneos, oscuros y tenebrosos. En La piedra filosofal, el pequeño mago accede a una cripta tras burlar al cancerbero, el perro de tres cabezas. A partir de ese momento tendrá que superar otras pruebas hasta obtener finalmente el preciado objeto que da título a la novela. En La Cámara Secreta, ésta se encuentra también en un habitáculo subterráneo oculto por una puerta secreta, donde Potter se enfrenta al basilisco.

Harry Potter se ha convertido en el arquetipo actual del héroe que desciende a los infiernos. Crédito: Warner Bros.

Harry Potter, arquetipo actual del héroe que desciende a los infiernos. © Warner Bros.

En la tercera aventura, Harry se encuentra con Sirius Black tras descender por un hueco escondido bajo el sauce boxeador, un árbol mágico ubicado en los exteriores de la escuela. En El Cáliz de Fuego, el audaz protagonista alcanza el cementerio –un lugar oscuro y tenebroso–, donde luchará con Voldemort, tras salir airoso de la prueba que supone el laberinto, otro símbolo de gran significado iniciático y hermético. La misma estructura narrativa volverá a repetirse en El misterio del Príncipe, en la que Harry –acompañado de Dumbledore– busca en una cueva uno de los horrocruxes, teniendo que atravesar un tenebroso lago a bordo de una barca (lo que recuerda poderosamente a Caronte y al río Aqueronte).

Finalmente, en la última novela –Las reliquias de la muerte–, es el propio Harry, el héroe, quien pasa por la experiencia de la muerte, visitando un limbo en el que se halla se querido Dumbledore, y obtiene allí la información que necesita para deterrotar definitivamente a su eterno enemigo.

ANEXO
OTROS “DESCENSOS”
La lista de personajes que llevan a cabo una catábasis es mucho más larga de la aquí recogida, y abarca prácticamente todas las épocas y culturas. Así, en la antigüedad encontramos también a los dioses Adonis y Attis, quienes protagonizan su propio descenso por separado. Algo similar encontramos en el relato de Orfeo y su amada Eurídice, o en la historia de los hermanos Cástor y Pólux. En el Islam, fue el profeta Mahoma quien baja a los infiernos acompañado por el arcángel Miguel, mientras que en la mitología japonesa encontramos a Izanagi, creador de todas las cosas, que baja al inframundo para rescatar a su esposa y hermana Izanami.

BIBLIOGRAFÍA:

-ALCOBA, Daniel. Inferno. Ed. Planeta. Barcelona, 2008.

-CAMPBELL, Joseph. El héroe de las mil caras. Ed. FCE. México, 1992.

-ELIADE, Mircea. Nacimiento y Renacimiento. Ed. Kairós. Barcelona, 2001.

-GENNEP, Anorld Van. Los ritos de paso. Ed. Alianza. Madrid, 2008.

-GONZÁLEZ SERRANO, Pilar. Catábasis y resurrección. Espacio, tiempo y forma, nº 12, 1999 , pags. 129-180.

-GRAVES, Robert. Los mitos griegos. Ed. Ariel. Barcelona, 2007.

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