Minos: una civilización de leyenda | Planeta Sapiens

Minos: una civilización de leyenda

Publicado el 27 julio 2012 por Javier Ramos

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La primera civilización europea, cuna de la leyenda del minotauro, se creyó un mundo de fantasía. Hasta que en el siglo XX enormes palacios fueron excavados en la región del mar Egeo. La civilización minoica, cultura anterior a la griega arcaica, fue descubierta en 1900 por el arqueólogo británico Arthur Evans, a la que bautizó en honor a Minos, rey de la isla helena de Creta. Su hallazgo abría la veda al estudio de la Edad del Bronce en el mar Egeo.

En poco más de diez años emergieron de la tierra construcciones cuya estructura y ornamentación rompieron con todo lo conocido. Se trataba de unos edificios descomunales en los que Evans adivinó palacios reales.

El arqueólogo planteó una posible cronología de esta civilización en función de estas construcciones: Minoico Antiguo (2600-2100 antes de Cristo), anterior a la existencia de los palacios; Minoico Medio (2100-1600 a.C.), que se inicia con la aparición en Cnosos de una cerámica polícroma; y Minoico Reciente (1500-1450 a.C.), donde aparecen los segundos palacios, ya que los primeros fueron destruidos en 1700 a.C. por un terremoto.

Arthur Evans, descubridor de la civilización minoica.

La cultura minoica se explica, sobre todo, por la aparición de los colosales templos. Se han rescatado cuatro principales: el de Cnosos en el norte, el de Festos en el sur, el de Malia, y el de Zakros. Sin murallas ni fortificaciones defensivas, estos cuatro palacios se organizan alrededor de un patio central rectangular, en torno al cual se abren pórticos columnados o grandes escaleras. Pavimentados con losas de piedra, las paredes interiores aparecen decoradas en muchos casos con frescos de colores sobre motivos de la naturaleza, la vía marina o la celebración de espectáculos taurinos. Y lo que dejó estupefactos a los investigadores: los palacios estaban dotados de una red de saneamiento impecable, formada por unas tuberías de terracota que recogían las aguas sobrantes y funcionaban a modo de alcantarillado.

Todo ello hace pensar en un alto grado de desarrollo de esta civilización, aunque también es cierto que el aspecto que ofrece un palacio minoico es, sobre todo, el de un laberinto de habitaciones, antesalas, vestíbulos, corredores y pasadizos que se interponen de manera asimétrica y confusa. Como en el mítico laberinto de Ariadna y el Minotauro.

Cerámica con escena de la leyenda de Teseo y el Minotauro | Crédito: Wikipedia.

Cuenta la leyenda que el rey de la isla y del Egeo, Minos, ocultó en un laberinto al hijo bastardo que  su esposa, Pasifae, había concebido con un toro blanco. Mitad hombre, mitad toro, se alimentaba de las ofrendas de carne humana del subyugado pueblo ateniense. Sus víctimas morían devoradas y nunca conseguían salir con vida de su guarida. Hasta la llegada del gran Teseo, el rey de Atenas. El monarca acabó con el Minotauro y pudo abandonar con facilidad el laberinto rehaciendo el camino, gracias a un hilo que le había facilitado Ariadna, hija del rey Minos.

Pero, llegados a este punto, ¿cuál era la función que desempañaban los colosales palacios cretenses? Sin duda, eran centros con funciones políticas, económicas y religiosas de alto nivel. Separados  por una media de 35 a 40 kilómetros, cada uno de los cuatro grandes palacios podía funcionar como una unidad administrativa territorial. El de Cnosos era mayor que el resto quizás porque, al menos en determinados períodos del II milenio antes de Cristo, era el que ejercía el control sobre toda Creta. Una tesis que podría explicar la ausencia de murallas y una hipotética falta de enemigos.

La civilización minoica no tenía rivales. Al menos en el mar, del que eran soberanos. Sus naves controlaban las rutas comerciales en la cuenca del Egeo. Aunque ni los restos de escritura ni la misma arqueología han ayudado a precisar cuál fue el sistema social en Creta. No obstante, las construcciones y tumbas inducen a pensar que existió una nobleza y una masa campesina que vivía organizada en pequeñas aldeas o ciudades.

La mujer alcanzó notoriedad en la civilización de Minos. Los hallazgos de objetos cotidianos, los testimonios pictóricos y sobre todo los sellos y figuras de terracota, así lo atestiguan. Para algunas historiadoras, como Jane Hellen Harrison, la cultura minoica es además, un claro ejemplo de matriarcado.

Mural con escena de jóvenes saltando a un toro | Crédito: Wikipedia.

Además de las efigies femeninas que recuerdan el culto a la diosa, también conocida como la Gran Dama del Laberinto, es relevante el peso crucial que tuvo en Creta el dios-toro, evocación de la leyenda del Minotauro. A él se le dedicaban ceremonias y monumentos, como el que se halló en Cnosos. Y a juzgar por los coloridos murales del palacio, el animal también era el anfitrión indiscutible de las fiestas populares, gracias a los juegos taurinos que ponían a prueba el valor de los jóvenes en los patios.

Pero como ha ocurrido con otras tantas civilizaciones, el final de la cultura minoica está sembrado de dudas. Está claro que entró en una etapa de decadencia a partir del siglo XV antes de Cristo tras los datos que ha proporcionado la arqueología. Pero son discutibles los motivos.

A la vista de las tumbas de guerreros con armas y armaduras, algunos historiadores hablan de conquista por parte de Micenas. Lo corrobora la presencia de nuevas formas de cerámica llegadas desde la península griega y que han hecho suponer un dominio que, en todo caso, no duró mucho (entre 1450 y 1380 antes de Cristo).

Vista de Santorini en una imagen vía satélite | Crédito: Wikipedia.

Otra teoría pone de manifiesto que los palacios se destruyeron a causa de una erupción del volcán de Santorini. Las excavaciones del profesor griego Spyridon Marinatos sacaron a la luz un yacimiento espectacular y la certeza de que una gran explosión a mediados del segundo milenio había dividido la antigua isla de Tera, al norte de Creta. Según él, esta catástrofe podría haber generado un enorme maremoto responsable de la catarsis minoica.

Sea como fuere, lo cierto es que la civilización del legendario rey Minos vio precipitado su fin para dar paso a una nueva época que ya no tendría como epicentro una isla, sino la Grecia del continente.

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