Samarcanda, la ciudad de Las mil y una noches | Planeta Sapiens

Samarcanda, la ciudad de Las mil y una noches

Publicado el 21 marzo 2011 por Cristina Ortego Lozano

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Aunque Séneca opinara que “la seda sólo sirve para que nuestras mujeres muestren en público lo mismo que enseñan a los adúlteros en la alcoba”, este es un tejido que por su naturaleza, su perfección y suavidad no parece terrenal. Por esta razón, se convirtió desde la antigüedad en un símbolo de distinción y nobleza para quien podía permitirse adquirirla. Siendo los chinos los únicos que conocían el secreto de su elaboración, su transporte desde China y la India por el Medio Este hasta las puertas de Roma, bien hacían valer su precio en oro.

Siempre custodiada por historias de aventuras, maravillas y tesoros, la Ruta de la Seda significaba para muchos comerciantes grandes sumas de dinero; para otros, el gran placer de poner rumbo a lo desconocido en un viaje que podía durar años, como el que emprendieron personajes de la talla de Alejandro Magno, Marco Polo, Vasco de Gama o el español Rui González de Clavijo. Gracias a sus memorias hoy conocemos los detalles de esta ruta comercial, que no sólo transportaba seda, sino piedras preciosas, ámbar, especias, vidrio, marfil… mercancías exuberantes que deleitaban a los compradores más exigentes.

De los caravasares a Samarcanda
Debido al tránsito regular de comerciantes y caravanas, a lo largo de la ruta fueron surgiendo pequeños refugios conocidos como caravasares, donde los viajeros tenían por costumbre parar para descansar y de paso aprovisionarse del alimento y agua que pudiera faltar para los camellos y demás animales. Con el paso de los años y gracias al intenso desarrollo del comercio, estos núcleos se convirtieron en prósperas y ricas ciudades, residencia de cortes fastuosas como lo fue Samarcanda durante el siglo XIV, gracias al famoso guerrero Tamerlán.

Vista exterior del mausoleo de Tamerlán. © Cristina Ortego Lozano.

Cuentan que en sus conquistas perdonaba la vida a los artistas y se los llevaba a Samarcanda para que convirtieran la villa en una de las mayores y más esplendorosas capitales de Asia; de hecho, este influjo artístico se observa en el nombre con que bautizó muchos de los exuberantes jardines que componían la ciudad como: la “Pintura del mundo”, el “Jardín del Paraíso” o la “Pradera de la piscina profunda”. Según Ahmed Ibn Muhammad ibn Arabshah, historiador árabe, “los ciudadanos ricos y pobres iban a pasear a ellos cuando Tamerlán marchaba a la guerra, y no encontraban nada más maravilloso ni más bonito que aquello, y no había ningún lugar de descanso más agradable y seguro; y sus dulcísimas frutas eran para todos”.

Es difícil imaginar como un guerrero de la talla del Kan Timur (Tamerlán) pudo crear una ciudad con una belleza de esa que sólo describen los cuentos y al mismo tiempo hacerse tan temido, y es que eran muchos los monarcas que le rendían pleitesía desde cualquier parte del mundo; como el rey Enrique III de Castilla, quien en 1403 envió una embajada presidida por Rui González de Clavijo para presentarle sus respetos y contribuir con numerosos regalos.

Este madrileño tardó tres años y medio en finalizar el viaje, y como relató posteriormente, durante los 75 días que permanecieron en Samarcanda asistieron a numerosas fiestas en las que comprobaron la grandeza de la corte timúrida, y conocieron de primera mano algunos de los asuntos de la política asiática del momento. Además, cuenta que quedaron impresionados por la abundancia y variedad de productos que se vendían en los bazares, así como de las grandiosas obras arquitectónicas que se estaban construyendo en la ciudad.

Anciana en las calles de Samarcanda. © Cristina Ortengo Lozano.

En homenaje a esta delegación española, Tamerlán decidió construir en Samarcanda una avenida con el nombre de Rui González de Clavijo y un barrio llamado ‘Madrid’, que todavía hoy conserva el nombre, muriendo poco después de que Clavijo emprendiera su viaje de vuelta a casa.

Una ciudad de cuento
Hay muchos nombres en el mundo que inconscientemente nos guían al mundo de los sueños, y al escucharlos o leer sobre ellos impactan al instante en nuestra mente, pero si hay un sustantivo que atrae nuestra imaginación sobre el resto, ese es Samarcanda. Parece emerger de la tierra de los príncipes y princesas, de los bailes y el placer, por donde pararían todo tipo de culturas y religiones en un continuo desfile de fabulosas historias viajando en caravana.

Actualmente Samarcanda es la segunda ciudad más grande de Uzbekistán, con casi 500.000 habitantes, sólo por detrás de Taskent, la capital. Con más de 27 siglos de antigüedad, en el año 2001 la UNESCO la declaró Patrimonio Mundial de la Humanidad y no es de extrañar, pues si por algo es conocida esta ciudad de los cuentos de Las Mil y una Noches, es por la famosa plaza de Registán, donde se alzan tres imponentes madrazas: la de UlugBek al Oeste, con un enorme mosaico inspirado en temas astronómicos, la madraza Sherdar al Este, a imagen y semejanza de la anterior, pero con el emblema en el tímpano de la pantera de las nieves simbolizando el poder y la fuerza de Samarcanda, y por último situada de frente, la madraza Tilla-Kari. Ideada en principio como una mezquita que también sirviera de madraza, fue la última en erigirse en el año 1660, y su nombre significa “cubierta de oro”, debido a la riqueza de los dorados utilizados en su cúpula, muros y minarete.

La célebre plaza de Registán, con sus tres imponentes madrazas. © Cristina Ortego Lozano.

Fachada de una de las madrazas de Registán. © Cristina Ortego Lozano.

La mezquita Bibi Khanum es otro ejemplo de la grandiosidad y el poder de Tamerlán. Construida para ser la más grande de todo el imperio, en ella participaron los mejores artistas y arquitectos, e incluso se utilizaron elefantes para ayudar en el transporte de los materiales. Cinco años hicieron falta para finalizar esta gran obra, pero fue derribada por el Kan timur poco antes de ser terminada, porque no alcanzaba las grandiosas proporciones que él deseaba. Siguiendo los deseos del Kan los minaretes del portón principal llegaron a alcanzar los 50 metros. Esta soberbia altura y la rapidez en su construcción conllevó que la mezquita sufriera varios derrumbamientos a lo largo del tiempo, y que hoy sólo sea un destello de lo que fue.

Una de las bellísimas y coloridas mezquitas de la ciudad. © Cristina Ortego Lozano.

Otra de las visitas imprescindibles es la necrópolis Shah-i-Zinda, construida sobre la ladera de la colina Afrasiab, denominada así por el fundador de Samarcanda, y donde dicen está enterrado Qusam ibn Abbas, un primo del profeta Mahoma. Durante el imperio de Tamerlán construyeron aquí más de veinte mausoleos, en los que descansan las tumbas de varias personas de su familia y algunos de sus generales. Sin embargo, si por algo destaca este complejo es por los azulejos de cerámica mayólica en colores azules y turquesas que adornan los monumentos en forma de cenefas y dibujos geométricos de una belleza sin igual. Para ver la tumba del gran Tamerlán hay que desplazarse hasta el mausoleo Gur-Emir, precursor del renacer de un nuevo estilo arquitectónico en Asia Central con grandes portones, altas cúpulas azules y la cerámica mayólica.

Monumento a Ulug Bek. © Cristina Ortego Lozano.

Merece la pena acercarse hasta el recién restaurado Observatorio de Ulug Bek, nieto de Tamerlán y también gobernador, que construyó en el año 1420 debido al interés que le suscitaban los temas astronómicos. El observatorio se hizo famoso gracias al libro escrito por Ulugbek titulado Zidj y que contiene introducciones teóricas y un catálogo de 1.018 estrellas, así como por el inmenso sextante astronómico que utilizó para medir las posiciones de las estrellas con una precisión asombrosa. También se puede visitar la mezquita Khazret Khyzr, el mausoleo de San Daniel, el de Rukhabad, el museo histórico de Afrosiab…

Cúpulas de Samarcanda. © Cristina Ortego Lozano.

DATOS DE INTERÉS

  • Durante el año 2009 más de 650 mil turistas visitaron Uzbekistán, y se espera que a finales del 2010 se hayan superado los 750 mil, aunque para los próximos años quieren alcanzar los dos millones de visitantes habituales.
  • Actualmente operan en el país más de 400 hoteles.
  • La empresa española Talgo ha firmado un acuerdo para construir una línea de alta velocidad de trenes que cubra la ruta Taskent-Samarcanda en una hora y media.

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