Con rasgos y características similares a los de las pinturas y cerámicas mayas, los códices producidos por esta cultura, aunque escasos, constituyen auténticas obras de arte que nos permiten conocer mejor ciertos aspectos de esta fascinante civilización. En una reciente entrada, Pecay, responsable del magnífico blog BibliOdyssey (si no lo conocéis, dedicarle algunos minutos, merece realmente la pena) comparte con todos nosotros una magnífica selección de imágenes en alta calidad de uno de estos códices, concretamente el llamado Códice Dresde, hoy conservado en la Sächsische Landesbibliothek (Biblioteca estatal de Sajonia). Ha sido precisamente esta institución la que, hace un mes, “colgó” en la red las imágenes del códice en alta resolución.
Ofrendas de comida al dios de la lluvia. Códice Dresde.
Invocación de los dioses; preparación de profecías y El Gran Diluvio. Códice Dresde.
Al parecer, esta pieza sería una copia tardía (creada en torno a los siglo XI o XII d.C.) de un original elaborado entre los años 700 y 900 d.C., y algunos historiadores lo consideran el “libro” más antiguo de América. No se sabe con exactitud cómo llegó hasta Europa, aunque se sospecha que pudo haber sido enviado al Viejo Mundo por Hernán Cortés en 1519. La única pista fiable que se tiene de él es que fue adquirido en 1739 por la Biblioteca Real de la ciudad, la actual Biblioteca estatal de Sajonia, donde todavía se conserva. Actualmente, los expertos lo consideran el códice más elaborado de todos los que se conocen. En cuanto a su contenido, la pieza muestra tablas astronómicas “de gran exactitud”.
Además de este bello ejemplo, se conocen otros códices semejantes: el Códice de París, el Códice de Grolier y el Códice de Madrid. Este último, actualmente custodiado en el magnífico Museo de América de la capital española, también puede ser consultado en su totalidad en formato digital, a través de la web del propio museo, aunque a un tamaño mucho menor que el del ejemplar de Dresde (esperamos que los responsables españoles tomen nota de lo realizado en otros lugares). La pieza conservada en España data de fechas más tardías (entre 1250-1500 d.C.) y está considerada la más extensa y mejor conservada de todas las mencionadas, con un total de 112 páginas de 24 x 13 centímetros cada una.
Códice de Madrid. Crédito: Museo de América / Ministerio de Cultura.
Códice de Madrid. Crédito: Museo de América / Ministerio de Cultura.
Todos estos códices eran realizados por artesanos mayas, quienes empleaban para su fabricación la corteza de un árbol del género Ficus, la cual machacaban hasta convertirla en una especie de pasta. A dicha masa o pulpa le añadían después una goma vegetal, y más tarde la extendían a lo largo, doblándola de forma que se formaban unas “hojas” con el aspecto de un biombo. En realidad, no se trata de códices en el sentido estricto, pues estos están compuestos por hojas cosidas por el lomo. Una vez llegado a este punto, los artesanos mayas daban una capa de imprimación de cal al códice, y cuando se secaba se procedía a su decoración con dibujos y glifos.
En el caso del Códice de Madrid, también conocido como Códice Tro-cortesiano, sus páginas parecen estar reflejando una especie de almanaque o libro de profecías, en el que se explican las influencias que tenían los distintos dioses mayas sobre cada uno de los días de su calendario sagrado (formado por 260 días). Según la religiosidad maya, los dioses podían influir de forma positiva o negativa en cualquier actividad humana: nacimientos, muertes, cosechas, caza… Por este motivo, la pieza conservada en el museo madrileño ha sido de gran importancia para identificar a muchas de las divinidades que formaban el panteón maya, y también algunas de las ceremonias que se realizaban en su honor.
Podéis consultar todas las páginas del Códice de Dresde desde aquí, y aquí las correspondientes al Códice de Madrid.
Actualización: Hemos encontrado un breve pero interesante vídeo realizado por el INAH (Instituto Nacional de Antropología de México), en el que hablan durante unos minutos sobre los códices mesoamericanos (no sólo mayas). Lo compartimos con vosotros pues creemos que será de vuestro interés.














