Una de las apuestas editoriales del sello Impedimenta para esta temporada es la publicación de esta interesante novela de Boris Savinkov (1879-1925), El caballo amarillo. Pero aún más interesante que su contenido es la vida de su autor, un terrorista ruso de principios del pasado siglo que, tras atentar contra la vida del Ministro de Interior del zar, V. K. von Plehve, y el Gobernador General de Moscú, paseó su indolencia nihilista por las calles de Montparnasse. En París, frecuentó a Picasso, Cendrars y Apollinaire, quien se refería a él como a “nuestro amigo el asesino”.
Con esos antecedentes, la lectura de este breve “diario de un terrorista ruso” gana muchos enteros: no es habitual que un asesino publique una obra desgranando la comisión de un atentado, en este caso contra el gobernador de Moscú, el Gran Duque Sergei Alexandrovich (1857-1905). Hijo del zar Alejandro II, este personaje llevó a cabo una acción conservadora y represiva hasta que fue “ejecutado” con una bomba arrojada a su carruaje por uno de los secuaces de Savinkov, cerebro del operativo.
El caballo amarillo, cuyo título remite al Apocalipsis (“y miré, y vi un caballo amarillo; y el que cabalgaba sobre él se llamaba Muerte; y el Hades le seguía muy cerca”), nos cuenta la vida de Savinkov (alias George O’Brien) y sus hombres, desde que el primero llega a Moscú comisionado para cometer el atentado hasta que el grupo se disuelve tras el éxito del mismo.
Todos los caracteres son descritos con la sinceridad y la distancia propias de George, narrador omnisciente y álter ego de Savinkov. Así, Vania, que será quien finalmente acabe con la vida del gobernador, es un fanático religioso que justifica su ira con un misticismo inmaduro, poco menos que adolescente; Heinrich es un socialista convencido que, en la hora decisiva, no podrá vencer a sus escrúpulos morales; Erna es la experta en explosivos, enamorada sin esperanzas de Savinkov; y Fiodor es un aventurero audaz que, en el primer y frustrado ataque, liquidará a siete personas antes de sucumbir bajo las balas de los soldados.
Otro personaje, que merece una mención aparte, es Yelena, una mujer casada con un oficial y de la que el narrador se enamora platónicamente.
De resultas de esta lectura –más o menos autobiográfica–, se extraen diferentes conclusiones. La primera: que desde el mismo seno de la organización, el terrorismo se acaba viendo como un sinsentido. Tras matar al gobernador, George desobedecerá la orden de sus superiores de proseguir los “trabajos” y se negará a despachar al ministro de Justicia. En su fuero interno, George –o Boris– reconoce que el asesinato del Gran Duque no ha estado motivado por razones políticas: ha sido solo el acto final de un penoso y mecánico guiñol. De ahí que el protagonista no vacile a la hora de matar al marido de su amada Yelena, en un duelo burlesco y cruel. ¿Qué diferencia hay entre uno y otro crimen? Y la segunda: que, pese a todo, y como diría Jean Renoir en La regla del juego (1939), todo el mundo tiene sus razones. Los asesinos de Savinkov encuentran justificaciones de lo más disparatadas para convivir con su naturaleza criminal. Desde la celda, Vania manda una carta a su jefe en la que le dice: “No siento remordimientos, y tampoco alegría, por mis acciones. La sangre me atormenta, y sé que la muerte no me exculpará. Pero solo sé esto: ‘Soy el camino, la verdad y la vida’”.
Confusos y atormentados, víctimas de lecturas mal digeridas, los personajes de El caballo amarillo parecen prefigurar el movimiento existencialista que se subrayaría tras la Segunda Guerra Mundial. No en vano, el propio Albert Camus recreó en su obra teatral Los justos (1949) este episodio, oponiendo la fiereza indiferente y nihilista de Stepan Fedorov a la búsqueda de sentido de Ivan Kalyayev (Vania, en la obra de Savinkov).
Un jugoso prólogo de James Womack, traductor junto a Marian Womack de la novela, sirve para ahondar en las claves de la vida de este terrorista (“un burgués con una bomba en el bolsillo”, como lo definió Lenin), que, tras ser condenado a diez años de prisión, murió en misteriosas circunstancias tras caer por una ventana del presidio de la Lubianka, en Moscú.
El caballo amarillo. Diario de un terrorista ruso.
Boris Savinkov
Título original: Kon ‘Blednyj.
Traducción: James y Marian Womack.
Impedimenta. Madrid (2009). 192 págs. Precio: 18,20 euros.










Noviembre 8th, 2009 at 12:30
Me compre el libro y procederé a su lectura próximamente, pensaba comentarlo en mi blog una vez leído, pero usted me tomo la delantera por lo que le doy la enhorabuena por haber reseñado un libro tan políticamente poco correcto y tan desconocido por muchos.
Curiosamente, yo oí hablar por primera vez de Savinkov a través de la magnífica seríe televisiva “Reilly, As de Espías” que emitió Televisión Española por el año 1985 y que me entusiasmó y me hizo profundizar en la vida de los protagonistas Sidney Reilly y Bruce Lockhart.
Es de desear que cualquier editorial publique también en español la magnífica obra “Memorias de un Agente Secreto” de Lockhart para dar a conocer aspectos desconocidos de la Revolución Rusa y de sus protagonistas.
Salud y Amistad