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Proyecto Constelación

Publicado el 31 julio 2009 por Ramón Salvador Hernández

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Recreación artística del módulo lunar del Proyecto Constelación. Crédito: NASA.

Con la “resaca” por el aniversario de la llegada del hombre a la Luna todavía reciente, la NASA se afana ya en preparar su próximo hito en la aventura del espacio. La iniciativa, que fue anunciada en el año 2004 por el entonces presidente de los EE.UU., George W. Bush, fue bautizada como Proyecto Constelación y tiene como finalidad llevar de nuevo al ser humano a la Luna en el plazo aproximado de unos doce años. Sin embargo, en esta ocasión el proyecto es mucho más ambicioso, pues pretende establecer bases permanentes en nuestro satélite que permitirán dar un paso más en la exploración espacial tripulada y en la investigación astronómica y científica en general.

A diferencia del Programa Apolo, nacido del empeño norteamericano por demostrar al mundo su supremacía tecnológica en la conquista del espacio frente a su oponente soviético, los objetivos del Proyecto Constelación serán mucho más ambiciosos:

1) Supervivencia y colonización
La historia de la Tierra nos ha demostrado que vivimos en un Universo lleno de amenazas que de forma imprevisible han obligado a las especies a evolucionar y a migrar en masa de unas zonas a otras para garantizar su supervivencia. Con el futuro establecimiento de bases sobre la superficie lunar será posible comenzar a plantearnos viajes tripulados a mundos próximos como Marte o la construcción de enormes estaciones que alojarán grandes colonias fuera de la Tierra. Sin duda, las corrientes migratorias del futuro serán hacia otros planetas.

2) Interés científico
La posibilidad de instalar equipos de medida y de observación astronómica fuera de la atmósfera terrestre y lejos del alcance de la enorme contaminación de radiofrecuencias, nos permitirán dar un salto enorme en el estudio y el conocimiento del Universo.

3) Interés energético
El desproporcionado desarrollo tecnológico y sus necesidades energéticas acarrearán en pocas décadas graves e irreversibles problemas medioambientales. La necesidad de desarrollar sistemas limpios y de gran capacidad de producción energética, está llevando a los científicos a pensar que la solución estará en el desarrollo de reactores de fusión nuclear. Los primeros diseños ya han sido planteados y se espera que sean operativos en tres décadas, momento para el cual será necesario el que por el momento se piensa que es el combustible más adecuado, el Helio 3, un isótopo muy escaso en la Tierra, pero que podría hallarse en gran abundancia en la superficie lunar. Este podría ser el principal motivo de las principales potencias astronáuticas por regresar a la Luna y establecer en ella bases permanentes.

Desde su inicio en los años 70 del siglo pasado, el programa de transbordadores de la NASA ha tenido detractores que trataron de demostrar la falta de seguridad y el alto riesgo que implicaba el vuelo de los mismos, los accidentes del Columbia y del Challenger fueron el detonante que hizo pensar a la NASA en la necesidad de desarrollar un nuevo vehículo espacial de geometría más simple y que ofreciese mayor seguridad a sus tripulantes. Esta circunstancia, junto con la idea de un futuro viaje tripulado a Marte, llevo a la creación del Proyecto Constelación.

Comparación entre el antiguo Saturno V, los actuales transbordadores y los futuros cohetes Ares.

Comparación entre el antiguo Saturno V, los actuales transbordadores y los futuros cohetes Ares.

Dicho programa comprende el desarrollo de una serie de cohetes lanzadores denominados Ares (Ares I, Ares IV y Ares V) así como una cápsula tripulada llamada Orion y un vehículo para acceso a la superficie lunar. Las nuevas naves serán las encargadas de sustituir a partir de 2010 a los viejos transbordadores en sus misiones de transporte y reabastecimiento de la Estación Internacional, así como de la puesta en el espacio de sondas y satélites.

El módulo Orion, así como los cohetes Ares, son una reminiscencia en cuanto a su diseño del viejo Saturno V y de las naves Apolo con las que 40 años atrás se logró el gran sueño de la llegar a la Luna. Al parecer, los primitivos diseños planteados a comienzos de los 60 parecen ser el futuro de la astronáutica medio siglo después.

Una recreación artística del módulo Orion sobrevolando la Luna. Crédito: NASA.

Una recreación artística del módulo Orion sobrevolando la Luna. Crédito: NASA.

La “reconquista” de la Luna no sólo requerirá las nuevas naves desarrolladas por el Proyecto Constelación, sino que también precisará de una serie de misiones no tripuladas que mediante el empleo de orbitadores y pequeños robots facilitarán el conocimiento de los datos científicos necesarios para la implantación de las futuras bases permanentes con total seguridad. Estas misiones tendrán lugar entre 2009 y 2016.

Además, se está barajando la posibilidad de desarrollar y enviar maquinaria de construcción que controlada de forma remota desde la Tierra iría preparando de forma básica las infraestructuras necesarias para el establecimiento de dichas bases lunares.

Las primeras misiones lunares, LRO y LCROSS
El pasado 18 de junio se lanzaban con éxito desde Cabo Cañaveral las dos primeras misiones que ayudarán a recopilar los datos necesarios para el futuro regreso a la Luna. La sonda LRO (Lunar Reconnaissance Orbiter) con sus 1.000 kilogramos de peso, orbitará la Luna durante un año a 50 kilómetros de altitud sobre su superficie, trazando meticulosamente el mejor plano de la Luna jamás realizado.

Una de las fotografías tomadas por la sonda LRO tras su reciente lanzamiento. Crédito: NASA.

Una de las fotografías tomadas por la sonda LRO tras su reciente lanzamiento. Crédito: NASA.

La LRO será la responsable de buscar e identificar los posibles emplazamientos para las futuras zonas de alunizaje, así como de estudiar el impacto que sobre la piel humana tendrá la exposición continuada de la radiación en la Luna. Para su misión contará con siete sofisticados equipos con las siguientes tareas:

-Realizar un mapeado tridimensional de la superficie lunar con una resolución de 0,5 metros / píxel mediante el empleo de cámaras ópticas, un altímetro láser y un pequeño radar.

-Detectar y medir las partículas energéticas y de niveles de radiación peligrosas para el ser humano.

-Tomar medidas precisas de la temperatura de la superficie lunar.

-Detectar mediante la medición de la emisión de neutrones y la observación mediante espectrómetro de ultravioletas de la presencia de masa de hielo de agua en los polos.

Por su parte, el satélite LCROSS (Lunar Crater Observation and Sensing Satellite), de 890 kilos de peso, está formado por la sonda propiamente dicha –provista de los equipos de medición– y un pequeño cohete llamado Centauro.

Vídeo del lanzamiento de la sonda LRO y el módulo LCROSS.

Tras realizar un vuelo sobre la superficie lunar, la dos partes del LCROSS ejecutarán una orbita alargada tomando rumbo de colisión hacia el polo sur de la luna. Unos instantes antes del choque ambas partes se desprenderán, precipitándose en primer lugar el cohete Centauro. Esta colisión provocará la formación de una nube de polvo, hielo y materiales diversos que será objeto de estudio y análisis por los espectrómetros y cámaras con los que va equipada la sonda, que transmitirá sus datos a la Tierra antes de impactar como su compañero de viaje. La fecha del impacto está prevista para el 9 de octubre de 2009.

La nueva aventura de la reconquista de la Luna ha comenzado y, si los planes de la NASA se cumplen, a finales de la próxima década quizás seamos protagonistas de un nuevo momento histórico para la Humanidad: un primer salto hacia otros mundos.

Más información:

-Proyecto Constelación (NASA, en inglés)

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  1. Un pequeño descanso… | Planeta Sapiens Says:

    [...] -Proyecto Constelación [...]

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