
Cigarrons, peliqueiros, boteiros y capuchones son sólo algunos de los coloridos y ruidosos personajes que invaden las poblaciones de la región oriental de la provincia de Ourense en estos animados días del Entroido (así es como se denomina al Carnaval en esta zona de Galicia, fronteriza con Castilla y Portugal).
Desde principios de año y hasta el 22 de febrero, los vecinos de municipios como Verín, Laza, Viana do Bolo o Xinzo de Limia disfrutan en las calles de estas singulares fiestas de carácter rural y origen medieval declaradas de Interés Turístico. En el Entroido se mezclan procesiones rituales para espantar a los malos espíritus con parodias de los libros religiosos, se confunde lo pagano con lo cristiano, o se disfruta al son de gaitas y tambores. Las actividades y celebraciones, al igual que los personajes protagonistas, varían levemente dependiendo del lugar, pero lo que no cambia es la diversión, siempre acompañada de buena comida y exquisitos vinos, como los caldos de la denominación de origen Monterrei que se elaboran en la región.
Pero estas tierras ofrecen mucho más que las fiestas de carnaval propias de esta época del año. Esa es una de las razones que ha llevado a la creación del proyecto turístico Puertas de Galicia, que se desarrolla en esta zona sur de Ourense. El territorio, a poco más de 400 kilómetros de Madrid, está compuesto por las comarcas de Verín y Viana, en las que se encuentran municipios como A Gudiña, A Mezquita, Castrelo do Val, Vilardevós o Vilariño de Conso, entre otros. Unas poblaciones que cuentan con sobrados atractivos para el visitante, sin importar qué es lo que esté buscando: naturaleza, relax, tradiciones, patrimonio o gastronomía.
INVERNADEIRO: PARAÍSO NATURAL
Ubicado en el ayuntamiento de Vilariño de Conso, el Parque Natural O Invernadeiro constituye una auténtica joya para los amantes de la naturaleza. Sus casi 6.000 hectáreas se encuentran libres de asentamientos humanos, lo que ha favorecido la supervivencia de una riquísima fauna, compuesta por unas ciento cincuenta especies de vertebrados que viven en los montes y los bosques de carballos y robles, en los que abundan también endrinos, a cebos y otros arbustos y plantas.
La historia de este auténtico paraíso gallego –declarado Refugio de la fauna en 1985 y Parque Natural en 1997– se remonta a la época romana, y desde la Edad Media se ha mantenido como propiedad no dividida, que se destinaba entonces al pastoreo y la caza.
Caballos salvajes en el Parque Natural Invernadeiro | © Javier García Blanco.
Con algo de suerte y buena paciencia es posible que el parque nos recompense con la visión de algún ejemplar de cabra montesa, ciervo o rebeco, especies que se están reintroduciendo en el parque, y que se suman a otras entre las que no faltan el lobo, la nutria, el águila real o el halcón peregrino.
Tampoco faltan planes para quienes prefieren realizar algo de ejercicio en plena naturaleza, pues el parque ofrece la posibilidad de realizar seis rutas de senderismo distintas, con longitudes que van desde los dos hasta los veintidós kilómetros, y con dificultades para todos los gustos.
El parque también está pensado para los más pequeños, ya que cuenta con un Aula de la Naturaleza que permite acoger visitas de grupos escolares. Por otra parte, en las cercanías de este espacio natural se encuentran algunos restos patrimoniales de interés, como un antiguo campamento romano que se encuentra en Castelo de Cerveira, la iglesia de Santa María de Sabuguido o el Pazo de Conso, una antigua propiedad del conde de Lemos.
En todos los casos, si nos decidimos por visitar el parque natural es necesario contactar con antelación con la Consellería de Medio Rural de Ourense (tlf. 988386376) y solicitar los permisos pertinentes.
Una de las preciosas vistas que nos ofrece el Parque Natural | © Javier García Blanco.
UNA CIUDADELA FORTIFICADA
De vuelta a la civilización, la región tampoco defraudará a los amantes de la historia y el patrimonio. De visita obligada es el castillo de Monterrei, ubicado en lo alto del antiguo castro de Baroncelli, a escasos kilómetros de Verín. Esta auténtica acrópolis fue desde la Edad Media un punto de gran valor estratégico, debido a su privilegiada ubicación fronteriza con Portugal.
Vista nocturna del castillo de Monterrei | © Javier García Blanco.
Y de hecho, más que un castillo el visitante se encuentra ante una ciudadela amurallada que hoy conserva edificios construidos en distintas épocas. Nada más atravesar el arco de acceso que franqueaba el paso al castillo nos encontramos con el antiguo hospital de peregrinos, construido por orden del abad Vasco Pérez en el año 1391. El edificio, que sigue acogiendo a los peregrinos que se dirigen a Santiago –aunque ahora como albergue– cuenta con una espectacular fachada decorada con un relieve románico de Cristo en majestad rodeado por el tetramorfos.
Fachada del antiguo hospital de peregrinos | © Javier García Blanco.
De camino al patio de armas es imposible apartar la vista de la imponente torre del homenaje, levantada en época de los Reyes Católicos por el primer conde de Monterrei, don Sancho Sánchez de Ulloa.
En los sillares que conforman sus muros, trabajados con esfuerzo y eficacia por los maestros canteros, todavía son visibles multitud de signos lapidarios, marcas de obra que aquellos albañiles especializados de finales del medievo dejaban para poder cobrar las piezas y que hoy son un singular testimonio de su trabajo.
Sin embargo, la vista más espectacular se disfruta desde lo alto de la torre. Además de divisar otra atalaya del recinto –la torre de las Damas– y la iglesia de Santa María de Gracia, la parte más elevada ofrece una vista espectacular de todo el valle, con Verín a nuestros pies, e incluso algunas poblaciones de la cercana Portugal.
La Torre del Homenaje ofrece bonitas vistas del valle | © Javier García Blanco.
De nuevo en el patio de armas, podemos disfrutar también del Palacio de los Condes, un edificio del siglo XVI en el que destacan sus arcos con doble escarzada, y en cuyo interior hoy se encuentran distintas salas de exposiciones. No podemos olvidar la iglesia de Santa María, una magnífica muestra de románico de transición, en cuyo interior destaca un magnífico retablo de piedra de gran valor artístico.
Una buena fecha para visitar el recinto es a finales de septiembre o principios de octubre, cuando se realiza una recreación de la célebre Revuelta de los Irmandiños.
Antes de volver a Verín, donde nos esperan más enclaves de interés, podemos aprovechar para hacer una visita al cercano Parador de Turismo, un edificio con aspecto de pazo gallego y provisto de torre almenada, que cuenta también con unas magníficas vistas de la región.
En Verín, además de las estrechas y típicas calles del centro histórico, en las que llaman la atención algunas casas de estilo modernista realmente singulares, encontramos la iglesia parroquial de Santa María la Mayor, que cuenta en su interior con una destacada pieza, el Cristo de las Batallas. También merece una visita el Convento de los Padres Mercedarios, con torre y fachada barrocas y nada menos que cinco retablos realizados en ese mismo estilo.
Puerta de entrada a la iglesia de Santa María, en el interior del castillo | © Javier García Blanco.
DELICIAS PARA GOURMETS
A estas alturas y después de haber alimentado el espíritu y el intelecto, es hora de hacer lo propio con nuestros estómagos. En Verín merece la pena acercarse hasta Casa Zapatillas (C/ Luis España, 34), donde cocinan un sabroso, tradicional y más que asequible cocido gallego. Si nos encontramos cerca de A Gudiña, una buena opción es sentarse a la mesa en el Mesón Erosa (Autovía das Rías Baixas, A-52, salida 132), con un buen –y contundente– surtido de platos típicos en los que no fallan ni la empanada, ni el pulpo a feira ni, por supuesto, la sabrosa ternera gallega.
Un sabroso cocido de Casa Zapatillas, en Verín | © Javier García Blanco.
Sin duda, las poblaciones que forman parte de la región de Portas de Galicia no defraudan en lo gastronómico. A los platos ya mencionados hay que sumar una larga lista de productos típicos de estas comarcas, entre los que destacan las castañas y las setas –son magníficas las de Riós, por ejemplo–, los pimientos de Oímbra y, para los más golosos, la bica –bizcocho– de Laza o las típicas filloas.
Para los amantes del buen vino también hay magníficas noticias. La zona cuenta con varias bodegas de calidad, que producen vinos –tanto blancos como tintos– bajo la demonización de origen Monterrei –una de las cinco con las que cuenta la comunidad gallega–. Muy recomendables cualquiera de los caldos producidos por las bodegas Crego e Monagillo y Terra do Gargalo, esta última propiedad del diseñador Roberto Verino.
Instalaciones del Hotel Spa Vilavella | © Javier García Blanco.
En cuanto al alojamiento, además del Parador de Verín –que ya citamos antes–, no podemos dejar de mencionar el Hotel Spa Vilavella (Vilavella – A Mezquita), un encantador establecimiento situado en una pequeña y tranquila población que nos espera nada más entrar en la provincia de Ourense. Magníficamente comunicado con la autovía, este singular edificio que en otros tiempos fue tienda y posada, ha sabido aunar en un mismo espacio la tradicional piedra gallega con el hormigón, el cristal y el metal de la arquitectura más vanguardista. Sus instalaciones nos ofrecen la posibilidad de disfrutar de un relajante y saludable spa con pediluvio, sauna finlandesa, baño turco o fuente de hielo, y tampoco faltan otros servicios como masajes y cabinas para tratamientos de belleza.
OTROS LUGARES DE INTERÉS
Además de los monumentos y enclaves que ya hemos mencionado, hay otros rincones que bien merecen una visita:
En Vilavella (antiguo dominio de los condes de Monerrei y los Pimentel de Benavente), se encuentra el Pazo de A Mezquita y la iglesia de San Martiño, en tiempos posesiones de los marqueses de Láncara.
En Viana es posible visitar varios asentamientos antiguos, como los castros de Fradelo, Tabazoa de Edroso, Torre de los Mouros, Villa de Sin o Froxais ‘El Castillón’.
En O Bolo resultan de interés el santuario de Santa María das Ermidas (una construcción de época barroca) y el castillo do Bolo (siglo XV), con una Torre del Homenaje de planta cuadrada y nada menos que dieciocho metros de altura, situado en el centro de la villa.
En Riós destaca su rica y singular arquitectura religiosa, presidida por la iglesia barroca de Santa María, así como los numerosos ejemplos de arquitectura popular, como los molinos Da Silva, San Pedro da Pousada y Trasestrada.
Entradas relacionadas:
Aljafería, la joya de la Ciudad Blanca
Fortuna: arqueología y relax en Murcia
Düsseldorf, la ciudad sin pausa
-San Juan de la Peña, un tesoro en piedra
-Medina del Campo, una villa cargada de historia
-Samarcanda, la ciudad de las mil y una noches








































