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Archive | enero, 2012

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Pasos para crear energía

Posted on 23 enero 2012 by Redacción

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Si sois asiduos visitantes de esta web, recordaréis que hace unos meses –en octubre del año pasado, concretamente– os hablamos de una interesante iniciativa realizada por el Keep Walking Project, en la que la gente de Johnnie Walker nos daba la oportunidad de apoyar con nuestros pasos –tanto reales como virtuales– alguno de los tres proyectos que sugerían. Después de que en total se sumaran más de 40 millones de pasos, el afortunado ganador de aquel singular concurso fue el proyecto Pavegen –ideado por Laurence Kemball-Cook–, que apuesta por la tecnología y la sostenibilidad a través de la energía de nuestros pasos.

Ahora que el proyecto ya está seleccionado, queda por decidir cuál será su ubicación. Y, al igual que ocurrió en la anterior ocasión, los responsables de Keep Walking Project han pensado que todos podamos aportar nuestro granito de arena para escoger el lugar de instalación. Y además, con un plus que hace la participación más atractiva: la posibilidad de ganar un flamante iPhone 4S de 16 Gb ;-)

Captura del mapa interactivo utilizado por la aplicación del Keep Walking Project.

A través de la página de Facebook de Johnnie Walker España, y hasta el próximo 5 de marzo, podrán proponerse localizaciones mediante una nueva aplicación consistente en un mapa interactivo. Cada una de las semanas que permanecerá activa la aplicación se esconderá un hotspot (localización) diferente en cualquier lugar de España. Puedes participar cada día, dejando tu propia marca y explicando por qué razón situarías allí la instalación de Pavegen. Tal y como explican los responsables, cuanto más zoom realices, más concretas serán las localizaciones que señales, y por tanto más posibilidades de ganar tendrás.

Recuerda que puedes participar cada día y dejar marcas distintas, con lo que las posibilidades de acertar y ser el ganador serán más altas. Cada semana, hasta el 5 de marzo, se entregará un iPhone 4S al ganador. Así que ya lo sabes, no dejes de instalar la aplicación para Facebook y participar todos los días: no sólo estarás colaborando con un singular proyecto tecnológico, sino que además tendrás la oportunidad de llevarte un fantástico premio.

Enlace a la aplicación de Facebook: http://bit.ly/xTBqb7

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Hallan la tabla astrológica más antigua que se conoce

Posted on 17 enero 2012 by Redacción

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Un equipo de arqueólogos estadounidenses y croatas cree haber descubierto la que sería la pieza con representaciones astrológicas más antigua que se conoce. Los pormenores del hallazgo, que han sido publicados en el último número de la revista Journal for the History of Astronomy, revelan que el descubrimiento se produjo en una cueva cerca de la localidad croata de Nakovana, y que se encuentra mirando al Adriático.

La pieza sólo se conserva parcialmente, pues está muy dañada, pero gracias a los fragmentos de marfil grabados con signos zodiacales, los investigadores creen que pudo haber sido en origen una especie de tablero empleado por un astrólogo para determinar los horóscopos de una persona. Los arqueólogos han podido rescatar hasta treinta fragmentos de dicho tablero, algunos de los cuales muestra grabados con los símbolos de Cáncer, Géminis y Piscis.

Además de estos singulares restos de marfil, los arqueólogos encontraron también miles de fragmentos de cerámica realizados en estilo helenístico, y con una antigüedad superior a los dos mil años. Según explican en su trabajo, este equipo de arqueólogos estaba trabajando en las cercanías de la cueva –un lugar bien conocido desde hace tiempo por los estudiosos y los lugareños– y, durante una exploración en su interior, uno de ellos sacó a la luz un pasaje que había permanecido sellado durante más de dos mil años. Según explicó Staso Forenbaher, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de Zagreb, avanzar por aquel pasadizo “fue una experiencia similar a la de la tumba de Tutankhamon, llegando a un lugar en el que no había estado nadie durante más de dos mil años”.

Miembros del equipo de excavación, trabajando en el interior de la cueva | Crédito: Staso Forenbaher.

Los expertos, entre los que se encuentra también Alexander Jones, profesor en el Instituto para el Estudio del Mundo Antiguo de la Universidad de Nueva York, pudieron determinar la fecha aproximada en la que la galería se selló –en algún momento del siglo I a.C.–, posiblemente como respuesta ante un ataque de tropas romanas a los pobladores de la región, los ilirios. En lo que respecta al tablero astrológico, los arqueólogos han podido concretar su antigüedad gracias a los análisis mediante radiocarbono, que han determinado que el marfil con el que fue realizado tiene unos 2.200 años.

En este sentido, Jones explicó que la pieza es posiblemente el ejemplo más antiguo que se conoce de su clase. Según explicó el arqueólogo, “es más antiguo que cualquiera de los horóscopos que conservamos de época grecorromana (…) Tenemos un montón de horóscopos escritos en papiro o grabados en un muro, pero ninguno es tan antiguo como esto”.

Fragmento de marfil con grabado del signo de Piscis | Crédito: Staso Forenbaher.

Lo que sigue siendo un enigma es su procedencia y la razón por la que se ocultó este tablero en la cueva croata. Una posibilidad es que la pieza fuera realizada en Egipto –donde la astrología estaba haciéndose realmente popular en aquellas fechas–, y que en algún momento fuera llevada a través del Adriático, una ruta comercial muy importante en aquel entonces. Es posible que algún astrólogo procedente de las cercanas colonias griegas se hubiera establecido allí, entre los ilirios, y hubiera adquirido la pieza para sus prácticas astrológicas. Otra explicación sería que los ilirios hubieran robado el tablero o lo hubieran comprado, sin entender muy bien cuál era su función o su significado. En este caso, es posible que hubieran introducido la pieza en la cueva –junto a los recipientes de estilo helenístico– como una ofrenda a alguna divinidad que adoraban en la cueva.

Crédito fotos: Staso Forenbaher

Fuente: Good Heavens! Oldest-Known astrologer’s board discovered (Livescience)

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XV Premio de Fotografía Humanitaria Luis Valtueña

Posted on 13 enero 2012 by Redacción

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En agosto del año pasado os informamos de la convocatoria del Premio Internacional de Fotografía Luis Valtueña, organizado anualmente por Médicos del Mundo para rendir homenaje a Luis Valtueña, Flors Sirera, Manuel Madrazo y Mercedes Navarro, cooperantes de esta ONG que perdieron la vida mientras realizaban su labor humanitaria en Ruanda y Bosnia, en 1997 y 1995 respectivamente.

Pues bien, ahora tenemos el placer de anunciar que el próximo 24 de enero se inaugurará la exposición de la XVª edición de este premio, que tendrá lugar en La Casa Encendida de Madrid, a las 20:00 horas. Durante el acto se entregará el primer premio al fotógrafo Alessandro Grassani por su serie fotográfica “Migrantes medioambientales, la última ilusión”, así como dos accésit a los fotógrafos Luca Catalano Gonzaga y a Gabriel Pecot.

La exposición con las fotografías podrá visitarse en La Casa Encendida (Ronda de Valencia, 2 – Madrid) entre los días 24 y 29 de enero de 2012, de 10 de la mañana a 10 de la noche. Una cita ineludible para los amantes de la fotografía y todos aquellos preocupados por las desigualdades sociales y las crisis humanitarias.

Entradas relacionadas:

-Concurso de fotografía humanitaria

-GEA Photowords, periodismo comprometido

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Arranca una nueva campaña del Proyecto Djehuty

Posted on 12 enero 2012 by Redacción

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Un equipo de arqueólogos españoles dirigido por el investigador José Manuel Galán (CSIC) viajó el pasado lunes a Egipto para continuar con el Proyecto Djehuty. Durante la undécima campaña, que arranca ahora, los investigadores españoles explorarán el área de las tumbas de Djehuty y Hery, dos altos dignatarios de la corte egipcia entre los años 1500 y 1450 a. C.

El Proyecto Djehuty trabaja en la necrópolis de Dra Abu el‐Naga desde hace diez años, una zona en la que se superponen enterramientos de distintas épocas. Durante esta campaña, los arqueólogos estudiarán una gran galería subterránea, con media docena de habitaciones que contienen numerosas momias de ibis, halcones y otros animales, ubicada cerca de la tumba de Hery. Los egiptólogos esperan descubrir el estado del enterramiento y el ajuar funerario de este alto dignatario de la corte de la reina Hatshepsut. Los datos que recojan serán utilizados para reconstruir la vida social y religiosa de este periodo del antiguo Egipto.

Los 10 años de excavaciones e investigaciones en Luxor han servido para que los arqueólogos se hagan una idea más precisa de los secretos que esconde esta gran necrópolis de la antigua Tebas, dominada en el extremo norte por la colina de Dra Abu el‐Naga. Hasta ahora han logrado documentar enterramientos desde el año 2000 a.C. hasta época romana y han sacado a la luz objetos arqueológicos de gran valor.

Entre los principales hallazgos del proyecto destaca la llamada ‘Tabla del aprendiz’ (imagen superior), un singular “pizarrín de escuela” utilizado por un estudiante para aprender a manejar el pincel, a escribir y a dibujar. El dibujo supone el primer retrato frontal conocido de un faraón del antiguo Egipto.

Además, también se ha descubierto la tumba de un arquero de 4.000 años de antigüedad. El cuerpo del guerrero Iqer fue enterrado junto a tres bastones de mando, dos grandes arcos y cinco flechas. Los egiptólogos han encontrado también la cámara sepulcral de Djehuty, de 3.500 años de antigüedad, cuyo techo y pareces estaban decorados con pasajes del Libro de los Muertos.

Si estáis interesados en todo lo que concierne al Antiguo Egipto y queréis seguir los avances del equipo español, podéis hacerlo a través de su página web, que se actualiza a diario con los datos sobre sus trabajos y sus nuevos hallazgos.

Fuente: CSIC / SINC (Reproducido bajo licencia Creative Commons)

Otras entradas sobre el Antiguo Egipto:

-Nuevos hallazgos en Egipto

-Nuevos hallazgos en el túnel de la tumba de Seti I

-Momias, en Tres14

-Descubren la tumba de un escriba en Egipto

-El enigma de la momia, en el MARQ

-Hallan un templo de la diosa Bastet en Alejandría

La aventura egipcia de Gustave Flaubert

-Tutmosis III, el Napoleón del desierto

-Antiguas filmaciones del país de los faraones

-¿Localizado el ejército de Cambises?

-Joyas del Neues Museum de Berlín

-23 de agosto: ¿cumpleaños de la Gran Pirámide?

-Egipto: reflejo del Cosmos

-El busto de Nefertiti, una falsificación

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Las ‘claves’ españolas de Leonardo

Posted on 12 enero 2012 by Javier García Blanco

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Espíritu inquieto y con una personalidad sin igual, Leonardo da Vinci fue uno de los personajes más extraordinarios y singulares de su época, destacando en campos como el arte, la ingeniería o el estudio de la naturaleza. En su currículum no faltan tampoco estrechas relaciones con España, ya sea a través de su vínculo con la no menos célebre familia Borgia o mediante las peripecias que sufrieron sus manuscritos después de morir.

Más de 60.000 visitantes en poco más de tres meses. Ese es el notable saldo que dejó a su paso por Madrid la muestra Polonia, tesoros y colecciones artísticas, que acogió el Palacio Real de la capital española el pasado verano. Buena parte de dichos visitantes acudieron atraídos, sin duda, por la expectación generada gracias a La Dama del armiño, una de las bellas pinturas del célebre Leonardo da Vinci, y uno de los “platos fuertes” de la exposición.

En el haber del genio florentino se cuentan apenas veinte pinturas atribuidas con toda certeza, y ninguna de ellas se conserva en colecciones o pinacotecas españolas. Un detalle que, sin duda, ha contribuido a aumentar la expectación entre el público español y que convirtió la muestra en todo un éxito de asistencia.

La hermosa pintura, uno de los escasos retratos femeninos realizados por Leonardo, fue pintado hacia 1490, y representa a una jovencísima Cecilia Gallerani, la hermosa amante de Ludovico Sforza, a cuyo servicio trabajaba entonces el maestro italiano. Tras los estudios iconográficos pertinentes, los expertos llegaron a la conclusión de que el animal que sostiene la joven en sus brazos –un armiño–, sería una alusión simbólica al poderoso Sforza quien, además del apodo de “el Moro”, era también conocido como ermellino (armiño en italiano), después de que en 1488 fuera galardonado con la Orden del Armiño por parte de Fernando I de Nápoles, también conocido como Ferrante I de Aragón, hijo bastardo de Alfonso V de Aragón, y casado en segundas nupcias con Juana de Aragón, hermana de Fernando el Católico. No es la única relación de la pintura con nuestro país. Los expertos que han estudiado a fondo cada elemento de la obra señalan que, tanto el peinado como la vestimenta de la joven Cecilia, siguen la moda alla spagnola.

La dama del armiño, obra de Leonardo da Vinci | Crédito: Wikimedia Commons.

Esta vinculación tan indirecta de la pintura con España es apenas una simple anécdota. Sin embargo, un examen más detallado de la obra y vida de Leonardo da Vinci desvela una insospechada –para muchos– relación del maestro italiano con nuestro país. El genio florentino tuvo una estrecha y destacada relación con algunos de los más importantes personajes de su época, entre ellos varios españoles. Es el caso del temible y poderoso César Borgia, hijo del papa Alejandro VI, y con quien tuvo una breve pero intensa relación. Por otra parte, su importante legado manuscrito, magnífico testimonio de su pensamiento y de sus logros en materias como la ingeniería, la anatomía y otros campos del saber, también tuvo, debido a los avatares de la Historia, un destacado vínculo con España, que todavía perdura hoy en día.

EL ARTISTA Y EL GUERRERO
En los años del cambio de siglo –del XV al XVI–, el ambiente en las distintas provincias italianas era el de un polvorín a punto de estallar. Por aquel entonces, en 1499, el rey francés Luis XII reivindicó sus derechos sucesorios al ducado de Milán amparándose en su parentesco con Valentino Visconti, su abuelo materno. Y no estaba solo. Tanto la República de Venecia, como el papa Alejandro VI, de la mano de su hijo, el temible César Borgia, apoyaban sus aspiraciones.

Fue así como, en el verano de aquel año, Luis XII envió sus tropas en dirección a Milán, provocando la huida del entonces duque, Ludovico Sforza, a la sazón patrón de Leonardo da Vinci desde hacía varios años. Tras la invasión francesa de la ciudad, Leonardo todavía se quedó en Milán durante unos tres meses. Es muy probable que durante aquel tiempo, el maestro florentino tuviera la oportunidad de conocer por primera vez a César Borgia, tal y como señala Paul Strathern en su muy recomendable El artista, el filósofo y el guerrero.

Retrato de César Borgia | Crédito: Wikimedia Commons.

El hijo del Papa español había apoyado al monarca francés con la intención de recibir a su vez el apoyo y las tropas galas que le permitieran hacerse con el control de la Romagna y otras regiones italianas. Pero Borgia no sólo necesitaba espadas, sino también alguien capaz de reconstruir y reforzar las fortalezas que fuera conquistando a su paso, así como un notable ingeniero que mejorara su artillería pesada. El más indicado para aquel puesto era, sin duda, Leonardo da Vinci, el excéntrico sabio y artista que se había forjado una notable fama al modelar la gigantesca estatua ecuestre en honor del padre de Ludovico Sforza, y que medía casi metros de altura. Sin embargo, Leonardo logró escabullirse de la oferta de empleo de Borgia y, en diciembre de 1499, dejó Milán y puso rumbo a Florencia, a donde llegó a finales de abril del año siguiente. La ciudad, tras diversos avatares, estaba ahora dirigida por un gobierno republicano.

Durante dos años más o menos tranquilos, Leonardo siguió enfrascado en sus proyectos y trabajos personales, pero en junio de 1502 la ciudad de Florencia empezó a verse amenazada por el empuje de las campañas de César Borgia en su conquista de la Romagna. La Signoria de Florencia decidió enviar a dos embajadores con la misión de pactar con Borgia. Uno de ellos era el obispo Soderini; el otro, ni más ni menos que el hoy célebre Maquiavelo. La reunión se celebró en el palacio de Urbino, plaza que había sido conquistada por Borgia. Allí, el hijo de Alejandro VI amenazó con aplastar Florencia si la ciudad no se convertía en su aliada. Entre los acuerdos que se alcanzaron durante aquel encuentro, hay uno que nos interesa especialmente: desde aquel momento, Leonardo da Vinci se convertiría en ingeniero militar en jefe de César Borgia, puesto que debía ocupar de forma inmediata.

No sabemos si la exigencia partió del propio Borgia o si fue un ofrecimiento de la delegación florentina, conocedora del interés del español por Leonardo. En cualquier caso, lo que importa es que a principios de julio de 1502, Leonardo abandonaba Florencia para ponerse al servicio de su nuevo patrón.

ENTRE ESPAÑOLES
Aunque César Borgia había nacido en Roma en 1475, tanto él como el resto de su familia se consideraron siempre españoles. Los Borgia o Borja no sólo conservaron sus costumbres y su cultura española, sino que sus contemporáneos italianos, y especialmente sus enemigos –que eran muchos–, los consideraron siempre forasteros.

Por su parte, César se rodeó para sus campañas militares de un buen número de comandantes y capitanes españoles, hombres de armas terribles como Miguel de Corella, Hugo de Moncada o Ramiro de Lorca. Con todos ellos tendría ocasión de coincidir Leonardo da Vinci. Una relación que, aunque estrictamente laboral, nutriría al genio florentino de interesantes conocimientos militares, especialmente en lo que se refería a las fortalezas españolas, que entonces se contaban entre las más avanzadas de Europa.

Hugo de Moncada, uno de los ‘capitanes’ españoles de Borgia con los que Leonardo tuvo trato | Crédito: Wikimedia Commons.

Cuando Leonardo recibió la orden de unirse al séquito de Borgia partió de Florencia, pero en lugar de dirigirse a Urbino –donde se encontraba César en ese momento–, viajó a la ciudad de Piombino, con la intención de inspeccionar las fortificaciones de aquella plaza. Este detalle nos indica que ya desde el primer momento había recibido instrucciones sobre su futuro trabajo, antes incluso de reunirse con su nuevo jefe. Después, en su viaje a Urbino, Leonardo pasó por Siena y más tarde por Arezzo, donde se encontraba Vitellozzo, uno de los lugartenientes de Borgia, y de quien éste sospechaba que pudiera estar tramando una traición. Así pues, directa o indirectamente, Leonardo no sólo sirvió como ingeniero, sino también como improvisado espía, al reunir información para Borgia sobre lo que estaba tramando su comandante.

Leonardo llegó a Urbino a finales de julio. No hay en sus cuadernos –al menos en los que se conservan– ninguna referencia directa a ese primer encuentro entre ellos, a excepción, quizá, de tres dibujos de un hombre con barba que los especialistas han identificado con cierta seguridad como César Borgia.

Poco después de la llegada de Da Vinci a Urbino, César partió en secreto hacia el norte, con la intención de reunirse con Luis XII y afianzar su alianza, pues últimamente sentía cada vez más cerca el aliento de sus enemigos. Mientras, Leonardo continuó su viaje por los territorios conquistados por Borgia, con la intención de tomar nota e inspeccionar aquellos lugares que necesitaran mejorar sus defensas y proyectar nuevas obras de ingeniería. Primero se dirigió a Pesaro, y poco después continuó hasta Cesena, capital de la Romagna. En estas fechas, a mediados de agosto, César Borgia envió a Leonardo un salvoconducto que, por prisa o por olvido, no había entregado a su ingeniero militar en jefe. Se trata de un texto interesantísimo, pues su contenido pone de relieve el interés que Borgia mostraba por los trabajos de Leonardo y también, el respeto –e incluso el afecto– que le merecía:

“A todos los lugartenientes, castellanos, capitanes, condottieri, oficiales, soldados y personas a quienes se presente este documento: nuestro excelentísimo y queridísimo amigo, el arquitecto e ingeniero general Leonardo da Vinci, portador de este pase, tiene el encargo de inspeccionar los edificios y fortalezas de nuestros estados para que podamos mantenerlos según sus necesidades y conforme a su consejo. Además, ordenamos y exigimos lo siguiente: se le dará paso franco, se le eximirá del pago de impuestos y cargos tanto a él como a sus acompañantes, y se le recibirá de manera amistosa, y se le permitirá inspeccionar, medir y examinar todo lo que desee. Y a tal fin le proporcionaréis todos los hombres que solicite y le prestaréis la ayuda y asistencia que precise y le haréis los favores que pida. Es nuestro deseo que, en el caso de cualquier obra que deba llevarse a cabo en nuestros estados, cada ingeniero consulte con él y se atenga a su opinión. Que ningún hombre se atreva a actuar de otro modo, a menos que desee provocar nuestra ira.”

A tenor de esta carta, resulta evidente que Borgia confiaba ciegamente en los conocimientos y el criterio de Leonardo, y llama la atención la última frase, con una amenaza nada velada para quienes se atrevieses a molestar o incomodar a su ingeniero. Pese a su carácter de hombre de acción, célebre por su astucia en cuestiones políticas e intrigas, Borgia era también un hombre cultivado, con inquietudes científicas y culturales. No es de extrañar, por tanto, que en este sentido mostrara un especial interés y simpatía hacia Leonardo, más allá de su relación “profesional”.

Diseño de cañón, en uno de los cuadernos conservados del genio florentino | Crédito: Wikimedia Commons.

Una vez que tuvo aquel salvoconducto entre sus manos, Leonardo continuó viaje en dirección a la costa, hasta Porto Cesenatico, a donde llegó en los primeros días de septiembre. Allí se dedicó a preparar planos y diseños para mejorar las defensas de la ciudad y el puerto, ideando a su vez un curioso proyecto para crear un canal de unos quince kilómetros que uniría Cesena con el mar.

Poco después Borgia regresó de su reunión con Luis XII, y se estableció en Imola. Desde allí envió nuevas instrucciones a Leonardo, indicándole que deseaba construir un palacio de justicia y un nuevo edificio para la Universidad de Cesena. Por su parte, Leonardo sugirió a su patrón que mandara fabricar cañones de un nuevo calibre, utilizado por los franceses, para no verse obligado a solicitárselos al monarca.

Un vistazo a los cuadernos de Leonardo de esa época ha desvelado, por la similitud de sus diseños, que Da Vinci conocía a la perfección el libro De re militari (Sobre las artes militares), escrito por Roberto Valturio casi medio siglo antes. Sin embargo, aquella no era su única fuente. Su relación con algunos de los comandantes y capitanes españoles al servicio de César le proporcionaron, sin duda, importantes detalles sobre las nuevas técnicas de fortificación y el uso de la artillería pesada que se estaba utilizando en Castilla y Aragón. De este modo, Leonardo recomendó a Borgia que las fortalezas de la Romagna bajo su control fueran modificadas, redondeando sus esquinas y levantando murallas esquinadas, de forma que se redujera el efecto de la artillería enemiga.

Durante su estancia en Imola, Leonardo realizó también otras labores para su patrón. Siguiendo sus órdenes, elaboró planos para mejorar las fortificaciones de la plaza, que había sido capturada tres años antes por el propio Borgia al derrotar a Caterina Sforza. De esta época data también un hermoso mapa de la ciudad, cuidadosamente coloreado, y que muestra con todo detalle las calles y murallas de la población. Este plano muestra con claridad cómo Leonardo dominaba ya el nuevo tipo de cartografía que se estaba imponiendo en aquellos años del Renacimiento, dejando atrás los mapas que se estilaban hasta entonces y que hundían sus raíces en la Edad Media.

Además, junto a los mapas y sugerencias para mejorar las fortalezas, Leonardo también ideó para Borgia distintos ingenios relacionados con la artillería. Entre otros inventos, Leonardo creó “morteros capaces de disparar múltiples proyectiles explosivos, artillería móvil de precisión y catapultas de gran escala”, tal y como señala Paul Strathern. Hay también referencias a un curioso dispositivo, igualmente ideado por Leonardo para Borgia: un enorme ingenio, capaz de elevar hasta 300 hombres a lo alto de las murallas durante los asedios.

Plano de la ciudad de Imola, realizado por Leonardo da Vinci. | Crédito: Wikimedia Commons.

Algunas notas escritas por Leonardo parecen indicar –nunca hay menciones directas y explícitas en sus cuadernos de esa época–, que el florentino no estuvo siempre en la retaguardia. La mención, por ejemplo, a la toma de Fossombrone, a poco más de quince kilómetros de Urbino, parece indicar que Da Vinci la presenció en primera persona, acompañando a los comandantes españoles Hugo de Moncada y Miguel de Corella. Si, efectivamente, Leonardo asistió a la toma de la población, que se saldó con una sangrienta masacre, es muy posible que aquel “espectáculo” reafirmara aún más su cada vez mayor pensamiento pacifista. Y es esta, curiosamente, una de las mayores singularidades de Leonardo. Al tiempo que se mostraba contrario a la violencia, a la vez que defendía en sus escritos la vida de hombres y animales, el maestro diseñaba los más variados artilugios para perfeccionar el arte de la guerra. Una notable contradicción que pone de manifiesto, una vez más, lo complejo de su personalidad.

El paradero de Da Vinci a finales de 1502 y comienzos del año siguiente resulta oscuro para los historiadores. Sin embargo, es bastante probable que saliera de Imola junto a Borgia, el 10 de diciembre, en dirección a Cesena. Sí sabemos, por el contrario, que estuvo en Città della Pieve, donde César ordenó estrangular a los tres miembros de la familia Orsini que habían estado conjurando contra él. Más tarde, a finales de enero de 1503, Leonardo se separó de su patrón, para dirigirse a Roma, escoltado por algunos hombres de armas de César Borgia.

Una vez en la Ciudad Eterna, el maestro se reunión con el mismísimo papa Alejandro VI, quien le puso al tanto de una posible oferta de trabajo: la construcción de un colosal puente en el Cuerno de Oro, bajo los servicios del sultán Bejazit II. Parece que Leonardo se mostró vivamente interesado en la oferta, quizá porque suponía un desafío para su intelecto, o tal vez porque, de aceptarlo, podría al fin liberarse de su actual patrón, con quien ya no se encontraba a gusto en los dos últimos meses. Sabemos, gracias a una carta descubierta por los historiadores, que Leonardo llegó a escribir al sultán detallándole su idea para el proyecto, e incluso hay algunos bocetos del mismo, pero parece que finalmente terminó por descartar el encargo.

Finalmente, y aunque desconocemos las razones sobre el particular, en torno a marzo de 1503 Leonardo quedó liberado de su vínculo con César Borgia. Habían sido ocho meses de trabajo bajo las órdenes del español, viviendo la guerra en directo y participando en uno de los sucesos más importantes para la Historia de las provincias italianas de la época.

LA AVENTURA DE LOS MANUSCRITOS
En 1967, los medios de comunicación de medio mundo daban a conocer oficialmente un noticia que llevaba dos años rumoreándose entre el círculo de investigadores de la obra de Leonardo da Vinci. Los responsables de manuscritos antiguos de la Biblioteca Nacional de España habían localizado, entre sus nutridos fondos, dos “cuadernos” de Leonardo que habían estado desaparecidos durante décadas. El extravío se había producido debido a un error en la signatura de los manuscritos, por lo que durante todo el tiempo que se consideraron perdidos habían estado almacenados en el lugar incorrecto.

El hallazgo de aquellos cientos de páginas, hoy distribuidas en dos volúmenes conocidos como Códices Madrid I y II, constituían, en opinión de los expertos, “uno de los principales descubrimientos del siglo XX en materia de manuscritos antiguos”, y ofrecían nuevos datos sobre la personalidad del polifacético sabio y artista italiano. Un feliz descubrimiento que situaba a España en el mapa de países que cuentan con alguna obra atribuida a las manos del genial florentino. Curiosamente, la historia de estos textos y la de buena parte de los  “cuadernos” de Leonardo tuvo también estrechos lazos con nuestro país.

Página de uno de los códices conservados en la biblioteca madrileña | Crédito: Biblioteca Nacional de España.

A la muerte del maestro en 1519, todos sus manuscritos pasaron a manos de su discípulo Francesco Melzi, quien los llevó consigo hasta su hogar en Vaprio d’Adda. Cuando Melzi murió en 1570 fue uno de los hijos de éste, Orazio, quien recibió en herencia tan importante legado. Sin embargo, ignorante del tesoro que había recibido de su padre, relegó los papeles del maestro Leonardo al desván de la casa familiar. Quien sí supo apreciar el valor de aquellos documentos manuscritos fue Lelio Gavardi, preceptor de la familia Melzi. Sin que Orazio se percatara de ello, Gavardi sustrajo trece cuadernos del desván, y se los llevó a Florencia con la intención de vendérselos a Francisco de Médici. Sin embargo éste último no se interesó en aquel material, por lo que Gavardi terminó por confesar su robo a un amigo, Ambrogio Mazzenta. Éste se ofreció a devolver los documentos a su legítimo dueño pero, para su sorpresa, Orazio Melzi se los regaló, mostrando poco interés por ellos, y señalando que tenía muchos más de “aquellos papeles” en el desván de su casa.

Mazzenta, quien relata todos los pormenores de esta particular historia en sus Memorias, decidió repartir aquellos cuadernos entre sus dos hermanos. Poco después, el relato de la existencia de cientos de páginas manuscritas por Leonardo da Vinci corrió como la pólvora, llegando a los oídos de un escultor italiano, Pompeo Leoni.

Casualmente, Leoni llevaba varios años trabajando al servicio del rey de España, Felipe II, como uno de los artistas que participaban en la decoración del monasterio de El Escorial. De hecho, en aquellas fechas, hacia 1582, Leoni estaba en Milán ultimando los detalles de unas esculturas que acabarían por formar parte del retablo mayor de la iglesia de El Escorial. Según el relato de Mazzenta en sus Memorias, Leoni se apresuró en contactar con Orazio Melzi, prometiéndole “oficios, magistraturas y una sede en el Senado de Milán” si conseguía recuperar los trece volúmenes de Leonardo para enviárselos al rey Felipe, gran amante de este tipo de obras. Efectivamente, Leoni consiguió recuperar diez de los trece cuadernos que Melzi había regalado a Mazzenta, y que habían acabado en manos de éstos. Los tres restantes habían acabado ya en manos del cardenal Federico Borromeo, del pintor Ambrogio Figini y del duque Carlos Emmanuel de Saboya.

Escultura de Felipe II realizada por Pompeo Leoni | Crédito: Wikimedia Commons.

Ese fue el destino de los trece manuscritos robados originalmente por el preceptor de la familia Melzi. Pero, ¿y el resto de los cuadernos que habían estado en posesión de la familia? Todo parece indicar que Leoni consiguió hacerse con una gran parte de ellos. En este punto, las dudas surgen respecto al paradero de buena parte de los mismos. Mientras algunos estudiosos creen que la mayoría fueron enviados por Leoni al monarca Felipe II, tal y como refiere Mazzenta en sus memorias, otros, como el especialista Paolo Galluzzi, consideran que lo más probable es que Leoni se los quedara para su propia colección, habiendo utilizado el nombre del monarca español sólo para obtener las preciadas obras de Leonardo.

La cuestión, desde luego, no es baladí. Hoy en día los leonardistas consideran que Da Vinci llegó a “producir” unas 15.000 páginas manuscritas, de las que se conservan unas 7.000, aproximadamente. Cabe la posibilidad, por tanto, de que las páginas perdidas estuvieran originalmente entre las que Leoni pudo haber enviado a Felipe II, si realmente hizo tal cosa. En caso de que así fuera –no consta en ningún documento de la época que el escultor remitiera tales obras, ni tampoco en inventario bibliográfico alguno–, significaría que algunos cuadernos de Leonardo hoy desconocidos podrían permanecer “extraviados”, igual que los códices en la Biblioteca Nacional, esperando a ser encontrados.

En todo caso, de lo que no hay ninguna duda es de que, a la muerte de Pompeo Leoni, el escultor contaba con una buena selección de manuscritos vincianos. Así lo demuestran los inventarios que se realizaron a la muerte del artista, con la intención de concretar esta parte de la herencia, junto con otros muchos textos de arte, que pasó a manos de su hijo Miguel Ángel. Por desgracia, éste murió poco después, pasando sus posesiones a manos de Polidoro Calchi, yerno de Pompeo Leoni. Fue precisamente Calchi quien, poco después, comenzó a comerciar con los manuscritos –que habían sido organizados en volúmenes por Leoni–, vendiéndolos a distintos compradores. Entre los volúmenes que se sabe vendió Calchi se encuentran, por ejemplo, el célebre Codex Atlanticus o los textos de la Colección Windsor.

EL SINGULAR DON JUAN DE ESPINA
En lo que respecta a los Códices de Madrid, su pista puede seguirse sin dudas al menos desde principios del siglo XVII, fecha en la que estaban en manos de un singular personaje madrileño, amigo de Francisco de Quevedo y célebre entre los círculos más importantes de la corte: Don Juan de Espina.

Todos los textos de la época coinciden en señalar a Espina como un personaje singular, que sin duda habría hecho buenas migas con Leonardo da Vinci. Gran amante de la música, de las más diversas ciencias y del arte, su casa madrileña era un auténtico museo, pues estaba repleta con las más singulares piezas procedentes de todo el mundo conocido. Por si fuera poco, la fantasía popular le atribuía cualidades que rozaban la magia, pues se decía que no contaba con sirvientes en su casa, sino que eran unos autómatas de madera quienes se encargaban de servirle en cuanto necesitaba. Al parecer, Espina disfrutaba organizando sonadas fiestas en su morada y, de vez en cuando, consentía en que ciertos privilegiados, siempre seleccionados por él, conocieran en persona las maravillas que poseía. Uno de estos afortunados fue el pintor de origen italiano Vicente Carducho y es, gracias a él, que disponemos de uno de los testimonios sobre la presencia de los códices leonardianos en su casa. Así, en sus Diálogos de la pintura (1633), Carducho explicaba: “Allí vi dos libros dibujados y manuscritos de mano del gran Leonardo de Vinchi, de particular curiosidad y doctrina, que a quererlos feriar, no los dejaría por ninguna cosa el príncipe de Gales, cuando estuvo en esta Corte…”

Fachada de la Biblioteca Nacional de España | Crédito: Wikimedia Commons.

Efectivamente, tal y como refiere Carducho en su libro, el mismísimo príncipe de Gales –futuro Carlos I de Inglaterra– se mostró interesado en comprar los cuadernos de Leonardo durante su estancia en España en 1623, a lo que Juan de Espina se negó. Cuando algunos años después, en diciembre de 1642, Espina falleció, el testamento de tan singular personaje establecía con toda claridad que los manuscritos de Leonardo –entre otros muchos bienes– debían pasar a manos del rey de España.

Así fue como aquellos dos valiosos volúmenes pasaron a formar parte de la Biblioteca de Palacio y, ya en el siglo XIX, engrosarían los fondos de la Biblioteca Nacional de España. En una obra de esa centuria, escrita por el bibliógrafo Bartolomeo Gallardo con el título de Ensayo de una biblioteca de libros raros y curiosos, el autor español refería la existencia de los códices de Leonardo. Se trataba de los manuscritos 8936 y 8937, que acabaron “traspapelados” durante décadas, y reaparecieron en 1965 en la Biblioteca Nacional. Hoy son más conocidos entre los especialistas como Códices de Madrid I y II.

ANEXO
¿LEONARDO EN ESPAÑA?
En los últimos años, y en especial tras el arrollador éxito de El Código da Vinci, han proliferado las más singulares hipótesis en torno al sabio y artista italiano. En lo que respecta a su relación con España, sin duda una de las propuestas más sorprendentes es la que plantea el escritor José Luis Espejo, licenciado en Geografía e Historia, y autor de El viaje secreto de Leonardo da Vinci. En sus páginas, Espejo aprovecha el “silencio” sobre el paradero de Leonardo entre septiembre de 1481 y abril de 1483 para plantear una sorprendente posibilidad: el florentino habría viajado en esas fechas hasta España, y más concretamente hasta Cataluña, para visitar el monasterio de Montserrat, donde no sólo habría pintado una obra por encargo –su San Jerónimo–, sino que habría aprovechado su estancia para empaparse de secretos saberes alquímicos. Además, Espejo sugiere que el linaje de Leonardo podría tener un origen catalán, con parte de su familia procedente de la localidad de Vinciano.

Sin duda se trata de una hipótesis sugerente, muy apropiada para una novela de intriga histórica, pero por desgracia cuenta con pocas posibilidades de ajustarse a la realidad. Si bien es cierto que los datos sobre el paradero de Leonardo en las fechas que cita Espejo son escasos, la práctica totalidad de los historiadores y estudiosos de su figura no albergan duda de que pasó de Florencia a Milán precisamente en algún momento de aquel periodo –muy posiblemente en 1482–, para comenzar a trabajar bajo las órdenes de Ludovico Sforza. Por otra parte, es poco probable que Leonardo fuera contratado como pintor por parte de los responsables del monasterio de Montserrat, pues por aquellas fechas no era precisamente célebre como pintor, con escasas pinturas en su haber, y mucho menos fuera de España. Habría sido mucho más lógico que el abad del monasterio catalán hubiera optado por un artista presente en la península. Además, y volviendo a la cuestión de que apenas contaba con renombre como artista, cabe recordar que en la carta de presentación que envió a Sforza por esas fechas, él mismo se presentaba como ingeniero y experto en la fabricación de artilugios de guerra, dejando como mera anécdota sus capacidades para la pintura.

Algo similar sucede con la sugerencia de que Leonardo aprovechara su estancia en el monasterio para aprender alquimia pues, precisamente, entre los escritos de Leonardo no faltan duras críticas a adivinos y otros charlatanes, a quien el genio despreciaba, incluyendo entre ellos a quienes practicaban el arte de la alquimia, aunque a estos últimos los tratara con algo más de benevolencia, pues experimentaban con elementos de la naturaleza.

 

Diseño del ‘gran cavallo’, en una de las páginas de los Códices Madrid | Crédito: Biblioteca Nacional de España.

ANEXO
LOS CÓDICES DE MADRID, AL DETALLE
Los dos manuscritos de Leonardo que se conservan actualmente en la Biblioteca Nacional se cuentan entre las joyas más valiosas que posee la institución madrileña. No en vano, se trata de las dos únicas obras atribuidas con certeza al genio italiano que se conservan en nuestro país. Los códices, realizados en papel, tienen unas dimensiones de 222 x 155 mm, y están compuestos por 191 páginas (el Códice I) y 157 (el II). En ambos las páginas están cubiertos por dibujos y textos, en este último caso con la habitual “escritura especular” de Leonardo, que consistía básicamente en textos escritos de derecha izquierda y con las letras invertidas, de tal forma que sólo resultan legibles empleando un espejo. Al parecer, Da Vinci empleaba esta técnica por dos razones: por un lado, para evitar emborronar su propia escritura, pues era zurdo; por otro, para proteger sus hallazgos, invenciones y textos comprometidos de los ojos de los curiosos. En cuanto a la cronología, parte de las páginas datan del periodo entre 1493 a 1497, con Leonardo todavía en Milán, mientras que el resto se remontan a los primeros años del siglo XVI, coincidiendo en parte con el periodo que el maestro italiano pasó a las órdenes de César Borgia (ver artículo). En algunas de estas páginas encontramos dibujos de fortificaciones, cuyas semejanzas con el castillo español de La Mota (Medina del Campo, Valladolid) son más que evidentes. Para especialistas como el arquitecto Fernando Cobos-Guerra, restaurador de la fortaleza vallisoletana, no hay duda de las semejanzas entre los diseños realizados por Leonardo y los castillos de Medina del Campo o el de Salses. Una influencia que habría llegado al genio florentino, con toda probabilidad, a través de los militares españoles que formaban parte de los ejércitos de Borgia.

Castillo de La Mota, en Medina del Campo | © Javier García Blanco.

El Códice Madrid I es un tratado de estática y mecánica y, en opinión de los especialistas, es el que cuenta con dibujos de mayor calidad. En sus páginas podemos disfrutar de bellos diseños realizados con tinta negra, entre los que destacan dibujos de diferentes maquinarias, como relojes, armas, mecanismos singulares y otros ingenios surgidos de su mente. En lo que respecta al Códice Madrid II, en él encontramos cuestiones más variadas: desde referencias a alguna de sus obras, como la célebre Batalla de Anghiari, pasando por un inventario de parte de los libros que formaban su biblioteca, hasta mapas topográficos del valle del Arno o la llanura de Pisa. En uno de los cuadernillos de estas páginas descubrimos, además, bocetos y diseños sobre la fundición del gran cavallo, la monumental estatua ecuestre encargado por Ludovico Sforza en Milán, cuyo modelo en arcilla se perdió para siempre cuando las tropas francesas invadieron la ciudad y se entretuvieron haciéndola añicos con sus armas.

Recientemente, la Biblioteca Nacional anunció la realización de una edición digital de los Códices, después de plantear una encuesta a los internautas a través de diversas redes sociales, y en que la obra de Leonardo resultó elegida para su conversión a este formato.

Lectura recomendada:

-STRATHERN, Paul. El artista, el filósofo y el guerrero. (Ed. Ariel)

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Arqueología a vista de satélite

Posted on 12 enero 2012 by Javier García Blanco

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En los últimos años, los arqueólogos han sumado unas modernas y potentes herramientas a los clásicos picos y palas. Avanzados satélites que orbitan nuestro planeta y fotografían su superficie han propiciado el descubrimiento de notables yacimientos arqueológicos. Lo que nadie podía imaginar es que Google, el gigante informático, pondría esa fantástica herramienta al alcance de todos.

Hasta fechas relativamente recientes, los arqueólogos disponían de un reducido catálogo de herramientas para sacar a la luz aquellos yacimientos que habían quedado ocultos como consecuencia del paso del tiempo y los distintos avatares históricos. Poco a poco, sin embargo, el desarrollo tecnológico ha permitido a estos investigadores sumar un buen número de instrumentos y técnicas a los ya habituales picos y palas de épocas más románticas. Entre las ayudas más avanzadas con las que los investigadores han contado en los últimos cien años se encuentran las fotografías aéreas, captadas desde distintos tipos de aeronaves, y que les permitían detectar y estudiar nuevos yacimientos hasta entonces desconocidos.

Uno de los ejemplos más conocidos y exitosos en este sentido se produjo, sin embargo, de forma ajena a la arqueología. Fueron pilotos peruanos –tanto civiles como militares– quienes observaron por primera vez, allá por la década de los años 20 del siglo pasado, las extrañas formaciones de la región de Nazca (Perú). Gracias a aquellas observaciones, que no tardaron en llegar a oídos de los investigadores, se pudieron catalogar y comenzar a estudiar los hoy célebres geoglifos de formas geométricas y animales, entre las que destacan llamativas figuras como las del colibrí, el mono, la araña, etc. Aquellas formaciones, popularizadas décadas más tarde por la alemana María Reiche y por decenas de libros que abordaban la cuestión, tenían una peculiaridad: sólo eran visibles desde el aire o desde zonas elevadas, por lo que en aquel caso la utilización de distintos tipos de aeronaves se convirtió en una herramienta indispensable para su estudio.

El ‘mono’, una de las célebres figuras de Nazca | Crédito: Wikimedia Commons.

Con el paso de los años, un nuevo instrumento tecnológico vino a sumarse a la lista de “armas” con las que contaban los arqueólogos: los satélites artificiales. Ideados en principio con finalidad militar, cartográfica o de investigación científica, en ocasiones los arqueólogos han podido utilizar, aunque fuese de “segunda mano”, algunas fotografías de satélite capturadas por distintos organismos, pudiendo aplicar las imágenes a sus propias investigaciones. En fechas recientes, instituciones como la NASA, ha participado en investigaciones arqueológicas aportando sus equipos con la finalidad de facilitar el hallazgo de estructuras creadas por el hombre en zonas de difícil acceso, como selvas, desiertos, grandes cimas, etc.

Sin embargo, la mayor –e inesperada– revolución se ha producido en la última década. Y, más concretamente, a partir del año 2005. Fue en aquellas fechas cuando el gigante informático Google, ya afianzado y conocido en todo el mundo gracias a su potente buscador en internet, dio a conocer una nueva herramienta: Google Earth. Aquel nombre escondía un potentísimo software que permitía a cualquier persona, desde cualquier punto del globo, escudriñar prácticamente todos los rincones del planeta, gracias a la utilización de imágenes vía satélite captadas por distintas empresas especializadas. En un principio la calidad de las imágenes era bastante reducida, aunque más que suficiente como para dejarnos a todos sorprendidos y encandilados –¿quién no ha pasado alguna vez varias horas “jugando” con el programa para descubrir cómo se ven desde el aire distintas zonas del planeta?–. Dos años más tarde, sin embargo, Google mejoraba sensiblemente su creación añadiendo una buena cantidad de imágenes en alta resolución que nos permitían, aún más, dejar volar la imaginación y jugar a los espías.

Más allá de las oportunidades de ocio y educación evidentes a primera vista, algunas personas vislumbraron pronto las enormes posibilidades de aquel mágico programa informático. Y ya desde las primeras fechas, comenzaron a aparecer sorprendentes noticias en algunos medios de comunicación, anunciando llamativos hallazgos arqueológicos conseguidos no por arqueólogos profesionales haciendo labores de campo, sino por aficionados que únicamente habían empleado el software de Google desde la comodidad de su hogar. Uno de los primeros ejemplos se produjo en septiembre de 2005, apenas unos meses después de que Google Earth estuviera disponible, cuando un ciudadano italiano, Luca Mori, consiguió descubrir una antigua villa romana desde su ordenador personal. “Al principio pensé que se trataba de una aberración en las fotografías –explicó en declaraciones a la prensa–. Sin embargo, cuando la amplié, vi que estaban mostrando algo que había bajo tierra”. Las imágenes de satélite que ofrecía el programa a Mori mostraban una forma ovalada y oscura de unos 500 metros de longitud, rodeada por varias estructuras rectangulares. Consciente de que había detectado algo singular, el italiano se puso en contacto con el Museo Arqueológico Nacional de Parma y les informó de su hallazgo. Cuando los arqueólogos de dicho centro acudieron hasta el lugar señalado por Mori descubrieron que, efectivamente, aquellos eran los restos de una antigua villa romana.

Tras aquel hallazgo, que los medios difundieron como poco más que una anécdota, no tardaron en producirse descubrimientos semejantes, de menor o mayor entidad. Fue entonces cuando algunos arqueólogos se dieron cuenta de que la aplicación desarrollada por Google podía convertirse en una potente herramienta en sus manos. No en vano, muchos yacimientos arqueológicos de antiguas civilizaciones se encuentran en países subdesarrollados, que niegan el acceso a los investigadores, o en lugares asolados por conflictos armados, por lo que, en muchos casos, la realización de estudios de campo resulta complicado o muy peligroso. Gracias a Google Earth, este escollo puede ser sorteado en parte, permitiendo a los investigadores descubrir nuevos enclaves, tener una idea aproximada de ciertas zonas o preparando una futura visita sin necesidad de poner un pie en la región en cuestión.

En este sentido, resultan muy significativas las palabras de Tony Pollard, director del Centro de Arqueología de la Universidad de Glasgow (Escocia): “En los viejos tiempos, subía a mi Land Rover e iba a investigar en un posible yacimiento. Ahora, antes de hacer eso, acudo a Google Earth”, explica en declaraciones a National Geographic.

Y los resultados, por sorprendente que parezca, no se han hecho esperar. El caso más llamativo y reciente ha sido difundido hace apenas unas semanas, en septiembre de 2011, cuando el arqueólogo de la Universidad de Australia Occidental, David Kennedy, daba a conocer el hallazgo de miles de posibles yacimientos arqueológicos en la Península de Arabia, entre los que se cuentan unos llamativos geoglifos que recuerdan a los de Nazca, en Perú. El descubrimiento, acompañado de multitud de fotografías sorprendentes, ha sido sólo el último de una increíble lista que compartimos con todos vosotros, y que abarca distintos enclaves de todo el planeta.

1.- PENÍNSULA DE ARABIA.

Figuras descubiertas en Arabia Saudí gracias a imágenes de Google Earth | Crédito: Orion-me / Digital Globe.

Aunque se conocía la existencia de algunas de ellas desde 1927, cuando el piloto militar británico Percy Maitland las avistó por primera vez, ha sido ahora cuando se han podido catalogar con detalle cientos de formaciones, en su mayoría circulares, construidas a lo largo de buena parte del desierto de Arabia Saudí. El responsable del hallazgo, el citado David Kennedy, de la Universidad de Australia Occidental, ya había atraído la atención de los medios a comienzos de 2011, al anunciar el hallazgo de unos 2.000 posibles yacimientos arqueológicos en Arabia Saudí. Su única ayuda: sus conocimientos –ha pasado los últimos 30 años estudiando yacimientos arqueológicos mediante fotografías aéreas– y el programa informático Google Earth. Kennedy ha explicado que países como Arabia Saudí impiden o dificultan a los arqueólogos la realización de vuelos con fines arqueológicos, así que la herramienta de Google se convirtió en la única alternativa viable. Y resultó ser una idea fantástica, a juzgar por los resultados.

Kennedy ha identificado centenares de estructuras con variadas formas geométricas, aunque las más comunes poseen aspecto de rueda. Estas últimas poseen con un diámetro de entre 20 y 70 metros, sólo son visibles desde el aire, y están realizadas mediante acumulación de piedras. En opinión de Kennedy, lo más probable es que fueran construidas con una finalidad religiosa y espiritual, aunque su significado exacto todavía es desconocido. Por el momento, y mientras no se realicen otras investigaciones in situ, estas creaciones podrían tener una antigüedad de unos dos mil años.

2.- AFGANISTÁN.

Vista de una de las fortalezas descubiertas en territorio afgano | Crédito: Digital Globe / Google Earth.

Con conflictos armados en marcha desde finales de la década de los 70 del siglo pasado, Afganistán no es precisamente el mejor lugar para que un arqueólogo desarrolle su labor de investigación de campo. Por suerte, Google Earth se ha revelado también aquí como una herramienta imprescindible a falta de excavaciones in situ.

En este caso ha sido otro arqueólogo australiano, David Thomas –estudiante de doctorado en la Universidad La Trobe de Melbourne–, quien ha realizado un hallazgo igualmente fascinante. Gracias al uso del software de Google, Thomas ha descubierto hasta la fecha unos 450 posibles yacimientos en Registán, una región entre los límites de las provincias de Helmand y Kandahar, al sur de Afganistán. Entre las estructuras descubiertas por el joven arqueólogo y sus colegas –que han examinado un área de unos 1.275 kilómetros cuadrados– se encuentran varias poblaciones con mezquitas, fortalezas, canales de agua e instalaciones militares. El estudio del australiano se circunscribe a la investigación de los Ghurid, un pueblo semi-nómada cuyos dominios se extendieron desde el este de Irán hasta Bengala (India) a finales del siglo XII.

El mayor logro, en palabras del propio Thomas, ha sido la posibilidad de facilitar toda esta información al Instituto de Arqueología de Afganistán para que, cuando las circunstancias sean más favorables, puedan examinar en vivo lo que hasta ahora se ha descubierto mediante fotografías vía satélite.

3.- UNA ANTIGUA CIVILIZACIÓN EN EL AMAZONAS.

Una de las estructuras descubiertas en el Amazonas | Crédito: Digital Globe / Tele Atlas / MapLink.

La región del Amazonas ha sido siempre un enclave lleno de fascinación y misterio para arqueólogos y exploradores. Sin embargo, durante mucho tiempo se ha pensado que, dadas las condiciones climatológicas, geográficas y ambientales, en las exuberantes y frondosas selvas de esta zona del planeta nunca se había desarrollado una civilización de importancia. Esta idea podría cambiar para siempre gracias a los hallazgos de un equipo internacional de arqueólogos, geólogos y paleontólogos en la zona fronteriza entre Brasil y Bolivia. Fue Alceu Ranzi, geógrafo y paleontólogo de la Universidad Federal de Acre (Brasil) quien “levantó la liebre” en el año 1999. En aquellas fechas, el investigador brasileño descubrió, mientras viajaba en avión, un círculo de dimensiones colosales cuya factura era evidentemente humana. Desde entonces, la posibilidad de hallar estructuras similares en la región amazónica se convirtió en una obsesión para él.

Tras conseguir que otros especialistas, arqueólogos de Brasil y Finlandia, se unieran a su búsqueda, en los últimos años Ranzi ha conseguido prometedores resultados gracias a fotografías aéreas y, sobre todo, a Google Earth. Hasta la fecha han identificado más de 300 geoglifos de formas circulares, cuadradas y rectangulares, algunos con un tamaño superior al de dos o tres campos de fútbol. Las singulares figuras han aparecido en una extensión de más de 10.000 kilómetros cuadrados y, según los investigadores, revelan la existencia de algún tipo de civilización desarrollada hace unos mil años. Aunque todavía no han podido determinar cuál fue el uso que dieron los antiguos pobladores de la zona a dichos glifos, Ranzi y su equipo están convencidos de que hallarán muchos más, pues los que han descubierto aparecieron tras la deforestación de parte de la zona, lo que indica que podría ser sólo la punta del iceberg.

4.-RESTOS PREHISPÁNICOS EN ARGENTINA.
También en el continente sudamericano, aunque más al sur, en la región de La Rioja (Argentina), un grupo de científicos del Departamento de Arqueología del Museo de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de La Rioja descubrió en el año 2008 una decena de estructuras circulares de unos 12 metros de diámetro, erigidas sobre plataformas y construidas a base de piedras. Según los investigadores Claudio Revuelta y Sergio Martín, la herramienta que permitió el hallazgo fue de nuevo el programa informático de Google, aunque en este caso han preferido mantener oculta la ubicación del yacimiento para preservarlo de posibles saqueadores. Todas las estructuras, de época prehispánica, se encuentran concentradas en un área de unas 500 hectáreas y, en opinión de los arqueólogos, supone una magnífica oportunidad de conocer mejor las costumbres simbólicas y rituales del pueblo que las construyó.

5.-UNA SORPRENDENTE CIUDAD ROMANA.
Había permanecido oculta durante más de 1.300 años pero, gracias a imágenes vía satélite y a la herramienta Google Earth, científicos de la Universidad italiana de Padua consiguieron en el año 2008 sacar a la luz las dimensiones, estructura y disposición de la antigua ciudad romana de Altinum, en su época una importante población que terminó dando lugar a la célebre Venecia.

Ubicación de los distintos restos arqueológicos de la antigua Altinum.

En el año 2007 una importante sequía afectó a la región de Venecia, y los arqueólogos italianos –que sospechaban cuál podía ser la ubicación de la antigua ciudad romana– emplearon fotografías aéreas y vía satélite para tratar de desentrañar el enigma. Gracias a la falta de agua, las fotografías infrarrojas revelaron el perímetro de Altinum, facilitando la reconstrucción de la localidad, para lo que emplearon el software de Google. Tras examinar concienzudamente las imágenes, los arqueólogos Andrea Ninfo, Alessandro Fontana, Paolo Mozzi y Francesco Ferrarese consiguieron identificar los principales enclaves de la urbe –incluyendo viviendas, teatros y anfiteatros–, que había quedado completamente deshabitada en el siglo VII d.C., después de el saqueo de Atila y las posteriores invasiones lombardas. Los investigadores publicaron los resultados de su estudio en la publicación científica Science, y con su hallazgo han abierto las puertas a una futura excavación in situ, que revelará los secretos de una ciudad romana que ha permanecido prácticamente intacta, aunque enterrada, desde hace más de 1.000 años.

6.-TUMBAS Y PIRÁMIDES EN EGIPTO.
En otras ocasiones, los arqueólogos no utilizan la herramienta informática de Google, al alcance de cualquier particular, sino otros programas similares, aunque generalmente más sofisticados. Es el caso del equipo de investigadores dirigido por la doctora Sarah Parcak, una experta egiptóloga de la Universidad de Alabama en Birmingham (EE.UU.).

Las pirámides de la meseta de Gizeh, en una fotografía vía satélite | Crédito: Digital Globe.

Con la ayuda de varios satélites de la NASA y de la empresa privada Quickbird situados en una órbita de unos 650 kilómetros de altitud y provistos de cámaras especiales capaces de captar fotografías infrarrojas, Parcak y sus colegas obtuvieron una serie de imágenes que les permitieron localizar nada menos que unas mil tumbas y diecisiete pirámides en territorio egipcio. Un sorprendente hallazgo que dieron a conocer en mayo de este mismo año y que, gracias a los magníficos resultados, esperan repetir en futuros estudios. Como declaró la propia Parcak a la prensa, “esto es sólo el comienzo de este tipo de trabajos”, así que descubrimientos de este tipo serán una constante en el futuro.

7.-RUINAS MAYAS.
Parcak no ha sido la única investigadora en colaborar estrechamente con la NASA. El también arqueólogo William Saturno, de la Universidad de New Hampshire, en Durham, trabajó codo con codo junto a los especialistas Tom Sever y Dan Irwin, del Centro de Vuelo Espacial Marshall de la agencia estadounidense, para sacar a la luz ruinas hasta ahora desconocidos. En este caso el enclave no se hallaba en Egipto, sino en las selvas de Guatemala. Gracias a imágenes captadas por el satélite Ikonos, cuyas características le permiten “ver” a través de la densa vegetación de la selva, los investigadores han descubierto en los últimos años cientos de templos y otros edificios levantados por los antiguos mayas. Además de estos notables hallazgos puramente arqueológicos, Tom Sever está convencido de que las imágenes vía satélite permitirán a los historiadores determinar cuál fue la verdadera causa de del colapso de la fascinante civilización maya.


ANEXO

10 LUGARES QUE NO TE PUEDES PERDER

La ciudadela inca de Machu Picchu, en una imagen de Google Earth | Crédito: Digital Globe / Google Earth.

Además de sus posibilidades como herramienta para los arqueólogos, Google Earth también abre las puertas a disfrutar de las maravillas arqueológicas de nuestro planeta, facilitando la posibilidad de realizar un “turismo virtual”. Te recomendamos diez lugares, con sus coordenadas correspondientes, que no puedes dejar de visitar, aunque sea a través de la pantalla de tu ordenador:

1) Pirámides de Gizah (Egipto). Latitud: 29°58’33.03″N Longitud: 31° 7’52.58″E.

2) Stonehenge (Inglaterra). Latitud: 51°10’43.82″N Longitud:  1°49’34.31″ W.

3) Newgrange (Irlanda). Latitud: 53°42’3.79″N Longitud:  6°29’28.32″ W.

4) Teotihuacán (México). Latitud: 19°41’32.25″N Longitud: 98°50’36.86″ W.

5) Chichén Itzá (México). Latitud: 20°40’44.96″N Longitud: 88°34’15.17″ W.

6) Nazca (Perú). Longitud: 14°41’25.90″S Latitud: 75° 7’20.34″W.

7) Machu Picchu (Perú). Longitud: 13° 9’49.20″S Latitud: 72°32’45.39″W.

8) Tiahuanaco (Bolivia). Longitud: 16°33’17.29″S Latitud: 68°40’23.94″W.

9) Mausoleo del emperador Qin Shi Huangdi (China). Longitud: 34°22’52.89″N Latitud: 109°15’15.26″E.

10) Acrópolis de Atenas (Grecia). Longitud: 37°58’17.27″N Latitud: 23°43’36.54″E.

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-Diez santuarios unidos al Cosmos

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La legión perdida de Craso

Posted on 11 enero 2012 by David Melero

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Mientras desfilaban en medio de vítores por las calles de la ciudad eterna camino de Brindisi, donde embarcarían rumbo a Siria, aquellos soldados romanos no podían imaginar que estaban iniciando el camino de una tortuosa aventura de la que la mayor parte de ellos no regresaría jamás. La derrota de aquella legión comandada por el triunviro Marco Licinio Craso se convertiría en uno de los mayores fracasos de Roma, hasta el punto de que, con el tiempo, cuando un romano hacía referencia a una grave equivocación, empleaba la expresión “Craso error” –que ha perdurado hasta nuestros días–, en referencia a este pasaje de su historia.

Craso había sido nombrado procónsul de la provincia Siria y, codiciando la fama y la gloria de la que gozaban sus homólogos triunviros –Pompeyo y Julio César–, había decidido armar, de su propio bolsillo, un ejército de siete legiones –más los auxiliares– a las que se unirían posteriormente mil jinetes eduos regalados por César para su periplo por Oriente. Craso era el hombre más acaudalado de Roma en aquel momento y, de hecho, los escritores clásicos sólo han sabido destacar su avaricia ya que, como veremos, no sobresalía ni en las artes militares ni en carisma personal. A pesar de haber superado los 60 años, le gustaba verse a sí mismo como el nuevo Alejandro Magno, llegando hasta el Indo y el mar Océano.

Sin embargo, su expedición estaba abocada al fracaso. Ya antes de salir de Roma, Ateyo Capitón –un tribuno de la plebe que se oponía a aquella aventura–, se interpuso en el camino de Craso con los brazos extendidos y lo maldijo haciendo mención a dioses e improperios que harían escandalizar a un romano decente. Ateyo fue retirado de la calzada y el triunviro hizo caso omiso a tales alusiones.

Esta pequeña anécdota, sin embargo, fue sólo el comienzo de un sinfín de hechos que irían minando poco a poco la moral de la tropa: aunque un legionario romano era capaz de enfrentarse a cualquier peligro o enemigo, si algo podía hacer mella en su ánimo eran las supersticiones y la mala suerte.

Busto de Marco Licinio Craso | Crédito: Wikimedia Commons.

Fuera casualidad o fruto de las maldiciones de Ateyo, lo cierto es que ya en el puerto de Brindisi el clima se mostró poco favorable y la prudencia sugería que no era conveniente embarcar. Pero Craso se empeñó en partir cuanto antes, rumbo a su nuevo destino, y una tormenta feroz en el Adriático hizo naufragar a gran número de naves.

Una vez en Oriente, Craso necesitaba una campaña militar que le proporcionase la gloria y la fama que César y Pompeyo habían obtenido en la Galia e Hispania respectivamente. Esta fue la razón que le decidió a someter Partia, un reino tan preocupado en sus propios asuntos sucesorios que no representaba una amenaza real para Roma. O eso parecía…

Partia había estado gobernada hasta entonces por el rey Phraates III, cuyos dos hijos –Mitrídates y Orodes– intrigaron contra él y lo asesinaron. Tras el parricidio subió al trono el mayor de los dos hermanos, quien gobernaría como Mitrídates III. Una vez rey, éste declaró la guerra a Artabaces de Armenia, aliado de Roma, así que la agresión del nuevo rey parto era la excusa perfecta que Craso necesitaba para intervenir allí.

Mientras, en Partia continuaban las luchas internas por el poder y la guerra con Armenia pasó a un segundo plano. El rey y su hermano Orodes estaban ahora enfrentados, y este último, apoyado por el enérgico Surena, consiguió destronarle, obligando a Mitrídates a huir. Aquella Partia dividida por una guerra civil era un manjar demasiado apetecible como para ser ignorado por el gobernador romano de Siria.

EL DESASTRE DE CARRHAE
Craso cometió el error de, una vez haber cruzado el Éufrates y sometido a las ciudades fronterizas partas, volver a Siria para pasar el invierno. El triunviro perdió así el factor sorpresa y además permitió a los partos rearmarse, dejando tan sólo unas insuficientes guarniciones en las ciudades conquistadas.

Plutarco, en sus célebres Vidas paralelas, se hizo eco de lo que ocurrió a continuación: «Cuando ya estaba para mover las tropas de los cuarteles de invierno le llegaron embajadores del rey Arsaces [Orodes], trayéndole un mensaje muy breve, porque le dijeron que si aquel ejército era enviado por los romanos la guerra sería perpetua e irreconciliable; pero que si Craso había llevado contra ellos las armas y ocupado sus ciudades sin el permiso de la patria y arrastrado sólo por la codicia, que era lo que les había informado, Arsaces estaba dispuesto a usar de moderación, compadeciéndose de la ancianidad de Craso, y a restituirle los soldados, que más bien se hallaban en custodia que en guarnición. Díjoles Craso con altanería que en Seleucia les daría la respuesta, y el más anciano de los embajadores, llamado Vagises, echándose a reír y mostrando la palma de la mano: ‘Aquí, ¡oh Craso! –le dijo– nacerá pelo antes que tú veas a Seleucia’».

Territorios del antiguo reino parto, donde tuvo lugar la desastrosa batalla de Carrhae | Crédito: Wikimedia Commons.

Este fue sólo el primero de una serie de malos presagios que fueron minando la moral de la tropa lo que, unido a la incompetencia militar de Craso y a la eficacia del ejercito parto, terminaría por hacer de la expedición un verdadero fiasco. Cuando las tropas llegaron a la ciudad de Zeugma, en la orilla occidental de Éufrates, se desató una terrible tormenta sobre el lugar en el que iba a levantarse el campamento romano. El caballo asustado de un oficial se desbocó y derribó a su jinete, lanzándolo a las aguas revueltas del gran río, donde desapareció ante la atenta mirada de la tropa.

Temiendo que el Éufrates se desbordase, Craso movilizó a las legiones para cruzar a la otra orilla por el puente que se había construido. A partir de ese momento se desató el caos, agravado por una densa niebla. El aquilífero no podía mover el águila de vanguardia clavada en la tierra y, cuando sus compañeros se prestaron a echarle una mano, ésta se giró en dirección contraria, como si quisiera que el ejercito no cruzase el río.
 La prisa de Craso, la niebla que impedía ver más allá de una lanzada, el río embravecido, los rayos que descargaban con furia… Todo convirtió la maniobra en un desastre, perdiéndose hombres, animales y mercancías arrastradas por el agua.

Dos hechos terminaron por convencer a los soldados de que la campaña estaba maldita. En lugar de arengar a la tropa y contratar los servicios de un adivino que propiciara buenos augurios, Craso mandó destruir el puente para que nadie tuviera la tentación de huir, alegando que volverían por Armenia una vez conquistada Partia. Además, quiso el azar que aquella noche tocase cenar lentejas y sal, una comida que los romanos asociaban con el luto y los funerales.
 Desde ese momento el descalabro fue absoluto: el abandono de los aliados armenios, los engaños de los guías locales que trabajaban para Surena, el clima sofocante, la tropa desmoralizada… Todo desembocó en la batalla de Carrhae (53 a.C.), uno de los mayores desastres militares de Roma.

De las siete legiones, cuatro mil auxiliares, cuatro mil caballeros romanos y los mil jinetes eduos de César, tan sólo quinientos caballeros al mando de Cayo Casio Longino regresaron para reorganizar la defensa de la provincia Siria.
 En los meses posteriores a la batalla, pequeños grupos de supervivientes fueron llegando a territorio romano, pero el desastre era de una magnitud colosal: diez mil prisioneros, y el general Marco Licinio Craso –junto a su hijo y todos los altos mandos romanos– masacrados.

Estatua representando al general parto Surena | Crédito: Wikimedia Commons.

A pesar de ser sólo cuestor, Casio Longino era el oficial de más alto rango que sobrevivió al desastre y por lo tanto el encargado de reorganizar las tropas y las defensas del territorio. Carente de efectivos, fortificó las ciudades costeras y resistió en Antioquía el asedio parto. Y aunque pasaría a la historia como uno de los asesinos de César, hay que reconocerle la heroicidad y arrojo en la defensa y conservación del territorio sirio para Roma. Un logro que le hizo regresar a la capital como un héroe de la República.

EL COMIENZO DE UNA LEYENDA
Es aquí donde comienza la leyenda de los diez mil romanos apresados por los partos. Su destino más probable era la esclavitud, pero el rey Orodes no quiso desperdiciar la oportunidad de contar con legionarios romanos y utilizó a muchos de ellos para crear unidades destinadas a defender otras fronteras. Nos cuenta Plinio el Viejo en su Historia Natural que los prisioneros fueron llevados a la región de Margiana. Era ésta una zona rodeada de montes en un entorno de mil quinientos estadios y de difícil acceso por causa de unos desiertos arenosos que se prolongaban a lo largo de ciento veinte mil pasos.

Muchos de estos prisioneros fueron enviados a las minas para realizar trabajos forzados, pero las unidades de élite romanas se emplearían en Bactria, para proteger las fronteras de los nómadas que asolaban el territorio, antecesores de los hunos. Aquí desaparece la pista de la legión perdida. Años más tarde (20 a.C.), cuando Roma venció a los partos, exigió la devolución de los soldados que habían sido hechos prisioneros, pero a pesar de los esfuerzos del Imperio por recuperarlos, nada se supo de esos hombres.

En el año 36, con la dinastía Han gobernando China, el general Gan Yanshou emprendió una campaña militar en la actual provincia de Xingiang contra los nómadas de la zona. Las crónicas de la campaña fueron registradas por el historiador chino Ban Gu. El cronista narra cómo cerca de la actual capital de Tadjikistán –en la ciudad de Zhizhi–, el contingente chino se enfrentó a un misterioso ejército compuesto por soldados veteranos, muy disciplinados y que se resguardaban en una fortaleza de madera en forma circular. Añadía, además, que su infantería estaba perfectamente formada, con una línea de “escamas de pescado” que protegía cuerpo y extremidades. Éste ejército misterioso provocó la admiración de los chinos, que perdonaron la vida a los últimos 1.500 soldados, los cuáles, según Ban Gu, fueron destinados a la provincia de Gansu, donde fundaron la ciudad de Liquian para proteger la muralla de los invasores.

Legionarios romanos | Crédito: Wikimedia Commons.

Las pruebas genéticas realizadas en los últimos años a los habitantes de esta región de China ha puesto de manifiesto que casi dos terceras partes de su ADN es de origen caucásico –muchos tienen ojos azules o verdes, pelo rubio y una nariz típicamente caucásica–, dando cierto apoyo a la hipótesis, defendida en los últimos años por algunos estudiosos, de que podrían ser descendientes de los romanos de la “legión perdida”.

La teoría fue presentada por primera vez en la década de 1950 por Homer Dubs, profesor de Historia de China en la Universidad de Oxford.
 Sin embargo, otros estudiosos dudan de la hipótesis y creen que estos “romanos” serían en realidad descendientes de los ejércitos de los hunos que merodeaban por el centro de Asia, y que contaban con soldados de origen caucásico.

Maurizio Bettini, un clasicista y antropólogo de la Universidad de Siena, desestimó la teoría calificándola de ‘cuento de hadas’. “Para que sea indiscutible, habría que encontrar elementos como monedas o armas que fueron típicas de los legionarios romanos”, explicó en unas declaraciones al diario italiano La República. “Sin pruebas de este tipo, la historia de las legiones es sólo una leyenda”.

La actual ciudad de Tashkent estaba situada en la zona más oriental de Sogdiana, mientras que Antioquía, como ya dijimos, estaba en la zona central de Margiana, junto al rio Margo. En opinión del escritor Carlos Javier Pacheco, que un grupo de romanos escapara hasta la ciudad de Tashkent desde Antioquía sin ser capturado resulta poco factible debido a la distancia y lo complicado del terreno. Margiana estaba rodeada de desiertos y, aunque los fugados contaran con caballos, no estaban a la altura de los partos como jinetes. De haber querido huir, posiblemente lo habrían hecho en dirección oeste –hacia Roma–, en lugar de adentrarse en tierras que no conocían.

Recreación histórica, con legionarios formando en testudo | Crédito: Wikimedia Commons.

Entrando en el terreno de la hipótesis, tal vez Orodes no destinó a todos los prisioneros romanos a una misma ciudad, sino que los repartió entre varias a lo largo de las fronteras de sus dominios. No sería una idea descabellada, porque al separarlos era más complicado que se rebelaran. Evidentemente, Orodes no ignoraba lo peligrosa que podía ser la infantería romana y con diez mil soldados romanos se podían formar casi dos legiones. Dado el profundo temor que tenían los reyes Arsácidas por las rebeliones internas, es posible que actuara de esa manera para evitar que pudieran ser utilizados en su contra.

No obstante, sólo se trata de una hipótesis. Desde una ciudad situada en Bactriana o Sogdiana hasta Tashkent sigue habiendo una distancia considerable, pero no tan grande como desde Antioquía, por lo que una posible fuga de parte de los romanos si sería más creíble.

Según el investigador australiano David Harris (que trabajó como profesor de inglés en la Universidad de Lanzhou con el propósito de investigar el tema), lo que ocurrió es que los romanos consiguieron escapar y huyeron hacia los territorios del rey huno Jzh-Jzh, a quién ofrecieron sus servicios como mercenarios. En ese caso, es probable que hubieran utilizado el griego como medio de comunicación, ya que este era el idioma que los partos usaban para la diplomacia y para el comercio. Los hunos eran enemigos de los partos, pero es posible que a través de comerciantes asentados en Sogdiana (por donde pasaba la ruta de la seda) pudieran entenderse con los romanos. Jzh-Jzh era un rey muy belicoso y codiciaba la rica zona del sur de China. Sin embargo los chinos decidieron acabar con esa amenaza y lanzaron una ofensiva militar contra sus dominios. Y es aquí donde enlazarían con las crónicas chinas.

Sin embargo, y como ya hemos comentado, nos movemos en el terreno delicado de las hipótesis, donde uno puede caer en el error de enlazar hechos movido por el deseo de hacer realidad una idea romántica más que por las evidencias históricas. A la espera de nuevos hallazgos arqueológicos que nos muestren cuál fue el auténtico destino de los diez mil soldados romanos, seguiremos llenando folios en blanco con el enigmático final de éstos valerosos hombres.

BIBLIOGRAFÍA

-G. DOVAL. Breve Historia de la China Milenaria. Ed. Nowtilus. Madrid.
-R. POCH. La actualidad China, ed. Crítica. Madrid.
-BELTRÁN, F. y MARCO, F. Atlas de Historia Antigua. Ed. Pórtico, Zaragoza, 1996.
-WULFF, Fernando. Grecia en la India. Ed. Akal. Madrid, 2008.

-MUTSCHLER, M y MITTAG, A. China and Rome, Oxford, 2008.
-SCHEIDEL, W. Rome and China. Oxford, 2009.
-Plutarco. Vidas paralelas. Ed. Gredos S.A., 2010 Madrid.
-Plinio el viejo. Historia Natural. Biblioteca Clásica Gredos, 2010, Madrid.

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Un puzzle romano de dos mil años de antigüedad

Posted on 11 enero 2012 by Redacción

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Han dedicado miles de horas de trabajo a lo largo de más de diez años, pero el esfuerzo ha dado su fruto: un equipo de conservadores del Museo Británico ha anunciado el fin de los trabajos de reconstrucción de una valiosa pieza romana con casi dos mil años de antigüedad, un singular casco descubierto en una colina del condado de Leicester (Reino Unido). El objeto, bautizado como ‘Casco de Hallaton’ en honor al lugar donde fue descubierto por un arqueólogo aficionado, se convirtió desde su hallazgo en un auténtico puzzle para los arqueólogos y restauradores. Y no sólo porque éstos tuvieran que unir correctamente los más de mil fragmentos que lo componían y que aparecieron en un bloque de barro, sino porque la singular pieza es un auténtico enigma en lo que concierne a su origen exacto.

Piezas del casco entre el barro, antes de su reconstrucción | Crédito: Museo de Harborough.

El Casco de Hallaton, que debió ser una hermosa y espectacular pieza realizada en plata dorada, fue enterrado en torno al año 43 d.C., fecha de la invasión romana de Britania. Pero curiosamente, el casco fue sepultado junto con miles de monedas romanas y locales, además de con los restos de tres perros muertos, lo que ha llevado a pensar a los investigadores que pudo haber pertenecido a un miembro de una tribu local –los Corieltauvi o Coritanos, quien quizá se había unido a las legiones romanas años antes para luchar en el continente, y que regresó con las huestes imperiales que invadieron su tierra natal. De ser así, este legionario britano habría enterrado el casco junto a las otras riquezas como ofrenda a sus dioses nativos. Para otros estudiosos, por el contrario, el casco habría sido un regalo de los invasores romanos a la tribu de los Coritanos, en recompensa por su sumisión a las tropas llegadas desde el continente.

Marilyn Hockey, conservadora del Museo Británico y responsable de la restauración del casco | Crédito: Museo Británico.

En cualquier caso, los arqueólogos e historiadores no tienen duda en señalar que este curioso casco –uno de los ejemplos más antiguos que se han descubierto en el Reino Unido– es mucho más interesante y valioso que otra pieza similar –el llamado Casco de Crosby Garrett–, subastada en el año 2010, y que alcanzó un precio de venta de casi dos millones y medio de euros. El Crosby Garrett es sin duda más hermoso y está mejor conservado, pero en opinión de J. D. Hill, experto en la Edad de Hierro del Museo Británico, el ‘nuevo’ casco “es el auténtico tesoro” a causa, precisamente, de su antigüedad y de las incógnitas que lo rodean, pero que al mismo tiempo proporcionan valiosas informaciones sobre la relación entre las tribus locales y los romanos. A partir de ahora, la singular pieza estará expuesta en el Museo de Harborough, a unos 15 kilómetros de la colina en la que fue enterrado hace ahora unos dos mil años.

Crédito fotografías: British Museum & Harborough Museum

Fuentes:

-Unique Roman cavalry helmet pieced together 10 years after discovery (The Guardian)

-Finishing a 3D, 2000 years old jigsaw-puzzle (British Museum)

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Restos de un antiguo sacrificio en masa en Perú

Posted on 10 enero 2012 by Redacción

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La cultura Sicán o Lambayeque, que se desarrolló en el norte de Perú entre los siglos VIII y XIV, no deja de sorprender a los arqueólogos. El último hallazgo se ha producido muy cerca de una pirámide preinca ubicado en la huaca de Las Ventanas, donde en agosto de 2011 aparecieron los primeros –de muchos– restos humanos en una fosa de unos 225 metros cuadrados. Desde entonces y hasta la fecha los investigadores han desenterrado más de cien cuerpos que, en opinión de los estudiosos, podrían haber sido ejecutados durante un sacrificio ritual masivo.

Según el arqueólogo Haagen Klaus, investigador de la Universidad de Utah (EE.UU.) y uno de los participantes en el estudio, la mayor parte de estos cuerpos pertenecen a hombres adultos, exceptuando los de dos niños y los de dos mujeres que los acompañan. Tanto Klaus como sus colegas José Pinilla y Carlos Elera, responsables de la excavación, es muy probable que estas víctimas del sacrificio se hubieran ofrecido para morir de forma voluntaria, participando así en una celebración sagrada que permitía que “la nueva vida pudiera surgir en el mundo”.

Algunos de los cuerpos hallados en la fosa fueron decapitados, y los arqueólogos incluso han descubierto veinte cráneos en una fosa más pequeña y apartada de la principal. Los investigadores sospechan que este sacrificio podría haber sido parte de una ofrenda dedicada a la tumba de un importante señor de Sicán, por lo que no descartan descubrir el sepulcro y ajuar de un destacado personaje bajo la fosa.

Crédito fotografía: A. Bryce

Fuente:

Mysterious mass sacrifice found near ancient Peru pyramid (National Geographic)

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A los mandos de tu propio buque insignia

Posted on 10 enero 2012 by Redacción

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En no pocas ocasiones a lo largo de la Historia, ciertos navíos han alcanzado la categoría de leyendas -sobrepasando incluso la fama de los capitanes que los gobernaron-, tras protagonizar notables hazañas en las agitadas y peligrosas aguas de alguno de los siete mares. Incluso aunque su gloria fuera breve y acabara en tragedia. Ese fue el caso, por ejemplo, del Soleil-Royal (Sol Real), un buque insignia francés construido por orden del rey Luis XIV y bautizado en su honor.

Fabricado entre 1668 y 1670 siguiendo los planes del maestro carpintero Laurent Hubac, el Soleil-Royal se convirtió por derecho propio en una de las embarcaciones más hermosas de su época, gracias a la riqueza y espectacularidad de sus adornos y dimensiones, que ensombrecían a la mayoría de los demás buques de época barroca.

Aunque el imponente navío se fletó en 1669, no tuvo oportunidad de demostrar su poderío naval hasta algunos años después, en junio de 1690, cuando partió del puerto de Brest para participar en la Guerra de los Nueve Años. El Soleil-Royal había sido modificado para la ocasión, contando con 112 cañones (frente a los 104 originales) y una capacidad para nada menos que 1.200 tripulantes. Al mando del hermoso e imponente buque insignia se encontraba el Almirante Costentin (Anne Hilarion de Tourville), un experimentado hombre de mar que ocupó el cargo de comandante de la flota francesa dirigiendo la Escadre de Ponent (Escuadra de Poniente).

Tourville envió dos navíos en misión de reconocimiento, y éstos descubrieron que la flota inglesa estaba amarrada en Beachy Head. Aprovechando el factor sorpresa, Tourville, a los mandos del Soleil-Royal y los 75 navíos de la escuadra gala, lanzó un ataque que se saldó con una sonora victoria en la llamada batalla de Béveziers.

Una pintura de época, rememorando la Batalla de La Hogue | Crédito: Wikipedia.

La segunda oportunidad del Soleil-Royal para entrar en combate fue mucho menos exitosa, aunque no por ello exenta de muestras de bravura. De nuevo bajo el mando del notable almirante Tourville, y en esta ocasión armado con sus originales 104 cañones, el buque insignia dejó otra vez el puerto de Brest en mayo de 1692, decidido de nuevo a plantar cara al enemigo inglés. Cuando el mes estaba llegando a su fin, el día 29, la escuadra dirigida por Tourville, compuesta por 45 navíos, se topó de frente con la flota anglo-holandesa, con un grueso de 97 embarcaciones. A pesar de la más que evidente inferioridad numérica, los franceses no retrocedieron, y el conde de Tourville dio la orden se iniciar el ataque. La feroz lucha, hoy recordada con el nombre de batalla de La Hogue, se saldó con serios daños para ambas partes. Pese a su gesto heroico, el Soleil-Royal había quedado gravemente dañado, por lo que se vio obligado a amarrar en el cercano puerto de Cherburgo para ser reparado.

Por desgracia, nunca tuvo ocasión de volver a mar abierto. En la madrugada del 2 al 3 de junio, una pequeña escuadra de diecisiete barcos británicos cogió por sorpresa al Soleil-Royal y sus hombres. Sin embargo, y por increíble que parezca, el navío, incluso inmóvil en el puerto, consiguió repeler el ataque durante algún tiempo gracias al fuego de artillería. El sueño se desvaneció poco después, cuando un cañonazo alcanzó al buque insignia y provocó un incendio que no tardó en llegar al polvorín, haciendo saltar al hermoso Soleil-Royal por los aires. La tragedia se saldó con un único superviviente entre los más de 800 tripulantes del navío, cuyos restos quedaron sumergidos en el puerto, donde todavía se encuentran hoy.

Maqueta del Soleil-Royal ofrecida en el coleccionable de Altaya.

Sin duda la historia de este hermoso buque insignia fue tan breve como intensa, pero por suerte hoy tenemos la posibilidad de revivir, aunque sea con limitaciones, las hazañas protagonizadas por este navío gobernado por Tourville. Gracias a Planeta DeAgostini y su sello Altaya , que nos ofrece un fantástico coleccionable sobre este navío, podemos emular al maestro Hubac y construir nuestra propia réplica del Soleil-Royala escala. Los distintos fascículos van acompañados de los planos originales, con textos explicativos que ayudan a comprender a la perfección toda la ingeniería utilizada, además de numerosas descripciones sobre otros buques destacados de la época, las técnicas de construcción que se utilizaban, etc.

La colección incluye además un DVD con una guía de montaje para facilitar la construcción del buque, aunque tiene toda la pinta de ser bastante fácil de construir, incluso para cualquier marinero de agua dulce:-) La oferta de lanzamiento incluye lo siguiente:

Suscripción online: fascículos 1, 2 y 3 por 8,99€

Fascículo nº1 + primeras piezas, 1€

Las siguientes entregas aparecerán semanalmente en tu quiosco, con cada fascículo y las nuevas piezas a un precio de 7,99 €. Encontraréis más información en la web de la promoción.

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