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Novena Hispana, la Legión “perdida”

Posted on 24 marzo 2011 by Javier García Blanco

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En 1954, la novelista británica Rosemary Sutcliff publicó el libro El águila de la Novena, una novela histórica ambientada en las islas británicas durante la ocupación romana. El libro se convirtió rápidamente en un best-seller (iniciando una saga de títulos) y populizarió la historia de un joven oficial romano, Marcus Aquila, quien había viajado hasta Britania para averiguar el paradero de su padre, un veterano desaparecido con la Legio IX Hispana. El relato de Sutcliff era pura ficción, pero se apoyaba en un hecho que había intrigado a los especialistas en la historia del Imperio Romano durante décadas: la aparente y extraña desaparición de la Novena Legión Hispana a comienzos del siglo II de nuestra era.

Efectivamente, la última referencia fiable a esta legión data de los años 108-109 d.C., fecha de una inscripción en la que se menciona a la Novena como parte de los efectivos que están construyendo una fortaleza en la ciudad de Eboracum (actual York). Después, el silencio más absoluto. De hecho, una inscripción de época del emperador Marco Aurelio (161-180 d.C.), en la que se hace un listado de las distintas legiones en activo, no menciona en absoluto a la valerosa Novena. Esta falta de noticias sobre una de las legiones más importantes de Roma (fue fundada en Hispania por Pompeyo a mediados del siglo I a.C., y participó en la Guerra de las Galias y en la invasión de Britania) alimentó pronto diversas hipótesis. Para algunos autores, lo más probable es que las tropas de la Novena fueran masacradas en alguna batalla contra los peligrosos pictos del norte, quienes habían desarrollado una peligrosa lucha de guerrillas que traía de cabeza a las fuerzas romanas invasoras.

Mapa del Imperio Romano en tiempos del emperador Adriano. Crédito: Wikipedia.

Esta posibilidad parecía verse reforzada por los textos del escritor romano Frontón, quien reflejó por escrito las dificultades que sufrieron las tropas romanas ante las tribus autóctonas. De hecho, Frontón señala que en época del emperador Adriano (117-138), un gran número de soldados perdió la vida frente a las tribus britonas. Esta habría sido la razón de que el propio emperador visitara personalmente las islas en el año 122, y que llevara consigo a una legión, la VI Victrix. El hecho de que las tropas de esta última se alojaran en la fortaleza de Eboracum –la misma que había sido construida por los hombres de la Novena–, demostraría para algunos autores que la “legión perdida” había sido aniquilada en algún momento. Esta humillante derrota habría motivado, por otra parte, la construcción del célebre muro de Adriano, que retrasaba las líneas de ocupación romanas hacia el Sur.

Con estas “evidencias”, la hipótesis de la Legión Novena Hispana borrada del mapa por tribus indígenas, posiblemente por los pictos, aumentó en popularidad, y más aún con el éxito de la novela de Sutcliff. En la década de los años 70 del siglo pasado, sin embargo, nuevos hallazgos y estudios parecían desterrar aquella idea, convirtiéndola en una mera leyenda. Los arqueólogos descubrieron en Noviomagus (actual Holanda), varias inscripciones en las que se mencionaba a distintos altos mandos de la Novena que no habían estado activos antes del año 122 d.C. Aquel detalle planteó la posibilidad de que la legión no hubiera sucumbido en un enfrentamiento desatado en Britania, sino que sus fuerzas fueron transferidas, primero a centroeuropa, y más tarde a Oriente Próximo. En este último destino habría sido aniquilada, esta vez sí, en algún enfrentamiento, quizán durante la revuelta de Simón Bar Kojba en Judea (132-136 d.C.), o en Capadocia, hacia el 161 d.C. En cualquier caso, tampoco tenemos evidencias históricas que permitan apuntar en una u otra dirección.

Fotograma de la película La legión del Águila. Crédito: Matt Nettheim.

En nuestros días, la desaparición de la Novena en Britania parecía haber alcanzado el status de leyenda entre los historiadores, aunque no por ello ha dejado de cautivar al público general. De hecho, en los últimos años han sido varias las obras de ficción, tanto en la literatura como en el cine, que han continuado la visión planteada por Sutcliff, aunque variando el argumento y cosechando un éxito desigual. En 1999, otra novelista, Susanna Kearsley, publicó The shadowy horses, donde presentaba a un arqueólogo que descubre los restos de un fuerte donde pudieron haberse refugiado los hombres de la legión. Más conocida es la obra de Valerio Massimo Manfredi, La última legión, vagamente inspirada en la historia que nos interesa, y donde se entremezcla un relato sobre la legendaria tropa romana con el origen del mito del rey Arturo. En el año 2010 otra novela histórica, El final de la Novena, de Stephen Lorne Bennett, presentaba a los legionarios de la Hispana sucumbiendo ante las fuerzas partas del general Cosroes, en el año 161 d.C. Ese mismo año, el director de cine británico Neil Marshall (The Descent, Dog Soldiers) estrenaba la cinta Centurión, plasmando de nuevo la historia de la “legión perdida” siendo derrotada ante los pictos, en este caso durante una emboscada.

La última adaptación cinematográfica se estrena precisamente mañana en el Reino Unido –el 8 de abril en España–, bajo el título The Eagle (La legión del águila), un film dirigido por Kevin Macdonald que se basa directamente en la exitosa novela de Sutcliff que tanto hizo por popularizar la leyenda sobre la Novena. Ahora, coincidiendo con el estreno de esta película, un historiador británico, el arqueólogo Miles Russell, de la Universidad de Bournemouth (Reino Unido), ha publicado un artículo en la BBC en el que plantea que, después de todo, la historia de la Novena siendo vencida en tierras británicas podría ser algo más que una leyenda.

Para Russell, las inscripciones descubiertas en Holanda que mencionan a oficiales de la Novena habrían sido mal datadas, procediendo en realidad de una fecha cercana al 80 d.C. Por tanto, habrían sido realizadas en un momento en el que parte de la legión había sido transferida para luchar contra las tribus germánicas en el Rhin, y no a comienzos del siglo II. Además, el arqueólogo británico vuelve a destacar el hecho de que una legión, la VI Victrix, acompañara a Adriano en su viaje a Britania, lo que indicaría que acudían a sustituir a las tropas masacradas de la Novena Hispana.

Pese a las recientes declaraciones de Russell, parece que la opinión general entre los historiadores sigue apoyando la idea de que la “legión perdida” sobrevivio a los ataques de los antiguos británicos, sucumbiendo más tarde, quizá en Oriente Próximo. Por el momento, y mientras no aparezcan nuevas evidencias arqueológicas, parece que la cuestión seguirá siendo objeto de polémica.

Más información, vídeos y fotos sobre la película La legión del águila, en su página oficial (inglés).

* Actualización: Ya están disponibles las ediciones en DVD y Bluray de la película:

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Un espectacular viaje a Saturno (Vídeo)

Posted on 22 marzo 2011 by Redacción

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Os invitamos a echar un vistazo a este espectacular vídeo de Saturno, creado a partir de miles de fotografías en alta resolución tomadas por la sonda Cassini. Puede que parezca una animación en 3D realizada por ordenador, pero como explican en PetaPixel, no hay trampa ni cartón, sólo muchas horas de trabajo detrás. Que lo disfrutéis…

5.6k Saturn Cassini Photographic Animation from stephen v2 on Vimeo.

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Web de los creadores: Outside In

Fuente: Stunning Saturn Fly-by created using actual High Resolution photographs (PetaPixel)

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Samarcanda, la ciudad de Las mil y una noches

Posted on 21 marzo 2011 by Cristina Ortego Lozano

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Aunque Séneca opinara que “la seda sólo sirve para que nuestras mujeres muestren en público lo mismo que enseñan a los adúlteros en la alcoba”, este es un tejido que por su naturaleza, su perfección y suavidad no parece terrenal. Por esta razón, se convirtió desde la antigüedad en un símbolo de distinción y nobleza para quien podía permitirse adquirirla. Siendo los chinos los únicos que conocían el secreto de su elaboración, su transporte desde China y la India por el Medio Este hasta las puertas de Roma, bien hacían valer su precio en oro.

Siempre custodiada por historias de aventuras, maravillas y tesoros, la Ruta de la Seda significaba para muchos comerciantes grandes sumas de dinero; para otros, el gran placer de poner rumbo a lo desconocido en un viaje que podía durar años, como el que emprendieron personajes de la talla de Alejandro Magno, Marco Polo, Vasco de Gama o el español Rui González de Clavijo. Gracias a sus memorias hoy conocemos los detalles de esta ruta comercial, que no sólo transportaba seda, sino piedras preciosas, ámbar, especias, vidrio, marfil… mercancías exuberantes que deleitaban a los compradores más exigentes.

De los caravasares a Samarcanda
Debido al tránsito regular de comerciantes y caravanas, a lo largo de la ruta fueron surgiendo pequeños refugios conocidos como caravasares, donde los viajeros tenían por costumbre parar para descansar y de paso aprovisionarse del alimento y agua que pudiera faltar para los camellos y demás animales. Con el paso de los años y gracias al intenso desarrollo del comercio, estos núcleos se convirtieron en prósperas y ricas ciudades, residencia de cortes fastuosas como lo fue Samarcanda durante el siglo XIV, gracias al famoso guerrero Tamerlán.

Vista exterior del mausoleo de Tamerlán. © Cristina Ortego Lozano.

Cuentan que en sus conquistas perdonaba la vida a los artistas y se los llevaba a Samarcanda para que convirtieran la villa en una de las mayores y más esplendorosas capitales de Asia; de hecho, este influjo artístico se observa en el nombre con que bautizó muchos de los exuberantes jardines que componían la ciudad como: la “Pintura del mundo”, el “Jardín del Paraíso” o la “Pradera de la piscina profunda”. Según Ahmed Ibn Muhammad ibn Arabshah, historiador árabe, “los ciudadanos ricos y pobres iban a pasear a ellos cuando Tamerlán marchaba a la guerra, y no encontraban nada más maravilloso ni más bonito que aquello, y no había ningún lugar de descanso más agradable y seguro; y sus dulcísimas frutas eran para todos”.

Es difícil imaginar como un guerrero de la talla del Kan Timur (Tamerlán) pudo crear una ciudad con una belleza de esa que sólo describen los cuentos y al mismo tiempo hacerse tan temido, y es que eran muchos los monarcas que le rendían pleitesía desde cualquier parte del mundo; como el rey Enrique III de Castilla, quien en 1403 envió una embajada presidida por Rui González de Clavijo para presentarle sus respetos y contribuir con numerosos regalos.

Este madrileño tardó tres años y medio en finalizar el viaje, y como relató posteriormente, durante los 75 días que permanecieron en Samarcanda asistieron a numerosas fiestas en las que comprobaron la grandeza de la corte timúrida, y conocieron de primera mano algunos de los asuntos de la política asiática del momento. Además, cuenta que quedaron impresionados por la abundancia y variedad de productos que se vendían en los bazares, así como de las grandiosas obras arquitectónicas que se estaban construyendo en la ciudad.

Anciana en las calles de Samarcanda. © Cristina Ortengo Lozano.

En homenaje a esta delegación española, Tamerlán decidió construir en Samarcanda una avenida con el nombre de Rui González de Clavijo y un barrio llamado ‘Madrid’, que todavía hoy conserva el nombre, muriendo poco después de que Clavijo emprendiera su viaje de vuelta a casa.

Una ciudad de cuento
Hay muchos nombres en el mundo que inconscientemente nos guían al mundo de los sueños, y al escucharlos o leer sobre ellos impactan al instante en nuestra mente, pero si hay un sustantivo que atrae nuestra imaginación sobre el resto, ese es Samarcanda. Parece emerger de la tierra de los príncipes y princesas, de los bailes y el placer, por donde pararían todo tipo de culturas y religiones en un continuo desfile de fabulosas historias viajando en caravana.

Actualmente Samarcanda es la segunda ciudad más grande de Uzbekistán, con casi 500.000 habitantes, sólo por detrás de Taskent, la capital. Con más de 27 siglos de antigüedad, en el año 2001 la UNESCO la declaró Patrimonio Mundial de la Humanidad y no es de extrañar, pues si por algo es conocida esta ciudad de los cuentos de Las Mil y una Noches, es por la famosa plaza de Registán, donde se alzan tres imponentes madrazas: la de UlugBek al Oeste, con un enorme mosaico inspirado en temas astronómicos, la madraza Sherdar al Este, a imagen y semejanza de la anterior, pero con el emblema en el tímpano de la pantera de las nieves simbolizando el poder y la fuerza de Samarcanda, y por último situada de frente, la madraza Tilla-Kari. Ideada en principio como una mezquita que también sirviera de madraza, fue la última en erigirse en el año 1660, y su nombre significa “cubierta de oro”, debido a la riqueza de los dorados utilizados en su cúpula, muros y minarete.

La célebre plaza de Registán, con sus tres imponentes madrazas. © Cristina Ortego Lozano.

Fachada de una de las madrazas de Registán. © Cristina Ortego Lozano.

La mezquita Bibi Khanum es otro ejemplo de la grandiosidad y el poder de Tamerlán. Construida para ser la más grande de todo el imperio, en ella participaron los mejores artistas y arquitectos, e incluso se utilizaron elefantes para ayudar en el transporte de los materiales. Cinco años hicieron falta para finalizar esta gran obra, pero fue derribada por el Kan timur poco antes de ser terminada, porque no alcanzaba las grandiosas proporciones que él deseaba. Siguiendo los deseos del Kan los minaretes del portón principal llegaron a alcanzar los 50 metros. Esta soberbia altura y la rapidez en su construcción conllevó que la mezquita sufriera varios derrumbamientos a lo largo del tiempo, y que hoy sólo sea un destello de lo que fue.

Una de las bellísimas y coloridas mezquitas de la ciudad. © Cristina Ortego Lozano.

Otra de las visitas imprescindibles es la necrópolis Shah-i-Zinda, construida sobre la ladera de la colina Afrasiab, denominada así por el fundador de Samarcanda, y donde dicen está enterrado Qusam ibn Abbas, un primo del profeta Mahoma. Durante el imperio de Tamerlán construyeron aquí más de veinte mausoleos, en los que descansan las tumbas de varias personas de su familia y algunos de sus generales. Sin embargo, si por algo destaca este complejo es por los azulejos de cerámica mayólica en colores azules y turquesas que adornan los monumentos en forma de cenefas y dibujos geométricos de una belleza sin igual. Para ver la tumba del gran Tamerlán hay que desplazarse hasta el mausoleo Gur-Emir, precursor del renacer de un nuevo estilo arquitectónico en Asia Central con grandes portones, altas cúpulas azules y la cerámica mayólica.

Monumento a Ulug Bek. © Cristina Ortego Lozano.

Merece la pena acercarse hasta el recién restaurado Observatorio de Ulug Bek, nieto de Tamerlán y también gobernador, que construyó en el año 1420 debido al interés que le suscitaban los temas astronómicos. El observatorio se hizo famoso gracias al libro escrito por Ulugbek titulado Zidj y que contiene introducciones teóricas y un catálogo de 1.018 estrellas, así como por el inmenso sextante astronómico que utilizó para medir las posiciones de las estrellas con una precisión asombrosa. También se puede visitar la mezquita Khazret Khyzr, el mausoleo de San Daniel, el de Rukhabad, el museo histórico de Afrosiab…

Cúpulas de Samarcanda. © Cristina Ortego Lozano.

DATOS DE INTERÉS

  • Durante el año 2009 más de 650 mil turistas visitaron Uzbekistán, y se espera que a finales del 2010 se hayan superado los 750 mil, aunque para los próximos años quieren alcanzar los dos millones de visitantes habituales.
  • Actualmente operan en el país más de 400 hoteles.
  • La empresa española Talgo ha firmado un acuerdo para construir una línea de alta velocidad de trenes que cubra la ruta Taskent-Samarcanda en una hora y media.

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La Atlántida NO está en el Parque de Doñana

Posted on 16 marzo 2011 by Javier García Blanco

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Desde hace varios días, medios de todo el mundo han difundido alegremente que un equipo de arqueólogos estadounidenses, liderado por el profesor Richard Freund, de la Universidad de Hartford (EE.UU.), ha descubierto evidencias de la mítica Atlántida. Y, por si fuera poco, su ubicación estaría, ni más ni menos que en el Coto de Doñana. Una buena parte de los medios españoles –entre ellos ABC, El País o la agencia de noticias Europa Press– han dado como buena la afirmación, entre otras cosas porque las pesquisas de Freund parecen respaldadas por la cadena de televisión National Geographic, que casualmente estrenó el pasado domingo 13 de marzo un documental titulado Finding Atlantis (Encontrando la Atlántida).

Según las notas de prensa, el investigador estadounidense habría empleado modernas técnicas, como fotografías vía satélite y uso de georradares –además de prospecciones arqueológicas submarinas– en el célebre Parque Natural, descubriendo lo que parece ser “una ciudad sumergida” en Doñana, con una antigüedad de más de 4.000 años. Además, el documental mostraría “la que es posiblemente la pieza arqueológica más intrigante jamás asociada a la Atlántida”, un relieve en piedra hallado entre ruinas de hace 2.800 años, que representaría a un guerrero atlante defendiendo la entrada a la ciudad mítica. Sorprendente… ¿o no?

En realidad, las “hipótesis” que han vinculado las marismas de Doñana con la Atlántida llevan varios años circulando por distintos medios. De hecho, hace más de seis décadas, el célebre hispanista alemán Adolf Schulten estaba convencido de haber localizado en Doñana los restos de Tartessos –la antigua civilización del sur peninsular–, que en su opinión habría inspirado a Platón la idea de la Atlántida.

Varias décadas después, en el año 2004, la revista arqueológica Antiquity generaba un notable revuelo al publicar un trabajo del ingeniero alemán Rainer Künhe, quien afirmaba que el continente descrito por Platón podía haber quedado sumergido en el Coto de Doñana, idea que planteó a raíz de unas imágenes vía satélite captadas en 1996, y en las que supuestamente se apreciaban posibles construcciones artificiales. La situación se complicó aún más en el verano del año 2009, cuando varios medios españoles, como el diario Huelva Información, afirmaban en grandes titulares que el CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) tenía previsto excavar en el Parque Natural para localizar la Atlántida.

Fotografía satélite del Parque de Doñana en la que Rainer Kühne creyó identificar construcciones artificiales.

Por aquellas fechas, un servidor estaba preparando un artículo sobre la percepción mítica que tuvieron los antiguos fenicios, griegos y romanos respecto a la Península Ibérica, así que me pareció buena idea comenzar el texto citando las distintas hipótesis de varios arqueólogos que habían situado en el Parque de Doñana los restos de Tartessos, la civilización que tanto influyó en esa imagen mítica que tuvieron de nosotros los pueblos antiguos del Mediterráneo. Fue así como entré en contacto con Sebastián Celestino Pérez, investigador del CSIC en el Instituto Arqueológico de Mérida, y uno de los arqueólogos que, según las notas de prensa, iba a buscar la Atlántida en el sur de la Península. Como ya imaginaba, la realidad era mucho más prosaica.

Sebastián me explicó amablemente que la única intención de su equipo consistía en “comprobar si en esa zona de la marisma pudo haber asentamientos humanos y en qué época“. Aquellas prospecciones no significaban que estuvieran buscando Tartessos, ni mucho menos la Atlántida, como había dado a entender la prensa. De hecho, el investigador de CSIC aprovechó para manifestar su malestar por el tratamiento sensacionalista que se había dado a la noticia. Finalmente, Sebastián me aclaró que los únicos restos descubiertos durante su investigación se reducían a piezas cerámicas de época calcolítica, nada que pudiera datarse en época tartésica, y desde luego nada que permitiera hablar de la Atlántida algo que, en palabras del investigador español, “no deja de ser una fantasía o una quimera en el imaginario popular”.

Con tales antecedentes, cuando hace dos días comenzaron a surgir las noticias sobre el supuesto hallazgo de Richard Freund, supuse que estábamos ante otro brote sensacionalista. Por supuesto, me faltó tiempo para ponerme en contacto de nuevo con el amable Sebastián, con la intención de que me confirmara si tenía conocimiento de las supuestas excavaciones del arqueólogo estadounidense. Ayer recibí su respuesta y, aunque escueta, no podía ser más explícita y clarificadora: “Estoy fuera y espero poder contestarte con más detalle mañana. Pero te adelanto que conozco bien a Freund y se ha inventado todo. Estuvo invitado unos días en Doñana, y por supuesto, nunca excavó“. Hoy, con algo más de calma, el investigador del CSIC –recordemos que fue uno de los responsables de estudiar, de verdad, posibles restos en Doñana– me confirmaba que él y sus compañeros han estado intentando luchar para desmentir la “farsa de Freund”, y se lamentaba del eco que las afirmaciones del estadounidense habían recibido en la prensa. Por suerte, Sebastián Celestino Pérez y sus colegas están ultimando un artículo científico sobre sus investigaciones durante los últimos cinco años en Doñana donde, por supuesto, no hay ni rastro de la Atlántida.

Es una pena que medios como los anteriormente citados no se hayan tomado la molestia de contrastar la información. Sobre todo teniendo en cuenta que bastaba una rápida visita a la web del CSIC para localizar el correo electrónico de los investigadores citados en varias de las informaciones y confirmar o desmentir tales afirmaciones.

 

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Un láser para desvelar los secretos de Stonehenge

Posted on 11 marzo 2011 by Redacción

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El célebre e impresionante conjunto megalítico de Stonehenge sigue ofreciendo noticias sobre nuevas investigaciones. En esta ocasión se trata del uso de una moderna tecnología de láser que se está utilizando para encontrar pistas hasta ahora ocultas sobre cómo y por qué fue construido este enigmático monumento. El arqueólogo Dave Batchelor, miembro de Patrimonio Británico, explicó en declaraciones a la prensa los motivos del empleo de esta nueva técnica: “La superficie de las piedras de Stonehenge posee fascinantes pistas al pasado”. Por esta razón, todas las caras visibles de las distintas piedras van a ser sometidas al proceso, muchas de las cuáles se encuentran además oscurecidas por el crecimiento de líquenes.

La intención es descubrir marcas o muestras de “arte rupestre” sobre las moles pétreas, así como graffitis más recientes, como uno que muestra la palabra “Wren”, y que se cree fue dejado por el arquitecto del siglo XVII Christopher Wren, diseñador de la catedral de San Pablo en Londres y responsable de la reconstrucción de buena parte de la ciudad tras el terrible incendio de 1666. En estos momentos los arqueólogos ya están trabajando en el novedoso proyecto, que se prolongará hasta finales del mes de marzo.

Además de su relevancia por los posibles hallazgos que se puedan realizar en la superficie de las piedras, la presente campaña de investigación es importante debido a que se trata de la creación del modelo digital más fiel que se ha realizado hasta la fecha, captando todas las irregularidades y detalles del monumento con una resolución de hasta 0,5 milímetros. Os dejamos con un vídeo de Dave Batchelor (en inglés) explicando los detalles del estudio.

Fuente: Laser scan for Stonehenge secrets (BBC News)

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Nuevos documentos sobre juicios a brujas en el siglo XVII

Posted on 11 marzo 2011 by Redacción

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Su nombre era Nehemiah Wallington, fue un carpintero y puritano inglés, y hace 350 años escribió decenas de cuadernos de notas sobre hechos históricos que se vivieron en Inglaterra durante el siglo XVII, y en especial sobre la Guerra Civil Inglesa. De un total de cincuenta cuadernos manuscritos, en la actualidad se conservan sólo siete, y uno de ellos ha sido recientemente digitalizado por los historiadores y compartido gratuitamente a través de Internet. Para los investigadores lo más destacado históricamente de este cuaderno son los apuntes sobre la citada Guerra Civil, aunque la caligrafía de Wallington también recoge otros sucesos, menos trascendentes para la historia de Inglaterra, pero realmente singulares.

Entre ellos destaca el relato sobre varios juicios a supuestas brujas de la época, y en especial el de varias mujeres acusadas por ese delito en las ciudades de Essex y Suffolk. Según el puritano inglés, “varias de ellas declararon libre y voluntariamente haber realizado un pacto con el Diablo”. En total más de cien mujeres, según los escritos de Wallington, fueron juzgadas por sus supuestos tratos con el demonio. En la localidad de Chelmsford, por ejemplo, de treinta mujeres juzgadas por ese delito, catorce fueron condenadas y ejecutadas en la horca. Entre los episodios registados por este improvisado historiador, el cuaderno ahora digitalizado recuerda el caso de Rebecca West, una sospechosa de brujería que confesó –bajo tortura, eso sí– haber dormido con el Maligno.

La digitalización del documento ha sido posible gracias a la labor de un equipo de investigadores de la Universidad de Manchester, pertenecientes al Centro John Rylands para la Digitalización del Patrimonio, y se prolongó durante dos semanas. Si os interesa echarle un vistazo, podéis hacerlo a través de este enlace.

Fuente: 17th century witch chronicles put online (Reuters)

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La aventura del Endurance, a todo color

Posted on 10 marzo 2011 by Redacción

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Si os gustan las historias sobre los grandes aventureros y exploradores, seguro que conocéis la sobrecogedora experiencia de Ernest Shackleton y sus hombres a bordo del HMS Endurance. En agosto de 1914, Shackleton y su tripulación partieron de Londres con la intención de atravesar la Antártida, una odisea que se vería truncada cuando su barco, el Endurance, quedó atrapado entre los hielos cerca de Bahía Vahsel.

La increíble hazaña que protagonizaron aquellos aventureros, logrando sobrevivir contra todo pronóstico, es sin duda una historia fascinante, aunque hoy la traemos hasta aquí para compartir con vosotros las instantáneas tomadas por el fotógrafo de la expedición, Frank Hurley. Normalmente, los libros que recogen los pormenores de la expedición suelen reproducir imágenes en blanco y negro, aunque Hurley tomó algunas de ellas a color. En el blog How to be a retronaut han recopilado una veintena, y queríamos compartir con vosotros algunas de ellas.

El HMS Endurance, atrapado en el hielo, visto al amanecer.

Una vista del glaciar Nueva Fortuna, 1915.

John Vincent, uno de los tripulantes del Endurance, remendando una red.

Puesta de sol en South Georgia, Antártida.

Fuente: Shackleton’s Antarctica in colour, 1915 (How to be a retronaut)

Más información (en inglés) y fotografías sobre la aventura del Endurance, aquí. Además, la entrada de la wikipedia en castellano relata con bastante detalle los pormenores de la aventura.

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La polifacética Lilí Álvarez

Posted on 08 marzo 2011 by Alberto de Frutos

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Fue una de las mujeres más notables de su tiempo. Tenista, patinadora, automovilista y esquiadora, Lilí Álvarez (1905-1998) fue también una brillante escritora, una periodista incisiva y una feminista de pro. Sus triunfos deportivos y sus inquietudes culturales rodearon su vida de un aura de aventura, que se desarrolló prácticamente a lo largo de todo el siglo XX. Su biografía, pionera en tantas y tantas disciplinas, sigue siendo un espejo para muchas mujeres de hoy en día.

“Sus admiradores se cuentan por centenares de miles; los periódicos le dedican entrevistas y artículos, y publican diariamente su retrato; (…); la gente espera horas enteras para verla salir de un restaurant o de un teatro; (…); grupos de entusiastas la asedian en demanda de un autógrafo, y no hay fiesta elegante que se considere completa si en ella falta esta muchacha española, guapa, interesante y llena de vida”.

¿Qué personaje cosechaba tantos elogios en las páginas de ABC de enero de 1926? ¿Acaso era una estrella de cine o de la copla? ¿Quizá se trataba de una aviadora o una exploradora que había dado la vuelta al mundo? No. Era “la figura más interesante de los campeonatos de Wimbledon”, la tenista Lilí Álvarez.

La vida de esta “muchacha” merecería una novela. Tal vez una de esas investigaciones o quests a que tan aficionados son los anglosajones. En una España arcaica, que alababa tímidamente la irrupción de la mujer en el mundo del deporte –beneficioso para su “regeneración” física… y moral– una joven nacida en el hotel Majestic de Roma, en el año 1905, habría de cambiar los esquemas mentales de toda una generación. Sus triunfos sacudieron el polvo de unas mujeres supeditadas hasta entonces a su “tradicional papel de madres y esposas”, tal como apuntara una exposición itinerante sobre su vida.

Y es que Lilí Álvarez, nacida Elia María González-Álvarez y López-Chicheri, fue desde siempre una española atípica, quizá porque a nuestro país aún le costaría unos cuantos decenios asumir su condición europea. África, por supuesto, empezaba en los Pirineos; y el cosmopolitismo de esta mujer poco tenía que ver con la medianía de una época uniforme, en la que tanto atrevimiento e intrepidez resultaban poco menos que imposibles. Pero, ¿quién dijo que el adjetivo “imposible” entrara en el vocabulario de nuestra heroína?

Es cierto que Lilí Álvarez gozó de más oportunidades que la inmensa mayoría de sus coetáneas. Heredera de una familia de burgueses y aristócratas que se remontaba al siglo XVIII, su abuelo, Juan López-Chicheri, vinculado al negocio del regaliz en Toledo y dueño de varias empresas, sirvió en el gobierno de Cánovas del Castillo, mientras que su abuela, Avelina Caro y Vélez, fue hija de un marqués y nieta de un terrateniente levantino.

De los tres hijos de este matrimonio –Juan, Virginia y Nicolás– seguiremos los pasos de la segunda, que vio la luz en Valencia en 1872. Su boda de conveniencia con el marqués de Sotelo incrementó la influencia social de sus padres, pero la joven no fue feliz en su matrimonio.

Tras la prematura muerte de su primer hijo, Virginia conoció en el balneario suizo donde se recuperaba de sus trastornos al gallego Emilio González Álvarez, futuro padre de Lilí. “Fue el gran sacrificado de la historia”, escribió sobre él su hija; ya que, para atender a su familia, tuvo que abandonar su trabajo como abogado en Barcelona. A la postre, esa recompensa valdría la pena; pues no en vano fue Emilio quien inculcó a su hija el amor por el deporte. Su obra ensayística Plenitud está dedicada a él: “A la memoria de mi dulce padre, que tanto amó el deporte y me llevó a él”. Como consecuencia del trasiego familiar, ese interés por el ejercicio físico se focalizaría primero en la nieve. ¿Dónde, si no?

La infancia de Lili, que había nacido por casualidad en Roma durante un viaje de placer, transcurrió en la Suiza alpina. La popular estación de Saint-Moritz asistió a sus primeras carreras sobre la nieve y a sus figuras sobre el hielo, que alternaba con sus paseos a caballo y en bici, o con la incipiente práctica del deporte que la consagraría: el tenis.

“El esquí fue el gran revelador en mi vida”, escribió esta renacentista del siglo XX, que llegaría a ganar el Campeonato de España de esquí en 1940. “Casi podría decir que aprendí a vivir gracias a él. Me enseñó muchas cosas, muchos dones y efectos positivos. Primero, no ya la belleza del paisaje invernal, de la nieve, sino la propia libertad en esa exquisitez natural”.

Lilí Álvarez, en la portada de La Vanguardia, con motivo de su presencia en Saint-Moritz en 1930.

No diría lo mismo del patinaje sobre hielo, cuya práctica fue “resultado de una manía o cerrazón de mi padre”; si bien, para no gustarle, le rentó una medalla de oro en los exámenes de categoría de Davos, y le llevó a competir con algunas de las estrellas más rutilantes del momento. Una grave –pero tal vez “afortunada”– lesión hizo que cambiara esas pistas por las del tenis.

Y, cómo no, aún le dio tiempo a más: a los diecinueve años, conquistó el Campeonato de Cataluña de automovilismo, mientras se ejercitaba con el arte del billar. Era una mujer sin límites.

LA ESCUELA DE LA VIDA
Además de la Naturaleza, su verdadera escuela vital fue el “encuentro cosmopolita con gentes diversas en ese momento histórico de 1914 a 1918. Suiza era el centro neutral donde todo se tramaba en un ambiente de espías, millonarios, príncipes y reyes destronados”, tal como apuntó en las páginas del diario Pueblo el periodista Marino Gómez Santos, quien la entrevistó en 1961.

En el ombligo de Europa, la deportista se desenvolvía a la perfección. Su dominio del inglés, el francés, el alemán y el italiano fue otro rasgo de distinción, absolutamente inusual en aquella época, si bien, hay que recordarlo, Lilí Álvarez apenas había pisado suelo español…

Al celebrar su décimo cumpleaños, pasó, sí, una temporada en nuestro país. Y, como es lógico, su padre no perdió la oportunidad de llevarla a los saraos más populares de entonces: los toros y la zarzuela. Acerca de los primeros, Álvarez fue categórica: “Me impresionó sobremanera la suerte del caballo (…). Verlo galopar sobre la cinta sanguinolenta de sus propios intestinos, cinta que se desenvolvía y alargaba a medida del galopar alocado del animal (…). Luego otro estremecimiento agobiante fue cuando el picador había logrado hundir la pica con algún acierto. Su insistencia despiadada de continuada torsión y retorsión (…) fue lo que siempre me ha revuelto”. A propósito de la zarzuela, en cambio, se mostró favorable: “Nuestra graciosa canción española me deleitó”, dijo.

Tras sus años suizos, la familia se instaló en Alemania, y pasó los veranos en la Riviera francesa. Ni sus lecturas ni sus interlocutores –Lord Balford, por ejemplo, a la sazón secretario de Relaciones Exteriores del Gobierno británico; o, más tarde, el rey Gustavo de Suecia– eran las propias de una muchacha de su edad, que leía a Nietzsche y a Taine.

La tenista española, acompañada por el rey Gustavo de Suecia. Crédito: ABC.

Y, después de Berlín, París. La ciudad de la luz se rendiría a sus pies. Ya para entonces, Lilí había dado ese salto, tan imperceptible a veces, de aprendiz a maestra. Desde que empuñara por primera vez una raqueta a la edad de siete u ocho años, hasta que, en 1924, se convirtiera en la primera española en participar en unos Juegos Olímpicos, transcurrió una juventud que podríamos resumir con el teresiano título de “camino de perfección”.

Sus posteriores éxitos hicieron, tal vez, que Lilí quitara importancia a su primer gran logro: esa presencia olímpica en el París de 1924, en una delegación a la que solo fue invitada otra española, la también tenista Rosa Torras. En aquellos Juegos, Álvarez no pasó de cuartos de final, pero lo importante fue que abrió la senda a todas las mujeres que habrían de llegar después.

¿Cómo fue ese camino hasta la cima? “Mi padre lo practicaba bastante y yo, pues, detrás de él. Y para ser una niña, conseguía buenos resultados. No recuerdo exactamente cuándo empecé a jugar, ni tampoco en qué lugar (…). Los raquetazos me divertían”, dijo en cierta ocasión.

Fue esa mera afición la que le impulsó a subir peldaño tras peldaño, sin recibir apenas clases. De hecho, éstas se redujeron a un curso en Ginebra, en el invierno de 1916/1917, de la mano del profesor Jack Cawdrey. Su primer título, en el Campeonato de Suiza de canchas cubiertas, inauguró una extensa relación de honores, que culminaría con la conquista del Roland Garros en la modalidad de dobles, junto a la holandesa Kea Boumann, en 1929. Dos años antes había llegado a la final en la misma modalidad, perdiendo contra la pareja Broquedis/Borotra. No fueron esos sus únicos logros. Lilí Álvarez llegó tres veces a la final de Wimbledon (1926 –cayó frente a Kitty McKane Godfree–, 1927 y 1928 –en ambas ocasiones fue derrotada por Helen Wills), y otras dos a semifinales (1935 y 1936); se paseó en el Campeonato de Argentina individual y mixto en 1930; y ganó a la signorina Valerio en la final del Campeonato de Italia, celebrado en Milán en 1931.

Lilí Álvarez, disputando su primera final en Wimbledon, en 1926.

En su torneo predilecto, era The Senorita, y su sencillez derretía los corazones del público inglés. Con humildad, evocaba así su paso por Wimbledon en 1926: “Con cierta facilidad llegué a la media final y allí me encontré otra vez con Mrs. Mallory. Aquel fue el partido de mi vida. Tuve un día verdaderamente inspirado. Gané por 6-2, 6-2, en poco más de veinte minutos. Los periódicos dijeron luego que había demostrado tal superioridad, que no había tenido siquiera necesidad de quitarme el jersey. Pero la verdad era algo distinta: es que no podía quitármelo. Había salido a pelotear antes del partido, y como faltaba un botón, me habían cosido la chaqueta”.

Lilí Álvarez no solía descuidar los detalles de su atuendo. Ahora que las grandes figuras del deporte se han convertido en plataformas publicitarias controladas por las firmas de moda, nos sorprenden menos esos esmeros; pero, en su día, la moda aún no había introducido sus tentáculos en el mundo del deporte. Por eso, cuando en 1931 Álvarez disputó el torneo de Wimbledon con una falda de dos piezas diseñada por la italiana Elsa Schiaparelli, reina de las pasarelas y rival de Coco Chanel, la conmoción fue máxima. Aquella prenda se convertiría muy pronto en el antecedente de los shorts. Tal como escribió Álvarez, “la mujer deportista moderna ha revolucionado la moda, las prendas que viste cuando juega son muy modernas y femeninas y está tan preocupada por lo que lleva como por la calidad de su juego”.

PERIODISTA Y ESCRITORA
El mismo año en que Lilí revolucionaba la manera de presentarse sobre una pista –1931–, en España una “revolución” ciudadana proclamaba la Segunda República. Entre los múltiples intereses de la tenista, la política ocupaba un lugar primordial. El hecho de que residiera fuera de nuestro país la dotaba, además, de una mirada mucho más objetiva y desapasionada, una virtud que los medios de comunicación foráneos supieron aprovechar en su beneficio. Colaboradora del británico Daily Mail, que le pagaba sus artículos a 50 libras de entonces, fue comisionada por este periódico para cubrir las novedades de esa España convulsa, que unos años más tarde se desangraría en la Guerra Civil. Su buena relación con Alfonso XIII, que se remontaba a su debut en el torneo de Wimbledon, le ocasionó algún que otro problema, pues, tras la caída del régimen, no faltó quien vio en ella a una agente secreta de la monarquía que espiaba los movimientos de la incipiente República.

No obstante, aprovechó su estancia aquí para entrevistar a personalidades como Victoria Kent o Clara Campoamor, figuras señeras del feminismo que con tanto ímpetu medraría en España durante aquel decenio. Unos años antes, durante su estancia en Argentina, se había despertado en ella la pasión por la escritura, tal como apunta la Fundación Joven: “El diario argentino La Nación le solicitó una serie de artículos en exclusiva que posteriormente se publicaron bajo el título El gran enemigo de la estrella del tenis: el admirador y El tenis y la mujer”.

En cualquier caso, sus viajes por nuestro país le sirvieron, además, para conocer a quien en 1934 se convertiría en su marido: el conde de la Valdene, corresponsal de Le Figaro en Madrid, de quien se separaría en 1939, tras perder al hijo que esperaban. Fue el conde quien, celoso de su éxito, le instó a abandonar las pistas de tenis, una prohibición que Lilí aceptó: “A él, as de los bombardeos de la guerra del catorce, no le gustaba ser el marido de la campeona –¡esa terrible vanidad masculina!– y dejé de jugar durante cinco años”. Cuando volvió a competir, España era ya un país diferente. Entre medias, había estallado una guerra cruel, fratricida, que la tenista cubrió para el Daily Mail.

Lilí Álvarez, retratada en ABC con motivo de su llegada a España en 1931 para realizar una entrevista a un destacado político. © ABC.

AÑOS DIFÍCILES
También Lilí era una mujer diferente. Tras instalarse en Madrid en 1939, no tardó en rebelarse contra el orden imperante, empezando por lo que tenía más a mano. Durante la celebración de unas pruebas de esquí en Candanchú, descubrió, entre asombrada y furiosa, que la organización solo se preocupaba por la comodidad de los hombres, una actitud machista que la sublevó y contra la cual se rebeló públicamente. Su arranque le supuso un castigo ejemplar del comité, que la inhabilitó hasta 1943. “Es la pobre mujer la única víctima –dijo–, la única perseguida y atribulada en esa campaña general emprendida a favor de la moralidad y las buenas costumbres”. En otra de sus citas célebres, sostuvo, ni más ni menos, que “las mujeres somos idiotas porque nos han hecho idiotas”.

Muy pronto, Lilí descubriría la verdadera cara del régimen franquista, para el que había colaborado mediante su asesoramiento deportivo en la Sección Femenina de Falange (ella fue una de las primeras formadoras de profesoras de Educación Física). Desde entonces, sus intereses se centraron en la lucha por los derechos de la mujer, un tema al que había dedicado ya muchas páginas en el Daily Mail tras proclamarse la República.

A comienzos de los años sesenta, Álvarez sería una de las fundadoras del SESM (Seminario de Estudios Sociológicos de la Mujer), donde colaboró hasta la desaparición del centro en 1986. Y a tanto llegaría su ascendiente en tales controversias, que, en 1968, el Ministerio de Asuntos Exteriores la invitó a Teherán para hablar sobre “la eliminación de la discriminación contra la mujer”.

Sus artículos y conferencias vieron la luz en prestigiosas publicaciones, como el Correo Literario o Cuadernos para el Diálogo. De ideas cristianas (el recientemente fallecido Enrique Miret Magdalena aludió en una entrevista con la Dra. C. Riaño a sus “profundas inquietudes religiosas”), no deja de ser significativo que el primer artículo que llevó su firma en Cuadernos para el Diálogo fuera “El control de la natalidad”. Publicado en 1964, en él sostenía lo siguiente: “Esta cuestión del control de natalidad es una cuestión eminentemente femenina (…). Únicamente cuando la mujer tenga voz y voto en estos asuntos intimísimos, habrá alcanzado su plenitud real de ‘persona humana’”.

Un año después, en 1965, esta “aventurera mística”, tal como la definió Manuel Adrio en las páginas de ABC, participaría en la fundación del partido Izquierda Demócrata Cristiana, mientras publicaba reflexiones tan sutiles como las que encontramos en su prólogo a La mística de la feminidad, de la gran Betty Friedan (1921-2006). Para entonces, la otrora tenista era una reconocida intelectual que se codeaba con los grandes nombres del pensamiento filosófico, como Julián Marías, Xavier Zubiri, Laín Entralgo o José Luis Aranguren.

OBRAS Y RECONOCIMIENTOS
En su agitada vida, tuvo tiempo, además, de publicar varias obras: The modern law tennis –que vio la luz en Londres en 1927–; Plenitud (1946), en la que apela a una simbiosis entre religión y deporte; En tierra extraña (1954), también de temática religiosa y quizá su mayor éxito (conoció siete ediciones y fue traducida al alemán); Feminismo y espiritualidad (1964), que dedicó a su madre –“a mi madre, mujer extraordinaria, a mi inolvidable ‘vieja revieja’ bendita, que me ha dejado”–; Mar adentro (1977), sobre la crisis de la Iglesia y el fenómeno religioso; o Testamento espiritual (1985), publicada por la editorial Biblia y Fe.

Junto a esos trabajos, Álvarez no dejó de aportar ideas sobre su otra gran pasión, el deporte, al que dedicó numerosos artículos y obras más complejas como El libro del amateurismo deportivo (1968). Sus inquietudes seguían siendo tan arrolladoras como su personalidad. Si revisamos su bibliografía completa, nos encontramos con títulos como Diagnosis sobre el amor y el sexo (1977) o Mujer y aceleración histórica (1972), donde abunda en la perspectiva feminista.

Los reconocimientos no tardarían en llegar. En 1958, obtuvo el Lazo de Dama de Isabel la Católica; ese mismo año, la Federación de Tenis le concedió su primer título de “Jugadores de Honor de la Real Federación Española de Tenis”; y, en 1959, recibió la Medalla al Mérito Deportivo. En las páginas de La Vanguardia (4 de diciembre de 1960), leemos, por ejemplo: “Bajo el patrocinio de relevantes personalidades tenísticas barcelonesas (…), va a ser dedicado un acto de homenaje a la que fue primera figura del tenis español e internacional, Lilí Álvarez, condesa de la Valdene, en los salones del Real Club de Tenis del Turó”.

En sus últimos años, Lilí siguió siendo una inspiración para muchas mujeres y, sobre todo, para muchas deportistas. Conchita Martínez –campeona de Wimbledon en 1994– y Arantxa Sánchez Vicario fueron sus sucesoras naturales. Esta última la recordó así tras su fallecimiento, el 8 de julio de 1998: “Conversábamos ocasionalmente por teléfono. Ella me llamaba de vez en cuando para felicitarme por alguna victoria y siempre la recuerdo hablándome de Wimbledon (…). Yo la escuchaba con el respeto que merecía una persona como ella. Lilí fue un símbolo para el tenis en España y no solo el femenino”.

Antes de su muerte, Álvarez, que descansa en el cementerio de La Almudena, se puso en contacto con la Fundación Deporte Joven, que, tras su fusión con la Fundación Lilí Álvarez –creada por ella en 1987–, custodia gran parte de los objetos personales de la deportista.

Quien, en 1980, había denunciado que “hasta que no acabemos con el enfoque del fútbol actual, que está siendo el deporte de la laringe y el nervio óptico, no se abrirán nuevas perspectivas”, nos dejó en plena efervescencia de los campeonatos mundiales del balompié. Y no es que su muerte pasara desapercibida –no hubo periódico que, en mayor o menor medida, no se hiciera eco de ella–; pero la jerarquía de la letra impresa la relegó a las últimas páginas de la sección de Deportes: el día de su muerte, Francia, con dos goles de Thuram, había ganado por 2-1 a Croacia. París era una fiesta.

 

ANEXO 1
UNA MUJER DE ARMAS TOMAR
Lilí Álvarez no se mordía la lengua. Cuando tenía que hablar, lo hacía alto y claro, con opiniones contundentes, lo que le ocasionó no pocos problemas. Tras instalarse en España en 1939, tuvo su primer encontronazo con las autoridades durante la celebración del Campeonato de España de esquí de 1941. Así lo rememoraba en la revista Blanco y Negro veinticuatro años después: “Resulta que nos hicieron subir andando al Tobazo –no había telesillas– y allí llevábamos desde las diez de la mañana, y eran las tres de la tarde. Mientras los hombres cubrían la segunda manga, nosotras estábamos muertas de frío y no nos dejaban descender. Me irrité tanto que me lancé cuesta abajo, a tumba abierta, y, cuando pasé ante las autoridades que presidían la prueba, les grité: ‘¡Esto no sucede más que en España’. Cosas más gordas les podría haber dicho, pero como iba tan deprisa…”. Sancionada a perpetuidad, le levantaron la condena en 1943, pero Lilí se negó a participar desde entonces en ninguna otra competición oficial.

Pero su anecdotario no acaba ahí… En otra ocasión, cuando Europa se rendía a su talento natural, el mariscal de campo francés Ferdinand Foch (1851-1929) le dijo:

–No me atrevería a proponerle un partido de tenis a esta señorita.

Y Lilí, ni corta ni perezosa, le replicó:

–No se preocupe, mariscal. Yo tampoco le declararía a usted la guerra.

ANEXO 2
LILÍ EN SU PROPIA VOZ
De Plenitud (1946): “Siento cómo la juventud nuestra se ha lanzado a lo fofo, blando, corruptor de la Libertad (moderna); al bailoteo desenfrenado, los bares, etc., y no hacia lo sano, limpio, tenso de ella: el deporte. El segundo de esos defectos principales, el que falsea fundamentalmente toda apreciación sobre el deporte, se encuentra no en el mirón, sino en el que practica, en el mismo deportista activo; consiste en su falta de autenticidad, en la impureza con que hace casi siempre los juegos y ejercicios. (…). La libertad que requiere toda vida de ejercicio físico, la serie de novedades que acarrea e implanta entre nosotros son las que llaman y atraen, no el juego o el ejercicio en sí. Lo hacen la mayoría de las chicas para ver a los chicos, la mayoría de los chicos para ver a las chicas (…)”.

De En tierra extraña (1954): “Se habla mucho de la sexualidad, mucho menos del orgullo; pero sobre lo que reina un silencio casi absoluto es sobre la avaricia. Sobre la codicia del dinero y de las posesiones. Cuando es por donde el demonio nos tiene más amarrados. Yo diría que es nuestro pecado social por excelencia. (…). Conozco verdaderos parricidios del alma hechos con la frialdad y el self respect de un estrangulador británico. Y sin llegar a tales extremos, ¿cuántas personas hay ricas y piísimas, plagadas de directores espirituales, de escapularios y medallas, avanzadas en edad y aun sin descendencia directa, que se acongojan si llegan a pasar el tope que se han fijado en el disfrute de sus rentas? ¿Qué prudencia es ésta? Ciertamente no es la del Espíritu Santo”.

De Feminismo y espiritualidad (1964): “Como la palabra feminismo es tan equívoca, y, por no sé qué malhadado influjo, le tenemos de antemano tantas prevenciones –yo la primera–, estimo sería una muy saludable y lubrificante empresa indagar cuál es el sentido real en la actualidad, a fin de conseguir una cierta purificación de nuestras mentes a su respecto. (…). Si el antifeminismo resuma un secreto –o un visible– desprecio hacia la mujer, el feminismo, lógicamente, representará la actitud inversa de valoración y confianza en ella, en las cualidades de que es portadora. Y conste que no solo los hombres son antifeministas, sino que son las propias mujeres las que en su mayoría desprecian a su propio sexo o, por lo menos, no saben valorarlo (…)”.

BIBLIOGRAFÍA:

-ÁLVAREZ, L., En tierra extraña. Taurus, Madrid, 1964 (8ª ed.).

-ÁLVAREZ, L., Feminismo y espiritualidad. Taurus, Madrid, 1964.

-ÁLVAREZ, L., Plenitud. Consejo Superior de Deportes, Madrid, 2004.

-RIAÑO GONZÁLEZ, C.: Historia cultural del deporte y la mujer en la España de la primera mitad del siglo XX a través de la vida y obra de Elia María González Álvarez y López Chicheri, Lilí Álvarez. Consejo Superior de Deportes, Madrid, 2004.

-Fundación Deporte Joven (http://www.deportejoven.es).

-Hemerotecas de ABC / El Mundo / El País / La Vanguardia.

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Templos hititas orientados al Sol

Posted on 04 marzo 2011 by Redacción

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El astrofísico Juan Antonio Belmonte –de quien ya hemos hablado aquí en más ocasiones– y su compañero en el Instituto Astrofísico de Canarias César González han avanzado recientemente parte de los resultados de su última investigación en el campo de la arqueoastronomía. Según los investigadores españoles, los hititas, al igual que otros pueblos de la Antigüedad, orientaron sus templos en función de los movimientos solares, tal y como explican en un estudio que será publicado por la revista Journal for the History of Astronomy el próximo mes de noviembre.

Los hititas, que extendieron sus dominios por buena parte de la península de Anatolia y el norte de Oriente Próximo entre los siglos XVIII y XII a.C., construyeron sus edificios sagrados teniendo en cuenta la salida y la puesta del astro rey. Al menos, esa es la conclusión a la que han llegado los dos investigadores del Instituto Astrofísico de Canarias después de estudiar a fondo la disposición de unos 70 monumentos construidos por esta cultura. Según Belmonte y González, es muy posible que los hititas orientaran sus templos al Sol en honor a la diosa Arinna, una divinidad de carácter solar que creían les servía de protección en las batallas.

El estudio realizado por estos dos científicos españoles parece demostrar también que los hititas siguieron los movimientos y fases de la Luna para organizar su calendario. En el caso de la orientación de los templos, buena parte de los edificios estudiados tienen una alineación Este-Oeste, en relación con la salida y la puesta de Sol con los equinoccios, fechas que, al igual que en otras culturas, coincidían con importantes festividades.

Fuente: Agencia EFE

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Viaje a la cuna de Portugal

Posted on 04 marzo 2011 by Javier García Blanco

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Como quizá hayáis visto, desde hace unos días la barra superior de Planeta Sapiens cuenta con una nueva categoría, llamada ‘Viajes’. A partir de ahora iremos añadiendo regularmente reportajes y noticias sobre viajes, aunque siempre relacionadas de alguna forma con la historia. Para comenzar con esta nueva sección de ‘Viajes con historia’ hemos decidido escaparnos a nuestro vecino peninsular, Portugal, y más concretamente a su Región Norte –con una pequeña visita a Viseu, en la Región Centro–, para conocer de primera mano la riquísima historia de esta zona lusa, tan relacionada con el nacimiento del Reino de Portugal y con otros reinos peninsulares de la Edad Media.

Nuestra primera etapa y centro de operaciones fue la ciudad de Oporto, la antigua Cale ya conocida por los griegos y más tarde ocupada por los suevos. Desde allí, y nada más llegar al aeropuerto, decidimos desplazarnos a nuestro primer destino, dejando Oporto para más adelante–: el Parque Natural de Peneda-Gerês, en la Serra do Gerês, muy cerquita de la frontera con Galicia. En realidad nos interesaba especialmente la localidad de Amares, en el Distrito de Braga, pero los responsables de Diver –el mayor parque de deportes de aventura de la Península Ibérica, y uno de los mayores de Europa– tuvieron la amabilidad de invitarnos a probar sus instalaciones, así que no pudimos resistirnos, y aceptamos encantados. :-)

Como no teníamos mucho tiempo, la visita a este parque de aventura se limitó a una de sus actividades: el recorrido de puentes colgantes y escalada. Se trata de un “paseo” en el que hay que sortear hasta 38 puentes. Nosotros los recorrimos en el tiempo “récord” de una hora y media aproximadamente, y gracias a las explicaciones de nuestro atento guía, acabamos la aventura sin perder a ningún miembro del equipo en el intento. Una actividad genial para liberar adrenalina, y con el aliciente de los hermosos paisajes de la Serra do Gerês al atardecer. Si tenéis oportunidad de hacer una visita, además de la “aventura” que nosotros probamos, Diver ofrece la oportunidad de practicar rafting, barranquismo, tiro al blanco, paintball, conducción de quads y 4×4, vuelos en globo o en helicóptero, e incluso salto en paracaídas, además de muchos otros deportes extremos.

Aventura en la Serra do Gerês. © Javier García Blanco.

Aventura en la Serra do Gerês. © Javier García Blanco.

Atardecer en la Serra do Gerês. © Javier García Blanco / Istockphoto.

AMARES, TIERRA DE TEMPLARIOS
Nosotros tuvimos más que suficiente con la dura prueba de los puentes, así que tras recuperar el aliento nos dirijimos a la localidad de Amares, un enclave repleto de historia. No en vano esta villa, que en la actualidad cuenta con unos 19.000 habitantes, vio nacer en 1118 al célebre Gualdim Pais –en otra ocasión hablaremos de él–, quien fuera Gran Maestre de la Orden del Temple en Portugal, y fundador de la destacada ciudad de Tomar. Para disfrutar todo lo posible del rico legado patrimonial de esta localidad, escogimos el monasterio de Santa Maria do Bouro como lugar para pasar la noche.

Vista exterior de la Pousada de Santa Maria do Bouro. © Javier García Blanco.

Este antiguo convento cisterciense, construido a partir del siglo XII sobre los restos de un antiguo eremitorio aún más antiguo, es en la actualidad un confortable establecimiento hotelero, la Pousada Santa Maria do Bouro. Además de una cocina y una bodega magníficas, este singular hotel cuenta con un “extra” que hará las delicias de los amantes de la historia y el arte: un bellísimo claustro románico con naranjos en su interior, un rincón ideal para encontrar un momento de relax entre sus bellos arcos de piedra.

Claustro del convento de Santa Maria do Bouro, Amares. © Javier García Blanco.

Además de este bello edificio, Amares cuenta con una larga lista de patrimonio histórico que merece la pena visitar. Un buen ejemplo es otro monasterio, cuyo origen también data del siglo XII. Nos referimos al monasterio de Santo André de Rendufe, en la parroquia del mismo nombre, cuya iglesia conserva elementos en estilo barroco y un notable retablo rococó, y que fue declarada Inmueble de Interés Público en 1943. Si antes mencionábamos al maestre templario Gualdim Pais, hay que señalar que el fundador de este monasterio de Rendufe fue otro templario portugués, Egas Viegas de Penagate.

Otra de las parroquias de Amares, Ferreiros, cuenta con las ruinas de una llamativa Domus Fortis o casa señorial fortificada, la llamada Torre de Vasconcelos, construida a mediados del siglo XIII. También de época medieval es el Ponte do Porto, una construcción en piedra de ciento cincuenta metros de longitud, con once arcadas, que cruza las aguas del río Cávado.

GUIMARÃES, LA CUNA DE PORTUGAL
Si Amares cuenta con numerosos alicientes para el turista interesado en la historia, la ciudad de Guimarães es sin duda alguna uno de los mayores atractivos de la Región Norte por motivos. similares. Sus raíces históricas se remontan nada menos que al siglo X, cuando la condesa Mumadona Dias, esposa de Hermenegildo Gonçalves, ordenó la construcción de un monasterio que se convertiría en el núcleo principal de la futura población, generando un importante flujo de visitantes y una notable actividad comercial. A la muerte de su marido, Mumadona –tía del rey Ramiro II de León y nieta del caudillo gallego Vimara Pérez– quedó al frente del primer Condado Portucalense, vinculado al reino leonés. Fue también esta mujer quien mandó constuir un castillo que sirviera de defensa a la población, y que todavía hoy puede visitarse.

Soportales en el casco histórico de Guimarães. © Javier García Blanco.

Parece ser que el nombre actual de la ciudad, Guimarães, deriva de un topónimo anterior, Vimaranis o Vimaranes, que tendría su origen en el citado Vimara, abuelo de Mumadona, y quien conquistó la plaza a los musulmanes. Más de un siglo después, el primer Condado Portucalense recayó en manos del conde Don Henrique (Enrique de Borgoña), quien lo recibió de manos del rey Alfonso VI de León como reconocimiento a sus servicios. Fruto de la unión entre Don Henrique y Teresa de León (bastarda de Alfonso VI) nació Afonso Enriques, quien terminaría convirtiéndose en el primer rey de Portugal. Aunque se desconoce el lugar exacto de su nacimiento, la tradición asegura que vino al mundo precisamente en Guimarães. Fuera así o no, de lo que no hay duda es de que la decisiva Batalla de San Mamede, ocurrida el 24 de junio de 1128 en las cercanías de Guimarães, y en las que Afonso derrotó a las tropas de su madre, supuso el punto de partida para el nuevo reino independiente.

Casas típicas en la Praça de Santiago, Guimarães. © Javier García Blanco.

Los dos polos originales de la ciudad –el Monasterio y el castillo erigidos por la condesa Mumadona– quedaron unidos por la calle de Santa María y, con el paso del tiempo, el recinto religioso se convirtió en un famoso santuario de peregrinación, al que acudían miles de personas de las regiones circundantes. Este hecho favoreció que varias órdenes mendicantes decidieran establecerse en la ciudad, dando forma a lo que hoy es el casco histórico de Guimarães, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Hay que destacar, además, que el año que viene Guimarães ejercerá como Capital Europea de la Cultura, un título otorgado a la ciudad lusa en buena medida por su riqueza y patrimonio histórico y cultural.

Vista exterior del castillo de Guimarães. © Javier García Blanco.

Castillo de Guimarães, erigido por orden de la condesa Mumadona. © Javier García Blanco.

Entre el variado y rico patrimonio que merece la pena ser visitado destacan, además del castillo y el Pazo de los Duques de Bragança –construido en el siglo XV–, la iglesia de Nuestra Señora de Oliveira, edificada para conmemorar la victoria de Aljubarrota a raíz de una promesa realizada a la Virgen por el rey João I. Junto al templo destaca también el singular Padrão do Salado (Monumento del Salado), un alpendre de estilo gótico realizado en época del rey Afonso IV, también como conmemoración de una batalla, en este caso la del Salado.

Detalle de la fachada de la iglesia de Nuestra Señora de Oliveira. © Javier García Blanco.

Monumento del Salado, Guimarães. © Javier García Blanco.

La ciudad ofrece todavía muchas sorpresas si nos queda ánimo y fuerzas para continuar paseando por sus pintorescas calles. Una buena opción puede ser la visita al Museo Arqueológico Martins Sarmento (Calle Paio Galvão) o, si preferimos seguir visitando monumentos, la iglesia de la Misericordia (de estilo renacentista) y el Convento de las Dominicas (primera mitad del XVII). También resultan muy interesantes las ruinas arqueológicas de Briteiros, en las proximidades de la ciudad, donde podemos visitar los impresionantes restos de un poblado de época prerromana y sus característicos castros. Finalmente, para disfrutar de unas buenas vistas de la ciudad lo mejor es tomar el teleférico que asciende hasta la montaña de la Penha, con un recorrido de 1,7 kilómetros, o subir en coche hasta el Convento de Santa Marinha da Costa –hoy convertido en Pousada del mismo nombre–, cuyos jardines e instalaciones suponen un inmejorable marco para degustar la generosa comida de la región y recuperar fuerzas.

Convento-Pousada de Santa Marinha. © Javier García Blanco.

La Pousada de Santa Marinha es un enclave perfecto para descansar y degustar una buena comida. © Javier García Blanco.

VISEU, LA CIUDAD DE VIRIATO
Tras la visita a una Guimarães llena de historia, continuamos nuestro viaje, esta vez en dirección sur, hasta la ciudad de Viseu. Aunque se encuentra en la Región Centro de Portugal, quisimos aprovechar el viaje para conocer también esta localidad de casi cien mil habitantes, y que cuenta igualmente con un patrimonio histórico y cultural más que notable. Según una antigua leyenda local, en la región vivió un rey de nombre Ramiro –posiblemente una alusión a Ramiro II de León, apodado El Diablo por los musulmanes– que, de viaje por la zona, se enamoró perdidamente de una dama llamada Sara, hermana de Alboazar, señor del castillo de Gaia. Su pasión le cegó hasta tal extremo que, sin dudarlo, decidió raptar a la doncella. Como respuesta, Alboazar hizo lo propio, secuestrando a su vez a la esposa de Ramiro, doña Urraca. Este último decidió responder a la ofensa y, tras reunir a varios caballeros de la población de Viseu, decidió asaltar el castillo de Alboazar, aprovechando que su enemigo estaba en una cacería. Por desgracia para Ramiro, su esposa –lógicamente dolida por su enamoramiento hacia Sara– se negó a acompañarle, por lo que fue sorprendido y apresado por Alboazar. Cuando el monarca iba a ser ajusticiado pidió como último deseo hacer sonar una bocina que llevaba consigo. El sonido del instrumento era la señal acordada por Ramiro para que sus caballeros, que esperaban en el exterior, asaltaran el castillo. Y así fue como Alboazar perdió la vida.

Vista nocturna de la catedral de Viseu. © Javier García Blanco.

Iglesia de la Misericordia, Viseu. © Javier García Blanco.

Aunque se trata de un relato legendario, la aparición de Ramiro II en la tradición no resulta extraña pues, no en vano, el monarca leonés se hizo con el dominio del norte de Portugal en el siglo X. Por desgracia, hoy quedan pocos restos de aquellos años, pero aún es posible respirar en las calles de Viseu el espíritu de su origen medieval. La catedral, construida originalmente en el siglo XII, todavía conserva algunos restos de estilo románico, aunque lo que hoy puede contemplarse es en su mayoría gótico, manuelino y barroco. Justo frente a la catedral se encuentra otro de los templos más característicos de la ciudad, la iglesia de la Misericordia, construida en el siglo XVIII.

Hemos comenzado hablando de Viseu en relación a la Edad Media, pero lo cierto es que es habitualmente conocida por su posible vinculación con un héroe célebre: Viriato. Para algunos autores –y sin duda alguna para los orgullosos habitantes de Viseu–, el célebre caudillo lusitano que tantos quebraderos de cabeza causó a Roma habría nacido en esta localidad, cuyos orígenes más remotos datan de la época castreña. Por esta razón encontramos en la ciudad un monumento al valeroso “rebelde”, así como las llamadas Cuevas de Viriato, un antiguo campamento militar de forma octogonal de tiempos romanos.

Como en las anteriores etapas de nuestro viaje, a la hora del alojamiento decidimos optar de nuevo por la opción de pasar la noche en uno de los establecimientos que Pousadas posee en el territorio luso. En este caso, la población de Viseu cuenta con el antiguo Hospital de São Teotónio, que abrió sus puertas en 1842. Reconvertido en hotel en 2007, el edificio posee unas magníficas vistas de la ciudad vieja, a las que miran las llamativas estatuas que coronan su fachada, y que representan a la Esperanza, la Fe y la Caridad.

Vista interior de la Pousada de Viseu, antiguo hospital reconvertido en hotel. © Javier García Blanco.

ROMANOS, SUEVOS, MUSULMANES, VIKINGOS…
Tras la visita a Viseu nos dirijimos, al fin, a nuestro punto de partida, la ciudad de Oporto, en esta ocasión para conocerla a fondo. Aunque no tan antigua como Lisboa, Oporto cuenta con una rica historia que nada tiene que envidiar a la capital portuguesa. Según los estudios arqueológicos, la zona contó con población humana desde finales de la Edad del Bronce, aunque los primeros asentamientos de cierta entidad, correspondientes a la época castreña, datan de entre el 500 al 200 a.C. Desde esta última fecha y hasta mediados del siglo I de nuestra era se produjo la romanización del enclave, y parece ser que mucho antes los griegos ya conocían este enclave bajo la denominación de Cale. De hecho, la tradición asegura que la población recibió este nombre por la visita de uno de los argonautas, llamado así, que se estableció en el lugar fundando un enclave comercial.

Leyendas aparte, lo que sabemos con certeza es que con la llegada de las invasiones bárbaras a comienzos del siglo V d.C. la ciudad quedó bajo el control de los suevos, quienes establecieron un asentamiento en la orilla derecha del Duero. Fue allí donde el rey suevo Hermerico I construyó una fortaleza sobre la colina de Pena Ventosa, que recibió el nombre de Cale Castrum Novum. A sus pies, y a orillas del río se encontraba el puerto, llamado Porto Cale.

Barcos en la orilla derecha del Duero, antiguo corazón de la vieja Cale. © Javier García Blanco.

Con la entrada de los musulmanes en la Península Ibérica a comienzos del siglo VIII Portucale –ese era el nombre de la ciudad para entonces–, volvió a cambiar de manos, después de que las tropas de Abd Al-Aziz Ibn Musa asolaran la región. Parece ser, sin embargo, que el rey Alfonso I de Asturias recuperó la plaza hacia el año 750. Desde entonces, y por espacio de aproximadamente un siglo, la ciudad perdió prácticamente toda su población, quedando abandonada. Fue en la segunda mitad del siglo IX cuando Vimara Pérez, el caudillo gallego de quien ya hablamos al visitar Guimarães, inició la repoblación de Portucale, creándose en aquellas fechas el primer Condado Portucalense. Los siguientes años, pese a todo, no fueron mucho más tranquilos. A finales del siglo X la ciudad asistió con temor al paso de Almanzor y sus tropas, que se dirigían a Santiago y, poco más tarde, con la localidad ya recuperada para la cristiandad por Don Munio Viegas, Oporto asistió a varias visitas de los temibles vikingos. Uno de sus incursiones más conocidas tuvo lugar en el año 1014 en los alrededores de la ciudad.

Los eventos históricos relacionados con la ciudad que terminó dando nombre a todo un reino son muchos más, y todos ellos apasionantes, como la salida de las tropas cristianas que recuperarían Al-Ushbuna (la Lisboa musulmana). No extraña, por tanto, que siglos y siglos de historia, y las distintas culturas que allí han habitado dejaran un poso cultural riquísimo, una de las razones por las que el centro histórico de la ciudad fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. En la actualidad, Oporto es la segunda ciudad portuguesa en número de habitantes –casi dos millones contando el área metropolitana–, y sin duda constituye un destino ineludible para todo turista que visite el país.

Además de la inevitable visita a una de las numerosas bodegas del célebre vino que comparte nombre con la urbe –ubicadas en la orilla derecha del Duero, en Vila Nova de Gaia–, Oporto posee muchos más alicientes para el visitante. Un paseo por la orilla del Duero al atardecer es una oportunidad magnífica para disfrutar de la vista de sus impresionantes puentes, construidos en distintas épocas, pero todos ellos espectaculares.

Barcos con barriles de Porto. Al fondo, el Puente Luiz I. © Javier García Blanco.

Tampoco podemos dejar de visitar el centro histórico de la ciudad, donde se encuentra la catedral (A Sé), numerosos edificios y plazas históricas, y rincones tan singulares como la Librería Lello e Irmão –o Chardron–, un local de comienzos del siglo XX, con elementos neogóticos y modernistas. Además de su belleza –para algunos es la librería más hermosa del mundo–, el lugar cuenta con otro aliciente, pues allí se han rodado algunas escenas de la célebre saga de Harry Potter.

Interior de la librería Lello e Irmão. © Javier García Blanco.

También merece la pena acercarse hasta la estación de tren de São Bento, una obra de la misma época que la librería, en este caso construida por el arquitecto Marqués da Silva. Hoy en día es uno de los centros de comunicación más importantes de la ciudad, y miles de turistas la visitan todos los años para disfrutar de la belleza de su sala interior, decorada con más de veinte mil azulejos decorados por el pintor Jorge Colaço. Para los amantes de las compras la mejor opción es recorrer la céntrica Rua Santa Catarina, con decenas de establecimientos. Allí se puede aprovechar para descansar un rato en el Café Majestic, otro local con encanto y sabor a épocas pasadas, e incluso sorprenderse con alguno de los numerosos músicos callejeros que cantan los típicos fados.

Fachada del Café Majestic, en la Rua Santa Catarina. © Javier García Blanco.

 

Como colofón a nuestro viaje, y con la intención de tomar un merecido descanso, volvimos a confiar en Pousadas, y en este caso acudimos a la Pousada do Porto, antiguo Palacio do Freixo, un edificio del siglo XVIII que constituye un fantástico ejemplo de arquitectura civil portuguesa de época barroca. Levantado por orden del Decano de la catedral, Jerónimo de Tábora e Noronha, el palacio fue construido por el arquitecto Nicolau Nasoni, y fue pasando por distintas manos hasta que, en el siglo XIX, el recinto acogió las instalaciones de la empresa Harmonia. Ya a comienzos del XX fue declarado Monumento Nacional, y hoy es una acogedora Pousada, con unas vistas al Duero inmejorables, y unas habitaciones propias del palacio que fue en su día.

Fachada del Palacio do Freixo. © Javier García Blanco.

Vistas al Duero desde el Palacio do Freixo. © Javier García Blanco.

CÓMO LLEGAR
En la actualidad es posible volar a Oporto desde la Península con compañías de bajo coste como Ryanair desde Madrid, Barcelona y Valencia (hay varias conexiones todos los días), por lo que si salimos de alguna de estas tres ciudades estaremos en nuestro destino en apenas una hora. La compañía irlandesa también opera desde los aeropuertos de Tenerife y Gran Canaria. Además, también es posible volar con TAP Portugal (desde Madrid y Barcelona), AirNostrum (Madrid) o AirBerlin (Palma de Mallorca).

* Queremos dar las gracias a Open News Comunicación, Pousadas de Portugal, Ryanair y Diver por su amabilidad y la ayuda prestada a la hora de realizar este reportaje.

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