Hoy, 13 de septiembre, se cumplen cien años desde que las autoridades mexicanas permitieran la visita al público a los restos de la antigua ciudad de Teotihuacan (México). Aquella apertura se produjo tras los primeros trabajos más o menos rigurosos en el enclave, realizados por el arqueólogo Leopoldo Batres entre 1905 y 1910. En realidad, la antigua ciudad precolombina, que remonta sus orígenes al primer milenio antes de nuestra era, ya era conocida por los aztecas, quienes la bautizaron con el sugerente nombre que le damos hoy –su verdadero nombre y sus primeros pobladores siguen siendo desconocidos–, un término náhuatl que significa “El lugar donde los hombres se convierten en dioses” o “Ciudad de los dioses”.
Teotihuacan fue una de las mayores urbes de la Antigüedad, y vivió su mayor época de esplendor durante el llamado Periodo Clásico mesoamericano, aunque a mediados del siglo VII d.C. comenzó una decadencia que terminó aniquilando aquella fascinante civilización. Ubicada a sólo 45 kilómetros al nordeste de México D.F., los aztecas acudieron hasta ella con fines rituales, algo que se ha confirmado por medios arqueológicos, pues se han encontrado piezas teotihuacanas en los restos del Templo Mayor de Tenochtitlan, que habrían sido depositados allí como ofrendas y como medio para otorgar a la capital azteca una continuidad respecto a la que consideraban había sido el lugar de la Creación.
Con la llegada de los españoles a suelo americano, los conquistadores también tuvieron conocimiento de su existencia, aunque no fue hasta el año 1675 cuando un mexicano de origen español, Carlos de Sigüenza y Góngora, inició el primer examen con interés “científico” de la ciudad. En aquella ocasión, Sigüenza excavó un túnel bajo la llamada pirámide de la Luna. Después llegarían hasta allí otros curiosos, y finalmente el ya citado Batres, cuya intervención fue sumamente polémica, pues alteró la topografía original de la ciudad y dinamitó –literalmente–, la parte superior de la pirámide del Sol. A los estudios de Batres le seguirían muchos otros a lo largo del siglo XX, con un carácter más cuidadoso y siguiendo criterios plenamente científicos, que fueron completando poco a poco la imagen que hoy tenemos de la increíble Teotihuacan.
Tras recibir en 1987 la calificación de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, Teotihuacan es en la actualidad el enclave arqueológico más visitado de todo México. Si haces un viaje a la capital azteca no puedes dejar de visitar este enclave, con su célebre “calzada de los muertos” –con más de 5 kilómetros de longitud–, las espectaculares pirámides del Sol y de la Luna o el templo de Quetzalcóatl, además de otras construcciones igualmente interesantes.
Vista de Teotihuacan desde la pirámide de la Luna. Crédito: Wikipedia.
Con motivo del centenario, el INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia de México) tiene previsto inaugurar el 23 de septiembre la exposición ‘Museo del Sitio, 100 años de historia’, que reunirá hasta 32 fotografías históricas de los trabajos en el yacimiento, y que se conservan en el archivo fotográfico del Instituto.
Sobre el último hallazgo de importancia realizado en la antigua urbe –el descubrimiento de un túnel bajo el templo de Quetzalcóatl–, ya hablamos aquí hace algunas semanas, por lo que queda claro que esta antiquísima ciudad precolombina todavía tiene muchas sorpresas que esperan a ser descubiertas por los arqueólogos e historiadores.
© Fotografía de apertura: INAH.
Fuente:
-First century of Research at Teotihuacan to be celebrated (Artdaily)
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