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Archive | mayo, 2010

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Abejas rastreadas por radio

Posted on 27 mayo 2010 by Redacción

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Un equipo conjunto formado por investigadores del Instituto Max Plank de Ornitología y expertos del Smithsonian Institue de Investigación Tropical han desarrollado un curioso dispositivo que permite rastrear al detalle el vuelo de las abejas. Este diminuto ingenio, consistente en un pequeño radiotransmisor, ha sido probado ya con éxito en diecisiete ejemplares de Exaerete frontalis, una especie de abeja tropical originaria de Panamá.

Gracias a la nueva creación de este equipo científico, los estudiosos podrán saber cuánta distancia son capaces de recorrer estas abejas, así como cuáles son sus patrones de polinización. Los resultados de la investigación han visto la luz en la publicación científica digital PLoS ONE.

Fuente: SINC

Crédito fotografía: STRI

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Los secretos de la tela de araña (Ciencia al Cubo)

Posted on 27 mayo 2010 by Redacción

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Compartimos con vosotros una nueva entrega de Ciencia al Cubo, la siempre apasionante sección científica de Radio 5, presentada y coordinada por la periodista América Valenzuela. En esta ocasión, nos desvela los secretos de las telas de araña: “La tela de araña es única en la naturaleza. Es mucho más resistente que un cable de acero y también muchísimo más elástica. Además, es muy pegajosa. Aún los humanos no hemos creado ningún material con propiedades tan excelentes. Uno de los últimos estudios sobre telas de araña ha averiguado uno de los secretos mejor guardados de este arácnido: conseguir que la seda se solidifique al salir al exterior”.

Como siempre, puedes escucharlo directamente desde aquí, pulsando en el reproductor que aparece bajo estas líneas.

Otros podcast de Ciencia al Cubo:

-Teslescopio solar SDO

-Un dinosaurio venenoso

-El último reptil marino gigante

-Efecto placebo

-Supervolcán en Italia

-La temperatura de la Luna

-Cometa aminoácido

-Robots colibrí y las neuronas del picor

-Llega el purificador de sangre

-Gatitos manipuladores

-Predicciones médicas del pasado

-Llega el robot-medusa

-El final de la sonda Ulises

-Ponle nombre a la próxima misión espacial

-Salmonela en el espacio

-Expedición en busca de Amundsen

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Herschel: un año tras los secretos de la formación estelar

Posted on 21 mayo 2010 by Redacción

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La evolución de una estrella “imposible”, el censo de regiones de formación estelar en la Vía Láctea o la captación del brillo de las estrellas más allá de nuestra galaxia son algunas de las tareas encomendadas al observatorio espacial de infrarrojos Herschel de la Agencia Espacial Europea (ESA). El satélite se lanzó en mayo de 2009 y para celebrar su primer aniversario los responsables de la misión se reunieron a principios de este mes en el Centro Europeo de Investigación y Tecnología Espacial (ESTEC) de la ESA en Noordwijk (Holanda).

Los resultados del primer año de operaciones del observatorio espacial Herschel de la ESA en la banda del infrarrojo se presentan esta semana en el simposio ESLAB 2010, que se celebra en el centro ESTEC que la ESA tiene en Noordwijk, Holanda. En su primer año Herschel, ha desvelado aspectos hasta ahora desconocidos del proceso de formación de las estrellas.

Así, en la nube de formación de estrellas RCW 120 el telescopio espacial ha observado una estrella embrionaria que podría convertirse en una de las más grandes y más brillantes de nuestra galaxia en los próximos cientos de miles de años. Actualmente ya cuenta con una masa unas ocho o diez veces superior a la de nuestro Sol, y continúa rodeada por una nube de gas y polvo de unas 2000 masas solares de la que podrá seguir alimentándose durante los próximos miles de años.

“Esta estrella sólo puede seguir creciendo”, comenta Annie Zavagno, del Laboratorio de Astrofísica de Marsella. Las estrellas masivas son poco frecuentes y su vida es relativamente corta. El poder observar una de ellas durante su proceso de formación representa una oportunidad única para intentar resolver una de las grandes paradojas de la astronomía. “Según las teorías actuales, no es posible la formación de estrellas con una masa superior a ocho veces la de nuestro Sol”, aclara Zavagno.

Esto es debido a que la intensa luz emitida por las estrellas de este tamaño debería dispersar las nubes que las rodean antes de ser capaces de acumular más masa. Pero por algún motivo todavía desconocido, estas estrellas existen. Actualmente se conocen varios ejemplos de estas estrellas “imposibles”, algunas con una masa de hasta 150 veces la de nuestro Sol, pero ahora que Herschel ha descubierto una de ellas en plena formación, los astrónomos tienen la oportunidad de analizar dónde fallan sus teorías.

Vídeo repaso sobre el año de trabajo con el telescopio Herschel (Youtube, español)

Regiones de formación estelar en la Vía Láctea
Gracias a su resolución y a su sensibilidad sin precedentes, Herschel está realizando un censo de las regiones de formación de estrellas de nuestra galaxia. “Antes de Herschel, no estaba claro cómo el gas y el polvo de la Vía Láctea podían agregarse hasta alcanzar la densidad necesaria para dar lugar a una nueva estrella, manteniendo una temperatura lo suficientemente baja como para no dispersar la nube de formación”, comenta Sergio Molinari, del Instituto de Física del Espacio Interplanetario de Roma.

Una de las imágenes publicadas el pasado 6 de mayo muestra precisamente este fenómeno en varias nubes de formación de estrellas de la Vía Láctea. Los embriones de estrellas se forman primero en el interior de brillantes filamentos de polvo y gas, que se extienden a lo largo de toda la galaxia. Estos filamentos evolucionan hasta formar auténticas cadenas de nubes de formación de estrellas, que pueden alcanzar varias decenas de años-luz de longitud, envolviendo a nuestra galaxia en una especie de ‘red’ de estrellas en formación.

Estrellas de otras galaxias
Herschel también ha observado el espacio profundo, más allá de los límites de la Vía Láctea, y ha sido capaz de captar la radiación infrarroja emitida por miles de galaxias en una región del Universo que se extiende a lo largo de varios miles de millones de años-luz. Cada galaxia aparece tan sólo como un pequeño punto, pero al medir su brillo los astrónomos son capaces de determinar la tasa de formación de estrellas en su interior. A grandes rasgos, cuanto más brille la galaxia en infrarrojo, más estrellas se están formando en su interior.

En este aspecto, Herschel vuelve a desafiar a las teorías actuales al demostrar que las galaxias han evolucionado de una forma mucho más rápida de lo que se creía inicialmente. Los astrónomos pensaban que las galaxias habían estado formando estrellas a un ritmo prácticamente constante durante los últimos tres mil millones de años. Herschel ha demostrado que estaban equivocados.

En el pasado, había muchas más galaxias con “brotes estelares”, en las que se formaban estrellas a una tasa 10-15 veces superior a la que se puede observar hoy en día en la Vía Láctea. Sin embargo, todavía no se comprende por qué ha cesado esta frenética actividad. “Herschel nos permitirá investigar la causa de este comportamiento”, comenta Steve Eales, de la Universidad de Cardiff, Reino Unido.

Estrellas ‘bebé’ en la nube Rosetta. Imagen tomada en abril por el Herschel. Crédito: ESA.

Detección de moléculas
Herschel es también un instrumento capaz de detectar moléculas en el Universo. Recientemente ha descubierto un nuevo “estado” del agua en el espacio, con carga eléctrica y que, al contrario que los estados más familiares (hielo sólido, agua líquida o vapor de agua), no se encuentra en la Tierra de forma natural.

Este estado de agua ionizada se genera de forma natural en las nubes que rodean a las estrellas en formación, donde la luz ultravioleta que se filtra a través del gas puede arrancar un electrón de la molécula de agua, dejándola con una carga eléctrica positiva.

“La detección de vapor de agua ionizado ha sido toda una sorpresa”, comenta Arnold Benz, del ETH de Zúrich, en Suiza. “Este hecho demuestra que durante las primeras etapas de formación de una estrella se producen reacciones tan violentas que son capaces de emitir radiación ultravioleta a través de la nube”.

Herschel es el mayor telescopio astronómico jamás lanzado al Espacio. El diámetro de su espejo principal es cuatro veces mayor que el de cualquier otro telescopio espacial en la banda del infrarrojo y 1.5 veces mayor que el del Hubble. Cuando se empieza a formar una nueva estrella, el polvo y el gas que la rodean se calientan a unas decenas de grados sobre el cero absoluto, emitiendo radiación en la banda del infrarrojo lejano. La atmósfera terrestre bloquea completamente la mayor parte de esta radiación, lo que hace imprescindible el uso de telescopios situados fuera de la Tierra.

El Científico del Proyecto Herschel para la ESA, Göran Pilbratt, concluye: “Herschel todavía lleva poco tiempo en órbita, y estos resultados son sólo el comienzo de todos los avances científicos que se podrán realizar en los próximos años gracias a esta misión”.

Crédito fotografía: ESA

Fuente: ESA / SINC (Texto bajo licencia Creative Commons)

Podéis encontrar una interesante galería de fotografías captadas por el Herschel en este enlace oficial de la ESA: Online showcase of Herschel images

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La tumba más antigua de Mesoamérica

Posted on 20 mayo 2010 by Redacción

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A menudo eclipsados por los continuos descubrimientos realizados en el país del Nilo, generalmente más difundidos por la prensa internacional, los hallazgos arqueológicos en antiguos asentamientos precolombinos no dejan de sorprender a los investigadores, aportando día tras día una ingente cantidad de nueva información que ayuda a rellenar los vacíos aún existentes sobre alguna de estas civilizaciones.

El descubrimiento más sonado de las últimas semanas, difundido hace apenas unos días por medios especializados, ha tenido lugar en el yacimiento de Chiapa de Corzo (México), donde un equipo de arqueólogos ha sacado a la luz los restos de una tumba piramidal con una antigüedad de al menos 2.700 años.

En opinión de Bruce Bachand, arqueólogo de la Universidad Brigham Young y director de la excavación, aquella majestuosa pirámide debió ser en su época “un recordatorio visualmente permanente y físicamente imponente” de los antiguos gobernantes y del surgimiento de una identidad cultural. No en vano, la civilización creadora de la tumba-pirámide, la misteriosa cultura Zoque, extendió sus dominios en una zona fronteriza situada entre las civilizaciones olmeca y maya. Un detalle este que está alimentando el debate sobre las influencias que pudo recibir de una y ejercer sobre la otra.

Vista aérea de la tumba-pirámide. Crédito: Bruce Bachand.

Hasta la fecha, los arqueólogos dirigidos por Bachand han hallado en lo alto de la pirámide la tumba de dos importantes personajes –probablemente gobernantes zoques–, cuyos cuerpos fueron cubiertos por completo con un pigmento rojo de carácter sagrado. El centro del enterramiento estaba ocupado por los restos de un hombre ataviado con un taparrabos bordado con perlas y, junto a él, otro cuerpo, posiblemente de una mujer. Su ajuar mortuorio se completaba con abalorios de jade con formas de animales –monos, cocodrilos…– colocados sobre el pecho, así como conchas adornadas con obsidiana que cubrían sus bocas. En torno a los dos esqueletos los investigadores descubrieron también otra serie de objetos que, se cree, corresponden a ofrendas dedicadas a los dioses: hachas rituales, vasijas de cerámica y máscaras rojas de estuco. Todo un riquísimo ajuar que, en opinión de Bachand y sus colegas, no deja lugar a la duda: aquellos dos perosnajes, enterrados solemnemente hace ahora más de 2.500 años, eran miembros de la élite de su sociedad.

En una parte más baja de la pirámide, sin embargo, los arqueólogos han hallado restos de otros dos cuerpos, aunque en este caso todo parece indicar que se trata de víctimas de un sacrificio humano. Los cuerpos corresponden a los de un adulto y un niño, aparentemente arrojados a la tumba sin miramientos, tal y como parece desprenderse de las posturas de sus restos.

Arqueólogos trabajando en los restos humanos hallados en el interior de la pirámide. Crédito: Bruce Bachand.

Más allá del indudable interés del hallazgo de la tumba-pirámide y los enterramientos encontrados en su interior, junto a la circunstancia de que se trate de la tumba más antigua de Mesoamérica hallada hasta la fecha, los arqueólogos han hecho hincapié en la trascendencia que posee el descubrimiento por las posibilidades que ofrece como herramienta para comprender los complejos mecanismos que llevaron a la aparición y florecimiento de una cultura como la Zoque. Según palabras del propio Bachand, el reciente descubrimiento supone una “ventana abierta” que aporta información sobre cómo y cuándo algunas culturas únicas se formaron a partir de la civilización olmeca, una de las más antiguas del Nuevo Mundo.

“Estamos intentando determinar a través de la arqueología cómo el pueblo Zoque surgió de una base ancestral olmeca, y parece que todo sucedió en torno a la fecha de construcción de esta pirámide”, explicó Bachand. Siglos antes de su levantamiento, la ciudad de Chiapa del Corzo debió ser parte importante de una gran ruta comercial operada por los olmecas desde su capital, La Venta. Sin embargo, con el auge económico que se desarrolló en Chiapa de Corzo, la ciudad terminaría por dar forma a su propia identidad, independizándose del influjo olmeca y creando su propia cultura.

Por otra parte, los arqueólogos creen que además de haber recibido influencia de los olmecas, la propia civilización Zoque podría haber influido a su vez en otros pueblos, y más concretamente en el maya. Según su opinión, la tumba-pirámide, formada por grandes plataformas a modo de terrazas sucesivas, podría haber inspirado el trazado de época clásica maya denominado “grupo E”, en muchos casos alineados astronómicamente con la salida del Sol en solsticios y equinoccios. “Así que no se trata sólo de una pirámide muy antigua –señaló Bachand–. Parece ser uno de los primeros “grupos E” de toda Mesoamérica, y es por eso que la estamos investigando”, apuntó el arqueólogo. Según este investigador, estos “grupos E” podrían haber sido en realidad una invención de la cultura Zoque.

Crédito fotos: INAH / Bruce Bachand

Fuentes:

-Pyramid tomb found: sign of a civilization’s birth? (National Geographic News)

-Hallan tumba en Chiapa de Corzo (INAH)

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-Nuevas claves sobre El Tajín

-Hallan un templo azteca por azar

-Códices mayas al detalle

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-Viaje virtual al mundo maya

-Excavación en ‘El lugar de los Muertos’

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Rayos en bola, ¿un truco de la mente?

Posted on 15 mayo 2010 by Redacción

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Durante décadas, los científicos se han enfrentado a una intrigante anomalía física cuyo origen todavía está pendiente de aclarar: los llamados ‘rayos en bola’ o rayos globulares (ball lightning en inglés), enigmáticas esferas luminosas de variado tamaño (los testigos refieren ejemplos que van desde el tamaño de una pelota de golf a otras similares a un balón de fútbol e incluso mayores) que suelen aparecer durante el transcurso de las tormentas de fuerte aparato eléctrico.

Aunque existen numerosos testimonios, el fenómeno es poco habitual, y la corta duración del mismo ha dificultado hasta la fecha el logro de una respuesta plenamente satisfactoria sobre cómo y por qué se forma. Ahora, un reciente estudio publicado a comienzos de mayo por los científicos Joseph Peer y Alexander Kendl, de la Universidad de Innsbruck (Austria) sugiere una nueva hipótesis según la cual los rayos en bola serían en realidad alucinaciones inducidas por la estimulación magnética del córtex cerebral visual o la retina, y no un fenómeno puramente físico, como se creía hasta la fecha.

Peer y Kendl basan su propuesta en el hecho de que la gran mayoría de las visiones de rayos en bola se registran durante tormentas eléctricas y, como es sabido, la caída consecutiva de rayos puede crear fuertes campos magnéticos. Apoyándose en anteriores experimentos realizados mediante TMS (Estimuladores magnéticos transcraneales), unos dispositivos capaces de exponer a las personas a fuertes y cambiantes campos magnéticos cuyo resultado es, precisamente, la aparición de alucinaciones visuales luminosas con formas esféricas y discoidales, los investigadores austríacos han propuesto que esto es lo que podría ocurrir con las presuntas visiones de rayos en bola durante las tormentas.

Portada de la revista Science et Vie dedicada al fenómeno.

La reciente teoría, sin embargo, ha sido recibida con matizaciones por otros científicos. Ese es el caso, por ejemplo, de John Abrahamson, químico y experto en rayos en bola de la Universidad de Canterbury (Nueva Zelanda). En opinión de Abrahmson, la propuesta de Peer y Kendl resulta convincente en algunos casos, pero no sería válida para explicarlos todos. “No puedo creer que la mayoría de las imágenes reportadas como rayos en bola estén debidas a esta influencia cerebral”, declaró el científico neozelandés. Según Abrahamson, los sujetos sometidos a experimentos refieren haber visto luces de colores “blanco, gris o no saturados”. Sin embargo, los testigos de rayos en bola describen una gran variedad de colores, incluyendo el naranja, el verde y el azul, y además en las observaciones más próximas llegan a describir estructuras internas en las esferas de luz, además de olores y sonidos asociados.

Antiguo grabado reproduciendo la visión de un supuesto ‘rayo en bola’.

Por otra parte, muchos de los informes sobre el fenómeno cuentan con múltiples testigos que describen lo mismo desde lugares y ángulos diferentes, e incluso en algunos casos se registran efectos físicos supuestamente atribuibles a las intrigantes esferas luminosas.

Otro científico que ha estudiado la anomalía, Eli Jerby, ingeniero de la Universidad de Tel Aviv (Israel), tampoco considera adecuada la hipótesis de los austríacos. Para Jerby, quien ha pasado los últimos años intentando reproducir el fenómeno en el laboratorio, las alucinaciones tampoco pueden explicar todos los casos. “Con los recientes experimentos estamos más cerca que nunca de simular rayos en bola naturales completamente en el laboratorio, y explicar así el verdadero enigma de los rayos en bola en la naturaleza”, aclaró.

Vídeo en youtube con algunas supuestas filmaciones de rayos en bola.

Fuente: Ball lightning may be all in your head (National Geographic News)

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Pascua: un misterio abierto

Posted on 14 mayo 2010 by Redacción

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Durante los últimos 50 años, distintas generaciones de arqueólogos creían haber resuelto el irritante enigma respecto al modo en que los antiguos habitantes de Pascua habían transportado los imponentes y colosales moais hasta distintos enclaves de la isla. En 1958, el explorador y aventurero noruego Thor Heyerdahl sugirió, tras encontrar varias de estas esculturas tumbadas en el suelo, que los habitantes de Rapa Nui habían empleado un complejo sistema de caminos –que hoy cuentan con más de 800 años de antigüedad– para trasladar más fácilmente los moais. Durante años, esta hipótesis había sido compartida por otros investigadores, pero hoy parece tener los días contados.

Al menos, así lo sugiere la reciente investigación de un equipo de expertos de las universidades británicas de Londres y Manchester. Tras un profundo trabajo de campo, los doctores Colin Richards y Sue Hamilton han llegado a la conclusión de que la extensa red de caminos tuvo una función principalmente ceremonial, y no sólo como medio de transporte, como se creía hasta ahora.

Richards y Hamilton creen que la hipótesis de Heyerdahl es equivocada, en especial tras haber hallado unas plataformas de piedra junto a los los moais caídos, lo que confirma una antigua teoría propuesta en 1914 por la arqueóloga Katherine Routledge, quien sugirió por primera vez la función ceremonial de dichas avenidas.

Fotografía de un moai caído, tomada durante la expedición de Katherine Routledge a Rapa Nui.

De este modo, los moais hallados por Heyerdahl junto a los caminos no habían sido abandonados durante el traslado, sino que cayeron por sí solos con el paso del tiempo. «La verdad de la cuestión es que nunca sabremos cómo fueron transportadas las estatuas», señaló Richards. «Desde Heyerdahl, los arqueólogos han sugerido todo tipo de teorías, basadas en la asunción de que los caminos fueron usados para transportar los moais desde la cantera en el cono volcánico de Rano Raraku. Lo que sabemos ahora es que estos caminos tuvieron una función ceremonial que subrayaba su importancia cultural y religiosa», añadió Richards.

Según los investigadores británicos, los conos volcánicos eran considerados puntos de acceso al inframundo, conocido como Hawaiki, y por tanto Rano Raraku no era simplemente una cantera, sino también el centro sagrado de la isla.

Richards y Hamilton han explicado también que los moais son más frecuentes según los caminos se aproximan a Rano Raraku, indicando un mayor grado de sacralidad. «Todas las evidencias muestran claramente que los caminos eran ceremoniales, respaldando el trabajo de Katherine Routledge de hace casi 100 años», señala Hamilton. «Todo tiene sentido: los moais daban la cara a la gente que caminaba hacia el volcán», añade.

Lo más sorprendente, según los británicos, es que Heyerdahl encontró estas mismas evidencias. «Pero como otros muchos arqueólogos, estaba tan influido por su creencia de que los caminos se usaron sólo para el transporte, que las ignoró por completo», sentncia la investigadora.

Vídeo sobre la expedición de Heyerdahl a Rapa Nui (Youtube)

Fuente: Easter Island discovery sends archaeologists back to drawing board (Eurekalert)

Entradas relacionadas:

-Un enigma menos en Rapa Nui

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Adivinación en la antigua China

Posted on 13 mayo 2010 by Redacción

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Al igual que sucedió en otras poderosas civilizaciones de la Antigüedad, la cultura china otorgó una importancia capital a la adivinación del porvenir. De hecho, la práctica de la adivinación en sus distintas vertientes gozaba de gran prestigio y consideración –en especial entre las clases poderosas–, incluso en las primeras épocas de esta cultura.

Además de los augurios realizados por los astrólogos, que estudiaban e interpretaban los designios mostrados por los astros y diversos fenómenos naturales, existía una auténtica élite de adivinos especializados en la lectura de los signos del futuro.

En las etapas más primitivas de la civilización china se producía del siguiente modo: se quemaban petos o caparazones de tortuga, y a continuación se “traducían” las grietas que el fuego causaba en los mismos, y que se tenían por mensajes que revelaban el futuro.

Fosa con huesos oraculares en el yacimiento arqueológico de Yinxu, Anyang. Crédito: Wikipedia.

Más tarde, en la época de la dinastía Shang (1500-1000 a.C.) se realizaba un procedimiento similar, aunque en este caso se usaban normalmente huesos de buey. Cuando se quería averiguar algo sobre el porvenir –generalmente era el rey quien realizaba la consulta–, el adivino grababa en el hueso la pregunta a contestar por los espíritus, y se atravesaba el hueso con un metal ardiente. Después, el chamán o adivino procedía a interpretar las grietas que se formaban, y a menudo se tallaba la respuesta en el mismo hueso. El tipo de preguntas que se realizaba era muy variado, abarcando desde cuestiones de estado hasta simples preguntas sobre cuál iba a ser el día más propicio para una buena caza. Curiosamente, esta práctica ha sido de gran ayuda para los arqueólogos, pues estos huesos oraculares” o jiaguwen/jiǎgǔpiàn –de los que se han encontrado más de cien mil– constituyen los primeros ejemplos de escritura china que se conocen.

Hueso oracular de la dinastía Shang en el Museo de Shanghái. Crédito: Wikipedia.

Ya a partir del primer milenio a.C., los adivinos comenzaron a utilizar los tallos de la planta aquilea (también conocida como milenrama). Mediante su observación –los tallos podían aparecer enteros o cortados por la mitad–, se formaban figuras de tres rayas (los llamados trigramas). Combinando los ocho tipos diferentes de trigramas (cada uno con un significado distinto)  podían generarse a su vez sesenta y cuatro hexagramas. De este modo, los adivinos interpretaban dichos hexagramas para emitir su vaticinio, siguiendo las explicaciones contenidas en el Libro de las mutaciones, más conocido como I Ching.

Más información sobre los Huesos oraculares en la Wikipedia

Entradas relacionadas:

-Magia negra en la Antigüedad

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Alejandro Magno y España

Posted on 01 mayo 2010 by Alberto de Frutos

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Alejandro Magno nunca estuvo en la Península Ibérica. Tras el asesinato de su padre Filipo II, el conquistador macedonio extendió las fronteras de su imperio hasta los ignotos confines orientales. Las campañas de Gránico (334 a.C.), Issos (333 a.C.) y Gaugamela (331 a.C.) le permitieron adentrarse en Asia Menor, Siria, Egipto y Mesopotamia, entre otras regiones. Conquistada Persia, se dispuso a someter a la India. Pero, ¿qué otros proyectos hubiera acometido de no haber muerto en Babilonia a los 33 años? Según nos cuenta el historiador griego Diodoro Sículo, la Península Ibérica podía ser su siguiente objetivo…

De acuerdo con el Libro XVIII de la Biblioteca Histórica, Crátero, “el más noble de los capitanes de Alejandro”, disponía de información fehaciente sobre las últimas voluntades del conquistador, pero Pérdicas, general y diádoco de Alejandro, uno de los encargados de administrar su herencia, “juzgó que era más prudente dejarlas sin efecto”.

Este curioso personaje, que acompañó al unificador de Grecia en sus campañas militares y fue herido en el sitio de Tebas (335 a.C.), destacó en sus últimos años por un acusado apego al poder, que le llevó a arrogarse el gobierno de Asia ante la incapacidad manifestada por quien había sido designado para suceder a Alejandro, su hermano Arrideo. Éste, según Apiano, “no estaba en sus cabales”. “Sin embargo –prosigue el autor de Historia romana–, los amigos de Alejandro dividieron en satrapías a los pueblos sometidos, y Pérdicas las repartió entre ellos”.

Diodoro Sículo concede al ambicioso Pérdicas el privilegio de la duda, al afirmar que, por “no quitar mérito a la sabiduría y discreción de Alejandro”, se tomó la molestia de referir al consejo de macedonios los asuntos que figuraban en el testamento del héroe.

De esa enumeración tan extremada, proviene en esencia la hipótesis acerca de las postreras intenciones de Alejandro, muerto en el palacio de Nabucodonosor II en 323 a.C. Tal vez el veneno que contenía la copa de Heracles que le sirvieron en una fiesta –o tal vez otro mal, puesto que “los más creen que esta relación del veneno fue una pura invención”, según Plutarco– acabara con unos sueños de poder y gloria nunca vislumbrados hasta entonces.

Bajo un féretro de oro, y cubierto por un paño mortuorio púrpura, sobre el cual se exponía su panoplia, yacían los restos de una de las mayores figuras de la Humanidad, un soldado que aprendió a razonar con Aristóteles como maestro, y que deshizo el “nudo gordiano” antes de conquistar el imperio persa y convertirse en un guerrero inmortal. A la par que se celebraban sus exequias y su féretro recorría los más de mil quinientos kilómetros que separaban Babilonia de Menfis y luego de Alejandría, se extendían los ecos de un ser divinizado en vida, y glorificado como una leyenda después de su muerte. Odiado y admirado a partes iguales, su fin coincidió con el de la era clásica de Grecia, y con el inicio del desmembramiento de un imperio forjado por aquel que quiso legar sus trofeos al “mejor” o “más fuerte”.

Alejandro atendiendo las lecciones de su maestro Aristóteles. Crédito: Wikipedia.

LOS PLANES DE UN MORIBUNDO
De acuerdo con Diodoro Sículo, entre los últimos planes de Alejandro se encontraba la construcción de “mil barcos de guerra, más grandes que los trirremes, en Fenicia, Siria, Cilicia y Chipre para la campaña contra los cartagineses y aquellos que viven por la costa de Libia e Iberia y las regiones costeras que se extienden hasta Sicilia”. Además, el hijo de Filipo II preveía trazar una carretera desde el norte de África hasta las columnas de Heracles –que se suponían en Cádiz–, así como “llevar poblaciones de Asia a Europa y también en la dirección opuesta de Europa a Asia, para traer unidad y amistad al continente más extenso a través de enlaces matrimoniales y la unión familiar”.

A la luz de su biografía, que empezó a cuajar en 336 a.C., cuando a los veinte años de edad heredó el trono de su padre, esa última empresa –la unión de Oriente y Occidente– resulta del todo verosímil, pese a que no falten quienes le nieguen la lucidez necesaria para llevarla a cabo. Nosotros preferimos apoyar al historiador francés Benoist Méchin, que, en Alejandro Magno (Caralt, Barcelona, 1976), explica que el sueño de fusionar ambas culturas nació, precisamente, de la cabeza del macedonio, en la llanura de Hekatompylos y ante el cadáver de Darío III, el último rey persa.

Extensión del imperio de Alejandro Magno. Crédito: Wikipedia. (Click para ampliar)

Pero, ¿qué decir de su otra aspiración, reflejada por un historiador que vivió cerca de tres siglos después de los hechos narrados? Autor de una Biblioteca Histórica en cuarenta volúmenes, la principal fuente de Diodoro para los temas griegos fueron los trabajos del historiador Éforo de Cime, mientras que sus informaciones sobre la conquista del Mediterráneo occidental y el establecimiento de una monarquía universal se basaron en obras posteriores. La historiografía actual, que no duda en aplaudir sus valiosos conocimientos sobre Egipto –que conoció de primera mano–, no le perdona, en cambio, su imprecisión con las fechas, ni la ausencia de un aparato crítico lo suficientemente riguroso.

Y, sin embargo, la minuciosa exposición de ese testamento no resulta descabellada. En Historia de Alejandro Magno (Gredos, 1986), Quinto Curcio Rufo da pábulo a su existencia, y abunda en tales conjeturas cuando, en el Libro X, sostiene que “Alejandro, abarcando en su ánimo proyectos sin límite, había decidido, una vez sometida toda la región marítima hacia Oriente, y odiando como odiaba a Cartago, dirigirse desde Siria a África; desde allí, y tras atravesar los desiertos de Numidia, encaminarse hacia Cádiz (donde era voz común que estaban colocadas las columnas de Hércules); después, alcanzar las Hispanias, que los griegos llaman Iberia por su río Ebro, y, tras atravesar los Alpes, costear el litoral de Italia desde el que la travesía al Epiro es corta”.

LA PENÍNSULA EN TIEMPOS DE ALEJANDRO
Presentemos, ahora, a los otros actores de este drama: los cartagineses. En la época en que el conquistador de Oriente hacía desfilar a su ejército por medio mundo, estos comerciaban en la península Ibérica con los pueblos fenicios radicados en ella.

Gracias a los detectives de la arqueología, podemos documentar, ya en el siglo VIII a.C., la existencia de comercio cartaginés en Gadir –actual Cádiz–, que se vio acentuado una centuria más tarde con el establecimiento de una colonia en Ebussus, la actual Ibiza. A lo largo del siglo VI a.C., los asentamientos fenicios fueron dando la bienvenida a las gentes del norte de África en centros como Ebussus, Gadir, Malaka, Sex, o Baria, y la influencia de Cartago sobre los íberos del sudeste y levante peninsular fue, cada vez, más pública y notoria, hasta el punto de que el especialista Carlos G. Wagner menciona incluso la construcción de pequeños recintos amurallados en plazas estratégicas, para el uso de los íberos.

Si bien es cierto que la penetración militar de Cartago no se produjo hasta 237 a.C., de la mano de Amílcar Barca, su hegemonía naval fue incuestionable desde mucho antes y hasta que la todopoderosa Roma se cruzó en su camino. Las olas del Mediterráneo centro-occidental se mecían al compás que marcaban los remos de sus penteras, y, en una fecha tan remota como 348 a.C., los cartagineses firmaron un tratado con Roma, por el que la presencia de esta república quedaba limitaba más allá de la Mastia de Tartessos (quizá Cartagena).

En La aventura de los romanos en Hispania (La Esfera de los Libros, 2004), Juan Antonio Cebrián ponía en relación al gran conquistador macedonio con el imperio cartaginés, que descollaba cada vez con más pujanza en el Mediterráneo: “En el siglo IV a.C., Alejandro Magno barrió del mapa a las orgullosas capitales fenicias y quedó como principal depositaria del monopolio comercial fenicio la cada vez más influyente colonia africana. Cartago fue una de las ciudades más hermosas del mundo antiguo”. ¿Por qué planeó entonces el Magno su destrucción?

Área de influencia cartaginesa antes de la Primera Guerra Púnica. Crédito: Wikipedia.

La memoria no ha guardado para la posteridad, en boca de Alejandro, una frase tan rotunda como aquella que pronunciara y repitiera Catón el Viejo en tiempos de la tercera guerra púnica: “Cartago ha de ser destruida” (Delenda est Carthago). Sin embargo, esa misma memoria puede sugerirnos las razones de su secular antipatía. Durante el sitio de Tiro, llevado a cabo por Alejandro en 332 a.C., Cartago se comprometió a sostener el cerco de la ciudad fenicia –fiel al persa Darío–, ya que los cartagineses veían a Tiro como a su madre patria.

Así pues, los legados de Cartago exhortaron a los tirios a resistir el asedio con espíritu decidido, y les prometieron que pronto les mandarían refuerzos. El sitio, que se prolongó durante siete meses, constituyó una de las mayores hazañas bélicas del estratega macedonio, tal como podemos comprobar en el capítulo que Mary Renault le dedica en Alejandro Magno. Una biografía (Edhasa, 1991), y que nos sobrecoge de admiración y espanto: “Al final Tiro fue asaltada por los barcos, con el apoyo del malecón, que pese a todo no llegaba hasta las murallas. Dueño del canal más próximo a tierra, Alejandro pudo acercar sus naves de asalto a las murallas más cercanas al mar, las que menos resistencia ofrecían. El día del ataque definitivo subió personalmente a una torre…”.

A la postre, el apoyo de Cartago a Tiro fue más anímico que material, pero, tras la caída de la ciudad en manos de Alejandro, los embajadores recibieron una soberana declaración de guerra, que el rey haría efectiva cuando se le terciara.

Fuera como fuese, su prematura muerte en Babilonia impidió que la amenaza pasara a mayores, por lo que Cartago pudo sobrevivir a la ira macedonia, para enfrentarse, con el devenir del tiempo, a un ejército tan audaz y victorioso: el de Roma. Imperialismo cartaginés contra imperialismo romano, con un resultado incierto a primera vista, pero que se inclinó del lado de la Loba a partir de la entrada de Cneo Escipión en Emporion, en 218 a.C. La destrucción final de Cartago tuvo lugar en las campañas de 149 a.C. a 146 a.C.

¿QUÉ HUBIERA PASADO SI…?
Volviendo a las ucronías –ese género que consiste en plantear lo que hubiera sucedido en el pasado si algún acontecimiento histórico no se hubiese desarrollado tal como fue–, cabe preguntarse qué hubiera pasado si Alejandro Magno hubiese mandado a sus huestes contra territorio íbero para desalojar a los cartagineses.

Pues, probablemente, que los macedonios habrían acabando chocando con las ansias expansionistas de Roma, en un duelo que ya se representó Tito Livio en Ab urbe condita (IX, XVII-XIX), con un resultado evidentemente favorable para los intereses de la Ciudad Eterna, entre otras cosas porque las falanges macedonias eran torpes en sus movimientos, y porque Alejandro no habría tenido la paciencia (ni habría vivido lo suficiente) para mantener una guerra larga contra Roma, como la que ellos sostuvieron durante veinticuatro años por mar con Cartago. ¿Qué otra cosa podía decir el historiador de Augusto?

Julio César ante la tumba de Alejandro, según un antiguo grabado.

Más generosos fueron, en cambio, los rendidos elogios que Julio César hizo de su figura histórica. En el año 69 a.C., César, nombrado cuestor por los Comicios, visitó el Heracleion gaditano, y rompió a llorar ante una estatua de Alejandro, lamentando que él, a su edad, aún no hubiera sido capaz de hacer nada, mientras que el macedonio había conquistado el mundo siendo muy joven. Las lágrimas de Julio César al pie de su estatua ilustraban a la perfección una de las sentencias más famosas atribuidas a Alejandro: “Es hermoso vivir con valor y morir dejando tras de sí fama imperecedera”. Él lo consiguió.

ANEXO
EL NUDO GORDIANO o cómo conquistar Asia en un momento
Las Vidas Paralelas de Plutarco reconstruyen, en la parte dedicada a Alejandro, uno de los episodios más conocidos de la trayectoria del jefe macedonio. ¿A qué nos referimos cuando hablamos de “nudo gordiano”? Demos la palabra al historiador griego:

“Después de esto sujetó a aquellos de los Pisidas que le hicieron oposición, puso bajo su obediencia la Frigia, y tomando la ciudad de Gordio, que se dice haber sido corte del antiguo Midas, vio aquel celebrado carro atado con corteza de serbal, y oyó la relación allí creída por aquellos bárbaros, según la cual el hado ofrecía al que desatase aquel nudo el ser rey de toda la tierra.

Los más refieren que este nudo tenía ciegos los cabos, enredados unos con otros con muchas vueltas, y que, desesperado Alejandro de desatarlo, lo cortó con la espada por medio, apareciendo muchos cabos después de cortado; pero Aristobulo dice que le fue muy fácil el desatarlo, porque quitó del timón la clavija que une con éste el yugo, y después fácilmente quitó el yugo mismo.

Desde allí pasó a atraer a su dominación a los Paflagonios y Capadocios, y habiendo tenido noticia de la muerte de Memnón, que, siendo el jefe más acreditado de la armada naval de Darío, había dado mucho en qué entender y puesto en repetidos apuros al mismo Alejandro, se animó mucho más a llevar sus armas a las provincias superiores de la Persia”.

ANEXO
ALEJANDRO MAGNO EN LA LITERATURA MEDIEVAL
Si bien Alejandro Magno nunca estuvo en la Península Ibérica, su presencia se hizo notar, y mucho, en la literatura medieval posterior, que quiso convertirlo en un personaje legendario, espejo de todas las virtudes caballerescas.

Tras la aparición, en el siglo III d.C., de la Novela de Alejandro, atribuida a un autor al que conocemos como Pseudo-Calístenes, la fama del conquistador macedonio traspasó todas las fronteras, merced a las numerosas traducciones del libro.

Uno de los clásicos más reputados de nuestras letras lleva por título Libro de Alexandre (siglo XIII), compuesto por 2.675 estrofas, que suman alrededor de 10.700 versos, y que constituye uno de los ejemplos más antiguos en España del mester de clerecía, una escuela que trabajaba con estrofas de cuatro versos de catorce sílabas.

“Los historiadores posteriores (a la época helenística), cuyas obras ya se han conservado, al menos en parte, como Diodoro, Quinto Curcio o Justino, constituyen un perfecto nexo entre esa tendencia a la fábula de los coetáneos de Alejandro y la pura narración novelada del Pseudo Calístenes”, en palabras del profesor Francisco Marcos Marín.

Las gestas de Alejandro Magno inspiraron obras como la Alexandreis o Alejandreida de Gautier de Châtillon (siglo XII), la Historia Alexandri Magni de Proeliis, de León de Nápoles (siglo X), o el poema francés Roman d’Alexandre (siglo XII), mientras que Alfonso X el Sabio las aborda con particular fortuna en su Grande e General estoria.

Aún más sorprendente resulta indagar en las versiones aljamiadas de su historia, como un Recontamiento del rey Alixandre, traducido del árabe, y donde la más loca fantasía impregna la biografía del conquistador macedonio, a quien vemos batallando por diferentes campos con la finalidad de extender la religión de Alá… “Cuantos prodigios de pueblos fabulosos, con un solo ojo, con cabeza de perro, con orejas que le dan sombra; cuantas aves y animales prodigiosos, cuantas virtudes escondidas en los metales y en las piedras pueden hallarse en las leyendas griegas y persas de Alejandro, otras tantas se ven reunidas en esta peregrina historia”, sentencia Marcelino Menéndez Pelayo en su Historia de los heterodoxos españoles.

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Magia negra en la Antigüedad

Posted on 01 mayo 2010 by Javier García Blanco

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Desde tiempos remotos, el hombre ha buscado los más diversos métodos para dominar a las fuerzas sobrenaturales en su propio beneficio. Dioses, demonios y espíritus de los muertos estaban entre los poderes del otro mundo que, con frecuencia, eran requeridos para perjudicar a un enemigo en Grecia, Roma o el Egipto de la época helenística. Así actuaban los magos negros del mundo antiguo…

Las palabras “magia” y “brujería” evocan en nuestra imaginación escenas del medievo, de brujas y magos encerrados en sus cubículos oscuros, rodeados de multitud de artilugios y repugnantes ingredientes, mientras recitan hechizos al calor de sus calderos humeantes. Sin embargo, la práctica de la magia se remonta al amanecer de la civilización, y todas las culturas antiguas contaron con un amplio abanico de prácticas relacionadas con el mundo sobrenatural. Desde Mesopotamia a Egipto, pasando por Grecia y Roma, todos los pueblos antiguos vieron surgir, de forma paralela a sus creencias religiosas, prácticas que incluían la adivinación, las maldiciones, la fabricación de “muñecos vudú” e incluso el contacto con los muertos: la nigromancia. Sus practicantes fueron los primeros magos negros de la Historia.

No es de extrañar, por tanto, que ante la proliferación de estas prácticas, el hombre del mundo antiguo tuviera la percepción de que cualquier mal –enfermedades, infortunios e incluso la muerte– podía tener su origen en la “magia negra” practicada por sus enemigos.

Aunque la existencia de tales creencias era conocida desde hace mucho tiempo a través de textos literarios como la Odisea de Homero y obras de autores clásicos como Heródoto, Platón o Plinio el Viejo, ha sido en las últimas décadas cuando el estudio de la magia negra en la Antigüedad ha recibido una atención especial por parte del ámbito académico, de forma paralela al hallazgo de numerosas piezas arqueológicas que, bajo la forma de llamativos objetos, como las llamadas ‘tablillas de maldición’ o los ‘muñecos vudú’, han ido apareciendo en multitud de excavaciones de todo el mundo grecorromano.

Los estudios realizados hasta la fecha han dedicado parte de sus esfuerzos a determinar las posibles relaciones o diferencias entre religión y magia. Por lo general, aunque difusa en ocasiones, existe una línea que separa ambas prácticas. Mientras que en los cultos religiosos “ortodoxos” lo habitual era que el fiel rezase de forma sumisa a las divinidades, sometiéndose a ellas en busca de ayuda, el practicante de la magia pretendía obligar a los dioses o fuerzas sobrenaturales, casi siempre con una finalidad egoísta o inmoral y de forma discreta o secreta. Por otro lado, habría que distinguir también entre aquella magia realizada con fines benéficos o profilácticos (como la fabricación y el uso de amuletos protectores contra todo tipo de males) y la ejercida con la intención de causar algún daño o de doblegar la voluntad de un enemigo, y que habitualmente se denominaba peyorativamente como goecia (del griego goeteia).

El militar romano Sexto Pompeyo empleando los poderes de la bruja Erictho para conocer el destino de la Batalla de Farsala, según Lucano.

En todo caso, y aunque el origen de dichas prácticas de remontaría muy atrás en el tiempo –en el mundo grecorromano solía identificarse con técnicas utilizadas por los antiguos sacerdotes persas de Zoroastro y Clemente de Alejandría afirmaba, en el siglo III d.C., que Egipto era “la madre de los magos”–, éstas se hicieron especialmente habituales durante el periodo helenístico y los primeros siglos de nuestra era, siendo moneda corriente entre griegos, romanos, judíos en incluso cristianos.

TABLILLAS DE MALDICIÓN
Entre las variadas formas de “magia dañina” que se practicó a lo largo de la Antigüedad clásica, una de ellas destaca de forma especial, por estar asociada a cierto tipo de hallazgos arqueológicos. Son las llamadas tabellae defixionum o “tablillas de maldición”, piezas consistentes en finas láminas –generalmente de plomo–, sobre las que se escribía el nombre de la víctima, a menudo acompañándolo de símbolos y fórmulas mágicas.

Hasta la fecha, los arqueólogos han descubierto más de 1.600 de estas tabellae defixionum, repartidas por todas las provincias romanas y distintos puntos del mediterráneo, y datadas en un periodo cronológico que abarca desde el 500 a.C. hasta finales de la Antigüedad. Normalmente, estas tablillas, una vez debidamente preparadas con las inscripciones correspondientes, eran enrolladas, atravesadas por clavos o uñas y enterradas en el interior o las proximidades de una tumba, el lugar de una ejecución o un campo de batalla. Se escogía estos escenarios pues se suponía que los espíritus de los muertos las “activaban” poniendo en marcha las maldiciones contra las víctimas. La finalidad de estos curiosos hechizos podía ser muy variada: en ocasiones se realizaban para perjudicar a un rival en una competición deportiva, otras buscaban “confundir” el discurso o la mente de un adversario durante un litigio jurídico o conseguir atraer a la persona amada. En algunos casos, por el contrario, podían buscar una meta positiva, como por ejemplo ayudar al espíritu de una persona fallecida de forma violenta.

Tablilla de maldición hallada en las termas Doria Pamphili.

En todos los casos, era necesaria la intercesión de las fuerzas del inframundo, bien fueran los espíritus de los muertos ya mencionados o ciertas divinidades relacionadas con el mundo de ultratumba. Entre estas últimas, es habitual la inscripción de los nombres de Perséfone o su madre Deméter, Hades, Hécate o Hermes, todos ellos vinculados con el más allá en una u otra forma. Ya en tiempos de la Roma Imperial, un periodo de gran sincretismo entre distintas formas religiosas, se hicieron habituales las menciones a divinidades de todo tipo: las egipcias Osiris, Seth y Thoth, las judías como Iao (Yahveh) o las mesopotámicas como Ereskigal.

MUÑECOS “VUDÚ”
Junto a las tabellae defixionum, otra de las manifestaciones de “magia negra” más llamativas –y este caso siniestras– son los denominados “muñecos vudú”. Estas figurillas, conocidas como kolossoi por los antiguos griegos, se realizaban en la mayor parte de los casos con plomo –aunque también se han hallado ejemplos en bronce, arcilla y cera–, y guardan una estrecha relación con las tablillas. De hecho, en muchos casos han aparecido asociadas a ellas. Aunque se han descubierto muchos menos ejemplos –apenas unas cuantas decenas–, suelen coincidir con las tabellae en finalidad, así como en el marco geográfico y la datación. En este caso, los ejemplos descubiertos varían desde las piezas toscas y apenas reconocibles como figuras humanas, a otras finamente elaboradas.

Al igual que sucedía con las tablillas, los muñecos “vudú” también eran enterrados dentro o cerca de las tumbas, pues debían ser “activados” por los espíritus de los muertos, y en algunos casos en encrucijadas –como señala Platón en uno de sus textos– o masas de agua. Por lo general se inscribía el nombre de la víctima sobre la figura, se modelaba con los brazos atados a la espalda y se atravesaban con clavos partes del cuerpo como la cabeza, los ojos, las extremidades o los órganos sexuales. Un aspecto similar al que acabamos de describir es el que presenta, por ejemplo, una singular figurilla conservada en el Museo del Louvre, en París. Pese a lo que pudiera parecer por sus aparentes similitudes con los muñecos vudú de los cultos afrocaribeños, en este caso la figurilla mágica no buscaba causar dolor o la muerte a la víctima, sino ejercer una especie de atracción mágica “amorosa”. De hecho, la pieza fue hallada en el interior de una vasija de arcilla, acompañada por una lámina con un hechizo de amor inscrito en griego, dirigida a una tal Ptolemais.

Muñeco ‘vudú’, actualmente conservado en el Museo del Louvre.

Aunque esta práctica adquirió un gran desarrollo en época helenística, existen algunos antecedentes similares que se remontan a tiempos del Antiguo Egipto. Al menos desde la Dinastía XII, fue habitual la inscripción de los llamados “textos execratorios” en figuras de barro. Dichos textos se grababan sobre figurillas de barro, madera o cera, representadas con los brazos atados y muchas veces arrodilladas, que simbolizaban a los adversarios del faraón (generalmente mandatarios de otras naciones enemigas) o traidores. Después se procedía a la destrucción de las mismas, y se depositaban en el interior o las proximidades de las tumbas. En ocasiones, los rituales de execración se realizaban tras la ejecución de un enemigo. De esta forma, “matando” el nombre de la víctima –parte fundamental de su personalidad–, el castigo se extendía a su alma en el más allá.

En ocasiones, estas figurillas podían representar animales, o bien ser insertados en cadáveres de los mismos. Un texto judío cabalístico datado en torno a los siglos III y IV d.C., el Sepher ha-Razim, describe con detalle como causar insomnio a la víctima escogida introduciendo una maldición en el cráneo de un perro negro “que nunca haya visto la luz”. Esta última instrucción indica, con seguridad, que el mago debía matar al cachorro poco después de nacer. En Antioquía, los arqueólogos descubrieron un singular grupo de nueve figuras que representaban caballos. Estas figuras estaban grabadas con los nombres de los animales, pero también de sus jinetes. ¿La razón? Su finalidad era maldecir a los mencionados, adversarios en una competición deportiva…

PAPIROS MÁGICOS
Junto a tablillas y figuras “vudú”, un tercer grupo de evidencias arqueológicas ha permitido a los investigadores profundizar en las prácticas mágicas de la Antigüedad. Se trata de los Papyri Graecae Magicae o Papiros Mágicos Griegos, un conjunto de textos escritos en griego, demótico y copto datados entre el siglo I a.C. y el IV de nuestra era. Estos textos, hallados en el desierto egipcio, constituyen un material de valor incalculable, pues no sólo evidencian la riqueza del sincretismo religiosos de Egipto bajo la dominación romana, sino que además amplían nuestro conocimiento sobre la variedad de hechizos y prácticas mágicas de la época.

Buena parte de las “recetas” incluidas en los papiros guardan notables similitudes con las tabellae, pero en otros casos presentan soluciones totalmente distintas. Una de las instrucciones más singulares explica, con todo lujo de detalles, cómo conseguir que el enemigo pierda la cordura: para ello había que atar un pelo de la víctima al de un muerto, y adherir ambos al cuerpo de un halcón. En otro caso, se alecciona al mago para conseguir que la víctima elegida sufra terribles pesadillas o incluso la muerte, después de dominar la ira del dios Seth y dirigirla contra el adversario deseado.

AL HABLA CON LOS MUERTOS
El repertorio de prácticas mágicas desarrollado en el mundo antiguo contaba también con otra “disciplina” de tintes no menos siniestros: la comunicación con los espíritus de los muertos, o nigromancia. Una práctica esta que debía ser común desde tiempos muy antiguos, pues la primera mención de la que se tiene constancia se halla, precisamente, en el libro XI de la Odisea, un texto que data de la época arcaica.

Los estudios realizados por los especialistas parecen evidenciar que la nigromancia fue una costumbre bastante común en Grecia. De hecho, distintas referencias en fuentes literarias hacen mención a los nekuomanteia o nekromanteia, “lugares de profecía de los muertos” o “lugares donde se ve a los muertos”, respectivamente. Al parecer, existieron cuatro oráculos de este tipo que obtuvieron una fama considerable: el Acheron, en Thesprotia; el Avernus, en Campania; Heracleia Pontica, en el Mar Negro y el Tainaron, en la península de Mani. Según el especialista Daniel Ogden, autor de Greek and Roman necromancy, estos nekuomanteia podían estar ubicados en cuevas artificiales o naturales, o bien en lagos “donde no había pájaros”.

Por desgracia, la arqueología no  ha obtenido muchas evidencias sobre las prácticas allí realizadas, aunque todo parece indicar que para obtener la información deseada, los consultantes debían pasar la noche en el interior del nekuomanteion, de forma que los espíritus le revelaran las respuestas durante el sueño, una práctica conocida como “incubación”.

Ya en época romana, la práctica de la nigromancia estuvo vinculada a la participación de niños durante el ritual, generalmente como médiums, pues se creía que los infantes vírgenes poseían un espíritu limpio que facilitaba la comunicación con los espíritus. Al igual que en el caso griego, la finalidad de estos rituales era obtener algún tipo de información valiosa, o una predicción sobre el futuro. Curiosamente, la participación de niños en los rituales nigrománticos extendió la idea de que, en ciertos casos, éstos eran sacrificados durante los rituales, algo que en ningún caso ha sido demostrado por la arqueología.

Esta connotación negativa de la nigromancia en época romana se manifestó tanto en la República como bajo el Imperio. De hecho, fue moneda corriente que algunos autores del momento utilizarán las acusaciones de nigromancia para desacreditar a figuras relevantes, e incluso a emperadores, como ocurrió con Nerón, Cómodo o Caracalla, entre otros. Una percepción negativa que tuvo su reflejo en la persecución que éstas y otras prácticas mágicas sufrieron en distintos momentos (ver recuadro).

La llegada y posterior desarrollo del cristianismo no acabó con estas “disciplinas” –algunas de ellas, como la adivinación, incluso fueron practicadas por miembros del clero en los primeros siglos–, aunque sí fueron modificándose con el tiempo, creando el caldo de cultivo para prácticas de índole mágica de épocas posteriores.

ANEXO
AL MARGEN DE LA LEY
Las distintas prácticas mágicas desarrolladas en el mundo grecorromano no fueron vistas por las autoridades de la misma manera, y su percepción fue distinta entre griegos y romanos. En el caso de Grecia, prácticas como la nigromancia no estaban mal consideradas, y por norma general sólo se perseguía aquel tipo de magia que buscaba dañar a un individuo o a la comunidad, y se juzgaba en función del mal supuestamente infligido. Una de las escasas referencias conservadas al respecto procede de la ciudad jonia de Teos, en cuyas leyes se condenaba a quienes empleasen pharmaka deleteria (magia dañina) contra la ciudad o algunos de sus miembros. Curiosamente, la cita aparece bajo la forma de una maldición contra quien realizase tal delito: “Aquel que emplee magia dañina contra la gente de Teos, sea destruido, él y toda su familia”.

En Roma, tanto durante la República como en el Imperio, las leyes fueron mucho menos permisivas. Así, el emperador Augusto prohibió durante su mandato el uso de la magia o la adivinación con la intención de predecir la muerte. Igualmente, Tiberio condenó a pena capital a todo aquel que utilizara métodos mágicos para averiguar cuándo iba a fallecer el emperador. Finalmente, en época de Constancio II, la nigromancia quedó proscrita en función de la ley De maleficis et mathematicis et ceteris similibus.

ANEXO
AMULETOS CONTRA EL MAL
Las víctimas –o aquellos que se creían tales– de las más variadas maldiciones contaban con distintos medios de protección frente al mal. El medio más habitual para contrarrestar los hechizos maléficos eran los amuletos protectores, conocidos como periapta o periamma y que, básicamente, consistían en una especie de láminas de oro o plata, llamadas lamella, que se colgaban del cuello y en las que se realizaban inscripciones. Estos amuletos podían proteger frente a males generales o maleficios concretos, como los que se creían causados por las tablillas de maldición. En el caso de éstas, y de los muñecos “vudú”, parece ser que bastaba con descubrir tales objetos maléficos para anular su poder. En otros casos, los amuletos podían consistir en gemas igualmente inscritas, cuyo poder era mayor en función de la riqueza y el valor de la piedra preciosa utilizada.

BIBLIOGRAFÍA

-DICKIE, Matthew WMagic and magicians in the greco-roman world. Routledge. New York, 2003.

-JANOWITZ, Naomi. Magic in the Roman world. Pagans, jews and christians. Routledge. New York, 2001.

-MIRECKI, Paul, MEYER, Marvin (Eds.) Magic and ritual in the ancient world. Brill Ed. Boston, 2002.

-OGDEN, Daniel. Greek and Roman Necromancy. Princeton University Press, 2001.
-Magic, Witchcraft, and ghosts in the Greek and Roman Worlds. Oxford University Press. New York, 2002.

-PETROPOULOS, J.C.B. (Ed.). Greek magic: ancient, medieval and modern. Routledge monographs in classical studies. New York, 2008.

-PINCH, Geraldine. Magic in ancient Egypt. British Museum Press. London, 1994.

-VÁZQUEZ-HOYS, Ana María. Aspectos mágicos de la Antigüedad. Boletín de la Asociación de Amigos de la Arqueología nº 21, junio 1985.


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