La imagen bonachona y pacífica de Panoramix, el anciano druida de los cómics de Astérix y Obelix, podría ser diametralmente opuesta a la realidad. Al menos, eso es lo que parecen sugerir los últimos estudios arqueológicos sobre los celtas y, en especial, sobre sus sacerdotes, los druidas. En un reciente documental emitido por el canal de televisión National Geographic, titulado Secretos de los druidas, se desvela que estos sacerdotes celtas podrían haber practicado el sacrificio humano ritual e incluso el canibalismo. Esta idea era conocida desde época romana, pues distintos autores, como Plinio el Viejo o el propio Julio César relataron en sus escritos algunas de las supuestas prácticas salvajes de los druidas. Sin embargo, hasta el momento los historiadores no habían concedido crédito a esta posibilidad, considerando los testimonios romanos –y a falta de evidencias arqueológicas– como mera propaganda de guerra.
Un punto de vista que parece haber cambiado tras algunos hallazgos recientes. Uno de ellos es el del llamado Hombre de Lindow, un cuerpo momificado que data de hace 2.000 años y que fue descubierto en Inglaterra en la década de 1980. Según los expertos, este cadáver –al parecer perteneciente a un noble– muestra signos de haber sufrido un duro martirio durante un sacrificio ritual, como explica la arqueóloga Miranda Aldhouse-Green, de la Universidad de Cardiff.
Otro hallazgo, aún más macabro, se produjo en el año 2000 en Alveston, Inglaterra. Allí, en una cueva de la localidad, los arqueólogos han descubierto los cadáveres de 150 personas que, al parecer, fueron sacrificadas en la época de la conquista romana. Para sorpresa de los estudiosos, los restos de Alveston manifestaban signos de haber sufrido canibalismo. En opinión de Aldhouse-Green y otros expertos, estas prácticas rituales seguramente pretendían obtener el favor de los dioses, en busca de una victoria frente a los invasores romanos.
La célebre secta judía de los esenios, a quienes durante décadas se ha atribuido la redacción de los famosos y enigmáticos “Manuscritos del Mar Muerto”, no es más que una leyenda sin sustento histórico. Esa es la sorprendente hipótesis de la estudiosa Rachel Elior, una destacada académica israelí, profesora de misticismo en la Universidad Hebrea de Jerusalén.
Según Elior, la idea de la comunidad esenia fue una invención del historiador romano de origen judío Flavio Josefo. Una mistificación que terminaría pasando a siglos posteriores como hecho histórico. En opinión de la estudiosa israelí, no hay una sola mención a los esenios en los más de 900 rollos encontrados en 1947 en las cuevas de Qumrán. Esta ausencia, según Elior, se debe a que todo fue una invención de Josefo, quien pretendía ofrecer a los romanos una visión heroica y de devoción religiosa de lo judíos. Pero si no fueron los esenios, entonces ¿quién escribió los célebres manuscritos? Elior cree que pudieron ser los llamados “hijos de Zadok”, unos renegados expulsados del Templo de Jerusalén, quienes en el siglo II a.C. se habrían llevado consigo los célebres rollos, ocultándolos en Qumrán.
Como es lógico, las declaraciones de Elior han causado una gran polémica entre los expertos en textos bíblicos, que no coinciden en sus apreciaciones. En opinión de James Charlesworth, director del proyecto Manuscritos del Mar Muerto de la Universidad de Princeton (EE UU), no es extraño que no se mencione la palabra “esenios” en los rollos, pues se trataba de una denominación extranjera. “Cuando se refieren a ellos mismos –explica Charlesworth–, lo hacen como ‘hombres de sacralidad’ o ‘hijos de la luz”. Además, el experto estadounidense explicó que al menos ocho historiadores de la Antigüedad, entre ellos Plinio el Viejo, mencionan a los esenios. La polémica está servida.
¿Sufre habitualmente pesadillas recurrentes que le impiden descansar como es debido? Si es así, es posible que tenga que dejar de culpar a una mala digestión, al alcohol o a las preocupaciones de la vida diaria. Tras un estudio de más de ocho años, el psicólogo australiano Darren Lipnicki, investigador del Centro de Medicina Espacial en Berlín (Alemania), ha llegado a la conclusión de que muchos de nuestros sueños podrían estar influidos por la actividad geomagnética de la Tierra.
Entre 1990 y 1997 –mientras aún era una adolescente–, Lipnicki registró cuidadosamente todos los sueños que fue capaz de recordar. Siguiendo una escala ideada por él mismo, en la que 0 significaba “sueño normal” y 5 “sueño de alta extrañeza”, fue clasificando todas sus ensoñaciones nocturnas, por un mero interés científico. Cuando años más tarde descubrió unos estudios que relacionaban la actividad geomagnética con un incremento en la melatonina –una hormona implicada en el proceso del sueño–, decidió cotejar sus anotaciones sobre sus sueños con la actividad geomagnética registrada aquellos años en su ciudad. Para su sorpresa, Lipnicki descubrió que la inmensa mayoría de los sueños más extraños coincidían de forma destacada con aquellas fechas en las que la actividad geomagnética estaba en sus niveles mínimos.
La conclusión, a falta de estudios más detallados, podría ser que el aumento de la actividad geomagnética incrementa el nivel de melatonina en nuestro cuerpo, facilitando un buen descanso, mientras que en ausencia de ella se favorece la aparición de nuestras peores pesadillas.
Un equipo de arqueólogos de la Universidad de Nottingham (Reino Unido), dirigido por el Dr. Jon Henderson, está a punto de sacar a la luz todos los secretos de la antigua ciudad de Pavlopetri, un asentamiento con más de 4.000 años de antigüedad que se encuentra bajo las aguas cerca de Laconia (Grecia).
Según los expertos, la ciudad –que fue descubierta en 1967– todavía conserva varios edificios intactos, calles, así como diversas tumbas del periodo micénico, datadas entre el 1680 y el 1180 a.C. El yacimiento, que tiene el honor de ser el enclave humano sumergido más antiguo que se conoce, comenzará a ser investigado a partir de este verano, aunque las primeras excavaciones no se producirán hasta el año 2010.
Más de 1.300 huesos pertenecientes a veinticinco perros. Ese es el macabro hallazgo que han realizado los arqueólogos de la Universidad de Eotvos Lorand (Hungría), en los restos del pueblo medieval de Kana, cerca de Budapest. Según la directora del estudio, la arqueozoóloga Marta Daróczi-Szabó, dichos restos forman parte de un gran sacrificio ritual de origen pagano realizado entre los siglos X y XIII d.C.
Los investigadores creen que estos rituales tenían como finalidad proteger a la población del mal de ojo o la brujería, por lo que actuaban a modo de amuletos, según la creencia de los habitantes de la región en aquella época. Aunque el cristianismo llegó a Hungría en torno al siglo XI, y el primer rey del país, Esteban I, prohibió los sacrificios y rituales paganos a partir de su reinado, estas creencias perduraron durante varios siglos, tal y como demuestra el reciente hallazgo.
Hasta la fecha se creía que los sacrificios de perros habían sido escasos y muy aislados, como los descubiertos bajo varias iglesias de Budapest, pero ahora el descubrimiento realizado en Kana parece indicar que fue una costumbre bastante extendida, a pesar de no existir registros escritos sobre esta práctica.
Kodinhi (India) y Cândido Godói (Brasil). Son los nombres de dos pequeñas localidades situadas a miles de kilómetros de distancia, pero que poseen una sorprendente característica en común: ambas poseen el insólito honor de tener unas de las tasas de nacimiento de gemelos más grandes del mundo. En el caso de la población brasileña se contabilizan más de cien parejas de gemelos, para una población de apenas 7.000 habitantes.
En cuanto a la localidad india, ésta cuenta con unos 14.000 habitantes, y el número de parejas de gemelos es de unas 250. En ambos casos se desconoce la causa exacta del fenómeno, aunque en el ejemplo brasileño algunos no dudan en señalar al temible Dr. Mengele, el científico nazi célebre por sus horribles experimentos, y quien al parecer vivió en la región en los años 60.
Esa es una de las conclusiones de un reciente estudio realizado por neurocientíficos de la Universidad de Toronto (Canadá). Según el equipo de científicos canadienses, las personas que manifiestan una profunda devoción religiosa muestran una actividad mucho menor en una región cerebral vinculada con la ansiedad que aquellos individuos ateos o sin fuertes convicciones religiosas. Según Michael Insito, director del estudio, “la religión ofrece un marco interpretativo para comprender el mundo. Permite saber, a los creyentes, cuándo actuar, cómo actuar y qué hacer ante una situación específica”. Esto, según el neurocientífico, permite reducir el estrés ante ciertas situaciones que pueden desencadenar la ansiedad.
Durante un experimento en el que participaron cincuenta estudiantes cristianos, musulmanes, budistas y ateos, los científicos sometieron a los voluntarios a una encefalografía, en la que se medía la actividad desarrollada en el córtex cingular anterior (CCA). Durante una batería de tests elaborados a tal efecto, los científicos detectaron que la actividad era mucho mayor en los ateos y agnósticos que en aquellas personas creyentes.
Según los expertos, estos resultados también podrían indicar que los individuos con cierto tipo de cerebro estarían más predispuestos a ser más religiosos que los demás. Sin embargo, todo parece indicar que es al contrario, y que serían las creencias religiosas las que alterarían la actividad cerebral. Según Insito, estos resultados no sólo se restringen a los creyentes religiosos, sino también a otras formas de creencia, como la política. Así, después de realizar un estudio similar al actual, se descubrió que la actividad cerebral en el CCA era también menor entre aquellas personas que manifestaban ideales políticos conservadores.