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Archive | marzo, 2009

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Secretos de Stonehenge

Posted on 17 marzo 2009 by Redacción

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Cruzados españoles en Tierra Santa

Posted on 16 marzo 2009 by Javier García Blanco

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crusaders2007Suele pensarse que las tropas cristianas de la península limitaron su lucha contra los musulmanes a los territorios de la “piel de toro”, quedando Tierra Santa fuera de su campo de acción. Sin embargo, numerosos caballeros de los reinos hispánicos encaminaron sus pasos a Ultramar con la idea de participar en gestas heroicas para recuperar los Santos Lugares.


Trípoli, 26 de abril de 1289. La ciudad, hasta entonces en manos cristianas, lleva más de un mes sitiada por las tropas sarracenas del sultán Qalawun. Las autoridades de la ciudad, gobernada por Lucía de Trípoli, habían sido advertidos del peligro por Guillermo de Beaujeu, Gran Maestre del Temple, pero su aviso cayó en saco roto. A pesar de los refuerzos recibidos (tropas hospitalarias, templarias, francesas y chipriotas), dos de las torres principales –entre ellas la del Hospital– han caído ya y los que todavía pueden, huyen antes de caer bajo el temible filo sarraceno.

Doña Lucía, los mariscales del Temple y del Hospital, así como el Senescal de Jerusalén, Sir John de Grailly, logran escapar por mar. El resto de la población, que no quiere o no puede escapar a tiempo, espera con resignación su inminente final. Mientras la mayor parte de los defensores han huido, desatendiendo sus puestos, unos pocos valientes intentan resistir los ataques de las tropas de Qalawun. Entre ellos, dos caballeros vestidos de blanco y con una visible cruz roja sobre su hombro izquierdo: los templarios españoles Pedro de Moncada y Guillermo de Cardona. El primero de ellos, catalán de nacimiento, había ocupado el puesto de Maestre provincial de Aragón entre 1279 y 1282. Los dos caballeros pelean fieramente, espada con espada, pero las brechas abiertas en las murallas dejan pasar sin problemas a las huestes musulmanas y los templarios sucumben sin remedio.

Después de 180 años de dominio cristiano ininterrumpido –el más prolongado de Tierra Santa–, como señala el historiador británico Christopher Tyerman, Trípoli cae en manos del dominio musulmán. Atrás quedan, a pesar del esfuerzo de caballeros como Moncada y Cardona, más de 7.000 cristianos muertos, y otros miles convertidos en esclavos.

RAZONES DE UN SILENCIO HISTÓRICO
Episodios como este, protagonizados por españoles que pelearon con valentía e hicieron “cruel guerra” a los sarracenos de Tierra Santa, salpican esporádicamente la historia de Ultramar. Sin embargo, sus hazañas han quedado a menudo ensombrecidas, tanto en las crónicas de la época como en los estudios más recientes, copados siempre por las gestas de personajes como Godofredo de Bouillon o Ricardo Corazón de León. Pero a pesar de este silencio histórico, fueron muchos los que, nacidos en la península, dejaron atrás posesiones y familias para guerrear en Ultramar (el término cruzada no se empleaba entonces), en busca de aventuras o con la intención de cumplir con el ideal caballeresco de la época.

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Aún así, hay que reconocer que el número de fuerzas españolas en los Santos Lugares fue muy inferior al de otros reinos cristianos. El principal motivo de esta ausencia es claro: mucho antes de que Urbano II alentara a la cristiandad para recuperar los Santos Lugares, desencadenando una fiebre guerrera y conquistadora, los distintos reinos peninsulares llevaban ejercitando su particular cruzada contra los “infieles mahometanos” presentes en la piel de toro.

De hecho, varios monarcas europeos y, especialmente, los pontífices de la Madre Iglesia, prefirieron habitualmente que las tropas cristianas de la península dedicaran todos sus esfuerzos a contener a las fuerzas sarracenas que amenazaban aquellos territorios. La situación era lo suficientemente delicada en el Este, como para tener que preocuparse también por un posible avance en Occidente. Para evitar la “fuga” a Tierra Santa de las espadas más osadas y tercas, el papado igualó los beneficios (en forma de indulgencias) entre los cruzados de Oriente y los peninsulares.

Pero a pesar de todos estos esfuerzos, no faltaron, como veremos, algunos ejemplos de españoles que abandonaron sus lugares de nacimiento para acudir a Ultramar, especialmente en los momentos de mayor tranquilidad en España.

GUILLERMO, CONDE DE TRÍPOLI
Raimundo IV de Tolosa fue, sin duda alguna, uno de los personajes más destacados de la Primera Cruzada. Algunos años antes había acudido en auxilio de Alfonso VI de Castilla para hacer frente a los enemigos de la fe que amenazaban los reinos cristianos, y cuando Urbano arengó a la conquista de Tierra Santa, no dudó en ser uno de los primeros en levantar su espada y dirigir sus pasos hasta allí.

En agradecimiento por la ayuda recibida, Alfonso VI de Castilla le otorgó la mano de su hija Elvira, pero aquella dote no fue lo único que Raimundo se llevó de la península. Numerosos guerreros decidieron seguirle a su nuevo destino. Entre todos ellos destacó especialmente Don Guillermo, conde de Cerdaña, más tarde conocido como Guillermo Jordán, tras ser rebautizado en las aguas del bíblico río.

El noble catalán acompañó al de Tolosa en batalles importantes de la Primera Cruzada, como la toma de Tortosa (la de Ultramar) o el asedio a Trípoli. Precisamente, tras la muerte de Raimundo, el conde de Cerdaña aprovechó la ausencia de su hijo Beltrán y la minoría de edad de su otro vástago, Alfonso, para autonombrarse conde de Trípoli, aunque esta todavía no había caído. Cuando poco después llegó Beltrán de Tolosa, se produjo un enfrentamiento entre ambos por el poder, circunstancia que se resolvió mediante un acuerdo, hasta que el español murió durante una refriega entre cristianos, al ser atravesado por una flecha.

Otro noble español, en este caso más conocido, e igualmente relacionado con Raimundo IV de Tolosa, participó también junto a él en la Primera Cruzada: Berenguer Ramón II, apodado El Fratricida. Este singular alias procede, al parecer, de las sospechas que recayeron sobre él, pues se extendió el rumor de que había ordenado el asesinato de su hermano mellizo, Ramón Berenguer II, a quien durante un tiempo disputó el condado de Barcelona. Cuando las sospechas del asesinato arreciaron, se vio obligado a renunciar al título y, según algunas fuentes, encaminó sus pasos a Tierra Santa, peleando valerosamente junto a Raimundo y perdiendo la vida en Jerusalén.

UN INFANTE EN LA TOMA DE JERUSALÉN
Las crónicas de Ultramar citan a otro noble español, el infante Ramiro Sánchez de Navarra, durante el asalto a la ciudad de Jerusalén en 1099. Al parecer, Ramiro estaba entre la hueste que atravesó la muralla por la zona de la piscina probática (un lugar de aguas curativas citado en la Biblia). En ese lugar, según el relato, habría encontrado un fragmento de la Vera Cruz, el madero en el que se crucificó a Cristo.

Ya de regreso a casa, y viendo próxima su muerte, Ramiro dejó un testamento en el que ordenaba la construcción de una iglesia dedicada a la Virgen, en la que custodiar la sagrada reliquia y una talla de Nuestra Señora, también traída de Jerusalén, y supuestamente realizada por el mismísimo San Lucas. Dicho templo existe hoy en día, en La Rioja, bajo el nombre de Ermita de Santa María de la Piscina.

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En otros casos, las menciones a héroes peninsulares están visiblemente ensalzadas, y cuesta dilucidar la rigurosidad de las hazañas descritas. Un buen ejemplo es el del caballero Golfer de las Torres, mencionado por Martín Fernández de Navarrete, autor de uno de los escasos trabajos sobre la presencia hispana en las cruzadas de Oriente.

Según el relato recogido por Navarrete, Golfer participó en el cerco de Antioquía, donde protagonizó un heróico lance. Montando a caballo, se lanzó a cruzar un puente recién construido, armado únicamente con una lanza. Al llegar al otro lado se encontró con cinco sarracenos a caballo, dando muerte el sólo a tres de ellos. Los dos que salieron con vida alcanzaron la ciudad muertos de miedo, y dieron aviso a las tropas del interior. Un buen número de guerreros musulmanes salieron en persecución de Galfer, iniciándose así una cruenta batalla que terminó con la victoria cristiana, con más de mil bajas entre los musulmanes.

DE TOLEDO A ULTRAMAR
Más respaldo histórico posee la historia del conde Rodrigo González de Lara. Natural de Liébana, este noble protagonizó, junto a su hermano Pedro, un enfrentamiento con Alfonso VII, El Emperador. Sin embargo, más tarde terminó convirtiéndose en su aliado, logrando para él una notable victoria durante una incursión audaz en tierras sevillanas, ocupadas por la morisma.
En agradecimiento por los servicios prestados, el Emperador le otorgó el cargo de tenente y alcaide de Toledo en 1132. Sin embargo, las buenas relaciones entre ambos duraron poco y, tras un duro enfrentamiento, González de Lara rechazó su puesto en Toledo y decidió poner rumbo a Tierra Santa.

Allí, según las crónicas, “hizo cruel guerra a los moros y enemigos de la fe y edificó un fortísimo castillo frontero con Ascalonia”. Un contemporáneo, Rorgo Fretellus de Nazaret, citaba al español como “un ferviente caballero de armas de los Macabeos (en referencia a los templarios)”. El citado castillo fue, posiblemente, una fortificación conocida como “La tour des chevalliers” (la torre de los caballeros), en la actual Latrun.

Escena del film "El Reino de los Cielos". Crédito: Twentieth Century Fox

González de Lara se asoció con los templarios durante su estancia en Tierra Santa, a quienes cedió el castillo; de hecho, estuvo acompañado por otro español, un templario conocido como Pedro el Cruzado, hijo de un buen amigo suyo. Tiempo después regresó a la península, pero al haber perdido sus posesiones anteriores, estuvo al servicio de señores como García Ramírez de Navarra o don Ramón, conde de Barcelona, e incluso del rey Albengamia de Granada. Al parecer, durante su estancia en esta corte fue envenenado, y decidió marchar de nuevo a Tierra Santa, donde murió víctima de la lepra.

EL FIN DE UN SUEÑO
La huella hispana en “Tierras del Señor” se completa con los nombres de otros muchos héroes, como el conde Don Fernando de Galicia, quien habría guerreado allí en dos ocasiones, o Guitardo, conde de Rosellón. La lista aumenta con multitud de historias, muchas de ellas protagonizadas por personajes anónimos, como el caso de una dama llamada Azalaida, que en 1104 partió en un navío con rumbo a Siria, y cuya fortuna desconocemos, a pesar de que dejó constancia escrita de su partida.

A estos ejemplos hay que sumar las distintas iniciativas reales (ver anexo) y la lógica presencia de miembros de las grandes órdenes (templarios y hospitalarios) de origen peninsular. A este respecto, Alan Forey, autor de un completísimo trabajo sobre el Temple en la Corona de Aragón, señala los ejemplos de varios maestres provinciales de la Orden que, como Pedro de Moncada, participaron en las luchas de Tierra Santa antes de ocupar su cargo en territorio español.

De cualquier modo, y pese al silencio histórico, los españoles que guerrearon en Ultramar “disfrutaron” del mismo destino que sus iguales del resto de Europa: saborearon la victoria en múltiples ocasiones, pero sufrieron la derrota en otros tantos momentos. Un fracaso que se convirtió en una amarga realidad cuando, finalmente, San Juan de Acre cayó para siempre en manos musulmanas en 1291.

ANEXO
LAS FALLIDAS CRUZADAS REALES
Además de los caballeros que, a título personal o formando parte de algunas de las órdenes militares, embarcaron rumbo a tierras del Este, en la lista de españoles cruzados hay que añadir a varios monarcas. En 1238, en tiempos de la Sexta Cruzada, Teobaldo I de Navarra decidió organizar un ejército para luchar en Ultramar. Por desgracia, su historial como cruzado no es demasiado brillante, pues sólo participó en dos batallas dignas de mención, y sólo venció de forma tímida en una de ellas. A pesar de todo logró un pacto con señores de Egipto y Damasco, recuperando Jerusalén, Belén y otras poblaciones. Dos años después de iniciar su particular cruzada regresó a Europa.

Al igual que su padre, Teobaldo II también quiso probar suerte en las cruzadas. Así, en 1270 acompañó a su suegro, Luis IX de Francia, durante un asedio a la ciudad de Túnez. El monarca francés falleció de fiebres durante la contienda, y a Teobaldo también le llegó la muerte en diciembre de ese mismo año, cuando todavía no había alcanzado la península. El intento de participar en la cruzada tampoco fue exitoso en el caso de Jaime I el Conquistador. Un año antes de la incursión de Teobaldo II, el monarca aragonés se hizo a la mar con dirección a Tierra Santa, pero una terrible tormenta hundió parte de la flota, obligándole a regresar a tierra, mientras sólo unas pocas embarcaciones continuaban su camino.

ANEXO
LAS ÓRDENES HISPANAS EN TIERRA SANTA
Aunque el papel de las Órdenes Militares surgidas en suelo español consistía principalmente en la defensa de los territorios cristianos peninsulares e impulsar la reconquista,  en algunos casos las fuentes de la época mencionan cierto papel en Tierra Santa. Algunas de estas órdenes, como por ejemplo la de Santiago, llegó a poseer bienes en Antioquía, al ser requerida para ayudar a Bohemundo III.  Ya en el siglo XIII, otro monarca, Balduino II de Constantinopla, solicitó también ayuda a los santiaguistas e incluso se estableció un compromiso para el envío de 300 caballeros, aunque finalmente no se llevó a cabo.

Otra Orden hispana, la de Montjoie o Monte Gaudio (fundada por el conde Rodrigo Álvarez), recibió también algunas propiedades en la década de 1170 de la mano de Balduino IV y Reinaldo de Châtillon, a cambio de que lucharan en Ultramar. Sin embargo,  debido a su escasa presencia, finalmente dichos bienes pasaron al Temple.

Finalmente, la Orden de Calatrava manifestó en 1206 su intención de acudir a los Santos Lugares aprovechando una tregua con las tropas almohades, aunque finalmente los planes tampoco fructificaron.

BIBLIOGRAFÍA:
-CARMONA RUÍZ, María Antonia. La participación de las órdenes militares hispanas en las cruzadas de Oriente. Proyecto Clío.

-FERNÁNDEZ DE NAVARRETE, Fermín. Españoles en las cruzadas. (Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes).

-FOREY, Alan J. The Templars in the Corona de Aragon.

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Una serpiente del tamaño de un autobús

Posted on 15 marzo 2009 by Redacción

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Medía más de trece metros de largo y pesaba unos 1.135 kilogramos. Esas son las colosales dimensiones del ofidio más grande que jamás ha reptado sobre la superficie de la Tierra. Hace mucho tiempo que desapareció, pues vivió hace unos sesenta millones de años, pero los científicos del Museo Nacional Smithsonian de Historia Natural y otros especialistas de la Universidad de Toronto (Canadá), están convencidos de que su enorme figura, mayor que la de un autobús, la convierten en la mayor serpiente del mundo, superando a otras especies como la Gigantophis garstini, que medía unos 11 metros y que ostentaba hasta ahora el “título” de serpiente más grande.

titanoboa

El descubrimiento de esta nueva especie, del tipo de las anacondas, se produjo tras el hallazgo en la región colombiana de Cerrejón de varios fósiles de este animal, que ya ha sido bautizado como Titanoboa cerrejonensis. Hans-Dieter Sues, un experto del Museo Nacional Smithsonian explicó que, de haber convivido con estos temibles animales, el ser humano no habría tenido la mínima oportunidad de sobrevivir. Sues explicó también que este tipo de serpientes mataban a sus víctimas asfixiándolas. Dado el tamaño de esta serpiente, su fuerza sería comparable a la de una prensa para aplastar chatarra como las que existen en los vertederos de coches. En definitiva, un temible depredador que no nos habría gustado tener cerca.

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Hallan un túnel creado por los Hospitalarios en Malta

Posted on 13 marzo 2009 by Redacción

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Los trabajos de construcción de un parking subterráneo en La Valeta (Malta) han sacado a la luz una galería de túneles desconocida hasta la fecha. Aunque el hallazgo se produjo a finales de febrero de 2009 y todavía es muy pronto para determinar con exactitud su origen y funcionalidad, todo parece indicar que la extensa red de galerías fue construida por los caballeros de la Orden de San Juan, quienes durante mucho tiempo gobernaron la isla. Los arqueólogos que han podido examinar los túneles destacaron que éstos conducen en varias direcciones, aunque posiblemente algunos de ellos conectaban directamente con el Palacio del Gran Maestre, hoy sede del Gobierno maltés.

Claude Borg, coordinador del proyecto de rehabilitación de La Valeta, explicó a la prensa que el hallazgo supuso toda una sorpresa, pues las fuentes documentales conservadas no mencionan en ningún lugar la existencia de estas galerías subterráneas. Con los datos obtenidos hasta el momento, todo parece indicar que los caballeros de San Juan construyeron las galerías como parte de un sistema de drenaje. Cuando los trabajos arqueológicos concluyan, los investigadores confían en que este inesperado descubrimiento pueda sumarse a la larga lista de enclaves históricos que todos los años atraen a cientos de miles de turistas hasta Malta.

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El secreto de Darwin

Posted on 12 marzo 2009 by Juan Ignacio Pérez

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darwinEl año 2009 marca el 200 aniversario del nacimiento de Charles Darwin (12 de febrero de 1809) y el 150 aniversario de la publicación de su obra El origen de las especies por medio de la selección natural (24 de noviembre de 1859). Así que no hemos querido dejar de recomendar algún libro sobre este personaje trascendental para la ciencia.

Hemos seleccionado un libro difícil de clasificar: en algunas librerías lo encontraréis como “novela policíaca” y en otras como “novela histórica”. Lo cierto es que la expresión “novela histórica” parece contradictoria en sí misma porque “novela” nos evoca ficción e “histórica” nos evoca realidad. Sin embargo, según su definición es una expresión correcta:

“Obra literaria en prosa en la que se narra una acción fingida en todo o en parte, y cuyo fin es causar placer estético a los lectores con la descripción o pintura de sucesos o lances interesantes, de caracteres, de pasiones y de costumbres. La novela histórica es la que desarrolla su acción en épocas pasadas, con personajes reales o ficticios.” (RAE)

Así, por una parte, en esta novela nos encontramos con una serie de personajes ficticios (situados en la actualidad) como el protagonista: un antropólogo que tras varios meses investigando en las Islas Galápagos regresa a Londres; allí descubre el diario de la hija menor de Darwin, el cual le permitirá tratar de descifrar porqué Darwin tardó veintidós en publicar su paradigmático libro así como otros interrogantes que le van surgiendo.

Y por otra parte, también nos encontramos con una serie de personajes contemporáneos de Darwin que, según el autor, son reales pero de quienes se ha tomado amplias libertades en cuanto a sus descripciones y actuaciones. Ese es el caso de la citada hija menor de Darwin: Anne Elizabeth “Annie” Darwin (2 de marzo de 1841 – 23 de abril de 1851). Con apenas sólo diez años de vida, poco se sabe sobre ella y la existencia de su diario es ficticia. Lo más parecido a esta ficción es una caja donde sus padres coleccionaron recuerdos de ella: sobre todo herramientas de costura y escritura además de notas de Darwin sobre la enfermedad que acabó con su corta vida. Hace pocos años, un descendiente de Darwin encontró esta caja y escribió un libro cuyo título en español es La caja de Annie: Darwin y familia.

Resumiendo, el libro promete como novela de intriga pero exige ser muy escéptico con las conclusiones sobre Darwin.

El secreto de Darwin
John Darnton
Editorial Planeta, 2008
ISBN 978-84-08-07671-1


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Buscando a ET en la Tierra

Posted on 07 marzo 2009 by Redacción

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et_moonDurante siglos, el ser humano ha soñado con encontrar a otras criaturas semejantes en las inmensidades del Cosmos. Este ansia por confirmar que no estamos solos ha llevado, incluso, a la creación de proyectos científicos como el SETI, que desde hace décadas se ha dedicado a buscar una posible señal que pruebe la existencia de extraterrestres. Sin embargo, es posible que todos estos esfuerzos hayan sido innecesarios, pues formas de vida extraterrestres podrían estar ya en la Tierra, viviendo entre nosotros.

Esa sugerente hipótesis es la que propuso recientemente el físico y cosmólogo Paul Davies, de la Universidad de Arizona (EE UU), durante una conferencia de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia. Al hablar de extraterrestres Davies no se refería a criaturas inteligentes, sino a formas de vida microscópicas. El científico propone investigar en lugares con condiciones extremas, como lagos de arsénico tóxico, conductos de ventilación del fondo marino, desiertos o zonas con grandes índices de radiación solar. Otra posibilidad, según Davies, es que estas formas de vida sean totalmente distintas a lo que conocemos, lo que provocaría que pasasen desapercibidas ante los ojos de nuestros científicos. En ese caso la búsqueda sería mucho más complicada, pues habría que filtrar la información en un proceso laborioso, al no saber exactamente qué se está buscando.

“Podría estar basada en ADN, pero con distintos aminoácidos”, explicó. Davies animó a la comunidad científica a iniciar la búsqueda, y aseguró que el coste sería muy inferior al que actualmente generan proyectos como el SETI. Además, si se confirmara la existencia en nuestro planeta de formas de vida distintas a las que conocemos, el cosmólogo cree que sería una evidencia indiscutible de que la vida es un proceso común y abundante en el Universo, confirmando así que no estamos solos.

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